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viernes, 8 de noviembre de 2013

Una excavación fortuita: hallazgo de un entierro humano en Playa Temblador en Mayo del año 1980.

Fig. 1.  Extremo sur de  Caleta Temblador, en Mayo del año 1980  (Foto Nazareno Carvajal).

Pretendemos mostrar aquí,  con datos de primera mano obtenidos por nosotros  en el mes de Mayo del año 1980, los resultados de una exploración nuestra en un conchal prehispánico en la terraza marina superior (Te-3) de la Playa o Caleta Temblador, situada  en el extremo Norte de la IV  Región de Chile, a unos 75 km al  Norte de la ciudad de La Serena. 

Nota:  En nuestra explicación,     T   (T-1, T-2) designa la numeración de  la terraza marina correspondiente.  Te  (Te-1, Te-2)  designa,  en una sigla,  el área Temblador y el número respectivo de sitio arqueológico.  

Hace treinta y tres años.

Hojeando viejos Diarios de Campo míos (Volúmenes XIV,  XV, XVI  y CA-1)   de los años  1980 y 1981  en los que se incluye referencias a  mis primeras investigaciones y trabajos sobre la niebla o camanchaca costera en esa zona,  me encuentro súbitamente con datos preciosos, ya casi olvidados, relativos a un hallazgo arqueológico casual  hecho por nosotros. En efecto,  en mi Diario de Campo Volumen  XV, del año  1980,  incluí una referencia  explícita con fotografías,  al entierro humano prehistórico hallado casualmente en Caleta Temblador,  en la terraza marina sur, muy cerca de la playa, a unos  15 m. sobre el nivel actual del mar.

El científico debe  dejar testimonio escrito de sus hallazgos.

Como no quisiera que esta información desaparezca y se pierdan para siempre sus referencias, -como ocurre  casi siempre en estos hallazgos ocasionales-   he decidido reeditar en este capítulo del Blog todo lo escrito por entonces en mis Diarios privados,   más mis recuerdos personales de esas fechas, escaneando al efecto  viejos textos y fotografías, y rastreando en las ya ajadas páginas de varios de mis viejos  Diarios de Campo. Considero que, aunque  se trató de un hallazgo absolutamente casual -pues el objetivo era diferente-    debe quedar registro del mismo para la ciencia antropológica del futuro. Tal vez los arqueólogos y los antropólogos físicos del futuro nos lo agradecerán.  Si por largos años no quise  dar cuenta detallada de  este hallazgo, es porque no había,- como hoy-  procedimientos sencillos de edición  de material fotográfico, como son hoy los Blogs, herramienta  heurística maravillosa para el científico moderno que sepa sacar partido de  ella.

El descubrimiento de este entierro prehistórico fue enteramente casual. Lo que empezó siendo una minúscula calicata de carácter eminentemente geográfico para determinar la profundidad del conchal,  terminó en una auténtica excavación arqueológica de salvamento o salvataje. Al aparecer un  esqueleto humano, hubo necesariamente  que proceder a su rescate. Fue lo que hicimos.  Aquí contaremos, pues, con lujo de detalles, esta increíble historia que transformaría en buena medida  mi vida de antropólogo, convirtiéndome en un eco-antropólogo.



Fig. 2.  Caleta o Playa Temblador según imagen obtenida del Google Earth, en el extremo Norte de la IV Región de Chile y a unos 75 km al N. de la ciudad de La Serena. (Coordenadas UTM: 276.097 E y 6.736.791 N).  Se muestra,  mediante la flecha color amarillo, la ubicación exacta del lugar del hallazgo del entierro prehispánico en  el extremo sur de la terraza marina superior  (Te-3) situada al  extremo sur de la playa.

Conchales prehispánicos.

Llegamos tarde aquel 1º de Enero de 1980 a Temblador. Apenas pude encontrar, en la creciente obscuridad,  un sitio apto para  instalar nuestro camper Volkswagen color azul, en que viajábamos  mi mujer y mis dos hijos pequeños, María Cristina y Carlos Larrain Mardorf.  Alejándome del mar y sus posibles marejadas,  nos instalamos en el extremo sur de la playa en una terraza marina elevada unos  10-12 m por sobre el nivel del mar.
Al día siguiente,  muy temprano, me levanté para recorrer los alrededores. No había dado  diez pasos, cuando en el suelo ví un fragmento de cerámica indígena. Alrededor, infinidad de conchas, fragmentos de piedras trabajadas y  lascas de sílex,  delataban la presencia de un antiguo asentamiento indígena ¡Era exactamente  la pista que necesitaba!.  Nos hallábamos, sin haberlo pretendido,  al borde mismo de un gran conchal arqueológico.  En los días en que aquí  pasamos, gozando del  agua tibia y del suave oleaje, recorrimos con mis hijos toda el área. El conchal arqueológico no nos llamó al principio particularmente la atención, pues  éstos se encuentran prácticamente en todas las playas y caletas del Norte chileno, doquiera los antiguos changos y sus ancestros lejanos los pescadores del Arcaico, habían merodeado  en busca de sustento.

Entusiasmando a los colegas geógrafos en Santiago.

Al volver a Santiago, planteé a mis colegas del Instituto de Geografía de la Universidad Católica, al que pertenecía desde el año 1973, la posibilidad de  estudiar la niebla  en esta zona que me parecía  muy promisoria. Mis visitas durante esos días  al bosque de eucaliptus  (Eucaliptus globulus) , situado en la cima del Cordón  (donde  había existido una mina de hierro  ya abandonada, El Tofo)  me convencieron muy pronto de la enorme potencialidad hídrica del lugar. En efecto, allí se depositaban, en pleno verano, todos los días, las densas nubes saturadas de agua, las que producían a través del  follaje de pinos y eucaliptus,  una verdadera lluvia menuda todas las tardes. ¡Era el milagro del agua en el desierto!.

Así,  se planificó una pequeña expedición de reconocimiento  para el siguiente mes de Mayo al  mismo lugar, con Pilar Cereceda, geógrafa y climatóloga y un grupo de sus alumnos de la carrera de Geografía. Surgió el audaz plan  -que consta en mi Diario de Campo tomo XIV  en varias de sus páginas- de intentar  captar la niebla y "ordeñar" las nubes rasantes.  Fue el comienzo de una gesta memorable.

Nuestro contacto con la Universidad del Norte y sus expertos.

Para ello, nos pusimos prontamente en contacto con el  físico Carlos Espinosa Arancibia, que había sido mi colega en la Universidad del Norte, Antofagasta, (entre 1963-65)  y que era reconocido como el gran experto en este tipo de investigaciones.  Don Carlos nos prestó una  generosa ayuda, enviándonos copias de todos sus trabajos sobre captación de niebla.  Fue el momento en que nuestro alumno geógrafo, recién egresado, Nazareno Carvajal,  se decidió, bajo la  experta guía de don Carlos, a construir un atrapanieblas en forma de cilindro, de  1 m de alto y provisto  de centenares de hilos  muy finos de polietileno,  el que probaríamos en nuestra expedición del siguiente mes de  Mayo 1980.

El escenario de los hechos:  localización geográfica.

La caleta Temblador se abre algo al Norte de la Caleta Totoralillo y es una  playa que muestra escaso oleaje en su sector extremo sur, bien protegido por un promontorio rocoso que  lo defiende bastante bien de los vientos de sur. Tiene un acceso por tierra a través de una  mala huella que por el ángulo  extremo derecho de la fotografía, (Fig. 2)   va a unirse con la Panamericana Norte, antes de remontar  el Cordón Sarcos (Cuesta de Buenos Aires). Otra huella de tierra comunica, por el Norte, Caleta Temblador con la vecina Caleta Chungungo, pueblo pescador de unos 300 habitantes en esa época, y  que tuviera el privilegio de ser el primer poblado que se surtió de agua de niebla en Chile, gracias al empleo de captadores llamados "atrapanieblas". Nuestras experiencias de captación de agua atmosférica de la camanchaca en esta zona se iniciaron, precisamente, gracias  a la aventura aquí descrita, ocurrida   en las vacaciones de verano del año 1980.

Un lugar ideal para investigar la niebla.

 Aquel año "descubrimos", en los altos de los cerros de El Tofo, a unos  900 m de altitud s. nm  un lugar ideal para la captación de la niebla o camanchaca costera:  los corpulentos eucaliptus de El Tofo, destilaban agua, en forma de llovizna suave, en pleno verano,  como efecto directo de la condensación de la neblina!. Fuimos testigos directos del hecho, que  pasamos a relatar apoyados con lo escrito en mis Diarios de Campo de esas fechas. De esta experiencia   vital para nosotros, brotó la investigación  sobre la niebla en el Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Santiago (Chile).  Muy pronto, a poco de llegar a esa zona,   se desató en mí  la curiosidad por  visitar y recorrer  esas cumbres arboladas que la niebla casi  me impedía ver. A poco andar, esta curiosidad sería  el motor  para iniciar una aventura  que duraría muchos años de  mi vida: el estudio de la neblina costera.  La idea de cosechar la niebla y dar agua con ella a las caletas de pescadores costeros, nació precisamente aquí, justamente en estos días.  Aventura que juntos recorrimos con Pilar Cereceda y  sus alumnos de Geografía de la Pontificia Universidad Católica y que, increíblemente, aún  perdura.


Circunstancias  del hallazgo.

Caleta Temblador es una pequeña playa de suaves  y exquisitas  arenas, situada inmediatamente al sur de la antigua dársena de El Tofo, desde donde se exportaba el mineral de hierro  extraido de las alturas de los cerros de  "El Tofo". (Vea Figura 1, tomada de Google Earth). El geógrafo Luis Riso Patrón la describe así en su Diccionario Jeográfico de Chile, (Imprenta  Universitaria, Santiago 1924, página 873):   "Es pequeña, desabrigada, ofrece mal desembarcadero i se abre al N. del puerto de Totoralillo",  y señala sus coordenadas geográficas  como:   29º 28´  S  y 71º 20´ W. Se encuentra en el extremo Norte de la IV Región al pie del Cordón Sarcos  y en el rumbo Weste de la actual Comuna de La Higuera, bastante apartada del trazo de la actual carretera Panamericana. Para  encontrarla, es preciso tomar una mala huella que, desde el  pie  sur de la  "Cuesta de Buenos Aires", enfila directamente  hacia el poniente, esto es hacia la costa. Pronto se llega a Totoralillo, playa pedregosa,  antiguo lugar de embarque  del mineral de hierro y, algo más al Norte,  aparecen algunas pequeñas aguadas de agua dulce,  dotadas de algunos viejos perales  a cuyos márgenes  se ven aún  ruinas de viviendas y recintos. Aquí vivieron pastores y  pequeños agricultores.  Así apareció a nuestra vista, aquel 1º de Enero, Playa o Caleta  Temblador.

Descubrimiento de Playa "Templador".

Conocimos  Caleta Temblador  durante los días 1 al 4 de Enero del año 1980,  por una muy extraña y casual  circunstancia. Habíamos disfrutado con mi familia y mis dos pequeños hijos María Cristina  de diez años y Carlos Horacio, de  siete,  de unos días de descanso en carpa  en  "Puerto Viejo", deliciosa  playa situada al sur de la desembocadura del río Copiapó. Al tercer día de estadía,  una  feroz marejada  barrió con las frágiles cabañas de pescadores y mariscadores y con algunos vehículos de veraneantes allí apostados como nosotros. Nuestro Camper Volkswagen de color azul, estuvo a punto de ser tragado por el mar. Nos salvó milagrosamente el hecho de habernos instalados en una duna,  a una mayor altura y algo lejos del mar. Otros vehículos tuvieron peor suerte.  Alarmados y temerosos, abandonamos al día siguiente muy  temprano el lugar para buscar alguna otra playa tranquila donde poder reponernos del susto pasado y proseguir  nuestras vacaciones.

Unas vacaciones  inolvidables.

Alguien- no recuerdo quien- nos sugirió una playita llamada "Temblador",  situada al pie de los cerros de El Tofo. Con cierta dificultad dimos con  el lugar  y acampamos allí  en una terraza marina algo alejada del borde del mar. La playita estaba enteramente solitaria y sus blancas arenas  invitaban a un delicioso descanso. Mi propósito  fue, de inmediato, salir a recorrer los alrededores y ver si había moradores por ahí cerca a los cuales  pedir información  sobre el lugar y, eventualmente,  conseguir de ellos  mariscos y/o pescado. Una sencilla cabaña de pescadores, no lejos de la playa, nos  hizo llegar a sus moradores de apellido Rivera, unos jóvenes motejados en la zona como los "Hermanos Coraje".  Vivían con su padre y eran mariscadores y  pescadores;  tenían, además,  un pequeño hato de cabras  como único medio de sustento. Pronto serían nuestros expertos guías en el área. De ellos y de su padre aprendimos mucho en aquellos pocos días, acerca de la ecología, botánica y forma de pastoralismo de ovinos  y burros en  la región.

Nuestras observaciones arqueológicas en Mayo 1980.

Los croquis y fotos que siguen, fueron hechos en terreno unos meses más tarde, en Caleta  Temblador, en nuestro viaje de exploración geográfica  del 1 al 4 de Mayo de 1980.  En enero de ese año, habíamos "descubierto" el sitio de  Temblador; ahora  íbamos a   hacer dos descubrimientos simultáneos:  el conchal  arqueológico con su entierro y, además, la certidumbre  de que esos cerros vecinos podían producir agua, por efecto de la condensación de la camanchaca costera. En este capítulo, nos referimos tan solo  al descubrimiento arqueológico de una mariscadora indígena, de hace unos  5.000 años atrás,  que fuera  enterrada en uno de los dos conchales descubiertos. En un próximo capítulo,  narraremos la epopeya de  la instalación del primer "atrapanieblas" : un gigantesco cilindro provisto de centenares de hilos de polietileno.   Arqueología  y geografía se daban por fin  la mano, en un objetivo común que, con el correr de los años, se convertiría en un  ambicioso Proyecto.

Las terrazas marinasPágina de mi Diario de Campo, tomo XIV p. 5 (1-4- Mayo 1980).

 Fig. 3. Croquis  general del área del conchal  Nº 2 desde el punto de vista geomorfológico. Se detectó aquí la presencia de  tres terrazas marinas . La T3  (o Terraza-3) corresponde al área de playa actualmente bañada  por el mar. La T2  (o Terraza 2)  es la terraza  plana inmediatamente superior, fuera del alcance normal de las olas. y la T1 (o Terraza 1)  es la más alta, situándose a unos  15 m por sobre el nivel actual del mar.  Al conchal le calculé una superficie aproximada  a los 1.670 m2. No había afloramientos rocosos en el área misma del conchal, pero sí  y muy potentes  en sus costados S y SW. Este croquis posee una escala gráfica que permite calcular su superficie y medidas.  En este conchal no se realizó  ninguna perforación o pozo de sondeo.  El descubrimiento  se realizó en el otro (T-2)  según se puede ver en la Fig. 4.

Fig. 4. El conchal Nº 1.  (Página 3  de mi  Diario de Campo Tomo XIV, 1-4 de  1980). Croquis  hecho  en terreno que muestra la disposición de las  terrazas marinas, la forma del conchal arqueológico  y el  lugar exacto de la excavación y del entierro humano en el  sitio Te-1. Se indica en este dibujo  las rocas que rodean el conchal y los puntos exactos  donde se halló algo de cerámica arqueológica de estilo diaguita clásico y cerámica culinaria, corriente. Estos fragmentos  cerámicos se muestran en detalle en las Figs. 4  a   6 (siguientes). El lugar del entierro se señala con un pequeño cuadrado color negro   ("Entierro")..

Cerámica decorada hallad  in situ.

Fig. 5.  Fragmento de cerámica diaguita clásico hallado en la superficie. (de aproximadamente  4 x 4 cm). Presenta diseños geométricos color rojo y negro sobre pintura blanca. Este tipo de diseños y  los colores usados, son característicos del  estilo diaguita clásico, que tiene un área de distribución desde Copiapó hasta el rio Choapa, aproximadamente.  Su suma escasez (único fragmento hallado, revela claramente que la ocupación diaguita fue aquí  tan solo casual o esporádica.


Fig. 6.   Reverso de los tiestos cerámicos. El  tiesto de color blanco, corresponde a la Fig. 4  (reverso). Los otros fragmentos corresponden, probablemente, a ollas comunes,  sin decoración.



Fig. 7.   Ampliación  de tamaño del tiesto que aparece en la  Fig. 5. Muestra muy  bien la gruesa capa de pintura blanca aplicada directamente a la superficie del ceramio, al parecer  sin aplicación de engobe previo.


Descripción del conchal   Nº 1 según mi Diario de Campo.
  
Fig.  8. Página 4 de mi Diario de Campo, tomo XIV, pp 2-7 (1-4-Mayo 1980).  Descripción detallada del   conchal arqueológico estudiado (Tomo XIV, 1980:  7).


 Fig. 9. Página original de mi Diario de Campo (Tomo XV: 40-41).  Fotos del lugar y  del proceso de excavación tomadas en Mayo de 1980.  Se muestra, arriba, una  vista  de la playa  pedregosa de Totoralillo,  con sus dos característicos islotes. Vista desde el NE. Abajo,  foto tomada a Horacio Larrain en la faena de excavación  el día  2 de Mayo del año 1980, con motivo del descubrimiento casual  del entierro humano en el conchal arqueológico   de la terraza sur de Temblador.  (Fotos Nazareno Carvajal).


Fig.  10. La terraza marina  sur de Playa Temblador y el conchal arqueológico de la terraza superior  o más alta (T-1) donde  fue hallado el entierro  humano aquí descrito. Vista desde un promontorio más elevado,  al Oeste del yacimiento. Al fondo, arriba,  las nubes bajas de de la camanchaca  inundan  ya los cerros  de el Tofo, desde aproximadamente los  350-400 m de altitud. (Foto Nazareno Carvajal,    Julio 1981).

Análisis de suelo practicado e  el pozo de sondeo.

Fig.  11.  Detalle del resultado del análisis de suelos practicado por el  agrónomo Ricardo Honorato,   de Agronomía de la Universidad Católica, en  materiales en contacto con el   entierro humano del conchal arqueológico en Te-1, tal como quedó incorporado en mi Cuaderno de Campo. (Diario de Campo de H. Larrain,  Tomo XIV: 40).

Estudiando el espesor  y densidad de los conchales.

No fue por  esas ya lejanas  fechas  nuestra primera intención  hacer un trabajo arqueológico propiamente tal, sino, más bien, estudiar desde un punto de vista geomorfológico y biogeográfico, los asentamientos humanos que conocemos en Chile como "conchales" (en México se les llama  "concheros").  Me intrigaba su localización y el examen y detección de los recursos que podían  tener a la mano sus moradores. Es decir, me interesaba -como todavía hoy me interesa muy especialmente-  contribuir a hacer una "eco-antropología" del poblamiento costero primitivo, cuando se  dependía únicamente de  vertientes o pequeñas aguadas costaneras.  De ésta y semejantes observaciones costeras, brotará,  muy poco después,  un artículo nuestro que fue  publicado en una  casi desconocida revista bajo el título de “Variables hídricas y geomorfológicas que condicionan el asentamiento humano en la zona litoral del Cordón Sarcos, IV Región, Chile”, Revista CODECI (“Corporación para el Desarrollo de la Ciencia”), Nº 2, Fascículo 1, Enero-Marzo 1982, Santiago, pp. 3-35.  

En los párrafos  que siguen, y sirviéndonos como apoyo  de las fotos de la época,  presentaremos detalles de la excavación practicada en el  conchal de la terraza superior (Te-1)  de Playa o Caleta Temblador, a unos 11-12 m. sobre el nivel delo mar.  Copiamos el texto original de mis Diarios de Campo:

Vol. XIV:  1-7 (6-05-1980.  Escribí así:

 "Inicio este Diario  mirando retrospectivamente a nuestra expedición a caleta Temblador, del 1º al 4 de Mayo 1980.  Perdí, por desgracia, el Cuaderno de Campo anterior, tal vez en Chungungo o Temblador. Por lo que no me fue posible anotar todo en terreno. Con todo, redacté, en base a notas de terreno, una detallada relación de las observaciones recogidas y de la excavación  arqueológica.  En la "bolsa" , en estas páginas, se contiene el relato de 13 paginas de esta descripción detallada. Se anexan los croquis de los dos Conchales  Te-1 y Te-2, que corresponden a la descripción aquí incluida". (Nota  mía hoy:   Este relato de  13 páginas no se halló en nuestro tomo correspondiente  Nº   XIV, y no lo he encontrado hasta ahora. Ojalá aparezca en algún momento.  Escribo esto el  27/11/2013 al transcribir fielmente este Diario y preparar para su publicación  esta sección  del Blog.

"Descripción del conchal Nº 1.

"Ocupa toda la terraza superior (15-17 m de altitud?)  en el sector Sur de la Playa Temblador, con un largo total de  aprox. 150 m.,  con un ancho variable.  (Vea Figura  señalada como  "Croquis 1"  en nuestra Figura 3,  más arriba).  En el sector medio presenta una lengüeta de prolongación, siguiendo un  leve plano inclinado de ascenso, de la misma terraza. Esta prolongación está casi interrumpida en  "X"   (Ver Fig. 3), donde  grandes afloramientos  rocosos impiden el asentamiento;  pero la continuidad del conchal hacia arriba, es evidente. Aproximadamente a unos  120-140 m.  del acantilado y en dirección del punto indicado  por la flecha  ( aquí aparece signo de flecha), se halla un abrigo rocoso de regular tamaño,  que presenta cavernas y túneles  interiores y que pudo albergar a muchas familias. El piso del abrigo, tras breve inspección, reveló la existencia de elementos culturales. Valdría la pena hacer aquí una excavación en regla. Hay indicios de ocupación esporádica reciente por parte de mariscadores  o pescadores locales.

El sitio   (marcado con un cuadradito  negro en Fig  3  con el rótulo de "entierro"),  elegido para el Pozo 1, fue el que pareció de mayor profundidad de los estratos.
En B (Sector W) los trozos de rocas son muy grandes, elevándose  a 4-5 m de altura y ofreciendo una excelente vista sobre el conchal  (Vea Fig. 3, arriba). 
El conchal Te-1 está muy bien protegido  de los vientos del S y  SW."


Descripción del Conchal  Nº 2 (Te-2)



"El Te-2 (Conchal Nº 2) sigue a continuación del  Te-1  hacia el NE, adosándose estrechamente a la terraza superior  de los 15-17 m. (?).  Llega con sus elementos culturales hasta el borde mismo del acantilado que baja hasta la T-2 (2ª  terraza). Muchos elementos culturales se han desplazado, por erosión natural, por las laderas abruptas, hacia abajo. 

Sobre la superficie (en buena parte limpiada por la Municipalidad de la Higuera para establecer el camping moderno), hay escasa cerámica culinaria muy fragmentada. No se halló cerámica decorada aquí.
En Te-2 (2ª  terraza marina)  está el camping, donde hoy existen unas cuantas cabañitas, muy pequeñas ( de colores), y 4-5 duchas instaladas dependiendo de un gran tanque o depósito de agua que llenan los camiones cisternas de la municipalidad de La Higuera en los meses veraniegos de Enero y Febrero.
No excavé aquí, pero presumo que este conchal  sea, también, precerámico como  Te-1.
Su superficie total podría calcularse  en unos 1.608 m2 tomando en cuenta que cada cuadradito de matemáticas de este cuaderno es aprox., 7 x 7 m (= 49 m2)  Preferí tomar una escala de  1 cm.= 10 m..
Entre el Te-1   y el Te-2 (mucho más pequeño) hay un tramo sin ocupación (zona de  tránsito intenso por estrecharse aquí mucho la terraza (T1) de aprox. unos 30-40 m (no lo calculé en el terreno y es solo aproximado por el recuerdo" (Tomo XIV, pp. 6-7).


El Pozo de sondeo practicado.


El pozo de sondeo inicial de  20 cm x 20 cm  que tenía por objetivo -como se ha señalado-   buscar la profundidad del conchal, fue hecho el día 2 de Mayo del año 1880. El hallazgo del cuerpo humano se produjo al día siguiente. Por desgracia, el relato detallado, de 13  páginas de extensión,  que hice en esta oportunidad,  al parecer está perdido. Por otros antecedentes  y por datos del Catálogo de la Colección  H. Larrain   (Tomo  1-B, Catálogo, p.  22-23)  pudimos rescatar otros detalles de importancia que se presentan a continuación. Así sabemos que, tras el rescate del cuerpo, se profundizó  el pozo hasta los 60 cm.,  llegándose a una zona de piedras grandes (estrato estéril),  sobre las cuales habría sido  extendido el cuerpo.

Fig. 10. 

El  pozo inicial de  20  x  20 cm.  dio,  a poca profundidad   (a los 45 cm) , con la primera sección visible del esqueleto (fémures). Hubo que ampliar la excavación primeramente  hasta 1 m2    hacia el Sur, para rescatar el cuerpo completo y  como esto no fue suficiente, se volvió a ampliar en la misma dirección hasta que apareció el cráneo, quedando todo el cuerpo completo a la vista. Se usó, como es de rigor,  estacas y cuerdas. El esqueleto humano se encontraba enteramente extendido, orientado de Weste a Este  (cráneo mirando al Norte), en posición decúbito dorsal, y  con el cráneo levemente levantado, mirando hacia adelante,  como se aprecia en la Fig. 10.  A  medida que se hacía  la excavación con  ayuda de una pequeña  palita y  brochas, y antes de dar con el entierro,   aparecieron  en el pozo inicial de testigo de   20  x  20 cm.,  una punta de proyectil triangular, en forma de triángulo isósceles, alargada, en  sílex blanquizco sucio (opaco)    muy bien trabajada por ambas caras  (mide  4.8 cm de largo, por 2,1 cm de ancho máximo. Base recta). Aparecieron, en este primer sondeo, otras dos puntas de proyectil rotas, dos de ellas de base recta, de las mismas características de la primera  y otra, más pequeña. Al parecer,  no formaban parte del ajuar funerario.  (Foto Nazareno Carvajal, en  H. Larrain, Cuaderno de Campo,  Tomo XV:  40-41)

El entierro y su ajuar funerario.

Conservo afortunadamente un relato mío   que, con el nombre de "Observaciones complementarias"   fue agregado en hoja aparte  al Diario de Campo.  Estas Observaciones  explicitan  una aparente ofrenda funeraria depositada a 5 cm sobre el cráneo del difunto, en la forma de un paquete o conjunto moluscos bivalvos, llamados localmente "machas" (Mesodesma donacium), todas de muy pequeña talla. Se trataba de numerosas valvas que totalizaban 42 machas, la mayor de las cuales solo medía  5,5 cm de largo.Todas, a juzgar  por su coloración ocre, habrían sido previamente sancochadas o cocidas al fuego, como alimento para el viaje al más allá.   Parece obvio que se trató aquí  de una ofrenda simbólica. En el interior de la boca, que estaba entreabierta  un par de centímetros, se halló, igualmente, ejemplares de  machas pequeñas y  choritos (Perumytilus purpuratus).  Sobre el pecho,  (Vea  Fig. 10)   se le  había depositado una gran concha  solitaria del gastrópodo que en nuestro país  conocemos  como   "loco" (Concholepas concholepas),  molusco que hasta hoy  es consumido y es muy apreciado   en Chile.

Hallazgo de un pectoral  hecho en concha.

A un lado del cuerpo, junto al brazo  derecho, se halló como única ofrenda un pendiente o pectoral pequeño, elaborado en concha. De este hallazgo quedó constancia:

 Fig. 11.  Dibujo y tamaño  exacto del pectoral o pendiente  confeccionado en concha del molusco llamado  "choro zapato" (Choromytilus chorus).  El agujero es  muy pequeño (menos de 3 mm) pero permite pasar una fina cuerda para colgárselo al pecho, como probablemente  se usó.

Detalles del hallazgo  del pectoral o pendiente.

El pectoral o pequeño pendiente, cuyas forma y tamaño exacto  reproducimos aquí  (Fig. 11),  fue hallado en contacto directo con el cuerpo, entre las costillas y la mano derecha del difunto. Este adorno , el único del esqueleto, fue confeccionado  en concha de choro zapato (Choromytilus chorus)  y corresponde a la parte media  superior de una concha de esta misma especie. En efecto, las estrías  que muestra este pendiente  en su superficie,  corresponden con  gran exactitud a un ejemplar actual de la misma especie, hallado por nosotros en Caleta Temblador.   No hemos podido encontrar aún esta pieza de adorno en nuestra Colección, pero, afortunadamente,   en el Catálogo de piezas de las Colección  figuraba su diseño y medidas  exactas.  (Fig. 1).

¿Quién  pudo ser  el difunto?.

El esqueleto fue  entregado al Museo Nacional de Historia Natural en manos de Silvia Quevedo, curadora de la sección de Antropología Física.   El cráneo, en buen estado de conservación,  presentaba ciertas partes faltantes (en el hueso temporal y parietal)  y fue reparado  y reconstituido  por ella  con resinas especiales. Ella nos entregó un protocolo en el que señalaba que  se trataba de un esqueleto femenino, de una edad  calculada entre los  27 y 28 años.  El cráneo  se encuentra aún en nuestro poder (año 2013) pero debemos restituirlo al Museo Nacional de Historia Natural, donde quedó el resto completo del esqueleto en el año 1980.

A juzgar por las ofrendas, se trataba de una mujer  mariscadora a la que se le deja como ofrenda aquellos  moluscos que ella seguramente solía colectar  en la bajamar.  Machas y locos se colectan,  respectivamente ,en fondos arenosos y entre las peñas,  a muy poca profundidad.  Sabemos que las mujeres  de los pescadores eran excelentes mariscadoras y  aún buzos, por cotejo con los relatos  de tipo etnográfico que se conservan de los indígenas canoeros  Kaweshsqar o Yaganes  (Yamana), de los canales magallánicos.  Tal vez murió por un accidente  en el mar,   golpeándose en la cabeza,    en alguna de estas operaciones  de búsqueda de alimento.


Fig. 12.   En Caleta Temblador, en el mes de Julio de  1981, un año después de nuestro descubrimiento del sitio arqueológico. A  mi derecha, el Dr. Christiaan Gischler, hidrogeólogo  holandés, experto  de UNESCO  en Montevideo, de paso  hacia el Perú con ocasión de la realización  de un Encuentro de investigadores de la neblina. En esta ocasión, el grupo expedicionario al Perú  formado por chilenos y peruanos, entre los cuales se contaba el profesor Carlos Espinosa y  otros expertos de Santiago, pasó a ver  y conocer  la zona de Temblador y El Tofo  con el objeto de ver la posibilidad de  iniciar allí un gran proyecto de investigación de la niebla. Este Proyecto se concretaría unos años más tarde (1984)  con la instalación de un grupo de captaneblinas o atrapanieblas para surtir  con agua de la niebla  la caleta de pescadores de Chungungo, al Norte de  Caleta Temblador. (Foto Nazareno Carvajal).

Epígrafe.

Nuestra intención ha sido no tanto rememorar ese hecho de nuestra vida e historia  científica, sino más bien, entregar a los estudiosos del poblamiento costero un nuevo antecedente. Nos pareció de gran interés  el tipo de ofrenda funeraria (pectoral y  paquete de moluscos)  ofrendado a la difunta mariscadora de unos 28 años de edad.  Agregaré unas fotografías del cráneo restaurado que obra en mi poder y que pueden ser de interés para los antropólogos físicos.  No se tomó en la ocasión muestras para su análisis por  el método del C 14. Pero por la similitud  con otros hallazgos, que ostentan una disposición semejante de los cuerpos,  realizados en la costa (Punta Teatinos) por  el ingeniero arqueólogo Hans Niemeyer Fernández,  unos años antes,  se podría pensar en fechas del orden de los  4.000-4.500 A.C.  En tal caso, el hallazgo correspondería al período Arcaico, y  por tanto,  precerámico.  La cerámica en estos lugares -como se sabe-  viene a aparecer al menos un par de milenios después.  En el entierro estudiado, no se observó la presencia de trozos de redes o tejidos de  fibras vegetales, porque tal vez  éstas se descompusieron con el paso del tiempo. Porque el pectoral, seguramente, colgaba del cuello de la difunta, mediante algún tipo de cuerda vegetal, como se puede deducir de la presencia del perfecto agujero de algo menos de  3 mm practicado en el objeto.







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sábado, 2 de noviembre de 2013

Reviviendo el anteayer: romería a los viejos cementerios del mineral de plata de Huantajaya. Evocación y emocionado recuerdo.


                            
Fig. 1.  El desconocido "cementerio peruano" del Mineral de plata de Huantajaya, junto a la localidad de Alto Hospicio,  a unos 15 km al  oeste de la ciudad de Iquique. en el extremo norte de Chile.  Hace algunos años,  al estudiar in situ este antiguo mineral de plata de época colonial, con  nuestro ex alumno el  arqueólogo Víctor Bugueño García,  pudimos re-encontrar este cementerio, tras una  fatigosa pesquisa, del cual  casi nada era visible a simple vista: ni cruces, ni túmulos, ni menos aún los típicos  ruedos en cuadro, hermosas protecciones hechas con tablas labradas en pino oregón. Nada subsistía, al parecer.  Bases cortadas a ras de piso de postes, relicarios  o cruces, pálidas señas de un aplanado artificial y  de un muro de circunvalación en cuadro, nos dieron la pista para reconocer, sin género de duda,  la planta del antiguo cementerio.  William Bollaert, el químico inglés que trabajara en este mineral a su llegada de Inglaterra en el año 1925, en su grabado publicado en su obra del año 1860  (obra de su amigo George Smith),   había dejado entrever vagamente su ubicación, en la  parte baja del poblado minero,  y al oriente del mismo. Esa pista nos guió finalmente hasta dar con él.


1 de Noviembre, día de "Todos los Santos": una romería al pasado de Alto Hospicio.

Ayer,  1 de Noviembre de 2013, día que que la comunidad normalmente visita los cementerios y recuerda a sus deudos ya idos,  tuvimos el grato  honor de ser invitados, por parte  del "Programa Cultura local  del Consejo Regional de la Cultura y las Artes de Tarapacá"  y el "Departamento de Fomento Productivo, Turismo y Patrimonio" de la Municipalidad de Alto Hospicio,  a  tomar parte en una romería y Acto de homenaje  a los ignorados  sepulcros de los antiguos mineros y familiares, sepultados en el antiguo cementerio peruano y en el más reciente, chileno, ambos   en las proximidades del mineral antiguo de plata de Huantajaya. El Acto contó con el apoyo táctico de varios buses de la Municipalidad de Alto Hospicio, que  trajeron  a unas ochenta  o cien  personas al Acto.

El público y las bandas de música.

 Dos bandas musicales amenizaron el Acto  religioso del responso fúnebre: una banda de laquitas y otra de bronces, que tras la ceremonia religiosa del responso a las ánimas de los muchos trabajadores desconocidos  aquí enterrados,  interpretaron sendos cantos fúnebres, que resonaron lúgubres y solemnes, al son de lacas, trompetas y bombos, en estas  resecas y apartadas soledades pampinas. Toda la ceremonia revistió una gran solemnidad, silencio  y profundo respeto.  Algunos adultos,  venían vestidos a la usanza de la época (comienzos  del 1900) algunas damas,  de luto riguroso.  Después de hablar una de las encargadas de la "Brigada de Patrimonio Regional",  se nos pidió tomar la palabra. Aludimos a la larga historia del Mineral, a los miles de obreros  casi todos indígenas, que aquí trabajaron, sufrieron y murieron, a la riqueza extraída y al sufrimiento del pueblo trabajador, al respeto que merecen sus cuerpos momificados, aquí presentes. También se nos pidió  rezar por las almas de estos difuntos, todos ellos cristianos y bautizados,  que seguramente gozan ya de la vista de Dios.

 Fig. 2.  La banda de Bronces  formada por jóvenes músicos de Alto Hospicio, contratada para el Acto. (Foto H. Larrain).

Fig. 3.  Parte  de la concurrencia al Acto conmemorativo. (Foto H. Larrain).

Fig. 4. La Banda de Bronces en plena ejecución, frente al cementerio peruano antiguo. (Foto H. Larrain). 

Fig. 5. Depositando una ofrenda floral, en este caso una de las coronas de hojalata pintadas, confeccionadas  para el efecto por la Brigada  de Patrimonio (Foto H. Larrain).

Fig. 6. Participantes de la Brigada  del Patrimonio, autoras de las hermosas coronas de hojalata y papel  coloreado con las cuales vestirán hoy a  cada una de las tumbas.  (Foto H. Larrain).

Fig. 7.  Escuchando respetuosamente el responso fúnebre pronunciado por el sacerdote, Vicario del Obispado de Iquique, Pbro. Guillermo Gajardo. (Foto H. Larrain).

Fig. 8.  El conjunto de Laquitas  ejecutando una melodía fúnebre. A la derecha, una pareja de visitantes,  madre e hijo, vestidos de luto,  a  la usanza antigua. (Foto H. Larrain).

Fig. 9. A su llegada, los buses municipales que traían a los peregrinos. (Foto H. Larrain)

Fig. 10.  La  multitud  y los brigadistas  recorren  el cementerio para engalanar, una a una, las tumbas aún reconocibles de este Camposanto. (Foto H. Larrain).

Fig. 11.  Le gente empieza a hacer abandono del lugar. Las llamativas coronas quedan prendidas a las pocas cruces aún en pie. Ojalá se las respete por largo tiempo. (Foto H. Larrain).


Fig. 10. El cementerio cual lucía,   minutos antes de ser  engalanado. Quedará nuevamente  desierto y solitario, a la espera, tal vez,  de un nuevo día de Difuntos.

"Dios mío, Dios, mío:  ¡qué solos se quedan los muertos"!. 

Dolientes cementerios pampinos que el tiempo, la dejación humana  y el olvido estaban a punto de  ocultar para siempre entre las invasoras arenas del desierto.  Muchas de sus antiguas cruces, hechas otrora en tablas de pino oregón, faltan ya, fueron robadas o yacían destrozadas en el suelo.  Ya no quedan a la vista ni rótulos ni lápidas; sus  nombres  se los llevó el viento, el vandalismo  o el efecto demoledor de la camanchaca nocturna que literalmente borró sus nombres de  los maderos antiguos donde estaba inscritos. Del cementerio chileno,  que igualmente  hemos visitado en esta romería (donde hay cuerpos sepultados entre los años  1880 y 1930, aproximadamente), solo pudimos rescatar, en 1993,  una  sola  lápida, hecha en un frágil material calizo blanco,  semejante al mármol,   que recuerda el nombre de  doña  Dolores O. de Campos, fallecida   a los 51 años, el año 1900  (Vea en este mismo Blog nuestra  etiqueta "Huantajaya" y  el capítulo que lleva por título: "Cementerio colonial de Huantajaya: Visitas efectuadas en 1993/1994"; allí se puede ver  la foto y descifrar  la  leyenda de la única  lápida sepulcral que se ha podido salvar del olvido).  

Rescatando el pasado y haciendo conciencia patrimonial.

La idea  de  hacer revivir este pasado glorioso del Mineral, de rescatar para la cultura nortina  este lugar, otrora orgullo del patrimonio económico  regional, reconquistando un espacio histórico-cultural perdido o ignorado de la Comuna, surgió hace algún tiempo en  las mentes de Ignelia Patricia Fuentes, funcionaria de Turismo de la Municipalidad de Alto Hospicio y del arqueólogo  iquiqueño Víctor Bugueño García,  experto en arqueología colonial.  Un sitio como Huantajaya, insigne joya minera  del pasado colonial, no podía simplemente  sucumbir  al paso arrollador de la motoniveladora  o del cargador frontal.

Mineros ávidos de lucro fácil y rápido se habían apropiado, desde fines del siglo XX,  de este lugar histórico,  cuyo repositorio documental  archivístico entre los siglos XVI y XIX es mucho más rico y potente que el del propio Iquique o de  Tarapacá, el asiento y capital antigua del Corregimiento español. En la década de los 90 del pasado siglo, compañías mineras extranjeras y / o nacionales habían literalmente  masacrado la superficie de los cerros, arañándolo  y descuartizándolo, dejándolo "herido de muerte", con maquinaria pesada, quedando convertido en un  nuevo y fatídico campo minado, destruyendo de este modo gran parte de las evidencias superficiales del antiguo poblado minero, su asentamiento, su iglesia, sus calles   y sus antiguos cementerios de época colonial.  So pretexto de "explotación minera" y bajo el amparo de una Ley Minera  permisiva, (que aún nos aflige),  se quiso arrasar con el pasado, sus evidencias culturales y su magnífica historia de más de 500 años.  

¿Hay responsables del abandono patrimonial de Huantajaya?

¿Hasta qué punto las autoridades, los historiadores y arqueólogos que nos precedieron fueron los responsables de haber abandonado Huantajaya a su suerte, entregándolo sin resistencia a la codicia  minera, dejando este tesoro colonial en manos de SERNAGEOMIN  y sus decisiones unilaterales, estrictamente económicas?. ¿No supieron (¿o no pudieron?) ellos  levantar  a tiempo su voz de protesta, o, equivocadamente - como se sospecha-    juzgaron  que  nada de lo que allí aún subsistía,  merecía ser conservado y protegido para la posteridad, como rica herencia de un pasado glorioso?. ¿Descuido, negligencia  ograve responsabilidad?. Un día, qué duda cabe,  la historia dará su veredicto. Y tal vez, caerán cabezas.  Porque es evidente que aquí faltó decisión y valentía  por parte de aquellos que conocían perfectamente de su rica historia, que se remonta  claramente hasta  el pasado incaico, y  de la actividad extractiva minera de las primeras encomiendas de la zona en el siglo XVI. También,  de su riquísima  historia documental. aún oculta en archivos españoles. Historia  y documentación que habían  parcialmente  estudiado y analizado, sin embargo,  en sendos y doctos artículos de investigación. 


Fig. 10.   Poco o nada queda  a la vista del antiguo Cementerio peruano del Mineral de Huantajaya. El tiempo y las acciones vandálicas,  dieron cuenta de todo.  Por fortuna, existe en el archivo episcopal de Iquique un  documento inédito que nos entrega  un recuento exacto de todos  los  difuntos ahí inhumados, con indicación de nombres, sexo y edad, y  que fueron enterrados en este camposanto entre los años  1820 y 1880, aproximadamente.  Documento histórico de altísimo valor que urge estudiar y analizar para comprender mejor quiénes eran los operarios de la Mina por esos años  y de qué lugares procedían.  (Foto H. Larrain).

      
Fig. 11.   En el borde mismo del antiguo camposanto peruano,  el sacerdote oficiante reza el responso por el descanso eterno de las almas de todos  los cristianos aquí enterrados. La concurrencia observa y sigue el ritual en el más profundo silencio. (Foto H. Larrain).

                                   
Fig. 12.  Así lucía, en Enero de 1994, hace casi veinte años,  este abandonado cementerio chileno del Mineral de Huantajaya, cuando lo visitamos con el obispo de Iquique, Monseñor Enrique Troncoso  (en la foto). Ni una raída corona,  ni una sola descolorida guirnalda. ¡Nada, excepto unas cuantas cruces mal paradas!. Vista de S. a N.  (Foto H. Larrain).

Fig. 13.   En el cementerio peruano. Responso fúnebre  pronunciado  por el  Vicario de la Diócesis de Iquique, Presbítero Guillermo Gajardo, revestido de estola morada,  acompañado del joven arqueólogo Víctor Bugueño y el poeta iquiqueño,  Guillermo Ross Murray que oficia de sacristán. (Foto H. Larrain).   


Nuestros primeros  contactos con Huantajaya .

Cuando a partir del año  1993, a nuestra llegada a esta Región,  hicimos las primeras diligencias sobre el paradero de Huantajaya,  visitamos el lugar, aún palpitante entre sus ruinas,  y examinamos sus antiguos basurales, auténticos repositorios de bienes culturales del pasado colonial y republicano. Desde entonces, alertamos a nuestros alumnos de sociología y arqueología y a la Universidad sobre el valor incalculable de este centro minero antiguo, sus numerosos piques y socavones y sus antiguos emplazamientos aún perceptibles.  Y nos dimos muy pronto cuenta que  el lugar  debía ser protegido por Ley de Monumentos Nacionales 17.288, a pesar del despojo y destrucción operado, durante décadas, a manos de  mineros inescrupulosos  y voraces huaqueros. Estos últimos, se ensañaron de manera cruel  con los basurales más antiguos, hurgando entre ellos,  con pico y pala, (tal como lo han hecho y siguen haciendo en los basuras de las antiguas Oficinas Salitreras),  para extraer  unos cuantos bagatelas del pasado (botellas, canecos, zapatos viejos, naipes, objetos de cuero o hierro) que vendían  (y aún venden) a buen precio en la calle Tarapacá o en el Paseo Baquedano. Personalmente, rescatamos de esta desenfrenada codicia huaquera muchos objetos abandonados por ellos  a la vista, como inservibles para ellos,  los  que  esperamos dejar muy pronto en manos de algún Museo (ojalá en la zona misma),   para su futuro estudio, protección  y cuidado, para el fomento del respeto al patrimonio regional  y para  la formación de  futuras generaciones de hospicianos más conscientes, amantes  y responsables de su pasado y su valía.


¿Quiénes yacen  enterrados  (y seguramente momificados)  bajo los costrones de sal de Huantajaya?.

No ciertamente los dueños de estacas mineras, los ricos  mineros de Tarapacá  Pica o tal vez Huatacondo, que yacen sepultados en las criptas de las iglesias de Tarapacá , Camiña o Pica.  Aquí no encontraremos a los De la Fuente, los Loayza o los  Morales. Los que aquí yacen, eran sus obreros, pallaqueros o empleados subalternos que aquí vivían, sufrían  y aquí morían. Sólo ellos. Los patrones controlaban desde lejos sus pertenencias mineras viviendo cómodamente en su solares coloniales.  Aquí venían los operarios indígenas, forzados por la m´ita minera a  realizar sus tandas o turnos, que  duraban años. Aquí  recordaban con nostalgia a sus familias o  sus parientes que quedaron en sus pueblos a cargo de la familia,  del ganado y  de las chacras.  Sabemos por los datos que nos ofrecen algunos documentos tempranos cuánto ganaban  según el oficio que realizaban en el Mineral. Sabemos, también, que habían  obreros negros, mulatos y zambos y en su mayor parte , eran indígenas de ancestro aymara, quechua o puquina, que  eran obligados a cumplir la m´ita minera.  Estos son los cuerpos que tal vez un día serán estudiados para conocer su ADN y su origen étnico y racial.  El historiador  chileno Sergio Villalobos  ha publicado un excelente artículo sobre  las características de esta m´ita,   sus operarios  y sus pueblos de origen. ( Vea su artículo denominado: "La Mita de Tarapacá en el siglo XVIII", Revista Norte Grande, Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Vol. I, Nº 3-4, 1975:  301-312).

El pasado colonial de Huantajaya  en una apretada  síntesis.


No es del caso hoy traer a la memoria del lector la asombrosa riqueza de este mineral de plata, que asombró a cronistas y escritores coloniales los que motejaron el lugar como el "segundo Potosí de América". Tanta fue la fama de su riqueza. Desde Pedro Pizarro y Cieza de León,  hasta  Cosme Bueno  y  Alcedo y Herrera; desde El Virrey Toledo (hacia 1580)  hasta don Pedro de  Ureta y Peralta  a fines del siglo XVIII; desde don Francisco Xavier de Mendizábal que nos regalara un maravilloso grabado a color  que muestra el poblado  colonial y sus dependencias y construcciones. (1804)  hasta el químico inglés William Bollaert, (1856, 1860). Sobre lo que estos autores nos han transmitido de  Huantajaya y sus riquezas,  hemos escrito más de diez  capítulos en este mismo Blog (bajo las etiquetas  "Huantajaya", Mineros de Tarapacá", "Minería colonial",  Antonio O´Brien,  Pedro Ureta y Peralta, "Minería de la plata", "Francisco Javier de Mendizábal", etc.) .


 Y quedaron, reluciendo al  intenso sol  de la pampa , las nuevas coronas en recuerdo y evocación  cariñosa.

Y al dejar  hoy con pena estos camposantos de otrora, silentes y desiertos, cubiertos de arena y de polvo, aunque engalanados hoy con las relucientes coronas de hojalata y de papel hechas con cariño  por los miembros de la  Brigada de Patrimonio Cultural de la Municipalidad de Alto Hospicio, nos atrevemos a musitar,  respetuosa y quedamente,  aquella estrofa magistral del gran poeta que fue Gustavo Adolfo Bécquer (Rima LXXIII):

                               ¿Vuelve el polvo al polvo?
                                ¿Vuela el alma al cielo?
                                ¿Todo es vil materia,
                                podredumbre y cieno?.

                                No sé; pero hay algo

                                que explicar no puedo,
                                que al par nos infunde
                                repugnancia y duelo, 
                                al dejar tan tristes,
                                tan solos los muertos!.


Dios mío, Dios mío,  ¡qué solos se quedan los muertos!.

Este sentido homenaje busca dejar constancia y testimonio de la existencia de estos lugares patrimoniales, los cementerios pampinos, que no debemos olvidar por ser ellos parte vital de nuestra historia viva,  tanto o mucho más que los campos de batalla de una guerra fratricida.  Porque aquí, en este mineral de plata de Huantajaya, miles de hombres, mujeres y niños, trabajaron, sufrieron durante siglos y, finalmente, ofrendaron sus vidas por obtener para sus patrones: los ricos mineros de Tarapacá o Pica: los Loayza, los De la Fuente, los Morales,   el mineral codiciado que iría a llenar sus bolsillos y  las arcas fiscales españolas para cubrir los gastos de sus guerras y rencillas europeas.

Historia viva, escrita con sangre.

Historia viva, escrita con sangre, sudor  y lágrimas, en este desierto de Atacama, a lo largo de cinco siglos. Historia que no debe morir y que estos Camposantos y sus restos benditos, rememorados y homenajeados hoy, festividad  de "Todos los Santos", nos ayuden a mantener vivo el aprecio y admiración por la gestas de nuestros antepasados "ad perpetuam rei memoriam" ("para  recuerdo eterno de este  acontecimiento").


domingo, 27 de octubre de 2013

Agua oculta en el desierto más árido de la tierra: ¿cómo buscaban los viajeros el agua para surtirse y abastecerse?. Una solución ingeniosa.

Antecedentes.

Ha sido nuestra constante inquietud,  como algo inherente y propio de  nuestro enfoque eco-antropológico de la Antropología cultural,  el  investigar sobre  las antiguas fuentes de agua en el desierto y su uso por las comunidades humanas. ¿De dónde y cómo se las arreglaban los antiguos caminantes para abastecerse de agua en el cruce del desierto más árido de la tierra?. Era un enigma que había que resolver si se quería sobrevivir y, mucho más, si se quería  cruzar, en interminables días de travesía,  una extensa zona desértica, despoblada y aparentemente carente de  recursos. 


Fig. 1.  En el lecho seco actual de la quebrada de Sipuca  (Coordenadas  UTM 486183 E y 7654322 N) , al Norte del río Loa, los antiguos caminantes supieron  aprovechar el agua de los torrentosos aluviones (huaycos)  para  hacer pozos y así poder conservar, por espacio de varios meses, el agua fresca tanto para su propio uso  como para bebida de sus animales de carga. (Foto H. Larrain, 20/10/2013, tomada de Este a Weste). 

En pos del agua escasa.

En este capítulo del Blog exploramos este tema, de vital importancia para el habitante del desierto: la búsqueda de agua para beber. Aquí, aprovechando el  hallazgo fortuito de un pozo, aprovecharemos para reflexionar sobre  las maneras cómo los antiguos habitantes del desierto discurrían a fin de obtener el agua   mezquina o esquiva, desde el subsuelo de sus quebradas.

Las quebradas secas y los cursos esporádicos de agua.

Los geógrafos físicos y geomorfólogos distinguen alrededor 25 quebradas, de diversa potencia y tamaño, que desde la cadena montañosa de Los Andes  caen a la gran depresión intermedia o "pampa del Tamarugal"   (Börgel,  1975). La mayor parte de éstas, están siempre generalmente  secas a lo largo de todo el año y sólo  muy rara vez transportan agua, y tan sólo con motivo de la esporádica aparición  de  potentes "inviernos altiplánicos", en años de inusitada pluviosidad en la altiplanicie andina. Es lo que ocurrió  recientemente en   el año 2012. Al decir de  los habitantes de las quebradas,  en ese año 2012  ocurrió uno de los más potentes aluviones  de que se tuviera noticia en los últimos cincuenta o sesenta  años

  Algunos indicios, sin embargo, nos hacen sospechar que este reciente  aluvión  sería  el más grande  recordado desde aquellos ocurridos en el año del fortísimo "Fenómeno del Niño",  en el verano del año 1925, esto es hace  casi  noventa años.
  



Fig.  2. El lecho seco de la quebrada de Maní. Como se observa, la colada de barro, que se distingue por el reticulado  arcilloso impreso en el piso, fue arrastrada por la embestida inicial del aluvión, y llegó a cubrir todo el lecho de la quebrada, hasta alcanzar a las bases mismas de las antiguas viviendas, hoy en ruinas  (costado Norte de la quebrada). (Foto H. Larrain, octubre 2013.) 

¿Cómo podríamos saber  que el último  aluvión ha sido de los más intensos de la historia reciente? 

Primer argumento: la existencia de chasquihuasis o tambillos del Inca  destruidos por el aluvión.

¿Qué argumentos de peso tenemos en tal sentido?.  En nuestra opinión, hay por lo menos dos.  1) El primero,  muy concreto y elocuente, es  la reciente destrucción operada, en el lecho de la quebrada de Chacarilla, del tambillo o chasquihuasi del "Camino del Inca" que allí existía en el costado sur de dicha quebrada y que fue literalmente arrasado y borrado por el último aluvión (meses de febrero-marzo 2012). Hoy se observa en dicho lugar  solo un montón informe de grandes bolones de río, sin rastro alguno  de construcción  o muro. Este chasquihuasi  pudo mantenerse incólume e intacto desde los tiempos del Inca, por hallarse varios metros por sobre el lecho mismo de la quebrada. La información acerca de su existencia, hasta tiempos muy recientes (2011), nos fue suministrada por nuestro colega el arqueólogo y artista  Luis Briones Morales, experto conocedor del área tarapaqueña y su arte rupestre, de la veracidad de cuyo testimonio no dudamos. Por desgracia para la ciencia arqueológica, este precioso testigo del paso del Inca por Tarapacá, desapareció para siempre. Si contuvo -como suponemos al igual que otros tambillos-  restos culturales o cerámicos, éstos deben yacer hoy,  algunos metros  bajo tierra, sepultados por toneladas de  barro y limo arrastradas por los aluviones. 

 Segundo argumento: el alcance de las avenidas de agua.

 2) El segundo argumento deriva del alcance real alcanzado en la pampa por las coladas de barros y limos, arrastrados por este último  gigantesco aluvión hasta   alcanzar  la carretera panamericana N-S actual (Ruta 5),  invadiendo y cegando un antiguo pozo salitrero en el sector  del Pozo Londres (Salar de Pintados, frente a Estación Pintados) y amenazando seriamente la población actual y   los cultivos agrícolas y hortícolas de Colonia Pintados. Este mismo aluvión causó destrozos de gran consideración en las quebradas de Camiña, Aroma, Tarapacá, Quipisca, Quisma (Matilla), y Huatacondo,  y sería, según las personas mayores de edad el más devastador  y potente  conservado en la memoria de esta generación. Esta memoria histórica no es, sin embargo,  de muy larga duración, y rara vez logra sobrepasar los 100 años; esto es, no suele  superar la barrera de las cuatro generaciones de transmisión oral ininterrumpida de padres a hijos.  En viajes recientes,  hemos podido  comprobar cómo  el primer embate del aluvión del año 2012  -generalmente el más terrible y devastador- cubrió zonas  amplias de quebradas y,  en algunas más pequeñas, bajó  en forma impetuosa, compacta, cubriendo todo el fondo del lecho de la misma, de lado a lado, borrando en consecuencia todo rasgo de vida cultural anterior. Lo hemos detectado en la quebrada de Maní y en las de Piscala y Sipuca y otras más, al sur de Huatacondo. Ellas,  aunque corren profundamente encajonadas, muestran  un magro desarrollo espacial  que alcanza apenas  los   200 m. de ancho. 

En las imágenes que siguen,  analizaremos  este tema tratando de examinar  cómo se han ingeniado los antiguos pobladores para   obtener  y retener el agua para su propio consumo y el de sus animales. 

Estas imágenes fueron captadas por nosotros recientemente  en la quebrada de Sipuca, con motivo de nuestras investigaciones sobre el trazado del Camino del Inca. Esta  quebrada, totalmente seca hoy, es una de las más australes entre las que derraman sus aguas en la depresión intermedia o Pampa del Tamarugal. Casi exactamente en el medio de la quebrada, en un paisaje desolador, absolutamente estéril,  descubrimos gracias a nuestro cartógrafo, este pozo, quien lo creyera,  investigando a través del Google Earth,.como un posible recinto antiguo, en el piso de la quebrada  Llegar a este punto, maniobrando peligrosamente el vehículo por entre el cauce pedregoso del lecho seco, fue toda una proeza de nuestro conductor. La antigua huella de vehículos existente, fue totalmente borrada por el último aluvión. Reconocer el resto de la quebrada, aguas arriba, sólo resulta hoy  posible realizar  a pie, en fatigosas y extenuantes caminatas.

Fig. 3. El pozo practicado en el piso de la quebrada mide exactamente  4.40 m de largo por un ancho de  2,60 m.  Su profundidad actual es de 1,50 m. pero sin  duda fue más hondo,  ya que su fondo se halla hoy cubierto por numerosas capas de fino limo, procedente de las turbias aguas del aluvión. Sus muros fueron excavados a través del material de arrastre aluvional del cauce (arenas y arcillas) y, en su parte superior, se puede ver en nuestras figuras  hiladas de  "ladrillos" o "adobes" cortados  del mismo material, a fin de darle más altura.  Los imponentes muros de roca viva de la quebrada se alzan a unos 60-80  metros por sobre el lecho seco, testigos de un antiguo labrado, seguramente  de hace más de 200.000  ó 300.000 años.  

Fig. 4. En el muro opuesto a la regla gráfica, y a los pies del observador, se observa el hábil dispositivo empleado por sus constructores, para  recoger y hacer penetrar, desde el exterior,  el agua del aluvión al fondo del pozo para llenarlo. El pozo muestra señas de haber sido usado por arrieros con anterioridad al evento del último aluvión y fue protegido por un muro de tierra alzada,  evitándose así que se cegara  y colmatara.


                            
Fig. 5.  Fíjese en  la sección de ingreso del agua de aluvión a pozo, donde  se halla nuestra pequeña regla de  15 cm de largo. Por medio de piedras planas dispuestas  en cuadro, se confeccionó hábilmente una abertura de acceso del agua, la que podía ser tapada  a discreción cuando se necesitara.

                             
Fig.6. La abertura o "boca"  para el ingreso del agua  de aluvión, en el proceso del llenado del pozo.

Fig. 6. Las foto permite observar  las hiladas de "adobones" superpuestos,   cortados de las capas de lodo de procesos aluvionales anteriores. Atrás, una gran roca  solitaria, cual "piedra cansada", seguramente desprendida hace mucho tiempo del acantilado próximo, quedó aquí hundida en el fango de una antigua colada. Esta sección inferior de la quebrada, como lo ilustra la fotografía,   es absolutamente estéril y carente de toda vegetación.

Fig. 7.   El pie del muro   del acantilado rocoso,  se halla cubierto, en su parte media  baja,  por el derrubio causado por la erosión eólica  y pluvial y  allí se han formado pequeños conos de deyección  de aspecto triangular, en los puntos de descenso de las aguas de lluvia eventuales.


Fig. 8.  El pozo fue construido en la parte más baja del lecho de la quebrada, donde presumiblemente  se podría hallar, aún hoy, cavando, agua  subterránea a poca profundidad. Sospechamos que  el agua  pueda estar  a menos de  4-5  m de profundidad.


Fig. 9. Las imponentes paredes de aspecto columnar de la quebrada ostentan hoy  el labrado y pulido   hecho por el agua y el viento a lo largo del tiempo. Estas paredes desnudas  pueden relatar, para el que sepa "leerlas",  un pasado geológico  que se remonta seguramente  a muchos milenios.

Fig. 10.  El cauce final de la quebrada, reducido a su mínima expresión,  dejó a sus costados   imponentes masas de arcillas y gravas  como testigo de la potencia inicial de la embestida del aluvión. Por el hecho de que éste cubrió, de lado a lado,  la pequeña quebrada de Sipuca, cualquier rastro de cultura u ocupación humana  que allí hubiere sobrevivido,  fue barrido por el aluvión.  Si hubo -como sospechamos- algunas rutas antiguas o senderos humanos que conducían aguas arriba, en procura del altiplano, por el lecho seco de este cauce, obviamente no queda hoy rastro alguno y sería  bien difícil verificarlo.


Fig. 11.  Una verdadera "chimenea" ha quedado abierta en el paredón rocoso por efecto de la caída de un eventual riachuelo, en forma de cascada,  desde lo alto.

Nuestro comentario eco-antropológico:

1.  Tenemos la vehemente sospecha de que este tipo de pozos, excavados en el lecho seco de quebradas en las cercanías de los chasquihuasis o tambillos,  fue el lugar habitual de abastecimiento de agua para los antiguos caminantes o caravaneros que surcaron las rutas o caminos incaicos.  Su supervivencia hasta la actualidad, y su sencillo modo de factura, mediante herramientas muy simples, nos habla de una tecnología  muy añeja que debió ser ampliamente practicada en esta región desértica.  El pozo que hemos hallado en el lecho de la quebrada de Sipuca  (ver fotos supra), debió tener, recién excavado, al menos  unos 2 metros de profundidad. Pudo llegar a contener varios miles de litros de agua.  Pozos semejantes  o más hondos, debieron ser algo habitual en estos parajes en la antigüedad.

2. La ubicación de los tambillos o chasquihuasis que hemos reconocido en numerosos tramos del Qhapaqñan inca, sea en el fondo del lecho, en sitios algo levantados, o en el borde mismo de la quebrada, estaría sugiriendo  el acceso rápido a fuentes de agua, mediante  pozos  excavados, semejantes a éste.

3. Algunos de los cronistas,  como  es el caso de Gerónimo de Bibar, afirman que los conquistadores, en su paso por este despoblado,  no solo "limpiaron" las fuentes de agua, sino que  las "abrieron", aludiendo  con ello evidentemente a una excavación  o profundización de pozos preexistentes.  Es evidente que estos recintos  donde debían permanecer alertas los chasquis mensajeros del Inca,   tenían que poseer fuentes de agua próximas, y cuanto más próximas,  tanto mejor. 

4. Citas textuales de cronistas que viene a nuestro propósito.  Dice, por ejemplo,  Garcilaso de la Vega: "hay por el camino algunos manaderos de agua que no corre...".  También señala:  Y como los delanteros iban limpiando los pozos, acudía más agua,que los pozos o fuentes que por él había de donde bebían los caminantes, por no haberse usado en tanto tiempo, estaba ciegos, con el arena que el viento les echaba encima...".

Y Gerónimo de Bibar  agrega:  "en estos caminos hay, porque en el compás que hay fuera de los valles no hay sino unos jagüeyes que son como unos pozuelos o charcos. En estos pozuelos de agua no hay tanta que treinta hombres no la agoten y después torna poco a poco a henchirse. Son algunos de éstos, salobres..."


4.  “Limpiar los pozos” a nuestro entender, no solo involucraba  sacar del fondo el agua sucia, estancada, sino profundizarlos  lo suficiente hasta que brotase  el agua subterránea  nueva, extrayendo para ello  tanto el agua sucia y maloliente, como  gran  cantidad de arena, arcillas y polvo acumulados  tanto por el viento como por los eventuales aluviones que periódicamente los cegaban por completo.

5. Garcilaso  dice explícitamente  refiriéndose a estos lugares del desierto, que los caminantes hallan   "pozos o fuentes".  Por "pozo", se da a entender,   en nuestra opinión,   una excavación ad hoc, incluso bastante profunda  (varios metros);  las expresiones  "fuente" o "jagüey", aluden más probablemente a vertientes donde el agua   brota  y surge  naturalmente a la superficie, formando auténticos "charcos".

6. El "llenado" de tales pozos debió efectuarse  al menos de dos maneras:  o echándoles agua  de los aluviones  cuando éstos estaban aún  corriendo (como en el caso del pozo aquí fotografiado)  o,  más generalmente, perforando algunos metros hasta  alcanzar  la napa o "río" subterráneo, de donde brotara lentamente el agua, subiendo algo de nivel.

7. Hemos visto varias veces,  en antiguas explotaciones de bórax  de mediados del siglo XIX en  el Salar de Pintados,  (Pampa del Tamarugal, y  no lejos de la antigua estación de ferrocarril de Pintados)  pozos  en cierto modo semejantes, dotados de una  escala de descenso,  labrada mediante escalones en  el mismo subsuelo arenoso-arcilloso y salino, hasta  alcanzar el nivel freático.  Bajando por estos escalones, de unos  50-60 cm de ancho,  se accedía fácilmente hasta aproximarse al nivel freático del agua subterránea. Hemos medido algunos que tenían más de  cuatro metros de profundidad.  Hoy están  casi todos ciegos  y secos, pues la napa subterránea ha descendido considerablemente  a causa de la desmedida extracción  de agua de los acuíferos subterráneos.