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domingo, 10 de agosto de 2008

Bente Bittmann: etnógrafa y arqueóloga del Norte Grande de Chile

Hemos querido rescatar del olvido algunas de las fotos tomadas por la arqueóloga danesa avecindada en Chile, Bente Bittmann, las que corresponden al período de 1980- 1985. Destacan como motivo sus excavaciones en Cobija y cercanías, fotos de actividades de tipo etnográfico como escenas de pesca y marisqueo en la caleta, viviendas precarias de pobladores, su ajuar típico, objetos rescatados de sus excavaciones. así como objetos recuperados del mar por los buzos locales y provenientes de antiguos naufragios. Muchos de estas tomas corresponden bien a su marcado interés por examinar el género de vida de esos pescadores y tienen un sello marcadamente etnográfico o etnológico.

Este rico material, en numerosas cajas, permanece hasta hoy en nuestro poder, a la espera de poder crear -como es nuestro más sentido anhelo- el "Centro de Documentación Bente Bittmann", en la ciudad de Iquique, en recuerdo de la gran investigadora danesa.

Entre esos valiosos materiales, quiero destacar la presencia de centenares de fotografías y films, en buena parte dedicados al período de su investigación y trabajo en Chile, en la caleta de Cobija. Pero también se encuentran no pocos de elementos que corresponden al período de su vida y trabajo en México y Brasil, como fotos y reproducciones de códices mexicanos, diseños y estudios de esa época.

El preciado depósito que tenemos nos muestra centenares de diapositivas, rollos y negativos fotográficos. Un día no lejano alguien se dará la titánica tarea de ordenar, sistematizar y catalogar este valioso legado. Por ahora, solo exhibimos un pequeño muestrario, correspondiente a un set de diapositivas suyas trasladadas a foto digital. El tiempo ha dejado inexorablemente sus huellas y las fotos no son perfectas, pero ilustran bien su franca preocupación ecológica o eco-antropológica. Pero también su inquietud histórica. Porque para ella la geografía y el paisaje, la flora y la fauna, la historia y la etnohistoria eran absolutamente inseparables de la interpretación arqueológica o etnográfica.

Las fotos que siguen son sólo una pequeña parte de los archivos personales de la arqueóloga danesa Bente Bittmann. Todas ellas proceden de sus trabajos arqueológicos y etnográficos en el área de Cobija, entre los años 1980 y 1992 y en su totalidad, fueron sacadas por ella misma.

En el mes de junio del año 2000, viajó a Chile su hermano Hans Bittmann y su esposa, para hacerse cargo de las cosas que su hermana había dejado en Chile, luego de su viaje definitivo a Dinamarca, donde le sorprendiera la muerte en el mes de Junio del año 1997. El departamento que Bente ocupara en Antofagasta en la calle Pezoa Véliz, cerca de los terrenos de la Universidad Católica del Norte, había quedado cerrado por dos años. Allí habían quedado todas las cosas que no quiso o no pudo en su momento llevar consigo a Dinamarca, cuando, ya seriamente enferma, debió viajar a su tierra, donde esperaba recuperar su salud ya muy quebrantada.

La visita de los Bittmann nos fue anunciada a Argimiro Aláez y a mí por el sacerdote holandés Johannes van Kessel, muy amigo de la familia. Viajamos, pues, juntos el día 15 de Junio del año 2000 desde Iquique a Antofagasta en la camioneta de Argimiro. Los Bittmann viajeron con el Padre Van Kessel en otro vehículo. El objetivo preciso del viaje era rescatar para el IECTA (Instituto para el Estudio de la Cultura y Tecnología Andina) y para la ciencia arqueológica, de entre las muchas cosas que dejara Bente, todo lo que tuviera un valor arqueológico o científico, y separar este material de sus cosas estrictamente privadas (ropa, enseres de casa, medicinas, elementos de campamento, etc.). El objetivo de los Bittmann era claro: regalar o donar todo lo que no tuviera un valor científico a instituciones de caridad, como en efecto se hizo, pues ellos querían poner de inmediato su departamento en venta. Nos tocó ver en esa ocasión los armarios repletos de su ropa y objetos de uso personal, así como muebles metálicos y cajas, llenos de documentación privada o científica.

Nos fue particularmente doloroso asistir a esta selección de materiales, tanto más cuanto que Hans, interpretando según él el deseo de su hermana, quería que toda la documentación personal contenida y conservada en los archivos de la arqueóloga, fuera destruída y quemada. Trabajo nos costó convencerlo de que muchos papeles privados tenían una gran importancia histórica, pues podrían servían un día para recomponer la trayectoria de la estadía de la arqueóloga en Chile, en el tiempo en que perteneció a la Universidad Católica del Norte y contribuyó a crear la primera Escuela de Arqueología en el Norte del país.

Gracias a nuestra insistencia, se logró salvar buena parte de dicha documentación, la que ahora se conserva entre los documentos del IECTA (recientemente trasladados desde la ciudad de Iquique a la sección de arqueología del Museo Arqueológico de la Universidad de Tarapacá, en San Miguel de Azapa (Arica). De esta suerte, todo lo que a nuestro juicio podía tener un valor científico o histórico, se pudo salvar. Conservo referencia a este viaje a Antofagasta en mi Diario de Campo, Vol. 66: p. 127.

Nos ha tocado en suerte conservar, además, en nuestro poder, varias cajas llenas de materiales arqueológicos y fotográficos, los que en la medida de lo posible hemos tratado de ordenar y sólo en parte, clasificar. El destino futuro de todos estos valiosos materiales (muchos centenares de fotografías y negativos fotográficos y cajas con materiales de arqueología histórica de Cobija y alrededores) , es pasar a formar parte de una Colección que con el rótulo de "Colección Bente Bittmann", será un día no lejano exhibida en el "Centro del Desierto de Atacama", de la Pontificia Universidad Católica de Chile, tan pronto tenga ésta una Oficina en la ciudad de Iquique.

Entre las cosas que, por el hecho de ser arqueólogo, se me permitió conservar
en mi poder, se encuentran cajas llenas de material fotográfico (diapositivas o negativos), libros y revistas conteniendo no pocos de sus trabajos, objetos arqueológicos e históricos procedentes de sus excavaciones en distintos lugares de la costa de Antofagasta, en especial Mejillones, Huáscar, Chacance, Cobija), su instrumental de trabajo en terreno, cámaras fotográficas, reglas, dispositivos de dibujo, etc.

Hemos seleccionado algunas fotografías suyas de Cobija, tomadas entre los años 1980-1986, que ayudan a ilustrar en parte sus trabajos arqueológicos y etnográficos realizados en la caleta de Cobija, con el apoyo entusiasta de los pescadores de la familia Pinto.

a) fotos de carácter arqueológico:

Foto 1. Se puede observar la excavación practicada en este lugar, de aproximadamente 2.0 m de profundidad. Arriba, en la parte superior, se observan grandes bolones de playa, que enmarcan la base de una vivienda primitiva. El árbol que se observa arriba a la distancia, es un algarrobo (Prosopis chilensis) que crece al lado de la antigua vertiente, donde antaño existían, al decir de Alcide D´Orbigny, hacia el año 1834, dos palmas vivas .



Foto 2. Pozo de sondeo de 2 m x 2 m. Excavación practicada en Noviembre 1981. Atrás, se observa bolones de playa en círculo, delatando la presencia de una antigua vivienda del período precerámico.


Foto 3. Aquí se encuentra, sobre la Terraza Nº 1, y al pie de un acantilado, una segunda aguada que aún hoy muestra escasa presencia de agua muy salina. La rodean plantas de carrizo o cañaveral (Phragmites communis), única planta capaz de resistir hoy la alta salinidad.

Foto 4. Extensión de la excavación arqueológica en la terraza Nº 2. Sitio precerámico o arcaico.

Foto 5. En la terraza Nº 2, excavación de una vivienda circular, rodeada de bolones de playa.


b) Fotos de carácter etnográfico:

Foto 6. Camión que recoge el huiro apilado y secado previamente por los pescadores y destinado al Japón. De esta alga (Lessonia nigrescens) se obtiene el valioso alginato, muy apetecido en el comercio internacional. El trabajo como "algueros" era parte de su faena tradicional como pescadores y buzos mariscadores, labor que hasta el día de hoy ejercitan en Cobija.


Foto 7. Precaria vivienda de mariscadores, adosada a los antiguos muros de adobe, destruídos por el maremoto y salida de mar de 1867.


Foto 8. Muros de adobe aún enhiestos de las antiguas construcciones en el pueblo de Cobija, totalmente destruído por el terremoto y salida de mar del año 1867.

Foto 9. Rústico fogón de un pescador mariscador actual, adosado a un muro antiguo de adobes de la caleta. Obsérvese las teteras al fuego, elemento infaltable en un hogar de pescadores actuales.


Foto 10. Viviendas precarias de mariscadores locales, cubiertas con plástico como protección contra el viento y humedad. Véase los indispensables tambores de 200 litros, contenedores de agua potable para su uso. Arriba, en el cielo, nubes blancas cuajadas de agua, que anuncian la llegada de la camanchaca a los cerros altos, sobre los 650 m. y que depositan humedad atmosférica en forma de gotitas, creando allí un oasis de niebla. Francis O ´Connor, ya en 1826, describe los pastizales de coirón (Stipa sp.) que esta neblina era capaz de crear en las partes más altas, a donde los indígenas acudían habitualmente a cazar el guanaco y donde los españoles conducían a pastar, por varios mees, a burros y mulas.

Foto 11 a y 11 b. Vasijas halladas por los pescadores de la familia Pinto al bucear antiguas embarcaciones españolas hundidas en la rada de Cobija. 11a. Un posible contenedor de aceite. 11b. A la izquierda, el mismo contenedor, visto de frente, dotado de amplia boca. Los otros dos contenedores son típicas botijas españolas del siglo XVIII, llamadas corrientemente "peruleras" en las que se transportaba el vino y el aceite. Estas tres vasijas fueron facilitadas en préstamo por los pescadores al Museo Regional de Tocopilla hacia 1986, para una Exposición en la ciudad, con el aval de Bente Bittmann, y posteriormente nunca fueron devueltas a sus dueños, quienes las reclaman hasta el día de hoy. Bente Bittmann lamentó siempre esta apropiación indebida de estos raros especímenes coloniales. Entre los papeles dejados por Bente en las cajas de fotografías, aparece este sencillo rótulo: "Cobija Col. 2 y 3: vasijas encontradas en el mar, Cobija"[sin fecha].

Foto 12. Muelle antiguo donde solía Bente Bittmann sentarse por horas, cubiertos los pies con una manta, a avizorar el horizonte y a reflexionar sobre sus hallazgos arqueológicos, según lo recuerdan hasta hoy los hermanos Pinto, sus compañeros pescadores  inseparables.


Foto 13. Los miembros de la familia Pinto desconchando mariscos (locos, lapas, erizos), tarea habitual de los mariscadores de la caleta. Preside el trabajo la madre de los hermanos Pinto, quien fuera la amiga y confidente de la arqueóloga Bente Bittmann.


Foto 14. Mobiliario de cocina del mariscador, en un recodo de un antiguo muro del pueblo aún en pie. Del antiguo poblado de la época boliviana, existen aùn muchos muros enhiestos, con señas evidentes de la antigua y terrible salida de mar. No se ha realizado aún aquí excavaciones arqueológicas de tipo histórico, destinadas a realzar la importancia de este Puerto para Bolivia en el siglo XIX.


Foto 15. Vista aérea obtenida de la península de Cobija. Se observa la mayor parte de las edificaciones de adobe que fueran totalmente asoladas en la salida de mar y maremoto del año 1876.

El mosaico de fotos que acabamos de presentar son solo una mínima parte de las tomadas por Bente Bittmann durante los años en que trabajó este lugar arqueológico, sitio de su preferencia. La arqueóloga solía venirse a la caleta por días y aún semanas, frecuentemente acompañada por sus alumnos de la carrera de arqueología de la Universidad del Norte. Había arreglado para su uso personal una casita de madera, muy cerca de la playa, que aún se conserva, donde mantenía los elementos indispensables para alojar.

Tenemos pensado incluir, dentro de poco, en este mismo capítulo de nuestro Blog, otras fotografías de la arqueóloga danesa, con el objeto de enriquecer nuestro conocimiento del modo de vida, preocupaciones científicas, actividades y quehacer de la investigadora, en su querida caleta de Cobija, donde halló -según ella misma decía - su segundo hogar y donde tuvo, entre los pescadores, a sus mejores amigos.

De este modo, al cumplirse el año 1998 los diez años de su partida (Junio, 1997), queremos saldar al menos en parte, una deuda de gratitud para con la gran arqueóloga del Norte de Chile, en nuestra opinión la persona que más certeramente supo relacionar habitat geográfico, recursos y cultura humana, demostrando poseer -según nosotros-,  un claro enfoque eco-antropológico, para su tiempo muy poco frecuente y ciertamente pionero en Chile.

sábado, 9 de agosto de 2008

Oasis de niebla de Alto Patache: protocolo de uso

Caleta de Chanabaya. José García, pescador, uno de los colaboradoress del Centro del Desierto de Atacama,con su señora y el Dr. H. Larrain (foto Simon Berkowicz, Julio 2007).
Julio 2008. Llegada de estudiantes de Arquitectura de la Universidad Federico Santa María (Valparaíso). Los jóvenes con dos de sus profesores, realizaron un Taller didáctico en terreno, para probar artefactos captadores de niebla.

Las fotos que siguen, ilustran bien el movimiento humano que empieza a experimentar hoy esta área sujeta al regimen de niebla (camanchaca), a unos 65 km al sur de Iquique y a alturas entre los 750 y 850 m. de altitud. Este ritmo de visitas -atraídas por el fenómeno de la niebla y su uso potencial- va a experimentar un crescendo en un futuro próximo, razón por la cual se hace imprescindible y urgente elaborar políticas sabias de protección y resguardo de este frágil ecosistema, aún bastante desconocido para nosotros los chilenos. A poner por escrito y dar a conocer este tipo de cautelas obedece el presente "Protocolo de Uso" del lugar. Ha brotado de nuestra experiencia directa de llevar grupos de estudiantes y universitarios, a través de un área que parece inerte y árida, pero que sabemos encierra numerosas formas de vida, ocultas bajo los líquenes o bajo apenas perceptibles soilcrusts.


Marzo de 2008. Movimiento de personal y faena de instalación de un atrapanieblas en Alto Patache. Movimiento continuo de gente y materiales.
Marzo de 2008. Grupo de 6 pescadores de la Caleta de Chanavaya e integrantes del Centro del Desierto de Atacama de la Universidad Católica, en la faena de instalación de un atrapanieblas de 36 m2 de superficie en el oasis de niebla de Alto Patache.

La gran cantidad de visitantes que ha experimentado nuestro sitio de estudio, a partir del año 2007, nos ha impelido a redactar el presente "Protocolo de Uso" del lugar, con el objeto de proteger su ecosistema, de suyo frágil, y contribuir a crear conciencia acerca de la urgencia de establecer especiales medidas cautelares.


Protocolo de Uso del sitio de niebla de Alto Patache

Dr. Horacio Larrain B. (Ph.D.) y Luis Pérez R, Colaborador del CDA, Arqueólogo egresado, Universidad Bolivariana, Iquique, Agosto 2008.

(redactado originalmente el 21/12/2004, se ha puesto al día con fecha 08/08/2008).

Observaciones generales.

El “Equipo de Estudios de Oasis de Niebla”, formado por especialistas de la Pontificia Universidad Católica de Chile y de la Universidad Bolivariana, Sede Iquique, viene estudiando en forma interdisciplinaria un área de cerros y acantilados de una superficie aprox. a las 1700 hás. sobre Punta Patache, a 65 km al Sur de Iquique. El coordinador del grupo de estudio en Iquique es el Dr. Horacio Larrain Barros, antropólogo cultural y arqueólogo (Universidad Bolivariana, Sede Iquique). El Jefe del equipo es la Prof. Pilar Cereceda T., Geógrafa del Instituto de Geografía, (Universidad Católica de Chile), quien reside en Santiago.

Este equipo viene estudiando desde fines del año 1996 el comportamiento del clima y la neblina costera y la biología de plantas y animales (botánica y zoología) que la acompaña. El lugar es uno de los siete pequeños oasis de niebla que se forman en la cordillera de la Costa, entre Pampa Junín (Pisagua) y el Río Loa. Sobre el lugar, se ha hecho gran cantidad de presentaciones a Congresos, y trabajos de investigación, en las áreas de la Geografía, Climatología, Arqueología, Biogeografía, Botánica y Zoología (Entomología). A la fecha, se ha publicado más de 50 trabajos de especialización científica en dichas áreas y no menos de 40 Tesis de Grado, de alumnos de Geograría, Arquitectura y Arqueología de varias universidades.

El Equipo instaló a los 750 m. de altitud a fines del año 1999 una peqeña Casa-Estaciónuna pequ que sirve hoy a los científicos y estudiantes universitarios para la realización de sus observaciones científicas. Por ahora, es solo para uso de los investigadores del Equipo.

Igualmente, ha instalado in situ diversos atrapanieblas (de distinto tamaño y altitud sobre el suelo) con el objeto de medir la cantidad de agua de la neblina, lo largo de todo el año. A la fecha (Enero del 2008) existen registros de mediciones desde el mes de julio del año 1997.

La Universidad Católica, dada la importancia climática y biogeográfica del lugar, desea seguir investigando esta área por muchos años más, tanto más cuanto que la presencia eventual del “Fenómeno de El Niño” en la zona, produce efectos bioclimáticos y biológicos de extraordinario interés. Por eso se ha solicitado un comodato del sitio por un largo período de tiempo. Las investigaciones de tipo climático y biogeográfico, necesitan prolongarse por decenios para obtener conclusiones precisas y razonables.

La concesión definitiva del área del oasis de niebla de Alto Patache fue entregada en Comodato por 25 años por Bienes Nacionales a la Pontificia Universidad Católica en Septiembre 2007. En Enero del año 2008 la Ministra de Bienes Nacionales Sra. Romy Schmidt entregó al Señor Rector de la Universidad Católica oficialmente este predio de Alto Patache (1.114 hás) para su uso con fines científicos y de educación ambiental.

Hemos constatado en nuestras visitas, que el lugar es eventualmente usado, desde hace años, por otras instituciones: Armada Nacional, Ejército de Chile, Entel, Celta y Dirección de Aeronáutica Civil, instituciones estas últimas que han instalado antenas y equipos de radio. Estas instalaciones requieren de mantenimiento y control. Por ello, y desde el año 2000 y para controlar e impedir el ingreso de extraños a este lugar de alto valor científico, se ha instalado una barrera de acceso con candado para permitir solo el ingreso de aquellas instituciones que por derecho propio tienen acceso al lugar.

Por esta razón, para lograr un uso ecológicamente responsable, rogamos encarecidamente a las instituciones aludidas tengan a bien considerar con especial cuidado los siguientes resguardos o cautelas:

Normativa de Uso del lugar

a) Normalmente, el ingreso al lugar se permite solo con un guía proporcionado por el Coordinador del CDA en Iquique;

b) El candado debe ser abierto únicamente con la llave que se ha suministrado a cada una de esas instituciones. En caso de detectarse algún problema, debe avisarse de inmediato al responsable del equipo científico en la zona, Dr. Horacio Larrain B. (fonos 323183, Iquique) y/o al e-mail: horaciolarrain@vtr.net;

c) El candado debe quedar cerrado al término de cada inspección o visita; se ruega cerrarlo, aunque se esté dentro del área.

d) Debe evitarse a toda costa abrir nuevas huellas de vehículo en sectores donde no las hay. Esto es particularmente aplicable a los vehículos militares, de huella muy ancha y destructora. Hemos constatado que este compromiso no ha sido respetado por algunas instituciones. En este desierto, huella que un día se abre, es huella que permanece para siempre;

e) En caso de acampar, debe hacerse siempre en el lugar ya asignado al efecto , evitando destruir o modificar otras superficies del terreno; el sitio recomendado para este efecto está especialmente señalado.

f) Respetar y proteger todas las instalaciones existentes, tanto de medición como de campamento (Casa-Estación y dependencias), evitando sobre todo dejar basuras o restos de comida;

g) No arrancar o cortar las escasas flores o cactus que a veces se ve crecer en el acantilado. Son especies muy escasas, muy vulnerables y que se reproducen en el lugar con dificultad, debido a la alta sequedad del medio. Por otra parte, generalmente no se reproducen en otros ambientes, por lo que, al hacerlo, solo se ocasiona un inútil daño ambiental;

h) Evitar dejar restos de maderos quemados, vigas, fierros, latas y otros elementos que perturban el paisaje. Hemos hallado huellas de fogones, y maderas, en varios lugares, producto del descuido de los visitantes. Debemos cuidar el lugar y dejarlo ojalá más limpio de lo que lo hemos encontrado.

i) Muy en particular rogamos no se lleve al lugar perros y menos aún se les deje allí abandonados. En ocasiones los hemos hallado en el lugar, con el consiguiente daño inferido a la fauna nativa (zorros y otros animales).

j) Si va más de un vehículo en la comitiva, debe seguirse exactamente una misma huella, evitando abrir huellas paralelas o diferentes.

k) Al recorrer el área a pie, se solicita que solo se transite por las huellas previamente bien definidas, evitando a toda costa el internarse a parajes no autorizados. Aunque no sean visibles, hay numerosas especies animales muy pequeñas que se cobijan bajo los pedruzcos y piedrecillas del lugar, donde tienen su hábitat.

En síntesis, el sistema ecológico de Alto Patache no es “tierra de nadie” o lugar de ejercicio de jeepeo masivo; es un nicho científico y ecológico altamente vulnerable y de tanta fragilidad, que cualquier intervención nuestra (huellas, senderos, fogatas, basuras, etc.) dejan un recuerdo perdurable en el paisaje y un daño irreversible en un ecosistema único.

Finalmente, los científicos de este Equipo de investigación se muestran dispuestos a dar charlas o conferencias alusivas a la enorme importancia ecológica y climática de este lugar, con el fin de crear entre los visitantes ocasionales, estudiantes, obreros o miembros de las Fuerzas Armadas, Compañías Eléctricas o Contratistas, una mayor conciencia de nuestra responsabilidad ambiental, como especie humana habitante de un Planeta al que debemos cuidar con especial esmero.

Tomemos clara conciencia que no somos la única especie que habita el globo terráqueo. Nuestro habitat es compartido por un enjambre de especies, todas ellas fruto de la misma evolución natural. ¡Respetémoslas!.

Las generaciones futuras se lo agradecerán un día.

viernes, 8 de agosto de 2008

"Qué hace el arqueólogo": obra de Horacio Larrain

El presente "Manual" de pequeño formato (13.5 cm x 11.0 cm), es parte integrante de la Colección "Expedición a Chile", revista ilustrada aparecida en Santiago (Chile) entre los años 1975 y 1978, y realizada por el "Instituto de Estudios y Publicaciones "Juan Ignacio Molina". La revista fue obra conjunta de un selecto y variado equipo de científicos, bajo la inteligente dirección del ingeniero Alberto Vial Armstrong (q.e.p.d.) y del gran entomólogo, Luis E. Peña Guzmán (q.e.p.d.). Este último fue, en realidad, el gran catalizador del esfuerzo común.

Fue Luis Peña Guzmán quien nos invitó, hacia fines de 1974, a formar parte del equipo con la misión de aportar al grupo con una visión arqueológica y antropológica.

La presente publicación - al igual que los otros "Manuales de Campo" de la Colección -, estaba destinada a un público juvenil y presenta, en apretadas páginas, lo esencial que debe saber el arqueólogo profesional para realizar con seriedad la tarea de "reconstruir la culturas desaparecidas" de los pueblos del pasado. Muchas de sus fotografías fueron facilitadas por la Dra. Grete Mostny, Directora por entonces del Museo de Historia Natural de Santiago de Chile. Los dibujos pertenecen al artista y dibujante Francisco Olivares Thomsen. El contenido de no pocos de los tópicos, fué discutido en su oportunidad con la misma Dra. Mostny.

La Revista "Expedición a Chile" llegó a publicar 48 fascículos de gran formato, en los cuales aparecieron 24 Manuales semejante a éste, del área de las Ciencias Naturales y disciplinas conexas (flora, fauna, arqueología, geología) destinadas a ser "Guías de Campo" para el joven investigador de la Naturaleza. Se plasmaron en la publicación las discusiones reales del equipo de científicos ("fogones"), habidas en expediciones reales, hechas a distintos lugares del país, y el análisis acucioso hecho en común, de la problemática propia surgida del estudio de cada lugar.

Campea en la publicación el anhelo por conocer y admirar las variedad de formas de la Naturaleza, por cuidar y defenderla en todas sus manifestaciones y en formar en la juventud una profunda inquietud ecológica. Esta publicación fue precursora e impulsora de Programas de Televisión como "La Tierra en que Vivimos" y "Al Sur del Mundo" los que, reconociendo su herencia, también ostentan con orgullo un marcado sello ecológico y han permitido un conocimiento reflexivo y responsable de nuestros ecosistemas, desparramados a través de "nuestra loca geografía", como decía Benjamín Subercaseaux .

Durante décadas, su influjo en la creación de una conciencia ecológica nacional fue enorme, y no pocos de sus "Manuales de Campo" son hasta hoy ávidamente buscados por los universitarios y constituyen ya rarezas bibiográficas. Por lo que nos es particularmente grato presentar este Manual -y otras más que vendrán luego - al público joven nacional e internacional, como parte de la "Biblioteca Virtual Horacio Larrain". "Expedición a Chile" fue en su momento un hito visionario notable que ha influido poderosamente en la formación de una férrea conciencia ecológica en el país, y en la defensa de nuestros ecosistemas. No ha habido después de "Expedición a Chile" empresas de un talante semejante, continuadores de esta urgente tarea educativa a nivel nacional.

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Vanishing Trails of Atacama. (Senderos de Atacama que se desvanecen), William E. Rudolph, 1963.


Esta obra sigue de cerca los pasos de Desert Trails of Atacama, obra del eximio geógrafo norteamericano Isaiah Bowman (1924). Amigo personal y admirador de Bowman, Rudolph , ingeniero de profesión, permanece en el área atacameña por espacio de unos 30 años, conociendo y visitando cada rincón del desierto. Sin tener la rigurosidad ni la profundidad de los enfoques geográficos de Bowman, Rudolph nos ofrece en su librito -que ponemos hoy a disposición del público de la red - sus observaciones, fruto de su larga permanencia y su premeditada inquietud por describir los lugares, paisajes, poblados, edificaciones y obras hidráulicas de su tiempo.

Observador atento, se da cuenta que el paisaje cultural en Atacama está sufriendo un cambio muy rápido y violento y que es preciso preservar para la posteridad formas de vida, paisajes, fotografías y descripciones que de otra suerte se perderían para siempre. Esta conciencia del "rápido y destructor paso del tiempo" en Atacama, le permite, como antaño los cronistas, anotar todos los elementos culturales que le parecen de especial interés y que reflejan los cambios culturales emergentes. Cincuenta valiosas fotografías ilustran la obra, las que de por sí - como en el caso de Bowman- constituyen valiosos testimonios de una época.

Este "cambio", que tanto le admira, lo grafica bien en la exclamación: ¡Qué cambio se ha labrado con el advenimiento de los caminos y las facilidades de comunicación durante los pasados cuarenta años"! (1963:81). ¿Qué diría hoy Rudolph, 55 años después, si fuera testigo de lo ocurrido desde su época hasta el momento actual?. Se confirmaría su hipótesis de que el desierto puede ser poblado y "domado", con la llegada de la moderna tecnologia de las comunicaciones y definitivamente deja por ello de ser un "Despoblado" como lo fuera en el pasado colonial.

Ofrecemos, pues, con especial interés y afecto este libro para su uso libre en la red, como parte de nuestra Biblioteca Virtual Horacio Larrain, de modo que pueda ser leído y meditado por todos aquellos que se interesan por reseñar e investigar el "cambio cultural" que ha sufrido el pueblo atacameño, sus instituciones y sus paisajes.

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miércoles, 16 de julio de 2008

Antonio de O´Brien: Visitador de Huantajaya 1764

O´Brien: antecedentes de una misión casi imposible

Para los chilenos el nombre de Antonio de O´Brien es totalmente desconocido. Probablemente, ningún niño chileno ha leído su nombre en los manuales de historia de Chile. Es un personaje anónimo, salvo para unos pocos eruditos, expertos en la etnohistoria e historia colonial del Norte de Chile. Español, sevillano de nacimiento e irlandés de origen familiar, O´Brien solicita pasar a las Indias el 22 de Noviembre de 1760. Viaja a América en el navío "Nuestra Señora de la Concepción". Viene a América con rótulo de "comerciante en ropas y abarrotes", según reza el documento que ostenta el sello de su Majestad, Carlos III de España. Viaja por ahora solo, y su esposa, doña María de Cárdenas, debe otorgarle el permiso correspondiente. Pasarán, sin embargo, como 17 años antes de que doña María pueda, igualmente, pasar a América, a consolar a su marido por la pérdida de su puesto y las penurias sufridas. El permiso para realizar tal viaje le cuesta a O´Brien la friolera de "trescientos mil maravedíes de plata".

Le veremos figurar en Tarapacá, donde el Virrey Amat y Junient lo nombra Teniente de Gobernador del Partido de Tarapacá. Entre 1764 y 1765, el Virrey le encarga confeccionar Descripciones del Partido de Tarapacá y sus correspondientes Mapas. Antes, en El Callao, ha demostrado sus cualidades de dibujante y topógrafo al dibujar planos de los fuertes. Cuando el Virrey del Perú recibe fundadas quejas de funcionarios respecto al comportamiento de ciertos mineros ricos de Tarapacá que usufructuaban de minas de plata sin declarar las minas ni pagar las respectivas alcabalas, se busca a alguien capaz de cumplir una labor de fiscalización y control. Se le nombra "Visitador de Minas". El cargo recaerá en O´Brien. Su hoja de servicios es limpia y transparente. Después de cumplir su ingrata tarea por varios años y entregar a la posteridad los Planos que lo harán famoso, los acaudalados mineros de Tarapacá, le harán la vida imposible, mediante acusaciones insidiosas y repetidas, hasta que finalmente el Virrey, acosado, le retira su confianza.

Es entonces, , en 1777, cuando su esposa pasa a América a cuidar a su infortunado marido, víctima del hostigamiento de los ricos mineros, potentados de Tarapacá, aliados en su contra. Varias familias tarapaqueñas y piqueñas, detentan, por entonces, el poder basado en sus antiguas posesiones mineras. Los De la Fuente, los Loayza, los Valdés. A partir de dicha fecha (1777) , perdemos absolutamente su rastro. ¿Qué fue finalmente de O´Brien?. ¿Volvió a la península o se radicó en el Perú?. No hemos hallado aún referencias posteriores al año 1777. Pero queda resonando fuerte en nuestros oídos la doliente declaración de doña María, cuando implora pasar a América a cuidar a su marido, al parecer desprotegido, empobrecido y humillado.

Por qué hacemos esta alusión a este personaje colonial, en este Blog destinado al análisis de aspectos eco-antropológicos? Porque O´Brien destaca en forma eminente entre los escritores de su época, por su interés en pintar, dibujar y describir en forma por demás cuidada y minuciosa, la geografía, la topografía y el paisaje cultural de la época. Hasta extremos poco conocidos. Nada se le escapa, ni la flora del desierto, ni su fauna característica ni su clima peculiar. Ni sus rutas , ni sus montes, ni los cursos de agua. ni sus bosques o matorrales. Y lo hace apoyándose en exquisitos dibujos personales, frutos de su observación atenta del terreno. Porque ello es parte de su tarea probatoria, porque se le ha confiado describir minuciosamente toda el área. Tenemos, pues, para la segunda mitad del siglo XVIII, un retrato formidable de la geografía, los habitantes y las actividades humanas desarrolladas por éstos en ese período. A su modo y con las técnicas de la época, hace exactamente lo que harán mas tarde, con muchos más medios, cuando la Geografía ya se ha consolidado como ciencia, un Isaiah Bowman o un Wolfgang Weischet. Para nosotros es sencillamente un pionero del enfoque eco-cultural que propiciamos en este Blog. Y un pionero insigne y digno de ser imitado.

Vamos a ir presentando, en párrafos separados, aspectos que el sevillano reseña en forma realmente magistral. Lo haremos sirviéndonos de sus propias expresiones. Lo citaremos al pie de la letra, gozando de su estilo y forma de escribir.

Por fortuna para nosotros, sus Planos le sobrevivirán. Su labor cartográfica, celosamente guardada en archivos de España y tam bién de Santiago de Chile, ha sido bien reseñada por el historiador del Norte, don Oscar Bermúdez Miral, en su obra: "Estudios de Antonio O´Brien sobre Tarapacá 1763-1771", Ediciones Universitarias, Universidad del Norte, Antofagasta, 117 p.

La Quebrada de Tarapacá, la Pampa de Iluga, las Minas de Huantajaya el Puerto de Iquique, quedarán para siempre retratados por O´Brien en notables Planos, de gran interés para el geógrafo histórico, para el etnohistoriador y aún para el biólogo y ecólogo. Por eso nuestro profundo interés desde el ángulo de la eco-antropología: es decir de la mirada sobre el hombre poblador y transformador de su medio ambiente.


El nombramiento de Antonio O´Brien como Visitador de Minas

La Carta del Virrey del Perú don Manuel de Amat y Junient (1704-1790) del 22 de Enero de 1764 señala bien los motivos que tuvo para esta designación. El Rey de España Carlos III había solicitado por Cédula Real del 2 de Septiembre de 1761 una Descripción exacta del Estado del Mineral de Plata de Huantajaya en Tarapacá. Para cumplir esta orden regia, el Virrey, que habia asumido su cargo en 1761 luego de ser Gobernador de Chile, se apresuró en pedir informes a ciertas personas de la zona, respecto de los cuales confesará muy luego:

"Sin embargo, los [informes] que llegaron a mis manos , son tan incompletos, que no mereciéndome el mayor aprecio, tiré por el atajo de solicitar tradiciones y noticias extrajudiciales, igualmente que geográficas para llenar cumplidamente el deseo de Vuestra Majestad..."

¿Por qué consideró el Virrey Amat tan incompletos o inexactos estos informes? Algo pasaba con sus primeros informantes y el Virrey Amat pronto se da cuenta que "en este asunto había gato encerrado". Algo o alguien se interponía para que las autoridades virreinales no se enteraran de toda la verdad respecto a la riqueza del yacimiento. Su temor se trasluce por lo que agrega y dice al respecto, aludiendo a las familias de la región, que detentaban su explotación desde hacía muchos decenios:

"....conozco que los primeros inbentores [i.e. descubridores del Mineral] han procurado hacer odiosa la comunicación, embarazando [i.e. dificultando] el tráfico y comercio común de las Gentes, para que recayendo estas utilidades en una sola familia, aya podido subistir ésta en aquel retiro, desfrutando competentes comodidades a pesar de la esterilidad y falta de todo quanto es necessario para la vida...".

Se daba aquí el absurdo de que mientras tales familias locales cuyos nombres ahora conocemos, se enriquecían y hacían odiosa la comunicación [de la situación y riqueza real de estas Minas] a las autoridades de Lima, estas mismas personas daban a conocer y proclamaban a los visitantes ocasionales la riqueza de éstas, de suerte que las modernas cartas de navegación inglesas y francesas y los relatos de Frézier y don Jorge Juan ya traían información precisa de su localización y riqueza. Esta situación le parece indignante al Virrey. Por eso al presentar al Rey el Plano levantado por O´Brien le señala que se ha dedicado a "recoger y combinar especies [noticias]", pero que si bien lo obtenido "no merece el nombre de Exacta Descripción" , "a lo menos- dice- es un diseño el más ajustado que pudo ejecutarse".

Se extiende el Virrey en su carta al Rey indicándole que antes de tomar decisiones precipitadas sobre el abrir Cajas Reales [esto es, una Aduana]en el mismo Asiento de Huantajaya - como se había solicitado- :

"debe anteceder un conocimiento seguro del estado actual, lavor y manejo de aquellas Minas, instrucción fija de sus Comercios, de la distancia de los Puertos, de la abilitación de los Caminos; noticia de donde se abastecen al presente; [para que] pueda en adelante proveerse de víveres, recuas de mulas de carguío y otros adminículos...".

¿Cómo lograr obtener un "reconocimiento seguro" del mineral?. Es la gran incógnita que debe resolver el Virrey. Para ello, según esta misma autoridad:

"... sobre todo necesita un reconocimiento ocular de Persona extraña, práctica y desinteresada, que observe la Labor que se lleva en aquel Mineral, que averigue los verdaderos motivos [por] que toda su riqueza no ha podido hacerlo más avitado, y finalmente descubra todos los misterios que se ocultan, y solo se traslucen en las conbersaciones privadas....".

Por persona "extraña", sin duda alude a alguien "fuera del lugar", "de otra procedencia". Circunloquio que viene a decir: persona no coludida con los mineros acaudalados del área. Y el empleo explícito de la voz "persona desinteresada", nos está sugiriendo que cualquiera de la región podría estar "interesado" en informar en forma deficiente o errónea. Creemos leer entre líneas aquí que los primeros informantes del Virrey fueron probablemente tarapaqueños, de alguna manera ligados a los intereses de las grandes familias que detentaban estacas mineras en Huantajaya y que por eso sus informes pecaron de "incompletos".

Por estas razones concluye:

"he determinado y voy a nombrar a Dn. Antonio Obrien, autor del Plano que incluyo, por la satisfacción que tengo de su pericia, aplicación e integridad con todas las demás prendas necesarias que informé a V. M. antes de esto en carta escrita por la via reservada, con fecha de 21 de Noviembre del próximo año pasado...".

Las "prendas" que el Virrey percibe en O´Brien: "pericia, aplicación e integridad" ya nos están revelando su temple. "Pericia", por su calidad probada de experto en confeccionar Planos; "aplicación", por su incansable espíritu de trabajo e "integridad", por su valía moral a prueba de posibles intentos por corromperlo, cosa que el Virrey daba por sabida.

Difícil misión encomendada a don Antonio O´Brien

El texto, fechado en Lima el 22 de Enero de 1764, es bien explícito al respecto. Por tanto O´Brien,

"en calidad de Visitador, de Theniente [ de Corregidor] o de Governador interino [debe] pasar a aquel Parage, lo reconozca, observe y examine: lebante un Plano mas exacto y extendido; arregle la Lavor de Minas., me informe y me dé cuenta de los Caminos, lugares y distancias....".

La labor encomendada a O´Brien era enorme, y además en extremo delicada: visitar y reconocer toda el área de Huantajaya, informarse de su riqueza, examinar sus vías de comunicación, recursos y posibilidades de abastecimiento y, lo más difícil, penetrar en las intrigas, recovecos y malabares de estos mineros tarapaqueños para burlar el "quinto real", (derechos reales) y, por fin, dirimir y esclarecer problemas pendientes entre miembros de una antigua sociedad de minas, todos ricos mineros de Tarapacá. Y esto en una región donde opulentas familias, todas emparentadas entre sí, detentaban un poder casi incontrolable, desde los tiempos de los antigus encomenderos. ¿Podrá O´Brien cumplir cabalmente su misión? Pronto lo sabremos. El Virrey Amat cesa en sus funciones de Virrey del Perú en 1766. Y con ello, O´Brien pierde a su protector.

Lo importante para nosotros, en este Blog eco-cultural, es tomar contacto directo e interpretar eco-antropológicamente los Planos de este mercader sevillano, que tanto ha aportado a la Geografía colonial de Tarapacá y que se distinguió de otros contemporáneos suyos por su habilidad de retratar la realidad, tal como el la veía. Por algo el Virrey lo consideró una persona especialmente apta, con las "prendas" necesarias para describir y dar a conocer lo que estaba ocurriendo en la zona de las Minas, y en general, en toda la antigua Provincia de Tarapacá.

En sucesivos capítulos, reseñaremos en este mismo Blog aquellos aspectos de la Descripción de O´Brien, que nos parecen francamente novedosos, en cierto modo "muy actuales" y por ello plenamente merecedores del apelativo de "eco-culturales".

jueves, 10 de julio de 2008

Una cartografía eco-cultural: Cobija en 1787.

Plano del puerto de Cobija y sus contornos, levantado por orden de don Juan del Pino Manrique, Gobernador Intendente de la Provincia de Potosí, el 26 de Noviembre de 1787 [ Haga click en la figura para ampliar su tamaño].

Una breve historia cultural de Cobija.

Antes de entrar en un análisis interno de esta notable pieza cartográfica del siglo XVIII, quisiéramos plantear algunas indicaciones previas. Porque Cobija no era cualquier punto en el mapa, ni una mera referencia topográfica, ni un mero muelle de atraque para penetrar al interior del continente. Cobija fue un lugar de asentamiento preferido por los antiguos habitantes de la costa, desde tiempos muy remotos, un lugar de poblamiento desde tiempos arcaicos hasta tiempos recientes. Cobija tiene a su haber, a lo menos, unos 8.000 años de historia, si es que no tiene aún más.

Y Cobija no solo atrajo el interés descriptivo de cronistas, viajeros, corsarios y geógrafos de antaño. Los historiadores y arqueólogos han demostrado hasta hoy un inmenso interés por estudiar el lugar. La arqueóloga danesa Bente Bittmann, por ejemplo vivió allí por largas temporadas y estudió incansablemente Cobija por un par de decenios, entregándonos en su rica bibliografía una increíble visión del pasado prehispánico e hispánico de la caleta y de sus contornos inmediatos (Gatico, Punta Huasilla). Ella encontró sus habitaciones, sus tumbas y evidencia de sus asentamientos y hábitos alimenticios. También ella, por desgracia, cogió allí la dolorosa enfermedad bronco-pulmonar que la llevaría a la tumba.

Cuando pasamos por el lugar, con mi familia, en Febrero de 1977, rumbo al Ecuador, Bente se hallaba excavando precisamente el lugar, y ella misma nos mostró varias de sus sitios. La mayoría de las fotos que acompañan este segmento del Blog, son suyas propias, y fueron rescatadas por el autor en el año 2000 de su departamento de la ciudad de Antofagasta, donde había vivido, antes de su viaje definitivo a Dinamarca, donde falleció de la enfermedad que contrajera en Cobija.

Cobija: hito geográfico en la costa desértica del Pacífico Sur.

Cobija : situada a los 22º 33´S y 70º 16´W., (según Riso Patrón, 1924) fue una localidad costera, casi insignificante, en el árido mapa de la costa pacífica norte-chilena. Escuálida aldea de una decena de chozas de changos pescadores, audaces mercaderes de pescado seco o "charquecillo" que transitaban a pie hacia Chiuchíu, Calama, o San Pedro en la Atacama colonial y aún hasta Potosí. Lugar de recalada obligada de galeones, fragatas o bergantines que traficaban por las costas del Pacífico, entre Callao y Valparaíso. Allí pararon por horas los conquistadores que llevaban refuerzos a don Pedro de Valdivia en su desesperada lucha contra los alzados picunches; allí descansarán también los batallones navales chilenos en la Guerra contra la Confederación perú-boliviana en 1836, destinados al Perú.

El 9 de Mayo de 1877 la rada de Cobija sufrió un fortísimo maremoto, con salida de mar que provocó la casi total destrucción de la pequeña ciudad, dejando sus muros enhiestos, en el estado lamentable en el que hasta hoy se encuentran. La erección de la ciudad de Antofagasta, hacia 1870 y su ulterior desarrollo portuario, selló definitivamente el destino de Cobija. Recién en 1960 llegará la familia Pinto y algunos otros escasos pobladores a poblar y dar nueva vida a la caleta abandonada. Conocimos Cobija en 1963 cuando no había más que dos o tres cabañas de pescadores, entre ellas, la de los hermanos Pinto, ubicada junto a la carretera.

Allí vivieron en siglos pasados camanchacas, camanchangos, uros o proanches, dedicados a la caza de la ballena o a la pesca del congrio y del jurel , según diferentes cronistas o viajeros tempranos. Y los hubo hasta fines del siglo XIX cuando las epidemias de viruela o fiebre amarilla acabaron con ellos. Sus viviendas hechas de cueros de lobos marinos sobre costillas de ballenas, o sus extrañas balsas hechas de estos mismos cueros de lobos, serán prolijamente descritas por los navegantes franceses Feuillée, Frézier o D´Orbigny , o por los filibusteros ingleses como Drake, Cavendish, Sharp y otros más.

Cobija: ecosistema de desierto.

Cobija, gracias a sus mínimas condiciones de habitabilidad en un desierto absoluto (buen puerto, agua, pastos, leña, y recursos marinos), fue un hito fundamental en la ruta marítima desde y hacia la capital virreinal, Lima. Por eso mereció descripciones minuciosas desde la época más temprana. Una de las primeras, tal vez, hecha por el comerciante francés Vincent Bauver hacia 1707, ó la del ingeniero francés Frézier en 1712. Todos destacan la extrema esterilidad del paisaje y la falta casi total de recursos para la vida. Pero todos, igualmente, afirman que alli encuentran, al menos, un puñado de habitantes, dedicados a la pesca y al marisqueo de orilla. Todos señalan que allí se inician difíciles e intrincados caminos y huellas que surcarán el desierto, tierra adentro, hasta llegar a los llanos de Calama y de aquí, al "cerro rico" de Potosí, en largas y extenuantes jornadas, atravesando el gélido páramo andino.

Cobija ofrecía un puerto relativamente seguro, bien resguardado de los vientos del sur y surweste por una pequeña península. El cuidado diseño del Plano que aquí presentamos, lo muestra claramente. Era, así, la puerta de entrada obligada hacia la provincia altiplánica de Lipes, en la actual Bolivia.

Los barcos, desde Valparaíso al norte, enfilaban a las islas Juan Fernández, a Coquimbo y de alli a Cobija. El próximo hito septentrional de recalada era, a veces, Iquique; más generalmente Arica, Pisco o El Callao, durante el Perú colonial. Desde los primeros viajes de los siglos XVI y XVII de los primeros navegantes hasta los viajes de los científicos españoles Jorge Juan y Antonio de Ulloa, de la expedicion Malaspina en el siglo XVIII , ó del científico francés Alcide D´Orbigny, o del oficial de marina norteamericano Ruschemberger, y el periplo costero de los capitanes chilenos Delfín o Vidal Gormaz, en vísperas de la Guerra del Pacìfico (fines del siglo XIX) , la ruta y los lugares de recalada, serán casi siempre los mismos: Coquimbo, Cobija, Arica. Y gracias a ello disponemos de variadas y valiosas descripciones, tanto de los paisajes áridos de la costa, como de sus habitantes, indígenas o españoles , sus actividades y sus muy limitados recursos.

Necesidad de una cartografía de lugares de recalada.

Gracias a la frecuencia de viajes a lo largo de la costa pacífica, disponemos hoy de planos y mapas de no pocos de estos puertos de la "Mar del Sur", como le llamaban los españoles al Pacífico. Planos que no solo describirán aspecto relativos al clima, los vientos y mareas, las facilidades o dificultades de atraque y desembarque (problemática náutica), sino que nos ilustrarán sobre los recursos que un viajero podrá encontrar en esos áridos parajes (problemática eco-cultural). Por tal motivo estos Planos serán considerados piezas valiosas , especialmente para los filibusteros extranjeros, ansiosos de asediar y destruir los puertos españoles y asestar duros golpes a la economía y sociedad colonial española.

Algunos de los Planos de la época son mucho más que meras descripciones físicas o bocetos de la geografía, batimetría o topografía local; también constituyen una suerte de Manual obligado de supervivencia, o un indispensable "Vademecum" o almanaque de recursos ambientales disponibles in situ . Y es en este sentido, que han atraido nuestra atención como exponentes sumamente valiosos de los recursos disponibles para la vida humana, o como una rica cantera de referencias eco-culturales. Por eso los consideramos como aquí válidos elementos eco-antropológicos y como tales, figuran en este Blog en que queremos destacar los aportes, desde diversas vertientes, para construir un enfoque eco-cultural o eco-antropológico.

Las primeras referencias a la caleta de Cobija.

"Cobixa", escribieron tempranamente los españoles. Y la existencia de una población numerosa de indígenas asentada allí desde muy remotos tiempos, está acreditada en antiguos documentos españoles. En efecto, el Factor de Potosí don Juan Lozano Machuca, en Noviembre de 1581, nos entrega los primeros antecedentes conocidos de esta región. Nombra a la "Ensenada de Atacama", como lugar de asentamiento de 400 uros pescadores, los que podrían ser reclutados para futuros trabajos mineros en el área. Pero el Factor no denomina el lugar con este nombre: l "Cobixa".
La existencia de tan numerosa población indígena en el lugar, y el ser un punto focal de ingreso a los territorios altiplánicos de Lípez, próximos al Mineral de plata de Potosí, aconsejaron desde tempranos tiempos, instalar allí una presencia española. Los españoles, como fue siempre su costumbre, rebautizaron el lugar con el nombre de "Santa Magdalena de Cobixa" o simplemente el "Puerto de Magdalena". Porque a la usanza española de la época, el lugar fue confiado a la protección celestial de un santo patrono, en este caso, a Santa María Magdalena. La eventual presencia de piratas obligará más tarde a fortificar el lugar, como el resto de los puertos del Pacífico.

Una de las primeras menciones específicas del topónimo "Cobixa" - y al parecer la primera - data del 19 de julio de 1591, en un temprano documento referido al tráfico de pescado seco entre Cobija y el mineral de Potosí. Así lo confirma un serio trabajo de investigación del etnohistoriador chileno José Luis Martínez ("Información sobre el comercio de pescado entre Cobija y Potosí, hecha por el Corregidor de Atacama, Don Juan de Segura (19 de julio de 1591)", Cuadernos de Historia, Universidad de Chile, 1985: 161-171). Allí se demuestra el nutrido tráfico de indios desde este puerto costero hacia Chiuchíu (Atacama la Alta) y San Pedro de Atacama (Atacama la Baja) , conduciendo cargas de pescado seco o "charquecillo", cogido por los indígenas camanchacas de Cobixa, para ser llevado al Corregidor de Atacama Juan Velásquez Altamirano. Este encomendero, verdadero sátrapa de la época, obligaba a los pescadores a este auténtico tributo y a suministrarles personal de servicio para su casa de San Pedro de Atacama, donde vivía con una copiosa servidumbre y sus numerosos hijos mientras su mujer promovía el negocio en la alejada caleta.

¿Qué significa el nombre de Cobixa o Cobija?

No intentaremos aquí adentrarnos a fondo en la etimología de este curioso topónimo, bastante ajeno y extraño a la toponimia costera de la antigua Provincia de Atacama [ hoy de Antofagasta]. A pesar de su aparente aspecto castellano, la voz tiene posiblemente un origen indígena (¿Cupiza, Cupitsa, Kupicsa?). Observemos, de paso, que este nombre se asemeja a "Tupiza", en el altiplano de Lípez. ¿Será, tal vez, de origen atacameño?; ¿ o de origen chicha?. No es imposible. En todo caso, los españoles lo castellanizaron fácilmente, por la cercanía fonética al término "cobija", sustantivo del verbo "cobijarse" y que nosotros usamos como sinónimo de manta o frazada para cubrirse del frío. Si bien existe una ciudad en Bolivia, en el departamento de Pando, con ese mismo nombre, no nos parece probable que se la haya nombrado por ésta. Pues eso significaría que dicho lugar, muy poblado de indios camanchacas según Lozano Machuca en 1581, hubiera carecido de nombre local propio indígena; o que éste nombre local, hubiese desaparecido por completo, sin dejar rastros, por lo que debió ser rebautizado en tiempos hispánicos muy tempranos. Tal cosa nos parece altamente improbable, dada la persistencia ocupacional del sitio, a lo largo de los siglos coloniales, hasta las postrimerías del siglo XIX. Optamos, pues, por un posible -si bien aún no identificado- origen indígena, propio de alguna lengua de las habladas en la costa de Atacama.

¿Quién es o quiénes son los autores del Plano?

Por desgracia, no se consigna. El Plano señala que este Plano "se practicó en 26 de Noviembre del año 1786, de orden del Sr. Dn. Juan del Pino Manrique....". Por cierto no fue su autor el propio Gobernador-Intendente que lo mandó hacer. ¿Quién fue, entonces?. No lo sabemos, pero de cierto fue alguien que demostró conocer muy bien la zona y cada uno de sus rincones. Alguien que probablemente residía, o había residido, en la localidad. A diferencia de los Planos de Antonio de O´Brien, siempre firmados por él, aquí el verdadero autor permanece en total anonimato. Su autor fue sin duda un eximio dibujante, amén de un experto conocedor del lugar. La precisión con que se consignan, en particular, las brazas de profundidad en el área del fondeadero de los navíos, junto a la península, apunta a que su autor habría sido, muy probablemente, un marino, tal vez, un oficial de marina. Detalle que, unido a la notable rigurosidad en el señalamiento de las peñas y roqueríos costeros, posibles escollos para el atraque y desembarco de navíos, apuntaría en esa misma dirección.

El autor es un baquiano de la zona, buen conocedor de su geografía y recursos.

Podemos asegurar que su autor fue alguien que recorrió a pie los senderos y llegó hasta la "Aguada de las Cañas" observando de paso lo escabroso del paisaje horadado por la bajada eventual de aluviones, en tiempos de lluvias intensas, ocasionales. Tal Plano no pudo ser dibujado por un extraño, poco familiarizado con el lugar. Y tampoco don Juan del Pino Manrique, a solicitud del Virrey, lo hubiera confiado a cualquier forastero, extraño al lugar. Nos parece, por tanto, obvio que se buscó al mejor hombre para ejecutar esta labor, tal como lo exigía el Virrey. Nos preguntamos, sin embargo, ¿por que no lo firmó su verdadero autor?. Otros lo hacen, como es el caso de Antonio de O´Brien, un par de decenios antes. Tal vez ,en señal de respeto a la autoridad del Señor Gobernador, su mandante.

Las explicaciones del Plano.

El plano de referencia presenta dos recuadros en su parte superior, donde se anotan los datos precisos referentes al encabezado, su origen, coordenadas geográficas y cronología (lado izquierdo), y en el otro, sobre su contenido y simbología usada (lado derecho).

a) El recuadro izquierdo. Transcribimos el contenido textual del encabezado:

Descripción de este Puerto que está/
al Sur de la [Línea] Equinoc[c]ial en 22gr.º 20 minº/
de Lat.d y 303 gr.os. de Long.d en/
la Costa del Partido de Atacama. Se/
practicó en 26 de Noviembre del/
año 1786 de orden del Sr. Dn./
Juan del Pino Manrique, del/
Consejo de S.M. y Gov.or. Intend.te/
de la Provincia de Potosí à cuya/
Jurisdic.on pertenece aquel Partido/.


El recuadro derecho. Referencias y simbología:

A. El Muelle
B. El Almacén
C. La Capilla
D. Manantial de Agua
E. Quebrada de las Cañas con vista 20 millas del Muelle/
F. Noria que tiene 3 Palmas/
G. Quebrada y Cuesta por donde sube el camino tierra a mar/
H. Sanja labrada por el Agua que q[uan]do
llueve viene de las Cañas al [...ilegible]/
J. Lomas altas que fecundan su Cerro con/
Corta llubia que hay desde Mayo/
hasta Octubre se cubren de Pasto/
y alguna Leña./


Análisis de los elementos eco-culturales observables en este Plano.

a) Lo primero que nos salta a la vista en este Plano del siglo XVIII es el inventario de puntos geográficos que nos ofrece el Plano en el recuadro superior del lado derecho (Simbología) . Allí aparecen señaladas las principales edificaciones: el Almacén, La Capilla y el Muelle. Este último fue totalmente arrasado en el maremoto de 1887. Estos elementos arquitectónicos ya nos están sugiriendo bastante bien los roles de esta Caleta desde el punto de vista económico, social y religioso. El Almacén es muy importante, pues Cobixa era un lugar de arribo de muchos productos foráneos que se transportaban en recuas de mulas y/o en carretas, para luego ser vendidos tierra adentro, en la provincias interiores. También se señala la existencia de algunas viviendas. Una de éstas, tal vez, fue la ocupada en tiempos antiguos por la familia del encomendero Velásquez de Altamirano.

b) Además, campea, en forma especialmente notoria, un interés vital por el aprovisionamiento de agua potable. ¿De dónde podían surtirse de este vital elemento los viajeros y vecinos?. A diferencia de otros lugares, -como Iquique- que debían abastecerse por mar desde lejanas desembocaduras de quebradas (Camarones o Pisagua), Cobija presentaba tres fuentes de agua dulce. Aunque todas eran escasas, y algunas bastante salobres, eran de todos modos un gran lujo en esa estéril e inhospitalaria zona costera. Por eso reseña sus nombres: La Quebrada de "Las Cañas", quebrada adentro (notoria en el Plano), subiendo unos 400 m., "La Noria" en la terraza litoral, donde había -se señala- tres palmas vivas por entonces; y "El Manantial", cercano a esta última. Hemos conocido las tres, aún vigentes, pero que nadie explota hoy , pues el agua dulce llega por medio del camión aljibe que envía la Municipalidad.

c) Se destaca en el Plano, especialmente bien trazada, la huella tropera y de carretas que sube frente a la Punta Gatico, tierra adentro utilizando una profunda abra entre los cerros costeros. No era la única vía de penetración hacia el Oriente, pues cerca de la Aguada de las Cañas transitaba otra huella para mulas que subía al alto. Esta era ocupada para acceder a los "pastos" del alto, a lo que aludirá el Plano. Era una huella que subía a las "lomas altas " para el abastecimiento de forraje animal y combustible (leña). Había una tercera huella, por el costado sur del cerro "Copo de nieve", como lo denominara la Señora Blanca, madre de los hermanos Pinto. En el Plano solo se muestra la primera, tal vez por ser la más importante para el tráfico de carretas.

d) No escapa a su autor el señalar con precisión la potente cárcava de erosión producida por las lluvias eventuales que arrastran materiales rocosos desde la boca de la Quebrada y se aproxima al mar. Esta es señalada como :

la "Sanja labrada por el Agua que quando llueve, viene de las Cañas al [... ilegible..]".

e) Tal vez la indicación más valiosa del Plano, desde un ángulo eco-cultural, se refiere a algo de mucho valor, a juicio de su autor, y que se produce en abundancia en las zonas altas de los cerros. Las indica con la letra mayúscula "I" escrita como la "J" actual . Seis "J" se perfilan en lo alto del cordón de cerros que domina la "Ensenada de Atacama". Por algo esta letra "J" se repite tanto: sin duda alguna, a causa de su gran importancia para los vecinos de Cobija. ¿En qué radicaba su valor?. El rótulo alusivo en el recuadro bajo la letra "J", lo señala claramente :

"Lomas altas que fecundan su cerro con Corta llubia que hay desde Mayo hasta Octubre. Se cubren de Pasto y alguna Leña".

Es decir, aquí se refiere el texto inequívocamente a las lluvias finas, llamadas "garúas" en el Perú o "camanchacas", en Chile, propias de las nubes estrato-cúmulos saturadas, que se adosan a las partes altas de los cerros costeros, condensándose y produciendo fuerte humedad en el suelo durante varios meses.

f) El texto indica "corta lluvia", es decir, no solo mera humedad atmosférica. Lo que nosotros llamaríamos hoy una "neblina mojadora". Conocemos bien este fenómeno, pues lo hemos experimentado cientos de veces en el oasis de niebla de Alto Patache, durante nuestros estudios. La atmósfera, plenamente saturada, con un 100% de humedad relativa, permite condensar sobre cualquier obstáculo vertical, la humedad en forma de gotitas de agua.

g) La duración de este fenómeno queda bien registrada: "con corta llubia que hay desde Mayo a Octubre...". En nuestra zona (Iquique) la duración del fenómeno alcanza incluso hasta comienzos de Diciembre. Podría tratarse aquí de una variación geográfica de carácter regional. Pero, en general, la indicación acerca de la duración del fenómeno corresponde, evidentemente, a una observación hecha por gente del lugar, con experiencia.

h) El efecto de estas "cortas llubias" se explica del modo que sigue: "[Las] lomas altas... se cubren de Pasto y alguna Leña". El autor no parece hablar de oidas. Habla con "conocimiento de causa". Su descriptor debió recorrer ese nada fácil sendero de ascenso, hasta los 800-900 m de altitud, y ver personalmente las plantas que identifica aquí como "pasto" y los arbustos leñosos , que sabe bien sirven de combustible o "leña".

i) ¿De qué plantas estaría hablando aquí?. No es tan difícil dilucidarlo. Pues en los oasis de niebla de la zona sur de Iquique que hemos estudiado desde el año 1997, también existen las mismas especies que en los altos de Cobija. Entre los pastos, casi seguramente reconoceremos manojos de la gramínea Stipa sp, también presente en Alto Patache, Punta de Lobos y Alto Chipana (oasis al sur de Iquique), además de ejemplares de Oxalis, Cristaria, Nolana spp. Tetragonia sp y Frankenia sp., todas ellas plantas palatables para un ganado poco exigente como los mulares o asnos, animales de carga utilizados habitualmente por los españoles. Por el testimonio de Bauver, del año 1707, sabemos con certeza que había guanacos en los altos de Cobija, que se mantenían gracias a esta vegetación, los que solían ser cazados por los indígenas con la ayuda de perros amaestrados (Bauver en Pernaud, edit., 1960: 17-18; cit. en Bittmann, 1977: 21-22).

j) Y... ¿qué especies vegetales podían ser consideradas aptas para leña? No es tampoco difícil adivinarlo. En Alto Patache y Punta de Lobos o Chipana, tenemos al menos 4 especies, que bien pudieron servir como combustible. En primer término, el cactus Eulychnia iquiquensis , Sus troncos secos, son espléndido combustible; pero también las ramas de Ephedra breana (pingo pingo) , Atriplex taltalensis, y sobre todo, Lycium leiostemum. Este último es aún abundante y se ve aún hoy numerosos ejemplares secos, en amplios sectores de la costa, bajando hasta altitudes de los 250 m y aún menos, formando manchones de color pardo oscuro. Aún hoy se le puede recoger en cantidad para avivar un fuego. Ancianos habitantes de la caleta de Chanavaya (Sur de Iquique) nos han relatado recientemente cómo, cuando no había carretera de comunicación con Iquique, subían a los riscos del alto (sobre los 600 m.) a cortar cactus del género Eulychnia (que llaman copaos), para dejarlos secar un tiempo y luego emplear en sus fogatas.

El texto, por lo demás, es enfático al afirmar que solo se recogía allí ^[en los altos] "alguna leña". Es decir, el descriptor es muy consciente de que el recurso no abundaba y era más bien escaso. A estas especies habría que agregar la posibilidad de colectar, en cantidad, líquenes fruticosos de varias especies, que arden con gran facilidad y dan mucho calor, como lo hemos experimentado nosotros mismos en ocasiones. En otras palabras, había en los Altos de Cobija elementos suficientes para avivar el fuego de sus hogueras; el único problema era la lejanía del sitio de recolección. Por suerte para los habitantes costeros, el mar arroja con frecuencia talos de algas marinas de especies como Lessonia sp y otras menores (Graciliaria sp.) las cuales, una vez secas al sol, constituyen un excelente combustible. Pero el Plano no se refiere a ellas. Sobre la utilización de las algas marinas, en tiempos prehistóricos, por los antiguos habitantes, se extiende Bente Bittmann profusamente en varias de sus obras y con acopio de referencias históricas. (Cf. Bittmann, 1977, 1981, 1983, 1984).

k) Por último deseamos recalcar que el Plano también nos menciona, en su extremo derecho, abajo, un roquerío como lugar de extracción de guano, seguramente desde antiguos muy tiempos. Y este recurso, muy preciado por los agricultores del interior, especialmente en la zona atacameña de Chiuchíu y Calama, debió ser treansportdo desde este lugar, por las rutas ya señaladas tierra adentro. Varios Mapas de esta misma época, o algo anteriores, destacan y enfatizan también la explotación del guano. Es el caso del Plano del Puerto de Iquique de don Antonio de O´Brien, confeccionado por éste en el año 1765 (Cf. Bermúdez, Estudios de Antonio O´Brien sobre Tarapacá, 1763-1771, Ediciones Universitarizas, Universidad del Norte, Antofagasta 117 p.).

En síntesis, podemos afirmar que este Plano que ostenta el modesto título de "Demarcación del Puerto de Cobixa", contiene muchísimos más elementos que una mera "demarcación" de corte geográfico. Registra y constata la existencia in situ de una variada gama de recursos. Y hay voces tempranas, como las del coronel inglés Francis O´Connor, que nos refieren que los habitantes de Cobija hacia el año 1827, solían enviar animales a pastar a los cerros altos, por espacio de varios meses, donde se alimentaban solos. Es exactamente la misma idea que nos señala, en forma de recurso importante, el Plano de Pino Manrique.

Por la riqueza de su información ecológica y por su connotación cultural (es decir el "empleo de recursos naturales "para el desempeño de la vida humana"), hemos considerado que este Plano bien merece ser analizado con un enfoque eco-cultural, tal como lo hemos querido hacer aquí. Y por ello rotulamos intencionadamente este capítulo como "una cartografía eco-cultural" y casi nos atreveríamos a decir: como un breve "Manual de supervivencia en el desierto": indicador de rutas, fondeadero de navíos y detector de presencia de recursos vitales para la vida humana.

(Debo este Plano y su copia a la benevolencia de mi buena amiga la antropóloga española Beatriz García Traba, de Madrid, quien se tomó las molestias para conseguir este preciado documento del Archivo de Indias en Sevilla. A ella, mi especial reconocimiento).