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sábado, 19 de diciembre de 2015

Ultimas visitas a un ecosistema feneciente: el oasis de niebla de Alto Patache en diciembre 2015.

Últimas visitas  al "desierto florido"  en la costa al sur de Iquique.

Hemos decidido efectuar las dos últimas visitas al oasis de niebla de Alto Patache (75 km al sur de Iquique,  a 770-850 m. snm) para  observar la floración tardía, producto de las copiosas lluvias caídas en los días  8 y 9 de Agosto de este año 2015.  Los viajes  fueron realizados  los días  3/12/2015 y 10/12/2015. En el primer viaje, nos acompañaban los  jóvenes agrónomos Josefina Hepp y Eduardo Contreras, miembros del Centro del Desierto de Atacama, de la Pontificia Universidad Católica de Chile. En el segundo viaje, me acompañó el arquitecto y fiel compañero de muchas expediciones, Pedro Lázaro Boeri.  Mi objetivo era fotografíar todas  las plantas que todavía estaban  en flor y recoger las 19 trampas entomológicas dejadas allí un mes antes por  el entomólogo canadiense Laurence Packer, estudioso de las abejas nativas   (Hymenoptera, Apidae).  También me interesaba tomar nota,  registrar y en lo posible fotografiar  la presencia de la  fauna endémica visible  en el lugar. Estamos convencidos de que ésta ha sido una oportunidad realmente única para contemplar y estudiar una floración totalmente excepcional, tal como con certeza  no ha sido vista aquí en muchos decenios, para contemplar estos ecosistemas  en su máxima expansión y desarrollo.

Vistas generales del área  según sus diversos paisajes.

Fig. 1.  Vista  hacia el sur desde los 840 m. snm.  En el primer plano,  plantas todavía vivas. Desde el centro de la imagen hacia la parte alta de la foto (sector sur), el color marrón del paisaje delata una tupida vegetación,  ya moribunda, pero que llegó  a cubrir en su totalidad las laderas que caen hacia el mar hasta  los  120 m.  snm, aproximadamente. Al fondo,  arriba  y  a la derecha de la foto, destaca la mole oscura de las covaderas de Pabellón de Pica cayendo bruscamente al mar. (Foto 10/12/2015).

Fig. 2.  Ejemplares de Nolana jaffueli y Cristaria molinae tapizan, aún verdes, el suelo arenoso, a ambos lados de un antiguo  sendero de guanaco conservado intacto. (Foto 10/12/2015). Estamos en lo más alto del acantilado costero, con vista al mar, y  a unos  840 m. snm..

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Fig. 3.  El brusco declive de la pendiente del acantilado costero hacia el mar, muestra aún los colores verde-parduzcos de la vegetación ya en avanzado proceso de  decadencia. Vista tomada  desde  los 850 m.  snm. hacia el SSE. (Foto  10/12/2015).

Fig. 4.   Sector del acantilado costero en su porción rocosa. La  vegetación anida  de preferencia entre los intersticios de la roca  fragmentada. Vista a los 750 m  snm, mirando hacia hacia el SSE. En la cima, se ve los postes de dos atrapanieblas abatidos por el vendaval del 8 de agosto del presente año, los que aún no han sido restaurados. (Foto 10/12/2015).

Fig. 5.  Casi no hay grieta entre las rocas que no haya sido ocupada como nicho  por la vegetación hoy ya moribunda.

Fig.  6.  Vista desde el alto  hacia el Weste. En el centro de la imagen, un cactus solitario de la especie  Eulychnia iquiquensis, ha comenzado a florecer.  Es éste uno de los 3 ó 4  escasos sobrevivientes de esta especie en este oasis de niebla. (Foto 10/12/2015).


Fig. 7. La vegetación anual, nacida con ocasión de las copiosas lluvias de los días  8 y 9 de agosto 2015 está ya en avanzado proceso de decadencia. Muy pronto, no quedará seña alguna de esta insólita floración, salvo sus semillas desparramadas en el suelo.

Fig.  7.  Entre las grietas de la roca,  afloran las flores color amarillo de  Alstroemeria lutea, planta de la familia de las Alstroemeriaceae,  (Monocotiledóneas)  endémica y propia de estos oasis  del sur de Iquique, descubierta aquí mismo recién en el año 1997  y  determinada  en el año 2000.(Cf.  Muñoz-Schick, 2000; ver bibliografía al final).  Inicia su floración  a fines del mes de Noviembre. Ha perdurado este año 2015 su floración hasta  fines de diciembre. Es sin duda alguna  la flor más vistosa y de mayor tamaño de todo el oasis.   Se la puede ver aquí  destacando entre ejemplares de Nolana sedifolia y Lycium leiostemum.

Fig. 8.  Ladera que mira al Weste.  Imagen tomada hacia los  770 m.snm.,   de sur a norte.

El resultado de las visitas anteriores.

La casi totalidad de las  visitas anteriores,  expuestas en sendos capítulos anteriores de este Blog, fueron hechas entre septiembre y noviembre 2015 a la zona de cerros costeros  frente a la playa Palo Buque, a 22 km al sur de Iquique. Aquí, pudimos contemplar el "desierto florido" que se presenta en   las zonas bajas (entre los 220 m y  casi 400 m de altitud  s.nm.).   Nos interesaba ahora,  comparar este espectáculo con el que  era dable observar  en otro oasis de niebla, Alto Patache, situado más al sur y a altitudes bastante mayores, esto es, entre los  750 y 850 m. snm.. ¿Quedarían todavía flores nativas   a mediados del mes de diciembre?.  ¿Habría, tal vez, otras flores tardías, no vistas antes?  ¿Se notaría alguna diferencia en la fauna existente en esta etapa final de la floración?.  ¿Qué tipo de fauna podíamos observar ahora?. Eran las grandes dudas que pretendíamos dilucidar. Teníamos plena conciencia de que ésta sería una oportunidad  única, tal vez la última para nosotros, de  ver y examinar con lupa el desierto florido moribundo, ya  en plena etapa terminal, en este tramo costero al sur de la ciudad de Iquique. Visita  seguramente póstuma,  quien sabe hasta cuándo nuevamente.

La subida al oasis de Alto Patache. 

Como sabíamos por una visita anterior que las rutas de acceso  al oasis había quedado  impracticables tras los ingentes aguaceros del mes de Agosto, con formación de enormes grietas y cárcavas  que impedían el paso de vehículos, íbamos ahora premunidos de pala, picota y hasta rastrillo  para intentar reparar algunos tramos destruidos. A medida que  ascendíamos, nos percatamos con gran sorpresa que una máquina motoniveladora había reparado recientemente el camino de acceso y éste, en consecuencia, se hallaba totalmente expedito. Nos habíamos mentalmente predispuesto para una larga y fatigosa caminata a pie, en procura del alto del oasis. La ruta recién  reparada, en cambio, apenas un día antes, según supimos, nos ahorraba ahora todo ese enorme esfuerzo.  ¡Hurra!, ¡Aleluya,! resonaron nuestros gritos de júbilo.

Nuestra tarea.

Una vez en el alto, mientras los dos agrónomos citados colectaban ávidamente  las semillas recientes de  las plantas nativas que ya semillaban y se esparcían por el suelo, me dediqué  a fotografiar la flora y fauna visible  en el oasis. La cosecha de imágenes  obtenida,   se podrá apreciar en las fotos que siguen.  A la vez, estas imágenes constituyen a mi entender un excelente  registro gráfico para poder reconstruir, para goce y disfrute de nuestros lectores de otra regiones o países, lo que ha sido para nosotros el espectáculo  de este increíble desierto costero florido, en  medio de la  dura y áspera desnudez  del desierto costero dominante. 

La cosecha de imágenes.

Todas las  fotografías que se  muestra a continuación, son nuestras. Tomadas en los días  3 y 10 de diciembre 2015. Primeramente, mostraremos  el tipo de flora  observada por nosotros  y luego, en otro acápite,  haremos referencia a  la fauna presente. Hemos tratado de fotografiar, en estas dos expediciones, todas las especies diferentes que pudimos observar en nuestras dos visitas. Sin duda se nos han escapado algunas, en particular las que prosperan solo en el acantilado rocoso,  en terrenos escarpados, difíciles de  transitar,  o las hemos hallado ya con sus  flores marchitas. En total, hemos reconocido  en estas visitas recientes por lo menos 25 especies vegetales  en flor,  incluidas tres cactáceas.

Los expedicionarios.

Fig. 9. El autor de este blog  descansando en una duna viajera que ha logrado sobrepasar  el acantilado, hacia los  800 metros  de altitud sobre el nivel del mar,  penetrando en el desierto interior. (Foto 10/12/2015).


Fig.  10. Nuestro acompañante, el arquitecto Pedro Lázaro,   pisando la extensa cola de la misma duna que avanza hacia el Este.


Fig. 11.  Los jóvenes agrónomos Josefina Hepp y Eduardo Contreras,  durante la faena de colecta de semillas  de plantas nativas.

Fig. 12.   Josefina Hepp  tomando fotografías en el sector del acantilado a los  770 m.  snm.

Fig.  13.  Laderas interiores del oasis cubiertas de plantas aún lozanas de Nolana applocaryoides y Cristaria molinae.  Aquí hemos observado los ejemplares de mayor desarrollo de la primera especie citada, con un ruedo que puede, en algunos ejemplares, superar  los 3 metros de diámetro.

Fig.  14.  Vista panorámica hacia   el SSE desde los 850 m  snm.


Fig. 15.  Aspecto del  sector rocoso del acantilado superior.

Fig. 16.  Una pampa interior. Se observa la estrías (rilll wash) dejadas por la reciente bajada de las aguas.

Fig. 17.  Una pequeña quebrada lateral  donde  estuvo la   parcela de experimentación agrícola. El aluvión  excavó el fondo, arrasó con la parcela, quedando la cárcava viva a la vista.

Fig. 18.  Ladera en suave  descenso hacia la terraza litoral. Vista de sur a norte. Tapiz de vegetación de  Nolana jaffueli, Nolana intonsa, Cristaria molinae y Fortunatia biflora.

Registro de las plantas observadas en ambos viajes al mismo lugar.

Creemos que puede ser de especial interés para los botánicos y aficionados a las plantas autóctonas, el que nosotros  reunamos, en este capítulo, imágenes de todas las especies observadas en estos dos viajes a terreno, a inicios de diciembre  2015.


Fig. 19.  Hermoso ejemplar de Cristaria molinae de flores color lila extendiendo  sus ramillas  apegadas al suelo en forma radial.

Fig.  20.  La misma especie, más de cerca mostrando sus flores color  lila (o color morado suave)..


Fig. 21. Ejemplar de Calandrinia sp. de diminutas flores color lila. Esta planta  extiende sus ramas achaparradas, a ras del suelo, a alguna distancia del tronco madre, lo que le permite  esparcir sus semillas más lejos.


Fig. 22.  Observe las pequeñas flores de esta especie de Calandrinia sp. diferente de la anterior  mostrando sus flores de un  color amarillo fuerte. Presenta algunas de sus hojas  carnosas de gran tamaño.

Fig. 23.  La corola  en forma de estrella de cinco pétalos de esta  última  especie de Calandrinia  sp.  La flor alcanza un diámetro algo superior a  1 cm.

Fig. 24.   Observe las varas florales de Calandrinia sp. extendiéndose radialmente en torno a la raíz central, formando casi un círculo.

Fig. 25.  Otra imagen de la misma planta.


Fig.  26.    Esta especie   (Calandrinia sp.) casi siempre la hemos  hallado  en  un ambiente  de rocas fragmentadas; pocas veces en arena como aquí se muestra.

Fig.  27. Vimos con  bastante frecuencia una variedad de mosca grande, de abdomen color café  claro que libaba las flores de ésta y otras especies. No conocemos su clasificación taxonómica.  Es de mayor tamaño y robustez que la mosca común de la ciudad.


Fig.  28.    Este ejemplar  de Calandrinia sp. muestra bien la forma y tamaño de sus hojas, sumamente carnosas y algunas de ellas de gran desarrollo (planta suculenta).

Fig.   29.   Curiosa  y extraña aglomeración de cabezuelas florales, en forma de cúmulo,  en la planta Calandrinia sp  de flores color lila.


Fig. 30.     La otra forma  y menos común  que presenta aquí la flor de Calandrinia sp.   ¿Se trata de otra especie de Calandrinia, como imaginamos?.

Fig. 31.  Flores de Calandrinia sp.  y sus botones florales.

Fig. 32.  Ejemplar de Poliachyrus annus de flores blancas, (Fam. Asteraceae).  La planta  produce una enorme  cantidad de cabezuelas de flor lo que le permite asegurar su persistencia en el  tiempo, esparciendo  centenares de semillas  a su alrededor.

Fig. 33.   Poliachyrus annus  ya  mostrando sus últimas flores.


Fig. 34.  En la parte  media de la imagen, un ejemplar de Perityle emoryi   (Fam. Asteraceae), rodeado de plantas de  Nolana jaffueli (derecha),  Calandrinia sp. y Cristaria molinae,  (arriba e izquierda). Perytyle  sp, es bastante escasa en este oasis y solo la hemos visto en suelos fuertemente arenosos o limosos.

Fig.  35.     Perityle emoryi, de flor amarilla,   en etapa  terminal.

Fig. 36. Cabezuelas florales de Perityle emoryi, (Fam Asteraceae). La planta produce  gran cantidad de semillas.

Fig. 37.    Planta de  Cristaria  sp, de flores pequeñas, color blanco.  Hemos hallado en este oasis de Alto Patache ejemplares de flores blancas y otros  de flores color lila. Sus respectivas hojas nos parecen  idénticas. No sabemos si se trata de dos especies diferentes, o solo de distintas variedades cromáticas de una misma especie.

Fig.  38.   Cristaria molinae en etapa terminal.


Fig.  39.   Flores de Calandrinia sp  (color lila)   y de  Cristaria molinae (color blanco).

Fig. 40. Ejemplar de Cristaria molinae  que ha brotado  entre  las fisuras  del limo fino consolidado, producto reciente del arrastre fluvial.

Fig. 41.   Ejemplar de gran tamaño de  Nolana applocaryoides de flores blancas o levemente azuladas. Esta planta,    como también Frankenia chilensis, tiene a formar   conjuntos de gran ruedo y diámetro, creciendo en forma radial. Nos llamó la atención la gran cantidad de pequeños hemípteros que alberga bajo su follaje. Aquí observamos varia veces a ejemplares del coleóptero carábido  Calosoma rufipennis (Vea abajo, Figs. 107, 108 y 109)  que acude a alimentarse de sus pequeñas larvas .


Fig.  42a.  Ejemplar de Nolana applocaryoides de aspecto arbustivo, con su pequeño tronco erguido.


Fig. 42b.   Dos frondosos ejemplares de Nolana applocaryoides en laderas arenosas.

Fig. 42c. La misma especie que tiende a formar enormes ejemplares  de aspecto circular  o redondeado.  Este ejemplar  muestra  un diámetro algo superior a los 80 cm. Bajo su tupido y sombreado  follaje, alberga una rica fauna de hemípteros  (Insectos chupadores de savia) de varias especies.


Fig. 43. Dos Nolanas diferentes:   izquierda: Nolana applocaryoides;  derecha: Nolana intonsa

Fig. 44.    Nolana applocaryoides de pequeñas flores color blanco..



Una cactácea singular y única en el mundo:  Eryosice caligophila  Muñoz-Schick.

Presentamos a continuación  imágenes de la cactácea   Eryosice caligophila,    escasísima cactácea endémica de estos oasis de niebla situados al sur de la ciudad de Iquique. Recientemente (1997)  fue descubierta  aquí  por Raquel Pinto y determinada posteriormente  por Mélica Muñoz-Schick (año 2000).  Dada su gran rareza y habiendo tenido nosotros la gran suerte de hallar en este viaje  todos los ejemplares en flor  o en  fruto, presentamos  aquí  varias imágenes  de este cactus que debería ser a la brevedad declarado "en peligro inminente de extinción" en su habitat natural, por su suma rareza  y  escasez.

Fig. 45. Entre las piedras, en un ambiente sumamente pedregoso, apenas asoma este ejemplar en flor. Su floración este año 2015 se debe  -lo sospechamos- a  la insólita  lluvia de agosto de este año  2015. En años normales secos, sin lluvias  (denominados en la nomenclatura geográfica años "La Niña"), nunca lo hemos visto en flor, a pesar de haberlo buscado ex professo. Lo que significaría, a nuestro juicio, que esta cactácea  solo llega a florecer muy de tarde en tarde, cuando caen fuertes lluvias esporádicas, como producto del fenómeno de "El Niño".  En años anteriores, solo la habíamos encontrado en flor en diciembre del año 1997.   (Foto 10/12/2015).

Fig. 46. El mismo ejemplar, de más cerca.

Fig. 47. Otro ejemplar, en botón floral, semioculto entre las rocas.   A su lado izquierdo, un ejemplar  ya muerto de Nolana jaffueli.

Fig. 48.  Dos ejemplares juntos, apretados y comprimidos entre rocas.  Ocultos a  las miradas indiscretas de los cactólogos, sus acérrimos enemigos naturales. Este año producirán semillas que ojalá broten y den inicio a  nuevos ejemplares, salvando así esta especie de su extinción local.

Fig.  49.   Ejemplar en flor  y  en botón floral; alto de la planta:  11 cm.

Fig. 50. Otro ejemplar, fuertemente comprimido entre las grietas de la roca donde  nació. El ejemplar muestra dos  hermosos frutos en sazón.

Fig. 51. 


Fig. 52.


Fig. 53.

Fig. 54.   Si no fuera por su vistosa flor, este ejemplar  sería prácticamente invisible  entre las rocas que lo sofocan.

Fig. 55.  En este ambiente natural, increíblemente inhóspito, a primera vista,   vive aún, en escasos ejemplares sobrevivientes y oculta entre los fragmentos de rocas  la especie Eryosice caligophila  Muñoz-Schick,  que hemos mostrado en las diez imágenes precedentes.

Fig. 56.  Eulychnia iquiquensis. Unos de los cuatro ejemplares  que aún  se puede observar en este oasis.


Fig. 57.   Este viejo ejemplar de Eulychnia, seguramente más que centenario,  ha crecido al pie de unas rocas que  condensan la humedad atmosférica de la neblina o camanchaca,  gracias a la cual ha podido  conservarse  vivo  hasta hoy.   

Fig.  58.   Botones florales de esta cactácea.

Fig.  59.  Zoom hecho a  los botones de flor.


Otras especies presentes en el oasis de Alto Patache.

Fig.  60. Flores de Alstroemeria lutea, planta endémica de esta región de Chile  junto a Nolana jaffueli   en decadencia. Florece desde noviembre a enero.


Fig. 61. Flores y botones florales de la misma especie.


Fig.   62.  Ultimas flores de Alstroemeria lutea.


Fig.  63.   Una planta vigorosa de Alstroemeria junto a la vara floral de Fortunatia biflora.

Fig.  64.  Otra imagen de la misma especie.

Fig. 65.    Ejermplar de la especie  Quinchamalium chilense.

Fig. 66.   Aproximación.


Fig. 67.     Quinchamalium chilense.

Fig. 68.  Hoffgmanseggia minor con sus vainas  con semillas.


Fig.  69.    La misma especie anterior. Otra imagen.

Fig. 70.   Flores de Hoffmanseggia minor.


Fig. 71. Cistanthe amaranthoides.   Planta sumamente escasa en este oasis. En nuestro recorrido, solo vimos este único  ejemplar.

Fig. 72.    Stipa  ichu o "paja brava".


Fig.  73.   Stipa ichu. Ejemplares nuevos.  Esta especie es sumamente escasa en el oasis y se halla solo en dos o tres  pequeños sectores, en un reducido número de ejemplares. Hemos encontrado  señas inequívocas de su presencia en otros lugares del oasis, en arena, con ejemplares ya muertos desde hace decenios.

Fig. 74.  Cristaria sp. Extraordinariamente escasa en este oasis, crece solamente  en sustrato arenoso  y vimos allí   muy escasos ejemplares en flor.
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Fig. 75.  En esta especie de Cristaria  capturamos algunos ejemplares de pequeñas abejitas nativas   ( Familia Apidae).

Fig. 76. Ejemplar de  Nolana intonsa.

Fig. 77.  Nolana intonsa.  A diferencia de Nolana applocaryoides, esta   especie mostraba en nuestra visita   escasas flores.  Sus flores color lila  muestran una corola  de un tamaño mucho mayor que las de la especie recién citada. Pueden alcanzar los 3 cm.,   totalmente abiertas.

Fig.  78.  Tiquilia  littoralis.  La planta ya había florecido a nuestro arribo al lugar.  Solo la vimos en  pocos ejemplares  en la ladera que mira al  Este, creciendo  sobre arena, al sur de la casa-estación de este oasis y  muy cerca de ésta.

Fig.  78. Fortunatia biflora.

Fig. 79.    Atriplex taltalensis.en etapa de floración.


Fig. 80. Tetragonia  ovata de la familia  botánica Aizoaceae  en flor. Posee hojas sumamente carnosas y acuosas.

Fig.  81. La misma especie de Tetragonia  ovata   en etapa de semilla.


Fig. 82.   Frankenia chilensis.  A  su derecha, ramillas espinudas  de Lycium leiostemum, arbusto típico del oasis.

Fig. 83.  Ejemplar de Solanum remyanum   (izquierda) junto a  Tetragonia sp. (derecha).


Fig. 84.  Ophryosporus  floribundus.  Ejemplar único en todo el extenso y dilatado oasis de niebla. Nos hemos preguntado por qué  existe, en todo el contorno de este oasis, tan solo un ejemplar vivo.  Un auténtico misterio para nosotros. Sin duda alguna,  la suma escasez de agua  ha impidido su reproducción   in situ.

Fig.  85.  Botones florales de Ophryosporus floribundus  (Foto 10/12/2015).


Fig. 86.   Fortunatia biflora.


Fig.  87.  Presencia de Alstroemeria lutea  Muñoz-Schick. A  su izquierda, un ejemplar del cactus Cumulopuntia sphaerica,  bastante escaso en este oasis de niebla. 


Fig. 88. Dos mariposas  frecuentes en este oasis:  Arriba, a la izquierda, Vanessa carye.  Hacia el lado derecho, poco perceptible,  la mariposa  Pyrgus baccharis  posada en una flor de  Polyachyrus annus.

Fig. 89.  Flores  pequeñas de la especie Nolana sedifolia que crece en la sección rocosa del oasis.

Fig. 90.    Nolana jaffueli.

Fig. 91. La misma especie en flor color lila  suave.

Fig.  92.  Nolana  jaffueli.  Zoom a sus flores y cabezuela  de semillas.


Fig. 93.  Nolana sedifolia  con sus típicas  flores de color blanco y hojas diminutas, carnosas.

Fig.  94.  Semillas  arriñonadas de  Nolana applocaryoides. Su tamaño alcanza los 3,5 mm. de longitud

Fig. 95.  Hoffmanseggia minor  con sus vainas ya perfectamente desarrolladas.

Fig. 96.   La misma especie anterior.

Fig.   97. Zoom para mostrar de cerca  la forma de la flor. 

Fig. 98.   Ejemplar que muestra numerosas vainas ya maduras.

Fig. 99. Ejemplar de Ephedra breana visitado por  el insecto carábido, Calosoma rufipennis  (Coleoptera).  A su alrededor, ejemplares de Nolana intonsa, sin flores.

Fig. 100.     Frutos maduros y dulces de Ephedra breana  en el borde del acantilado.  (800 m. snm.).

Fig. 101. Frutos maduros de Ephedra breana.  Son de un sabor dulce y fueron ávidamente consumidos  por los zorros, sus visitantes habituales.


Fauna  entomológica asociada a la vegetación   observada en el oasis de niebla  de Alto Patache  a mediados de diciembre  2015.

Fig. 102. Especie de mosca   (Fam. Tachinidae)  visitando las flores de Cristaria  molinae.  Se trata de la especie Gonia sp., probablemente Gonia  lineata.   Tamaño aproximado:  1.0 - 1,1 cm.  Identificación provisoria de Christina González, del MNHN de Santiago de Chile.

Fig. 103.  Agujero practicado en la superficie arenosa por la avispa Ammophila sp., que mostramos en las imágenes siguientes.  La vimos entrar y salir de este hoyo, donde deposita sus huevos   sobre presas (larvas) que adormece previamente. Sin duda, es  ahora  la etapa de postura de esta especie.

 
Fig.  104. Ejemplar de la mariposa Pyrgus bocchoris  (Fam. Hesperiidae)  libando en flores de Polyachyrus annus.

Fig. 105.  Ejemplar de  avispa  Ammophila sp, de la familia  Sphecidae. Identificación provisoria del Dr. Mario Elgueta, del MNHN de Santiago de Chile que agradecemos especialmente. Visita las diferentes flores del oasis donde la hallamos con bastante frecuencia.

Fig. 106.  Otra vista de la misma especie de  avispa  Ammophila sp. muy cerca de su madriguera (Vea Fig. 103) donde  oculta bajo tierra sus presas vivas, sedadas, de las que se alimentará su prole.

Fig. 107.  Ejemplares del coleóptero   Calosoma rufipennis,  visitante asiduo de este oasis en procura de larvas, maxime de Hemiptera  y de pequeños insectos que ávidamente devora.

Fig. 108. Zoom a la misma especie depredadora del oasis.

Fig.  109.  Este especie, Calosoma rufipennis  es carnívora y  construye  pequeños túneles de hasta dos pulgadas de profundidad bajo la capa blanda de tierra, donde deposita sus huevos y  crisálidas. Aparece en gran número  cuando  se presentan lluvias ocasionales. En este año con fuerte presencia del Fenómeno de "El Niño", lo hemos visto en centenares de especímenes,  corriendo de planta en planta,  para capturar  las pequeñas larvas de que se alimenta.


Fig.  110.  Semioculto entre  las hojas filiformes  y frutos de Ephedra breana, se puede ver  un ejemplar de esta especie de coleóptero, Calosoma rufipennis. De seguro, busca allí alguna larva que devorar.

Fig.  111.  Ejemplar de la mariposa Vanessa carye  (Fam. Nymphalidae) visitante asiduo de estos oasis nortinos. Aquí se ha posado en una flor de Nolana intonsa para chupar su néctar.

Fig.  112.  Zoom a la misma mariposa anterior.

Fig. 113. Libando en las flores de la asterácea Polyachyrus annus.

Fig. 114.  Pequeña abeja, probablemente Alloscirtetica chilense, según me acaba de comunicar el Dr. Laurence Packer  (com. pers. 08/01/2016),   especie autóctona  presente en este oasis, recogiendo el polen de esta flor de Cristaria sp.  Las abejas nativas de este oasis y en general de todo el norte de Chile  han sido  identificadas y estudiadas recientemente por el entomólogo canadiense L.  Packer, conocido especialista en la familia Apidae  en el desierto chileno y peruano.

Fig. 115. Variedad de mosca (Familia Tachinidae,  género Gonia sp) asidua visitante de numerosas flores de este oasis y, sin duda, excelente polinizadora de las mismas. Aquí la vemos posada en una flor de Fortunatia biflora que crece entre los brotes de la  planta  Nolana jaffueli.

Comentario ecológico.

 1. Sorprende la  enorme variedad de especies de plantas que alberga este ecosistema del desierto costero norte chileno.  Aquí hemos reseñado la existencia de  25 especies diferentes. Seguramente, faltan varias más, que ya habían florecido y muerto antes de nuestra llegada a comienzos de diciembre. Por ejemplo, ya no vimos  en nuestras últimas visitas a las especies Leucocoryne appendiculata, Oxalis sp.  y Zephyra elegans, plantas que detectamos en el borde rocoso del acantilado en nuestra expedición  anterior de fines de octubre  2015.  

2. Mucho más nos sorprende   la  increíble capacidad  tanto de las plantas  (a través de sus semillas) como de los insectos, para  reaparecer años después, luego de la muerte de las plantas al cumplir su breve ciclo de vida.  

3.  Hay autores que señalan que ciertas semillas  tendrían la capacidad de  brotar  después de  15,  20, 30 ó 40 años de sequía ininterrumpida. No conocemos estudios sobre este  interesante tema, de enorme interés para comprender  mejor  la eclosión del "desierto florido".

4. Los ciclos de presencia del fenómeno de "El Niño" son muy variables  en nuestras costas, como variable también es  el monto de la  pluviosidad  acompañante de este  evento.  

5. Nadie  sabe exactamente  cuál es la capacidad de insectos como Calosoma rufipennis y otras especies de insectos como las abejas silvestres o las avispas, para  esperar por años el arribo de un nuevo evento lluvioso. Se supone que esperan, en estado de  pupa o crisálida, en galerías hechas por el insecto bajo tierra, por espacio de varios años. ¿Cuántos?.   No se sabe, a la verdad.  En todo caso, en este oasis,  este carábido  no se veía en abundancia desde el año  2002 cuando  hubo fuertes lloviznas en el área. 

6. Lo que nos parece  casi seguro es que este episodio de lluvias tan intensas  en este año 2015, ha sido no solo anómalo, sino  singular y único en un muy  largo período de tiempo. Tal vez no haya tenido precedente parecido en los últimos cien años o aún más, tal fue la intensidad de  formación de profundas cárcavas de erosión  que nos ha tocado observar en esta ocasión.   

7. Durante  nuestra visita del día  10/12/2015, pudimos observar  la presencia de uno que otro ejemplar aislado de  aves como la dormilona (Muscisaxicola sp.) o el minero (Geositta sp.),  en el borde del acantilado rocoso y en los lomajes interiores. Infaltable fue, por cierto, al presencia del jote Cathartes aura, sobrevolando en forma majestuosa estos parajes costeros.  En cambio, no hemos visto en las cuatro últimas visitas (entre fines de septiembre y mediados de diciembre) a  ejemplares del pajarillo denominado localmente  como  "chirigüe", Sicalis olivascens, que  años atrás era frecuente de ver, en pequeños grupos,  en este oasis de niebla. ¿Qué ocurrió con esta especie?. ¿Emigró, tal vez a otros parajes más favorables?. No lo sabemos. Por fin, en nuestra última visita (10/12/2015) avistamos  un ave en vuelo rasante y  muy rápido aleteo, que salió velozmente del área del comedor de la casa-estación, donde parecería vivir. Se trataría, al parecer,  de una especie de tórtola grande. No pudimos observarla con precisión ni fotografiarla. Encontramos el área exacta donde defeca.  Por el gran número de fecas  dejadas en un solo lugar, deducimos que reside desde hace unas pocas semanas en este oasis.  Es altamente  probable que se trate de un ejemplar de la subfamilia  Columbinae. ¿Qué hace esta avecita aquí?. Nunca la vimos antes en este oasis de niebla.  Podría  tratarse de un ave perdida o de paso... No sabemos.  Por ahora, encuentra aquí muchas semillas de qué  alimentarse. Era de un color café claro, muy uniforme, pero no alcanzamos a distinguir rasgos típicos.

8.  Por fin, dejamos constancia de que en estas visitas no hemos podido hasta ahora encontrar ejemplares vivos de los caracoles terrestres Bostryx derelictus broderipi  y  Plectostylus broderipi , especies que otrora fueran  habitantes asiduos de estos oasis en época de floración masiva. ¿Qué ocurrió con ellos?  ¿Se ha  extinguido  esta especie in  situ, tal vez?. Es otro  de los muchos  enigmas que nos plantea la madre Naturaleza a cada instante  y que debemos tratar de  resolver en el futuro.

Nota de reconocimiento. 

Agradecemos aquí en forma particular   el entusiasta apoyo  científico y la determinación  de especies de insectos  aquí presentados, por parte de los Drs. Mario Elgueta, entomólogo del Museo Nacional de Historia Natural de Santiago (Chile) y del Dr. Laurence  Packer, entomólogo canadiense, experto internacional en la familia Apidae.

Bibliografía de consulta obligada.

Cereceda, Pilar,  Raquel Pinto, Horacio Larrain, Pablo Osses and Martín Farías,  2004.“Geographical Description of Three Coastal Ecosystems lying South of Iquique (Chile), Proceedings of the Third International Conference on Fog, Fog Collection and Dew, Cape Town, South Africa, pp.  MO. 

Muñoz-Schick, Mélica,  2000.  "Novedades en la familia Alstroemeriaceae", Gayana Botanica, Universidad de Concepción,  Chile, vol. 57, Nº 1, año 2000.

Muñoz- Schick, Mélica,  Raquel Pinto y Aldo Mesa,  2001, "Oasis de neblina" en los cerros costeros al sur de Iquique, región de Tarapacá, durante  el evento El Niño  1997-1998", Revista Chilena de Historia Natural,  Santiago de Chile,  Vol. 74,  Nº 2

Pinto,  Raquel,  Horacio Larrain, Pilar Cereceda, Pedro Lázaro,  Pablo Osses and Richard S. Schemenauer, 2001, “Monitoring Fog-Vegetation Communities at a Fog-Site in Alto Patache, South of Iquique, Northern Chile, during “El Niño” and “La Niña “ Events 1997-2000”, Proceedings of the 2nd International Conference on Fog and Fog Collection, Saint Joh´ns, Canada,  July 15-20, 2001, 293-296.




viernes, 18 de diciembre de 2015

Nuevas maravillas en el desierto florido de Iquique: aporte fotográfico de mis amigos científicos para el estudio de este fenómeno.

                        
Fig. 1.  El autor de este Blog  preparando la fotografía de una solitaria planta de Cristaria  sp en el sector de densa población de la Nolanácea  Nolana jaffueli  en el sector de Palo Buque, a  22 km al Sur de  Iquique, y a unos  250 m.  s.n.m. (Foto M. Isabel Fuentes, octubre 2015).

Admirando el evento del "desierto florido" en los cerros al sur de Iquique.

El fenómeno del "desierto florido"  en los cerros situados al sur de  Iquique, no cesa de causar admiración.  En varios capítulos anteriores, nos hemos referido a  este insólito  evento natural que en este desierto costero adquiere  ribetes de  milagro.  En las imágenes que siguen,  podrán ver nuestros lectores  nuevos enfoques visuales  de esta realidad que, por su magnitud, intensidad y  superficie, probablemente ya no tengamos la posibilidad de  contemplarlo nuevamente, tal vez hasta algunas décadas más. Nosotros ya no alcanzaremos a  verlo, por cierto. No quisiéramos, por consiguiente,  que tanta belleza  quede tan  solo oculta en "Papers" especializados de algunos pocos científicos, publicados en revistas rotuladas como   "ISI", y no llegue, por consiguiente, al gran público, amante de la naturaleza, nuestro destinatario inmediato. Es, por desgracia, lo que suele ocurrir con muchos de los descubrimientos científicos: quedan guardados largo tiempo "bajo siete llaves",   en recónditos y eruditos artículos de la especialidad, generalmente escritos en inglés y con un estilo críptico, reservado sólo para los expertos, y   generalmente, fuera del alcance de la inmensa mayoría de los ciudadanos corrientes. 

Colaboración fotográfica de  colegas.

Quiero dejar expresa constancia de mi gratitud hacia tres personas que, habiendo visitado con nosotros este oasis efímero de Palo Buque con fines científicos -lugar  que tanto nos extasiara con su belleza  escénica-, nos han enviado sus fotografías autorizándonos  a publicarlas en este Blog con su nombre. A ellos, nuestra particular gratitud.   Cada foto  va, por lo tanto,  con el nombre de su autor.

Los estudiosos visitantes.

La arquitecta María Isabel  Fuentes, nos acompañó  en un par de expediciones al lugar durante el mes de octubre del 2015.  Suyas son muchas de las fotos aquí mostradas. Su lente se enfocó a captar escenas  de la flora presente en el  sector arenoso del ecosistema,  el mismo que recorriéramos detenidamente nosotros, y que expusiéramos en capítulos precedentes de este Blog.   Igualmente, mostramos aquí imágenes captadas por el entomólogo canadiense Laurence Packer, experto internacional en  abejas silvestres en su visita del día 26 de Noviembre, 2015. Nosotros  le indicamos  el lugar. Laurence lo visitó poco después en su sección más áspera  y difícil: el sector rocoso más oriental, situado por  sobre los 300-350  m de altitud.   Esta sección compuesta por potentes rodados en fuerte pendiente, sumamente difícil de transitar, albergaba, sin embargo,  una rica flora, en gran medida diferente de la que poblaba las laderas arenosas, más abajo. Este solo hecho: la existencia de una flora variada y  diferente,  merecía  ser divulgado y  dado a conocer a nuestro público culto.  Por fin. Michael Dillon, el gran especialista norteamericano en plantas del desierto norte chileno y peruano, me ha  dilucidado algunas dudas. 

El área cubierta por el fenómeno.

Fig.   2.  Encontramos un  pequeño stock de una Cristaria bastante diferente de la omnipresente Cristaria molinae. Provista de una vistosa flor de gran tamaño   (2,2-2,4 cm de diámetro de su corola),  no la hemos logrado identificar aún.  Ésta  se encuentra muy dispersa hacia los  230-250 m de altitud,  en muy escasos ejemplares,  y  no tiene ni la frecuencia ni la  ubicuidad de la otra Cristaria:  C. molinae, de flor pequeñita, blanca o levemente azulada, que mostraremos en la Fig.. 4  (Foto M. Isabel Fuentes).

 Fig. 3.  Ejemplar de la  Cristaria aún  no identificada.  Observe sus dos tipos diferentes de hojas.  (Foto M. Isabel Fuentes).

 Fig. 4.  Planta de la Malvácea Cristaria molinae.  Las pequeñas cabezuelas florales, curiosamente, miran hacia  tierra. A diferencia de la otra  Cristaria sp que es una   planta erguida,  esta especie tiende más bien a achaparrarse y apegarse al suelo. (Foto M. Isabel Fuentes).

 Fig.  5.  Otra imagen de la misma Cristaria sp.   Se alza sobre el suelo  a un máximo de  20-25 cm,  en los ejemplares observados por nosotros  aquí y en  el oasis de niebla de Alto Patache   (75 km al sur de Iquique) , a los  775 m. de altitud s.nm.  (Foto M. Isabel Fuentes).


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Fig. 6.  La misma especie anterior mostrando tres hermosas flores abiertas.  La planta es  erguida pero se alza en este lugar hasta unos  20 cm  como máximo.  En el oasis de niebla de Alto Patache en nuestra visita del 11/12/2015 encontramos  un ejemplar de esta misma  especie que  tenía a la vista  seis flores abiertas (como en esta fotografía); curiosamente, en cinco de ellas  observé y pude capturar otras tantas abejitas nativas. Son éstas muy pequeñas y miden aproximadamente 6 a 7 mm. de longitud. (Foto M. Isabel Fuentes). 


 Fig.  7.  Otras imagen de la misma especie. Observe sus  diferentes tipos de hojas tan diferentes en su forma.  (Foto M. Isabel Fuentes).

Fig. 8.   Planta de Nolana jaffueli. El color de esta flor, más bien levemente morado, es notoriamente diferente a la coloración común de esta especie que es francamente azul marino intenso y, al parecer, de mayor tamaño. ¿Se tratará, tal vez, de otra especie de Nolana?. ¿O, tal vez, solo se trata de una variedad cromática de  la misma  especie Nolana jaffueli.?. Salvo  por el color de la flor, el resto de la planta nos parece idéntico a  Nolana jaffueli (Foto M. Isabel Fuentes).

Fig. 9.  Espectáculo que ofrecían  las laderas    de los cerros  entre los 400 y 250 m   m.snm. A la derecha, el afloramiento rocoso color marrón  que  se conoce como el "cerro de los Parapentes". (Foto M. Isabel Fuentes).

Fig. 10.  Uno de los  senderos actuales que  discurre lentamente cerro arriba,  sospechamos sea  una antigua  huella de paso de los indígenas costeros  (y tal vez también de los guanacos)  que subían a los altos del acantilado (Foto M. Isabel Fuentes).

Fig. 11.  El segundo sendero de dirección  SSE, que aquí vemos recorrido por  turistas y amantes de la naturaleza,  es  un sendero indígena, pues en su recorrido, en varias partes  hemos hallado instrumentos arqueológicos y  restos de sus comidas y basuras. (conchas de gastrópodos y bivalvos; vea  las pruebas en nuestro capítulo anterior:  "Presencia y actividad  humana en  el "desierto florido" al sur de  Iquique:  utilización del ecosistema de lomas por el hombre antiguo"  29/10/2015).       ).
Fig. 12.  La sección inferior de la foto muestra   la zona  vegetada por Nolana jaffueli intensamente pisoteada por  los visitantes y curiosos que han venido a  ver y disfrutar de este fenómeno inusual.
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Fig. 13. El área cubierta de flores  durante este potente evento "El Niño"  del año 2015,  comprendió tres secciones de diferente  estructura geomorfológica en el farallón costero:  a) el área alta propiamente rocosa, formada por afloramientos graníticos fragmentados que derivan del macizo de Punta Gruesa;  b) el área de rodados desprendidos de lo alto, con fuertes pendientes entre los  30º y 45º  grados, y c) por fin, en su sección más baja, el área de planicies suaves tapizadas de arenas finas de arrastre eólico,  que alcanza  el límite oriental de la terraza marina hacia los 200-150 m.  s.n.m.

Fig. 15. Primer plano, parte inferior de la fotografía:  vegetación surgida entre  los pedruzcos y bloques de roca en el sector de  derrumbes y derrubio. Fragmentación de  la roca en forma de rodados desde los sectores elevados por efecto de la meteorización y descomposición de la roca granítica. Esta vista fue tomada  desde los aproximadamente  400-450 m de altitud, mirando hacia las playas litorales de  "Palo Buque" y  "Playa Lobito".  (Foto Laurence Packer, Noviembre 2015).

Fig. 16.  En este aparentemente tan inhóspito ambiente conformado por  enormes  bloques de roca, desprendidos de lo alto,   crecen ahora muchísimas plantas de Loasa sp,  y otras especies  como Cleome chilensis  DC y especies de malváceas como Cristaria  spp.,  además de Polyachyrus sp, Perityle emoryi, Parietaria  debilis y  Calandrinia sp. Se observa   un predominio de Loasa, de pequeñas flores color amarillo, planta que adquiere  aquí gran tamaño extendiendo sus  guías en varias direcciones,  a veces de más de un metro de longitud de la raiz original. (Foto Laurence Packer,  cerros de Palo Buque, Noviembre  2015).

Fig. 13.    Esta enorme raíz pertenece a   la planta Argylia radiata y nos ha sido enviada  por el botánico norteamericano Michael Dillon, experto en plantas nativas del desierto  chileno y peruano. Fue hallada por él  en la zona de Paposo  (IIª Región de Antofagasta). Una cárcava producida por las recientes lluvias  en la zona, dejó al descubierto  esta gigantesca raíz,  de más de un metro de largo. No nos consta cuál sea la extensión septentrional de esta especie en el extremo norte de Chile en  el día de hoy.  Frecuente en la zona del desierto florido entre Copiapó y Coquimbo,  hoy no hemos divisado ningún ejemplares vivo de esta especie en la floración reciente ocurrida  en las laderas de cerros al sur de Iquique. Sin embargo, hemos hallado varias veces  trozos de sus gruesas raíces secas, expuestas al aire, prueba de su existencia otrora en estos ecosistemas de niebla  (Cf. capítulo anterior de este Blog, con el nombre de:   "Muerte silenciosa de un ecosistema: imágenes de la agonía de un vergel en el desierto". 26/11/2015, Figs. 13, 14 y 15. (Foto M. Dillon enviada al autor,  2015).

Fig. 14. A mi derecha, de elevada estatura,  Laurence Packer,  entomólogo canadiense, experto internacional en el estudio de las abejas silvestres de Sudamérica. Sus estudios sobre el origen de los diferentes clados de  Apidae y su filogenia a través del tiempo  destacan a nivel mundial, 


Fig. 15. Ejemplar de  Loasa sp (Fam.  Loasaceae) )  creciendo entre las piedras. Sus semillas se conservaron por años  protegidas   bajo las piedras y perdurarán  nuevamente ahora por  años hasta una nueva lluvia. (Foto  L. Packer).

Fig. 16. Ejemplares de Cleome  sp. mostrando sus flores color blanco. (Foto L. Packer). 

Fig. 17.  Extrañas flores de Cleome sp, con sus larguísimos estambres y pistilo que sobresalen de la corola. (Foto L.Packer).

Fig. 18. Cleome sp y  Loasa sp. comparten el mismo habitat  fuertemente rocoso. (Foto L. Packer).


Fig. 19.  Una Malvácea, Cristaria sp.  entre plantas de la Asterácea  Polyachyrus sp.  (Foto. L. Packer).

Fig. 20.   Calandrinia  sp. con sus gruesas  hojas carnosas, típicas del género.

Fig. 21.  Calandrinia sp. de pequeñas  flores amarillas comparte su mismo nicho ecológico con Cristaria y Cleome sp. (Foto L.Packer).

Fig.   22.  Los tallos florales de  esta Calandrinia son   rastreros y notablemente largos.  Tal hecho parecería favorecer  la dispersión de las semillas, las que caerán al suelo lejos de la planta madre, al secarse la flor.  (Foto L. Packer).


Fig.  23.A la izquierda de la imagen, Polyachyrus annus, de flores blancas; a la derecha, la especie Parietaria debilis.  Determinación  taxonómica del botánico  Michael Dillon, que mucho agradecemos. (Foto L. Packer).

Fig. 24.  Ejemplar de Nolana jaffueli, con su característica  flor de color lila  suave. (Foto L. Packer). Compare  Ud.  esta imagen con el  ejemplar mostrado más arriba en la Figura 8.  ¿Serán especies diferentes, tal vez?.

Fig.   25. Pequeñísimos ejemplares de Cleome sp.  en flor. (Foto L. Packer).

Fig. 26.  Guía o brote característico de la planta Loasa sp que puede llegar a medir más de un metro y medio  de largo. (Foto L. Packer).

Fig. 27.  Abajo, Loasa sp; arriba. Cleome sp.  (Foto L. Paqcker).

Fig.  28.  La foto es excesivamente clara, por desgracia y no nos permite apreciar  bien el ejemplar; pero esta planta  que solo muestra su enorme corola  blanquecina  abierta, entre las piedras, nos deja desconcertados. ¿Qué es?. Trataremos de averiguarlo en beneficio de nuestros lectores.

Comentario ecológico:

1.  Una vez más, nos llama la atención  cómo   todos los ejemplares observados, aunque muy pequeños algunos de ellos, llegaron a florecer y  semillar. 

2.  Es evidente la  enorme diferencia  de especies que ha crecido  entre  los sitios de praderas arenosas y los lugares rocosos. Aunque bajo estas piedras también hay abundante arena,  los fragmentos de roca han permitido la conservación y desarrollo de especies  notoriamente diferentes del ambiente anterior. Es obvio que  este ambiente  rocoso protector  favorece  la conservación de  las semillas, las que quedan mucho mejor  protegidas del exceso de sol y calor.  Nos preguntamos si las semillas de estas especies presentan  diferencias significativas  en su cutícula  exterior que expliquen su diferente capacidad de regeneración.   

3.  Queda abierta la gran interrogante, que nadie por ahora   ha sido, al parecer, capaz de explicar bien. ¿Cuántos años pueden soportar las semillas de estas especies bajo arena o piedras, sin que llueva, conservando su vitalidad y  fertilidad?.  ¿Existen diferencias entre las especies en este sentido?. Hemos observado una profunda  diferencia externa entre las semillas, por ejemplo,  de Nolanas y Cristarias, siendo las primeras de cutícula muy dura y resistente, mientras las segundas  parecen mucho más frágiles. A primera vista, parecería que las primeras tienen muchas más probabilidades de sobrevivencia y conservación en el tiempo que las segundas. Pero la realidad parecería  demostrar otra cosa.   Ambas reaparecen, tras muchos años de sequía, exactamente en el mismo medio, una al lado de la otra, tal como lo hemos observado en las praderas bajas de Palo Buque  (250-350 m s.n.m. ) No hay experiencias, que sepamos, que nos orienten hacia una  respuesta  realmente satisfactoria. 

4. La cantidad de semillas que puede producir cada planta, es enorme. Esto depende del tamaño que haya alcanzado, y éste, de la cantidad de humedad que ha logrado al desarrollarse.   Una gran planta de Nolana jaffueli puede llegar a producir  más de 50-80 cabezuelas florales y, cada una de ellas contiene entre   entre 15 y 20 semillas. ¿Son todas las semillas fértiles potencialmente, o solo una parte de ellas?.  Asombra ver  plantas moribundas de esta especie, a cuyo  pie yacen varios centenares de semillas, de color negro azabache, esperando el milagro de una hipotética lluvia  futura.  El viento, compañero frecuente de  estos parajes, se encargará de ir enterrándolas poco a poco, evitando así  su deshidratación.  Pero, al parecer, se entierran muy poco y quedan muy cerca de la superficie. ¿Será, tal vez,  que las neblinas  mojadoras o camanchacas, que bañan tan frecuentemente estos parajes contribuyen a mantener  vivas estas semillas  por largo tiempo, evitando su desecamiento y su muerte?. Francamente, no lo sabemos con absoluta certeza.

5. Agradecemos aquí  el apoyo recibido en la determinación de especies, de los botánicos especialistas Michael Dillon, norteamericano y Sebastián Teillier, chileno,  expertos conocedores del biome  vegetal del desierto chileno.