viernes, 29 de agosto de 2014

Quechuas en el Norte Grande de Chile: ¿existen hoy o son tan solo reminiscencias del pasado?.

Un tema de alto interés lingüístico.

Queremos dejar estampado aquí  y rescatar, para los interesados en la sociolingüística y etnología nacional, un pequeño y desconocido artículo nuestro publicado en el año  1990 en la revista Actas Colombinas (Año 1, Nº 2) de la Universidad de La Serena sobre este tema.  El asunto cobra  hoy especial  interés, cuando  algunas comunidades indígenas de Tarapacá invocan su ancestro quechua, con mayor o o menor grado de verosimilitud. Y sobre todo, cuando recientes estudios sobre el Qhapaqñan inca  han reafirmado   la convicción de que el estado Inca  ejerció en la zona tarapaqueña y ariqueña  un control total y absoluto y explotó en forma eficiente varias  minas de cobre y plata, tanto en el sector  altiplánico como en la depresión intermedia  (Pampa del Tamarugal)  y aún  en la costa.  Huantajaya, La Paiquina, Paguanta,  Collahuasi, Challacollo, Ujina, y probablemente otros sitios mineros,   tendrían su origen en época incaica.

Zona considerada  de  escaso  interés para el Inca.

Hace no mucho tiempo (1976) se afirmó enfáticamente por algunos arqueólogos  que el Inca habría ejercido un control indirecto y más bien leve en esta zona de Tarapacá, dada su escasa población y sus débiles y casi nulas posibilidades agrícolas.  Al Estado Inca no le habría interesado mayormente  esta zona para el fomento de su economía. Así está escrito en algunas publicaciones  a pesar de los importantes descubrimientos hechos con anterioridad por el arqueólogo Hans Niemeyer, en la década del sesenta del pasado siglo,  a través de sus estudios de varios tambos  y cementerios incas  en la quebrada de Camarones y en el sector altiplánico, próximo a la Laguna del Huasco (Tambo de Collacagua, 1962, 1963, 1983).

Un rincón quechua en  el NW de Antofagasta.

El breve articulo que hoy  presentamos a nuestros lectores  aportaría, en nuestra opinión,  argumentos de peso para confirmar la existencia, por las fechas de este estudio nuestro (1980), y en un pequeño  y desapercibido rincón del Norte de Chile, de restos de población quechua-hablante cuyos lejanos ancestros habrían sido de habla y cultura quechua local. Tenemos la  sospecha  de que esos pequeños grupos que en esa fecha (1980) entrevistamos, serían los sobrevivientes de antiguas colonias de mitimaes o mitmaqkuna quechuas, trasportados hasta allí por el Inca,  hacia mediados o fines  del siglo XV,  para afianzar su dominio en la zona y asegurar, con gente fiel al Imperio,  el tránsito de sus ejércitos y mensajeros por el Qhapaqñan o  camino real. Las razones se dan en el artículo que comentamos.  El control y la mantención del Qhapaqñan, sus recintos   y tambillos o tambos,   en medio de tribus  de diferente origen cultural por una parte, y la transmisión de los mensajes a través de los chasquis, por otra, requería como conditio sine qua non, el dominio de la lengua quechua, lengua en la que eran transmitidos  viva voce por  los mensajeros del Inca  en sus qhipus, desde el Cuzco hasta los confines del Estado Inca.

¿Sobrevivencia de  mitimaes quechuas  en la ruta del Inca por Tarapacá?. ¿Por qué no?.

En otras palabras,  las actuales pretensiones  de  varios pueblos tarapaqueños  de la zona precordillerana (es el caso explícito de Miñe-Miñe, Suca, Tarapacá, Quipisca, Mamiña  y Guatacondo, e incluso Pica) en el sentido de negarse a  aceptar su origen  aymara y  exigir a las autoridades de la CONADI regional ser reconocidos como comunidades de origen quechua, tendría un posible e inesperado asidero cientifico  en la existencia probada de asentamientos de mitimaes a lo largo del Qhapaqñan o "Camino del Inca". Tal cosa hemos sostenido recientemente, con argumentos de tipo histórico geográfico y lingüístico,  en una obra  hoy en prensa  sobre  la historia cultural de la comunidad quechua de Quipisca   (Larrain, Horacio et al.,,  2013. “La quebrada de Quipisca (Tarapacá) y sus contornos: evolución del paisaje físico, desarrollo histórico de su poblamiento y perspectivas de futuro”, artículo en la obra: Historia y Vida en el Valle de Quipisca: Evolución cultural de una comunidad andina,  Ediciones BHP Billiton, Iquique, en prensa, 2014).

¿Cómo explicar   la convicción  íntima  de su origen quechua, presente  en ciertas comunidades tarapaqueñas?
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¿Por qué - nos hemos preguntado muchas veces-  el sistemático rechazo de estas comunidades de baja altura  (no altiplánicas) a  ser consideradas de origen  aymara y, en cambio,  su  aceptación gozosa de su origen quechua?.  Algo debió sobrevivir en la tradición cultural de estas comunidades, que fue  transmitido fielmente de padres a hijos, acerca de su origen quechua,  ascendencia de la que hoy se enorgullecen. Quedó el recuerdo lejano, aunque se perdió casi totalmente   el uso de la lengua. Pero quedaron  trazas,  por ejemplo apellidos y ciertas reminiscencias  culturales que urge rescatar.

No habrían  sido migrantes  altiplánicos  recientes desde  el SW de  Bolivia.

La persistencia  hasta hace muy poco tiempo de pequeñas comunidades quechua-hablantes en el alto Loa en las  pequeñas comunidades de  Cupo, Panire, Turi, Toconce o Ayquina,  a las hace hace referencia  especial este artículo nuestro, no tendría, pues, un origen altiplánico boliviano  reciente, por  inmigración desde poblaciones del SW de Bolivia - como se podría fácilmente creer-  sino  tendría un  origen  muchísimo más antiguo,  como continuidad y persistencia  de pequeñas antiguas ocupaciones Inca en  sectores  por donde cruzaba el Qhapaqñan rumbo a  Chiuchiu y San Pedro de Atacama.

El Qhapaqñan era mantenido y custodiado por colonos quechuas.

El "Camino del Inca" cruzó de Norte a Sur toda  la depresión intermedia de Tarapacá, partiendo de Arica, como ha sido corroborado  por numerosos Cronistas. Ahora bien, este camino necesitaba ser especialmente protegido y mantenido por las comunidades vecinas  para  permitir su uso continuo  y expedito por  la mensajería imperial Inca. Además,  para tal efecto,  fue  jalonado de tambos y tambillos de apoyo. No creemos pueda ya dudarse, en consecuencia,  que el Inca haya establecido,  en sus  inmediaciones poblaciones  quechuas para su mantenimiento y control, a cargo de mitimaes o colonos  traidos  ad hoc desde otras regiones del imperio y, por cierto, de lengua y cultura quechua. No existía, en efecto, otra manera de proteger  su acceso expedito y normal a las comarcas más alejadas del Imperio tanto en el Chinchaysuyu (extremo norte, Ecuador)   como en el Colesuyo ( costa  de Arequipa al sur, incluyendo Tarapacá al menos hasta el río Loa)  y el  Collasuyu ( sector  andino  sur peruano-boliviano y NW de Argentina).

El presente trabajo  se enmarca en  un período de investigaciones  nuestras en los pueblos  del alto Loa, con motivo de nuestros estudios sobre  el arte y artesanía tradicional indígena en dicha zona entre los años 1985 y 1991.  (Cfr. artículo de H. Larrain  "Artesanía del Norte: la multiplicidad andina", en  Chile: Artesanía tradicional   Autores Horacio Larrain y otros, 2ª edición, Ediciones Universidad Católica de Chile,  1993, 25-39).  Fue en ese período  y de visita en pueblos  atacameños del alto Loa cuando caímos en la cuenta y pudimos comprobar la existencia de un pequeño y casi invisible remanente cultural quechua, expresado no solo en el uso de  la lengua, sino también en otros elementos  de su cultura  (artesanía  cerámica).

Por ese mismo tiempo, publicamos  en un diario  de Santiago,  un artículo  sobre esta visita a los citados pueblos con el título:  "¿Se habla hoy el quechua en Chile?. (Diario "El  Mercurio", Santiago de Chile, 20-07-1981), artículo que reproduciremos en un próximo capítulo del Blog.  No quisiéramos que ese pequeño "descubrimiento" pase desapercibido para los entendidos en el tema.

El texto del trabajo.


     Fig.  1. Página 1 del artículo.


 Fig. 2. Página  2 del artículo.

Fig. 3.  Página 3  del artículo

                                                              Fig. 4. Página 4 del artículo

 Nuestras reflexiones finales.

1.  Con motivo  del reciente estudio del Qhapaqñan  o "Camino del Inca"  por parte del Proyecto "Tarapacá en el Camino del Inca", de la Universidad  Arturo Prat de Iquique,  nos ha sido posible recorrer gran parte de la ruta inca  desde  la quebrada de Camarones  hasta   las cercanías del río Loa, en Quillagua, en una extensión aproximada  a los 300 km. Hemos podido adquirir,  siguiendo dicho trayecto,   alguna experiencia acerca  de la forma  y aspecto que adquiere  la ruta  al cruzar la extensa pampa del Tamarugal  y también, acerca de los criterios que habrían  guiado al Inca para  seguir determinados rumbos. Sobre este tema, nos explayaremos  en el Informe Final del  Proyecto, actualmente en curso.  Los recorridos hechos en este Proyecto, nos han ayudado muchísimo a comprender el tema que aquí prenunciamos, ya en el año 1990.

2.   El pequeño trabajo que hemos presentado aquí  creemos constituye un elemento probativo más  acerca de  la existencia de comunidades quechuas  sobrevivientes hasta nuestros días en la zona alta del extremo NW de Antofagasta, las que  habrían conservado la lengua de sus antepasados  hasta  muy recientemente.

3.  Si la zona atacameña con sus pukaras defensivos fue una zona de choque y conflicto entre  las comunidades locales y  el Estado Inca conquistador, es evidente  que   el trazado del camino tuvo que ser protegido mediante guardianes quechuas pertenecientes a los grupos de  mitmaqkuna  trasladados al efecto a estas regiones  por el Inca, donde  permanecieron hasta la llegada del español.  Disuelto el poderío inca con el acceso del poder español,  sospechamos que  la mayoría de estos indígenas  de origen quechua, pero de larga permanencia en los lugares  (al menos por una o dos generaciones), se habría  quedado definitivamente en la misma zona.  Reginaldo de Lizárraga,  gran cronista, escribiendo hacia  el año 1580 señala explícitamente que aún entonces  los atacameños no estaban del todo sometidos  al español y provocaban serios problemas  a los que se atrevían a cruzar por su territorio rumbo a Copiapó.

4. Es probable que  algunas familias de  mitmaqkuna  quechuas, tras las conquista española,  se devolvieron a sus lugares de origen  en aquellas áreas donde la presencia quechua era odiada o rechazada  por los señoríos locales. Tal parece haber ocurrido en sectores del NW argentino, donde la presencia  inca  fue duramente  combatida  por las tribus locales, según atestiguan algunas fuentes históricas.

5. Sospechamos que  lo recién expresado en los puntos 2 y 3. sería  el caso de estas pequeñas  comunidades  sobrevivientes, de habla y cultura quechua (de Toconce, Turi, Panire, Cupo, Topaín, etc.),  enquistadas en zona  antigua atacameña, cuya cultura habría quedado opacada por la presencia quechua  inmigrante (los mitmaqkuna de tambos y tambillos de la ruta inca)  a cargo de la vigilancia, control y mantención  de la vía incaica.

6. Futuros estudios arqueológicos a los creemos deberían sumarse necesariamente  lingüistas avezados y folklorólogos, expertos en las antiguas artesanías sobrevivientes en la zona,   seguramente van a contribuir a iluminar este  difícil problema  de la activa presencia inca  de antaño y su supervivencia en la zona. Abogamos por  las participación  activa de dichos especialistas, pues hemos notado con cierta sorpresa su total ausencia en la casi totalidad de los trabajos  recientes referidos al Qhapaqñan en la zona.  Hemos escuchado quejas de estos especialistas, en el sentido de que no se suele considerar  su aporte  cuando se estudia, por parte de los arqueólogos,  estas antiguas comunidades. Y creemos que tienen toda la razón.  La toponimia y antroponimia local, y el examen de la artesanía y arquitectura remanente en dichos poblados debería, a juicio nuestro, arrojar bastante  luz sobre el problema  de la presencia y actividad inca en las zonas por donde  transitó antiguamente  el "·Camino del Inca". Estoy cierto  que  en el futuro se nos encontrará la razón.