domingo, 19 de junio de 2016

Descripción del pucará de Quitor por el ingeniero geógrafo y naturalista Francisco Javier San Román en el año 1884: discusión y comentarios.



El presente trabajo constituye una pequeña contribución histórica al conocimiento y estudio del pucará de Quitor, fortaleza atacameña situada en las proximidades del poblado de San Pedro de Atacama. Quiere, ser, a la vez, un pequeño presente del autor de este Blog a  sus queridos amigos atacameños, fieles al recuerdo de la obra  gigantesca del sacerdote-arqueólogo Gustavo le Paige S.J., allí realizada por espacio de 27 años, con quienes departí  por varios años   (1963-1965 y 1984-1993), recorriendo  casi todos  los polvorientos senderos de Atacama.

Este breve capítulo tiene por misión rescatar temas de una poco conocida descripción del ingeniero y geógrafo chileno Francisco Javier San Román (1838, Copiapó - 1902, Santiago) , copiapino, comisionado por el gobierno de  Chile para recorrer y describir  en detalle  desde varios ángulos,  la región recién conquistada por  las tropas chilenas, en el interior de Antofagasta.

                                           
 Fig. 1.   Portada de la obra de Cristián Muñoz (edit.) sobre la expedición a Antofagasta realizada por el explorador e ingeniero geógrafo Francisco Javier San Román  por comisión expresa del gobierno de Chile. Impresa en Copiapó  (?) en el año 2014.           

Su autor nacido en Copiapó en 1838, fue hijo de inmigrantes  argentinos que  habían escapado de la dictadura de Juan Manuel de Rosas  y se habían refugiado, como tantos otros connacionales suyos, en nuestro país. Estudió  minería -su especialidad- en la escuela que  el sabio polaco don Ignacio Domeyko había establecido poco antes en Copiapó  y se tituló de ingeniero. Su obra cumbre: "Desierto y Cordilleras de Atacama",   fue publicada en tres volúmenes en Santiago de Chile, por la Imprenta Nacional   (Tomo I: 1896; Tomo II; 1896; Tomo III: 1902). Además de la geología y mineralogía,  se interesó vivamente  por la lengua y costumbres de los atacameños a quienes trató y conoció  tan de cerca durante sus largas expediciones, y publicó sus valiosos apuntes sobre  su lengua con el nombre de:  "La lengua  cunza de los naturales de Atacama", (Imprenta Gutemberg, Santiago, 1890). También hubo una edición de esta obra en la Revista de la División de Obras Públicas, Sección de Geografía, Santiago de Chile, N° 5, año de 1890.  (hay una reedición muy posterior de la misma obrita en la revista "Ancora", Revista Universitaria de Cultura, Santiago, 1966: 76-88).
Siendo San Román  gran conocedor de la zona norte, el gobierno del Presidente Santa María  le confió el mando de la expedición científica a la zona del interior de Antofagasta,  exploración que duraría tres años. 

Gracias a esta comisión del gobierno chileno, confiada  en Abril de 1883, el ingeniero  San Román nos ofrece un relato muy valioso, plagado de referencias  ecológicas y geográficas, gracias a su gran interés por la geología,  las ciencias naturales y la geografía,  tanto física como económica y biológica. Su amor a la naturaleza en todas sus formas, se manifiesta en esta obra en cada una de sus páginas. En ese relato, figura la descripción que aquí ofreceremos de la fortaleza atacameña de Quitor, junto al río San Pedro.  De pluma brillante y fecunda,  San Román  nos ofrece descripciones realmente fascinantes de los paisajes cordilleranos que le tocó recorrer a caballo, en mula y a pie durante su larga y fructífera exploración.

                          
Fig. 2.  Imagen del pucará o fortaleza defensiva de Quitor en las márgenes del río San Pedro. Fotografía tomada por nosotros a fines del  mes de diciembre del año 1964, con motivo de una de nuestras estadías en el museo arqueológico del P. Le Paige. Desconocemos hoy  la función exacta  del gran recinto circular,  en forma de torreón, con sus muros bastante bien conservados hasta hoy,  que aparece a la  izquierda de esta imagen. A  propósito, recuerdo bien nuestro hallazgo de una pequeña punta de proyectil en sílex, de aproximadamente de unos  2,5 cm de largo,  en la base de uno de los muros internos del recinto fortificado. Seguramente, una punta de proyectil usada como  dardo arrojadizo mediante el empleo del  arco, por sus defensores que allí se opusieron  heroicamente al ataqu e del capitán español Francisco de Aguirre.

La comisión  encargada por el gobierno chileno a San Román.

En la imagen que sigue (Fig. 3 y 4)  consta en detalle la difícil misión recibida por el explorador chileno.

Fig. 3. Página 30 del libro: Francisco San Román, Naturalista de Atacama, siglo XIX en que se muestra el texto de la comisión presidencial encomendada al  ingeniero geógrafo, en Abril de  1883.  



Fig. 4.  Continuación del texto (pg.31) de la citada Comisión Presidencial, firmada por el presidente de Chile Domingo Santa María  y su ministro, José Manuel Balmaceda. Aquí se detalla  los aspectos que deben ser especialmente  examinados durante dicho viaje de exploración.  Especial énfasis se da en este encargo  al estudio de las rutas de comunicación, la riqueza mineralógica de la zona  y a la confección de una carta topográfica de esa sección del desierto, en la que debe señalizarse la presencia de aguadas. Esta carta topográfica constituye un aporte muy importante para el conocimiento del  nuevo territorio y aporta mucha información adicional  a la carta hecha por Guillermo Döll, dibujante de la expedición de R.A. Philippi en el año 1853-54.

Las ruinas de la fortaleza de Quitor según San Román.

En esta ocasión, daremos a conocer el texto del relato que se refiere  a las ruinas del  pucará de Quitor, al interior de la región de Antofagasta,  sito en la margen sur del río San Pedro, visto con sus ojos de naturalista y de ingeniero geógrafo.

Al dirigirse en mula el explorador hacia las cercanas minas de cobre de San Bartolo,  que atraen particularmente su interés  mineralógico, pasa junto a las ruinas de una antigua fortaleza indígena, la que describe en los siguientes términos:

Texto de su descripción. Las notas son nuestras.

"A los grupos naturales de  algarrobos o chañares se unen algunos perales e higueras, alfalfares y trigales  (1), que acaban por halagar la vista y tranquilizar el espíritu del viajero que logra verse, al fin, como en una tierra prometida donde no faltará el agua ni lo más indispensable para la subsistencia  (2).
Es objeto digno de visita el fuerte o reducto de defensa donde se dice que los naturales de defendieron contra los invasores españoles (3)  lugar verdaderamente defendido conforme a la estrategia acostumbrada, con abruptas y verticales paredes naturales difíciles de asaltar y tomar de frente o por los flancos, y sin más posible medio de invadir que por su largo rodeo a retaguardia (4).
Figúrese el lector el famoso Morro de Arica, enorme peñón que cae a pique sobre a playa  y se defiende a  sí mismo por sus costados, siendo solo vulnerable a mano armada y corazón sin miedo por la meseta desde donde los soldados chilenos lo asaltaron el 7 de junio de 1880.
Tal es el sistema o modelo de defensas que usaron los antiguos pobladores de América y de cuyo tipo se ven numerosos ejemplos por doquiera, extrañándose el viajero de ver todavía poblaciones habitadas, como Caspana, en las inmediaciones del Loa, así edificadas sobre precipicios casi inabordables.
Es el mismo sistema de construcciones que en el país de los calchaquíes se llama pucará (5), como colgadas de los barrancos y altas laderas, y lo mismo, exactamente como las he visto en el antiguo México, ahora estados de Arizona y Colorado de Estados Unidos de Norteamérica (6),  donde los turistas y hombres de estudio las visitan con extraordinaria curiosidad  y científico interés.
El fuerte de Atacama no es ahora sino un hacinamiento de pequeñas construcciones en ruina (7): murallas de circunvalación de las que apenas quedan restos, torreones de forma circular (8) y construcciones cuadrangulares sin orden ni concierto aparente, todo sobre terreno de lavas y riolitas con sus reflejos rojo amarillentos.
Río adentro, el camino deja el valle donde éste se encajona y estrecha, para subir sobre los barrancos desde cuyas alturas todo el aspecto es de una superficie indefinidamente cubierta de iguales deyecciones volcánicas, alternándose así los aspectos de paisaje siniestro de rocas áridas calcinadas por el fuego con la refrescante vista del campo verde surcado  por el arado y las canaletas de regadío" (9).  (Tomado ad litteram de la obra: Francisco San Román naturalista de Atacama, Siglo XIX  Estudio y compilación de Cristián Muñoz L., Editorial Alicanto Azul, Atacama Kozan, (¿Copiapó?), 2014: 141-142).

Notas nuestras al texto.

(1) Destaca el autor la presencia  en los campos de cultivo aledaños al pucará, cerca del río, de los árboles frutales indígenas típicos (algarrobo y chañar), especies de las que hacían pan y bebidas alcohólicas (aloja),   y de los vegetales de origen español (peras, higueras, alfalfares y trigales). El trigo  (Triticum vulgare), elemento básico  y esencial para la confección casera del pan por aquellos años, dejó de cultivarse en San Pedro hace ya varias décadas, pues hoy se expende regularmente en las panaderías locales y muy  rara vez se prepara en el hogar.  Hasta hoy, en cambio,  la alfalfa (Medicago sativa) es una producción importante como alimento de mulas, burros y aún llamos.

(2)  Los defensores de la fortaleza, cuyo nombre no cita el autor y que hoy conocemos como Quitor, tenían un acceso fácil al agua del río San Pedro, cuyo cauce pasa a pocos metros al pie de sus murallas. Debieron concentrar, sin embargo, gran cantidad de agua para la bebida en grandes vasijas de alfarería para resistir un asedio prolongado, cuyos fragmentos aún hoy abundan allí como recuerdo imborrable en el recinto fortificado.

(3) El recuerdo de la porfiada resistencia aquí ofrecida por los defensores atacameños contra el capitán español Francisco de Aguirre  (lugarteniente del conquistador Pedro de Valdivia) y sus huestes a caballo, persiste aún entre los pobladores atacameños de la vecindad. La  enorme destrucción que se observa  aún hoy fue causada, sin la menor duda,  por los españoles que luego de asaltar y ganar el fuerte, lo desmantelaron por completo. El naturalista y viajero alemán don Rodulfo Amando Philippi, en su famoso Viage al Desierto de Atacama  describe,  unos treinta años antes que San Román,   estas mismas  ruinas cuando, al igual que este último, se dirigía en mula  a conocer las minas de cobre de San Bartolo:

 "El camino  conduce casi siempre por el río Atacama, que se atraviesa  cincuenta a sesenta veces, y que en ninguna parte era más hondo que dos pies.  Donde el valle se dilata algo, hay pequeños sembrados de alfalfa, maíz, zapallos y trigo, rodeados de pircas o de tapias; se ven también muchos algarrobos y chañares, pero pocos perales...  Al poniente se levanta una colina del alto de 200 a 250 pies, limitada al Norte por una quebrada muy honda que correo de Este a Oeste, al poniente por un corte artificial y al levante por el valle del río, teniendo en estos tres lados faldas casi perpendiculares, por lo que solo accesible por el sur, donde se inclina paulatinamente, y lleva en su cima pircas, restos de casas antiguas. Se dice que los atacameños se retiraron a este lugar, a la llegada de los españoles y que se defendieron algún tiempo en estas situación ventajosa; era,  por consiguiente, una de esas antiguas fortalezas colocadas en la cima de los cerros, como había muchas en el Alto Perú, donde se llamaban pucará". (citado en Viaje al Desierto de Atacama, Rodulfo Amando Philippi, Reedición en: Biblioteca Fundamentos de la Construcción de Chile, Cámara Chilena de la Construcción, Pontificia Universidad Católica de Chile, Biblioteca Nacional.  Diciembre 2008 (Eds. Augusto Bruna Vargas y Andrea Larroucau,  2008: 77; subrayado nuestro).

(4)  Tal como lo señala Philippi en su visita,  esta fortaleza era solo accesible por su costado sur.

(5)  Tanto Philippi ( fecha de su visita 1853) como San Román (en 1884)  reconocen inmediatamente este conjunto  viviendas hacinadas  en los cerros como una fortaleza indígena o pucará.

(6)  Se refiere aquí a las construcciones  en  abruptas y casi inaccesibles  laderas de cerros,  de los indios Pueblo de los Estados Unidos.

(7)  A diferencia del pucará de Lasana, cerca del poblado atacameño de Chiuchíu, en el río Loa,   esta fortificación fue  arrasada por los españoles a las órdenes de Francisco de Aguirre para evitar su posterior reocupación. Con bastante dificultad se logra reconocer hoy los estrechos pasillos de circulación interna, entre los  recintos de viviendas demolidas.

(8)   El torreón  de planta circular se yergue hoy altivo, como antaño,  en medio de  muros en ruinas (Vea nuestra Figura 1, imagen tomada por nosotros en diciembre de  1964).

(9). La descripción del valle regado por acequias, y sus chacras protegidas por  pircas, es  más explícita y concreta en el relato del viajero Rodulfo A. Philippi, que hemos transcrito más arriba.  En parte, la zona descrita debe corresponder al área del lugarejo de Catarpe, habitado y cultivado  hasta el día de hoy.

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