jueves, 30 de junio de 2016

El Mensaje de una compleja historia: las migraciones a Europa occidental: ¿Islamización del viejo continente hoy?.


La historia "maestra de vida"  ayuda a entender el presente.

Para poder entender mejor lo que  está ocurriendo hoy día en Europa ante la amenaza  de la Jihad o "Guerra santa", proclamada por el Estado Islámico   (El)  contra los países de  Europa occidental, juzgamos que es del todo necesario recordar y traer a la memoria la accidentada  historia de la región. Se dice con mucha razón que la historia es magistra vitae (maestra de la vida), por las ricas enseñanzas que contiene. El  ser de "hoy" de una región o comarca, no se entenderá jamás correctamente si no profundizamos en su  "ayer" y  aún en su "anteayer".  Es algo que los políticos, los sociólogos  o los economistas de hoy suelen  desconocer a veces al tomar sus decisiones. Ya lo decía con su característica sagacidad el filósofo Ortega y Gasset en alguna de sus obras.  El "hoy" no puede desligarse de su "ayer", de su pasado. Este pervive de alguna manera en la actualidad, al modo como el ADN genético de una familia pervive a través de muchísimas generaciones.

Hemos meditado sobre la matanza de París.

En un capítulo anterior de este blog,  hemos meditado  en torno al sentido,  enseñanza o  moraleja que nos deja el cruento y doloroso episodio del asesinato a mansalva de la mayoría de los miembros de la redacción del diario satírico francés Charlie Hebdo, en la ciudad de París.

¿Cómo entender lo que hoy ocurre en Europa?.

En los párrafos que siguen, trataremos de echar una mirada  a este fenómeno desde el punto de vista del pasado,  con los ojos de un  antropólogo cultural y social tratando de entenderlo  y examinarlo,  en lo posible sin las anteojeras propias de un creyente, sino con la mirada  del historiador honesto que aporta datos, cifras y detalles tomados de la realidad.  Observamos una confusión enorme a nuestro alrededor al respecto, que  quisiéramos contribuir a iluminar con nuestro granito de arena en un tema como éste, harto espinudo, complejo y de múltiples aristas. No somos ciertamente poseedores de la verdad (no somos dioses), pero creemos que podemos decir algo al respecto. Más aún, creemos que debemos señalar posibles peligros y riesgos.

Consideraciones  históricas  y antropológicas. Remontándonos al pasado remoto.

1. Los pueblos de la tierra  han tenido, a lo largo de la historia,  diferentes concepciones  sobre Dios y sobre el mundo. Muchos factores han intervenido en ello a medida que el ser humano  iba reflexionando sobre  el mundo que lo rodeaba, sobre sí mismo, su origen  y su destino; sobre el sentido de la vida y, sobre todo, de la muerte, momento que sobrecogía y perturbaba al hombre primitivo.   La evolución del sentimiento religioso y sus formas de expresión han sido muy diversas. Entre nosotros, Martin Gusinde (1886-1969), el genial etnólogo alemán que trabajó entre los aborígenes del extremo sur de Chile y la Argentina  en su monumental  obra Die Feuerland Indianer  (Los Indígenas de Tierra del Fuego) prueba que todos estos grupos, por  más primitivos que aparentemente fueran, con lenguas y concepciones del mundo parcialmente distintas, poseían siempre un acentuado  y profundo sentimiento religioso, expresado de muchas maneras.

2. Según los antropólogos, todos  los pueblos de la tierra han tenido  fe o han creído (que viene a ser lo mismo) en una  o varias divinidades que presidían  y /o controlaban su vida,  hasta en los menores detalles, en especial en el trance de la muerte. Los ritos funerarios son muy antiguos en la humanidad y sabemos hoy que se remontan  al más remoto período paleolítico. Decenas de miles de años atrás ya se presentan en el registro arqueológico. Nunca hubo pueblos propiamente "ateos" (= sin dioses), de que se tenga noticia a través de la Etnología comparada y de la Antropología cultural mundial. Históricamente, este sentido de lo religioso de un animismo inicial propio del período tribal, la humanidad fue  lentamente evolucionando a  formas variadas de un panteísmo (Egipto, Fenicia, Grecia, Roma).  Más tarde aparecieron  las primeras religiones monoteístas  (es decir, que creen en un solo Dios), entre ellas el Judaísmo (en el primer milenio  A.C.), el Cristianismo (al inicio de nuestra era cristiana, hace 2.000 años) y varios siglos más tarde, recién en el siglo VI D.C.,   el Islam proclamado  y difundido en Oriente por el profeta  Mahoma (Nace en La Meca, 570 - Muere en  Medina el año 632 D.C.).

3. De acuerdo a la arqueología,  cuando a partir del período Neolítico (10.000-12.000 A.C)  empiezan las antiguas bandas nómades de cazadores-recolectores a constituir las primeras aldeas sedentarias a orillas del Mar Báltico, se inicia en Europa el contacto asiduo y la co-existencia obligada entre diversas formas de vida, y, por ende también,  el contacto entre grupos humanos  de  ritos  y creencias diferentes. La aparición de las primeras ciudades  y los primeros Estados,  hacia los  5.000-6.000 A.C. en el Viejo Mundo  (Turquía, Siria, Israel,  Irak, Irán), propicia,  fomenta  e intensifica el encuentro entre distintos credos  y creencias,   facilitado por las expediciones de conquista, el rapto de numerosos rehenes y cautivos, la práctica común de la esclavitud y el consiguiente establecimiento a sangre y fuego  de los primeros Reinos e Imperios. 

4.  En el Viejo Mundo, las costas del  Mar Mediterráneo son testigo  fiel de la  expansión marítima de fenicios y griegos por intereses y tratos comerciales los que junto con establecer colonias permanentes en Italia, Galia, Hispania y Norte de África, transmiten, igualmente sus creencias, sus dioses, cultos, sus ritos, su arte y su arquitectura; en una palabra, parte significativa de su cultura. Ricas y populosas colonias fenicias se instalan en las costas de Francia, Cataluña, España, Córcega, Cerdeña y Las Islas Baleares  hasta las mismas Columnas de Hércules (Gibraltar) desde los 1.200 A.C. Es  el período en que  sus dioses, sus ritos y creencias penetran firmemente y se insertan  en las costas mediterráneas de la actual Europa junto con los granos, el vino, el aceite de oliva,  las telas finas, variadas mercancías, o las joyas y variados  utensilios que traen del oriente (o de la milenaria China)  en sus galeras a remeros. Los griegos, de tradición geográfica insular, continuarán esta misma tradición comercial llevando consigo,  sus telas, sus ánforas de vino o aceite de oliva, pero también sus estatuillas e ídolos, sus  grandiosos edificios a los dioses  y sus ritos a las divinidades del monte Olimpo.

5. La Europa mediterránea es así  literalmente  "bombardeada"  con  esta penetración  que es a la vez étnica, económica, comercial y religiosa, desde  más de mil años antes de que  Pablo, Lucas, Timoteo, Tito y sus discípulos iniciaran la evangelización cristiana de  las costas de Siria, Turquía, Líbano , Italia, Chipre, Grecia, Malta, España ó Francia. El apóstol San Pablo -recordémoslo bien - hablándoles en griego, alabará  en Atenas  a los atenienses elogiándolos por la gran religiosidad que manifiestan  al   erigir, entre sus propios  dioses,  un altar "al Dios desconocido", divinidad que  les dice  él viene a darles a conocer con el nombre de Jesús, el "Ungido" de Jahveh.

6. Entre los siglos  III y  V D.C.  ocurre la lenta descomposición del imperio romano a causa de las interminables guerras civiles intestinas, con la consiguiente debilitación de sus fronteras y   aparecerán  y penetrarán poco a poco en Europa las  hordas de bárbaros venidos de las mesetas orientales: los godos (ostrogodos y visigodos), francos, suevos, burgundios, anglos, sajones, vándalos, hunos,  frisones, alanos y alamanes. El rey de los  hunos, Atila, fue el más famoso entre los caudillos de tales pueblos bárbaros, por sus extensas conquistas y, a la vez,  el peor enemigo del por entonces  ya muy debilitado y dividido Imperio Romano, entre Oriente y Occidente. En su gran mayoría, estos bárbaros asentados en los territorios del antiguo imperio romano adoptaron las costumbres romanas y su idioma (el latín), idioma  que dará origen a las lenguas romances del presente (castellano, portugués, gallego, francés, catalán, reto-romano, rumano).

7. Gran parte de ellos se convierte finalmente al Cristianismo, como en el caso sintomático del rey franco Clodoveo, que se hace bautizar como cristiano, con 3.000 de sus guerreros y vasallos. Era ésta una época   -como en toda la Edad Media siguiente- en que se ponía en práctica,   de facto,  la fórmula  religiosa acomodaticia que  quedará bien expresada bastante más tarde  en el adagio latino "cuius regio eius religio". esto es, "del que es la región, es también la religión"   (adoptada oficialmente en la Confesión de Augsburg en 1555).  O sea, en buen romance, el pueblo debe adoptar por necesidad la religión de su gobernante.  ¿Por agradarle?, ¿por no provocarle?  ¿ por obtener de él granjerías y ventajas?; ¿o por la necesidad de una  obediencia política?  Seguramente,  por todo  eso y  mucho más.

La invasión de los árabes a partir del siglo VIII  D.C.

8. Lo que queremos recalcar con  este recuento somero de una historia multisecular, es que hoy  no es la primera vez que Europa recibe potentes oleadas de inmigrantes (muchas decenas de miles)  en su seno. Europa ha conocido en su historia milenaria,  múltiples embestidas de grupos humanos que, escapando de las condiciones a veces climáticas (sequías y sus consiguientes hambrunas), a veces políticas (persecuciones) desde las llanuras del  Este  o las fronteras naturales del sur, rebasan sus límites y terminan por asentarse en los territorios,  débilmente poblados por entonces, de la Europa occidental, máxime en sus regiones septentrionales. En el año 711 los sarracenos de religión musulmana penetran en Europa, procedentes del norte de África, atravesando en sus naves  las columnas de Hércules (Gibraltar). España, la vieja Hispania  romana, es conquistada casi en su totalidad, librándose sólo los pequeños reinos de los Pirineos donde resisten los bravos vascos y navarros ocultos en  sus bosques milenarios.

9. La resistencia de los reinos cristianos.

Los numerosos pequeños reinos o principados  de la Península ibérica, enfrascados en sus disputas familiares o territoriales, caen uno en pos del otro  en manos del invasor, incapaces de ofrecer una resistencia organizada al monarca musulmán. Sólo logran ser detenidos en su avance arrollador hacia el Norte,  en Francia, en la batalla de Poitiers (cerca de Tours), a manos del capitán de los francos Carlos Martel. La batalla tiene lugar  cerca de Tours, el 10 de octubre del año 732. Éste, cansado de las continuas  correrías sangrientas de los sarracenos en busca de botín, ofrece batalla al ejército sarraceno capitaneado por el gobernador de Andalucía Abderrahman ibn Abdullah Al Gafiri, dándole muerte. Así comienza la retirada sarracena y la lenta recuperación  del territorio perdido en el sur de Francia y norte y centro de España.

10.  Fin del avance musulmán en Europa.

 Esta batalla  logró  impedir y frenar  el avance hacia el Norte de las tropas musulmanas, asentadas ya firmemente en España. Este acontecimiento es considerado de vital importancia histórica para Europa, pues impidió el avance del Islam y  permitió  la preservación del Cristianismo  en las antiguas provincias  romanas de Hispania y Galia. La historia plurisecular de la penetración sarracena en Europa termina con la conquista final del bastión de Granada, por parte de los Reyes Católicos Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, en el año 1492, el mismo año del descubrimiento de América por el  navegante catalán Cristóbal Colom (Colón para los españoles).

El avance del Islam hoy sobre Europa.

Hoy la historia es algo bastante diferente. No hay ejércitos organizados ni líderes carismáticos, ni cruentas batallas. No hay voluntad de pillaje o despojo.   Ha sido, sin embargo, una penetración lenta, pero constante, de infinitas familias individuales,  iniciada en Francia desde principios del siglo XX o aún antes, por obreros árabes musulmanes muy pobres del Norte de Africa, originarios de las ocho colonias francesas. Después del término de la II Guerra Mundial,  legiones de inmigrantes árabes procedentes  principalmente de Turquía llegarán por el Este a Alemania, Austria, Bélgica y Holanda, a engrosar la fuerza de trabajo de estos países. España, en su frágil frontera marítima meridional no logra impedir el paso de migrantes africanos, en su inmensa mayoría musulmanes, que buscan desesperadamente trabajo y paz. Proceden  de sus antiguas colonias de Marruecos Español, Sahara Occidental, Ifni y Guinea Occidental. En frágiles embarcaciones y con cierto dominio del idioma español, perforan fácilmente las barreras  fronterizas de un brazo de mar, alcanzando la península en la zona de Gibraltar. ¿Qué tienen todos ellos en común?. Solo dos  cosas. a) su fe en el Islam, en Mahoma su profeta y su  fidelidad al libro sagrado "El Corán", y b) su lengua árabe  compartida desde Irak hasta  Marruecos Español o Mauritania.

Una cierta similitud.

 La rápida difusión del Islam a partir de Mahoma  (siglo VI D.C.)  tiene como vehículo esencial la lengua árabe  en la que ha sido  escrito el Corán  por Mahoma, tal como el quechua fue el vehículo de la expansión del Tahuantinsuyo de los Incas y en este mismo idioma se difunden los mitos, base de sus  y creencias. En este sentido la expansión del Califato árabe se asemeja en no pocos aspectos  a la expansión Inca en los Andes de la América del Sur. Mientras el primero pregona la adopción del dios Alah y su profeta Mahoma, el segundo fomenta y exige  la aceptación obligada  del dios Inti y sus rituales entre los pueblos vencidos subyugados.  Religión y poder político van de la mano en ambos casos.

El resultado no esperado  del colonialismo europeo.

Los inmigrantes pobres que llegan a Francia  desde fines del siglo XIX en gran número, proceden de los extensos territorios coloniales que Francia tuvo en Africa  (Afrique Occidentale Francaise),  a saber: Mauritania, Argelia, Senegal, Sudán Francés (hoy Mali), Guinea, Costa de Marfil, Níger, Alto Volta (hoy Burkina Faso) y Dahomey ( hoy Benin).  No debemos olvidar que la penetración francesa -al igual que la española y portuguesa- en África se inicia muy tempranamente en las costas a través de factorías comerciales que se implantan en sus costas occidentales  ya a partir del siglo XVII de las que obtiene pingües ganancias.  Y con sus enseres básicos y su escasa vestimenta, llegan con sus creencias, sus ritos y su religión. No podía ser de otra manera.


Inestabilidad política generalizada  en países árabes de medio Oriente.

La guerra en el cercano Oriente  contra el Estado islámico (EI) y los talibanes ha provocado una situación política y social de peligrosa inestabilidad que hoy reina en Pakistán, Afganistán y Siria y aún el Líbano. Siria es hoy día un polvorín, del que están escapando  decenas de miles de personas que  buscan una vida mejor. Los combates  contra  el Estado islámico y los talibanes, y la lucha entre  árabes Sunitas y Chiítas  y por otra parte  el intento de los kurdos por recuperar su libertad como nación,  han convertido esa amplia zona en un polvorín. Cuando se escucha a los sirios que  han huido a Europa occidental  su triste historia, se comprende bien la razón de su fuga,  del abandono total de sus bienes por acceder a la libertad.

¿Qué puede ocurrir  en Europa en un corto lapso de tiempo?.

¡Cómo quisiéramos ser profetas para predecir eficazmente el futuro!. Sin embargo, hay algunas  sugerencias y atisbos que se puede intuir en este proceso de  efectiva y real  islamización.

1. Se calcula ya en unos 25-27 millones los migrantes de religión musulmana que viven en países de Europa. Su número y porcentaje irá en rápido aumento a causa de la migración masiva, siempre creciente, hacia los países de Europa. Pero también, por razón de su elevada tasa de crecimiento que triplica a lo menos la de los grupos originarios de esos países. Éstos, tienen hoy muchos menos hijos; cada vez menos.

2. Los migrantes se concentran hoy en muy pocos países de la Unión  Europea:   España, Francia, Inglaterra,  Alemania, Austria, Bélgica, Holanda, Suiza) : nadie emigra hacia los países del Este de Europa, sólo al Oeste.  Poquísimos, se van a la península de los Balcanes o Grecia, a pesar de su mucho mayor cercanía  geográfica. ¿Qué buscan?. Estabilidad  política y, sobre todo,  seguridad económica. Prefieren por lo tanto los países ricos y los que presentan una gran estabilidad política.

3. Por lo que se sabe, raro es el musulmán que se convierte al Cristianismo europeo. En caso de conversión, pasarían ellos a ser, a los ojos de sus semejantes, verdaderos parias de su raza y cultura. Lo que trae como corolario obligado el que en la Europa de hoy aumentan mucho más rápidamente los musulmanes que los cristianos. Mientras Europa se descristianiza velozmente, ésta se islamiza. Las estadísticas son elocuentes. Ningún otro credo religioso entra aquí en juego para poder establecer un cierto  equilibrio  (v.gr. religiones de China o  de la India: Budismo  o Taoísmo).

4.  En todos los países donde se asientan familias musulmanas, no tardan  en aparecer  sus templos, las mezquitas y sus predicadores. Se dice que sólo en Francia existen hoy  más de 2.000 mezquitas, mientras  el número de templos  católicos disminuye, se cierran al público por falta de fieles, o aún se ponen a la venta. Realidad innegable hoy día en países como España, Francia, Bélgica  e Italia.

5. El Corán, a pesar de que  el tema sea debatido  hoy en círculos religiosos,  en muchas de sus suras (versículos) alienta y pregona abiertamente la lucha contra el  "enemigo", que en este caso ciertamente, no es otro que el cristiano, tal como ocurriera en tiempos de las Cruzadas contra el Califato.  Decenas de suras  pregonan y exigen, con términos muy violentos,  la lucha armada contra dicho "enemigo". Y así lo han interpretado ad litteram tanto  el Estado Islámico como los talibanes en su lucha contra Occidente (para ellos presuntamente cristiano). El "enemigo" es el mismo para ellos, aunque  el mundo europeo occidental hodierno tenga ya, a la verdad,  tan poco de cristiano. Pero sigue siendo "cristiano" desde el punto de vista histórico y fundacional. Para los grupos islámicos más radicales, sigue aún visible de una manera  u otra,  la "impronta" cristiana de origen, el "sello" del Cristianismo y de la Cruz, su enemigo ancestral. Europa a partir del emperador de Constantino inició un largo y accidentado período  de paulatina cristianización, precedido del  bautismo de sus líderes o jefes. El mundo islámico de hoy no hace la  distinción fina que hacemos nosotros  hoy entre el ayer histórico y el hoy convulsionado y revuelto. Entre un mundo cristiano (Edad Media) y un mundo postmoderno, totalmente laico, donde los valores cristianos han dejado hace ya rato de permear sus respectivos estados, naciones y sus legislaciones de signo laico, cuando no abiertamente anti-cristiano.

6. Igualmente, en todos los países donde llegan a ser muy  numerosos, tienden a establecer rápidamente sus propias escuelas donde se enseña su lengua, su tradiciones, su cultura  y su religión; en una palabra, su modo de vida, muy diferente (y a veces diametralmente opuesto)   al del país donde se encuentran. Donde llegan a ser numerosos, tienden a formar siempre  verdaderos ghettos geográficos, barrios cada vez más enclaustrados, donde viven  juntos, se educan juntos, hablan entre sí el árabe y  veneran juntos en sus mezquitas a Alah y a Mahoma su profeta. Es decir, trasladan literalmente el modo de vivir en su patria, al país que les ha acogido. Este segregacionismo tanto geográfico como cultural y religioso, es desde el punto de vista social y religioso, un peligro latente.  Llega  a ser  un fácil caldo de cultivo para facciones religiosas extremistas, que reclutan allí, entre los sin casa, desadaptados, descontentos o cesantes, numerosos adeptos, candidatos ideales para el Estado Islámico o Al Kaeda. Es lo que ha ocurrido en Bélgica, Francia y otros países de Europa. No cabe duda de que esta segregación  -expresamente pretendida o solo accidentalmente conseguida- constituye una zona fácil de fricciones interétnicas y religiosas y, por lo que nos dicta la experiencia, un polvorín en ciernes. Que no es esto mera especulación nuestra, lo demuestra lo que ya está ocurriendo hoy, a diario, en Francia, Bélgica, Holanda, o Alemania, entre otros países de Europa occidental, donde se han asilado no pocos terroristas musulmanes, dotados ya, por nacimiento, de la respectiva ciudadanía europea.

¿Qué hacer en estos casos?.

1. La receta ciertamente no está en seguir los planteamientos de un Donald Trump, el estridente magnate estadounidense, candidato republicano a la presidencia de su país, quien ha afirmado categóricamente que cerrará la puerta a todos los musulmanes. Tales restricciones atentan contra la libertad  y solo alimentan actitudes abiertamente pro-nazis, las que ya alzan sus airadas voces en algunos países con las consecuencias de incendios y masacres que hemos visto en algunos países.  

2. El error reside, en nuestra opinión, en no haber sabido poner condiciones mucho más férreas  a los inmigrantes.  El error ha sido abrir "la puerta ancha" a toda clase de migración, so pretexto de la urgente necesidad de mano de obra, sin mediar condición alguna. Lo primero, es saber quién entra y con qué fines. Lo segundo, es cerciorarse de que el migrante quiera realmente vivir, en todo, como los demás miembros del país que lo acoge y no enclaustrarse en un ghetto. Lo tercero, es que todo migrante debería ser obligado a estudiar y conocer a fondo la lengua, la historia y las tradiciones del país que le acoge. Lo que supone que el país receptor impone al migrante  un período  de seguimiento obligatorio, con personal altamente capacitado,  de "cursos especiales de "capacitación migratoria" (en lengua, cultura, historia, geografía  y tradiciones patrias), tanto para niños como para adultos.

3. Otra fuente cierta de  error ha sido "la escala", es decir, el porcentaje o la cantidad  de migrantes que un país puede adoptar durante un cierto período de tiempo, sin menoscabar, afectar  ni causar daño irreparable a su propia "identidad nacional". Si partimos de la premisa de que los hijos de musulmanes serán también (como lo prueba sin discusión la experiencia europea) musulmanes y conservarán la lengua de sus padres (el árabe),  más o menos como lo hicieran en el pasado los judíos emigrados que conservaron el hebreo y su religión, es evidente que con el correr del tiempo, su "cultura"  será idéntica a la del país de origen; llegan a constituir "un estado dentro del estado".   Su habitat  en tierra extraña (su ghetto) será en este caso  sirio, libio, afgano, pakistaní, marroquí o turco, en todas sus manifestaciones (coros, oraciones, ritos,  fiestas, bailes, etc.).  La "cultura" adquirida no será la alemana, francesa, flamenca o española del país de adopción, sino la propia traída a hurtadillas del país de origen. Y la tendencia a la formación de ghettos cerrados, social, económica  y culturalmente, será en la práctica, inevitable.  Todo ghetto es una bomba de tiempo social y cultural: un desafío abierto a la identidad nacional.

4.  "Donde fueres, haz lo que vieres", reza el antiquísimo adagio castellano.   Es éste un llamado a asemejarse al modo de vivir  del país que te acoge, no solo para no llamar la atención, sino como un gesto de respeto hacia los miembros del país de adopción al que llegas o mejor aún, una expresión del querer realmente insertarse como migrante.  Este antiguo proverbio latino de origen medieval:   "si  fueris Romae, romano vivito more; si fueris alibi, vivito sicut ibi"  existe también en inglés:   "When in Rome, do as the Romans do" y encierra una profunda lección de respeto y educación, de anhelo de una auténtica y verdadera adaptación en  una tierra extraña.

 7.  El antropólogo social o cultural que va a tierras ignotas, imbuido en las lecciones de maestros como Malinowsky o un Radcliffe Brown  sabe muy bien que el primer paso que debe dar el investigador de una cultura  exótica, diferente a la propia, es tratar de vivir como el otro, imitando sus modos de vida, empezando por el aprendizaje de su lengua. Es una manera de congraciarse con el miembro de otra cultura, reconociendo implícitamente la validez de sus tradiciones, sus valores. Y, por el contrario, el que persiste en ser diferente y mostrarse siempre diferente (en su hablar, vestir, comer o divertirse), en la práctica demuestra arrogancia y (aunque no lo pretenda) está despreciando al otro y su cultura y así lo siente y experimenta este último.

8. Recurramos a nuestra experiencia diaria. ¿Acaso no nos molesta el que los pakistaníes e iraníes que viven en Iquique (donde resido), usen continuamente su vestimenta  tradicional, tanto ellos como ellas  y aún  sus niños pequeños,  y desenfadadamente hablen entre ellos el árabe, en voz alta, como es su hábito,  ante  nosotros los chilenos?.  Ciertamente lo consideramos una falta de tino, una falta de respeto; en una palabra, un desatino, cuando no, un velado insulto.  El que mantengan sus costumbres y su lengua en su casa, entre ellos, o en sus fiestas de tipo étnico,  bien. Es comprensible  y hasta es laudable.  Pero en la vía pública, compórtense como el resto de los chilenos, viviendo como ellos. Es una forma concreta de asimilarse, asemejarse, de querer llevarse bien con la mayoría. En este sentido, la reciente legislación francesa que pretende obligar a la mujer musulmana a vestir a la usanza nacional, dejando de lado  el  uso del  hiyad o burka  (velo que oculta gran parte del rostro) y la falda larga tradicional de su país de origen, adquiere pleno sentido. Porque  su uso común no solo tiene para ellas un sentido únicamente religioso, sino mucho más, un sentido étnico  y confesional, símbolo patente de pertenencia y adhesión a "otra" comunidad humana, dotada de "otros" valores, considerados superiores. Para el musulmán es símbolo de su pertenencia y adhesión a otro grupo lingüístico y confesional: su religión se expresa y simboliza en su vestimenta, recatada y discreta.  El musulmán que deserta de la burka o deja de hablar el árabe,  es considerado, de hecho en su comunidad,  un "paria" de su raza  y cultura.

No es éste el caso para el turista que está  de paso.

El adagio citado más arriba: "donde fueres, haz lo que vieres", no rige obviamente para el turista que está de paso, sino tan solo para el migrante, el residente, máxime para aquél que pretende buscar un nuevo y definitivo  hogar en tierra extraña. El olvido de esta simple norma elemental,  es causa  de roces, conflictos y disensiones que pueden terminar en muertes o en auténticas "batallas tribales" como se ha visto en Alemania, atizadas  por el espíritu nazi que no ha muerto. 

Conclusiones.

1. Estamos, al parecer,  frente a  dos posiciones extremas:  o se acepta  la llegada   indiscriminada de inmigrantes que traen consigo su lengua, su cultura, su tradición y sus costumbres,  sin pedirles nada a cambio (globalización), o  se restringe su ingreso y se pone trabas y condiciones, para salvaguardar y  defender, como un bien supremo,  la identidad nacional (auto-identificación nacionalista). No parece fácil armonizar estas tendencias, aparentemente tan opuestas y divergentes.

2. La globalización acepta sin  discusión  el tránsito y libre movilidad de personas, culturas y bienes   entre las naciones, sin restricción de ninguna clase, mientras que  el proteccionismo  cultural  so capa de defensa de la  identidad nacional o auto-identificación, quiere refrenar  y dosificar tal  libertad,  en aras de la defensa de los valores nacionales, que son intransables. ¿Es ésta una antinomia real o caben matices?. ¿Qué pensar al respecto a la luz de los recientes hechos ocurridos en Europa?. ¿El triunfo reciente del  Brexit  en Gran Bretaña, nos da alguna luz al respecto?. Extrañamente, esta islamización o su  peligro, ha inducido a muchos votantes ingleses a   favorecer el Brexit, es decir, su salida de la Unión Europea  para poder mejor- según dicen- proteger sus fronteras.

3. Una mirada al Corán  tal vez nos dé la clave.
    
Escojo una de las suras del Corán que  exalta muy claramente la guerra santa   (la Jihad) contra los infieles:

Sura 9: 29-31

“¡Combatid contra quienes, habiendo recibido la Escritura no creen en Dios ni en el último Día, ni prohíben lo que Dios y Su Enviado han prohibido, ni practican la religión verdadera, hasta que, humillados, paguen el tributo directamente!. Los judíos dicen: Uzayr es el hijo de Dios. Y los cristianos dicen: El Ungido es el hijo de Dios. Eso es lo que dicen de palabra. Remedan lo que ya antes habían dicho los infieles. ¡Que Dios les maldiga! ¡Cómo pueden ser tan desviados!“Han tomado a sus doctores y a sus monjes, así como al Ungido, hijo de María, como señores, en lugar de tomar a Dios, cuando las órdenes que habían recibido no eran sino de servir a un Dios Uno. ¡No hay más Dios que Él! ¡Está por encima de lo que le asocian!”

Es cierto -y hay que destacarlo- que hay una facción más espiritualista del Islam que señala que estas  durísimas frases de su libro sagrado han de entenderse sólo en sentido figurado. Pero hay otras -el caso de los Talibanes y  el  Estado Islámico-, que  lo estiman una orden perentoria de Alah y por ella están dispuestos a  sacrificar sus vidas. Lo hemos visto en los últimos atentados. No han dudado en portar en sus cuerpos una bomba en lugares donde  acuden en gran número los "infieles". ¡Lo han tomado al pie de la letra!.

A los líderes espirituales islámicos de hoy toca ahora  explicar  claramente su significado y desvirtuar las interpretaciones erróneas que  conducen al odio y a la guerra fratricida.


(en proceso).

1 comentario:

Dr. Horacio Larrain Barros dijo...

Recibo del conocido periodista chileno Miguel Laborde el siguiente comentario a este capítulo del blog:


"Estimado Horacio:
Le reenvié el texto a Cristián Warnken y lo he reflexionado:
te felicito por el esfuerzo ordenador y didáctico, en torno a un tema tan abundante en aristas;
pero, más allá del esquema histórico, por tu propuesta política que me parece muy atinada:
la globalización no puede llevar a la desnudez cultural, a la nada aséptica,
la UNESCO nación con J. Huxley abogando por una neutralidad sin razas ni religiones, laica,
y a los pocos años retrocedieron. La identidad se sustenta en esas bases diversas que se asoman a la trascendencia…
Todas las culturas tienen sus valores, pero todas son diferentes.
Seguimos en contacto, es un tema que no se puede soltar, nos viene pronto en Chile.
Un abrazo,

Miguel Laborde.