domingo, 4 de abril de 2010

Salar del Huasco: un frágil ecosistema altiplánico en peligro

Fig. 23. El Salar, tal como se presentó a nuestros ojos al descender desde el punto más alto de la carretera, hacia los 3780 m. de altitud, en nuestra visita del día 30/03/2010.

Nos proponemos aquí presentar imágenes recientes nuestras de uno de los lugares más atrayentes desde el punto de vista escénico y geográfico-ecológico en la Región de Tarapacá: el Salar del Huasco. Este Salar, provisto hoy de escasa cantidad de agua y extensas extensiones de terrenos salinos aledaños, es bien aprovechado por una rica y exótica fauna local.

El Salar está encerrado, al extremo sur del valle de Collacagua, en una extensa cuenca endorreica, casi fronteriza con Bolivia, pero de exclusiva presencia en territorio chileno. Se alimenta, por su extremo Norte, por las aguas de los ríos Collacagua, Piga y el escaso caudal del río Chaquina. Presenta tres principales vertientes en su margen occidental, las que le suministran en total unos 40 a 50 litros por segundo de un agua de excelente calidad. Son aguas termales, dulces, de una temperatura media de 15.5 º C Como otros salares de altura, ha sido bien estudiado por Hans Niemeyer y Pilar Cereceda en su obra "Hidrografía", publicada en el tomo VIII de la Colección de Geografía de Chile (Ediciones Instituto Geográfico Militar, 1984: 66-67).

Durante varios años, la compañía minera Doña Inés de Collahuasi intentó sacar ingentes cantidades de agua de su subsuelo, (solicitó, al efecto, mercedes de aguas por más de 900 l/s), perforando para ello sondajes profundos. Por fortuna para la ecología altiplánica y su bioma, la Dirección General de Aguas (DGI), se lo impidió, plenamente consciente del terrible impacto que a breve plazo se vería reflejado en su frágil ecosistema: la muerte lenta e inexorable del Salar. Tal como ocurrió, por obra de las vecinas Mineras Cerro Colorado y Collahuasi, con los próximos Salares de Lagunillas, Coposa y Michincha.

Este Salar, el ecosistema lacustre de mayor interés científico y turístico en la Región, ha sido declarado "sitio RAMSAR" en el año 1996 y recientemente (2005), "Santuario de la Naturaleza" por el Gobierno de Chile. El Salar es, pues, sitio prioritario, a nivel mundial, para el estudio y preservación de los humedales, por lo que el Estado chileno tiene la responsabilidad de protegerlo a perpetuidad de intervenciones externas, que lo puedan dañar. En particular, hoy está prohibido extraer agua de sus vertientes o del subsuelo.

Para que nos formemos una idea de lo que es este Salar,y su entorno físico y de las especies que lo habitan, acompañamos algunas fotografìas tomadas por nosotros en nuestro reciente viaje. No nos fue posible fotografìar de cerca los avestruces tarapaqueños (Pterocnemia pennata tarapacensis) ni menos los huidizos flamencos, (Phoenicopterus andinus, y/o Phoenicopterus jamesi) que sólo podíamos divisar en lontananza (Foto 4, este Blog). Nuestros amigos venezolanos nos han prometido otras vistas, tomadas por ellos en la ocasión. Las esperamos con ansias para agregarlas a este capítulo del Blog.

Las fotos que siguen, ilustran bien nuestro viaje y la flora y fauna que sobrevive en este maravilloso entorno.

Foto 22. Feca actual del avestruz tarapaqueño o suri. Diámatro aproximado: 11-12 cm. La presencia de este tipo de deposición hace presumir la existencia y relativa abundancia de esta especie en este Salar. En nuestro viaje, vimos efectivamente aquí una tropilla de unos 28-30 ejemplares pastando confiadamente en el lugar. (Foto H. Larrain, 30/03/2010).

Foto 21. Matorral tupido de tolas (Baccharis tola), en el sector sur del Salar. Foto H. Larrain 30/03/2010).

Foto 20. Fecas actuales de llamas y alpacas domésticas formando un bosteadero de camélidos. Extremo Sur del Salar. (Foto H. Larrain, 30/03/2010).

Foto 19. Una planta valiosa y típica de estas alturas: el ichu indígena o "paja brava". Es la Stipa ichu de los botánicos. Planta que sirve alimento a los camélidos y suris (avestruces andinos) y es utilísima para la fabricación de techumbre para sus viviendas. El techado de sus viviendas con ichu, por desgracia, està siendo paulatinamente abandonado y es suplido en la actualidad por las "calaminas" de metal en casi todos los pueblos cordilleranos del lado chileno. Pero aún es mantenido, conforme a la tradición andina, en el lado boliviano. (Foto H. Larrain, 30/03/2010).

Foto 18. Pascual Soriano, nuestro amigo venezolano, se interna en el bofedal en busca de fotografías de esquivas aves ribereñas. (Foto H. Larrain, 30/03/2010).

Foto 17. Sector extremo sur del Salar. Lluvia amenazante descarga ya sus aguas sobre el Salar. Es la misma que nos cogió en el alto del Huasco, en forma de abundante granizo, una hora antes. (Foto H. Larrain 30/03/2010).

Foto 16. El agua de la vertiente se vierte abundantemente hacia el centro del Salar. Arriba, nubes amenazantes de lluvia y episodios de chubascos locales (Foto H. Larrain 30/03/2010).

Foto 15. En el extremo Sur del Salar, defecadero reciente de camélidos (llamas y alpacas) junto a ejemplares de tola con señas de ramoneo. (Foto H. Larrain /03/2010).

Foto 14. Vista de Este a Weste. Junto a la potente vertiente original, se ha reactivado este pequeño bofedal, que presenta hoy un riego adicional mediante una manguera instalada recientemente para acrecentarlo. (Foto H. Larrain, 30/03/2010).

Foto 13. Miembros de esta excursión al Salar del Huasco, A la izquierda, Pascual Soriano, bíólogo venezolano; al medio, Marta Peña Guzmán; a la izquierda, la esposa de Soriano, la bióloga venezolana Michelle Ataroff. La presente apacheta alcanza unos 3.5 m de altura. Los cientos de miles de piedras que la constituyen, atestiguan su indudable antigüedad. (Foto H. Larrain, 30/03/2010).


Foto 12. En el costado NW de la apacheta se halla esta oquedad o "nicho" que seguramente permitía pasar la noche, encuclillado, al viajero aquí sorprendido. ¿O, tal vez, se presta hoy para otros usos, menos sublimes y venerables?. Algunos indicios así parecen sugerirlo. Lo que nos parece por demás lamentable. (Foto H. Larrain, 30/03/2010).

Foto 11. Al pie de la apacheta, en su lado Este, se puede observar botellas de cerveza actuales. Los antiguos depositaban, como ofrenda a la Pachamama, los bolos o acullicos de coca que venían mascando en el trayecto. Hoy vemos que tal costumbre es sustituída por la bebida de cerveza, efectuada in situ por viandantes actuales. Por más que buscamos afanosamente, no vimos el menor resto de acullicos de coca. Ya casi nadie transita a pie por aquí, salvo eventuales traficantes de droga, procedentes de Bolivia, al amparo de la oscuridad de la noche. (Foto H. Larrain, 30/03/2010).

Foto 10. Mientras más grande es la apacheta, mayor es la cantidad de viajeros que han pasado por allí a lo largo del tiempo. Las apachetas tienen aquí cientos de años de existencia, y se ubican en lugares estratégicos del trayecto antiguo desde el altiplano hacia los valles intermontanos. (Foto H. Larrain, 30/03/2010).

Foto 9. Al atardecer, una imponente apacheta nos indica claramente la ruta exacta seguida por los antiguos caminantes indígenas, desde remotos tiempos prehispánicos. La apacheta es una expresión ritual característica del mundo aymara y quechua. Cada viajero llevaba en la mano una piedra que recogía durante su trayecto y la arrojaba con veneración al montón prexistente, junto con la coca que venia masticando, en señal de saludo y reconocimiento a la Madre Tierra o Pachamama y para implorar su bendición para el viaje emprendido a las quebradas y tierras bajas. (Foto H. Larrain 30/03/2010).

Foto 8. Un defecadero o bosteadero, sobre suelo salino, junto a plantas vivas de ichu su relativa abundancia delata la zona preferente de alimentación de llamas y alpacas. (Foto H. Larrain, 30/03/2010).

Foto 7. Perspectiva del Salar al alejarnos del sitio, rumbo a Iquique. En primer plano, plantas de tola, abundantes en el lugar. Las nubes que se precipitan a tierra y parecen tocar el Salar son expresión gráfica de un área afectada por la lluvia repentina y/o granizada. (Foto H. Larrain, 30/03/2010).

Foto 6. Un defecadero o bosteadero de llamos al lado de plantas de paja brava, (ichu) de que se alimentan. Es hábito conocido de estos camélidos americanos el que defequen invariablemente en los mismos lugares, formándose, a través del tiempo, montones impresionantes de aspecto circular. Varios bosteaderos, en este sector, que se hallan a 15-20 m. uno de otro., testifican que éste es el sitio especialmente preferido de ramoneo y alimentación (Foto H. Larrain, 30/03/2010).

Foto 5. Vista general de la zona donde suelen hallarse los flamencos o parinas. La orilla, fuertemente salinizada, es pantanosa y resulta casi imposible internarse para fotografiar de cerca a las hermosas y elusivas aves (Foto H. Larrain, 30/03/2010).

Foto 4. Desde la margen sur del Salar y a unos 300 m de distancia de la orilla, se observa una larga fila de unos 50 flamencos o parinas Los flamencos huyen siempre de la presencia humana. (Foto H. Larrain, 30/03/2010).

Foto. 3. Baccharis tola (Familia Sinantéreas) es el nombre científico de esta planta, denominada tola por los lugareños; es una planta aromática y pegajosa, que se halla en enorme abundancia en los bordes secos, algo alejados del borde acuoso del Salar. Su follaje tierno es comido por los camélidos y avestruces (suris). (Foto H. Larrain 30/03/2010).

(Blog en construcción. A la espera de nuevas fotos de flora y fauna local, 6/04/2010).

Foto 2. Vista desde el extremo sur del Salar, hacia el Norte. Es el lugar comúnmente elegido por las parinas o flamencos, como su hábitat normal . Aquí avistamos, igualmente, una tropilla de unas 28-30 avestruces de la puna o suris (Peterocnemia pennata tarapacensis, Chubb) que suelen alimentarse de plantas como el ichu o paja brava y diferentes variedades de tolas. (Foto H. Larrain, 30/03/2010).

Foto 1. Perspectiva general del Salar en el sector occidental del mismo. Se aprecia el curso de una de una de las potentes vertientes de que se alimenta, y que se internan en el Salar. El color blanco se debe a la presencia de suelos salinos, como producto de la elevada evaporación diurna. El agua es no sólo dulce y potable, sino también de excelente gusto. Aquí acude a abrevar el ganado doméstico de camélidos (llamas y alpacas) de las familias aymaras del lugar. Se ha observado en tiempos recientes una notable disminución de esta masa ganadera en fuerte contraste con lo que reseña Niemeyer en su obra de 1984 y con nuestra propia observación in situ (1982).

Las vistas aquí presentadas testimonian sólo vagamente acerca de la riqueza faunística y florística del área. Este hecho unido a la espléndida vista de que se goza en el lugar, al descender desde los casi 4.300 m. de altitud viniendo de Pozo Almonte, hace de este lugar un paraje inolvidable para los visitantes. Una de las poderosas razones por las cuales fue declarado "sitio RAMSAR", es decir, humedal protegido a nivel mundial, fue por su riqueza faunistica y por constituir un lugar de nidificacion y detencion obligado para algunas especies de aves migratorias en su viaje anual desde el hemisferio Norte.

Para nosotros, habitantes de esta Region de Tarapaca es un orgullo contar con este extraordinario recurso turistico y ecologico. Notamos con preocupacion, sin embargo, que hace mucha falta una mayor señalizacion de lugares de interes para la observacion de su geografia, su flora y su fauna tipica, y una descripcion precisa de la misma mediante paneles alusivos dispuestos en el acceso al Salar. Un ejemplo claro y patente es la falta total de informacion sobre las apachetas, elemento tipico de la cultura ancestral aymara local, de las que tenemos varios representantes en esta ruta al Salar. El Servicio Nacional de Turismo (SERNATUR) desaprovecha asi ocasiones optimas de informar y enseñar al viajero o turista que nos visita, acerca de las caracteristicas propias de la etnia aymara, habitante del lugar desde tiempos immemoriales.

1 comentario:

Alvaro dijo...

Este es uno de los lugares mas hermosos de Chile, cuesta un poco el llegar, pero la vista es impagable....