viernes, 18 de diciembre de 2015

Nuevas maravillas en el desierto florido de Iquique: aporte fotográfico de mis amigos científicos para el estudio de este fenómeno.

                        
Fig. 1.  El autor de este Blog  preparando la fotografía de una solitaria planta de Cristaria  sp en el sector de densa población de la Nolanácea  Nolana jaffueli  en el sector de Palo Buque, a  22 km al Sur de  Iquique, y a unos  250 m.  s.n.m. (Foto M. Isabel Fuentes).

Admirando el evento del "desierto florido" en los cerros al sur de Iquique.

El fenómeno del "desierto florido"  en los cerros situados al sur de  Iquique, no cesa de causar admiración.  En varios capítulos anteriores, nos hemos referido a  este insólito  evento natural que en este desierto costero adquiere  ribetes de  milagro.  En las imágenes que siguen,  podrán ver nuestros lectores  nuevos enfoques visuales  de esta realidad que, por su magnitud, intensidad y  superficie, probablemente ya no tengamos la posibilidad de  contemplarlo nuevamente, tal vez hasta muchas décadas más. Nosotros ya no alcanzaremos a  verlo, por cierto. No quisiéramos, por consiguiente,  que tanta belleza  quede tan  solo oculta en "Papers" especializados de algunos pocos científicos, publicados en revistas rotuladas como   "ISI", y no llegue, por consiguiente, al gran público, amante de la naturaleza, nuestro destinatario inmediato. Es, por desgracia, lo que suele ocurrir con muchos de los descubrimientos científicos: quedan guardados largo tiempo "bajo siete llaves",   en recónditos artículos de la especialidad, generalmente escritos en inglés y con un estilo críptico, reservado sólo para los expertos, y   generalmente, fuera del alcance de la inmensa mayoría de los ciudadanos corrientes. 

Colaboración fotográfica de  colegas.

Quiero dejar expresa constancia de mi gratitud hacia tres personas que, habiendo visitado con nosotros este oasis efímero de Palo Buque con fines científicos -lugar  que tanto nos extasiara con su belleza  escénica-, nos han enviado sus fotografías autorizándonos  a publicarlas en este Blog con su nombre. A ellos, nuestra particular gratitud.   Cada foto  va, por lo tanto,  con el nombre de su autor.

Los estudiosos visitantes.

La arquitecta María Isabel  Fuentes, nos acompañó  en un par de expediciones al lugar durante el mes de octubre del 2015.  Suyas son muchas de las fotos aquí mostradas. Su lente se enfocó a captar escenas  de la flora presente en el  sector arenoso del ecosistema,  el mismo que recorriéramos detenidamente nosotros, y que expusiéramos en capítulos precedentes de este Blog.   Igualmente, mostramos aquí imágenes captadas por el entomólogo canadiense Laurence Packer, experto internacional en  abejas silvestres en su visita del día 26 de Noviembre. Nosotros  le indicamos  el lugar. Laurence   lo visitó poco después en su sección más áspera  y difícil: el sector rocoso más oriental, situado por  sobre los 300-350  m de altitud.   Esta sección compuesta por potentes rodados en fuerte pendiente, sumamente difícil de transitar, albergaba, sin embargo,  una rica flora, en gran medida diferente de la que poblaba las laderas arenosas. Este solo hecho: la existencia de una flora variada y  diferente,  merecía  ser divulgado y  dado a conocer a nuestro público culto.  Por fin. Michael Dillon, el gran especialista norteamericano en plantas del desierto norte chileno y peruano, me ha  dilucidado algunas dudas 

El área cubierta por el fenómeno.

Fig.   2.  Encontramos un  pequeño stock de una Cristaria bastante diferente de la omnipresente Cristaria molinae. Provista de una vistosa flor de gran tamaño   (2,2-2,4 cm de diámetro de su corola),  no la hemos logrado identificar aún.  Ésta  se encuentra muy dispersa hacia los  230-250 m de altitud,  en muy escasos ejemplares,  y  no tiene ni la frecuencia ni la  ubicuidad de la otra Cristaria:  C. molinae, de flor pequeñita, blanca o levemente azulada, que mostraremos en la Fig.. 4  (Foto M. Isabel Fuentes).

 Fig. 3.  Ejemplar de la  Cristaria aún  no identificada.  Observe sus dos tipos diferentes de hojas.  (Foto M. Isabel Fuentes).

 Fig. 4.  Planta de la Malvácea Cristaria molinae.  Las pequeñas cabezuelas florales, curiosamente, miran hacia  tierra. A diferencia de la otra  Cristaria sp que es una   planta erguida,  esta especie tiende más bien a achaparrarse y apegarse al suelo. (Foto M. Isabel Fuentes).

 Fig.  5.  Otra imagen de la misma Cristaria sp.   Se alza sobre el suelo  a un máximo de  20-25 cm,  en los ejemplares observados por nosotros  aquí y en  el oasis de niebla de Alto Patache   (75 km al sur de Iquique) , a los  775 m. de altitud s.nm.  (Foto M. Isabel Fuentes).


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Fig. 6.  La misma especie anterior mostrando tres hermosas flores abiertas.  La planta es  erguida pero se alza en este lugar hasta unos  20 cm  como máximo.  En el oasis de niebla de Alto Patache en nuestra visita del 11/12/2015 encontramos  un ejemplar de esta misma  especie que  tenía a la vista  seis flores abiertas (como en esta fotografía); curiosamente, en cinco de ellas  observé y pude capturar otras tantas  abejitas nativas.     Son éstas muy pequeñas y miden aproximadamente 6 a 7 mm. de longitud. (Foto M. Isabel Fuentes). 


 Fig.  7.  Otras imagen de la misma especie. Observe sus  diferentes tipos de hojas tan diferentes en su forma.  (Foto M. Isabel Fuentes).

Fig. 8.   Planta de Nolana jaffueli. El color de esta flor, más bien levemente morado, es notoriamente diferente a la coloración común de esta especie que es francamente azul marino intenso y, al parecer, de mayor tamaño. ¿Se tratará, tal vez, de otra especie de Nolana?. ¿O, tal vez, solo se trata de una variedad cromática de  la misma  especie Nolana jaffueli.?. Salvo  por el color de la flor, el resto de la planta nos parece idéntico a  Nolana jaffueli (Foto M. Isabel Fuentes).

Fig. 9.  Espectáculo que ofrecían  las laderas    de los cerros  entre los 400 y 250 m   m.snm. A la derecha, el afloramiento rocoso color marrón  que  se conoce como el "cerro de los Parapentes". (Foto M. Isabel Fuentes).
Fig. 10.  Uno de los  senderos actuales que  discurre lentamente cerro arriba,  sospechamos sea  una antigua  huella de paso de los indígenas costeros  (y tal vez también de los guanacos)  que subían a los altos del acantilado (Foto M. Isabel Fuentes).

Fig. 11.  El segundo sendero de dirección  SSE, que aquí vemos recorrido por  turistas y amantes de la naturaleza,  es  un sendero indígena, pues en su recorrido, en varias partes  hemos hallado instrumentos arqueológicos y  restos de sus comidas y basuras. (conchas de gastrópodos y bivalvos; vea  las pruebas en nuestro capítulo anterior:  "Presencia y actividad  humana en  el "desierto florido" al sur de  Iquique:  utilización del ecosistema de lomas por el hombre antiguo"  29/10/2015).       ).
Fig. 12.  La sección inferior de la foto muestra   la zona  vegetada por Nolana jaffueli intensamente pisoteada por  los visitantes y curiosos que han venido a  ver y disfrutar de este fenómeno inusual.
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Fig. 13. El área cubierta de flores  durante este potente evento "El Niño"  del año 2015,  comprendió tres secciones de diferente  estructura geomorfológica en el farallón costero:  a) el área alta propiamente rocosa, formada por afloramientos graníticos fragmentados que derivan del macizo de Punta Gruesa;  b) el área de rodados desprendidos de lo alto, con fuertes pendientes entre los  30º y 45º  grados, y, por fin, en su sección más baja, el área de planicies suaves  tapizadas de arenas finas de arrastre eólico,  que alcanza  el límite oriental de la terraza marina hacia los 200-150 m.  s.n.m.

Fig. 15. Primer plano, parte inferior de la fotografía:  vegetación surgida entre  los pedruzcos y bloques de roca en el sector de  derrumbes y derrubio. Fragmentación de  la roca en forma de rodados desde los sectores elevados por efecto de la meteorización y descomposición de la roca granítica. Esta vista fue tomada  desde los aproximadamente  400-450 m de altitud, mirando hacia las playas litorales de  "Palo Buque" y  "Playa Lobito".  (Foto Laurence Packer, Noviembre 2015).

Fig. 16.  En este aparentemente tan inhóspito ambiente conformado por  enormes  bloques de roca, desprendidos de lo alto,   crecen ahora muchísimas plantas de Loasa sp,  y otras especies  como Cleome chilensis  DC y especies de malváceas como Cristaria  spp.,  además de Polyachyrus sp, Perityle emoryi, Parietaria  debilis y  Calandrinia sp. Se observa   un predominio de Loasa, de pequeñas flores color amarillo, planta que adquiere  aquí gran tamaño extendiendo sus  guías en varias direcciones,  a veces de más de un metro de longitud de la raiz original. (Foto Laurence Packer,  cerros de Palo Buque, Noviembre  2015).

Fig. 13.    Esta enorme raíz pertenece a   la planta Argylia radiata y nos ha sido enviada  por el botánico norteamericano Michael Dillon, experto en plantas nativas del desierto  chileno y peruano,. Fue hallada por él  en la zona de Paposo  (IIª Región de Antofagasta). Una cárcava producida por las recientes lluvias  en la zona, dejó al descubierto  esta gigantesca raíz,  de más de un metro de largo. No nos consta cuál sea la extensión septentrional de esta especie en el extremo norte de Chile en  el día de hoy.  Frecuente en la zona del desierto florido entre Copiapó y Coquimbo,  hoy no hemos divisado ningún ejemplares vivo de esta especie en la floración reciente ocurrida  en las laderas de cerros al sur de Iquique. Solo hemos hallado varias veces  trozos de sus gruesas raíces secas, expuestas al aire, prueba de su existencia otrora en estos ecosistemas de niebla  (Cf. capítulo anterior de este Blog, con el nombre de:   "Muerte silenciosa de un ecosistema: imágenes de la agonía de un vergel en el desierto". 26/11/2015, Figs. 13, 14 y 15. (Foto M. Dillon enviada al autor,  2015).

Fig. 14. A mi derecha, de elevada estatura,  Laurence Packer,  entomólogo canadiense, experto internacional en el estudio de las abejas silvestres de Sudamérica. Sus estudios sobre el origen de los diferentes clados de  Apidae y su filogenia a través del tiempo  destacan a nivel mundial, 


Fig. 15. Ejemplar de  Loasa sp (Fam.  Loasaceae) )  creciendo entre las piedras. Sus semillas se conservaron por años  protegidas   bajo las piedras y perdurarán  nuevamente ahora por  años hasta una nueva lluvia. (Foto  L. Packer).

Fig. 16. Ejemplares de Cleome  sp. mostrando sus flores color blanco. 

Fig. 17.  Extrañas flores de Cleome sp, con sus larguísimos estambres y pistilo que sobresalen de la corola. (Foto L.Packer).

Fig. 18. Cleome sp y  Loasa sp. comparten el mismo habitat  fuertemente rocoso. (Foto L. Packer).


Fig. 19.  Una Malvácea, Cristaria sp.  entre plantas de la Asterácea  Polyachyrus sp.  (Foto. L. Packer).
Fig. 20.   Calandrinia  sp. con sus gruesas  hojas carnosas, típicas del género.

Fig. 21.  Calandrinia sp. de pequeñas  flores amarillas comparte su mismo nicho ecológico con Cristaria y Cleome sp. (Foto L.Packer).

Fig.   22.  Los tallos florales de  esta Calandrinia son   rastreros y notablemente largos.  Tal hecho parecería favorecer  la dispersión de las semillas, las que caerán al suelo lejos de la planta madre, al secarse la flor.  (Foto L. Packer).


Fig.  23.A la izquierda de la imagen, Polyachyrus annus, de flores blancas; a la derecha, la especie Parietaria debilis.  Determinación  taxonómica del botánico  Michael Dillon, que mucho agradecemos. (Foto L. Packer).

Fig. 24.  Ejemplar de Nolana jaffueli, con su característica  flor de color lila  suave. (Foto L. Packer). Compare  Ud.  esta imagen con el  ejemplar mostrado más arriba en la Figura 8.  ¿Serán especies diferentes, tal vez?.

Fig.   25. Pequeñísimos ejemplares de Cleome sp.  en flor. (Foto L. Packer).

Fig. 26.  Guía o brote característico de la planta Loasa sp que puede llegar a medir más de un metro y medio  de largo. (Foto L. Packer).

Fig. 27.  Abajo, Loasa sp; arriba. Cleome sp.  (Foto L. Paqcker).

Fig.  28.  La foto es excesivamente clara, por desgracia y no nos permite apreciar  bien el ejemplar; pero esta planta  que solo muestra su enorme corola  blanquecina  abierta, entre las piedras, nos deja desconcertados. ¿Qué es?. Trataremos de averiguarlo en beneficio de nuestros lectores.

Comentario ecológico:

1.  Una vez más, nos llama la atención  cómo   todos los ejemplares observados, aunque muy pequeños algunos de ellos, llegaron a florecer y  semillar. 

2.  Es evidente la  enorme diferencia  de especies que ha crecido  entre  los sitios de praderas arenosas y los lugares rocosos. Aunque bajo estas piedras también hay abundante arena,  los fragmentos de roca han permitido la conservación y desarrollo de especies  notoriamente diferentes del ambiente anterior. Es obvio que  este ambiente  rocoso protector  favorece  la conservación de  las semillas, las que quedan mucho mejor  protegidas del exceso de sol y calor.  Nos preguntamos si las semillas de estas especies presentan  diferencias significativas  en su cutícula  exterior que expliquen su diferente capacidad de regeneración.   

3.  Queda abierta la gran interrogante, que nadie por ahora   ha sido, al parecer, capaz de explicar bien. ¿Cuántos años pueden soportar las semillas de estas especies bajo arena o piedras, sin que llueva, conservando su vitalidad y  fertilidad?.  ¿Existen diferencias entre las especies en este sentido?. Hemos observado una profunda  diferencia externa entre las semillas, por ejemplo,  de Nolanas y Cristarias, siendo las primeras de cutícula muy dura y resistente, mientras las segundas  parecen mucho más frágiles. A primera vista, parecería que las primeras tienen muchas más probabilidades de sobrevivencia y conservación en el tiempo que las segundas. Pero la realidad parecería  demostrar otra cosa.   Ambas reaparecen, tras muchos años de sequía, exactamente en el mismo medio, una al lado de la otra, tal como lo hemos observado en las praderas bajas de Palo Buque  (250-350 m s.n.m. ) No hay experiencias, que sepamos, que nos orienten hacia una  respuesta  realmente satisfactoria. 

4. La cantidad de semillas que puede producir cada planta, es enorme. Esto depende del tamaño que haya alcanzado, y éste, de la cantidad de humedad que ha logrado al desarrollarse.   Una gran planta de Nolana jaffueli puede llegar a producir  más de 50-80 cabezuelas florales y, cada una de ellas contiene entre   entre 15 y 20 semillas. ¿Son todas las semillas fértiles potencialmente, o solo una parte de ellas?.  Asombra ver  plantas moribundas de esta especie, a cuyo  pie yacen   varios centenares de semillas, de color negro azabache, esperando el milagro de una hipotética lluvia  futura.  El viento, compañero frecuente de  estos parajes, se encargará de ir enterrándolas poco a poco, evitando así  su deshidratación.  Pero, al parecer, se entierran muy poco y quedan muy cerca de la superficie. ¿Será, tal vez,  que las neblinas  mojadoras o camanchacas, que bañan tan frecuentemente estos parajes contribuyen a mantener  vivas estas semillas  por largo tiempo, evitando su desecamiento y su muerte?. Francamente, no lo sabemos con absoluta certeza.

5. Agradecemos aquí  el apoyo recibido en la determinación de especies, de los especialistas Michael Dillon, norteamericano y Sebastián Teillier, chileno,  expertos conocedores del biome  vegetal del desierto chileno.