viernes, 9 de noviembre de 2012

Un testigo de la historia de Huantajaya: Francisco Javier de Mendizábal en 1807.



En el año 1807  don Francisco Xavier de Mendizábal, Sargento Mayor de Brigada de Ingenieros,  envió al rey de España esta extraordinaria  ilustración a color del emplazamiento del Mineral de plata de San Agustín de Huantajaya, junto al puerto de Iquique. La leyenda que acompaña a este Plano  se inserta íntegra en este capítulo con varias notas nuestras. Estas notas, de índole eco-cultural en su mayoría,   tienen por objeto clarificar ciertos aspectos reseñados por el autor y  que no son  fácilmente comprensibles o inteligibles  a primera vista para el lector común. 

Esta copiosa leyenda es muy rica en información tanto histórica, como geológica, geográfica  y antropológica, razón por la cual hemos  querido insertar aquí su  texto completo, tal  y  como lo leemos  en el grabado adjunto.  Su estudio y transcripción fue anteriormente realizado por el Dr. Jorge Hidalgo Lehuedé en su trabajo titulado: " Proyectos coloniales inéditos de riego del desierto: Azapa (Cabildo de Arica, 1619); Pampa Iluga (O´Brien, 1765) y Tarapacá (Mendizábal, 1807) y publicado después  en la  revista Chungará,  N oº 14, pp. 183-222, Instituto de Antropología, Universidad de Tarapacá, 1985. 

Este artículo, sin variantes,  fue nuevamente inserto en la obra del mismo autor titulada: Historia Andina de Chile," Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 2004, Capítulo 16, páginas 355-356 y  376-378. 


Vista del cèlebre mineral de Huantaxaya
Nº 1 Bocas Minas con sus desmontes. Nº 2   Yglesia fabricada de Tablas.


Texto  completo de la leyenda del grabado, transcrito a la letra

(Cada párrafo nuestro, separado uno de otro por líneas diagonales, es una línea completa en el original manuscrito.  Abajo, se insertan las Notas nuestras al texto).



“El Mineral de San Agustin de Guantaxaya (1)  situado a los 20º 16 ´de Latitud Austral (2) se halla a dos Leguas cortas del Puerto de Yqueique (3) en una serranía algo elevada lo que causa un Temple de los más benignos que se puede apetecer, particularmente el verano, refrescan / 


dose por los Vientos del mar  (4) los ardores de la Estación; pero tan vellas cualidades se contrapesan con la espantosa aridez que se presenta a la vista no permitiendo lo poco que llueve y los Antimonios  y  Sales del terreno por otra (5), no permitiendo que crezca verdura alguna que pueda recrearla (6). Este portento /


de la Naturaleza por la extraordinaria  Riqueza de sus vetas y por las Papas de plata pura que se han hallado en varias ocasiones  (7), fue descubierto por el año 1717 (8) por un Yndio  (9) quien lo manifestó a D[on] Juan de Loaysa  y Valdés (10) el que reconocida su mucha Riqueza emprendio el Travajo,  que se ha- /

lló poco profundo y a tajo abierto, manifestando labor de los Antiguos (11). Continuóse éste por algunos años extrayéndose Metal en tanto grado que D[on].  Bartolome de Loaysa, hijo del Descubridor,  de un tajo  de   veinte y dos   varas de largo  (12) y poco profundo sacó  un total de Cincuenta y cuatro mil Marcos  (13)/

de plata pura, àsegurandose que los travajadores  robarían más de  treinta mil. Con el transcurso del tiempo haviendose acabado estos Bolsones de Plata que se hallaban casi superficiales  y emprendido el trabajo en otras Labores más profundas,  se hallaron los obstáculos de la mucha dureza de /

la piedra en que se cría el Metal, (13)  como el de dirigirse las vetas hacia el centro del Cerro, y la propensión de interrumpirse estas con los bancos de piedra  que las cortan y apartan algunas varas de su Dirección,  bien que siguen otra paralela a la primera;  lo que ha sido causa para que por /

los crecidos travajos que ocasionaban no se hallan seguido los travajos con la actividad de antes ((14) por eso se dedicaron a buscar las ricas Papas de plata que sin exemplar de otros Minerales del Reyno produce éste. Son estas Papas unos congelos de Metal puro que se crian  entre las capas,  y Panizos de la /

tierra, manifestando los activos vapores, manifestando la experiencia que  sobre los cruceros de éstas, se han encontrado algunas  [papas] de crecido tamaño siendo la mas notable la que el mismo D. Bartolome de Loaysa remitió a Potosí que pesó treinta y dos quintales (15) perdiendo solo media /

onza (16) en [cada] marco (17) [de plata]. De esta misma especie se han visto en nuestro Gavinete  de Historia Natural y en el Año de 1794 (18). Remitió a S[u].M[agestad].  el Administrador general que fue del Real Tribunal  de  Mineria D  Francisco de la Fuente y  Loayza  una Papa que peso catorce Arrobas (19) y se avaluó su Ley a siete Pesos /

y medio el Marco. De veinte años a esta parte(20) ha llegado á su colmo la decadencia del Mineral, proviniendo esto de que habiendose los Mineros  retirado  a disfrutar en parages más cómodos para la vida  el caudal sacado aquí no han quedado  sujetos de facultades (20) que puedan sostener los crecidos gastos /

que ocasionan la escasez y carestía de los alimentos pues hasta el agua se trae de ocho y diez leguas(21) y  la profundidad a que se hallan en la actualidad las labores antiguas.  Así solo los caballeros Fuentes (22) sucesores del Descubridor, son los únicos que mantienen un trabajo actibo y constante en sus labores. Para remediar /

esta carestía y facilitar la molienda de los metales,  con algún ahorro,  se había pensado y propuesto por los vecinos de aquel Partido un Proyecto de traer aguas desde las cordilleras más próximas hasta un lugar llamado Yluga distante ocho leguas del Mineral a fin de cultivar algunas tierras  y formar Yngenios (23) /

pero haviendome desengañado por el reconocimiento que he practicado de estas cordilleras  (24) de orden del Excmo. S. D. José Fernando de Abascal de la imposivilidad de conducir dichas aguas en cantidad suficiente para los fines propuestos y estimulado del deseo de  hacer útil mi viage aprovechando los /

socorros que ofrece la Naturaleza para fomentar este poderoso Mineral que aún está intacto en su mayor profundidad y en   cerros inmediatos, he hallado ser posible valerse del viento fuerte que corre en la dicha llanura para elevar las aguas de los Pozos  que hay en ella   a fin de regar  porciones  considerables de   tie /

rras (25)  formando al mismo tiempo Yngenios movidos por el propio agente (26) para moler los metales con mucho ahorro de los actuales gastos,  presentando del efecto de los modelos de las máquinas sencillísimas  que propongo y calculado sus efectos con atención al experimento de la fuerza del viento  que es de /

veinte onzas contra una superficie de un pie cuadrado con una velocidad de veinticuatro pies y diez pulgadas por segundo  (27). Por este medio tendrá el mineral del auxilio de alimentos, próximos, y el de las recuas de mulas, que se aumentaron para la más economica condución [sic!] de los metales a los ingenios (28)  y se /

saca utilidad aun de las vetas más pobres de tal que ahora  no costeán los grandes gastos que causa su beneficio, si a eso se agrega la formación de algunas compañías   que junten bastantes fondos para emprender nuevos labores, y se establece un banco para el rescate de marcos  ya sea de cuenta del /

real Tribunal,o de S[u]. M[agestad]  como en Potosí, se verá revivir la antigua riqueza de este asombroso mineral, que se halla en el día por falta de auxilios casi en estado de abandonarse (29). Huantaxaya, 28 de Diziembre de 1807.

                                                                Fran[cis]co Xav.[ie]r de Mendizábal

                                                                                 (rubricado)

(Aquí vamos a ir, en los próximos días,  agregando nuestras propias notas).

NOTAS NUESTRAS.

(1)  Durante  toda la época colonial  frecuentemente  fue utilizada   por los escritores la grafía:  "Guantaxaya".  La  "x"  era pronunciada como  "jota", y de ahí que México hasta el día de hoy se escriba con "x". Los documentos coloniales,  hasta bien entrado el siglo XIX, muestran gran imprecisión y libertad en el  empleo  de ciertas consonantes como la  "b" y  la "v",   o la "c" y la "s",  o aún  la " z", uso que quedaba al arbitrio del escritor de turno. Mucho más tarde,  la  Real Academia Española pondrá fin a tal "libertinaje" estilístico, estableciendo normas rigurosas de escritura para la lengua castellana.

(2)  La coordenada exacta es  parcialmente  diferente:  20º 13´S.

(3)  El puerto es denominado "Iqueique", en su forma y grafía más antigua. Ya sabemos que el topónimo es de origen puquina  (y no aymara como por  ahí se repite majaderamente)  y  vendría a significar, en su forma pluralizada, "los Señores", pues "iqui"  designaba   al "Señor" en la lengua puquina.  Desde los lejanos tiempos del cronista Gerónimo de Bibar   (1554)   la voz  "Ique-ique"   o "Iqueique"  se  mantiene vigente  hasta los inicios del siglo XIX, como lo prueba este testimonio de la época.

(4)  Estos vientos a los que alude aquí  el escritor, son los vientos alisios provenientes del  Sur y Surweste y  suelen salir por las tardes, cruzando velozmente  la cadena de cerros de la cordillera de la costa. Son los mismos que portan las nieblas costeras  cargadas de humedad  o "camanchaca".  Estas nieblas se hacen también sentir en los cerros de Huantajaya y humedecen algo el suelo, tal como lo describe gráficamente don Antonio O´Brien en su Descripción de Tarapacá (1765).

(5) Referencia explícita  a la casi total ausencia de precipitación en la zona y a la existencia de costrones de sal en el terreno. De estos costrones salinos fueron hechos  muchos de los muros de las viviendas de los operarios. La expresión "antimonios",  nada tiene que ver  aquí con el elemento químico "antimonio",  de símbolo Sb ,  que fue usado para dar mayor dureza  a ciertos metales como el plomo.

(6) En efecto, en los cerros de Huantajaya no crece hoy planta vascular alguna, ni siquiera hemos encontrado especies de  líquenes en sus cimas más altas, tal  era y  aún es la esterilidad de estos terrenos.

(7)  Referencia a las ricas "papas" o masas  de plata  pura, descubiertas de tanto en tanto, en las labores de los cerros de Huantajaya  y  que tanta celebridad dieron a este yacimiento.Numerosos autores españoles  ya desde los tiempos de Pedro Pizarro, el conquistador, se refirieron frecuentemente a este tipo de hallazgos (Vea en este mismo  Blog algunos capítulos nuestros  anteriores dedicados a los tópicos: Papas de plata,  Huantajaya, Antonio O´ Brien, Minería colonial, Mineros de Tarapacá, Economía de Tarapacá).

(8)  Hay distintas versiones , en parte encontradas,  respecto a quiénes fueron los antiguos descubridores y  sus fechas precisas. El Deán Echeverría.  de la ciudad de Arequipa en el año 1804   señalaba que su descubridores fueron los portugueses  desde Arica, por los años de  1556. Otros, como  Mendizábal en nuestro texto,  hacen referencia al indio Domingo Quilina  quien en 1717  habría  dado la información exacta del paradero de esta mina a don Juan de Loayza, quien reinicia las labores. Por otra parte, sabemos hoy por el testamento de Lucas Martínez Begazo,  el primer encomendero de Tarapacá, que   él personalmente trabajó estas minas  ya en la década del 40 del siglo XVI, y tuvo allí  en sus labores  a varios esclavos negros a su servicio, como lo atestigua el testamento publicado por el historiador peruano Efraín Trelles. (en la Revista "Historia",  Universidad Católica de Chile, 1988: 267-293).