sábado, 23 de febrero de 2008

Luis E. Peña Guzmán: entomólogo, sabio educador de juventudes

POR LOS CAMINOS DE AMERICA: EN POS DE LUIS PEÑA GUZMÁN


Dr. Horacio Larrain B. (Ph.D.)

Universidad Arturo Prat y IECTA.


Un 27 de Septiembre de 1995 se apagó, en "el Portezuelo" de Colina, la vida de un sabio: Luis E. Peña Guzmán (1921-1995). La ciencia americana, en particular la Entomología, su disciplina favorita, le ha rendido ya sus honores. Las más prestigiadas revistas de Ciencias Naturales del mundo, han recordado su increíble vida consagrada por entero al estudio de los insectos de Chile y de América del Sur. Se ha dicho de él, con razón, que fue el “Último Naturalista Chileno”. Porque ni la botánica, ni la biogeografía, ni la paleontología o la Ornitología , le eran ajenas. Todo contribuía según él a configurar la imagen total de una realidad, de por sí única e indivisible.
Los senderos y las huellas apenas transitadas de América lo vieron una y otra vez recorriendo sus rincones más recónditos.

Se ha dicho que Lucho mucho más vivió como sabio vagabundo a bordo de su camper, que en tierra firme, en su querida Colina, lugar donde construyó su hogar científico. Porque le obsesionaba hacer expediciones. Conocer a fondo cada rincón de América, explorarlo y colectar sus extraños habitantes, era casi una necesidad para el hombre que buscaba las grandes respuestas: por qué se diferencian las especies entre sí; por qué y cómo migran los insectos; cómo logran adaptarse a situaciones extremas de aislamiento o clima. Y recorría incansable los desiertos o los páramos del Perú, del Ecuador, de la Argentina o del norte de Chile, en busca de respuestas.

Le fascinaron los Tenebriónidos, coleópteros oscuros, de aspecto muy poco llamativo, que pueblan los desiertos y que muestran una tan notable adaptación a las condiciones más extremas. No hubo rincón de Chile que no explorara; hasta llegó un día y desembarcó a colectar en la isla de Cabo de Hornos. El primero que lo hacía.

No hubo ave, insecto, araña, batracio o reptil que no colectara para los diversos Museos del mundo que le encargaban las especies más escasas o raras. Volvió a reencontrar especies que no habían sido vistas desde los lejanos días de don Claudio Gay o de don Rodulfo A. Philippi, y que se creían desaparecidas para siempre. Porque nada escapaba al ojo observador de Lucho. Podía estar horas, arrodillado, al pie de un quisco o de un matorral, observando la vida que allí se agitaba. Pasaba horas en su laboratorio de Colina cribando material orgánico recogido al pie de determinadas especies arbustivas, para atisbar especies diminutas de coleópteros u observando cómo nacían las mariposas, cuyas pupas había colectado con especial esmero.


Por eso no nos puede sorprender que sus obras entomológicas , sus "Manuales de campo" sobre mariposas o coléopteros chilenos, o sus libros especializados como “Introducción a los Insectos de Chile”, o “Las Mariposas de Chile”, contengan increíbles detalles y minucias que revelan al observador atento y afectuoso. Y por ello sus obras se han convertido en el Vademecum obligado de todo entomólogo o aficionado a las Ciencias Naturales.


Lucho fue un científico totalmente atípico. No sólo porque fue un autodidacta, que jamás pisó las aulas universitarias, sino porque abominaba de los métodos de enseñanza teorizantes que no se incluyeran el contacto directo con la madre Naturaleza. Por eso vivió haciendo observaciones en terreno. Por eso la valía de sus aportes, más allá de las 350 publicaciones especializadas en su área de la Entomología, en las que dedicó especial énfasis al estudio de géneros que solo habitaban el desierto chileno o peruano. Lo que aprendió, lo vio en terreno o lo discutió con los centenares de especialistas: botánicos, herpetólogos, entomólogos, ornitólogos, o ecólogos, con los que pasó miles de horas, a bordo de su camper explorador, por los ásperos senderos de América. Lucho llevaba un detallada “Bitácora de Campo” y llenó muchísimas Libretas con sus apuntes y observaciones de terreno, las que constituyen hoy un valiosísimo legado a la ciencia entomológica. De esa rica cantera de observaciones, supo extraer tanto material de primera mano para sus libros o sus artículos científicos. A él debo yo mismo mi impulso actual por llevar detallados “Diarios de Campo”.

Lucho fue un maestro nato. Le encantaba enseñar y mostrar a los demás sus resultados, sus observaciones. En particular a los niños y jóvenes. Y por esa generosidad intelectual, se le acercó siempre tanta gente, especialmente jóvenes, ansiosos de saber acerca de la Naturaleza y sus más diminutos pobladores. Quiso compartir a los niños su interés por la vida natural y su protección. Y así publicó numerosos artículos en la revista infantil “Mampato”, así como el simpático librito: “Don Custodio Campos Silvestre”, donde se mostraba en imágenes, los distintos paisajes naturales presentes en nuestra patria: las plantas, sus insectos y sus aves visitantes.

Su máxima realización en materia de educación ambiental fue la Revista Expedición a Chile”, obra profusamente ilustrada, en 27 fascículos (1975-78) que relataba expediciones reales del Equipo de científicos. Cientos de jóvenes chilenos han aprendido a través de sus páginas a valorar, proteger y amar la Naturaleza. No pocos han iniciado una carrera en Ciencias, atraídos por su poderoso imán. Sus obras son buscadas ansiosamente hasta hoy. Urge, por tanto, reeditarlas.

A tres años de su partida definitiva a la Casa del Padre, Lucho nos deja un potente legado que deberíamos meditar. Sus obras, así como su vida entera, son un monumento de amor a la Naturaleza y un continuo reflexionar sobre los “porqués” que permanecen aún sin respuesta.

(Horacio Larrain B., redactado inicialmente en Septiembre de 1998, en Iquique. En recuerdo de nuestro "Maestro" y amigo, se reedita hoy, en Febrero 2008, a los 12 años y medio de su fallecimiento, con especial afecto y particular recuerdo).

5 comentarios:

Flavia dijo...

Horacio!
Maravilloso!
Me llenas de recuerdos y nostalgias ¡Qué ganas de estar en Alto Patache contigo, apostando un yogurth para ver quien adivina la cantidad de agua que se captó en la semana!
Desde que te conocí no dejas de sorprenderme. Soñador, amigo, misionero, maestro e inspirador. ¿Cómo no seguirte en cada aventura que emprendes? ¿como permanecer pasivos ante tanta energía, tanta garra y tanto amor por nuestro Chilito?
No tengo palabras, solo un GRACIAS gigante por hacer llegar a todos los rincones del mundo tan maravilloso blog.
Un abrazo!
Flavia

Jorge Farias dijo...

Hola, cuando descubri en esas librerias de libros usados en Concepcion y luego en Santiago, algunos numeros de la publicacion Expedicion A Chile, par mi fue un sueno, que desperto un vivo y real amor por la naturaleza de Chile y la admiracion por todos aquellos que participaban en los viajes y en particular de don Luis Pena, quien hizo nacer en mi durante mi juventud la curiosidad por la lectura de viajes y la entomologia.

En unos de esos numeros,que no tengo a mamo, ya que vivo actualmente en Francia y estoy dedicados al arte, aparece una foto en donde da la inprecion de que algunas de esas expediciones fueron filmadas, esos documentos filmicos existen aun?, es posible verlos, enfin agradeceria ésta informaciòn.
Saludos cordiales.

Jorge Faris

117, Av. de Paris
50100 Cherbourg
Francia

BriziaAquiles dijo...

Excelente!

Dr. Horacio Larrain Barros dijo...

Jaime Zavala Benavente
23 abr (hace 5 días)

para mí, horaciolarrain
Estimado Dr. Larraín:

Quisiera agradecerle por publicar en su blog antecedentes desconocidos
sobre vida y obra de Luis Peña. Yo crecí admirando los insectos y el
trabajo de don Lucho, pero nunca pude conocerlo en persona, ni tampoco
saber mucho de sus métodos y su vida diaria. Cuando falleció lo lamenté
mucho, tanto por el deceso mismo como por la falta de información
disponible sobre este gran entomólogo nacional.

Su publicación ha acercado a don Lucho a todos quienes crecimos admirando
su trabajo, otorgando antecedentes muy valiosos y dignos de imitar por
todos quienes nos sentimos cautivados por la ciencia.

Atentamente,
Jaime Zavala Benavente
Sociedad Chilena de Entomología
Cerambycidae de Chile

Dr. Horacio Larrain Barros dijo...

Estimado amigo: Gracias por sus palabras de aliento al escribir en mi Blog sobre Luis Peña Guzmán, el gran entomólogo chileno. Lucho, como cariñosamente le decíamos, era un hombre excepcional y su dedicación total a la ciencia (con consciente renuncia incluso al matrimonio), lo convirtió en un sabio admirado por decenas de investigadores, máxime extranjeros. Lucho fue uno de los últimos naturalistas", que sabía mucho no sólo de entomología, sino también de botánica, zoología general, silvicultura o plagas agrícolas por el profundo conocimiento directo y concreto que llegó a adquirir de la naturaleza y la enorme variedad de ecosistemas de nuestro país.

Pero, además, fue un gran educador de juventudes mediante sus libros dedicados a los niños, sus contribuciones a la revista infantil "Mampato" y sus geniales aportes en la revista "Expedición a Chile" de la cual llegó a ser el "alma y vida".

Se hace indispensable hacer una buena biografía de la vida y obra de Luis Peña Guzmán. Alguien tiene que tomar este urgente desafío antes de que desaparezcan los testigos de su vida y su actividad científica.
Hacemos votos para que esto ocurra pronto.
Los capítulos de mi Blog dedicados a su persona, son ya un atisbo, un pequeño germen en ese sentido.
Pero considero que tiene que ser un científico, un entomólogo, el que logre penetrar en sus más profundas intuiciones científicas, fruto de su conocimiento cabal de todos los rincones de nuestro territorio.


Atentamente y agradeciendo su interés y admiración por su egregia figura,

Dr. Horacio Larrain (Ph.D.)
Arqueólogo y antropólogo cultural
Universidad Bolivariana, Iquique.