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sábado, 28 de junio de 2008

Una ascensión a los cerros de Cobija. Octubre 2002

Relato de la ascensión a los cerros inmediatos, situados al Este de Cobija, realizada por el Dr. Horacio Larrain Barros el 12 de Octubre del año 2002 en compañía del joven poblador Cristian Pinto. La presencia de un evento débil del fenómeno de "El Niño" y el deseo de observar en terreno el desarrollo de la vegetación en altura, nos motivó a realizar este viaje a Cobija. Igualmente, el interés por recorrer antiguas huellas traficadas en tiempos de la Colonia y de la temprana República. Permanecí tres días en el lugar, alojando en casa de la Sra. Fresia Jaug, educadora de Tocopilla y Directora de un Colegio y disfrutando de la grata compañía de la familia Pinto, pobladora del lugar (copio textualmente de mi grabación de la subida a los cerros):

"Inicio de la ascensión al cerro “Copa de nieve”, como lo llamaba la señora Blanca, la abuelita del joven. Me hago acompañar del joven Cristian Pinto, de quince años, hijo de María Cristina Pinto, una de las hermanas. Danilo Araya nos has dado instrucciones precisas acerca de cómo tomar la huella en zigzag que trepa el cerro, sin equivocarnos. Recorremos el terreno semiplano, muy pedregoso, en subida lenta, que nos separa de la boca de la quebrada. Serán unos 650-700 m. de distancia. Ya estamos aquí, con Cristian, mi compañero, a los 230 m. de altitud, según mi altímetro. Aquí aparecen las primeras plantitas de una Nolana, N. peruviana, que conozco bien, apegadas a las grandes rocas del costado norte de la quebrada, y los primeros copaos (como nombran aquí al cactus grande o Eulychnia iquiquensis).

No hemos encontrado aún los rastros del antiguo sendero. Iremos tomando altitudes y otros datos al subir. Hacemos una segunda paradilla a los 310 m. de altitud, metidos unos 100-120 m. dentro de la boca de la quebrada. Aquí encontramos las primeras señas de una vegetación diferente. Aparecen pronto, a nuestros pies, en el piso del sendero, unas muy pequeñas plantitas, apegadas a las rocas, mostrando todavía con algunas flores. Se trata de Cristaria sp. , de muy pequeñas flores color azul. Y una plantita que tiene ya formada una vaina verde, muy chica (2-3 cm de largo), de flores blancas, que no conozco y llevo ejemplares [se trataba del género Cleome sp.] , que presenta la rareza de tener una flor asimétrica, con todos los pétalos a un solo lado. Nueva detención a los 365 m. Sobre los esqueletos de viejos copaos (Eulychnia iquiquensis), secos, vemos posados un par de pajaritos que luego hacen extraños vuelos cortos, como en un vuelo nupcial, coqueteando. Serán los únicos pajarillos que veremos en la ascensión. Vemos tambièn unas plantas, de flores blancas minúsculas, que llevo de muestra [ se trataba de Criptantha sp.]. Más allá, al lado de la huella que ya hemos tomado hace rato, en el bajo, una hermosa planta de Calandrinia (grandiflora?) con cinco grandes flores y varios botones. Se alzaba unos 50 cm. del suelo. Empiezan a aparecer otras plantitas, en mayor número. El lugar está muy bonito. El fondo de la antiquísima huella tropera, se va cubriendo de plantas en flor y da pena pisarlas. Aquí damos con la primera Fortunatia biflora, en flor blanca, a los 440 m de altitud.

Está empezando a disiparse la neblina que nos acompañó desde la salida. Divisamos ahora, por fin, Cobija, descubierto, desde aquí arriba, muy lindo. Vamos a tratar de tomar aquí unas fotos (por desgracia, la cámara que no conozco, no dio resultado y perdí todas las fotos tomadas ese día y el siguiente). Seguimos fielmente el zigzag de la huella, que está por desgracia bastante destruido en sectores, por aluviones que se lo han llevado y vemos en este sector una inmensa cantidad de cactus de Eulychnia, en un 95 o más % de ellos, muertos. Uno que otro vivo. Vemos varios centenares. Por ahí, botado en el sendero, veo un hermoso percutor indígena (¿?) con claras muestras de trabajo. Lo echo en mi mochila y seguimos. Veo una que otra lasca indígena, en el sendero, Es obvio que por aquí transitaron, también, los antiguos changos pescadores de Cobija, cuando subían a los cerros, a cazar el guanaco. En tres o cuatro lugares, también en pleno sendero, veo pequeños defecaderos del guanaco. Las fecas están muy desgastadas y son antiguas. También ellos transitaban evidentemente por aquí, tal vez hasta hace unos 20-30 años atrás. Vemos grandes plantas de la hortiga caballuna o Loasa sp, que extiende enormes ramas pegadas al suelo, con sus lindas flores color amarillo. Abunda aquí mucho la plantita que no reconozco aún (ahora sé que es Cleome sp.), llena de flores blancas, con sus hojas que presentan varias hojuelas y todos los pétalos ubicados extrañamente a un costado de la flor. Hemos visto un par de herraduras pequeñas, seguramente de mulares, botadas junto a la huella. Está todavía fresco, no ha salido aún el sol, pero tenemos todavía una buena subida por delante. Dejé a mi compañero Cristian, al alero de una roca, sentado, con orden de no moverse mucho, pues sus zapatillas le hacían resbalar y estaba muy nervioso.

Decidí trepar por una cornisa de rocas, donde había bastante plantas de pingo-pingo (Ephedra breana), casi totalmente secas, adheridas a las rocas, y otro arbusto que no identifico bien, igualmente seco. Continúo directamente hacia arriba, para llegar cuanto antes, dado que el sendero en zigzag daba un enorme rodeo, y se le veía roto y erosionado en varias partes, peligrosas de pasar. Ya habíamos cruzado con cierta dificultad dos o tres pasos difíciles, de varios metros de ancho, con evidente peligro de rodar por esa pendiente de 40º o algo así. Así llegué hasta los 740 m de altura, en la cima de una pequeña explanada en ascenso.

Aquí noto la presencia de una pequeña pirca de protección contra el viento, construida por antiguos arrieros. Junto a ella, trozos de vidrios de grandes de botellas típicas cerveceras, de fines del siglo XIX. Muy cerca, hallo una botella, intacta, a pesar del tiempo transcurrido. La llevo conmigo. Ha entrado, muy fuerte, la neblina arrastrada con potente viento del sur, que trepa aceleradamente por la ladera sur del cerro donde me encuentro (El cerro “copa de nieve”, de la abuelita Blanca ). No me asusta tanto el viento y su velocidad, cuanto el hecho de que disminuye mucho la visibilidad, y veo que el sendero sigue subiendo y subiendo, por lo menos unos 80 oó 100 m. más.

Subo un poco más para constatar allí , con asombro, la presencia de muchas flores en el área de la cara suroeste del cerro, que es el que más se proyecta hacia el poniente, acercándose al poblado antiguo. Las rocas del sector están pobladas de muchísimos líquenes, signo inequívoco de la presencia constante de la neblina que asciende con velocidad desde el sur-surweste. Veo muchas plantas en flor ahora aquí. Veo mucha Nolana jaffueli, Fortunatia sp, Cristaria sp., grandes plantas de Polyachyrus sp., enteramente floridas, al pie de de una roca. Calandrinia sp. en botón floral y flores abiertas.

El “refugio” (pequeño pircado de forma circular), donde me cobijo por un momento, está instalado a sotavento de la llegada de la neblina; junto al refugio, veo restos de botellas de cerveza y algunos trozos de loza (vajilla) antigua. Subo unos 30 m. más y me detengo. Me preocupa bastante el haber dejado solo a mi compañero y decido regresar. A trechos, entre la niebla, diviso la cima del cerro por el que trepo, la que se yergue unos 100 m más alto, o, tal vez, menos. Ese debería ser el lugar ideal, pienso, para instalar instrumentos captadores (atrapanieblas), porque la altitud parece perfecta (más de 800 m.) y he oído a Danilo que allí se presenta una explanada bastante aprovechable al efecto. Ya veo desde aquí, cómo el viento húmedo la azota de continuo. Creo por fin haber cumplido mi antiguo sueño de ver este lugar con mis propios ojos, en un 90%; solo faltó haber trepado unos 100-150 m. más, hasta alcanzar la cima. No pude esta vez. La niebla era ya muy densa y no se veía la huella: estaba solo y tuvo un poco de miedo. Con desgano y frustración, porque ansiaba mucho llegar a la cima próxima, inicio pausadamente mi descenso. Bajo por la misma cresta por donde trepé poco antes y entre la niebla, a gritos, logro identificar el lugar donde había dejado a mi compañero. Luego, bajamos de prisa.

Al llegar al piso de la quebrada, recorremos en detalle las pircas y las trazas de la pequeña cabaña de pirquineros, donde vivió por un tiempo la familia Pinto, por allá por los años 50 y tantos, antes de establecerse, los primeros, en el bajo, junto a la huella carretera, en 1960. Solo quedan ruinas de pircas y muros. Las antiguas habitaciones se alzan sobre una pequeña terraza fluvial en declive hacia el poniente, adosada a la quebrada que allí va profundamente encajonada. Una pirca muestra los restos de una cancha de mineral, donde aún se ven trozos de mineral de cobre traído desde el alto. Ahí no tenían agua. Pero Danilo me dice la traían de una aguada situada mucho más arriba (aguada de las Cañas) , donde según él, todavía corre agua de buena calidad. Allí se surtían de agua con esfuerzo. Entre las ruinosas habitaciones, encontré un pequeño raspador en sílex blanco y algunas escasas lascas, señas de antiguo trajín indígena en ese mismo lugar, excelente paradero viniendo del alto.


Al llegar de regreso a la casa de los Pinto, junto a la carretera, donde comeré esa noche, Danilo y Juan Carlos me muestran otra huella, de tráfico de carretas, que baja nítidamente algo más al sur, siguiendo la ladera del cerro que enfila norte-sur. Esta sube lentamente, para permitir la subida de los animales. También este camino es digno de ser seguido y estudiado en detalle, en busca de los elementos culturales o eco-culturales dejados por el paso frecuente de las recuas. Danilo me confirma que la arqueóloga Bente Bittmann, estando en Cobija, siempre anheló seguir estas viejas huellas, pero se sentía ya cansada y enferma cuando comprendió que debió haber conocido personalmente todo el trayecto. Lamentó no haberlo hecho antes, según confesó.

Descansé viendo televisión mediante el sistema Sky que tienen los Pinto en su humilde pero bien arreglada casita Poco después, se reanuda la conversación con los hermanos Pinto, alrededor de la mesa familiar, después de haber comido con ellos un plato de exquisitas lapas fritas con arroz, y una abundante taza de té.

Al día siguiente, emprendìa mi viaje de regreso a Iquique.

jueves, 5 de junio de 2008

Isaiah Bowman: descripción del clima de la costa

Isaiah Bowman, notable geógrafo norteamericano, fallecido en Baltimore el año 1950, nos ha dejado un legado muy preciado en sus análisis acuciosos relativos al clima de la zona del desierto norte chileno que recorriera tantas veces, a través de dos décadas de viajes por la zona. Sorprende la agudeza de sus observaciones y su notable percepción del medio que le toca recorrer. Su famosa obra Desert Trails of Atacama (1924) contiene tal cantidad de información de tipo ecológico-cultural, que no resulta nada fácil reducirla a una breve síntesis. Cada nueva lectura de su obra nos entrega nuevas percepciones y nuevos horizontes de búsqueda. Es decir, su obra no se agota en una sola lectura. Es lo que nos ha ocurrido al tratar de pergeñar, al menos en toscos trazos, su contribución al estudio del clima del desierto chileno, en especial en su franja costera.

La lluvia en el desierto

En el capítulo III de su obra: Desert Trails of Atacama (American Geographical Society, New York, Special Publications Nº 5, 1924: 362 p.) , Bowman emprende el análisis de la "lluvia en el desierto"(Rainfall of the Desert). Porque el examen de sus escasos episodios de lluvia dan la clave para fijar las características de este desierto, " el más árido del planeta" (the driest of which there is any record in the world). Bowman, con razón, señala que no puede hablarse aquí de un porcentaje anual "normal" de agua caída. Obtener la media de precipitaciones cuando no llueve casi nunca y solo hay esporádicos aguaceros, no tiene sentido alguno.

Tiene mucha razón. Para un período de 21 años, obtiene Bowman una media de 1.5 mm/año. Pero hubo años excepcionales de lluvia, con enormes avenidas de agua que inundaron la Pampa del Tamarugal. Los señala Bowman: 1819, 1823, 1852, 1859, 1878, 1884, 1903, 1911 (p. 42).

En particular, analiza in extenso, con finura y acopio de información, las lluvias ocurridas en los días 15-16 de Febrero de 1911, fruto de intensas nevazones en la cordillera, como efecto de un inusitado invierno altiplánico. En el año 1885, llegaron a ser registrados 40 días de lluvia en los meses de Enero y Febrero, causando enormes inundaciones en el nivel de la Pampa. Testigo de éstas fue el investigador peruano don Guillermo Billingshurst quien describe sus desastrosos efectos en su obra Estudio sobre la Geografía de Tarapacá (Santiago, Imprenta El Progreso, 1886).

Pero estas lluvias interiores, que en ocasiones llegan a afectar la costa misma, no tienen el mismo origen ni la misma frecuencia que las provocadas por el famoso "Fenómeno de El Niño" que se desencadena a lo largo de la costa pacífica, desde el sur del Ecuador hasta el centro de Chile cada cierto número de años. Bowman, en esta obra, no se extiende mayormente en el análisis de este fenómeno climático, probablemente porque no fue testigo presencial de sus efectos, en los años en que visitó estas costas.

Diferencias climáticas en el desierto

Bowman reconoce en el extremo norte de Chile, una clara diferencia climática entre el desierto interior y la costa. Acertadamente, distingue con claridad el desierto litoral del desierto interior, al que denomina el "desierto real" (the real desert). En relación al primero, nos presenta su notable descripción, fruto directo de sus observaciones personales y de la lectura de numerosas obras que le sirvieron de base.

Descripción del clima de la zona de nieblas costeras.

Su descripción es muy iluminadora, y al parecer, la más completa que se haya dado hasta entonces.

"El banco de nubes que se halla suspendido sobre el desierto litoral se forma debido a la Corriente de Humboldt y a las aguas frías surgentes entre dicha Corriente y la playa, es impulsado tierra adentro por el viento oceánico y se reúne en las laderas de los cerros costeros que miran al mar a medida que el aire adveniente asciende en su trayecto hacia el Este. Algunas veces yace como neblina (fog) sobre la superficie de la tierra y del mar; más frecuentemente , toma la forma de nubes que quedan suspendidas a cierta distancia sobre ellos. En muchas partes de la costa, su posición característica se ubica entre los 2000 y los 4000 pies [o sea, entre los 607 m y 1.22o m sobre el nivel del mar], descendiendo durante la noche hasta o casi hasta la superficie, y ascendiendo durante el día, desapareciendo a veces del todo, con excepción de las nubes de lluvia que se ciernen sobre los cerros [costeros]." ( p. 51-52).

Esta explicación climática queda registrada y graficada mediante un notable croquis (Fig. 19) que incluimos aquí para ilustrar al lector:









Fig. 19

Este croquis de la obra de Bowman (Fig. 19, p. 52) ilustra muy bien el fenómeno de la camanchaca, y constituye el diseño gráfico más antiguo - que conozcamos- sobre el comportamiento climático del banco de niebla adyacente a los cerros costeros en la franja desértica norte chilena. A la vez, constituye un valioso resultado de la observación atenta y cuidadosa del fenómeno por parte del geógrafo norteamericano, en diversos segmentos de la costa norte chilena y sur peruana. Con notable precisión, señala el área costera sujeta al regimen de neblinas permanentes: entre los aproximadamente 600 m y 1.200 m.

Efectivamente, durante un año (2002) medimos el monto de captación de agua de niebla, mediante pequeños atrapanieblas, en el sector costero de Alto Patache, demostrando que bajo los 600 m. de altitud la captación es muy pequeña. Bajo los 300 m. es equivalente a cero. Salvo en episodios de lluvias, fruto de años "El Niño" (como ocurrió recientemente en 1986, 1997 y 2002) , el suelo, bajo los 600 m de altitud, raramente se ve humedecido. En los años citados, sin embargo, hemos detectado el crecimiento de plantas diversas (máxime Leucocoryne sp., Cristaria sp. y Nolana spp.) , hasta los 110 m de altitud, en las laderas de cerros situados al sur de Iquique. Lo que significa que el período de latencia de sus semillas, puede durar hasta 10 años y más, en ansiosa espera de la lluvia. No existen aún estudios en esta región sobre la capacidad de las semillas para sobrevivir a los prolongados períodos de sequía (Período de "La Niña"). Menos aún, para la reaparición y floración de geófitas, cuyos tallos subterráneos o bulbos pueden sobrevivir por decenios, sin presentar partes aéreas.

Elementos propios de este singular tipo climático

Los elementos de más significación que Bowman quiere destacar en su descripción de la zona sujeta a la neblina costera y su peculiar clima, nos parece se podrían sintetizar en los puntos siguientes (pp 51-55):

a) este clima se distingue claramente del clima del desierto interior ("a different type of weather"); y agrega: "el desierto del litoral es en muchas partes tan solo un estrecha franja de terrazas marinas secas, totalmente diferente del desierto real situado más adentro (beyond) tanto en el tipo de clima como en recursos" (p. 51).

b) El juego (interplay) entre la corriente fría [de Humboldt] y la tierra caliente, produce el efecto general de causar la formación de un banco de nubes sobre la costa" (p.55) .

c) el banco de nubes es arrastrado tierra adentro por fuertes vientos ("drifts landward with onshore wind") ;

d) se concentra en las partes superiores de las laderas de las montañas costeras, conducido por el aire que asciende (" it gathers in the seaward slopes of the coastal hills")

e) constituyendo un banco de neblinas situado entre los 607 m. y 1.220 m. ("the fog-bank´s characteristic position is between 2000 and 4000 feet");

f) La niebla es característica de Antofagasta durante la estación del invierno; en contraste, está generalmente ausente en Iquique ("by contrast, it is largely absent in Iquique");

g) "En aquellos lugares donde los cerros del cordón costero son elevados, o existe una convergencia de laderas hacia un punto central, la neblina puede espesarse hasta formar una llovizna determinando la localización de un asentamiento [humano]". Cita como ejemplo, el caso de la localidad de Paposo (pp. 51-52).

h) "En el Perú la neblina costera es conocida como garúa, y en Chile, como camanchaca" y su potencia e intensidad varían según su latitud". (p. 52).

i) Esta neblina y su efecto húmedo puede constatarse en el interior durante la noche, pero no sobrevive a la llegada del sol; sus bordes pueden ser observados en horas tempranas en franca retirada hacia las crestas de los cerros costeros (p. 53).

j) En cuanto a su distribución durante el año, puede observarse una estación provista de nubes y otra carente de ellas.La estación sin nubes sobreviene desde Noviembre a Abril y la estación nubosa desde Mayo a Octubre (p. 53).

k) "Cuando el cinturón de niebla se espesa y se extiende desde el nivel del mar hasta la cima de los cerros, puede sobrevenir lluvia";

l) "El banco de nubes es más espeso de Junio a Septiembre y durante est período el sol puede ocultarse durante semanas seguidas con la excepción de apariciones ocasionales de luz a la hora del crepúsculo";

m) "la parte más seca de la costa de Chile se encuentra desde Arica hasta Caldera. Desde aquì hacia el sur hay un repunte en la precipitación" (p. 54);

n) Al sur de Coquimbo, el banco de nubes disminuye en espesor, de suerte que la costa está oculta [desde el mar] por la bruma (mist) más que por la característica y pronunciada niebla (fog) que se presenta más al norte" (p. 54).

Encuentro de Charles Darwin con la niebla

Bowman trae a colación, a manera de prueba, una venerable cita de Darwin, en 1835, cabalgando hacia el valle de Huasco. Está tomada de su obra: Journal of Researches into the Natural History and Geology of the Countries visited during the Voyage of. H.M. S. Beagle around the World, 2nd edition, London 1860, p. 342:

"Durante los meses de invierno tanto en Chile como en el Perú, un banco uniforme de nubes se cierne, a no mucha altura, sobre el Pacífico. Desde las montañas, teníamos una sorprendente vista de ese blanco y brillante campo aéreo, que enviaba sus brazos valle arriba dejando [a la vista] islas y promontorios , del mismo modo que lo hace el mar en el archipiélago de los Chonos y en Tierra del Fuego" (p.53; Darwin, 1860: 348).

Descripción general del área sujeta a la niebla

Bowman en su obra The Andes of Southern Peru: Geographical Reconnaissance Along the Seventy-Third Meridian (1916) estampa esta casi poética descripción del paisaje generado por la penetración de la niebla. La descripción corresponde a un área indeterminada en la costa sur del Perú:

"a medida que [el viajero] se acerca a las laderas situadas a sotavento del cordón costero, un manto de nubes lleno de refrescantes promesas se perfila asomándose por sobre la cresta [de los cerros] (Fig.19). Largos y delicados filamentos de nubes se proyectan hacia el Este sobre las márgenes del desierto. Avanzan rápidamente, pero no logran llegar lejos sobre la ardiente inmensidad, porque sus avanzadas hacia el Este sufren constantemente [los efectos de] la evaporación. En ocasiones, la cima del banco de nubes se alza bastante por encima del Cordón Costero, lo que a un hombre [procedente] de zonas temperadas le da la impresión de que una tormenta estuviera generándose en el oeste. Pero a pesar de su amenaza de lluvia y del viento, las nubes nunca logran sobrepasar las avanzadas del desierto" (p. 56).

Para los que por años hemos recorrido estas zonas de niebla, al sur de la ciudad de Iquique, en todas las estaciones del año, esta descripción nos resulta en extremo familiar. Muy pocas veces al año, en período invernal, las nieblas o camanchacas pueden precipitarse hasta la misma Pampa del Tamarugal, impulsadas por los fuertes vientos del Weste y Surweste, procedentes del Pacífico. En tales ocasiones, hemos medido velocidades de viento sobre los 10-12 m/s. Estas neblinas ocasionales, sumadas a la presencia de nieblas topográficas, sin duda contribuyen a suministrar humedad a la flora del desierto, en el Tamarugal.

Bowman un geógrafo de terreno: su capacidad de observación

Estas descripciones, tan precisas y detalladas, nos muestran a un geógrafo perspicaz, de gran experiencia en el terreno, que toma nota de todo lo que ve y que se tomó la molestia de recorrer palmo a palmo, a caballo o en mula, la costa peruana y norte chilena.

Pasará mucho tiempo (más de 40 años) antes de que otro geógrafo, el alemán Wolfgang Weischet, concienzudo escudriñador del desierto norte-chileno , nos ofrezca un cúmulo de observaciones semejantes, apoyadas en mediciones climáticas más sistemáticas, en sus prolijos trabajos sobre el clima del norte desértico chileno (Weischet, "Zur Climatologie der Nordchilenischen Wüste", Meteorologische Rundschau, 19, Heft 1, 1-7 1966; Weischet, "Las condiciones climáticas del Desierto de Atacama como desierto extremo de la Tierra", Norte Grande, Instituto de Geografía, Pontificia Universidad Católica de Chile, Vol. 1, Nº 3-4, 1975: 363-374).

(Capítulo en elaboración; adiciones el 4/07/2008).

viernes, 23 de mayo de 2008

Isaiah Bowman: un enamorado del desierto

Nos hemos propuesto, a partir del enfoque eco- antropológico de este Blog, rescatar del olvido a investigadores del pasado que se distinguieron por su constante preocupación de relacionar paisajes geográficos y recursos, con actividades humanas, validando el escenario geográfico como morada del hombre. Uno de los grandes que tuvimos la fortuna de tener en nuestro suelo patrio, recorriendo palmo a palmo el desierto del Norte, fue el geógrafo norteamericano Isaiah Bowman (1878, Waterloo, Ontario; 1950, Baltimore). Bowman es poco conocido por los antropólogos y arqueólogos. A veces se le cita, en forma genérica y vaga, pero muy pocos colegas se han tomado el trabajo de escudriñar sus escritos, en busca de referencias y perspicaces observaciones, fruto de su contacto directo con el desierto. Fue Director de la American Geographical Society (1915-35) y tomó parte activa como investigador geógrafo en expediciones de la Universidad de Yale y la American Geographical Society a Sudamérica (años 1907, 1911 y 1913) , incluyendo la famosa dirigida por Hiram Bingham, el descubridor de Machu Picchu (1911).

Sus obras nos muestran la maestría de sus observaciones de campo, su respeto por el accionar humano, cualquiera fuera su forma, en el ambiente inhóspito del desierto peruano o norte-chileno. Y hasta hoy son un venero de informaciones de primera mano sobre la vida y actividad en el desierto. Porque nada escapa a sus ojos. Como geógrafo humano de sólida formación, describe magistralmente lo que ve y llega a enamorarse del desierto más arido del mundo. Sus observaciones rezuman afecto, acuciosidad y respeto por el hombre. Aunque no lo diga expresamente, es obvio que debió llevar un cuidadoso Diario de Campo, único modo de retener tanto detalle que nos transmite fielmente. Escribió obras de gran valor geográfico y entre ellas, destacan especialmente las dedicadas a América del Sur, área que recorrió en al menos tres grandes expericiones de largo aliento.

Sus obras relativas a nuestra zona son principalmente tres: la primera: South America (1915); la segunda, The Andes of Southern Peru. Geographical Reconnaissance along the Seventy-third Meridian (1916), publicada por la American Geographical Society, y la tercera, Desert Trails of Atacama (1924) publicada por la misma Sociedad científica (Special Publications Nº 5, pp. 1-362).

En esta última, de especial interés para nuestros estudios, describe minuciosamente, y con ribetes de gracejo y simpatía sus andanzas por el Norte de Chile, desde Copiapó a Arica. Todo le interesa: desde los problemas de abastecimiento de agua y las características del clima, hasta los terremotos las inundaciones, la política contingente local, la flora y la fauna, o modos de vida y preferencias de sus habitantes. Es un geógrafo de la vieja escuela: cuando los paisajes había que recorrerlos y describirlos uno a uno, durante meses de soportar fríos e incontables fatigas, y cuando interesaba -mucho más que ahora- rescatar, percibir y analizar las opiniones de la gente sobre su propio territorio . Porque al leerlo, uno no sabe con precisión si estamos ante un historiador y fotógrafo, ante un etnógrafo o antropólogo, o ante un mineralogista o un geólogo de campo. Tanta es la amplitud de sus conocimientos y su notable capacidad de análisis.

La descripción minuciosa y el análisis certero, delatan al científico consumado.Es un geógrafo para el que el diario de campo, la capacidad de observación y el talento descriptivo eran las mejores herramientas de trabajo. Hoy día, cuando el publicar trabajos en revistas ISI, sujetas a parámetros muy estrictos, es lo único que es considerado válido para hacer ciencia, y cuando la "descripción fina" es tildada de herramienta de ropavejero, Bowman, al igual que no pocos naturalistas del pasado reciente, habría quedado fatalmente descartado. Más aún, cuando el autor se solaza en escribir en un elegante inglés, digno de un distinguido novelista de época.

Estas obras son el fruto de años de labor de campo, realizada en muchos meses de penosos viajes en mula, a caballo o en carreta. Todas muestran un interés y curiosidad muy vivos por el desierto, sus habitantes y sus recursos, así como por sus asombrosos modos de vida. Colorea todo lo que relata con su propias experiencias de viaje, que se convierten en los mejores argumentos en pro de su verosimilitud y precisión.

Tenemos pues el honor de rescatar en este Blog, dedicado a la eco-antropología, algunos fragmentos de este insigne maestro y eximio conocedor del desierto norte-chileno como tal vez nadie en su época. Nos recuerda no pocas veces a un Rodulfo Amando Philippi o a un Alejandro Bertrand, cuando nos describen con delicadeza, respeto y finura, las escenas o peripecias del desierto. Pero el ojo avizor de Bowman penetra más hondamente que el de aquellos. Profundidad y hondura que le otorga su sólida formación geográfica. Hombre y paisaje se unen en él en forma inseparable e incomparable.

Iremos avanzando, en varios capítulos y paso a paso, en este análisis eco-antropológico que nos regala el ojo geográfico de Bowman.

1. Confiesa en el Prólogo a su obra sobre Atacama su admiración por el desierto, señalando que esta es la parte de Sudamérica que más le ha atraído (it has more strongly attracted me than any other part of South America) .

2. En seguida nos asombra el gran número de fotografías que ilustran la obra, 117 en total, incluidos varios mapas y croquis. Sus excelentes fotografías, ellas solas, constituyen un valioso álbum iconográfico. Cada fotografía ilustra un aspecto significativo del paisaje desértico. Cada una es un commovedor "recuerdo del pasado". Es como si Bowman hubiera querido, concientemente, rescatar, antes de su desaparición definitiva, un rasgo, un elemento cultural moribundo del escenario geográfico, o de la actividad humana captada en cada lugar. Bowman es un geógrafo humano al que no escapan, sin embargo, los detalles y minucias relativas al clima, la flora, la minería local, la situación política del momento o los atisbos y predicciones sobre el futuro. Es decir, le atrae el paisaje"humanizado" y transformado por la presencia del hombre.

3. El tema de la sequedad del desierto y de los eventos de lluvia, le apasiona. Y nos entrega valiosas referencias sobre fechas, horario y lugares de su registro. Tanto le sorprende este tema, que dedica un capítulo especial (Capítulo III) al análisis de la lluvia en le desierto ("Rainfall of the desert").

4. Le intriga el conocer cómo los cateadores de minas o lo viajeros se surtían de agua y forraje en el desierto, elementos vitales para una larga travesía; no pocas de sus ilustraciones se refieren a estos tópicos, tan propios de la vida en el desierto. Entre otras cosas extrañas, le llaman mucho la atención los socavones de Pica y Matilla y los grandes montos de agua allí obtenidos el subsuelo (hasta 4 litros por segundo).

5. Se admira y a la vez se extasía narrando el género de agricultura y ganadería de subsistencia que realizan los sufridos habitantes de las quebradas, al interior de la Pampa del Tamarugal, camino a Bolivia, así como describiendo los rudos modos de trabajo en las oficinas Salitreras de la época.

6. En todas sus descripciones, campea una relación íntima y continua entre actividad humana y recursos del medio ambiente, por más escasos que fueran. Una visión decididamente ecológica está presente en todas sus páginas, aunque la palabra "ecología" ni siquiera era empleada por entonces. Y ve precisamente en la vastedad de este ambiente inhóspito, propio del desierto, la causal principal de la total separación y virtual aislamiento entre las naciones sudamericanas. (p.346-348)

7. Del clima en la zona de Iquique señala que "es solo la presencia eventual de un aguacero (downspour) el elemento que da a Iquique un minúsculo porcentaje [de pluviosidad media] a lo largo de años. Es casi como una tierra desprovista de lluvias como ninguna otra que conozcamos en la tierra hoy dia" (p. 40).

8. De un modo particular, nos interesa aquí subrayar y examinar con lupa su visión de la costa árida y su peculiar clima de nieblas, tema al que dedica no pocas páginas. y que trataremos especialmente, con citas del autor, en un próximo capítulo de este Blog. (pp. 51-55).

jueves, 1 de mayo de 2008

Junius B. Bird: un pionero de la eco-antropología

La carta que precede, me fue enviada por la asistente del recién fallecido Dr. Junius B. Bird el 14 de Junio de 1982, la Srta. Paloma Carcedo. Yo había solicitado a la viuda del Dr. Bird, Margaret Bird, me enviara algunos antecedentes sobre su esposo. Pasados ya 26 años, creo de interés publicar esta valiosa nota, que muestra a las claras el cariño del Dr. Bird y su esposa por Chile, sus paisajes y su rica arqueología. Ellos vinieron a Chile en varias ocasiones ((1932-1933; 1934-1937; 1941-1942; 1979: su último viaje al extremo sur de Chile) y se familiarizaron, como pocos, con su variada geografía y su legado arqueológico.



(Foto John Collier, Huaca Prieta (Perú), 1946; esta foto le valió el apodo de "Indiana Jones").


Nos hemos propuesto buscar antecedentes a este enfoque, entre los grandes maestros de la antropología y arqueología chilenas. Creemos que hoy se abre nuevamente una fuerte corriente de estudio del ambiente en la arqueología y antropología chilena, como una forma de reinterpretar más profundamente la cultura. Porque el análisis de la cultura de un grupo humano, sin el estudio previo y profundo de su sustrato (ambiental, ecológico, geomorfológico y geográfico) "es como una mesa con una pata coja". Le falta algo elemental. Pero no en la forma en que entre los años 1930-1935 se intentó confeccionar las grandes zonificaciones geográficas de la cultura, en distintos puntos del globo, al más puro estilo de un Alfred Kroeber. Mucho menos, como un intento nuevo de poner sobre el tapete el famoso "determinismo ambiental" que algunos atribuyen, sin suficiente fundamento, a investigadores como Ellworth Huntington, Clark Wissler, Betty Meggers, Karl Ritter, o al propio creador de la Antropogeografía, el notable geógrafo alemán Friedrich Ratzel (1844-1904).

El enfoque eco-antropológico que aquí propiciamos busca rastrear, desde las características del medio ambiente real y complejo donde se asienta el grupo cultural , todo el influjo que éste inyecta a la cultura, sin pretender concluir de ello, por supuesto, que toda la cultura resultante se deba al ambiente, o que todas las creaciones de una cultura hayan de ser explicadas sólo por el influjo del ambiente (determinismo ambiental).

En este sentido, por lo penetrante de sus observaciones medioambientales, queremos hacer un sentido homenaje a uno de los fundadores de la moderna arqueología chilena, el arqueólogo norteamericano Junius B. Bird (1907-1982). Vemos en él, en cierto sentido, un notable precursor de la eco-antropología en nuestro país. Lo veremos aquí más en detalle al analizar textos de su estudio arqueológico en la costa norte de Chile. Por tanto, no tomaremos nuestros argumentos ni de sus extraordinarios estudios en la costa peruana (Huaca Prieta) , ni tampoco de sus notables trabajos en la zona austral de Chile (Cuevas de la Patagonia). En estos trabajos, también el enfoque geográfico es notable. Pero queremos aquí enfatizar su perspectiva y certera visión de la costa desértica del extremo norte de Chile, sus recursos y sus condiciones climáticas extremas.

Pocos han destacado el aporte de Bird en esta línea ecológico-cultural. Sus biógrafos y estudiosos en Chile han destacado en él más bien al introductor del método de la estratigrafía fina en la investigación y excavación arqueológica (como Mario Orellana) . O han visto en él al primer científico que realiza en Chile, a partir del año 1938, excavaciones de largo aliento, en superficies muy amplias, dedicando meses al trabajo lento de cernir, capa tras capa, con ayuda del harnero, los despojos y basuras del pasado, sin perder una brizna de información conservada y retenida por milenios en el registro arqueológico.

Bird nos ofrece, de partida, en su magnífica obra "Excavations in Northern Chile", publicada en 1943 en los Anthropological Papers of the American Museum of Natural History (Volume XXXVIII, Part IV), una clara perspectiva geográfico-ecológica de origen. El primer capítulo lo dice claramente. Este por algo se rotula: "Climate and Topography". Y aquí leemos:

"Como todos saben, es imposible formarse una concepción exacta de la historia humana sin un conocimiento de la geografía fisica del mundo. Mientras más de cerca uno sigue el curso del desarrollo humano, más plenamente se da uno cuenta de la importancia de estudiar detalles del asentamiento [setting]. Los historiadores, al enfrentarse con la difícil tarea de una gran cantidad de datos, dejan con demasiada frecuencia poco espacio a la interpretación de la historia en términos del ambiente.

"Los arqueólogos, por otra parte, al trabajar como ocurre generalmente, con muy escasa información, no pueden permitirse el descuidar cualquier rama del conocimiento que pueda ayudarlos a interpretar correctamente sus hallazgos. Esto es especialmente cierto cuando tratamos con áreas extensas y con poblaciones pre-agrícolas. Se podrá entender, entonces, por qué es necesario discutir con algún detalle la estructura fisica, el clima, y otros factores que influencian la vida a lo largo de la costa de Chile, especialmente en su sección norte". (Bird, 1942: 183; traducción y subrayado nuestros).

Estos párrafos de Bird nos parecen hoy constituir un verdadero "Manifiesto" eco-cultural o eco-antropológico. Por eso hemos subrayado y analizado ciertas frases, especialmente elocuentes y significativas.

¿Por qué destaca Bird la frase: "especialmente en su sección norte"?. Es interesante penetrar en esta aserción, porque contiene insospechadas resonancias. Algo vislumbra Bird en el extremo norte de Chile que a él le parece puede permitir "interpretar correctamente los hallazgos de los arqueólogos".

Las explicaciones que siguen, apuntan a dejar en evidencia su peculiar clima, ("the most barren desert in the world": el desierto màs estéril del mundo). Pero en éste, el más estéril lugar del mundo, Bird encuentra ciertos elementos que permiten la vida, y eso es lo que lo sorprende.

¿Qué aspectos señala?:

a) la extrema rareza de los eventos de lluvia. Destaca la ocurrida en 1940 que dejó huellas en el paisaje costero. Y comprende que ciertas áreas vegetadas, semiocultas el fondo de los cursos de aguas esporádicos, lo son sólo transitoriamente;

b) Rápidamente comprende que hay un efecto evidente causado por "las nubes muy bajas y neblinas" (low lying clouds and fogs"). La vida vegetal que observa en escasos lugares, no se debe a la precipitación sino a "la condensación de la humedad [atmosférica] en la superficie". Lo que encuentra confirmado por segmentos de vegetación que observa al acercarse a Antofagasta.

c) Al Norte de Taltal, reconoce la existencia de una vegetación de "lomas", donde señala que se produce una "suficiente condensación de suerte que los grandes cactus columnares se suelen ver cubiertos de líquenes, comúnmente asociados a la vegetación de regiones frías y húmedas".

d) "En algunos lugares, señala, una muy ligera cantidad de pasto [grass] crece en las cercanías de algunas cimas y como hay allí, en número suficiente, otros tipos de vida vegetal, ciertos animales pueden pastar y sobrevivir allí" [grazing animals can survive there].

e) Afirma sin dudar que "la importancia de la humedad por efecto de la condensaciòn disminuye, a medida que se incrementa la lluvia".

f) "Se puede asumir que en tiempos pleistocénicos hubo un mayor flujo de agua y más vegetación en el fondo de los valles que en la actualidad" Y que, por tanto, la posibilidad de existencia de alguna vegetación fuera de los valles, depende enteramente de las extensiones fluctuantes de la zona de la flora de lomas, tema sobre el cual no existe informaciòn".

Esta última aseveración revela la notable perspicacia geográfica y ecológica de Bird. Porque es exactamente lo que postulamos hoy, cuando hemos examinado y estudiado muy de cerca el efecto de las lluvias y neblinas en los llamados "oasis de niebla", tema que venimos estudiando en detalle desde 1997 en la zona sur de Iquique. Es clave la frase de Bird: la vida en estas zonas de oasis depende estrechamente de la extensiòn de la vegetación por efecto de la neblina. Esto es exactamente lo que hemos querido probar en nuestros estudios de los oasis de niebla. ¿Qué habría dicho Bird si hubiera recorrido y experimentado personalmente el efecto de la niebla sobre el paisaje en los cerros en los que hoy conocemos como "oasis de niebla"?.

g) Ahora bien, de la frase de Bird se sigue otra importante conclusión, evidente : si hubo allí más vida antaño, es porque hubo mayor extensión sujeta al influjo directo de la niebla (camanchaca). Y como sabemos por nuestros estudios que hubo mucho mayor cantidad de vida vegetal y animal en estos mismos oasis en tiempos anteriores, (sin poder precisar todavía en que períodos de tiempo), a juzgar por los restos muertos de flora y fauna, se debe concluir que la extensión de estos oasis fue, antaño, ciertamente mucho mayor que la actual. Bird lo presintió, sin conocer siquiera de visu estos oasis de niebla, sin haberlos visitado nunca!. Lo que resulta sorprendente si pensamos que esto fue escrito hace exactamente 65 años, cuando nadie se preocupaba de estos ecosistemas de niebla !. Los resultados actuales de nuestras investigaciones sobre la niebla y su efecto en los oasis, en la costa sur de Iquique, no hacen sino respaldar totalmente la visión casi profética de Junius B. Bird. Lo que agiganta su figura y su visión histórico-geográfica.

h) La obra termina con un nuevo capítulo en que recapitula la relación íntima entre Clima, flora y fauna: "Climate, Flora and Fauna in the Past". Lo inicia, con una cita de Isaiah Bowman, el gran geógrafo inglés que nos ofrece magistrales descripciones del desierto de Atacama, sus habitantes y sus peculiaridades geográficas. Es obvio que Bird bebe incansablemente sus ideas, expresadas en su obra Desert Trails of Atacama (American Geographical Society, New York, 1924). A través de esta constante retroalimentación geográfica, Bird llega a percibir claramente la necesidad de buscar una respuesta a la presencia humana tomando estudiando en profundidad las condiciones geográficas y geológicas que imperaron en la zona en la última época glacial y postglacial .

Y es éste, precisamente, el camino que ha emprendido un equipo de arqueólogos y geomorfólogos franceses en el extremo sur del Perú (Quebrada Los Burros), trabajando en la costa de Tacna, en busca de evidencias paleoclimáticas que justifiquen el intenso poblamiento antiguo, en quebradas hoy casi totalmente desprovistas de vida (trabajos de Lavallée et al.).

No pasará mucho tiempo, así lo auguramos, antes de que en la costa norte chilena hayan de emprenderse, igualmente, nuevos estudios interdisciplinarios, con un mucho mayor énfasis geográfico-ecológico. Hace mucha falta. Los trabajos anteriores en nuestra zona costera son, sin duda, muy meritorios. Pero estamos convencidos de que en la materia propia del enfoque eco-cultural (coordenada ecológica propia de este Blog) todavía "hay mucha tela que cortar".Y ahí, seguramente, tal como lo presintió Bird, se comprobará un día la hipótesis de la importancia vital de los "oasis de niebla" en el más antiguo poblamiento costero, en fechas cercanas a los 8.000- 10.000 A.P.

(retocado los días 17/05/2008; el día 27/06/2008 y el 30/08/2008, con la adición de fotos y documento).








jueves, 17 de abril de 2008

La prospección arqueológica con énfasis ecológico

METODOLOGÍA DE PROSPECCIÓN ARQUEOLÓGICA SIN EXCAVACIÓN

La siguiente “Metodología de prospección arqueológica” que ofrecemos a nuestros alumnos de la Carrera de Arqueología de la Universidad Bolivariana, Sede Iquique, (Chile) es fruto de una larga experiencia del suscrito en áreas de la costa árida norte-chilena, particularmente en las Regiones  Iª , IIª, IIIª y IVª  de nuestro país Corresponde al antiguo habitat de los así llamados “Changos históricos”. Esta metodología se basa primariamente en un enfoque ecológico-cultural, coordenada que, agregada a las ya tradicionales transmitidas por el arqueólogo australiano Gordon V. Childe, de modo especial enfatizamos y recomendamos en este Blog.

1. FUNDAMENTACIÓN.


Una prospección arqueológica seria debe propender a:

a) Detectar todos los yacimientos y sitios presentes en el área de estudio; cualquiera sea su tamaño y característica;
b) Señalar su relación a sitios habitacionales o de actividad de trabajo actual, o del pasado reciente (período sub-actual);
c) Indicar posibles amenazas futuras para el sitio, o inminencia de destrucción, alteración o intervención por terceros;
d) Presentar toda la información posible acerca del sitio, tal como es detectable en análisis de superficie, sin excavación alguna (llenar “Ficha de Campo”);
e) Explayarse sobre los recursos botánicos (flora local), faunísticos (fauna local observada) y ambientales observables;
f) Exigir el máximo de acuciosidad en el análisis. Partir del supuesto de que la información que aquí se recaude podría ser, en un futuro, toda la información existente sobre el citado sitio, en el caso hipotético de intervención súbita o destrucción parcial o total;
g) Utilizar una pauta de prospección (ficha de campo) lo más completa posible, para no dejar escapar aspectos de importancia para el futuro; de especial relevancia son las referencias biogeográficas geomorfológicas y topográficas;
h) Servirse de ayudantes ya probados, con experiencia arqueológica previa, no de simples peones;
i) Recoger (si fuese necesario) las muestras o elementos culturales mediante técnicas adecuadas para su registro (GPS), resguardo, conservación y ulterior estudio de gabinete;
j) Avisar e informar a aquellas instituciones o personas (Museos e investigadores) que practican trabajos arqueológicos en la zona o tienen tuición sobre la misma, acerca de la prospección realizada metodología y sus resultados concretos.
k) Revisar y examinar con antelación relatos históricos pertinentes a la región, en especial referencias de cronistas o viajeros. Tomar nota de actividades reseñadas, costumbres descritas y actividades económicas observadas .
l) Contar con el tiempo necesario para realizar un trabajo completo y acucioso. Muchos EIA exigen- por razones de costo económico- máxima celeridad, lo que repercute, indudablemente, en los resultados finales. No pocas veces, la insistencia de los evaluadores científicos por contar con mayor tiempo ha traído como recompensa el hallazgo de muchos sitios nuevos, no detectables en una prospección precipitada. Hay muchos ejemplos al respecto.
m) Hacer, como producto final, una cartografía de la zona prospectada, indicando con precisión los sitios, según su tipología, con sus coordenadas exactas, de modo que cualquier investigador pueda volver a visitar los sitios, confirmando o modificando las hipótesis previas.

2. ASPECTOS QUE SE DEBE CONSIDERAR EN UNA PROSPECCIÓN ARQUEOLÓGICA DE SUPERFICIE.


1. Una buena prospección arqueológica de superficie debe ser capaz de detectar el tipo de elementos culturales dejados por las actividades de grupo culturales del pasado y la relativa importancia o significación valórica del yacimiento. Para ello se requiere conocimientos no solo de la metodología científica de excavación, y de la tipología más frecuente de artefactos (lítica, cerámica, hueso), sino también de los recursos que puede ofrecer el medio ambiente local y regional, de suerte que estos últimos contribuyan a justificar y/o explicar la presencia misma del yacimiento o asentamiento.
2. Lo que supone, igualmente, conocimiento de los elementos ambientales básicos que pueden constituir recursos para los grupos culturales del pasado (agua, flora, fauna, tipos de rocas, formas geomorfológicas del paisaje, etc.). La constatación de la presencia y/o concentración de áreas de recursos, vecinos al mar, suele aportar datos sobre la posible localización de asentamientos costeros.
3. Se ha de distinguir con cuidado los elementos culturales históricos de los propiamente arqueológicos. Lo que significa que se debe tener conocimiento de los posibles habitantes y actividades económicas allí realizadas durante el pasado reciente y de su instrumental o utillaje (Colonia, República). Esto involucra, necesariamente, el conocimiento acerca de la historia del lugar y del tipo de arquitectura y tecnología empleadas.
4. No pocos sitios históricos se superponen sobre sitios arqueológicos. Dándose así con alguna frecuencia una continuidad de ocupación del sitio en el tiempo, por parte de diversas culturas, indígenas, españolas o chilenas. Se observará con especial cuidado los rasgos y artefactos que delaten tal continuidad
5. Se procurará tomar contacto con personas que pudieron haber colectado información y/o elementos culturales del sitio, con anterioridad a nuestra visita, y que posean colecciones de objetos de la zona.
6. Se examinará Colecciones arqueológicas costeras existentes en Museos de la zona. las hay, concretamente, en las ciudades de Arica, Iquique, Antofagasta, Copiapó, Caldera y La Serena, entre otros lugares.
7. Se entrevistará a pobladores: pescadores o mariscadores que viven o frecuentan el lugar, pues a menudo éstos recogen o colectan elementos arqueológicos tales como puntas de flecha u otros objetos, de hermosa factura, para venderlos en los pueblos vecinos. Estas personas, en el caso de poder ser entrevistadas, pueden ofrecer muy valiosa información sobre lugares antiguamente ricos en tales elementos culturales y hoy día ya intervenidos, empobrecidos o saqueados.
7. Se tomará referencias fotográficas y descriptivas del área de estudio. Siempre hay que partir del supuesto de que la nuestra podría ser la última visita al sitio.
8. Además de la fotografía, tomada desde diversos ángulos y a distintas horas del día, se hará una descripción detallada tanto en el Diario de Campo como en una grabadora, de todas la actividades realizadas in situ. El esmerado detalle con que se registra en el Diario de Campo del arqueólogo toda clase de indicaciones sobre el sitio, hace posible, muchas veces, suplir deficiencias constatadas a posteriori en la descripción o registro del sitio (o en el caso de la pérdida de elementos culturales).
9. Se contará con la cartografía del Instituto Geográfico Militar existente sobre el área, a diversas escalas (1:250.000; 1:100.000; 1:50.000). Ver si se cuenta con cartografía 1: 10.000 para determinados sitios. Igualmente dispondremos de las fotos aéreas del área, en dos vuelos realizados con intervalos significativos del tiempo (constatación de la evolución del paisaje local). La cartografía respectiva será revisada cuidadosamente antes del viaje.
10. Con anterioridad al viaje de prospección, se hará un estudio visual de detalle del área a prospectar mediante el análisis de las imágenes de la zona obtenidas del Google Earth. Este “viaje imaginario previo” es de enorme utilidad para visualizar el tipo de paisaje con el que nos vamos a encontrar, aún antes de visitar el sitio. Aquí nos podemos plantear, antes de la visita, una serie de preguntas que la visita a terreno deberá responder. Estas hipótesis previas pueden ser muy útiles a la hora de comprender o interpretar la presencia de determinados yacimientos o asentamientos.


3. ELEMENTOS DE TRABAJO CON QUE SE DEBE CONTAR PARA UNA PROSPECCIÓN ARQUEOLÓGICA:

a) Cartografía a diversas escalas, del Instituto Geográfico Militar;
b) Fotos aéreas del área;
c) Máquinas fotográficas digitales; filmadora;
d) Brújula;
e) GPS;
f) Escalas métricas para la fotografía de sitios;
g) Grabadoras;
h) Huincha de medir; reglas.
i) Estacas; Cuerdas.
j) Bolsas plásticas del tipo de cierre hermético (ziplock) y otras; etiquetas autoadhesivas; carteles; pizarra; tiza; plumones varios, etc.;
k) Carta"Munsell" de Colores (Munsell Soil Color Chart).

4. OTRAS OBSERVACIONES.

a)  No se realizará, durante la prospección, ninguna clase de excavación arqueológica propiamente tal, por tratarse de una mera inspección previa o survey; lo que no impide, en casos muy determinados, y ante la total incertidumbre de una verificación visual, ejecutar pequeños pozos de sondeo (20 cm x 20 cm), para verificar y/o constatar la profundidad del posible yacimiento (en el caso de los conchales, por ejemplo);
b)  No se contratará por ningún motivo a gente del lugar como ayudantes de terreno, por el peligro inherente a una posible inserción futura de los mismos en actividades clandestinas (huaqueos), como ha ocurrido con frecuencia entre nosotros;
c)  Tampoco se ha de permitir la visita de extraños al lugar, por la misma razón. Por lo que se aconseja cercar el recinto a excavar, impidiendo el acceso de curiosos. Muy diferente es el caso en una comunidad indígena, cuando ésta se manifiesta interesada en conocer sus orígenes para proteger sus manifestaciones.
d)  No se dejará, al término de la prospección, huella alguna de nuestra presencia en el lugar. Por ello, en caso de tener que acampar por un período de tiempo, se elegirá un punto situado a una cierta distancia del sitio o yacimiento y, en lo posible, lejos de sitios habitados, para evitar interferencias.


3. EXPERIENCIA PREVIA DEL AUTOR (Ver Curriculum Vitae).


1963-1965. Estudio de yacimientos arqueológicos costeros en la costa Norte de Antofagasta. Resultado:
1) H. Larrain “Contribución al estudio de una tipología de la cerámica encontrada en conchales de la costa de Antofagasta”, Anales de la Universidad del Norte, Número 5, 1966: 85-128.
2) H. Larrain “Las Culturas Arqueológicas en Chile: Ensayo de una zonificación ecológico-cultural”, Tesis para optar al Título de Arqueólogo, ENAH, INAH, México, Edición mecanoescrita, 435 pp. Mapas, Figuras, 1970.
1971-1972: Participación en excavaciones arqueológicas con investigadores de la Universidad de Chile, Arica (Equipo de Percy Dauelsberg, Guillermo Focacci y otros). Resultados:
1) H. Larrain y A. Llagostera, “Objetos de oro en dos tumbas del valle de Azapa (Arica) y su contexto”, Revista de la Universidad del Norte, Vol. III, Nº 1, Octubre 1969, Antofagasta.

1981-1984: Estudio de yacimientos costeros en la costa de la IV Región (Area de Temblador-Totoralillo). Resultados:
1) H. Larrain B., “Variables hídricas y geomorfológicas que condicionan el asentamiento humano en la zona litoral del Cordón Sarcos, IV Región de Chile”, Revista CODECI, Santiago, Nº 2, Enero-Marzo 1982, 3-35.
2) H. Larrain B., “Las nieblas costeras en la IV Región, su comportamiento y perspectivas de utilización” (con R. Aravena, P. Cereceda, C. Espinoza y O. Susuki), Primer Encuentro Científico del Medio Ambiente, La Serena, 1-5 de Agosto de 1983.
3) H. Larrain B., Proyecto “Camanchaca y Asentamientos Humanos en el litoral árido del Norte Chico” (con P. Cereceda y N. Carvajal), Junio 1981, Instituto de Geografía , Pontificia Universidad Católica de Chile;

D) ESTUDIOS DE IMPACTO AMBIENTAL (2003-2005).

1) H. Larrain B., Octubre 2003. “Efectos previsibles de carácter irreversible de la posible instalación de un tranque de relaves de la Cía. Minera “Pelambres”, en un sector del Fundo “El Mauro”, Comuna de los Vilos, IV Región (33 págs con fotos).
2) H. Larrain B., Mario Rivera y Alberto Díaz, Julio 2004. “Análisis del informe sobre Recursos Arqueológicos presentado por la Consultora “Arcadis Geotécnica”, como parte del estudio de impacto ambiental (EIA) exigido por la Ley a causa de la construcción de un terminal nuevo en el Puerto de Patillos, Sur de Iquique”. (6 pp.).
3) H. Larrain B. y alumnos de Arqueología, Universidad Bolivariana, Sede Iquique, Octubre-Noviembre 2004. “Prospección Arqueológica en el área de la desembocadura del río Loa”, Trabajo solicitado por Ministerio de Bienes Nacionales. Documento presentado a la Oficina de Bienes Nacionales, Santiago, para la preservación del entorno como área preferencial por su biodiversidad y su riqueza histórico-arqueológica (32 sitios detectados, con sus fotos correspondientes), (40 pp.).

E) TRABAJOS RELATIVOS A ESTUDIOS ARQUEOLÓGICOS. ZONA COSTERA SUR DE IQUIQUE. ÁREA DE OASIS DE NIEBLA. (1997-2007).

1) H. Larrain, P. Cereceda, R. Pinto, P. Lázaro, P. Osses, and R.S. Schemenauer, “Archaeological Observations at a Coastal Fog-Site in Alto Patache, South of Iquique, Northern Chile”, Proceedings of the 2nd International Conference on Fog and Fog Collection, Saint John´s Canada, 15-20 July, 2001, 289-292.
2) H. Larrain, A. Ugarte, R. Pinto, P. Cereceda, P. Lázaro, P. Osses, and R.S. Schemenauer, “Three Years of Zoological Records at a Fog-Site at Alto Patache, South of Iquique (Chile), during “El Niño” and “La Niña”, (l997-2001, Proceedings of the 2nd International Conference on Fog and Fog Collection, Saint John´s, Canada, July 15-20, 20001: 297-300.
3) R. Pinto, H. Larrain, P. Cereceda, P. Lázaro, P. Osses and R .S. Schemenauer, “Monitoring Fog-Vegetation Communities at a Fog-Site in Alto Patache, South of Iquique, Northern Chile, during “El Niño” and “La Niña “ Events 1997-2000”, Proceeding of the 2nd International Conference on Fog and Fog Collection, Saint Joh´ns , Canada, July 15-20, 20001, 293-296.

4) H. Larrain, F. Velásquez, P. Lázaro, P. Cereceda, P.0sses, L. Pérez, 2004): “Interpretación geográfica y arqueológica de los artefactos culturales hallados en el yacimiento de Bajo Patache-2. (BP-2), Sur de Iquique”, Revista POLIS, Universidad Bolivariana, Sede Santiago, Vol. 3, Nº 7, 361-394, (www.revistapolis.cl). (*)
5) H. Larrain, M. Aguilar, L. Pérez, P. Cereceda, P. Osses, M. Farías: 2004, “Geographical and Archaeological Interpretation of cultural Artifacts found at a Fog-Site in Alto Patache, South of Iquique”. Paper presented to the Third Conference on Fog , Fog Collection and Dew and Dew, Cape Town, South Africa, October 2004 , Proceedings,, October 2004, page C-2 (4 pages, Map, Table and Figures). (*)
6) . Cereceda, R. Pinto, H. Larrain, P. Osses and M. Farías. “ Botanical and Geographical Description of Three Coastal Ecosystems lying South of Iquique (Chile), Proceedings of the Third International Conference on Fog, Fog Collection and Dew, Cape Town, South Africa, October 2004. (*)
7) H. Larrain, B. González, F. Velásquez, E. Sagredo, P. Lázaro, P. Cereceda, P. Osses, L. Pérez & M. Navarro: “Archaeological and geographical evidence of guanaco (Lama guanicoe Müller 1776) hunting at the fog-site of Alto Patache, South of Iquique”, Paper presented to the Second Southern Deserts Conference. CIHDE, Universidad de Tarapacá, Arica, 10-14 October 2005.
8) H. Larrain, E. Sagredo, L. Pérez, B. A. González, P. Lázaro, P. Cereceda, F. Velásquez, P. Osses, M. Navarro, “New Evidence of human habitation and hunting activity at the fog-oasis of Alto Patache, South of Iquique” Paper sent to Atmospheric Research, Australia, December 2005 (to appear during 2007).

(Títulos extractados del Curriculum Vitae del Dr. Horacio Larrain B.).

miércoles, 16 de abril de 2008

Eco-antropología: nuestro enfoque

Eco-antropología: un concepto enriquecedor.

Somos conscientes de que el término eco-antropología ha sido ya usado mucho antes que nosotros. Uno de los que tal vez más ha profundizado en este concepto es el etnólogo y etnógrafo italiano Vittorio Lanternari. Su última obra, publicada en idioma italiano en Bari (Italia) en el año 2003, se titula así: Ecoantropologia. Dall´a ingerenza ecologica alla svolta etico-culturale" (Ecoantropología. De la incumbencia ecológica al enfoque ético-cultural). Este investigador, conocido por sus obras anteriores (La grande Festa [1959], Occidente e Terzo Mondo [ 1972], Medicina, Magia, religione, valori [1994-1998] y Antropologia religiosa [ 1997] ha volcado toda su experiencia de campo entre tribus indígenas en Africa y sus experiencias con los movimientos religiosos (místicos y carismáticos) en Italia, para intentar una síntesis de corte ético-filosófico y ecológico-religioso, rescatando los valores insertos en la culturas más diversas en su actitud frente la Naturaleza. Enfoca y desenmascara valientemente las diversas formas de "neo-colonialismo" actual, propio de las grandes empresas industriales de Occidente frente a los pueblos subdesarrollados, al tratar de imponerles su modelo de desarrollo basado en una inicua sobreexplotación de sus recursos naturales y ocasionando con ello la pérdida de su identidad cultural. Acerca de Lanternari y sus obras, y el mensaje que ellas nos dejan, nos referiremos en párrafo aparte en este Blog.

Nuestro concepto de eco-antropología pretende ser bastante más modesto, y quiere referirse a la práctica hodierna (modus operandi) de antropólogos y arqueólogos en sus investigaciones de campo, tal como lo podemos percibir en nuestra patria. No intenta, pues, poner por obra una gran síntesis de ecología, ética, historia, misticismo, religión y culturas humanas, tarea ciertamente titánica que dejamos en manos de otros pensadores.

Pero, mucho más aún, nuestro enfoque difiere y se contrapone radicalmente al usado en algunos lugares turísticos , como México (ver en Google). Allí se hace referencia a una "eco-arqueología" como cierta forma maquillada de efectuar “turismo arqueológico”, es decir, a la visita de lugares arqueológicos conocidos (v.gr. Teotihuacán) con un cierto conocimiento previo del respectivo medioambiente (geografía y paisajes). Nuestro enfoque pretende, en cambio, ir a la raíz semántica más profunda del concepto, pero en la forma concreta en que hoy es empleada entre nosotros, por los antropólogos y arqueólogos de campo.

Una eco-antropología, para nosotros, es, ante todo, una forma de hacer antropología ( es decir, estudio de una cultura humana) en la que el “oikos” (habitat) es previamente conocido y estudiado a través de sus rasgos geográficos propios: clima, geoformas, hidroformas, bioformas, elementos cuya sumatoria permite entender mejor el producto cultural final, allí creado con el correr del tiempo. No se trata en modo alguno de que el “ambiente” determine las características de la cultura en su totalidad –como lo afirmaron ciertos deterministas ambientales- , pero sí que la explique hasta donde sea posible. Y este “límite”, dependerá de nuestra capacidad de percibir el ambiente, tal cual es (o tal cual fue) en el momento en que el grupo humano construye (o un día construyó) cultura en ese lugar. Y esta capacidad, dependerá, a su vez, de nuestra destreza para interpretar correctamente su capacidad de impacto sobre el hombre.

Un acabado conocimiento previo del clima, la geomorfología, biogeografía, biología y topografía es, pues, imprescindible para poder comprender a fondo las variadas expresiones“culturales” propias del respectivo grupo humano. Si la comprensión (y reconstrucción) integral de la “cultura” humana es la esencia misma de toda antropología (como nos enseñó Gordon Childe), esta “cultura” resulta casi incomprensible si se la aísla del sustrato geográfico-ecológico que le da sustento. Un “turismo arqueológico”, en el sentido aplicado hoy en México, puede acceder, tal vez, a una cierta comprensión periférica o tangencial de las civilizaciones en un paisaje como el maya o el tolteca. Pero poco aporta al conocimiento profundo del porqué, del cuándo y del cómo de dichos procesos civilizatorios. Un turismo arqueológico, por más refinado que éste sea, no es ni puede ser eco-arqueología. A lo más, pasa a ser un mero barniz de este concepto. Consideramos que hay aquí una equívoco conceptual que debe ser corregido.

Debemos, en consecuencia, devolver al concepto lo que le es privativo y propio, en razón de su raíz etimológica. Y esta etimología busca su campo de acción en las variadas formas en que la geografía y la biología, a través de sus variadas sub-disciplinas, han contribuido a formar e interpretar el “oikos” original, es decir ese determinado “paisaje", ahora finalmente "humanizado” por el actuar del grupo humano. En otras palabras, pensamos que el antropólogo social y el arqueólogo deben estudiar hoy mucho más climatología, geografía, biología y ecología que antaño, si quieren realmente llegar a identificar correctamente los parámetros conductuales de un grupo humano y el significado pleno de cada una de sus expresiones culturales concretas. De lo contrario, nunca se llegará a entender en profundidad las relaciones íntimas, simbióticas, entre cultura humana y ambiente natural. Excavar extensivamente o realizar infinitas entrevistas, no conduce necesariamente a una mejor comprensión de la cultura humana.

Y por fin, una observación que creemos muy pertinente. Hoy día, por desgracia, se tiende a rotular como “eco”, a gran cantidad de cosas, muchas veces sin serlo para nada en su realidad más íntima. Y este prurito de denominar "eco" a cualquier cosa (v.gr. una "bebida ecológica" o un "vino ecológico") constituye simplemente una monstruosidad conceptual. Por eso aquí, pretendemos rescatar la etimología profunda del concepto, atándolo férreamente a su matriz antropológica y cultural más íntima.

Arqueología excavatoria y antropología de la entrevista.

Una eco-antropología o una eco-arqueología tal como la concebimos nosotros, tratará de encontrar, además, el máximo de respuestas conductuales humanas, con el mínimo de destrucción o “manoseo” de la evidencia hallada in situ. Así como el arqueólogo excavador por el solo hecho de excavar, destruye para siempre el sustrato cultural que “rescata” ( es decir, el sitio), modificando inexorablemente el contexto, así también el antropólogo que entrevista a mansalva al poblador sobre cualquier actividad determinada que ejercite (agricultura, pesca, marisqueo, caza, rito), está sin querer orientando o “alertando” en un sentido o en otro, la mentalidad del entrevistado, sesgándola según sea el carácter de la pregunta e induciendo fácilmente a error al encuestador.

Las comunidades tanto indígenas como rurales y sus pobladores se ven frecuentemente “encuestados”, - me atrevería a decir "acosados"-, para distintos fines, por toda clase de personajes, muchas veces con las mismas preguntas. No pocas veces son estudiantes de Antropología los que, para cumplir con “tareas” obligatorias de curso, deben realizar entrevistas. A nuestro entender, muchísimas preguntas se podrían y deberían evitar, o plantear de modo diferente, con un exacto conocimiento previo del ambiente natural y sus recursos, o de las formas de efectuar determinadas faenas económicas, o de los tiempos y espacios propios para ejecutar cada faena. A mayor cantidad de preguntas, mayor posibilidad de sesgo en las respuestas obtenidas.

Tenemos la dolorosa impresión de que la “observación participante”, tantas veces pregonada por los primeros antropólogos de campo como esencial y primordial en una investigación, ha ido sufriendo un paulatino abandono y ha sido prácticamente reemplazada por entrevistas relámpago, estructuradas o semi-estructuradas, a las que son tan adictos los sociólogos. La razón aparente radica en la enorme inversión de tiempo que exige una auténtica “observación participante”, hecha al estilo de los antropólogos de antaño. Sin embargo, los miembros de las comunidades suelen molestarse con las repetidas entrevistas, máxime si son hechas por inexpertos, porque rara vez se logra conocer a fondo y con antelación su verdadera finalidad, y el entrevistado pronto intuye el tipo de respuestas que se busca, aportándose así respuestas erradas o francamente sesgadas. Como si fuera poco, rara vez los antropólogos dejan guardados para uso de la comunidad científica sus apuntes o diarios de campo, o el fajo de sus entrevistas originales, para permitir futuros chequeos o controles de las conclusiones obtenidas. O si éstas existen, son difíciles de interpretar. Y esto equivale a exigir al lector tener fe en el antropólogo y su metodología, lo que nos parece francamente anticientífico.

Esta son algunas de las formas de “manoseo” antropológico que creemos se debe reducir al máximo o evitar lo más posible. Estimamos que hay "uso y abuso" de estos procedimientos, que podrían ser reducidos a un mínimum. En una excavación, máxime si es de de salvamento, ocurren varias formas veladas de “manoseo”. En primer lugar, porque generalmente se dispone de escaso tiempo y hay que proceder con rapidez. Con lo que la metodología para obtener la evidencia, queda viciada ab initio. En segundo lugar, porque la evidencia desaparece de inmediato, y, desgraciadamente, para siempre. Y cualquier descuido metodológico, no tiene ya remedio alguno. En estos casos, además, tampoco se suele dejar amplios sectores en calidad de “testigos”, destinados a estudios futuros, más cuidados. Se arrasa con todo. Tercero, porque en general la forma de depositación y guarda de esa “evidencia” en Museos o Bodegas, deja mucho que desear y muchas veces ésta ni siquiera depende del arqueólogo excavador, sino de terceros (museólogos). La responsabilidad queda así diluida. Podríamos traer a colación casos dolorosos ocurridos, en su tiempo, en el Museo de San Pedro de Atacama, donde ciertos hechos punibles quedaron definitivamente ocultos o archivados, tras la muerte del director, el jesuíta Gustavo Le Paige S.J., en 1980.

En resumen, dadas las numerosas dudas que estos sistemas de recolección de la evidencia suscitan en la práctica cuotodiana, nuestra recomendación es evitar tanto la excavación como la práctica sistemática de la entrevista, hasta donde sea posible, salvo en casos especiales en que sea la propia comunidad la que la demande, para obtener un mayor acercamiento a la solución de algún problema concreto. Cada vez con mayor frecuencia, por otra parte, las comunidades oponen resistencia a la excavación de los sitios de cementerios en su jurisdicción, por tratarse de sus ancestros, a los que con todo derecho, reverencian y veneran. ¡Qué ocurriría si se percataran de la forma cómo estos restos son tratados en las bodegas o cajas donde quedan depositados!. Bien conocemos lo que ocurre con las bodegas de muchos Museos en nuestro país, donde los elementos culturales han quedado a merced de la humedad, los insectos o los ratones por decenios, perdiéndose mucha evidencia para siempre. ¡Solo recordemos lo ocurrido con la famosa Colección Nielsen en Iquique y su triste destino!.

Estimamos, en consecuencia, que debería realizarse una revisión antropológica profunda y un análisis crítico serio sobre estos temas polémicos, que lindan ya claramente con el campo de la ética y atañen, a menudo, a un elemental respeto a la identidad cultural indígena y a sus expresiones culturales más íntimas.

lunes, 31 de marzo de 2008

Arqueólogos y Estudios de Impacto Ambiental (EIA)

La Legislación medioambiental chilena, a través de la Ley 19.300 ("Ley de Base del Medio Ambiente", publicada en el Diario Oficial el 9 de Marzo del año 1994) establece que toda empresa que realice trabajos de remoción de tierras o transformación o alteración de un paisaje dado, por construcción de caminos, líneas de alta tensión, edificios, etc.) debe presentar un estudio previo sobre los impactos de diversa índole que tal trabajo puede acarrear. Este estudio es denominado "Estudio de Impacto Ambiental", o, en sigla, EIA.

La legislación vigente (Ley 19.300), en su artículo 12, letra b., establece que el ejecutante del Proyecto debe presentar una “línea de base” del área de influencia directa del proyecto. La “línea de base” queda definida por el mismo cuerpo legal, como aquella que “debe ofrecer la descripción detallada del área de influencia de un Proyecto o actividad, en forma previa a su ejecución”. En otros términos, debe describir, en detalle, todos los impactos previsibles que el Proyecto puede producir en el medio ambiente natural y cultural del área amagada.

Nada más loable que el objetivo de esta Ley que debería salvaguardar la integridad de áreas o lugares considerados de un alto valor patrimonial o de una elevada significación científica, resguardándolas de la destrucción definitiva por efecto de lo que se considera "progreso". Tanto más necesaria, cuanto más eficientes y demoledores son sus efectos a causa de la sofisticada maquinaria excavatoria que hoy se emplea y de la rapidez de los procedimientos de remoción y acumulación de escombros. Un error de previsión o de decisión, hará desaparecer para siempre rasgos culturales o biológicos, que parecen ser significativos desde el punto de vista de la ciencia. Lo que se ha removido o lo que yace ya sepultado bajo escombros o bajo millones de metros cúbicos de agua (tranques) , nunca más podrá ser objeto de estudio. Si hubo error aunque fuere involuntario, ya nada podrá subsanarlo. Lo que se perdió, se perdió para siempre. Debemos, pues, en el análisis que sigue, partir de esta premisa básica y fundamental para entender en profundidad la significancia del problema que tenemos por delante.

En Chile, la Ley Ambiental del año 1994 exige que las Empresas a cargo de los Proyectos hagan evaluar, con la asesoría de científicos responsables, los impactos previsibles como efecto directo tanto de la futura actividad extractiva o de modificacion de un paisaje, como del período de faena y puesta en marcha del trabajo. Estos impactos deben ser detalladamente consignados y analizados en las áreas biológica, (impacto sobre flora y fauna local), arqueológica (impacto sobre restos de culturas pretéritas), antropológica (impacto sobre actividades o expresiones culturales recientes), histórica y arquitectónica (impacto sobre edificios o sitios de significación histórica), geográfica (impacto sobre escenarios o formaciones naturales de especial relevancia). Tales impactos deben ser evaluados en su magnitud con calificativos como muy serio, serio, regular o irrelevante.

El objetivo parece claro y evidente: que las Empresas asuman los costos de su propia intervención o destrucción, cuando se trate de "monumentos" o sitios de relevancia arqueológica, biológica, histórica, geográfica o escénica. Hasta aquí todo va bien. Los problemas surgen cuando las Empresas contratan especialistas en las áreas señaladas para que emitan su veredicto, esto es, evalúen la magnitud del daño previsible y, a la vez, propongan "medidas de mitigación del daño subsecuente".

Se parte de la premisa indiscutida de que se realizará, ciertamente, "daños" al patrimonio cultural, social, histórico, arquitectónico o biológico. Este daño, al ser considerado como "inevitable", (por la intervención con maquinaria pesada y destruccción de la superficie del lugar) debe ser mensurado, evaluado y "mitigado". Teóricamente, la autoridad competente podría, en ciertos casos, declarar inviable el Proyecto por la cuantía y magnitud de los daños que se seguirían del Proyecto (minero, caminero, arquitectónico, etc.).

Según estudios de los especialistas, esta situación rara vez ha ocurrido, de suerte que sobre el 90% de los Proyectos considerados "de desarrollo" y que significan destrucción de un determinado ambiente o área, terminan siendo aprobados con la sola salvedad de la exigencia de aplicar determinadas "medidas de mitigación", con el objeto de "aminorar" los daños previsibles.

Los científicos que evalúan estos daños previsibles (a la flora, fauna, historia, cultura o paisajismo), de acuerdo a la norma legal, son contratados por la propia Empresa de entre los especialistas que viven en el territorio nacional (pueden ser nacionales o extranjeros) . Cada especialista debe, en principio, recorrer detenidamente el área que será intervenida, para determinar la presencia de rasgos (culturales, sociales, arquitectónicos o biológicos), establecer los posibles daños, evaluar la riqueza del patrimonio amagado por las futuras obras, y, finalmente, proponer las "medidas de mitigación" ante el daño inminente.

Esta situación nos plantea los siguientes comentarios y reflexiones de corte antropológico:

1) se parte de un principio por demás curioso: se acepta que se producirá inevitablemente "daños"; porque, efectivamente, cualquier intervención que signifique remoción de tierras, destrucción de estructuras o alteración de paisajes, acarrea algún tipo de daño ambiental o de otra índole (histórica, cultural, arqueológica o biológica).

2) Se aquilata la magnitud de estos daños y se miden sus efectos;

3) Se propone, a cada daño, una "medida de mitigación".

El punto de partida, en cada intervención es salvar en lo posible el Proyecto, el que es considerado siempre como una herramienta necesaria para el "desarrollo" para la Región. Y por eso se indican medidas de mitigación a cada impacto reconocible o previsible, tal como será señalado por los especialistas (arqueólogos, biólogos, historiadores, geógrafos, arquitectos, etc.).

Esta legislación, ut iacet, nos merece varios reparos que creemos de importancia:

a) ¿Quién determina qué especialistas intervendrán en el EIA respectivo?. ¿La autoridad estatal a través de alguno de sus entes (Ministerios, Subsecretarías, Municipios)?. No. ¿Una universidad especializada en determinado campo del saber? No. ¿Una empresa de científicos internacionales?. Tampoco!. Es la misma Empresa interesada en un Proyecto la que busca, selecciona y contrata los servicios de investigadores, casi siempre privados.

b) Y, ¿ de donde salen estos especialistas?. La Ley abrió la puerta para que se crearan, en un abrir y cerrar de ojos, "entes" privados que se consideran capacitados para ejercer el rol de "evaluadores de impacto ambiental". Así, han proliferado en nuestro país consorcios o grupos de especialistas, de las áreas requeridas para el EIA, que se auto-califican como "expertos" por el solo hecho de que sus componentes ostentan un título universitario en esas especialidades. En un minuto, por tanto, es posible armar estos grupos. Lo sabemos por experiencia. Un amigo convoca a otros amigos, de diferentes rubros del saber y constituyen un equipo apto, capaz de responder a los requerimientos varios de un EIA. Nadie regula o controla la idoneidad o capacidad científica de dichos grupos. Nadie, tampoco, velará por la veracidad de los títulos universitarios o las actividades de ese rubro que se ostenta. El grupo así armado (aunque sea "del dìa a la noche"), se presenta a la Empresa para "competir" por un determinado estudio de impacto ambiental. La empresa "selecciona" a sus evaluadores de impacto. ¿Qué grupo se adjudicará el EIA?. Obviamente, aquel que, a juicio de la Empresa, le será más proclive o favorable en su dictamen final: el monto del impacto.

c) De este modo, realmente insólito, la misma Empresa que va a intervenir un área (para construir lo que sea: un canal, carretera, campo de fútbol o conjunto habitacional), selecciona entre varios y elige a su propio equipo evaluador, entre los posibles que se presenten. Para cubrir la legitimidad del proceso, se hace una llamado general: cualquiera puede presentarse para la adjudicación. Pero los ejecutivos de la Empresa, que deberán pagar de su bolsillo a los integrantes del equipo evaluador, mientras dure la realización del EIA, se aseguran de elegir a aquel equipo que les otorgue garantías de una mayor docilidad a sus intereses. Para eso pagan y muy bien.

d) De esta suerte, el empresario, que quiere llevar adelante su Proyecto a toda costa, selecciona entre varios posibles equipos de estudio, aquel compuesto por gente más vulnerable al brillo del dinero, o más proclive a sus intereses. Teóricamente, puede llegar hasta inducir o sugerir soto voce, la rápida conformación de un equipo de expertos, que sea el más adicto a sus intereses económicos: es decir, a la puesta en marcha inmediata del Proyecto.

e) No siempre el resultado es el esperado. Y puede surgir un grupo de científicos que, siguiendo los dictámenes de su conciencia, opinen contra la realización del Proyecto en la forma concebida. No importa mucho. Pues queda una etapa que permite a la Empresa salvar ágilmente este escollo: la etapa del "mal menor" o, en jerga de la Ley, la etapa de la determinación de las formas de "mitigar" o disminuir los efectos del impacto. Porque el equipo que realiza el EIA debe proponer, por imperio de la misma Ley, la magnitud del impacto y las formas concretas de mitigar el impacto previsible y sus daños ambientales o culturales.

f) Pero hay algo mucho más preocupante en este proceder, el que queda amparado por la Ley misma. Es la propia Empresa interesada en el Proyecto, la que selecciona y determina qué puntos o acápites de los Informes de los científicos quedarán finalmente incluìdos en el EIA. Es decir, la Empresa puede, tijera en mano, seleccionar aquellos párrafos de los informes científicos que les fueren màs favorables y, a la vez, ocultar, acallar o ignorar aquellos otros, que les son francamente negativos o desfavorables. Es decir, la edición final del EIA queda totalmente en manos de la misma Empresa interesada y dueña del Proyecto. Este proceder nos parece francamente inaudito!. De suerte que los Informes científicos de cada uno de los especialistas, no necesariamente formarán parte de este documento final entregado por la Empresa. Si se incluyen o no en el Informe final, será su propia decisión. No lo exige la Ley misma. En estas circunstancias, nos ha tocado más de una vez llegar a conocer tales documentos originales, sólo recurriendo directamente a los especialistas, autores de los Informes. Porque tales Informes, curiosasmente, no figuraban en el EIA respectivo, o solo eran insertados en forma fragmentaria y/o parcial, de acuerdo a la conveniencia del momento.

g) Hasta donde sabemos, la Empresa no está estrictamente obligada a entregar el texto completo de los Estudios científicos que ella misma contrató. Y puede entonces fácilmente "maquillar" a su arbitrio su información, en aquellos aspectos que le fueren desfavorables.

h) La Ley contempla en su proceso, es cierto, una etapa posterior, en que teóricamente la ciudadanía y la opinión pública intervienen, al llamado de la CONAMA regional, para exponer sus puntos de vista o críticas, respecto al Proyecto en cuestión. Y cualquier particular o grupo de ciudadanos puede, en esta instancia, hacer sus comentarios, requerimientos u observaciones. O expresar su rechazo y disconformidad. Hemos participado varias veces en tales citaciones. En realidad, se convierten fácilmente en una "bolsa de gatos", por la variedad de formación y cultura de los participantes, y por la heterogeneidad de los temas tratados. Los científicos serios suelen abstenerse de participar en estas citas, por considerarlas inoperantes e "inútiles". Un organismo técnico serio y científicamente capacitado debería recibir estas apreciaciones y críticas, evaluarlas y hacer llegar su veredicto final a la autoridad. Lo que no ocurre.

i) Pero, ¿què ocurre luego de esta instancia? Lo sabemos por experiencia propia. La Empresa trata de "negociar" indirectamente con los "opositores", insistiendo en la validez de sus formas de atenuación o mitigación de los daños previsibles. Y puede "mejorar" su oferta en términos de mitigación, o puede, llegado el caso, contratar los servicios de un nuevo equipo científico, que sobre la base de nuevos estudios en terreno, ofrezca una mejor perspectiva a sus planes. Aún a riesgo de incurrir en mayores gastos.

j) La etapa final y el resultado del proceso, queda en manos de la decisión de la COREMA Regional. Pero, ¿quiénes constituyen y forman la COREMA Regional? Una extraña mezcla de políticos y representativos de muchas entidades sociales y administrativas de la Región. En su inmensa mayoría, cargos políticos, adictos al regimen. No son, ciertamente, como podría esperarse, científicos o miembros eminentes de Universidades o Institutos chilenos. Tampoco, miembros de reconocidas instituciones de gran solvencia técnica. La COREMA es una instancia esencialmente politica y no técnica o científica.
k) Ahora bien, como es el Estado chileno el mayor interesado en llevar a cabo dichos Proyectos, los que forman parte de su agenda de desarrollo, es obvio que la balanza se inclinará decididamente por llevar a cabo el Proyecto, que el Estado ya consideró y "aprobó" en principio. y respecto del cual sus representantes (en la COREMA), se encargarán de dar el sí definitivo.
l) Si agencias particulares , ONGs, u otras instancias científicas o técnicas "ponen el grito en el cielo" por los evidentes daños subsecuentes, enteramente previsibles desde el ángulo científico, cierta prensa comprometida, Ministros de Estado, ciertos parlamentarios, o la propia Empresa se encargará de tildar de "ecologistas" y "fanáticos" a los resueltos opositores al Proyecto, considerado, ab initio, de un alto interés para el desarrollo regional.
m) El debate, en el mejor de ls casos, cuando se trata de situaciones límite, puede durar incluso años. Pero el resultado final es previsible: "el progreso exige necesariamente sacrificios". Es el cómodo slogan que se repite en estos casos. Y bajo el rótulo engañoso de un mentado "progreso", se pueden así cometer los mayores crímenes contra el medioambiente o contra el futuro ecológico de toda una región del país. Como si el verdadero y auténtico "progreso" fuera necesariamente incompatible con la preservación del medioambiente o del patrimonio histórico y cultural.
n) La mejor prueba de todo lo que estamos aquì señalando, es el hecho de que en nuestro país, más del 90% de todos los EIA terminan siendo finalmente aprobados por la entidades estatales (CONAMA y COREMA), a lo más, tal vez, con el aditamento final de algún pequeño maquillaje, para tranquilizar a los grupos opuestos al Proyecto, maquillaje que toma la forma de nuevas "medidas de mitigación del daño previsible".
ñ) Hay en este tema un aspecto adicional, de corte ético, que nos parece particularmente grave y atentatorio contra la libertad del científico. Dice relación con la formación de "grupos de expertos" en elaboración de EIA a nivel nacional. Las Empresas, especialmente las poderosas Empresas Mineras, al ofrecer cuantiosas sumas de dinero a los integrantes de estos "equipos científicos" con el fin de obtener sus "Informes", ojalá en pocos días (porque para ellos el tiempo que corre es dinero que se pierde), están contribuyendo, de una manera real, aunque tal vez inconsciente, a prostituir gravemente la profesión de no pocos de los científicos integrantes en estos EIA. Porque el dinero que ofrecen por día de trabajo, excede en mucho el monto de dinero que normalmente recibe el científico universitario en su trabajo rutinario docente e investigativo, no pocas veces insuficientemente remunerado. De suerte que en un solo Informe, hecho para un solo EIA, gana, de hecho, más que en muchos meses o años de arduo trabajo en la cátedra universitaria. De lo que se ha seguido en Chile una situación insólita e inédita: hay especialistas que prefieren vivir presentándose y participando en la elaboración de EIA a lo largo de todo Chile en vez de aceptar una cátedra universitaria docente que los amarra, limita y controla científicamente.


o) De esta suerte, han surgido como callampas en nuestro país , grupos de expertos "free lance" que se dedican a este lucrativo negocio de los EIA, dejando de lado su vocación universitaria y docente. ¿Para qué van a hacer clases de Arqueología, Antropología, Geografía, Biología o Sociología, si pueden vivir más cómodamente contratándose como expertos en EIA? Conocemos, por desgracia, varios casos de colegas en nuestra propia profesión, que así lo han confesado paladinamente. Pero esto nos lleva a reflexionar sobre la gravedad del hecho y de que "algo huele a podrido en Dinamarca", como diría el buen Hamlet.
p) Las Empresas, de hecho, amparadas en este sistema que la Ley desgraciadamente permite , han empezado ya a "corromper" a algunos científicos de nuestra tierra. Y no sabemos donde puede conducirnos esta peligrosa tendencia. Recuerdo, a este propósito, aquel decir que se escuchaba tanto en México en mis años de estudiante: "No hay general mexicano que resista un cañonazo de 10.000 dólares". Porque el dinero corrompe y lo sabemos bien. Y nuestra vocación de científicos, por otra parte, no suele ser muy bien remunerada y por eso surgen o pueden surgir apetitos económicos desmedidos.

Valgan estas incisivas reflexiones, frutos de nuestra directa experiencia, para insistir ante nuestros colegas científicos y ante la opinión pública sobre la necesidad urgente de modificar drásticamente y re-estudiar la Ley Ambiental chilena, que presenta claros y evidentes vacíos y déficits, para así evitar éstos y otros males y lograr que sean entidades autónomas, y dedicadas de lleno al ejercicio de la ciencia (Universidades, sobre todo) las que se encarguen de realizar a futuro estos EIA, con fondos estatales y no de las propias Empresas, de modo que se evite a toda costa el compadrazgo y la colusión de grupos interesados con las Empresas ejecutoras de Proyectos, máxime aquellos de gran envergadura, con claras proyecciones regionales o nacionales.
Nos proponemos próximamente, en un capítulo especial, estudiar el caso increíble de la destrucción, por obra de un gigantesco vertedero de residuos tóxicos, de una enorme cuenca y valle (Fundo El Mauro) próximos a la localidad de Los Vilos (IV Región de Chile). Nos tocó participar muy de cerca en los avatares de este descabellado Proyecto y en la decidida y férrea oposición de los habitantes de los poblados de Caimanes y Pupío y de agricultores de la zona, directamente afectados en sus derechos de agua. Hasta que se dio por fin, aquello de "poderoso caballero es don Dinero", y aún los más recalcitrantes opositores terminaron (Mayo 2008) por cansarse y rendirse, aconsejados por los propios abogados que sustentaran su causa. Triste desenlace para una historia de años de defensa heroica de una Naturaleza herida y una Cultura ancestral profanada, frente al atropello del más fuerte, que terminó por desencantarnos definitivamente sobre este tipo de "defensas imposibles". Ante una pésima Ley, llena de vacíos y susceptible de epiqueyas interminables, que no ampara al que está en su derecho, sino al agresor, poco o nada se puede hacer, salvo exigir a gritos, y en cada esquina de cada pueblo, su pronta modificación. Al menos, nos queda la satisfacción de haber cumplido nuestro deber al haber elevado nuestra voz y haber dado a conocer a todos los responsables (COREMA) y parlamentarios de la zona, la magnitud de los daños previsibles, que solo el futuro nos permitirá dimensionar correctamente. Nos queda, sobre todo, la inmensa satisfacción de haber luchado por inculcar a nuestros alumnos de Geografía, Arqueología y Antropología Social de la Universidad, el primado fundamental de lo ético por sobre lo económico. El primado de lo definitivo por sobre lo transitorio, el primado de los valores por sobre el brillo falaz del dinero. Porque aquì estamos en el terreno de la ética profunda aquella que comprende que la Naturaleza ha sido dada en préstamo al Hombre para auto-realizarse como persona y como comunidad y no como ente económico. Es Chile quien ha perdido en esta gesta de 8 largos años de lucha. Por "un plato de lentejas" (unos pocos años de explotación hasta el agotamiento del recurso) Chile y la Provincia ha perdido "la Progenitura" ( es decir, un bien de incalculable valor tanto en lo biológico como en lo arqueológico e histórico). Porque "El Mauro", cuenca geográfica rica en culturas ancestrales, en historia colonial y en especies biológicas endémicas, solo será, en el futuro y por desgracia in aeternum solo mil setecientos millones de toneladas de basuras tóxicas, inútiles y horribles.; es decir "un campo de muerte". Nos preguntamos con angustia y desazón: ¿ no existe, acaso, una tecnología extractiva menos tóxica y menos destructiva de los ecosistemas y de la habitabilidad humana? . Tema de profunda meditación ecológica.