sábado, 3 de noviembre de 2012

Hallazgo notable en el Mineral de San Agustín de Huantajaya: ¿quiere Ud. conocer de cerca las afamadas "papas" de plata?.

Dedicaremos estos párrafos al análisis  de una realidad que no creíamos  existente: las" papas" de plata pura  muy cerca de Iquique, en el antiguo mineral colonial de San Agustín de Huantajaya..
Nosotros hemos  sido los primeros sorprendidos por este hallazgo casual, del que sólo recientemente hemos tenido conocimiento.

Entre la realidad y el mito.

Muchos  escritores coloniales  nos han informado, desde los tiempos de Pedro Pizarro,   sobre el hallazgo, en las vetas de Huantajaya, de   masas  compactas de plata prácticamente pura. Siempre dudamos de la  veracidad del hecho hasta  hoy.

¿Ha visto  Ud. alguna vez en su vida una masa" o "papa" de plata pura, natural?. Véalas y disfrútelo ahora. Son muy pocos los que han tenido la fortuna de verlas.



Fig.1.  "papa"  o masa  de plata, prácticamente pura. Esta masa fue hallada en Huantajaya, el sector del "Hundimiento"  hacia el año 1992. Pesa 2,329 kg.  Es decir, un poco menos de  dos kilos y medio. Es la más grande  de que se tenga noticia en tiempos modernos. (Foto del descubridor, enviada al autor).


Fig.2. La misma "papa" de plata hallada en Huantajaya.  Observe con cuidado  su aspecto externo  y coloración. Esta masa de plata, de forma aplanada,  fue hallada en las cercanías del sitio llamado del "Hundimiento", un antiquísimo lugar  de excavaciones  tempranas, en la época colonial.(foto del anverso; fotografía del descubridor, enviada al autor).


Fig.3.  La misma masa de plata  por el lado opuesto (reverso).  La coloración varía de un gris oscuro (anverso)  a un  gris rojizo-café, por efecto de la oxidación. (Foto del descubridor).

Fig..4.  El mismo ejemplar, sujetado entre los dedos,  visto de canto para observar su  escaso grosor que  alcanza aproximadamente  los  5.0 cm.  Forma aplanada irregular. (Foto del descubridor).


 Fig.5. Ejemplar típico de una piedra de mineral de plata de color azulino claro, que contiene sales de plata. Este es el color más frecuente del mineral en bruto hallado en Huantajaya. Observe Ud. la enorme diferencia de este ejemplar hallado por nosotros  y una auténtica "papa" de plata  (Figs. 1 a 4);  (Foto H. Larrain,  Agosto 2012, sector "Alto de San Simón").

 Fig.6. El mismo ejemplar de mineral  de  Ag azulino, en combinación de plata y cobre, mostrando su interior. La diferencia tanto interior como exterior es muy notoria con respecto a las verdaderas "papas" de plata mostradas arriba. (Foto H. Larrain,  Agosto 2012).


Las "papas de plata", que tanto alaban los cronistas desde la época de Pedro Pizarro, no son, pues,  un mito, son una realidad tangible.

Parecía algo increíble.  Y se ha vuelto una realidad. Nuestra  reciente  publicación en el Blog de varios capítulos dedicados a la aparición histórica de las  famosas "papas" de plata  en Huantajaya, junto a Iquique, que enriquecieron a no pocos mineros en la época colonial, se ha vuelto, inesperadamente,  una realidad. Acabamos de recibir una nota desde Santiago, de un señor -cuya identidad mantenemos en reserva- que conserva  en su poder algunas de estas "papas"  las que  mantiene celosamente en su colección como una gran curiosidad geológica y mineralógica. A mi expresa solicitud,  ha tenido la gentileza de  hacerme llegar unas fotografías  y  sus comentarios acerca de cómo y cuándo las encontró. Datan de unos  22  o 25 años atrás, cuando  una familia santiaguina tenía  derechos de explotación en Huantajaya, los que posteriormente vendió a un empresario  minero de Iquique.

Dudamos por años de la veracidad de los relatos.

Por años mantuvimos la duda acerca de la veracidad de los relatos coloniales relativos a su existencia real. En ocasiones, llegamos a sospechar la existencia  de un mito minero más, como hay tantos otros.  Porque los mineros, por su afán de descubrir tesoros ocultos, que serían protegidos por el diablo en persona, son proclives a numerosos mitos y  leyendas.

Por eso lo que mostramos hoy a nuestros lectores  nos sorprendió a nosotros más que a nadie. Por años hemos demostrado particular interés por el estudio y protección del mineral de Huantajaya, joya colonial que extrañamente muy pocos han estudiado en profundidad. Siendo tal vez el sitio más importante de laboreo minero en todo el Norte Grande de Chile, durante toda  la época colonial, no deja de ser sorprendente el poco interés por estudiarlo, salvo desde el ángulo estrictamente histórico, el  que ha merecido  valiosos trabajos del historiador chileno Jorge Hidalgo Lehuedé. 

Forma y aspecto exterior de estas "papas". 

Si nos fijamos en las fotografías,  tres aspectos distinguen claramente estas masas de plata de otras piedras comunes en la zona: el color, la textura y el peso.  La coloración exterior es casi siempre  gris oscura, y en partes casi negra. Es el color propio del óxido de plata. El segundo distintivo es su textura,  muy suave  y sinuosa, carente absolutamente de aristas  como si hubiese sufrido una fuerte erosión fruto de un acarreo fluvial (que por cierto no hubo). El tercer distintivo, que obviamente no se puede captar a través de  la foto, es su peso. La densidad de la plata es muy superior a la de rocas como andesitas o riolitas que podrían asemejársele un poco. El trozo aunque pequeño, es muy pesado. Esto uno lo nota al tacto de inmediato.

Características físico-químicas de la plata.

Su  símbolo químico es "Ag" y   éste proviene, e forma abreviada,  de la voz latina "argentum". Procede esta palabra de una raíz indoeuropea que significa "blanco, brillante". Su número atómico es  47 y tiene una densidad 10.5 veces superior al agua. Funde a la temperatura de  962º C. En la América prehispánica  el mineral (generalmente en forma de sulfuros de plata) fue fundido en las famosas "huayras" u hornos de fundición indígenas,  y hubo que recurrir a potentes fuelles, sopletes o a la exposición en lugares de mucho viento,  para lograr incrementar la temperatura de estos hornos. Frecuentemente estas "huayras" eran instaladas en las cumbres de cerros donde  se podía aprovechar la presencia  un viento mucho más intenso para subir la temperatura. Un cronista español recuerda  la cantidad de pequeños fuegos centelleantes que  cubrían  los cerros próximos a Potosí (Bolivia actual) en el siglo XVII: eran las huayras  indígenas en plena acción.

Pero antes de avanzar más,  hablemos de "arqueología histórica".  ¿Por qué Huantajaya es  lugar patrimonial?. 

La importancia histórica y arqueológica del mineral  de  Huantajaya.

Hemos elaborado hace un par de años con mi compañero de labores el joven arqueólogo Víctor Bugueño García para la Oficina de Monumentos Nacionales un  catastro detallado de sitios  arqueológicos en la zona de Huantajaya. Hemos rotulado como "sitios"  sea algunos extensos basurales coloniales  o republicanos, sea  sitios dotados de estructuras de fundición o procesamiento de mineral, sea, por fin,  galerías, piques o pozos profundos. En total visualizamos  un total de más de  40 sitios. Más abajo, intentaremos explicar por qué tales sitios son realmente "arqueológicos" y no solamente históricos. Cuando hablamos aquí de "sitios arqueológicos",  nos referimos a "sitios coloniales", en su mayor parte, y  a  sitios cuya data preferente es por ahora (hasta su plena verificación cronológica) el siglo XVIII, período en que numerosas estacas mineras fueron intensamente trabajadas desde Pica y Tarapacá por  miembros  de algunas ricas  familias  de la zona, en especial  los Loayza y los  De la Fuente. Este catastro, acompañado de una cartografìa ad hoc,  lo hemos hecho llegar ya hace dos años al Consejo de Monumentos Nacionales,  entidad que está especialmente interesada en proteger esta zona patrimonial  para la posteridad. 

 Los restos coloniales  y aún republicanos también son estudiados por la arqueología.

Hay una idea muy difundida entre nosotros pero claramente  errónea respecto a los restos culturales de épocas  cercanas a las nuestras en el tiempo. Se afirma que,  por no ser antiguos  (en nuestro caso, por no ser prehispánicos), no pueden ser considerados propiamente "arqueológicos". En sentido estrictamente etimológico, los que así opinan  parecerían, a primera vista, tener toda la razón. Porque  los términos griegos "archaios" o "arjé",  voces que integran nuestra palabra "arqueología",   significan y denotan  "el inicio",  lo propio de "los comienzos".  Pero la arqueología es, por definición  aquella ciencia  que estudia y examina todas  las culturas ya desaparecidas y que se encuentran bajo tierra, o al menos, en ruinas. Por el simple hecho de que esa cultura ya desapareció y  ya no existe más,  aunque haya transcurrido  muy poco tiempo (como en el caso de la arqueología de las Oficinas Salitreras, o la arqueología de las Covaderas o Guaneras), merece plenamente ser objeto de nuestro estudio.   Se suele creer, erróneamente,  que a los arqueólogos sólo les concierne estudiar los yacimientos de gran antigüedad;  en nuestro caso, todo lo que sea anterior a la llegada del español a América. Desde los Incas hasta el período Arcaico más antiguo. Craso error. 

La arqueología es la ciencia que estudia todas las "culturas" (ya fenecidas)  del pasado.

La razón última es que a la arqueología  le compete estudiar cualquier grupo humano del pasado,  poseedor de una cultura dada, sea del pasado muy remoto o reciente. Su especialidad es el estudio de las expresiones de las culturas "ya desaparecidas", aunque su desaparición  haya sido relativamente  reciente.  Si  esto no fuera así,  y tales "culturas" quedaran sólo para ser estudiadas por la historia, (por hipótesis), querría decir que muchos elementos de dicha cultura que están bajo tierra u ocultos, quedarían sin estudio, porque a la historia sólo le compete estrictamente estudiar el devenir de los grupos humanos a través de sus documentos escritos.  Esto,  por definición. Justamente entre la Historia y la  Arqueología  corre la línea divisoria del período de la escritura, del "documento" escrito.  Es cierto que podemos entender por la palabra "escritura" o "documento" muchas cosas,  y no sólo lo escrito con letras de un alfabeto determinado.  Pero la "excavación" en busca de pruebas enterradas y ocultas a la vista es algo privativo de la arqueología, porque supone   una técnica y metodología especial, que no  es la histórica. Entonces, no sólo el método es muy diferente y las técnicas empleadas, sino  el  objetivo final que se pretende lograr en cada caso. A la historia le interesa  en primera instancia, "recrear lo que sucedió,  tal como sucedió", en palabras del gran historiador alemán Leopold Ranke. A la Arqueología, en cambio, le interesa primariamente descubrir todas las formas y las expresiones culturales de ese pueblo en particular.  Es innegable, sin embargo, que  ambas disciplinas  estudiosas del pasado, se traslapan en muchos grados y formas. Pero aunque el objetivo en un momento dado fuese exactamente el mismo, sus métodos y técnicas son,  y siempre van a ser, completamente diferentes. 

Conclusión: existe y es perfectamente legítima una arqueología de un pasado reciente  (pero ya desaparecido como expresión cultural de un grupo humano). Si  no interviniera aquí  la arqueología  como herramienta heurística, muchos aspectos de aquella cultura ya desaparecida, quedarían en una total penumbra. Porque la historia  ilumina sólo ciertos aspectos de la vida de los pueblos: aquellos que han quedado reflejados en sus documentos escritos. El resto,  escapa a la historia y pertenece claramente al ámbito de la arqueología. Por algo surgió en el siglo XVIII una ciencia nueva, como  disciplina diferente aunque complementaria de la historia:  la arqueología.

Fotografías adicionales.

Fig. 7. Papa" de plata pequeña, cortada a la  mitad por su propietario para verificar su contenido interior. Peso:  aún no determinado. Lugar de origen: Huantajaya, hacia  1990-92. (Foto enviada por el descubridor).

Fig. 8.  La misma "papa"anterior, cortada por la mitad, dejando a la vista el fuerte brillo metálico blanquecino, propio  del mineral de plata puro. Se puede observar que  hay una  evidente corteza o costra exterior, formada por óxido de plata (Ag2O), de un color gris, muy oscuro. Pero es sólo la corteza. El resto, lo metálico interior, está constituido  prácticamente por plata químicamente  pura  (Ag); (Foto enviada por el descubridor). 


 
Fig. 9. Monedas antiguas de plata  usadas durante la época colonial desde el  año 1728 hasta el año  1774, llamadas "macuquinas". Todas éstas fueron halladas en Huantajaya hace algunos decenios  y probablemente fueron acuñadas en Lima con la plata de este mismo mineral.  Los expertos saben reconocer su fecha exacta,  allí inscrita, a pesar del desgaste sufrido. Estas monedas experimentaban frecuentemente  recortes en sus orillas  para  mantener  su correspondencia con su valor de cambio real. No eran tampoco perfectamente redondas, como las monedas que  España acuñará posteriormente,  a partir del 1775,  con la efigie de su Rey. (Foto enviada por  el descubridor).

Conclusión.

Concluimos de este somero análisis que a la Arqueología sí le compete, pero sólo haciendo uso de  sus propios métodos y técnicas,  investigar el  pasado reciente de una cultura o forma  de vida,  siempre que  ésta esté recientemente desaparecida. Lo que hoy los arqueólogos llaman la "materialidad arqueológica" (término que, a la verdad,  no nos agrada  porque a veces no es sólo  pura "materia" lo que aparece, sino envuelve íntimamente simbolismo, como p. ej. lo artístico o lo religioso),  es decir, todos  los restos visibles y palpables de su cultura, dejados abandonados en sus ruinas o tumbas,  es objeto de estudio y análisis por parte del arqueólogo; lo "escrito" que allí se encuentre, (monedas, trozos de periódico, etiquetas, cartas, etc.)  es sólo una pequeñísima fracción  de este potente acervo cultura que se encuentra en sus basurales.

Un lugar ideal  para un estudio mancomunado de geógrafos, geólogos,  historiadores y arqueólogos.

Este yacimiento de Huantajaya, pues, puede y debe ser simultáneamente estudiado por historiadores y por arqueólogos, porque los objetivos y métodos de ambas disciplinas son diferentes aunque claramente complementarios. El estudio histórico nos mostrará a los personajes que allí  intervinieron, la relación de esta actividad con la economía de la época, los períodos  y fechas de florecimiento o decadencia, la forma cómo se desarrollaba la actividad minera in situ, el origen geográfico y étnico de su operarios, las formas de trabajo, las actividades sociales, recreativas, cívicas o religiosas  que allí hubo. La historia trata de recrear lo que allí sucedía, cuándo sucedía  y por qué sucedía. El estudio arqueológico, apoyándose en el descubrimiento de los objetos que  fueron empleados por sus habitantes (técnicos, obreros, dueñas de casa, niños) o los artefactos, herramientas, o enseres de la más variada índole, recrea y da nueva vida  a la totalidad de la cultura palpable existente. Por cierto,  no a la impalpable, espiritual. Al historiador  prácticamente no le interesa un trozo de cuero reseco que poco o nada le dice; al arqueólogo  este elemento le puede "hablar" de la caza de lobo marino en el litoral cercano, o de su uso indispensable para el acarreo de agua de beber en un lugar donde ésta no existe, o del empleo de una técnica y herramientas especiales de elaboración. Al geólogo le compete  examinar  su origen (magmático), al químico su composición química,  y  al geógrafo  el examen de la forma y aspecto que adquiere el paisaje donde se encuentran. Muchas disciplinas, pues,  tienen un profundo interés en  estudiar estas extrañas "papas" de plata.

Salvemos Huantajaya para  el patrimonio regional.

 Además del  intenso trajín que se ha observado en las últimas décadas,  hoy se observa  nueva actividad en los cerros de Huantajaya , sea para la explotación de los antiguos ripios coloniales, sea por el huaqueo frecuente y al parecer "tolerado" por los dueños de sus basurales coloniales,  sea para  el aprovechamiento de  las montañas de ripios abandonados, para servir de material base de las construcciones en la vecina cárcel de Alto Hospicio. Situación ésta que hace imperativo proteger, por parte del Estado, este valioso lugar por ser parte significativa de nuestro patrimonio cultural y minero tarapaqueño.  Esta área a nuestro juicio, se ecuentra hoy fuertemente amenazada de  ser destruida para siempre, en el caso de una explotación masiva de ripios de superficie (lo que parece inminente),   o de una explotación minera a tajo abierto (lo que sería aún muchísimo peor,  porque haría desparecer absolutamente y para siempre todas las evidencias culturales). Huantajaya quedaría así  definitivamente destruida para cualquier intento por ponerla en valor. Ya no habría nada que poner en valor.

 Una amenaza latente.

Se oye hablar de intentos recientes por vender la propiedad minera de Huantajaya por su actuales dueños,  a grandes consorcios mineros  internacionales, para la explotación del cobre, el oro  y  la plata, lo que  hace urgente, a nuestro juicio,  una  Declaratoria formal por parte del Consejo de Monumentos Nacionales de Chile  de este sitio, como un sitio patrimonial de carácter arqueológico e histórico, de enorme interés para la historia, la geografía, la  geología, la historia económica   y/o  la arqueología  regional y local.  

Si no hacemos algo en este sentido  y pronto, un día las generaciones venideras nos lo recriminarán, por no haber sabido defender lo nuestro: nuestra historia y nuestro patrimonio cultural. 

2 comentarios:

Jhon Jairo Castaño dijo...

GRACIAS POR TODA SU AYUDA PARA SABER MAS SOBRE LAS MONEDAS MACUQUINAS

Dr. Horacio Larrain Barros dijo...

Estimado Jhon Jairo:

Me preguntas por datos adicionales sobre las monedad españolas del siglo XVIII llamadas "macuquinas".

Como yo soy un arqueólogo y no soy un experto en el tema, te remito a mi amigo Edgard Lima, que vive en la ciudad de Iquique (Chile) quien seguramente te podrá ayudar en tus inquietudes por saber más. Sus señas son: reyleon44@hotmail.com

Escríbele de mi parte.

Estoy seguro que te va a ayudar bastante.

Avísame cómo te fue.

Dr. Horacio Larrain