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lunes, 29 de diciembre de 2008

O´Brien: : hidrografía, clima y vegetación de la Pampa

Las observaciones de don Antonio O´Brien sobre el suelo del desierto, las distintas especies de la vegetación nativa, la agricultura de trigo y maíz y las condiciones de aridez del territorio , nos sorprenden gratamente. En todas ellas, muestra una maestría descriptiva que tiene muchísimo de geográfico.

El siguiente texto que hoy vamos a analizar se refiere a las aguas que bajan por las quebradas a la Pampa, a la flora resultante y a lo sistemas de explotación del bosque. Es una verdadera lección de geografía física e hidrografía del territorio donde le tocó vivir siendo Teniente de Gobernador en el pueblo de Tarapacá por espacio de casi una década. Pero también de ecología profunda. He aquí el texto:


"[Nº 77] "Desembocan en este Valle muchas Quebradas que bajan de la Cordillera por las que cuando llueve se despeña copiosa cantidad de Agua Capaz de Regar y fertilisar todo este Valle, particularmente desde el Pueblo de Pica, hasta la Quebrada de Aroma, distancia de veinte leguas. Las Principales Quebradas por donde baja la mayor cantidad de Agua son, la de Aroma, Tarapacá, Mamiña, Macaya, y la de la Calera. Mucha parte de este Valle cría con las humedades de las nieblas, y las que coje el terreno con el agua que corre de las Quebradas que he dicho, un monte bajo y espeso que llaman Pillayas, cuando están verdes las comen las Mulas. Este Monte de Arboleda se ha secado mucha parte de él en las inmediaciones de la Quebrada de Tarapacá, por dos razones: La primera por que siendo el terreno más alto, parece que las Aguas subterráneas corren mas profundas, y no alcanzan los arboles tanta humedad, como necesitan pra su conserbación, no obstante que todavía ay muchos Algarrobos, Tamarugos y Molles en esta parte.

[Nº 78] La segunda porque es mucha la cantidad de ellos que cortan para Leña, hazen carbón y otros menesteres, siendo lo que mas destruye esta Arboleda el modo que tienen de hazer el Carbon que es como diré:

Cortan los Arboles, y los destrosan y quando estan secos juntan una cantidad de ellos, y les pegan fuego, sin otra precausión alguna, y quando les parece que están pasados de fuego los apagan con tierra, y sucede que si pusieron cien quintales de leña, sacaron veinte, o veinte y cinco de Carbon bien malo,
y de este modo an destruido la mayor parte de la arboleda, con mui poca utilidad, y si no se pone remedio vendran a quedar en menos tiempo del que piensan sin Leña ni Carbón ni donde ir a buscarla".

Este texto es notable no solo por sus alcances ecológicos sino sobre todo por la profundidad del razonamiento. Revela no solo la mentalidad de una persona que piensa en el futuro de ese territorio, sino también muestra bien a la autoridad que se preocupa por buscar remedio a la situación que denuncia. Este párrafo final que hemos subrayado, constituye un verdadero manifiesto ecológico, propio de un hombre visionario. No hemos tropezado en nuestras lecturas de documentos de este siglo con un fragmento tan lúcido y elocuente respecto a las nefastas consecuencias de un comportamiento humano totalmente contrario a la sustentabilidad del área en el tiempo. Es un manifiesto que prevé muy inteligentemente lo que ocurriría en el futuro. Y de hecho se adelanta en mucho a la mentalidad explotadora de su tiempo.

Procederemos, como en otros segmentos de nuestro Blog, a analizar con lupa este valioso documento, que nadie sospecharía se remonta al año 1765, es decir hace casi 250 años.

a) El concepto de "valle" en el pensamiento de O´Brien, abarca toda la extensa Pampa del Tamarugal. La pampa entera es, por lo tanto, un "Valle" para él.

b) O´Brien está convencido de que todo este Valle puede ser regado por las grandes avenidas de agua que caen periódicamente en él. Es la visión de futuro de un agricultor visionario y emprendedor. No sé por qué este gesto me recuerda, de improviso, a la figura insigne de don Patricio Larrain Gandarillas, mi bisabuelo paterno, quien igualmente soñó con regar todo el extenso y totalmente seco valle de Mallarauco y se puso en campaña para construir el canal que atravesó el cerro, conduciendo el caudal de agua. Y, luego de años de fatigas, lo logró.

c) Es muy probable que O´Brien haya sido testigo, en su tiempo, de varias copiosas avenidas inundando la pampa del Tamarugal. Por eso señala: "cuando llueve se despeña copiosa cantidad de agua". Si no fue testigo presencial de algunas de esas avenidas, supo informarse muy bien sobre el particular.

d) La idea de que esas aguas podían fertilizar toda la pampa le surgió, casi seguramente, por haber visto u oído acerca del uso ancestral de las comunidades indìgenas de la quebrada, que en tiempos de bajada de las aguas, se instalaban por varios meses en rústicas cabañas, en la pampa a plantar el maíz. La arqueología nos enseña que los antiguos indìgenas ya habían hecho uso de este recurso en la pampa, donde dejaron el testimonio de su presencia y los restos de sus cabañas. Y hasta tiempos muy recientes, los pobladores de las aldeas más altas bajan a cultivar a la pampa, en años particularmente lluviosos.

e) O´Brien conoce perfectamente cuáles son los principales cursos de agua que arriban a la pampa, y cuál es su quebrada de origen. Curiosamente, no hay referencia alguna a las quebradas de más al sur de Pica: Juan de Morales, Maní y Guatacondo. ¿Por qué?. Tal vez porque su radio de acción ordinaria, como Teniente de Gobernador con sede en Tarapacá, le hizo familiarizarse con estas quebradas cercanas. Y éstas son las mismas que certeramente dibuja en su "Plano de la Pampa de Yluga". Los nombres de las quebradas no han variado substancialmente ; solo la de Mamiña hoy es conocida como la "quebrada de Quipisca". Y la de Macaya, corresponde a la quebrada de Tasma, inmediatamente al Norte de Pica.

f) Estas frecuentes avenidas de agua sobre la pampa, han creado, según O´Brien, "un monte bajo y espeso que llaman Pillayas". Su nombre ha sido conservado hasta hoy en el habla popular. Sabemos bien que se trata del arbusto Atriplex atacamensis Phil , de la familia Chenopodiaceae, que adquiere un gigantesco ruedo que puede alcanzar varios metros de diámetro cuando tiene riego, y que puede elevarse hasta 3-4 m de altura. O´Brien no deja de señalarnos, como dato precioso, que sus hojas nuevas son comidas por las mulas, tal como lo fueron antaño por los guanacos, cuando bajaban a la pampa. Áreas formadas por un "monte bajo y espeso" , "impenetrable" a ratos, como destaca O´Brien, ya casi no se conservan hoy día. Sin embargo, Al Este de Huara, hacia el Norte y hacia el Sur, en tiempos de fuertes avenidas, se forman estos tupidos matorrales de pillallas, lo que nos permite formarnos una idea aproximada de lo que pudo ser un día el área aquí descrita, camino de Pica, en tiempos de O´Brien. Pillalla es un nombre local, al igual que sorona (Tessaria absynthioides) , denominada "brea" en el resto de Chile; más al sur, a partir de la IIª Región de Antofagasta, a la pillalla se le denominará siempre con un nombre quechua: cachiyuyo, que significa "yerba de sal". El término "pillalla", parece estar circunscrito, pues, al área de Tarapacá, por lo que podría tratarse de un término de origen aymara o, tal vez, puquina, como otros que hemos discutido.

g) Nos sorprende bastante nuevamente una aseveración del sevillano. Las pillallas no sólo brotan con las aguas que vienen por las quebradas y caen a este "Valle". Tambien concurren a su crecimiento y desarrollo "las humedades de las nieblas" (sic!). ¡Notable perspicacia!. Cómo llegó O Brien a esta conclusión?. ¿Cómo llegó a pensar que las "humedades de las nieblas" podrían coadyuvar al crecimiento de los árboles?. ¿Eran antes más intensas o más frecuentes estas humedades que hoy día?. ¿A alguien se le ocurriría hoy día pensar que la camanchaca tiene algún influjo en el crecimiento de los árboles y arbustos de la pampa del Tamarugal?. La investigadora de la Universidad de Chile, Dra. Fusa Suzuki pretendió demostrar, hace unos 25 años atrás, que los tamarugos podían absorber el agua a través de los estomas de sus hojas. Pero su tesis no prosperó y ha sido por ahora descartada.

Sabemos bien que las camanchacas penetran, máxime durante la temporada invernal, hasta el nivel de la pampa interior. Pero hoy día esto ocurre solo en pocas ocasiones, según los estudios que el Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica realizó en el invierno del año 1998. La captación de la niebla por nuestros atrapanieblas en estas ocasiones fue muy tenue y se redujo tan sólo a pocos cm3 y tan sólo en pocas ocasiones. Muchísimo menos que sus homólogos situados en el alto de acantilado costero en Alto Patache.

Sospechamos que en este aspecto falta todavía mucho por investigar. Porque hay sectores de la pampa interior donde abunda la retamilla (Ceasalpinia angulata), donde resulta casi imposible que sus raíces capturen el agua freática, por hallarse ésta muy profunda (a más de 10-12 m. de profundidad) . Sin embargo, hemos observado que estas plantas tienen un complejo sistema radicular totalmente próximo a la superficie del suelo y extienden por metros y metros, y en todas direcciones, sus interminables raíces, semejando infinitos cables, los que apenas van a pocos centímetros bajo el suelo. No poseen raíces pivotantes que busquen la humedad de las profundidades. Sospechamos, por tanto, fundamente, que estas raíces superficiales están dotadas de delicados pelitos radicales, muy finos, capaces de capturar tanto el rocío de la madrugada, como la tenue humedad de la niebla cuando ésta se deposita por varias horas durante las noches frías sobre las arenas del suelo. De otra manera no nos explicamos cómo puedan sobrevivir, desarrollarse y florecer rabiosamente en la primavera, sin mediar lluvia alguna.

Si nuestra hipótesis es correcta y la conjunción de la niebla de la noche y el rocío de la madrugada aportan una importante cuota de humedad a la planta, la observación de O´Brien sería realmente pionera en este sentido y fruto de una admirable capacidad de observación. Tal vez, pudo surgir de su frecuente experiencia de acampar durante la noche en plena pampa, bajo la protección de pillallas, retamillas o tamarugos. Los viajeros del siglo XVIII no disponían de carpas protectoras de ninguna especie. Simplemente se acostaban sobre las monturas o los peleros de sus cabalgaduras, cubiertos por gruesas mantas o ponchos de lana. Y éstas, probablemente, también servían de captadores de la humedad en las horas de sueño. Tal vez esta experiencia, repetidamente observada por O´Brien en sus viajes desde el pueblo de Tarapacá a la costa, le sugirió la total certidumbre de que, tal como él dice, "mucha parte de este Valle cría, con las humedades de las nieblas, un monte bajo y espeso que llaman Pillayas...". Estudios de fisiología vegetal más acuciosos, tal vez un día nos darán la razón. Y ese día Antonio O´Brien será considerado un audaz pionero de esta hipótesis.

El problema de las avenidas de agua


[71] Tambien se padece el trabajo de las avenidas que bajan por la Quebrada
[de Tarapacá] procedidas de las llubias de la Cordillera, ò Puna, donde llueve y truena en abundancia, por los principios de Febrero ó fines de este, las que causan no poco daño en las sementeras y casa de los Pueblos del plan de la Quebrada".

a) El problema de la existencia de los aluviones en las quebradas, queda bien reseñado por O´Brien aquí. Por lo que él indica en este texto, se puede inferir que la bajada de avenidas a la pampa era un hecho frecuente antaño. Si bien no indica que el fenómeno se produzca todos los años, la frase usada " se padece el trabajo de las avenidas que bajan por la Quebrada", sugiere una frecuencia alta. Y si tomamos también en consideración su famoso Plano de la Pampa de Yluga (1765), donde tales aluviones quedan claramente dibujados por su propia mano, es evidente que el tema le preocupa en grado sumo.

Y precisamente a causa de la periodicidad de tales avenidas, llega O´Brien a la conclusión lógica de que sería factible construir embalses, en varias gargantas de la quebrada da de Tarapacá, no sólo para
frenar el ímpetu de sus aguas y represarlas, sino contar con el abastecimiento de agua para beneficio de la agricultura del valle y de la pampa de Yluga.

Un segundo Plano del sevillano (fechado el 20 de Junio de 1766) que hemos estudiado (Larrain , 1975: 330-362
) se titula: Plano que manifiesta la quebrada de Tarapacá en el Thenientazgo o Partido de este nombre, de el Corregimiento de la Ciudad de San Marcos de Arica, con las tierras de los Yndios tributarios y el Proyecto que se discurre mui útil para dar corriente a las Lagunas de Lirima y el de proveer de agua esta Quebrada..." . Tal encabezamiento bien refleja los objetivos confesados del Plano y de los estudios que aconseja hacer.

b) Es evidente, pues, que O´Brien aprovecha su experiencia de varios años en la zona y su gran conocimiento del terreno, que ha recorrido palmo a palmo, para presentar su Proyecto innovador: bajar las agua de las lagunas altiplánicas, construir tres represas a medio camino a lo largo de la quebrada de Tarapacá y canalizar el acceso de las aguas hasta la pampa para permitir la práctica de la agricultura todos los años, y no sólo en casos de avenidas.

c) El clima del llamado "invierno altiplánico" le resulta perfectamente familiar: sabe que tales avenidas son producidas por lluvias en la alta cordillera; sabe su fecha exacta de ocurrencia: se producen "a principios o fines de Febrero"; también acota que son precedidas de truenos en abundancia, y por fin , señala que estos aluviones "causan no poco daño en las sementeras y casas de los pueblos".

d) El Plan propuesto, que plantea audazmente al Virrey del Perú don Manuel de Amat y Juinient, tiene por objetivo paliar estos males, y beneficiar la agricultura local aumentando enormemente la superficie bajo riego en el nivel de la Pampa.

e) Estas frecuentes "avenidas" producen "trabajo", es decir, padecimiento para los lugareños por lo incontrolable de los cauces. Su Plan envuelve de por sí una serie de medidas concretas para controlar las fuerzas desatadas de la Naturaleza: regularizar los cauces , establecer un sistema escalonado de represas aprovechando las gargantas naturales para acopiar agua para los años secos y así asegurar el regadío, tanto de los terrenos de la quebrada como de la pampa de Yluga.

f) Por fin, aunque no se nos dé indicios claros acerca de la periodicidad de tales avenidas, todo hace suponer que ellas fueron, en esa época, relativamente frecuentes; en todo caso, más frecuentes que ahora. Las fechas en que vive O´Brien corresponden con bastante exactitud a la llamada "pequeña Edad del hielo" y corresponden a un período ciertamente más frío y húmedo que hoy, según los climatólogos.

En su conjunto, el cúmulo de medidas propuestas por O´Brien, nos parecen no solo sensatas sino clarividentes para la época y, sin duda alguna, son fruto no sólo de su propia experiencia de campo sino también de su habilidad para obtener informes fidedignos de terceros, buenos conocedores del clima de la región.


(Segmento en elaboración, 28 de diciembre 2008; enriquecido el 02 de Febrero del 2009).

domingo, 28 de diciembre de 2008

Las chacras de la Pampa del Tamarugal: observaciones de Antonio de O´ Brien

En el capítulo VII de su famosa "Descripción de Tarapacá", O´Brien nos describe la Pampa del Tamarugal y sus especies vegetales autóctonas. Igualmente, nos relata acerca de los intentos por hacer fructificar la pampa mediante plantíos de trigo y maíz. Veremos cómo nada en el paisaje, escapa a su ojo de águila. Resulta evidente al lector atento, que el autor recorrió por años la región, desde la zona altiplánica (donde estudia las lagunas de Lirima y la posibilidad de captar sus aguas para el regadío del valle), hasta Iquique y los minerales de plata de la costa [Huantajaya].

La geografía de la Pampa del Tamarugal:

"Este valle o Pampa es una llanura de cinco y media Leguas de ancho en la parte que menos; su largo es tan dilatado que aseguran algunas personas que empiesa en la quebrada de Arica y acaba en Chile, corre casi con la costa Norte, Sur , y en partes tiene en esta jurisdiccion a quinze a veinte leguas de ancho."

De la última frase se puede deducir con certeza que O´Brien no visitó el sector extremo norte del Tamarugal, al Norte de Zapiga (Quebrada de Tiliviche) , tal vez porque allí comenzaba el territorio de la jurisdicción de la Gobernación de Arica.

Se sabe que en el siglo XVI una legua española comportaba aproximadamente 5.5 km, [5.572 m.], por lo que el ancho i sugerido por O´Brien alcanzaba los 30 km de ancho, lo que es bastante exacto a la latitud de Pica. Una "legua" era la medida que normalmente andaba un caballo en terreno plano en una hora.


Las chacras abandonadas de la Pampa

De este territorio, O´Brien anota con agudeza a lo siguiente:


"[ Nº 76] Es un territorio que según las señas, y esperiencia que se tiene ha sido fertilíssimo , no pudiendo dudarse que lo es y que lo volverá a ser siempre que se le introduzga agua que lo riegue. Se ven en este territorio muchas y dilatadas chacras, en las que permanecen los rastrojos del trigo, y maíz que produjeron."

Las famosas chacras abandonadas en la Pampa, reseñadas en el Plano de la Pampa Yluga por O´Brien han sido prolijamente descritas y estudiadas por diversos autores (Núñez, Bermúdez, Bodini et al., Larrain, Bergoeing), a partir del año 1972. Pocos, sin embargo, han rescatado y o analizado concienzudamente y con visión eco-cultural, estas decidoras frases de la Descripción, tal vez por que no la tuvieron a la mano. Porque el texto antes citado, aunque aparentemente parco y escueto , nos aporta muchísima información:

a) nos indica que hay pruebas de que el territorio bajo cultivo fue antaño muy fértil; lo que significa que vio las chacras personalmente y las recorrió, seguramente a caballo. Al referirse a la "experiencia que se tiene", probablemente se alude a las diligencias que hace por entonces O´Brien con pobladores comarcanos, para tener "noticias ciertas" sobre el cuándo, cómo, por qué y para qué de estas chacras.

b) que solo basta llevar agua a éste para que produzca; tal vez de esta observación in situ, brota en O´Brien la porfiada certidumbre de su conveniente reutilización. De esta certidumbre nace, también, la porfìa por visitar, describir, medir y navegar las lagunas de Lirima, donde ve una fuente de suministro de agua de buena calidad para la Pampa.

c) que en este paraje "se ven muchas y dilatadas chacras". Expresión que apunta a su extensa superficie total, y que O´Brien intenta dibujar en su "Plano de la Pampa de Yluga". Lo que significa que vio con sus propios ojos las chacras, aunque ya en abandono por entonces. En su Plano pondrá, al respecto: "chacras que se cultivaban cuando llovía en este valle".

d) que en estas chacras "permanecen los rastrojos del trigo, y maíz que produjeron". Es decir, O´Brien en 1765 y aún antes, recorre las chacras, observando los canales abandonados y encuentra los tallos secos, raíces, y rastrojos de lo que allí se plantó un día: trigo y maíz.

Sabemos hoy día muy bien que los aldeanos de la quebrada solían bajar a plantar en dicha pampa cuando venía agua en abundancia por los cauces de las quebradas de Aroma, Tarapacá y Quipisca, en años excepcionalmente lluviosos. Es muy probable que tuvieran asignados, por tradición familiar, paños de tierra especialmente asignados a determinados poblados de altura.Tal situación debió producirse unos pocos años antes de la visita de inspección de O´Brien.

En el año 1972, a comienzos de Marzo, nos tocó ser testigos directos, con el geógrafo de la Universidad Católica Luis Velozo, de la bajada de un poderoso caudal de agua desde Aroma y Tarapacá, el que cortó caminos y accesos. Conservo fotografías tomadas dicho año por el profesor Velozo. Ese mismo año 1972, en el mes de Julio, topamos a un solitario poblador de Mocha limpiando las melgas en estos mismos campos, que según él "pertenecían a su familia".

d) la indicación de que los "rastrojos permanecen" en el momento de su visita, tiene una simple y fácil explicación. En este desierto, es posible aún hoy, encontrar, a escasa profundidad, fragmentos de raíces y tallos del maíz que se plantó aquí otrora, en esta misma pampa, tras decenios o quien sabe, siglos de abandono. De este mismo hecho pudimos percatarnos en una visita efectuada a la zona de las chacras abandonadas, a fines del año 1972, con el museólogo Jorge Checura Jeria, por entonces, funcionario del Museo Regional, de Iquique.

e) Y agrega que es su anhelo volver a regar esta pampa, para hacerla nuevamente productiva, tal como lo fuera otrora. Aquí campea la férrea voluntad del sevillano que se opondrá tenazmente a los intentos de los curas de Mocha y de Sibaya, a fin de llevar a cabo su tarea de sondear la profundidad de las lagunas de Lirima, y comprobar la excelente calidad de sus aguas. Lo que le valió la enemistad de dichos curas. Todo porque las lagunas eran objeto de ciertos mitos que sostenían que morían fatalmente todos aquellos que bebían de sus aguas. La tenacidad de O´Brien acabó con el mito al probar sus aguas, navegar en ellas y echar sondajes para calcular su profundidad. Regresa a Tarapacá con su comitiva de mestizos e indios, tras varios días de expedición a la zona altiplánica, convencido de que esas aguas pueden ser conducidas a la quebrada, previa una obra de canalización, la que planifica cuidadosamente en su notable Plano de la Quebrada de Tarapacá.

(Próximamente, agregaremos a esta sección una bibliografía especializada sobre este intrigante tema, aún hoy de actualidad).

viernes, 5 de diciembre de 2008

La Fauna observada por O´ Brien en el área de Huantajaya (1765)

Incluimos en este segmento varias fotos de aves de la familia Columbidae (palomas), y que se hallan presentes hoy en el Area de Iquique. Al analizar con ojo zoológico las observaciones faunísticas que O´Brien nos entrega en su Descripción, hay una referencia especial a "unas aves pequeñas, color de tierra con pintas negras". Este fino detalle descriptivo, muy poco usual en autores antiguos, ha llamado bastante nuestra atención y nos ha forzado a buscarle una explicación científica congruente.

Cuando nos habla O´Brien de un "pajarito pequeño", es probable que tome como punto de referencia inconscientemente a las palomas (Columba livia Linneo), de la misma familia Columbidae, y que por entonces al parecer aún no poblaban esta zona, pero que le eran perfectamente familiares de España. Es decir, se trataría de pajaritos más pequeños que las palomas, bien conocidas de todos los españoles.

Si, como creemos, la descripción alude casi seguramente a un tipo de tórtola, veamos imágenes nuestras de todas las Columbidae o clases de palomas que hoy existen en estado natural en la zona de Iquique y su región. La fina descripción que nos hace O´Brien, aunque escueta, creemos es suficiente para decidir a qué especie de ave se refería el autor.


1. Tórtola grande o cuculí, Zenaida meloda en Pica, Noviembre 2008. (Foto H. Larrain)

2. La misma especie (Zenaida meloda) , macho y hembra en Pica, Noviembre 2008 (Foto H. Larrain).

3. La especie más pequeña o quihuahua en Pica (Columbina cruziana; en inglés conocida como "Croaking Ground-dove"); (Foto H. Larrain).

4. Zenaida meloda o tórtola cuculí en Pica, Noviembre 2008 (Foto H. Larrain).

5. Tórtola peruana o Zenaida auriculata Des Murs, en Iquique, Noviembre 2008 (Foto H. Larrain). Creemos que éste es el ejemplar descrito por O´Brien en 1765.

6. Columbina cruziana o quihuahua, en jardín en Iquique, diciembre 2008 (foto H. Larrain)

7. Zenaida meloda en nuestro jardín en la ciudad de Iquique; es conocida como "cuculí" en el Norte de Chile. Su nombre en inglés es : West Peruvian dove".(Foto H. Larrain, diciembre 2008). Habitante del Perú y Norte chileno, en la actualidad ya está llegando a los alrededores de Santiago (información personal Alfredo Ugarte Peña). Obsérvese el área de plumas blancas en el borde del ala, que este ejemplar despliega hermosamente.

Por numerosas razones que aquí exponemos en detalle , nos inclinamos a creer que sea Zenaida auriculata ( en inglés: "Eared dove") y no otra, la especie de que nos habla O´Brien en su "Descripción" de Tarapacá como presente en el área de las Minas de Huantajaya . Ostenta una patente área atornasolada en la zona del cuello. Observe, además, las varias y grandes "pintas negras"en sus alas, señas a las que muy claramente alude O´Brien (Foto H. Larrain).


Hemos indicado ya en un capítulo anterior del Blog cuál es la flora que Antonio de O´Brien observa y describe en los alrededores de las Minas de plata de Huantajaya hacia 1765. Nos hemos sorprendido de que haya sido capaz de tomar noticia y describir con tanta prolijidad los líquenes y las formaciones de tillandsias (Tillandsia landbecki) , que el denomina por entonces "pajonales". Con tal grado de exactitud, nos está revelando tanto su carácter de testigo presencial y frecuente visitante de la zona, como también su fidelidad descriptiva. Lo que infunde a toda su "Descripción" un carácter de credibilidad notable.

Nos toca hoy referirnos a su percepción y observaciones en torno a la fauna presente en los cerros costeros donde está el asiento minero de Huantajaya.

He aquí el brevísimo párrafo pertinente:

"No se cría en estos parages sabandija alguna, mas que ratones. Las Moscas y Pulgas son plagas mui molestosas e insufribles. Se crían unos Pajaritos pequeños de color de tierra con pintas negras, que solo se mantienen de comer moscas, a estos llaman pichinchos". [Nota 39]

Detengámonos un momento a examinar este fragmento del texto. Nos parece enteramente normal que las "plagas" nombradas: ratones, moscas y pulgas, hayan proliferado en un ambiente donde la higiene no fue precisamente la norma. La extrema escasez de agua, por una parte, y la depositación de la basura junto a los campamentos hechos de precarias habitaciones de muros de costrones, tenían que fomentar en alto grado el desarrollo de estas plagas.

De los ratones nada sabemos en concreto. Tal vez se trató del pequeño roedor costero, presente en todos los oasis de niebla. En tal caso podría ser la especie Phyllotis darwini rupestris, de la Familia Sigmodontidae. Lo que no sería nada de raro, pues el oasis de niebla de Huantaca, donde hasta hoy hay algo de vegetación y fauna nativa, se halla sumamente cerca de Huantajaya. Pero no sería tampoco nada de improbable que pudiese haberse desarrollado, en estos campamentos donde pululaban centenares de obreros y sus familias y gigantescos basurales, ratones grandes, de las especies europeas Rattus rattus o R. norvegicus, que habrían fácilmente podido llegar con las cargas y fardos al campamento, procedentes de los navíos que anclaban en la caleta de Ique-ique. Porque hasta el día de hoy prosperan en Iquique y en casi todas las caletas costeras.

Desde el punto de vista ornitológico, mucho más interesante para nosotros es el dato referente a los "pajaritos pequeños color de tierra". En primer lugar, porque se trata obviamente en este relato de aves endémicas (nativas) y no traídas o atraídas de alguna manera por la presencia humana. Creemos que estos "pajaritos" podrían ser reconocidos con un buen grado de certeza por nosotros hasta el nivel de especie. Porque las únicas dos especies de aves nativas que podrían calzar perfectamente en esta categoría descriptiva, es decir, "pequeñas color de tierra y con pintas negras en las alas)", son dos especies de tórtolas o Columbidae las que hasta hoy existen en la zona de Iquique y alrededores. Las fotos que ilustran este segmento del Blog, son ilustrativas de las tres especies aquí nombradas.

En nuestra opinión sólo caben dos posibilidades de identificación, de entre las especies "color de tierra", esto es grises o pardas pálidas, que presentan nítidas pintas negras en su plumaje: o se trata de la especie conocida como tórtola peruana Zenaida auriculata Des Murs, o de la especie bastante más pequeña, Columbina cruziana Prévost, llamada comúnmente quihuahua, provista de un pico amarillo y que posee varias manchas muy pequeñas de color negro en su plumaje. Porque de la llamada cuculí (Zenaida meloda Tschudi), tórtola de tamaño apreciablemente mayor, no podría tratarse ciertamente aquí ya que carece de las típicas "pintas negras" que le son propias, según la descripción explícita de O´Brien. La especie Zenaida auriculata tiene, en cambio, entre 5 y 6 manchas grandes, negras en cada ala, que destacan por sobre el plumaje gris claro, terroso, muy notorias, en el área de las plumas denominadas rémiges o "remeras".

En Iquique esta especie hoy día es muy numerosa, mucho más que su congénero Zenaida meloda llamada corrientemente "cuculí", dotada de un melodioso canto. Para interpretar la descripción de O´Brien, nosotros nos inclinamos por la especie Zenaida auriculata o tórtola peruana, por ser de mayor tamaño, dotada de pintas de tamaño muy visible y también de mucho mayor abundancia actualmente en la zona.

Hemos presentado arriba fotos de las tres especies de tórtolas que hoy existen en Iquique (ciudad) . Extrañamente, la especie Zenaida auriculata o tórtola peruana, que sospechamos sea la descrita por el sevillano, siendo hoy extraordinariamente abundante en la costa (Iquique), no llega a las quebradas interiores ni al oasis de Pica y Matilla, por razones que desconocemos.

Por fin, resulta de gran interés el dato que nos da O´Brien respecto al nombre dado localmente a esta avecita: pichincho, nombre de claro ancestro indìgena (pichinchu) . O´Brien también nos ofrece otros nombres locales de aves o insectos , en su valiosa Descripción. Este nombre no parece haber sobrevivido [nunca lo hemos escuchado en la zona]y al parecer sería desconocido hoy en la región de Iquique. Estos "pichinchos" se han alimentado seguramente en los extensos basurales de las Minas de Huantajaya, pues hoy también comen toda suerte de desperdicios en Iquique, además de granos y semillas, que es su alimento más propio.

Esta denominación: "pichincho", parece tener cierta resonancia local en nombres como camanchaca, Pichalo, Cavancha, Chomachi, Pacache, y otros más, que podrían tener una cierta similitud con denominaciones propias de la lengua pukina, que al parecer, habría sido la común en esta zona. En todo caso, estos topónimos no encuentran una clara significación a través de las lengua quechua o aymara, y menos atamcaña o kunsa.

Un argumento adicional en favor de la elección de Zenaida auriculata, es que las otras dos especies de aves existentes hoy en la zona, poseen nombres locales ampliamento conocidos: cuculí , la una y quihuahua, la otra. En cambio, de Zenaida auriculata, no existe en nuestra región nombre propio conservado de antaño. Pudiera ser, pues, que efectivamente estos fueron los famosos "pichinchos" de los triempos de O´Brien, como lo creemos hoy.

No deja de ser curioso, por fin, que no se haga referencia alguna a dos tipos de buitres hoy día omnipresentes en toda la costa norte chilena: el gallinazo o jote de cabeza roja (Cathartes aura) y el jote de cabeza negra, (Coragyps atratus). Tal vez estas especies eran mucho menos frecuentes que hoy, ya que no llaman la atención de O´Brien. Tal vez, ni siquiera existían por entonces en la región, lo que no nos parece muy probable. dada la ubicuidad de esta ave, que hoy recorre infaltablemente todos los ambientes del desierto, observándosele planeando aún en los rincones más secos y áridos de la pampa.

sábado, 29 de noviembre de 2008

La descripción del Partido deTarapacá de don Antonio de O´ Brien : Clima y Vegetación costera

Primera hoja de la Descripción del Partido de Tarapacá, de don Antonio de O´Brien

Dedicatoria y Rúbrica de don Antonio O´Brien, al inicio del Documento que contiene la descripción del Partido de Tarapacá y Puerto de Yqueyque. (Dice textualmente: "Excelentísimo Señor con el más profundo respeto y veneración queda a los pies de Vuestra Excelencia su más rendido criado Antonio O´- Brien).

Después de una extensa y detallada descripción del Mineral de Huantajaya, de sus vetas y panizos, tanto en el cerro de San Simón como en el San Agustín, y de un relato circunstanciado de los diferentes mineros que allí laboraron desde los inicios del siglo XVIII, Antonio de O´Brien dedica unos párrafos significativos al clima allí reinante. Su descripción precisa y muy acotada hace indispensable un análisis especial, desde el ángulo eco-cultural, propio de este Blog.

Para nosotros, estudiosos de las neblinas costeras y oasis de niebla, estos párrafos revisten un muy particular interés. He aquí su texto:

" 38...... El temperamento de este Zerro de San Agustín de Guantajaya es mui benigno y sano, es seco y cálido en el Verano húmedo y frío en el Invierno, aunque llueve muy poco, pero las nieblas y brumasones [sic!] de la Costa (que aquí llaman camanchacas) que son casi continuas particularmente las noches y mañanas del Invierno humedecen bastante la superficie de la tierra. El frío no es mucho, y el calor es llevadero por las Virasones de la Mar".

Analicemos prolija pero brevemente este texto, precioso para nosotros.

Características climáticas del área sujeta al regimen de nieblas.

a) distingue muy exactamente O´Brien las dos estaciones del año, el verano y el invierno, con climas muy diferentes: "seco y cálido el verano", "húmedo y frío el invierno". Lo que distingue de inmediato este clima, del propio del interior, caliente y siempre seco.

b) Se señala que llueve muy poco en la región;

c) sin embargo, las neblinas son casi continuas, especialmente en las noches y en las mañanas;

d) Estas neblinas localmente se conocen como "camanchacas". Este dato es de especial interés, pues es muy importante saber y destacar en qué lugares de la costa norte fue usado este término en tiempos antiguos. Un día habría que trazar, con apoyo etnohistórico, desde el sur peruano hasta el norte de Chile, el segmento de franja costanera dónde con certeza fue usado tempranamente este nombre, al parecer, estrictamente asociado al habitat costero de los antiguos pobladores "changos".

e) Estas camanchacas humedecen "bastante" la superficie de la tierra; y , sin embargo, como dice a continuación el mismo texto, "la aridez de la tierra es grande; y aún con estas casi continuas humedades, no se cría Yerba alguna, ni otra planta...". Es decir, el cronista se sorprende de que a pesar de la gran cantidad de humedad allí reinante por muchos meses- de la que obviamente fue testigo presencial en sus visitas al mineral de Huantajaya- , no alcanza ésta a producir vegetación propiamente tal. En el apartado que sigue, analizaremos sin embargo, más especialmente el tema de la vegetación observada por el cartógrafo en este segmento costero del desierto de Atacama.

f) Estas neblinas se producen, al decir de O´Brien, " particularmente [durante] las noches y mañanas del invierno". Lo que es efectivo. Según nuestra experiencia en el sitio del oasis de niebla de Alto Patache, a unos 70 km en línea recta hacia el Sur, Invierno y Primavera son los dos períodos de máxima condensación de la niebla y, por ende, de mayor captación [humedecimiento del suelo].

g) Distingue entre "nieblas" y "brumasones". Sospechamos que bajo el primer epíteto quiere significar O´Brien las nieblas densas, mojadoras, arrastradas por vientos intensos del Sur o Suroeste, que condensan abundante humedad sobre el terreno, mientras que, en el segundo caso, las brumasones" serían neblinas o brumas poco densas, más estáticas, y consecuentemente bastante más "secas".

Estas últimas las hemos observado depositadas muy cerca de tierra, casi estáticas, cubriendo llanuras o pampas interiores, por lo general en horas muy tempranas de la mañana.

La escasa vegetación existente

a) Por una parte se indica en este texto que aquí, en el área del Mineral de Huantajaya, "no se cría yerba alguna". Pero, pocos reglones más abajo, parece contradecirse al indicar que existen algunas excepciones. ¿De qué se trata?. Veamos el texto alusivo.

"Y aunque con estas casi continuas humedades no se cría Yerba alguna, ni otra planta que las que llaman cardones, solo se ve en el Inbierno en las Cabezas de los Zerros por la parte que mira al Sur y al Oeste, una especie de Verdina que se cría en las Piedras que crece hasta dos Dedos de alto y en mui raro Zerro distante de este Mineral se suele criar una especie de paja delgada y corta, que llaman Pajonal, pero es tan poca que de nada sirve" [subrayado nuestro].

b) La excepción, según O´Brien, la representan tres curiosas "plantas":

-- la primera, son los "Cardones". Aunque no se detiene a explicar qué son y qué aspecto tienen estos "Cardones"(como lo hace Gerónimo de Bibar en su Crónica del año 1558) , sabemos hoy muy bien a qué se refiere el cartógrafo O´Brien. Este mismo nombre ha llegado hasta nosotros, y se sigue usando hoy día en nuestra costa árida aplicada una especie de cactácea columnar, cuyo nombre científico es Eulychnia iquiquensis Schumann, (descrita por Julius Heinrich Karl Schumann (1810 -1868). También se les conoce localmente con el nombre de "copaos", denominación que más bien se aplica a su fruto, que es bastante ácido, pero comestible. Los antiguos indígenas subían a los cerros para cosecharlos, en la temporada del verano.

-) la segunda, es lo que llama "una especie de verdina que se cría en las Piedras". Para nosotros, que nos hemos pasado meses y años trabajando en el área de las neblinas, estudiando en detalle su ecosistema vegetal y animal, esta "verdina" no puede ser otra cosa sino líquenes de las más variadas especies. La sugerencia a su color verdoso ["verdina"] y a su habitat preciso ["se cría entre las piedras"], apunta claramente a las dos grandes divisiones botánicas de los líquenes, aquellos que se adhieren, en forma de costras diminutas y coloreadas diversamente, a la superficie de las rocas o terrones expuestas al aire [líquenes crustosos], y aquellas que adquieren un cierto aspecto arborescente [líquenes fruticosos] y que pueden o no adherirse a las piedras circundantes y aún asentarse directamente sobre arenas. Estos últimos, de colores verdosos o parduzcos, forman colonias muy numerosas sobre los suelos humedecidos casi perpetuamente, y pueden medir hasta 4-6 cm de alto. En invierno, bajo el efecto humificador de la niebla, los paisajes de laderas y cerros adquieren tonos verdosos o parduzcos, muy característicos,
que destacan sobre el color normal mucho más de las arenas.

c) Investigaciones muy recientes realizadas por liquenólogos en el sitio del oasis de niebla de Alto Patache, (65 km al Sur de Iquique) invitados por el "Centro del Desierto de Atacama" de la Pontificia Universidad Católica de Chile (CDA), han señalado a la fecha la existencia de más de un centenar de especies, entre las cuales hay una, extremadamente escasa y rara, incluso considerada extinta, la que merece una especial protección. Se trata de la especie Santessonia cervicornis Follmann, encontrada por el Dr. Gerhard Follmann en las alturas de Cerro Moreno y bautizada por él.

d) La tercera planta que aquí se describe es "una especie de paja, delgada y corta, que llaman pajonal". A primera vista, podría creerse se trate de formaciones de alguna gramínea, como es el caso del ichu o paja brava [también conocido más a Sur como coirón] y común en la altiplanicie andina. Porque, en efecto, este ichu (Stipa ichu) se da en muy pequeñas cantidades y en ejemplares muy aislados, en sectores especialmente húmedos, en varios oasis del sur de Iquique. Lo hemos constatado en Alto Patache y Alto Chipana, y especialmente en el oasis de Punta de Lobos. Pero la descripción y el nombre local entregado aquí: "pajonal", nos está indicando claramente que O´Brien se refiere aquì a la presencia de "tillandsiales" o densos conjuntos de la bromeliácea Tillandsia landbecki Phil. En efecto, la Tillandsia se asemeja vagamente al pastizal o pajonal. Pero para el experto, se trata de algo totalmente diferente. La Tillandsia forma, en las proximidades de las Minas de Huantajaya, algo tierra adentro, enormes mantos de guirnaldas, que son observables en las partes altas de los cerros, alimentadas durante meses, por las frecuentes neblinas que vienen del Pacífico. A estas formaciones alude O´Brien, sin género de duda. Y en algunos antiguos mapas de la zona, ciertas alturas de los cerros donde prosperan, reciben la denominación explícita de "pajonales". Estos "pajonales", pues no son propiamente "paja" sino una bromelia, planta epífita carente de raíces, que da una pequeñísima flor color canela. Sospechamos que el ganado de camélidos americanos (guanacos o llamas) pudo alimentarse de este "pajonal", a flta de mejor alimento. Porque en tal caso, su utilidad para el viajero que los atravesaba rumbo a la costa, con recuas de mulas o llamas, era por demás evidente. Si así fuera -como creemos- no se justificaría ciertamente la frase lapidaria de O´Brien: " es tan poca que de nada sirve".

Más bien, esta frase nos estaría señalando que O´Brien no conoció ni visitó personalmente los extensos campos de tillandsias, que cubren cientos de hectáreas y que se encuentran en las proximidades del Cerro Guanaco y Cerro Oyarbide, unos 20-25 km. al sur de Huantajaya, en plenos cerros de la cordillera de la costa. Y es obvio que no los conoció, pues allí no había, por entonces, explotaciones mineras al estilo de Huantajaya o Santa Rosa. Tampoco los describe el viajero y científico Charles Darwin, quien pasa, sin embargo, muy cerca de ellos, a lomo de mula, rumbo a la salitrera "La Noria, en Julio de 1835. De haber ambos conocido y visitado esa zona alguna vez , y sabiendo de su especial esmero en describir objetivamente el paisaje circundante , sin duda alguna lo hubieran advertido y destacado con fidelidad en su relato.


miércoles, 26 de noviembre de 2008

La "Descripción del Partido de Tarapacá" de don Antonio de O´Brien . (1)

Con el telón de fondo de la hermosa caligrafía del siglo XVIII, mostramos aquí una hoja, la primera, de la famosa "Descripción de Tarapacá". Estudiada desde el ángulo de la historia por primera vez por don Oscar Bermúdez, en su obra: Cartografía y Labores administrativas de Antonio O´Brien, esta minuciosa Descripción merece un análisis mucho más exhaustivo tanto desde el punto de vista histórico, como también desde el ángulo geográfico y ecológico. Lo que aquí presentaremos es, pues, sólo un tímido esbozo en tal sentido. Porque somos plenamente conscientes de la inmensa riqueza escondida en este texto, siempre que se le analice en forma global, sin dejar de lado ninguno de sus aspectos. Porque posee muchos, no siempre visibles a primera vista. En efecto, este texto rezuma experiencia directa, honestidad, credibilidad y, más que todo, profundo conocimiento del medio ambiente hostil en el que le tocó ejercer su cargo.

Antecedentes.

Hemos mostrado arriba una hoja de su famosa "Descripción de Tarapacá."No pretendemos ofrecer aquí una versión completa de esta maravillosa Descripción. Tampoco hacer un estudio acabado de la misma. Espero sea parte de mis proyectos de futuro. Por ahora, solo quisiéramos destacar algunos pocos aspectos de la misma, los que nos parecen particularmente valiosos desde un ángulo geográfico o antropológico. Tengo en mis manos una copia completa del documento original, que existe en el Archivo de Indias, del que entresaco por ahora sólo aquellos párrafos directamente atingentes a nuestro enfoque eco-cultural:

Los puertos y caletas de la Costa.

Así hablando de los puertos y caletas de la costa, señala la existencia de "Yqueyque, de Loa y de Tucupilla, cerca de Cobija, que es una corta caleta. Este [último] es poco seguro y mucho menos el de Loa, pues no se puede dar fondo en él con embarcación de portte porque los muchos remolinos y corrientes la abaten a la Playa...".

Respecto al puerto de Iquique [Yqueyque] destaca, con gran conocimiento de causa:

El de Yqueyque es seguro, y el único donde fondean las embarcaciones de todos tamaños que comercian con esta Provincia, tiene un solo Río que es el de Loa, cuio nombre toma del Puerto dicho en donde desemboca..."

Respecto a la pesca en la costa, al comercio y a otros recursos madereros, señala explícitamente:

En la Costa tiene muchas Pesquerías, en las que se coje abundancia de todo genero de Pescado, particularmente Congrio, que hecho Charquesillo, conducen con cantidad de marisco a vender a las provincias interiores de que sacan bastante cantidad. También ay en las Puntas Farellones e Islotes, abundancia de Huano que conducen a las Provincias comarcanas, tanto por mar, como por Tierra, para el cultivo de las sementeras y es abundantísima de mui especial sal, particularmente para salar carnes, pero mui escasa de madera para fabricar, pues solo se crían sauces, Algarrobos, y Tamarugos, los que apenas proveen para las reducidas casas de que se componen los Pueblos, y tablazón no la hai de ninguna especie."

El carácter de desierto absoluto queda muy bien retratado por O´Brien, quien evidentemente habla aquí por experiencia propia, y no por boca de otros. Su descripción no puede ser más viva y elocuente:

"Este es territorio penoso de vivir en él, tanto por los continuos Temblores y las frecuentes pestes que se padecen casi anualmente en los principios y fines del Inbierno y del Verano, como por la escases de víveres que la hacen mucho más cara que Lima, y por lo costoso que es el trancitar por qualquiera parte de este Partido, pues es menester llevar consigo el que camina hasta el Agua y Carbón necessario para ese Viaje y se carece de médico y de Botica..." [destacado nuestro].

(Segmento en construcción. Continuará.)

domingo, 23 de noviembre de 2008

El legado de Robert Gerstmann a Gustavo le Paige

Las fotos, conservadas en un viejo álbum personal, fueron tomadas entre diciembre de 1964 y Enero de 1965 por nosotros, con la cámara Leika de fabricación rusa donada por Gustavo le Paige a H. Larrain en noviembre de 1964. Representan bien un momento de la vida temprana de la Universidad del Norte, mi Alma Mater por aquellos años. Fue exactamente la época en que llegó a la Universidad el preciado legado fotográfico de Robert Gerstmann, enviado desde Santiago por don Luis Peña Guzmán. Consideramos que, por su antigüedad, estas fotos ilustran en alguna medida el desarrollo arquitectónico alcanzado por la Universidad a fines del año 1964 y comienzos del año 1965.

Foto 1: Vista hacia el Norte. Densas nubes de camanchaca costera invaden los cerros en la zona de la Quebrada de La Chimba (Enero 1965).

Foto 2. La naciente ciudad universitaria en enero de 1965 y la nueva población "Gran Vía".

Foto 3 Los nuevos pabellones de Rectoría y Administración (Enero 1965).

Foto 4. Desde lo alto del acantilado, acceso a la actual Población Coviefi, se observa las nuevas edificaciones de la Universidad del Norte.

Hay un recuerdo personal de gran interés en relación a la adquisición por el Museo de San Pedro de Atacama del material fotográfico y equipos de Roberto Gerstmann en el año 1964. Conocí muy de cerca el caso que paso a referir. Don Roberto Gerstmann, famoso fotógrafo de familia de origen alemán pero nacido en la república báltica de Lituania, ya anciano y retirado, vivía solo en Santiago. Había viajado intensamente por Perú, Bolivia y el Norte de Chile, tomando infinidad de vistas de paisajes geográficos y escenas de enorme interés etnográfico y folklórico. Gerstmann, viejo y ya enfermo, estaba preocupado por el destino futuro de sus colecciones fotográficas y de su biblioteca. El sabía bien que el material por él recogido en decenios de expedición por tierras ignotas del altiplano perú-boliviano, era inédito y de gran valor para la cultura.Tenía un doble valor: el etnográfico-folklórico y el propìamente artístico-fotográfico.

Casualmente, consultó sobre el particular a uno de sus poquísimos amigos en Santiago, el entomólogo Luis Peña Guzmàn, con el que había trabado una sólida amistad. El dilema que se presentaba era qué hacer con la rica herencia cultural de Gerstmann, en el caso de su muerte, que se preveía cercana. Luis Peña consultó a su amigo, Hans Niemeyer Fernández, ingeniero y arqueólogo. Ambos coincidieron en que el mejor destino de ese material era la joven Universidad del Norte, reciente obra de los jesuìtas en Antofagasta, y, en esta institución,en particular, el Museo de San Pedro de Atacama, fundado y regentado por Gustavo Le Paige. Consideraron que esta joven Universidad Católica, de gran pujanza por entonces, valoraría muy especialmente este precioso legado.

Contando con la aprobación de don Roberto, sus amigos decidieron que, a su muerte, todo su legado partiría al Norte. Luis Peña me comunicó por carta conmigo sobre estas intenciones, solicitándome indagar con las autoridades universitarias al respecto. Lo que hice, hablando con su Rector, el Padre Gustavo Arteaga Barros S.J y el Vice-Rector, el Padre Alfonso Salas Valdés S.J. En efecto, al fallecer Gerstmann en Santiago y no dejar herederos directos (que sepamos, Gerstmann nunca se casó ni tuvo hijos), Luis Peña Guzmán,la única persona que frecuentaba su casa, recogió todas sus pertenencias de tipo cultural (su rica biblioteca y su laboratorio fotográfico) y ya existiendo acuerdo previo con la Universidad del Norte, un día apareció en la calle Angamos de Antofagasta, un día
no precisado del año 1964 (no lo recuerdo bien), un camión cargado con sendas cajas de madera, selladas, destinadas a la Universidad del Norte.

Allí Peña había depositado, asistido por sus ayudantes, el laboratorio fotográfico completo, su Colección de rollos fotográficos y carpetas llenas de fotografias en blanco y negro y su biblioteca particular. Eran tres o cuatro grandes cajas de madera, muy pesadas, cada una de unos 1.20 m de altura por unos 0.80 m. de ancho. Apenas llegaron, el Padre Alfonso Salas me mandó llamar. La Universidad extendió una nota de recepción y agradecimiento a don Luis Peña G. Recuerdo perfectamente el grupo de cajas, instaladas ya en el acceso de la Bodega de la Universidad. Luis Peña nos habìa avisado por telégrafo de la pronta llegada de este envío.

El entonces Vice-Rector de esta Casa de Estudios, Alfonso Salas Valdés S.J., sabiendo de mi cercanía y amistad con Le Paige, me pidió viera yo la manera de enviar rápidamente a San Pedro de Atacama parte de este material (el laboratorio fotográfico y las cámaras). Se determinó que gran parte de la biblioteca y las colecciones de fotografías, de gran formato, que pudimos ojear en ese momento, quedaran en la biblioteca de la Universidad, para integrar el Centro de Documentación de la misma, en formación. Con el Padre Salas - hasta hoy lo recuerdo nítidamente) estuvimos mirando los libros y las carpetas con espléndidas fotografías de gran formato. Los libros, casi todos, estaban redactados en alemán, en ruso, en inglés y en francés.

Me extasié ante los libros, y pedí permiso para quedarme con dos de ellos: uno era la obra de Thomas Mann Der Zauberberg (La Montaña Mágica), publicada en 1924 y el otro, una obra de Walter Ruben titulada: Tiahuanaco, Atacama und Araukaner, drei vorinkaische Kulturen,(1952), ambas en alemán. (Le Paige no leía alemán, y con alguna dificultad, el inglés). Todavía conservo ambas obras que pertenecieran a don Roberto Gerstmann. El resto partió, por encargo expreso de Luis Peña, con destino al Museo de San Pedro de Atacama.

Yo imagino que ese antiguo laboratorio fotográfico, consistente en cámaras y numerosos rollos de películas, aún debería conservarse en el Museo de San Pedro de Atacama, pues me consta que el Padre le Paige usó algunas de esas cámaras frecuentemente y trató de instalar por sus propios medios, el laboratorio fotográfico. Le Paige, poco después (fines de 1964), me obsequió una de esas antiguas càmaras fotográficas, una pequeña Leika, de fabricación soviética (Leipzig).

Tengo entendido que Luis Peña corrió con todos los gastos de médico y de sepultación de su amigo Gerstmann, pues, por lo que he averiguado, fuera de su empleada, no tenia parientes ni conocidos en Chile, ni nadie que se preocupara de èl. Era un hombre muy solitario. No le conocí personalmente.

Me acuerdo muy bien de haber ojeado con especial deleite muchas de las grandes fotos en blanco y negro que venían en grandes Carpetas en la Colección, la que quedó depositada en la Universidad del Norte, sede de Antofagasta. Recuerdo que gran parte de ellas eran de Bolivia y altiplano del Perú, países donde el vivió por largos años. No pocos objetos etnográficos, sobre todo textiles, de la colección de Gerstmann, traida igualmente desde Bolivia, quedaron en casa de Luis Peña.

(Capítulo en elaboración).

sábado, 22 de noviembre de 2008

Le Paige: de arqueólogo aficionado a investigador de la etnia atacameña

Los primeros ensayos en arqueología.

Cuando visité a Le Paige por primera vez en su flamante Museo de San Pedro de Atacama, en 1963, nada sabía yo aún de arqueología y de sus métodos. Muy poco después, ya en México y dedicado plenamente a los estudios arqueológicos, pude darme cuenta que su metodología distaba mucho de ser la usual entre los científicos, contando éstos con el apoyo de la estratigrafía, la cronología absoluta entregada por el método del C14 y el testimonio de las ciencias biológicas (paleo-botánica, paleo-zoología). Le Paige era un científico esencialmente intuitivo, por entonces muy poco sistemático. Manejaba en sus inicios una bibliografía bastante reducida, casi toda redactada en francés, y sus primeras tipologías fueron tomadas de aquéllas por entonces en boga en Europa, particularmente en Francia. Por eso cuando el hablaba de "Paleolítico" y "Neolítico", o comparaba sus piezas arqueológicas con las de Europa, frecuentemente le escuchábamos términos como "Musteriense " o "Solutrense", mediante los cuales no hacía sino repetir y calcar a la letra la terminología que bebía ansiosamente en las obras de Henri Breuil, Francois Bordes o Annette Laming Emperaire, escritas en francés por ese tiempo.

Etnografía, arqueología y evangelización en la zona atacameña.

Le Paige había trabajado como misionero largos años en el Congo Belga [hoy Zaire]. Se había interesado vivamente en la etnografía y en el folklore local de las etnias africanas y había aplicado prácticamente , mucho antes que el Concilio Vaticano II , las nociones de "aculturación religiosa" y "enculturación". Aficionado a la pintura él mismo, nos mostraba tímidamente algunas de sus obras hechas en el Congo, con temas exóticos tomados de la etnografía local.

Nunca -que sepamos- se dedicó a la arqueología en su época de misionero en Africa negra. Pero su intento por introducir en la liturgia católica el ethos y cultura indígena local, le valió una reprimenda y una fuerte llamada de atención de su obispo, el que se quejó ante el Provincial jesuíta de la misión, por meter "furtivamente" elementos culturales de la cultura zulú en el ritual de la Misa católica. Para él los signos de la realeza entre los zulúes - me explicaba- debían ser presentados también, con la misma solemnidad y elegancia, en el desarrollo de la liturgia y ritos católicos. Por eso el libro sagrado, la Biblia, que se leía desde el ambón ante la comunidad de fieles, debía asentarse en gloria y majestad sobre una hermosa piel de tigre, signo de realeza zulú.

Esa mescolanza de lo "católico" y lo "pagano", en el rito más sagrado de la liturgia eucarística, no fue para nada del gusto de su obispo, el que solicitó al Provincial de la Compañía de Jesús su alejamiento definitivo de la misión del Congo. Durísimo golpe para el joven sacerdote que debió retornar a Lovaina. Pero Dios quiso que, providencialmente, conociera aquí a un joven sacerdote chileno Alberto Hurtado Cruchaga, quien por entonces cursaba sus estudios de especialización en Pedagogía en la Universidad de Louvain [Lovaina]. Este encuentro cambió su vida y su destino para siempre.

Para le Paige, arqueología, etnografía y misión evangelizadora, eran fácilmente conciliables. Más aún, debían ser necesariamente conciliables. Porque todas conducían a la "verdad" total. Porque estas tres orientaciones y formas de conocimiento tenían que ver con la cultura local y su evolución a través del tiempo. Por tanto, para él "mostrar al mundo la cultura atacameña" era parte esencial de su misión, tal como lo era la evangelización en la práctica de la liturgia, la moral y el dogma católico.

Los trabajos de campo de Le Paige.

Tuve la fortuna de acompañar a Le Paige en muchas de sus salidas a terreno. Recuerdo bien las visitas a Toconao y vecindades, Loma Negra, Ghatchi, Tulán, Tilomonte, y algunos de los ayllos próximos a San Pedro como Larrache, Solor, Túlor, Quitor.

Estas visitas ciertamente no formaban parte de ninguna planificación arqueológica o estrategia científica de prospección sistemática del área atacameña. Nada parecido. Nunca le ví una carta del Instituto Geográfico Militar donde fuera haciendo anotaciones de sus visitas y descubrimientos. Mentiría si lo afirmara. No pocas veces los descubrimientos tenían que ver con la aparición de restos arqueológicos, lo que le era comunicado en seguida por los Carabineros o los propios pobladores. Así fue como se enteró de la aparición de restos en el callejón de Larrache, o de estructuras semienterradas en Tulor, o de tumbas en Toconao o Peine.

Le Paige y su metodología de trabajo de campo.

Algunas veces me tocó presenciar personalmente la llegada de señoras ancianas o mujeres con niños, que llegaban a la parroquia con algún "recuerdo para el Padre", que habían encontrado en sus chacras y que sabían Le Paige apetecía particularmente. Le Paige las recompensaba siempre con alimentos no perecibles (tarros de leche, de manteca, aceite o harina, fideos) que llegaban en esos años a la parroquia a través del programa de "Cáritas Chile", para el alivio del hambre de los más pobres. Si entre los elementos que traían había algo de especial interés arqueológico, le Paige les preguntaba más detalles o decidìa ir personalmente a buscar más evidencias. Casi siempre sacaba su pequeña libreta de campo, donde anotaba brevemente. Y los objetos permanecían a veces por días y días sobre su viejo escritorio, llenándose de polvo entre sus papeles, documentos, herramientas o mensajes, todo en un bello y espléndido desorden.

Francamente, no sé cómo lograba entenderse con la gente, pues su español fue siempre bastante deficiente y además, hablaba muy rápidamente, casi comiéndose las palabras. Pero su afecto hacia la gente no exigía a la verdad un lenguaje más claro: era el lenguaje del amor, comprensible para todos, aún para los pequeños.

Decidía en pocos momentos una salida a terreno. Llamaba a dos o tres de sus ayudantes, que fueron siempre jóvenes atacameños del pueblo, se echaba en la parte trasera del jeep palas, azadones, cajones o bolsas, y algunos víveres y siempre agua. El cocaví era siempre muy exiguo; nada de exquisiteces, como solemos hacerlo hoy en nuestras salidas a terreno. Manejaba en forma casi despiadada, brutal: el jeep zumbaba y casi se desarmaba, trepando cerro arriba o quebrada abajo. Y, a verdad, en mis recuerdos está siempre aún vivo y palpitante el temor a desbarrancarnos. Recuerdo una vez que nos tocó cambiar un neumático al vehículo en plena pampa, bajo un viento feroz y un frío mortal. Eran más de las siete de la tarde y oscurecía ya. Le Paige, con su sotana arremangada y sin mayor abrigo, hacía rápidamente gran parte de la faena, ayudado de sus fieles ayudantes, que mantenía siempre junto a sí. Y pensar que por entonces le Paige ya tenía sus buenos sesenta y tantos años. Era notablemente ágil de movimientos aún en su vejez.

Llegados al lugar, se bajaba herramientas, cajas y bolsas. ninguna protección contra el terrible sol, salvo los sombreros. Inspeccionaba con cuidado el lugar. El decidía donde excavar. Era muy terco y difícilmente hacía a caso a indicaciones de otros. Porque en cierto modo el "olía" el lugar exacto, por su experiencia y olfato arqueológico. Pero a veces fallaba. Sus ayudantes carecían de voz en estos momentos; solo obedecían al jefe de la expedición. Hacían exactamente lo que Le Paige les ordenaba hacer. Jamás recuerdo que ellos hicieran alguna suerte de sugerencia.

Descubrimiento de un contexto arqueológico Tiwanaku.

Corría el año 1963. Recuerdo muy bien una ocasión en que visitamos el sector de  Calar. Era una pequeña aldea de varios recintos pequeños, totalmente en ruinas, lugar que Le Paige consideraba un habitat muy antiguo de pequeños cultivadores. Se hallaba inmediata a una antigua quebrada, hoy totalmente seca. Nos ordenó a sus ayudantes y a mí limpiar un muro, siguiendo su trazado, hasta su base por espacio de unos dos o tres metros, espátula en mano. Nos indicó que debíamos rescatar y guardar en bolsitas los fragmentos de cerámica que halláramos entre los escombros y , aparte, aquellos incrustados en el muro mismo. Excavamos también en la base del muro. Pero nada apareció de interés para él. Aparentemente, buscaba indicios de alguna tumba, la que no apareció. Yo recuerdo que me preguntaba por qué excavábamos en la base del muro...!. Agotados por el esfuerzo y el calor tremendo del mediodía, nos sentamos un momento a descansar y tomar algo de líquido. Momento que aproveché para insinuarle que hiciera el intento de cavar en el centro de la habitación, donde aparecían algunas grandes piedras desordenadas. Se resistió un tanto. Miré a sus ayudantes atacameños, como buscando apoyo en ellos. Insistí y le dije: "¿qué perdemos, si lo intentamos"? Aceptó al fin. Empezamos a cavar y sacamos algunas piedras grandes. A poco andar, a unos 30 ó 40 cm de profundidad, no más, apareció un fardo funerario intacto, con vasijas de alfarería como ofrenda. No resistió su curiosidad y hurgó entre las telas polvorientas del fardo de la momia. Apareció entonces una hermosa "tableta de alucinógenos", o "tableta de rapé" (como decíamos entonces), tallada en madera, con la cara de un personaje en el mango, y varios implementos de hueso. Era un contexto completo de implementos para la inhalación de alucinógenos en tiempos atacameños, posiblemente de los siglos V ó VI de nuestra era cristiana. Le Paige estaba radiante: era lo que él había presentido. Pues el hallazgo, por la tipología de la tableta, le conducía, según explicaba, a una época temprana de ocupación del lugar, tal como lo imaginara previamente. ¿Qué será hoy de este contexto arqueológico?. "¿No ve, Padre", - le dije- , "yo tenía razón!". Para mí había sido un enorme descubrimiento personal y yo deducía, sin razón alguna, que había sido "mi instinto" el que me había guiado.

Le Paige nunca lo olvidó. Yo, tampoco. Por entonces, Le Paige buscaba ávidamente evidencias tempranas de la influencia de la cultura de Tiwanaku en el área atacameña. Y este hallazgo fortuito así parecía también confirmarlo. Más aún, Le Paige se inclinaba a creer por entonces (1963) que posiblemente algunos de los hallazgos de San Pedro de Atacama fueran cronológicamente anteriores a las grandes realizaciones urbanas del sitio-tipo del Tiwanaku clásico, junto al lago Titicaca.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Anecdotario de Gustavo Le Paige: el "padre" de los atacameños

En capítulos anteriores, hemos procurado esbozar y rescatar para la posteridad la figura señera de Gustavo Le Paige, S.J. como un gran investigador de la arqueología de la zona atacameña. Hemos presentado antiguas fotografías del Museo inicial hacia 1963, ya ajadas por el tiempo. Igualmente, nos hemos permitido presentar partes inéditas de una entrevista que le hiciéramos en Noviembre del año 1979, cuando, aunque todavía muy lúcido, ya se encontraba decaído y atacado por el cáncer que le llevaría finalmente a la tumba.

Tenemos el firme convencimiento que Le Paige fue el gran propulsor de la arqueología en la Región de Antofagasta, y en particular, en el ámbito del Salar de Atacama, cuando de esa extensa área prácticamente no existía un conocimiento estructurado sobre la evolución cultural de sus ancestros, los atacameños. Solo retazos de información fruto de esporádicas excavaciones y rescate de ajuares de tumbas atacameñas, hechas casi todas por extranjeros (Sénéchal de la Grange, Spahni, Uhle) y cuyas colecciones no reposan hoy en el territorio patrio sino en museos de Europa (Francia, Suiza, Alemania). Le Paige deja una impronta muchísimo más profunda que sus predecesores en la zona al decidir por sí solo, contra la opinión generalizada de la época, establecer firmemente un Centro de Investigaciones y un Museo Arqueológico en el sitio mismo de los hallazgos. Algo inédito e incomprensible por entonces. Ese humilde Museo que conocí en la época de su inauguración en 1963 y cuyas fotografías muestro en otro segmento de este mismo Blog se ha convertido hoy en la puerta de entrada al mundo de Atacama.

Quisiera presentar hoy un tipo muy diferente de recuerdos. Aquellos, más íntimos y personales , que le retratan como una gran persona humana, y como un auténtico protector y "padre" de los Atacameños. Recuerdos venerados que han brotado de mis frecuentes visitas a San Pedro, entre 1963 y 1965. Porque, como anotara en otro segmento de este Blog personal, tuve el raro privilegio de vivir en la misma casa parroquial de entonces, un pequeño conjunto de 4 ó 5 habitaciones de piso de tierra y muros gruesos de adobe sin enlucir. Mi condición de jesuíta joven y entusiasta arqueólogo aficionado, me abría las puertas al trato fraterno con un Le Paige aparentemente huraño e introvertido, pero rico en buenos sentimientos, al que pocos realmente llegaron a conocer de cerca. Voy lentamente enhebrando recuerdos, con el apoyo de la memoria.

Pretendo así presentar pequeños cuadros fugaces de la vida de Le Paige, aquellos que por la impresión que me dejaron por entonces, más firmemente han quedado adheridos a mi memoria. Los rótulos de cada acápite nos remitirán sin dificultad a su contenido.

Los vasos de oro del cementerio de Larrache.

Uno de los especímenes arqueológicos que Le Paige mostraba tan sólo a sus más íntimos era su valiosa colección de queros o vasos ceremoniales de oro, hoy resguardados en una bóveda especial del Museo de San Pedro de Atacama. Estos vasos, descritos por él en un trabajo arqueológico publicado en el año 1964, fueron hallados en forma enteramente circunstancial cuando se cavaba una profunda zanja para hacer una acequia de regadío en el ayllo de Larrache [término propio de la lengua kunza de la etnia atacameña; laratche, significa "negro" según el Vocabulario del sacerdote Emilio Vaïsse]. Le Paige nos lleva con mucho misterio al lugar donde tiene escondido su tesoro. Llegamos a su aposento, pequeño, estrecho y mal iluminado. Bajo la cama, saca una gran caja de cartón. Alli, envueltos en viejos papeles de diario arrugados, va sacando uno a uno los vasos de oro que muestra con una sonrisa de satisfacción que no olvidaré fácilmente. "Esta es la prueba de la cultura que alcanzaron los atacameños ", me dice. "Porque estas piezas de oro son iguales o mejores que las aparecidas en el sitio de Tiahuanaco, a cuya cultura pertenecen". "Los atacameños de entonces (siglo VI D.C.) ya habían alcanzado una elevada cultura". "Estas piezas de oro tienen que haber pertenecido a un gran señor atacameño", me señala. Inquiero, curioso: ¿ y por qué los tiene guardados en esta forma, siendo piezas tan valiosas? . "Estando aquí entre papeles sucios, nadie podría imaginar que guardo este tesoro", me dice con una sonrisa pícara.

Nadie lo sabía, ni siquiera sus fieles ayudantes. Y tal vez por ello han logrado sobrevivir hasta el presente. Tomar estos objetos de oro macizo, y pasar los dedos por las facciones del personaje alli representadas, fue un verdadero deleite intelectual. que se nos concedía por gracia.

El dormitorio de los perros

En mis asiduas visitas a San Pedro alojaba yo en el dormitorio del fondo, destinado a los huéspedes, generalmente sacerdotes. Nunca olvidaré lo que me ocurrió en mi primera visita. Nos habíamos quedado charlando hasta tarde, mitad en francés, mitad en castellano. El tema era- lo recuerdo aún- sus experiencias de misionero en el Congo Belga [hoy Zaire]. Al hacerse tarde, le Paige preparó unos huevos fritos, los que comimos con pan. Era este sacerdote notablemente austero tanto en el comer como en el dormir. Algunas veces cocinaba el mismo; otras pedía a la dueña de un restaurante que por entonces existía al frente, a un costado de la Plaza, algún plato preparado. No recuerdo ahora su apellido. Habiendo terminado nuestra frugal cena y haciendo por entonces mucho frío ( era el mes de julio 1963), Le Paige me indicó, entregándome una vela, el dormitorio del fondo. "No está muy limpio", me dijo, "porque aquí todo se llena de polvo por el fuerte viento que penetra constantemente por paredes y ventanas". Tomé mi pequeña mochila (herencia traída de Innsbruck, Austria) y me encaminé a tientas hacia la pieza del fondo.

Rendido, en pocos minutos ya estaba dormido. Unas enormes mantas de lana tejidas por manos atacameñas, sumamente pesadas, estaban echadas encima. Debajo, unas sábanas arrugadas, llenas de polvo. Pasan unos largos minutos, tal vez una media hora. De pronto, un gran estruendo. Siento que alguien invade mi privacidad e intenta compartir mi cama. Me asusto y salto a un lado. ¿Qué había pasado?. Los dos perros de Le Paige tenían allí su propio dormitorio. Era yo quien había invadido su privacidad y ellos con pleno derecho, reclamaban su lugar. Tuvimos que compartir la cama, no sin cierta situación embarazosa pues los dos perros eran de buen tamaño y nada livianos. Me costó dormirme con esos compañeros inesperados, verdaderas moles echadas a mi lado.

Pero debo decir, en agradecimiento a le Paige, que pasé así una noche estupenda, pues en el gélido clima de San Pedro en pleno invierno, los perros me dieron, sin pretenderlo, un calor inesperado, mejor que cualquier calefactor. En los días siguientes, ya nos buscábamos con los dos mastines, para compartir amigablemente la misma cama caliente.

La fallida poda de algarrobos en San Pedro

El pintoresco episodio que paso a referir retrata de cuerpo entero la rica personalidad de Le Paige; también su temple y su carácter. Este relato me fue transmitido en San Pedro, por esos mismos años, por pobladores que fueron sus testigos directos. No lo bebí directamente de labios de Le Paige, pero sí de sus colaboradores inmediatos. Pero me tomé el trabajo - lo recuerdo bien - de verificarlo con él mismo, meses después.

Por entonces en los valles y oasis del Norte de Chile azotaba el flagelo de la "mosca azul", o "mosca de la fruta", insecto que constituía una temida plaga que asolaba por entonces varios oasis frutícolas de las zonas de Arica y Tarapacá. Se había establecido en consecuencia una cuarentena para todos los productos que desde el río Loa cruzaban hacia el sur, para impedir su propagación a las zonas agrícolas de Copiapó, Huasco y Coquimbo. Toda la fruta que fuera sorprendida en los controles aduaneros, era requisada y rápidamente quemada in situ. La lucha contra la "mosca azul" [Ceratitis capitata, fam. Tephritidae) la llevaba a cabo con mucha energía el SAG (Servicio Agrícola Ganadero), pues el país aunque se hallaba habitualmente libre de este flagelo, era periódicamente infectado desde los países vecinos de Perú y Bolivia, donde la peste era y sigue siendo, endémica.

Este control en los pasos fronterizos se realiza hasta el día de hoy, prohibiéndose absolutamente la internación de frutas tropicales (mangos, naranjas, pomelos, plátanos, guayabas, y otras frutas) al país. Por entonces, la peste había sido recientemente detectada en Pica, al interior de Iquique, y el SAG extremaba las medidas de vigilancia y control. La erradicación de esta peste era combatida por entonces con métodos drásticos, que hoy nos parecen totalmente draconianos: la corta y poda total de los árboles presumiblemente infectados.

En este escenario regional, un buen día tuvo conocimiento Le Paige, párroco católico de San Pedro de Atacama, que funcionarios del SAG procedentes de la ciudad de Calama, estaban por llegar a San Pedro. Su objetivo: erradicar la "mosca de la fruta" de la localidad. El procedimiento propuesto: cortar, hasta su base, todos los algarrobos existentes en el valle, es decir varios miles de ellos. Esta inusitada medida partía de un supuesto -hoy reconocidamente erróneo- de que el fruto del algarrobo, una vaina dulce y comestible, era un posible portador y sustentador de larvas de esta mosca.

La noticia, difundida secretamente, anunciaba que los funcionarios del SAG vendrían en varias camionetas, provistos de sierras eléctricas y se instalarían en San Pedro y sus alrededores todo el tiempo requerido para ejecutar la tala del algarrobo , parcela por parcela.

Le Paige reaccionó conforme a su fuerte temperamento. Sin hacer saber para qué, convocó a todos los hombres capaces de trabajar del pueblo y sus ayllos vecinos , a presentarse muy temprano, hacia las siete de la mañana, provistos de herramientas de trabajo ( palas, picotas y chuzos), en la huella de entrada a San Pedro. Intrigados, pero obedientes al mandato del pastor a quien veneraban, varias docenas de hombres aparecieron en escena, a esa hora temprana, armados de toda clase de herramientas. El aviso, repartido por todo el poblado decía escuetamente que debían presentarse hacia la salida del sol, premunidos de herramientas para cavar.

El pueblo obedeció ciegamente al pastor, tanta era la confianza que le tenían. Le Paige, en su vieja sotana color gris claro, también portaba barreta y azadón. Al encontrarse a la salida del pueblo, rumbo a Calama, el pastor les informó brevemente de las verdaderas intenciones de los funcionarios : traían orden del Gobernador de talar todos los algarrobos del valle. Le Paige ya había tomado la decisión de impedir este atropello. El sabía mejor que nadie que el algarrobo era para los atacameños, sus feligreses, un árbol casi sagrado; éste les daba además de su madera, vainas dulces de las que preparaban harina y un brebaje dulce: de rancia tradición secular, el arrope. También lo usaban frecuentemente como medicina y alimentaban a sus animales, en especial sus ovejas y cabras. Todos comprendieron que la tala indiscriminada de los algarrobos significaba para ellos la hambruna. Tardarían los algarrobos varios años en rebrotar y rehacerse.

A una orden de Le Paige, todos los atacameños presentes comenzaron a cavar una profunda zanja, a manera de foso, la que atravesó y perforó el camino en un lugar donde se hiciera del todo imposible el paso. La tarea duró unas dos horas. Como a las 10 de la mañana, se presentó la caravana de vehículos cargados de funcionarios, maquinaria y sierras. Le Paige alineó a sus "tropas" de lugareños, provistos de sus herramientas, al lado del foso recién abierto, a manera de un verdadero escudo humano.

Se inicia el diálogo indignado y violento de los funcionarios, exigiendo abrir paso a los vehículos. Le Paige se declara el único responsable. Toda clase de insultos al cura entrometido. Le Paige les increpa diciendo que jamás se les permitiría el paso para talar los árboles. Que ya sabían de sus intenciones. Viene un sinfín de dimes y diretes: "que se acusaría al Cura ante el Gobernador y el Intendente Regional". Le Paige exige entonces que se presente ahí, ant ellos, el propio Gobernador. Que él y todo su pueblo quieren hablar con él. Pasa una hora de inútiles tratativas. Por fin los funcionarios, indignados pero impotentes, emprenden la retirada, devolviéndose por el mismo camino que habían traído.

Nunca más se supo de ellos. Nunca apareció, tampoco, el Gobernador ni autoridad alguna, ni Le Paige fue citado a declarar. La vida de los atacameños prosiguió igual que antes. Había triunfado la cordura por sobre un ignominioso intento de vulnerar gravemente su modo de vida y su sustento más preciado: el algarrobo. Poco después, se comprobó y difundió científicamente que el árbol de algarrobo [Prosopis chilensis] no era portador, ni en sus ramas ni en sus frutos, de la temida plaga de la "mosca azul". Todo había sido una lamentable equivocación, la que estuvo a punto de destruir el habitat atacameño en sus cimientos mismos: su relación íntima con la naturaleza y su flora tradicional, de la que dependía en gran medida su sistema de vida tradicional y la de sus animales.

Este relato, que me fuera confirmado como auténtico unos años después por varios de los que presenciaron el hecho en calidad de testigos, se lo traje a la memoria un día a Le Paige y le pregunté si ello era efectivo. No hubo otra respuesta de su parte sino una sonrisa burlona, como diciéndome : ¿"cómo iba a permitir yo tamaña monstruosidad"?. Confirmada su autenticidad por varios testigos presenciales, este episodio nos muestra bien a Gustavo Le Paige en su carácter de protector y verdadero "padre" del pueblo atacameño.

Le Paige sabía bien la relación íntima de los atacameños con su tierra y con su flora nativa. Y este gesto verdaderamente sublime pero a la vez atrevido y audaz del sacerdote, nos lo presenta aquí como un verdadero pionero de una auténtica eco-antropología en esta región desértica de Chile, donde el árbol es parte íntima de la vida del habitante del medio árido Aquí se da, entre habitante y flora autóctona, una verdadera simbiosis, de la que no tiene noción alguna el habitante de la urbe, criado y nutrido entre el asfalto y el cemento. Sin haber usado jamás Le Paige el concepto de eco-antropología, por entonces desconocido, este tipo de acciones y reacciones del sacerdote arqueólogo nos lo revelan en una potente faceta ecológica, muy poco destacada hasta el presente, enriqueciéndose con ello notablemente su rica y potente personalidad y su aporte personal a la auto-identificación del pueblo atacameño.