jueves, 7 de julio de 2016

El Museo Arqueológico del P. Le Paige en San Pedro de Atacama: reportaje de Junio del año 1981.

Revisando nuestros archivos, dimos con este reportaje  hecho al Museo Arqueológico del P. Gustavo Le Paige, S.J.  a fines de junio del año 1981. Exactamente un año después del fallecimiento del sacerdote-arqueólogo. Fue publicado en el diario "El Mercurio" de Santiago en su sección  la Revista del Domingo (el 28/06/1981). No se señala, por desgracia, el  nombre del periodista que hizo la excelente crónica. Este antiguo reportaje nos aporta datos inéditos sobre la obra de Le Paige, dignos de recordación.

Recordando el Museo de Le Paige.

Ahora que el Museo acaba de ser destruído, según se nos informa desde San Pedro de Atacama, entregamos este viejo testimonio como recuerdo de la gigantesca obra del sacerdote, en sus 27 años de permanencia en la zona, donde quiso ser enterrado al lado de sus queridos atacameños a los que atendió espiritualmente. Es un obsequio y un recuerdo para los auténticos atacameños, amantes y respetuosos de su pasado histórico-cultural. Es un llamado de atención a  los que propiciaron, fomentaron o aprobaron este acto de destrucción iconocida. Es, a la vez, un pequeño acto de desagravio ante la comunidad científica nacional por este atentado cultural. Sabemos ahora quienes son los responsables, los cerebros que propiciaron y perpetraron este atentado contra el patrimonio local. Pensamos que la historia los juzgará severamente un día no lejano, cuando surja vívida una mayor conciencia acerca de la importancia de  proteger y cuidar el  patrimonio local. Ésta hoy, es aún escasa y  vacilante; en ocasiones como ésta, inexistente.

 Fig. 1. Primera parte del reportaje.  Plantea la  reforma estructural que se hizo al Museo, con fondos del gobierno regional de Antofagasta, para  mejorar  su techumbre, pisos  y muros exteriores.

Fiug.  2. Segunda parte del reportaje.

Fig. 3.  Tercera parte del reportaje.  Arriba, se puede ver al Rector de la Universidad del Norte, Jorge Alarcón Johnson, almirante en retiro de la Armada Nacional. Fue Rector designado de la Universidad del  Norte durante el período de la dictadura militar; aquí durante su visita al Museo. Junto a él, a su izquierda, de corbata, el museólogo Héctor Garcés,  responsable de la nueva escenografía del recinto.

Fig. 4.  La efigie del padre Le Paige del escultor nacional Harold Krusell  que con posterioridad se levantó junto al Museo  para honrar dignamente  su memoria.  ¿Dónde  se la exhibirá en el futuro?.

Fig. 5. El sacerdote-arqueólogo Gustavo le Paige   S.J., mira  fijamente  la obra de su vida.  Estatua que por estos días será definitivamente sacada del lugar para  tal vez  ser guardada   (¿u  ocultada?) en alguna oscura y polvorienta bodega, muy lejos de la vista del público visitante y  de sus amados atacameños. Hemos sabido de una fuente lugareña confiable, que una autoridad municipal acaba de comentar socarronamente a este propósito:  ¿y qué  haremos ahora con este "mono"?.  Dando a entender con esta expresión despectiva el profundo desdén por la memoria del egregio personaje que levantara a San Pedro de su postración pueblerina, e iniciara su marcha incontenible hacia el progreso. Expresión por demás lamentable y altanera de una autoridad, desconocedora de la obra titánica del sacerdote en beneficio de  su pueblo.  Le Paige mira aquí -a través de su efigie-  por última vez, entre nostálgico y acusador, la obra de sus manos a mediados de junio pasado, cuando los obreros destruyeron,  a mazo limpio, la primera rotonda del Museo,  su obra primeriza, la misma que observamos aquí en  la Figura 1 de este capítulo de nuestro blog. 

Comentario antropológico-cultural.

1.  A la fecha de este reportaje, un 28 de junio del año 1981,   el constructor  y renovador del edificio, el  señor  Jaime Lira,  comenta  las mejoras que se acaba de hacer  a la primera rotonda del edificio del Museo, con la inyección de  más de  cuatro millones de pesos de la época,  aporte generoso del Gobierno Regional.  Se señala que el edificio recién reparado, pero fiel a su diseño original,  cumple ahora con altos estándares de calidad.

2.  El reportaje  aporta  interesantes datos  sobre sus  colaboradores atacameños  y del  director (S) del Museo, el arqueólogo Patricio López, por entonces a cargo del Museo luego de la muerte de Le Paige.  López, inicialmente  muy crítico de los métodos de le Paige, termina por convencerse de que el sacerdote,  a pesar del aparente desorden,  llevaba  un registro muy minucioso de sus hallazgos. López, de crítico, pasó a ser un gran admirador  de Le Paige.  Otro tanto ocurre con la arqueóloga Ana María Barón, la gran defensora en estos días del Museo lepaigiano.  Es lo que ocurría a todos cuantos trataban más íntimamente a Le Paige y se enteraban más cabalmente de sus secretos, muy bien guardados por él. Es lo que supo expresar bien el gran arqueólogo de la Universidad de Chile Mario Orellana,  en una de sus obras, uno de los primeros investigadores que  lo trató íntimamente y se dejara seducir por su figura, sus  descubrimientos  y sus osadas hipótesis. Pocos arqueólogos han sabido comprender como él el inmenso e imperecedero legado cultural de Le Paige al pueblo atacameño y a la arqueología chilena. (Vea etiquetas sobre Mario Orellana y Gustavo le Paige en este mismo blog).  

3.  Extrañamente, ni  Patricio López ni su sucesor en el cargo en el Museo,  el arqueólogo Olaff Olmos están hoy vivos como para pudieran darnos hoy testimonio  del empuje avasallador de Le Paige y de su enorme capacidad de trabajo. Ambos cambiaron de opinión sobre Le Paige y su obra, al cabo de algunos años, al trabajar  sus materiales y conocer y estudiar detenidamente sus libretas de campo. En ellas estaba la clave oculta para reconocer  el interés y la valía de sus hallazgos.  También, para atisbar  sus audaces hipótesis  y sus planteamientos.

4.  Tras tanto desatino como se ha cometido recientemente, nos preguntamos ahora cómo se va a recordar, en el nuevo Museo de cemento que empieza  a levantarse,  y cuya traza  nos ha parecido  tan alejada del paisaje rural atacameño (y tan dispar con su entorno histórico-cultural), la figura señera del arqueólogo Le Paige, "el padre de la arqueología atacameña".   Ojalá que el afán iconoclasta que se  ha observado hasta ahora se revierta, y su figura sea dignamente puesta en el sitial que se merece, como el gran descubridor de las culturas de  San Pedro para la  humanidad. Veamos qué nos depara el futuro en este sentido.  Y veremos si  la estatua del arqueólogo Le Paige, vigorosa obra de Harold Krusell, deja de ser considerada como un "mono" inútil  e inservible y  vuelve a recuperar el sitial de honor que le corresponde, en las cercanías del Museo nuevo. Ojalá así sea.  Estaremos atentos a lo que suceda.