miércoles, 17 de diciembre de 2014

Hallazgo de un curioso cráneo de lobo marino: observe Ud. cómo los antiguos cortaban el cuero del animal para obtener su carne.


En este capítulo, relatamos el descubrimiento, hace algunos años atrás,  de un cráneo de lobo marino cuyas características nos permiten afirmar su alta antigüedad y su empleo en la alimentación humana en la costa pacífica. Todas las fotos  que aquí se muestran, son nuestras.

Fig. 1.  Detalle del cráneo de lobo marino (Otaria flavescens) tal cual fue hallado por nosotros. Lo interesante en él es el corte practicado antiguamente en la piel de la cabeza del animal, en forma muy precisa, y seguramente, con un primitivo instrumental de piedra, para desollar el animal y aprovechar íntegramente su carne. La  piel y hasta los pelos del animal  se han preservado maravillosamente bien. Cráneo conservado hoy en la "Colección arqueológica Horacio Larrain" y que muy pronto irá a integrar el Museo Regional  de Antofagasta .(Escala gráfica de  10 cm.;  foto H. Larrain.).

Circunstancias  del hallazgo. 

Hace  más de 20 años, un día 12 de Marzo del año 1994,   a un año escaso de nuestra llegada a Iquique, hicimos con Marta, mi señora, una excursión de dos días en carpa a la zona de Patillos. El objetivo era tomarnos un bien merecido descanso y recorrer ese sector de la costa que no habíamos visitado antes, en busca de posibles asentamientos antiguos de pescadores-recolectores. Nos incitaba  a ello el recordar que Ancker Nielsen,  el dueño de la farmacia "La Danesa" de la plaza de Iquique, había  recorrido muchas veces estas playas en la década del 40 del pasado siglo, y había descubierto numerosos entierros., algunos de gran antigüedad. Su Colección - ya lo sabía yo- estaba guardada  en el Museo Regional de Iquique. Era, sin embargo,  un enigma para mí  el tratar de descifrar  y descubrir qué signos externos veía Nielsen sobre el terreno  para allí excavar. No pretendíamos imitarlo, ciertamente, sino entender su estrategia prospectiva.  ¿En qué elementos se fijaba?.  ¿Qué atraía su atención?. Porque sin duda alguna  en el paisaje  debió ver Nielsen signos  claros de  sepulturas o entierros precolombinos. Nuestra intención, en ningún momento, fue hacer una excavación o pozo de sondeo por entonces; solo reconocer elementos culturales presentes en superficie y plantearnos algunas hipótesis.

Ese día, tal como queda descrito en las páginas de nuestro Diario de Campo  que aquí reproducimos, (Vol. 49. pp  117-124),   la suerte nos acompañó, pues  el hallazgo hecho, bien justificaba  el esfuerzo. El encuentro casual de una singular cabeza de lobo marino,  en notable estado de conservación,  coronó el primer día de excursión. Ciertamente, no era un cráneo cualquiera, como veremos. Enseguida,  indicaremos los detalles inéditos de este hallazgo  poco común, el cual  nos permite  sacar varias conclusiones  sobre  el empleo del lobo marino por parte de las poblaciones  costeras primitivas.

El lugar del hallazgo.

Fig. 2.  El sector aproximado del hallazgo. El lugar del conchal (señalado por una línea blanca  que forma un óvalo) donde se halló este cráneo, queda a  unos 120 m en línea recta del mar y a unos 900 metros de distancia de la carretera Norte-Sur, la  que alcanza a aparecer en el extremo  derecho de la figura (arriba). Como lo muestra la figura  Nº 2,  el  extenso conchal arqueológico (de aproximadamente unos 5.000 m2 de superficie total),  dista hoy (diciembre 2014) escasamente unos 200 metros,  por su extremo norte,  del área ya fuertemente perturbada por extensas faenas mineras en la zona. En efecto, se percibe hoy un intenso tráfico para la depositación de sal, actividad que ha ido en fuerte incremento en los últimos años, a medida que aumentaba la producción de sal de la Empresa "Sal de Lobos" allí instalada. Es decir, la sobrevivencia futura de este conchal arqueológico del período Arcaico, peligra hoy día notoriamente en su integridad, ante el avance incontenible de los cerros de sal que van cubriendo todo (observe en la foto 2  el área cubierta por el colorido blanco de la sal).  Somos, por tanto, de opinión de que  este conchal debería se objeto de un detenido estudio arqueológico a la brevedad para alcanzar a salvar sus evidencias culturales. En unos años más, tal vez ya sería demasiado tarde.

 Fig. 3.   Acampando a  pocos metros al Weste del conchal arqueológico. Vista aproximada  desde el Norte al Sur. (Foto H. Larrain, 12/03/1994).


Fig.4.  Vista desde el conchal hacia  el WNW.  El conchal  se halla a unos  120 m  de distancia del borde marino (Foto H. Larrain 12/03/1994)

Fig. 5.  El cráneo mide exactamente  27,8 cm de largo y  14,8 cm de ancho  en la sección más ancha   cubierta por la piel. Observe la presencia de  las fosas nasales y  los párpados, visibles. Los largos pelos  de la nariz se han conservado intactos. La dentadura se conserva igualmente intacta. Las direcciones precisas del corte efectuado, denotan muy claramente la intención de  extraer, para consumo humano,  la totalidad de la carne adherida a los huesos del cráneo.

Fig. 6.  Detalle de las fauces   y fosas nasales.


Fig. 7. Vista por el lado opuesto. La parte del cráneo que se ve deteriorada, se hallaba parcialmente expuesta, lo que nos permitió  ubicar con cierta facilidad esta pieza osteológica en la superficie del conchal.

Fig. 8. Vista superior. Observe  la gran precisión del corte y la forma del mismo hecha, al parecer, por sucesivos golpes de un instrumento filudo. No es un corte continuo, como lo haría hoy un buen cuchillo de metal bien afilado. De aquí se puede conjeturar que el instrumento usado fue  un cuchillo lítico que fue cortando mediante golpes  repetidos.

Fig.  9.  Vista posterior que muestra las  partes  faltantes del hueso posterior  por efecto de la exposición al aire.
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De qué  época podría ser este conchal?

No tenemos fechados ciertos. Pues nunca se ha hecho aquí mismo un estudio que arroje cronologías absolutas por el método del C14.  Pero hay varias evidencias, a nuestro juicio  contundentes, que sugieren su gran antigüedad y que  aquí discutiremos en detalle:

a)  no existe evidencias de cerámica en este  extenso conchal. No se halló ni siquiera un fragmento. La hemos  buscado expresamente.  Es decir, no hay evidencias de una ocupación hecha en la época tardía, luego de la aparición de la cerámica en esta costa desértica,  la que ocurre  después de los 1.500 A.C  y, en ningún caso,  antes. Tenemos  ya, por lo tanto,  una fecha relativa  "ante quem"; esto es, se trataría de un sitio poblado por el pescador antiguo mucho antes de la aparición de la cerámica a esta zona.  En nuestras costas, lo más frecuente es encontrar, en un mismo sitio, una superposición de culturas y la presencia de ocupaciones diversas, a lo largo del tiempo. En otras palabras,  en muchos conchales de origen precerámico (es decir, muy antiguos), se suele hallar  fragmentos cerámicos en superficie, delatando así  una continuidad de ocupación en el tiempo, a lo largo de varios milenios. Pero creemos fundadamente que no es éste el caso.

b)  Tampoco descubrimos, en los cinco o seis pequeños hoyos o  sondeos exploratorios (obra de posibles huaqueros ocasionales) que observamos con detención, el menor signo de presencia de cultígenos  (es decir, de plantas cultivadas), propios de un período agrario: tales como restos de maíz, chalas,  corontas, porotos, ají, calabazas, etc., elementos que sugieren de inmediato una alimentación de productos provenientes de las quebradas del interior. Tal cosa hubiese probado, con certeza,  un tráfico y trueque con los pueblos agrarios del hinterland costero. Tal evidencia  sí se encuentra, en cambio, en muchos otros conchales de esta costa, máxime   en la zona de desembocadura de ríos (Camarones, Vítor, Pisagua, Loa,  etc.) . Pero aquí, en Patillos,  faltaba por completo.

c) ¿Por qué no fue ocupado este conchal en períodos posteriores, con presencia de cerámica?. Buena pregunta a la que, a la verdad, no tenemos respuesta certera. Tal vez, porque  el lugar estaba muy alejado de las fuentes de agua (aguadas o vertientes). A la verdad, sinceramente  no lo sabemos.

c) Absolutamente toda la alimentación de los ocupantes indígenas de este período era  obtenida del mar y de la costa adyacente. En efecto, esto es  lo que pudimos colegir de la atenta observación de la estratigrafía dejada al descubierto por los hoyos  preexistentes.  Se observa allí   gran profusión de huesos y  plumas de aves marinas, cráneos de aves y muchos restos de algas y de peces. También, conchas marinas en abundancia, especialmente  choros zapatos (Choromytilus chorus). Pero, de lejos lo más abundante -cosa que nos sorprendió  bastante-,  fue la sobreabundancia de aves marinas.  Obviamente no se trataba aquí de una  mortandad accidental de aves costeras, por la mezcla de elementos hallados, esto es, mezcla de huesos, plumas, conchas y elementos de factura humana: herramientas de piedra.  Daba la impresión de que las aves  habrían constituido, al menos en ciertos períodos,  el alimento principal  de aquel grupo humano. 

¿Qué hace este cráneo de lobo marino aquí?.

 ¿Cómo explicarlo?.   Entremedio de los elementos alimentarios, profusamente mezclados, estaba esta cabeza  de lobo marino. También pudimos observar y rescatar por ahí muy cerca,  un cráneo de chungungo   (Lontra felina Mol, Fam. Mustelidae), mamífero endémico de los roqueríos costeros  que se alimenta de animales pequeños  del borde costero. Es una nutria que vive del mar.  ¿Pero, por qué tantas aves en la alimentación del grupo?. Lo insinuamos en el texto  de nuestro Diario de campo  (ver abajo), texto escrito en el terreno mismo: tal vez por la presencia de varios islotes donde hasta hoy  se posan muchísimas aves marinas, especialmente pelícanos (Pelecanus thagus) y la existencia de guaneras en la vecindad inmediata, formadas por la gran abundancia da aves  que aquí defecaron a lo largo de los siglos. La presencia del lobo marino, obviamente,  debía explicarse por la existencia de  loberías o "loberas"  en las proximidades. 

d)  La presencia de conchales  arqueológicos donde se ha localizado  enterramientos de tipo Chinchorro o chinchorroide en las cercanías inmediatas   (v. gr. en Cáñamo, o Patillos), tal como lo han demostrado Lautaro Núñez,  Olaff Olmos  y Cora Moragas, hace sospechar  que se trataría con bastante probabilidad, de un poblamiento de estas mismas fechas, prácticamente contemporáneo  y, casi con certeza,  anterior a los  3.000 A.C.. 

e) De hecho, en este mismo Blog,  (Vea etiqueta Patillos-1 o Cultura Chinchorro)   hemos descrito el hallazgo hecho por Marta, mi señora,  en Febrero de  1995  de un entierro chinchorroide,  el que estudiamos in situ, y que se hallaba a   muy poca distancia, tierra adentro, de este conchal  (a menos de 200 m.). En esa oportunidad, en Febrero del año 1995,  regresamos a este mismo lugar para investigar más este sitio que nos parecía tan promisorio, como en efecto lo fue.  El cuerpo extendido, forrado enteramente de esteras muy bien  tejidas, con total ausencia de ajuar funerario, era sin duda alguna  un entierro Chinchorro o chinchorroide (es decir,  semejante a Chinchorro) Vea etiqueta Patillos-1  o Cultura Chinchorro en este mismo Blog . 

f) La  gran proximidad del citado entierro al conchal que aquí describimos hoy, nos hace pensar que  ambos fueran tal vez contemporáneos. Si es así (lo que solo estudios  finos  con  realización de pozos de sondeo en el conchal   y mediciones de  C14 pueden establecer con más seguridad),  querría decir que el estudio prolijo  de este conchal nos podría enseñar mucho sobre la alimentación  y modo de vida del hombre de la cultura Chinchorro que habitó en estas costas a partir del sexto o séptimo milenio antes de Cristo.

De donde podemos concluir que el hombre portador de la cultura Chinchorro probablemente fue uno de los primeros ocupantes de este conchal:; ya hemos expuesto  las evidencias en tal sentido.

Este capítulo del Blog, necesariamente, debe ser complementado con lo ya dicho por nosotros en este mismo Blog el 10 de Febrero del 2010, cuando analizamos el descubrimiento Chinchorro al que aquí hacemos referencia. En nuestra opinión,  se trataría, con bastante probabilidad, de la misma época y cultura. En dicho capítulo, y con el nombre de: "Un hallazgo fortuito de la cultura Chinchorro: un entierro en Patillos", Febrero 1995". se presenta varias  fotografías del ambiente costero  y del enterramiento hallado, en la misma  área donde hallamos  este enigmático cráneo de lobo marino.

Texto de nuestro Diario de Campo  con  la  descripción  de este hallazgo.

En 1994 narramos, en nuestro Diario de Campo (Vol. 49, 117-124; ver infra) con lujo de detalles,   el contexto cronológico y  geográfico en el que descubrimos este conchal. Allí aparecen ya las primeras reflexiones nuestras, sobre la importancia de este hallazgo, a primera vista inconspicuo e irrelevante. No se trataba de un cráneo  común, como tantos que se halla en estos contextos, lo que apareció sugerente  a nuestra vista:  había  un aspecto cultural de especial interés  que nos ha parecido deber poner de relieve en este momento. Reproducimos  el texto de nuestro  relato hecho en esa fecha en nuestro Diario de campo. Ya entonces vislumbrábamos la importancia de este hallazgo.

Pero veamos nuestro relato del año 1994:

 Fig. 10. Pág.  118 de nuestro  Diario,  Vol.. 49  (1994)


Fig. 11.  Pág. 119 del citado Diario de Campo.

 Fig. 12. Pág, 120 del citado Diario de campo

 Fig. 13.  Pág. 121.

Fig. 14. Pág. 122


Fig. 15. Pág. 123. Omitimos, de esta página,  aspectos menos relevantes del descubrimiento.  Al dar cuenta del número de lascas halladas en la superficie del conchal, se hace notar que se observa muy escasas  lascas de basalto y no existe obsidiana. Solo está representado el sílex (flint en inglés),  en una variadísima gama de colores.   Desde el primer momento del hallazgo de este cráneo de lobo marino, nos pudimos percatar de la importancia y significado  del corte efectuado en su piel, con claros fines  de alimentación humana. Pero solo hoy, en vísperas del traslado de nuestra Colección al Museo Regional de Antofagasta, hemos creído necesario narrar la historia completa, sin omitir detalle alguno. Así, este descubrimiento y este cráneo, forman parte de un contexto cultural más amplio: un antiquísimo conchal precerámico, al parecer  formado por los hombres de la cultura de Chinchorro, sus ocupantes primerizos  y sus fuentes primarias de alimentación.


Fig. 16. Pág, 124  y última.  Se comenta en esta página la total ausencia tanto de vegetación natural como de vertientes o aguadas en las proximidades del conchal, al menos en la actualidad.

Epílogo y reflexiones finales.

1.  El examen de un simple cráneo  nos permite  obtener algunas  importantes conclusiones de tipo eco-cultural o eco-antropológico.
2.   La frecuencia de lobos marinos en nuestras costas, que forman extensas  colonias llamadas localmente "loberas", es una realidad propia  no solo del pasado, sino también del presente. En efecto, aún hoy  existen dos loberas  en las proximidades de este sitio arqueológico,  frecuentadas por este mamífero  esencialmente gregario. 
3. El empleo del lobo marino en edad  juvenil para la alimentación humana, queda registrado claramente aquí para este período temprano  de la historia de la ocupación de la costa desértica; pero  por los relatos obtenidos por nosotros de "guaneros"  de la zona, tal costumbre ha sobrevivido también  hasta el día de hoy.
4. Como puede verse, sin necesidad de hacer excavación alguna, hemos logrado hilvanar algunas reflexiones de corte ecológico que nos permiten  vislumbrar bastante bien  aspectos de la alimentación humana en esta época temprana. 
6. El conchal  ha  sido preservado casi intacto hasta hoy,  libre de maremotos o salidas de mar,  por hallarse a unos 37 m de altitud sobre el nivel del mar, y bastante protegido, por el Weste, por una hilera de pequeños  roqueríos  que lo aislan del borde costero. (Vea el croquis nuestro,  Vol. 49, página 119 del Diario de Campo.).
7. Se descarta que este ejemplar de lobo haya sido desollado para  confeccionar  un odre para formar  una típica balsa de lobos marinos. Para tal efecto, como lo sabemos por los relatos históricos, se utilizaba ejemplares  de lobos de gran tamaño, lo que no es del caso aquí.
8. Queremos destacar expresamente aquí, cómo una observación acuciosa y  atenta  del medio geográfico circundante y de los recursos locales, puede  permitirnos obtener  inferencias valiosas sobre el comportamiento cultural del hombre del pasado, prácticamente sin hacer excavación alguna. Y así, resulta este capítulo del Blog, a nuestro modo de ver, una aplicación concreta y práctica de  nuestro enfoque eco-antropológico.
9.  Respecto a la presencia de la cultura Chinchorro  en los alrededores, en esta costa desértica al sur de Iquique,  téngase también  presente  el hallazgo nuestro  hecho el 29-11-2003 en el sector de Bajo Patache, exactamente abajo del oasis de niebla  conocido como "Alto Patache".  Fue publicado en la revista  POLIS, de la Universidad Bolivariana de Santiago (Vol. III, Nº 7, 361-396). El articulo fue titulado:  "Un yacimiento de cazadores recolectores marinos en la terraza litoral de Bajo Patache, Sur de Iquique.  Estudio arqueológico-geográfico".
10. Aquí, en la terraza marina al pie de un promontorio rocoso, situado a unos 45 m de altitud sobre el nivel del mar,  hallamos  un cuerpo enturbantado provisto de un pequeño cesto hecho de juncos, que cubría  la cabeza, como único ajuar mortuorio.  Sospechamos se trate  también de un entierro tipo Chinchorro  o chinchorroide, pues aparecieron aquí  huesos, muy desordenados, perturbados por razones naturales, con excepción de un cráneo  intacto. Estos huesos  corresponderían a tres individuos que habrían sido sepultados a muy escasa profundidad, debido a la presencia  a menos de 40 cm., de una durísima capa de arenisca compactada, tipo "coquina", casi imposible de  perforar. Entonces, creemos que el enterramiento se habría producido por simple  recubrimiento con  arenas  del lugar  (especie de túmulo) y ulterior  depositación de piedras  como señalamiento en su superficie.  Este descubrimiento nuestro  dista  del  conchal de Patillos-2,  objeto de este capítulo, exactamente  9.4 km  hacia el Sur,   en línea recta.