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sábado, 31 de enero de 2026

Mi despedida. La vida se nos acaba: reflexiones sobre mis andanzas y observaciones en el desierto chileno.

En las postrimerías...

En marzo  próximo cumpliré, Dios mediante, 97 años. Ha  llegado el momento de reflexionar serenamente sobre lo que ha sido mi existencia y sobre mi posible legado a las generaciones futuras de arqueólogos y antropólogos de mi país. 

Estimo que una cita elocuente de don Miguel de Unamuno podría servirnos de guía en este complejo campo de  análisis de nuestra actividad antropológica enfocada por nosotros hoy  desde los umbrales de la eternidad.  Nos decía el   filósofo  vasco:

"¿Cuál es, pues, la nueva misión de don Quijote hoy en este mundo?. clamar, clamar en el desierto. Pero el desierto oye, aunque no oigan los hombres, y un  día se convertirá en selva sonora. Y esa voz solitaria que va posando en el desierto como semilla, dará un cedro gigantesco que con sus cien mil lenguas cantarà un hosanna eterno al Señor de la vida y de la muerte". 

Así se expresa, en forma elocuente, un párrafo de la última página de la obra "Del sentimiento trágico de la vida" del insigne filósofo hispano (1).

 

Un clamor en el desierto. 

Nuestra actividad antropológica ha sido, a mi entender,  un "continuo clamar en el desierto".  Muchos de los capítulos de este nuestro blog que ya alcanza hoy las 374 entradas, demuestran o  encierran  un  reproche o  una crítica franca a determinadas políticas, decisiones  o actitudes.  Recordemos, a guisa de ejemplo, los capítulos dedicados a la penosa y lamentable destrución del Museo Arqueológico de San Pedro de Atacama  y los ataques furtivos a su creador  el jesuíta Gustavo le Paige, o la defensa del arte rupestre regional, o nuestra crítica a algunas actividades arqueológicas  o antropológicas.  Porque  mi visión de la antropología como campo de estudio  no solo ha sido de  rescate y salvaguarda  (museológica) (2), sino también- y en forma muy importante-  de defensa del ethos y cultura de los antiguos habitantes de nuestro territorio expresados en actuales prácticas o comportamientos de  nuestras comunidades autóctonas (4).

Tal vez se pueda ejemplificar mis aportes concretos en este campo mediante la aplicación de las  variantes castellanas del verbo  latino  "nuntiare", tales como  "anunciar", "denunciar", "renunciar"  o "prenunciar". Intentemos este acercamiento.


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Así,  a través de  las páginas de nuestro Blog  hemos "anunciado"  con frecuencia el descubrimiento de sitios arqueológicos  nuevos o de extraños objetos de especial interés arqueológico.  O hemos "anunciado"  y mostrado el género peculiar de vida de pastores, mercaderes, cazadores andinos a través de  entrevistas específicas (5).

 

Denuncias.

También hemos "denunciado" sin miedo  prácticas que consideramos reñidas con una práctica arqueológica o antropológica sana como en el caso del rally Dakar  en el año 2014, o el abuso desmedido en  la aplicación de la "entrevista personal".  


Renuncias.

A la vez, hemos "renunciado" tajantemente a suscribir o adoptar posiciones propias de la  política contingente que nos ata a un determinado partido político, actitud que no pocos antropólogos han adoptado en épocas pasadas. Por ello nos hemos negado a  suscribir encendidas  proclamas políticas firmadas por antropólogos o arqueólogos. Un antropólogo, en nuestra opinión,  se debe a todo el universo cultural, a todos los grupos humanos y no solo a determinadas facciones, aún a riesgo ser  tildado injustamente  de  "facho" o "momio". Tal cosa nos ocurrió a nosotros mismos en nuestra corta permanencia en la Universidad del Norte, Sede Iquique,  en el año 1972 cuando se nos expulsó de la Universidad por decreto del director de la época. Esta situación  nos forzó a emigrar  a Santiago, con nuestra pequeña familia, iniciándose para nosotros  un período sumamente  duro de inactividad laboral  que solo terminó meses después con mi contratación como profesor-hora de antropología  en el Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica  (marzo 1973).


Mirando hoy  hacia el  pasado.

Rememoro aquí, nostálgico, algunos períodos maravillosos de mi carrera antropológica, aquellos que más me han marcado:

a) mis primeros descubrimientos del  habitat de los changos costeros al norte de la ciudad de Antofagasta (1963-65);

b) Mis cinco años de formación arqueológica en México (1965-1970);

c) Mis primeras publicaciones de corte etnohistórico (1972-1973).

d)  Mis ocho  años de contacto asiduo con la geografía y los geógrafos en el Instituto de Geografía de la Universidad Catòlica. Creación y dirección de la revista "Norte Grande" (1973-1980);

e)  Dos años de estudio y observación en la sierra norte del Ecuador (Otavalo), en  el Instituto Otavaleño de Antropología, gracias al apoyo irrestricto de Plutarco  Cisneros Andrade, su director (1977-78). 

f)  Mi trabajo de doctorado (Ph.D) para la State University of New York  (1977-1978)  redactado en el Ecuador;

g) Mis andanzas por los senderos de Atacama: mis estudios de la artesanía popular en poblados atacameños (1980-1990) (6);

g)  Mis dos años de dedicación completa a la formación de maestros indígenas (aymaras y atacameños)  en la Universidad Arturo Prat de Iquique (1993-1995);

h)  Casi 20 años de dedicación a los estudios de las nieblas costeras ("camanchacas"), con el apoyo de geógrafos de la Pontificia Universidad Católica  en Iquique  (1996-2015);

i)  Mi valiosa experiencia como bloguero mediante la edición de mi blog de " Eco-antropología"  (2006-2026). 374 artículos publicados hasta el día de  hoy. 

j)  La reciente publicación de la obra "Eco-antropología", una recopilación de entradas de nuestro blog referentes al Norte Grande de Chile (editores Benjamín Ballester y Alexander San Francisco (2024). 

Fig. Portada de la obra "Eco-antropología" de mi autoría, publicado por ediciones Pampa Negra, Antofagasta, 2024.


"Gracias a la vida, que me ha dado tanto...".

Así nos cantaba Mercedes Sosa en su maravillosa canción de despedida, en 1971. Solo agregaremos nosotros, cristianos,   una mención explícita de gratitud  "al señor de la vida y de la muerte", tal como nos lo enseñó Unamuno.  

  

Notas

(1)  Cfr. Editorial Losada, S.A, Buenos Aires, 1977,  pg. 285.

(2)   En nuestros primeros balbuceos en arqueología  del Norte de Chile (1963-65), el acento fue puesto casi únicamente en el registro cuidadoso y presentación museológica digna.  Esto  fue  el  producto natural  del enfoque general de la disciplina por entonces. Había un afàn por  crear Museos  y descubrir y mostrar  las culturas nativas y sus manifestaciones culturales.  No existía todavía  una Ley Indígena protectora, la que recién aparecerá en el gobierno de don Patricio Aylwin en el año 1984 (3).

(3) La Ley indígena promulgada por el presidente de Chile Salvador Allende en el año 1972  sólo hace referencia al pueblo mapuche e  ignora la presencia de  otras etnias indígenas hoy sobrevivientes en el país. 

(4)  A lo largo de nuestra ya larga vida, no solo hemos estudiado en detalle  el modo de vida de las antiguas comunidades indígenas a través de las crónicas y relatos antiguos (como en  nuestra obra titulada:  "Etnogeografía", Colección Geografía de Chile, Instituto Geográfico Militar,  Vol. XVI, 1987). También hemos tenido la grata oportunidad de recorrer por meses todos los pueblos atacameños  del Salar de Atacama y del río Loa, estudiando las manifestaciones artesanales de los pueblos  y reafirmando su identidad étnica.

(5)  En nuestro blog, que este año 2026 cumplirá 20 años de  existencia, hemos dedicado no menos de 12 capítulos a entrevistas antropológicas.(Ver el capítulo:  "Catálogo comentado de las entrevistas etnográficas realizadas a distintos informantes,  en el curso de mi carrera profesional como antropólogo".(23/07/2025).

(6) Coteje nuestro artículo:  Larrain, Horacio  “Apuntes para una geografía artesanal de la II Región de Chile, Ibero-Amerikaniches Archiv, l6, 4. Berlín, 1990, 611-636.

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