jueves, 29 de enero de 2009

Demografía de los grupos Changos en el siglo XVI: análisis de las fuentes tempranas


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Portada de la Tesis de Maestría en Antropología Social del Dr. Horacio Larrain Barros, presentada en la State University of New York, Stony Brook, en el año 1978.

El estudio de las poblacione costeras tempranas de la costa desértica.

El estudio del poblamiento y movilidad costera de los grupos camanchacas o changos, me apasionó desde mis primeros pasos en la Arqueología. Igualmente, el examen minucioso del modo de adquisición de los recursos, tanto marinos como terrestres. Como hemos tenido la fortuna de vivir en la costa desértica (Arica, Antofagasta e Iquique) por más de 25 años, hasta el día de hoy, he podido ir contrastando hipótesis y teorías respecto a su poblamiento y, a la vez, investigando los modos de apropiación de los recursos que el ambiente árido les ofrecía.

En este segmento del Blog, me referiré a mis primeros estudios en este tema, enfatizando nuestra temprana preocupación por los recursos no marinos, existentes tanto en la terraza marina como en los oasis de niebla adyacentes a ésta. Este énfasis contrasta, en cierto modo, con el enfoque casi exclusivamente marino observable en la mayor parte de los trabajos arqueológicos realizados en la costa árida, hasta al menos los años 1970-1975, enfoque al que ha conducido, tal vez, un análisis poco profundo de los llamados "conchales" o depósitos de basuras de cocina (Kjokkenmöddingen), dejados por los antiguos pobladores. Si bien es cierto que los mariscos y los peces, fueron parte muy importante de su dieta alimenticia - como los volúmenes de restos bióticos contenidos en los "conchales" lo atestiguan- no deja de ser igualmente cierto que el hinterland de estos yacimientos costeros ofrecía antaño posibilidades de recursos, hoy día en franca declinación o total ausencia. Estos ecosistemas de antaño (oasis de niebla o salares de la costa) lucían hace algunos milenios de modo muy diferente al actual, entregando muchas más posibilidades de vida y una variedad de recursos (vegetales y animales) hoy inexistentes o muy disminuídos. Entre los recursos hoy inexistentes o casi del todo extinguidos en este segmento de la costa árida, hemos de citar a los guanacos (Lama guanicoe) , antiguamente cazados in situ por los habitantes de la costa, los caracoles terrestres de los géneros Bostrix y Plectostylus, los arbustos como Lycium y Ephedra y las cactáceas, máxime aquellas del género Eulychnia.

El enfoque eco-antropológico en la arqueología chilena.

Nuestra experiencia reciente basada en 12 años consecutivos de estudio del oasis de Niebla de Alto Patache y del área costera Iquique-Loa, nos ha entregado una visión del poblamiento costero antiguo, mucho más rica que lo que dejan entrever muchos de los trabajos arqueológicos. Estos, confinados a excavaciones practicadas casi siempre en la estrecha terraza litoral, han dejado en la penumbra (y a veces en total oscuridad) numerosas actividades de colecta, caza y utilización de ecosistemas no estrictamente marinos por parte de las antiguas poblaciones, cuyo nomadismo estacional y movilidad asombrosa, les permitía acceder a recursos lejanos, muy importantes para su vida. No de otra forma se puede explicar el notable asentamiento en lugares costeros, hoy en extremo inhóspitos, donde han sido hallados extensos cementerios de muchos cuerpos y evidencias de un poblamiento considerable, en sitios donde hoy ni siquiera encontramos recursos visibles de agua dulce (puquios).

En nuestra Tesis de Arqueología presentada en Enero de 1970, en el Departamento de Antropología de la Escuela Nacional de Antropología e Historia de México, en el capítulo VIIII: "Esbozo de una zonificación ecológica para el territorio chileno", decíamos :

"1.2. Área costera del Norte. Corresponde a la región largamente analizada en el Capítulo climático (Capítulo III), correspondiente al clima BWn y que con pocas variantes alcanza hasta los ca. 30º S. La amplitud de la faja climática, así como las caracteríticas biogeográficas, han quedado reseñadas en los capítulos correspondientes. El mar, con los recursos ofrecidos por la corriente de Humboldt, y la "camanchaca", creadora de vida vegetal y animal, son los dos elementos básicos para entender la adaptación ecológica del hombre a esta región. Corresponde a la región denominada "Costa" por Mann (1949:51) y a la "subárea marítima" de Núñez (1965, Lám. 1: 86). Si hemos preferido con Mann denominarla "costera", es porque estimamos que los recursos del grupo humano provenían también, en buena parte, de la franja costanera terrestre contigua a los sitios de pesca, caza o marisqueo". (Larrain, 1970: 235 ). (
.

En los dos párrafos aquì señalados en color terracota, expresábamos, ya a fines de 1969 cuando nuestra Tesis quedó terminada, nuestro firme convencimiento acerca de la importancia ecológica de la franja costera, en especial el área bañada por la niebla o "camanchaca". Todos nuestros estudios, tanto en Antofagasta (1963-1965), como los realizados en el área de Chungungo, IV Región, (1980-84) y los más recientes hechos en la zona de Iquique (1993-2008) no han hecho más que confirmar, con evidencias de todo tipo, nuestras intuiciones tempranas. Día a día acopiamos nuevas evidencias sobre recursos antiguamente disponibles en ests zona y hoy prácticamente ausentes o depredados.

No sabríamos decir si alguien señaló por esas ya lejanas fechas, con tanta o mayor exactitud, el valor que debía adscribirse al medio ecológico bañado por la niebla, donde priman los ecosistemas que los geógrafos alemanes han denominado "Nebeloasen" y los norteamericanos "fogoases" ("oasis de niebla"), cuya multiplicidad de recursos ha sido tan solo muy recientemente estudiada.

Cómo fuimos iniciados en la arqueología y etnohistoria de la costa.

Pero volvamos a nuestro temprano interés por el estudio de los grupos culturales "changos" o camanchcas".

Nuestra marcada predilección por la investigación del grupo cultural Chango comenzó tempranamente, hacia el año 1963, fecha en que nos integrábamos como profesor a la naciente Universidad del Norte, en Antofagasta (Chile). Radicado por cerca de dos años en esta floreciente ciudad nortina, adoptamos desde el inicio la sana costumbre de salir a caminar todos los días Domingos, acompañado casi siempre de algún alumno de la Universidad, por los alrededores desérticos de la ciudad, en busca de restos arqueológicos. Una de las primeras salidas, nos condujo hacia la base de los cerros, cerca de la desembocadura de la quebrada Hipódromo. Era - recuerdo bien- el mes de Agosto de 1963. A poco andar, tropezamos con fragmentos de cerámica de evidente data indígena. Varios de los fragmentos mostraban diseños de color negro y rojo, sobre el fondo de engobe más claro. Volví a casa gozoso con el hallazgo. En las semanas siguientes, premunido de un pequeño arnero de malla fina y una pala, volvimos al lugar. Tras arnear gran cantidad de arena del sitio, tuvimos la suerte de recoger más de 50 fragmentos distribuidos por el área, pertenecientes todos, al parecer, a un mismo ceramio.

El resultado tangible de esta paciente labor de restauración de la vasija Inca, puede observarse en la Fig. 2 que mostramos abajo.

Poseía yo por entonces una incipiente experiencia previa en la detección y observación de conchales indígenas sitos en la desembocadura de pequeñas quebradas costaneras, en un lugar denominado "Las Brisas", al sur del actual desembocadura del río Maipo (zona central de Chile). Allí acompañé algunas veces al sacerdote jesuíta Enrique Alvarez Castro, quien me introdujo en el enigmático mundo cultural de los recolectores y pescadores costeros. Recuerdo haber recogido ávidamente puntas de proyectil rotas, lascas de sílex y fragmentos de cerámica tosca y trozos de figurinas de barro. Material que deposité por entonces en el Museo del Colegio de San Ignacio de la calle Alonso Ovalle, donde yo era profesor de Ciencias Naturales. Fue mi primer contacto con la arqueología. Corrían los años 1951-1954. Esta experiencia me marcó para toda la vida. Y la arqueología paso a ser, desde entonces, y de por vida, mi ciencia favorita.

Al llegar a Antofagasta en 1963, de regreso de Europa, nuevamente me fue dado recorrer con el mismo jesuíta Enrique Alvarez, sitios cercanos a la quebrada de Las Conchas, encontrando varias piezas líticas de formas geométricas hechas en arenisca (sandstone) características de la cultura Huentelauquén, materiales que aún conservo en mi Colección particular.

Con trabajo y tesón logramos armar entonces (1963) y pegar un ceramio con 55 fragmentos, el que resultó ser una hermosa y rara pieza inca (Fig. 2).. De este hallazgo brotó un trabajo primerizo, hecho junto al joven Agustín Llagostera, por entonces estudiante avanzado de Biología en la Universidad de Chile y que juntos publicamos poco después en la Revista Anales de la Universidad del Norte (Chile), 1966: 83-128.

Algunos tipos cerámicos hallados en la costa de Antofagasta (1963-64).

He aquí un par de figuras de dicha publicación, con dibujos hechos por A. Llagostera M. :

Fig. 1. Fragmentos cerámicos de la cultura San Miguel (Valle de Azapa, Arica), de los siglos XIV-XV, hallados por nosotros en las cercanías de la quebrada Hipódromo N. de Antofagasta.(Agosto 1963),



Fig. 2. Ceramio Inca de doble asa, de paredes muy delgadas y finas, que logramos restaurar pegando 55 fragmentos hallados dispersos en el suelo arenoso (Agosto 1963). Publicación hecha al cuidado de Agustín Llagostera, cuando ya nos encontrábamos en México, estudiando la carrera de Arqueología (1966).

En numerosas salidas a terreno entre Junio 1963 y Enero 1965, fui familiarizándome con el paisaje ecológico y cultural dejado por los recolectores-pescadores costeros, al N. de la ciudad de Antofagasta. A partir de estas fechas, el interés por entender el poblamiento costero en el medio árido, y por captar la manera cómo subvenían a las más imperiosas necesidades de agua y recursos terrestres, fue acrecentándose más y más, como expresión de un enfoque incipiente pero real centrado en el análisis del medio ecológico.

Fruto maduro de esta reflexión ecológica, fue mi Tesis de Arqueología, de la que hemos ofrecido un par de párrafos más arriba. Este enfoque ecológico en los estudios de arqueología y antropología, constituye hoy para nosotros una auténtica coordenada ecológica nueva, desconocida para el investigador australiano Gordon V. Childe, y que no es sino una expresión concreta del enfoque eco-cultural, o eco-antropológico. Y este enfoque se ha convertido hoy en el motor de todas mis inquisiciones antropológicas adquiriendo ya el cariz de una nueva vertiente de la Antropología: la eco-antropología.

De aquí nacerá, igualmente, nuestro interés por reunir la mayor cantidad de información histórica, geográfica y etnohistórica sobre este extraño y poco conocido grupo cultural, los Changos, como serán conocidos a partir del siglo XVII. No es de extrañar, pues, que mi primera Tesis de Maestría (M.A.) en Antropología, versara sobre la demografía y forma de poblamiento de estos grupos de pescadores-recolectores, utilizando para ello todas las fuentes publicadas, por entonces a mi alcance. Próximamente pondremos en este mismo Blog esta Tesis completa (99 págs.), desconocida para los arqueólogos e investigadores chilenos.

Por qué damos a conocer hoy esta obra de mi juventud arqueológica.

Este estudio, que por primera vez, transcurridos ya más de 30 años de su redacción, entregamos aquí al público joven y a nuestros colegas antropólogos y arqueólogos, había quedado "escondido" en los anaqueles del Departamento de Antropología de la Universidad del Estado de Nueva York (New York State University at Stony Brook, Long Island). A mi regreso a Chile a fines del año 1971, intentamos vanamente publicarlo en la Colección de libros sobre Historia de Chile, dirigida por entonces por el editor Mario Aguirre Mackay quien nos solicitó el manuscrito correspondiente. Estando este texto ya en prensa en la ciudad de Buenos Aires, en el año 1978, en la Editorial Francisco de Aguirre, ocurrió la súbita confiscación y cierre de la Imprenta y Editorial por parte del Gobierno argentino. Mario Aguirre tuvo la gentileza de hacerme llegar el ejemplar ya en trámites de prensa, hecha la corrección de pruebas, ejemplar que guardo como valioso testimonio de este frustrado intento por darlo a la publicidad. Nunca más intenté después ponerlo al día.

De modo que este trabajo, presentado en mayo de 1978 en la Universidad americana citada más arriba, recién hoy, vía Internet, conoce la posibilidad de hacerse público. Más aún, nos congratulamos de que pueda ser hoy de acceso inmediato a través de nuestra biblioteca virtual, a cualquier usuario o investigador, que quiera conocer lo que por entonces afirmábamos sobre el poblamiento costero del Norte Grande y Norte Chico chileno.

Decíamos por entonces:

" El presente estudio analiza las características demográficas y los patrones de asentamento del grupo pescador-recolector Chango, cuyo habitat se extendía desde casi los 17º L. S. hasta aproximadamente los 30º L. S., a lo largo de toda la costa desértica de Sudamérica. El trabajo se centra en el examen de todas las informaciones disponibles para el siglo XVI (1538-1600), las que proceden, en su mayor parte, de referencias de los Títulos de Encomiendas, concedidas en el actual sur peruano y norte chileno, las Relaciones Geográficas de Indias, los relatos tempranos de Cronistas (Siglo XVI) y, finalmente, de las descripciones poco conocidas de los primeros viajeros". (Abstract de la obra).

Tal como allí se señala, el trabajo no tiene la pretensión de incorporar el análisis de documentación archival, inédita, depositada en repositorios españoles, peruanos, bolivianos o chilenos; materiales que serán años después analizados con muchísimo fruto por otros etnohistoriadores chilenos (Jorge Hidalgo, Luis Martínez, Juan Alberto Herrera Veas) o peruanos (especialmente María Rostworowsky de Díez Canseco).



sábado, 17 de enero de 2009

Flora endémica de la Pampa del Tamarugal y oasis aledaños: su uso en el pasado y en la actualidad

A propósito de la descripción hecha por el sevillano Antonio de O´Brien, en 1765, que hemos examinado en detalle en otros segmentos de este Blog, nos parece de especial interés presentar aquí para los amantes de la flora nativa un muestrario fotográfico, lo más completo posible, de las especies vegetales que se encuentran hoy en el piso de la Pampa del Tamarugal y en los oasis aledaños de Pica y Matilla. Su objetivo inmediato es mostrar, cómo, en un lugar aparentemente inhóspito y desértico, donde la vida parece imposible, es dable encontrar incluso hoy día, vida animal y vegetal, la que sin duda fue de enorme ayuda al viajero de la época colonial al atravesar a lomo de mula o caballo la pampa calcinante rumbo a la costa. También aportaremos algunas informaciones sobre su empleo y utilización por el hombre, tanto en tiempos indígenas, coloniales como recientes.


Así, no pocas de estas especies, sirvieron de alimento, eventual abrigo, material de artesanía y construcción, medicina, ritualidad y/o combustible al antiguo cazador-recolector que desde el altiplano bajaba a la costa árida, en busca del trueque con alimentos marinos producidos por los antiguos pobladores del litoral, al menos desde los 6.000 A C., época en que los primitivos habitantes de la cultura Chinchorro se establecieron firmemente en el litoral y nos dejaron testimonio de sus extraños ritos mortuorios.

Todavía más utilidad prestaron, desde al menos unos centenares de años antes de la Era Cristiana al agricultor de los oasis y valles cordilleranos, que seguían traficando hacia la costa, utilizando la mismas rutas, y deteniéndose en las mismas aguadas para conseguir el preciado guano de aves marinas (guano rojo) y los productos del mar (pescado y mariscos secos).

En la época de la Conquista y durante todo el período salitrero, varias de estas especies sirvieron de alimento a los burros, mulares y caballos que transitaban por la Pampa. El fruto del algarrobo y del chañar, muy dulce, fue y aún es hoy especialmente apetecido por los lugareños, los que supieron obtener de sus vainas harinas y bebidas alcohólicas (aloja) . El cañaveral o caña (Phragmites communis Trin.) prestó notable utilidad para levantar cercos y muros, incluso de viviendas y edificios.


Area de cañas o cañaveral en la cocha de la Concova (Pica, Iª Región). Su nombre científico es Phragmites communis Trin. (Familia Poaceae). Es muy frecuente en lugares donde aflora el agua en zonas desérticas, incluyendo la costa. A veces en reducidas aguadas o puquios. Resiste bastante bien la alta salinidad de los terrenos. Las nubes oscuras son típicas del invierno altiplánico en esta época. (Foto H. Larrain 25/o2/2009).



Grandes hojas lineares alternas de la caña o cañaveral, Phragmites comunis Trin. En lugares muy húmedos, la planta se reproduce rápidamente por el sistema de estolones y llega a constituir enormes manchones, impenetrables. Vista tomada en las cercanías de la cocha de la Concova (Pica), al lado de los estanques de agua potable del pueblo. La caña puede llegar a medir hasta unos 5-6 m. de altura, con un diámetro máximo de 4.5 cm en su base. (Foto H. Larrainn, 24/02/2009).



Phragmites communis Trin. (También conocido como Phragmites australis (Cav.) Trin. ex Steud.). Fue muy usado en tiempos indígenas y coloniales como material constructivo, para levantar cercas divisorias de propiedades, y hacer muros pegados con barro o tiza (anhidrita). Casi todas las más antiguas viviendas en Pica y Matilla fueron construidas mediante el sistema de caña amarrada con cuerdas hechas de cuero animal (llamas, mulas). Aunque repartido por gran parte del mundo, no puede dudarse de que existía en toda América (del Norte y del Sur), mucho antes de la llegada de los colonizadores europeos, según el registro arqueológico. (Foto H. Larrain, 24/02/2009).



Canal que recibe el agua surgente a borbotones en la cocha de la Concova (Pica), en el extremo oriente de Pica. Aquí acuden niños frecuentemente a bañarse en sus cálida aguas, para refrescarse del intenso calor diurno. El cañaveral es cmuy avido de agua y prospera muy bien en pequeñas lagunas, cochas o terrenos muy húmedos (Foto H. Larrain 24/02/2009).



Iglesia reconstruida de Matilla, después del terremoto del año 2007. El arquitecto a cargo (René Mansilla) optó por dejar a la vista, en varios muros, el sistema constructivo en base a cañas (Phragmites communis Trin.) . como en el caso present, donde se disimuló hábilmente con una cruz en metal el área del muro que subyace a la pintura exterior. Lado izquierdo del presbiterio de la iglesia, cerca de la imagen de San Antonio, Patrono del pueblo. (Foto H. Larrain, Febrero 2009).


Parte del muro original, confeccionado con cañas de Phragmites communis Trin. dejada visible y cubierto con un vidrio protector, en la restauración de la iglesia colonial de Matilla, para evidenciar su antiguo sistema de construcción, tras la destrucción operada por el terremoto del año 2007 (Foto H. Larrain, Febrero 2009).

El cronista Cieza de León muy tempranamente dice de estas cañas que en su tiempo observó muchas veces:

"...hay muy grandes y espesos cañaverales tanto, que no se puede andar por ellos si no es con muy gran trabajo,.... pero quiso Dios nuestro señor que sobrasen aquí cañas porque los moradores no tuviesen mucho trabajo en hacer sus casas..." Cieza de León (cap. XXIV).
"Hecho esto, ponen encima de la sepultura una caña de las gordas que he dicho haber en aquellas partes, y como sean estas cañas huecas tienen cuidado a su tiempo de echarles de este brebaje que estos llaman azúa, hecho de maíz o de otras raíces, porque engañados del demonio, creen y tienen por opinión que el muerto bebe de este vino que por la caña le echan..." Cieza de León (Cap. LI).



Arbol de Chañar (Gourliaea decorticans), planta endémica de la zona, muy común en la área del oasis de Pica-Matilla. En ciertos sectores no cultivados, el chañar forma enmarañados bosquetes, casi impenetrables. Su fruto fue especialmente buscado por los lugareños y sirvió antaño de alimento a guanacos y llamas, y hoy a cabras, ovejas y aún cerdos. En la foto, ejemplar plantado el año 1999 que ya se eleva sobre los 10 m de altura, en la parcela del Dr. Horacio Larrain, Matilla. (foto H. Larrain diciembre 2008).



Árbol frondoso de "molle" (Schinus molle L. ) que crece vigoroso en el sector del socavón de Comiña, al NE de la localidad de Matilla. En este sector existen indicios culturales del mayor interés, que deberían ser protegidos por la autoridad comunal para resguardarlo para la posteridad. Se encuentra hoy en el más absoluto abandono, siendo uno de los lugares de mayor interés para un turismo de tipo científico. Aquí fue labrado un antiguo socavón, probablemente excavado en el siglo XVII, para la obtención de agua de las napas del subsuelo. Sus aguas abastecen hoy , por medio de una gruesa tubería, al poblado de Matilla. Los indígenas lugareños aprovecharon estas aguas para regar sus sementeras de maíz. Se puede observar allí restos de eras de cultivo, donde al parecer, en tiempos coloniales, se plantó viñas; un cementerio indígena, desgraciadamente saqueado por huaqueros de la vecindad; una "botijería" o fábrica colonial de "botijas peruleras", en los siglos XVII-XVIII y un paisaje biogeográfico muy interesante con añosos algarrobos, tamarugos y molles y otras especies menores de plantas. La gente del sector, principalmente jóvenes, acuden aquí a refrescarse en el agua del socavón, y bajo la sombra acogedora de los grandes árboles. Los "molles" o pimientos aquí pueden alcanzar los 12, y más metros de altura. Molle proviene de la voz quechua molli. Sus pequeños frutos, de una hermosa coloración rojo-violácea, sirvieron en tiempos indígenas para preparar brebajes. Los españoles le denominaron "pimiento", por la gran pequeñez de sus semillas, en cierto modo semejantes al árbol de la pimienta. Curiosamente el molle fue transplantado por los españoles a las tierras de México y crece hoy silvestre en buena parte del país. Por su origen (el Perú) en México se le denominó tempranamente "pirul", nombre que conserva hasta hoy. En este sector de Comiña, para nuestra sorpresa, no hemos encontrado, en cambio, señas del chañar (Gourliaea decorticans). No sabemos exactamente por qué.




Frutos del árbol mostrado en la figura anterior (Schinus molle L.) La "L" que sigue al nombre científico aquí estampado, señala a su primer descriptor, en el siglo XVIII, el famoso naturalista y botánico sueco Linnaeus, conocido entre nosotros como Linneo (1707-1768), creador de la nomenclatura binominal en ciencias biológicas. (Foto H. Larrain Febrero 2009).


Frutos (verde y maduro) de la especie pimiento o "molle", (Schinus molle) que suele verse en las quebradas que caen a la Pampa del Tamarugal. Es una hermosa planta dioica que presenta un denso follaje y excelente sombra. Es muy raro verlos en el piso mismo de la pampa, pero sí, en cambio con frecuencia en el fondo de las quebradas (foto H. Larrain, diciembre 2008).


Frutos del tamarugo, arriba (Prosopis tamarugo Phil) y chañar, abajo (Gourliaea decorticans hook et Arn) de árboles plantados en la parcela del Dr. Horacio Larrain en Matilla (foto H. Larrain, diciembre 2008). El fruto del chañar es de agradable gusto y posee una delgada capa harinosa dulce, bajo la cáscara. Loa antiguos habitantes aymaras y atacameños supieron fabricar bebidas alcohólicas tanto del chañar como del algarrobo.



Flor de la especie Prosopis strombulifera (Lam.) Benth., planta nativa endémica de los oasis de Pica y Matilla que crece silvestre entre las arboledas, o a orillas de los caminos, entre los huertos frutales. Puede alcanzar una altura máxima de hasta 2 m. Pero generalmente se le observa achaparrado, y se eleva muy poco sobre el suelo. Su fruto (vaina) se usa como hermoso elemento decorativo y es considerado por la gente sencilla como "amuleto para la buena suerte", y como tal se expende en Iquique, La Tirana y Pica en mercados populares. (Foto H. Larrain, Enero, 2009).


Planta de Prosopis strombulifera que prospera a la vera de caminos interiores de Pica, aprovechando el agua de riego de los olivares vecinos (Foto H. Larrain, Enero 2009).


Frutos a punto de madurar de la misma especie (Prosopis strombulifera), en una planta crecida a orillas de un camino. Obsérvese el curiosísimo desarrollo en espiral de la vaina de este fruto. Los frutos maduros tienen una típica y fuerte coloración amarilla. (foto H. Larrain, Matilla, diciembre 2008)


Arreglo floral hecho con las ramas y vainas secas de Prosopis strombulifera. Trabajo hecho por Marta Peña Guzmán, en Matilla, Octubre 2008. (foto H. Larrain, Enero 2009).




Montículos de arena poblados por restos de plantas ya cortadas de brea o sorona (Tessaria absynthioides) que fueron extraídos para material de construcción (tipo quincha), por los antiguos "canchoneros" del área de La Huayca (Foto H. Larrain, Enero 2009).





Brea o sorona nativa (Tessaria absynthioides), que aún logra sobrevivir, entre las costras salinas del antiguo salar, en las cercanías del pueblo de la Huayca. Habiendo descendido notablemente en los últimos 50 años el nivel freático del agua subterránea, que hoy se encuentra aquí hacia los 12 m. de profundidad, es imposible que esta especie logre tener acceso a dicha humedad, aún tomando en consideración el ascenso por capilaridad. Sospechamos que se esté alimentando en gran medida gracias al rocío frecuente y a las nieblas eventuales que llegan a la Pampa El tema de la captación de agua atmosférica (por niebla o rocío) por parte de varias especies botánicas de la Pampa (tamarugos, retamilla, sorona, grama salada), no está enteramente resuelto y debería ser motivo de nuevas y concienzudas mediciones por parte de fisiólogos vegetales y ecólogos. (Foto H. Larrain, Enero 2009).


Contorneada e irregular superficie salina, resto evidente del antiguo Salar pleistocénico. Los ejemplares de algarrobo del fondo (Prosopis chilensis Phil), logran sobrevivir, absorbiendo el agua de las capas freáticas cada vez más profundas. Es interesante hacer notar que jamás se observa hoy en su proximidad presencia de ejemplares jóvenes de esta especie. Lo que nos estaría probando que hoy no se repuebla ni regenera el salar con esta especie (ni con otras endèmicas), en forma natural, por el descenso experimentado en el agua subterránea por el efecto de la extracción masiva e incontrolada de agua para el consumo humano y agrícola (parcelas). La Dirección General de Aguas (DGA), por desgracia, no ha implementado aún una política responsable en este sentido. El problema se va ir agudizando decenio a decenio, con resultados imprevisibles y catastróficos a corto plazo para las comunidades vegetales naturales de esta pampa. Urge adoptar severas medidas de control si queremos que el ecosistema del Tamarugal no muera en forma irremisible y definitiva.


Ejemplar de algarrobo (Prosopis chilensis) en el sector Comiña (cerca de Matilla) , junto a la abertura del socavón colonial que abastece de agua hasta hoy al pueblo de Matilla. Convive con tamarugos y molles en el sector, formando un atractivo conjunto arbolado en medio de un paraje de arenas calcinantes. (Foto H. Larrain, Febrero 2009).


Planta rastrera, de la especie Tiquilia atacamensis (?). Posee unas diminutas flores blancas y es un excelente colonizador de las dunas, donde parece habitar con especial predilección. La hemos visto, también, a orilla de carretera, en el acceso al pueblo de Matilla, viniendo de La Huayca. Dado que se la encuentra en parajes donde es casi imposible que acceda a aguas freáticas, tenemos la sospecha de que se alimenta del rocío de las madrugadas, el que atrapa gracias a los numerosos y finosd vellos que pueblan sus hojas, fuertemente adaptadas a un medio xerófito. La arena no parece incomodarle. La hemos encontrado, floreciendo en excelente estado, en el lugar llamado "El Salto", (la Cascada) arriba de Chintaguay, donde no tiene posibilidad alguna de hallar agua freática. Extiendo copiosamente su sistema radicular en su contorno, a muy corta distancia bajo el suelo. Su sistema de absorción de agua semejaría, a lo que creemos, al que hemos observado en el arbusto "retamilla" (Caesalpinia aphila), en plena Pampa del Tamarugal. (Foto H. Larrain, Febrero, 2009).




Sistema de dunas,  con presencia de Tiquilia atacamensis (?) en el sector "Comiña" junto al socavón del mismo nombre, al N. del pueblo de Matilla. Obsérvese el avance de las dunas que cubren el lugar y cómo la planta logra adaptarse y colonizarlas. De paso, admire las sinuosidades en forma de líneas casi paralelas que produce el viento en las arenas. Se forman paralelamente a la fuerza de empuje del viento, cuando éste corre normalmente en una misma dirección, creando un hermoso efecto óptico. Aquí las diminutas partículas de arena (con diámetros entre 0.10 mm y 1.0 mm), arrastradas por el viento se detienen ante la planta que les sirve de obstáculo, creando una nebka o montículo de retención. El paisaje geomorfológico resultante es así muy bello y crea espacios para la desatada imaginación del fotógrafo.(Foto H. Larrain, Febrero, 2009).




Grama salada (Disticlis spicata (L) Greene. Esta gramínea xerófita, extraordinariamente  resistente a la salinidad, extiendo numerosas raicillas en todas direcciones, alimentándose de la humedad superficial del suelo, producida por el rocío matutino y las nieblas eventuales que humedecen el piso de la pampa. La especie fue otrora muy abundante en distintos puntos de este antiguo salar. Hoy ha quedado reducida a escasos y diminutos especímenes, como el que aquí mostramos, los que apenas logran sobrevivir. La abundancia de esta especie hace algunos siglos atrás queda en evidencia por la fotografía siguiente, que muestra los enormes montículos creados por la planta en su continuo crecimiento vertical, hoy impresionantes cadáveres vivientes  (penitentes). Es comida hoy por las cabras como lo fue antaño por guanacos.



Mogotes o montículos formados por manojos compactos de raicillas muy apretadas de la gramínea llamada grama salada (Distyclis spicata). La planta que mostramos  ya está muerta, pero logró vivir por centurias, elevándose cada vez más sobre el suelo y creciendo sobre sí misma, a medida que obtenía el agua del subsuelo por capilaridad. No conocemos estudios serios de estas formaciones vegetales que nos puedan ilustrar acerca de la posible antigüedad de estos "mogotes". Su sistema de crecimiento mediante una paulatina elevación sobre el suelo, aferrado a su propio material ya muerto, se asemeja bastante a los montículos formados por la bromeliácea Tillandsia landbecki, conocida como "clavel del aire", que va atrapando las arenas traídas por el viento y forma una malla compacta de raíces y tejidos muertos, sobre los que sigue creciendo, manteniéndose viva  (Tillandsiales). Estos mogotes, que puede alcanzar hasta los 2 m. de altura sobre el suelo, son observables en distintos sectores de la Pampa del Tamarugal, poco antes de llegar a la Huayca y en especial en las cercanías del Salar de Pintados, donde aún sobreviven escasos ejemplares de Distyclis en la cima de los mogotes referidos, los que nos ilustran acerca de su extraña forma de crecimiento. Su sola presencia aquí  es testimonio elocuente del desecamiento ocurrido en esta área, como producto de la profundización de los niveles freáticos del agua subterránea. Esto es parte del típico proceso de desertización por razones naturales (por incremento del calentamiento global), unido en este caso al proceso de desertificación por obra del hombre (exctracción  incontrolada  de agua subterránea).  (Foto H. Larrain,. Enero 2009, sector La Huayca).



Hermosos ejemplares de tamarugo (Prosopis tamarugo Phil) a poca distancia al sur-este de la localidad de La Tirana, rumbo a La Huayca . En esta zona sobreviven antiguos ejemplares de esta especies, que son anteriores a la reforestación realizada por CORFO en los años 1960-1970. (foto H. Larrain, Enero 2009).




Ejemplares de pillalla (Atriplex atacamensis Phil) a la orilla del camino desde Pozo Almonte a La Tirana. Esta planta fue intensamente explotada como material leñoso (combustible) no sólo por las faenas mineras de la plata, en los buitrones de la Tirana, sino también por los pobladores y peregrinos, visitantes de la localidad de La Tirana, con motivo de la celebración de la Fiesta de la Virgen del Carmen (16 de Julio). Los tallos tiernos de esta planta fueron comidos por guanacos y llamas y también, más recientemente, por burros, mulares y cabras, por lo que constituyen un recurso forrajero de gran importancia en esta pampa. Que sepamos, nunca ha sido estudiada la posibilidad concreta de replantar sectores con esta especie y verificar la posibilidad de alimentar allí ganado caprino, tal como se intentó con el tamarugo en la década de 1970-1980, por parte de CONAF (Fundo Refresco, Pampa del Tamarugal. Una especie del mismo género (Atriplex nummularia), curiosamente originaria de Australia, ha sido introducida y empleada con bastante éxito en plantaciones en el secano de la IV Región (área al Norte del río Limarí ) para la alimentación de ganado caprino. (foto H. Larrain, Enero 2009).




Ejemplar de retamilla (Caesalpinia angulata (Hook & Arn. (Baill.) del Tamarugal. Se la encuentra asociada al bosque de tamarugos desde la zona de Zapiga (extremo norte del Tamarugal) hasta el Salar de Llamara, por el sur. Hoy día es bastante difícil encontrar bosquetes compactos de esta especie, pues ha sido intensamente explotada como leña. Hasta tiempos muy recientes, los pobladores y peregrinos del Santuario de La Tirana usaban sus ramas secas como combustible habitual para sus cocinas. Presenta la curiosidad de tener hojas muy diminutas, típica adaptación de las plantas de desierto (xerofitismo). Florece copiosamente en los meses de Septiembre y Octubre, cubriéndose de hermosas flores amarillas. Sus flores atraen a dos especies autóctonas de abejas y en sus troncos se desarrolla una pequeña y curiosa especie de coleóptero bupréstido, del género Atacamita, de hermosos y variados diseños en sus élitros. En el Norte Chico se la suele denominar "porotera".

Es interesante reseñar el acentuado endemismo tanto de esta especie vegetal como de sus huéspedes y visitantes. En el área del Salar de Llamara (extremo sur del Tamarugal) se suele observar a esta especie en la cima de elevados montículos que se han formado con el correr del tiempo, por efecto de la erosión eólica y la constante deposición y amontonamiento del follaje caído. Posee raíces muy largas y delgadas (como cuerdas) , que se extienden por muchos metros, en todas direcciones, a muy poca profundidad, en busca de la humedad próxima a la superficie, donde queda retenido el rocío matutino y la humedad de las nieblas eventuales o camanchacas, procedentes del Pacífico.

Esta planta - como otras de este desierto- representa un tipo muy extremo de adaptación al desierto (xerofitismo) y, en nuestro concepto, debería ser objeto de particulares estudios de fisiología vegetal para lograr comprender de qué manera logra capturar, de las capas superiores del suelo, la escasa humedad que suministran el rocío y las nieblas eventuales. Curiosamente, así como vemos con frecuencia ejemplares muertos de tamarugos (en el trayecto de Pozo Almonte a Pintados), es muy raro ver ejemplares muertos de retamilla. Mientras el tamarugo se ve obligado a obtener el agua de niveles freáticos cada vez más profundos, y al no encontrarlos, fatalmente muere, la retamilla, según nuestras observaciones, se alimenta de la humedad inmediata al suelo, y depende muchísimo menos del aporte hídrico de niveles freáticos más profundos.

Hasta hace pocos decenios, todo el combustilble para las cocinas a leña de los pobladores era obtenido de este vegetal para alimentar el fuego. Quedan visibles hasta hoy muchísimos montículos, donde es posible aún ver partes del sistema radicular de las retamillas que fueron cortadas. Igualmente, las ramas largas aéreas de la retamilla fueron empleadas para confeccionar las paredes de quincha de no pocas cabañas de pobladores del sector. Probablemente, después del tamarugo, el vegetal más cortado y utilizado para diversos fines desde la época de La Colonia en esta Pampa del Tamarugal, fue la retamilla. Hoy quedan muy escasos bosquetes relictos de este hermosa especie, que florece abundantemente de amarillo en el mes de Octubre y se llena de abejas nativas que liban sus flores. Es nuestra convicción que esta especie merece una especial protección y podría perfectamente ser introducida en los jardines como planta decorativa. El espectáculo de su floración en amarillo, en los meses de octubre -noviembre es algo digno de verse.


Típica escena de una caravana de mulares y carretas hacia 1860.

 Grabado tomado de la obra de Léon Pallière, pintor francés que recorre la zona de Atacama hacia la misma época que Rodulfus A.Philippi y Johann Jakob Von Tschudi y dibuja escenas y personajes de la época. Estas caravanas nos dan una excelente idea de lo que sería, por esas mismas fechas, el movimiento de animales y personas a través del Tamarugal. Los mulares que tiraban las carretas o servían de cabalgaduras a los viajeros de la época, se alimentaban a su paso con hojas y ramas de tamarugos, algarrobos, pillallas, grama salada y aún sorona, contribuyendo así a mermar y reducir  la superficie vegetada. La minería local se encargó del último ataque frontal al ecosistema de la Pampa, primero al explotar la plata en los buitrones a fuego, durante gran parte del período colonial y luego el salitre y el bórax en las primeras salitreras "de Paradas", a partir del año 1830.


De no haber sido por la repoblación y reforestación con tamarugos iniciada en la década de 1930 por el industrioso catalán Emilio Junoy en su propiedad de "El Carmelo", y la obra masiva de reforestación con tamarugos, llevada a efecto exitosamente por la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO) , entre 1965-1970, cuando se plantó más de 20.000 hás con la especie Prosopis tamarugo, el Tamarugal sería hoy un hórrido desierto de piedras y arenas, inerte y sin vida, semejante a un desolado paisaje lunar.

Sobre estudios realizados en tamarugos, en la Pampa del Tamarugal y su utilización como forraje, véase: www.fao.org/docrep/006/AD318S/AD318S03.htm .

Igualmente, observaciones de gran interés sobre la utilización reciente del tamarugo, podrá Ud. encontrar en el trabajo de Italo Lanino: "Comparación de tres razas ovinas alimentadas con tamurugo (Prosopis tamarugo Phil)" , Memoria de Título, Facultad de Agronomía, Universidad de Chile, 1968.

(Segmento elaborado en Enero 2009 con adiciones y correcciones posteriores, hasta Mayo 2013).

domingo, 11 de enero de 2009

El Cristianismo, ¿es el responsable directo de la crisis ecológica?. Respuesta a la acusación de Lynn White y otros autores

Portada de la edición del año 1964 de la obra de Rachel Carson, eminente bióloga y entomóloga norteamericana, propugnadora y defensora de la perspectiva ecológica y de la protección de los ecosistemas frente al uso abusivo de pesticidas y paguicidas. como se practicaba en los Estados Unidos en su época. La primera edición de esta obra data del año 1962. En breves y lapidarias frases que discutiremos más abajo, esta investigadora rotula de "filosofía de la época Neardertal" la afirmación de la superioridad del hombre por sobre las otras creaturas. Ella, al igual que otros autores, consideran este concepto básico de la filosofía y teología cristiana como una expresión de "arrogancia" . En el análisis que sigue, veremos si tiene alguna sustentación tal afirmación o es más bien fruto de una lectura ligera de algún texto bíblico solitario, aislado de su contexto.

LA VISIÓN CRISTIANA DEL MUNDO. BIBLIA, ECOLOGÍA, DEPREDACIÓN Y CONTAMINACIÓN. REFLEXIONES SOBRE EL COMPORTAMIENTO HUMANO ACTUAL FRENTE AL PLANETA TIERRA


En el contexto de una
eco-antropología, tema central de nuestro enfoque en este Blog, nos ha parecido muy pertinente hacer una aproximación al problema de las relaciones entre "Fé bíblica, Magisterio de la Iglesia y Ecología". Esta reflexión ha brotado con motivo de un Curso que hemos entregado recientemente (Enero 2009) a monitores y educadores de la Iglesia Católica en la ciudad de Iquique.


En este Blog nos queremos hacer cargo hoy de una acusación grave, que creemos injustificada y carente de base, en el sentido de que la fé bíblica, de acuerdo al relato del Libro del Génesis, habría sustentado una suerte de dominio despótico del hombre recién creado en el paraíso (Adán y Eva) sobre toda la creación, como si Dios diera al hombre un poder absoluto y sin restricciones sobre el mundo recién creado y, en particular, sobre sus creaturas.


Profundizar en este análisis, en nuestro concepto, involucra necesariamente practicar un examen muy fino del concepto de "dominio sobre la Creación". Es lo que trataremos de hacer en este segmento del Blog. Con ello queremos aportar elementos de juicio y material útil para los sacerdotes, religiosas, diáconos, catequistas y cristianos en general que a diario tienen que escuchar dudas, recelos o diatribas contra la posición de la Iglesia en el tema ecológico, hoy tan en boga. Como lo veremos luego, hay una corriente académica de pensamiento que acusa a la Iglesia y a la Biblia de incentivar y promover el ataque frontal a la Naturaleza y sus seres vivos, siendo así directamente responsables del daño ecológico, la contaminación y la destrucción actual de los medioambientes. ¿Es esto verdaderamente así?. ¿Podemos culpar al autor sagrado del Libro del Génesis de promover un desmedido control sobre la naturaleza, ciego y torpe, con la finalidad de afianzar la supremacía del hombre sobre todo el resto de la Creación?.


La acusación nos parece bastante insólita, visto el respeto que el Cristianismo siempre ha sentido por todas las obras de Dios. Sin embargo existe, ha sido esgrimida y propalada a menudo en libro serios e incluso ha sido repetida por autores que merecen nuestra admiración por su pensamiento en materias de economía, historia y/o biología.


Para los que vivimos el pensamiento y la fe cristiana "desde dentro", las afirmaciones que vamos a escuchar y discutir aquí nos parecen harto peregrinas, faltas de base de sustentación y casi "extraterrestres" por la intrínseca discordancia que ostentan con el pensamiento tradicional de la Iglesia frente al mundo de las "creaturas".


¿De qué forma de dominio se trata aquí? . ¿Se trata de un control omnímodo, irreverente, despótico?. ¿Es compatible tal tipo de dominación con el conjunto del pensamiento cristiano? ¿Entregó Dios la obra de su Creación al manejo indiscriminado, antojadizo, del hombre, su Creatura?. ¿Puede el hombre hacer uso de sus Creaturas a destajo, o tiene respecto a ellas alguna suerte de responsabilidad ética o moral?. ¿Entregó Dios un "cheque en blanco" al hombre para destruir su propio entorno, su propia morada?.


Son éstas preguntas cruciales que necesariamente tenemos que hacernos hoy para enfrentar con éxito una acusación que, dado el actual desastre ecológico al que asistimos (calentamiento global, incremento de la capa de ozono, ascenso del nivel de los océanos y acelerada desaparición de los casquetes polares, entre otros eventos catastróficos) y las perspectivas de desastre para la Humanidad entera, nos parece en extremo grave.


Porque si tales aseveraciones tuvieran un fundamento real- como se afirma abiertamente- querría decir que nuestra fe cristiana nos conduciría per se a nuestra perdición y destrucción como especie en el planeta tierra. Nos viene aquí sin querer a la memoria la frase célebre de apóstol San Pablo respecto a la posibilidad de la resurrección: "[En el caso hipotético de que no existiera], "vana sería nuestra Fe". (1 Corintios 15, 14). Así ahora, "inútil y vana sería nuestra fe" si se llegara a probar que el Cristianismo es intrínsecamente responsable del ecocidio al que estamos asistiendo hoy día en todo el planeta.


Acerquémonos al texto bíblico controvertido. Porque es en esencia este texto y otros que se le asemejan, los que han originado la polémica y han puesto sobre el tapete el tema del "control" del hombre sobre la Tierra y todos sus seres vivientes.


El relato de la Creación acusado tajantemente de fomentar el "ecocidio" por varios pensadores modernos , se lee en el primer Libro de la Biblia, el Génesis, donde se dice a la letra:


“Dios los bendijo [a Adán y Eva] diciéndoles: Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla. Tenga autoridad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra…. Vio Dios que todo cuanto había hecho era muy bueno…” Dijo Dios: hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Que tenga autoridad sobre los peces del mar y sobre las aves del cielo, sobre los animales del campo, la fieras salvajes y los reptiles que se arrastran por le suelo”. Y creó Dios al hombre a su imagen. A imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó. (Gen, 1: 26; subrayado nuestro).


Hay algunos autores que han interpretado esta sujeción, control de la tierra o dominio, como un dominio de carácter despótico y han visto en este texto bíblico casi un permiso divino, y, más aún, una orden divina para ejercer una explotación total sobre el mundo y toda su creación. Tal cosa leíamos en la obra Desarrollo a Escala Humana, de Manfred Max Neef, en su primera versión castellana en 1986. (Development Dialogue, Número Especial, Fundación Dag Hammarskjöld, Uppsala). Curiosamente, esta severa acusación ya no figura en la nueva edición del año 1993. ¿Por qué se ha omitido allí?. No deja de ser curioso y sintomático, por decir lo menos.


Estas referencias de nuestro por otra parte genial economista Manfred Max Neef, no le son propias. Fueron tomadas casi a la letra de un famoso artículo publicado por el historiador de la tecnología moderna, el norteamericano Lynn T. White, profesor de Historia Medieval de la Universidad de Princeton (Stanford) y la Universidad de California (Los Angeles). El artículo de marras se intituló: The historical Roots of our Ecological Crisis” [“Las raíces históricas de nuestra crisis ecológica”] y fue publicado en la prestigiosa revista científica “Science” en el año 1967 (Vol.155:1203-1207).


Este breve artículo ha suscitado una enorme polémica por sus fuertes afirmaciones. White argumenta que el ser humano para poder enfrentar con éxito la inminente crisis ambiental (que ya por entonces se avizoraba) debe examinar la postura de su civilización frente a la Naturaleza. Y esta brota en último término - nos dice- de su fundamento religioso.


En sus palabras:

" Lo que la gente hace respecto a su ecología, [esto es, su actitud ecológica diríamos hoy] depende de lo que piense en relación a las cosas que lo rodean. La ecología humana se halla profundamente condicionada por las creencias acerca de nuestra naturaleza y destino: esto es, por la religión".


Ahora bien, White observa que la capacidad de destrucción sobre el ambiente se ha desarrollado por efecto de los adelantos tecnológicos realizados a partir de la Edad Media, y que estos avances han ocurrido en un contexto cultural influenciado por la tradición judeo-cristiana. White argumenta que en esta tradición, "la naturaleza [creada por Dios] no tiene otra razón de existir salvo el servir a los seres humanos", y de esta suerte, para este autor, la arrogancia cristiana hacia la Naturaleza comparte una pesada carga de culpabilidad" ["a huge burden of guilt"] en lo que respecta a la crisis ambiental contemporánea.


En otras palabras, hay quienes como Lynn White y sus seguidores achacan directamente a la interpretación bíblica del Génesis, propia del Cristianismo, un particular “permiso divino” e incluso una "orden divina" para desarrollar las tecnologías y técnicas que contribuyen a destruir el medio ambiente, so pretexto de ejercer así un efectivo dominio sobre la creación. Con lo cual lanzaron sobre el Cristianismo, máxime en su porción occidental (tanto Catolicismo como Protestantismo), la plena responsabilidad del surgimiento de los problemas ambientales y ecológicos que vienen sucediendo en nuestra Tierra, en particular desde mediados del siglo XVIII, cuando la revolución industrial y la proliferación de las fábricas, masificó los daños al medio ambiente, en un afán por desarrollar una economía de producción en masa.


Sintetiza White su pensamiento en estas tremendas y lapidarias frases:


“Especialmente en su forma occidental, el Cristianismo es la religión más antropocéntrica que el mundo haya conocido [“Especially in its Western form, Christianity is the most anthropocentric Religion the World has seen”]. (1967).


"Por lo tanto, continuaremos teniendo una agravante crisis ecológica hasta tanto rechacemos el axioma cristiano que proclama de que no hay otra razón de la existencia de la naturaleza sino para servicio del hombre" ("Hence, we shall continue to have a worsening ecologic crisis until we reject the Chrsitian axiom that nature has no reason for existence save to serve man").


Esta última frase parecería sellar, pra Lynn White, el destino fatal del Cristianismo: su auto-destrucción. Cuesta imaginar cómo, quien fuera cristiano en su juventud y bebiera el mensaje de Cristo de labios de predicadores de la "Buena Nueva", el Evangelio, llegara a afirmar que éste esconde, entre sus pliegues más profundos, una afilada espada para hacerse el harakiri. Para nosotros, los cristianos que hemos aprendido ya desde el Génesis que toda obra de Dios es buena en sí misma, ["y vio Dios que era bueno"], esta declaración nos deja perplejos. Sobre todo porque procede de un hombre que supo aplicar el método histórico con rigurosidad y sagacidad en sus trabajos sobre la tecnología medieval. ¿Por que no aplicó con rigor este mismo mètodo para escrutar a fondo el pensamiento bíblico sobre la bondad de la Creación, patente en cientos de pasajes de la Biblia? Hay aquí un oscuro misterio que no atinamos a comprender.


Si nos fijamos bien, Lynn White no sería el primero en atribuir al Cristianismo un tipo particular de "Humanismo" que preconiza la arrogancia del ser humano por sobre el resto de la Creación, suscitándose así -para este autor - un afán desmedido de control y dominación. Tiene predecesores en su planteamiento básico.



Rachel Carson, notable entomóloga norteameriCana,
en una de las más tempranas y famosas obras destinadas a analizar la gravedad del problema ecológico que el hombre estaba causando sobre la naturaleza, y en particular a través del uso indiscriminado de plaguicidas en la agricultura, con el sugestivo tìtulo de Silent Spring (“Primavera silenciosa”) decía, al cerrar su bello y electrizante libro (1ª edición: 1962):


The “control of nature” is a phrase conceived in arrogance, born of the Neanderthal age of biology and philosophy, when it was supposed that nature exists for the convenience of man (Carson, 1964: 261). [traducción: El “control de la naturaleza” es una frase concebida como fruto de la arrogancia, que nace en una época Neanderthal de la Biología y Filosofía, cuando se dio por supuesto que la Naturaleza existía para la conveniencia del hombre”; subrayado nuestro; ver carátula de la obra al inicio de este segmento del Blog].


También se ha traído a colación como argumento decisivo y con el mismo propósito, una bien conocida frase de San Ignacio de Loyola, en sus famoso librito: Ejercicios Espirituales, escrito por el santo en su retiro espiritual de Manresa el año 1534, documento que - al decir de ciertos autores- habría sido un fruto maduro más de la misma concepción cristiana dualista, de fines del Medioevo:


Decía en efecto San Ignacio, el fundador de la Orden de los Jesuítas en sus Ejercicios espirituales:


“El hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios Nuestro Señor y mediante esto salvar su alma. Y las otras cosas sobre la haz de la tierra, son creadas para el hombre y para que le sirvan para el fin para el que ha sido creado”. [subrayado nuestro].


Aquí, nuevamente, se ha querido ver una suerte de permiso de explotación de todo lo creado en beneficio del hombre. Y el preconizador y principal defensor de este enfoque, sería nada menos que el fundador de la Compañía de Jesús, el vasco Iñigo de Loyola. De esta suerte, se ha pretendido demostrar, una vez más, que sería el Cristianismo tanto a través de la Biblia como a través de sus grandes Santos, la religión que nos habría habituado a concebir la Naturaleza creada, en clara oposición a su Creador, de suerte que el hombre como Señor de la Naturaleza, debe dominarla, ponerla a sus pies, explotarla siendo así el verdadero causante e instigador principal de las manifestaciones expoliadoras del hombre en los últimos siglos, máxime a partir del Renacimiento, , con los primeros atisbos de la Revolución Industrial.


A primera vista, esta acusación parecería tener sólidos fundamentos. ¿Acaso la Biblia no lo dice taxativamente?. ¿Acaso no habla ella de "dominar", "tener autoridad" sobre la Tierra y sus habitantes?. ¿Acaso esta forma de dominar no constituye un permiso no sólo tácito sino muy explícito para explotar la Tierra y sus recursos a mansalva?. ¿Para extraer todos sus recursos, aún de las entrañas de la Tierra, en beneficio del Hombre, el ser predilecto de toda la Creación?. ¿Acaso no es el hombre el "único verdadero beneficiario" de toda la vida en la tierra, la única "finalidad" de esta creación entera?. O, ¿EXISTE LA CREACIÓN PARA OTROS FINES QUE NO SEA EL SERVIR AL HOMBRE"?. Veámoslo con más calma.

¿Se habla realmente en el relato bíblico de un control total sobre la naturaleza circundante por parte del hombre?. Este relato, ¿autoriza al hombre a explotar la naturaleza que lo rodea, a su arbitrio y sin cortapisas de ningún género?. ¿ ¿De qué tipo de dominio estamos hablando aquí en el texto bíblico?. ¿Se preconiza allí un dominio despótico, como se ha querido señalar por Lynn White en su época?.


Veámoslo con más cuidado. Creo que nos encontraremos con algunas sorpresas que para los ecologistas pueden resultar por lo menos inpensadas y sorprendentes.


Lynn White, el gran historiador de la tecnologìa moderna, sin embargo, como algo sorprendido de sus propios dichos, matiza en alguna medida su pensamiento en las últimas frases de su revolucionario artículo, diciendo que el Cristianismo Oriental, ha sido mucho menos propenso a un ataque frontal contra la Naturaleza por el hecho de que en su zona de influencia (el Oriente, Rusia, y en general, Asia) no se desarrolló a su máxima capacidad la inventiva tecnológica, causante principal del descalabro ecológico. Desarrollo tecnológico en Occidente y desastre ecológico para White, van de la mano. Y este Occidente es, nos dice White, esencialmente de raíz cristiana. Por lo que sería dable suponer que sus grandes tendencias en materia de desarrollo, tuvieran como fuenteesta misma matriz religiosa.


Sorprendentemente, tras lanzar sus mejores dardos sobre el todo el Cristianismo occidental (no sólo el Catolicismo!) , White deja extrañamente entreabierta una vía alternativa, dentro de este mismo Cristianismo, a una visión mucho más respetuosa hacia la Naturaleza. La encuentra en el Franciscanismo, en particular en las obras y en la influencia del poverello de Asís, San Francisco de Asís en un segmento importante de la piedad cristiana. Por desgracia apenas apunta, muy a la pasada, y hacia al final de su artículo, a esta vía de solución alternativa a la crisis ecológica y, curiosamente, no se da el trabajo de profundizar mayormente sobre ella. Nuevamente nos preguntamos por qué.


El artículo de White ha provocado una gigantesca marejada de discusión. Y en este sentido, ha sido sumamente útil a la Humanidad actual para generar un debate amplio sobre esta materia. Expertos cristianos en Etica afirman que la base de discusión sobre la que White plantea su hipótesis (pues no es otra cosa que una hipótesis) es errada; es decir, su interpretación del texto del Génesis es esencialmente errada. Porque el tipo de "señorío" que Dios entrega al hombre sobre la Naturaleza, no es algo irresponsable. La superioridad real del Hombre sobre la Naturaleza le ha sido nada por su propio ser de “Homo sapiens”, es decir, hombre inteligente. Pero estas “superioridad" en el orden ontológico, producto de su racionalidad, no le da de por sí un derecho irrestricto para destruir e inutilizar su propia "morada", su casa (oikos), tal como el animal que destruye su propia guarida por la insana acumulación de sus excrementos!. Todo lo contrario. Porque el "señorío" del hombre sobre la Naturaleza le obliga a ejercer su influencia de un modo eminentemente responsable.


Si el texto de Génesis en 1,26, objeto de este debate, habla de "tener autoridad" sobre la Naturaleza, o "ejercer dominio" (en otra traducción), también en el mismo libro del Génesis se habla de otra manera, bien distinta, y mucho más detallada, la que apunta claramente en otra dirección: a su responsabilidad.

Este nuevo texto dice:

“El día en que Yavé Dios hizo la tierra y los cielos, no había sobre la tierra árbol alguno, ni había brotado aún ninguna planta silvestre….y tampoco habìa hombre que cultivara la tierra. Entonces Yavé Dios formó al hombre con polvo de la tierra; luego sopló en su nariz un aliento de vida y el hombre tuvo aliento y vida. Yavé Dios plantó un jardín en un lugar del Oriente llamado Edén, y colocó allí al hombre que había formado. Yavé Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles, agradables a la vista y buenos para comer……Yavé Dios tomo al hombre y lo puso en el jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidara….. El hombre puso nombre a todos los animales, a las aves del cielo, y a las fieras salvajes. Pero no se encontró a ninguno que estuviera a su altura y lo ayudara” Gén. 2, 4-21; se omite algunas frases intermedias que no son esenciales a la cita; subrayado nuestro).


En este segundo texto, en que se especifica mucho más fina y delicadamente las relaciones entre el hombre y su entorno natural, (llamado éste "el segundo relato de la Creación", seguramente de otra fuente original), se clarifica bien la forma de relación querida por Dios:


a) Dios es el que crea las plantas del jardín del Edén donde decide poner al hombre. Dios hace brotar allí del suelo los árboles “agradables a la vistas y buenos para comer”. Es decir, la vegetación está destinada a ser observada y admirada por el hombre por su belleza pero también le sirve de alimento. Se indica aquí dos finalidades de esta creación alrededor del hombre (en el jardín) una estética y la otra estrictamente utilitaria, alimenticia.


b) Dios es retratado allí como admirándose de su propia creación y, más aún, gozándose con ella: “Y vio Dios que era bueno(a)”. “Bueno” en el doble sentido: de bello y de útil al hombre. En el primer sentido, la belleza de la creación elevará al hombre a la contemplación de la grandeza de Dios.


c) Dios toma al hombre recién creado y lo pone en el jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidara”.


Aquí se señalan las dos misiones básicas del hombre con relación a la naturaleza: aprovecharse y servirse de las especies comestibles y cultivarlas (práctica de la recolección y de la agricultura) y cuidar la creación (responsabilidad del hombre ante el resto de la humanidad y el futuro de la misma). En otras palabras, Dios le asigna dos tareas con respecto al mundo natural: utilizar la Naturaleza en sus formas útiles al hombre (agricultura de especies cultivables: trigo, cebada, vid) y al mismo tiempo, la protección y cuidado de lo creado. O sea, debe el hombre diversificar su acción entre el aprovechamiento directo de las especies agrícolas útiles, que Dios le dejó en el jardín del Edén y el cuidado del resto de la creación en general (tanto árboles útiles como árboles silvestres, tanto animales domésticos como fieras salvajes).


Afirmar, por tanto, que Dios entregó el control total de la creación para que hiciera con ella lo que se le antojara, es evidentemente contrario al texto bíblico, y totalmente contrario tanto a la más genuina Tradición de los Padres de la Iglesia como a la doctrina de la Iglesia, traducida en tiempos recientes en numerosos documentos.


Sin pretender extendernos por ahora en esta materia, presentaremos un texto pontificio bien elocuente a este respecto:


Pablo VI en la Carta Apostólica Octogésima Adveniens:


Mientras el horizonte del hombre se va así modificando, partiendo de las imágenes que para él se seleccionan, se hace sentir otra transformación, consecuencia tan dramática como inesperada de la actividad humana: Bruscamente, el hombre adquiere conciencia de ella; debido a una explotación inconsiderada de la Naturaleza corre el riesgo de destruirla y de ser a su vez víctima de esta degradación. No sólo el ambiente físico constituye una amenaza permanente; contaminaciones y desechos, nuevas enfermedades, poder destructor absoluto. Es el propio consorcio humano el que el hombre no domina ya, creando de esta manera un ambiente que podría resultar intolerable. Problema social de envergadura que incumbe a la familia social toda entera (Nº 21, citado en Tony Mifsud, El respeto por la vida humana (Bioética), Ediciones Paulinas CIDE, 1987; subrayado nuestro).


Hay muchos otros textos que trae a colación Tony Mifsud en su obra.


Pero por ahora, sólo vamos a citar otro Documento oficial, emanado del Concilio Vaticano II. El Catecismo de la Iglesia Católica, voz vigente del Magisterio de la Iglesia:


“Nº 342. La jerarquía de las criaturas está expresada por el orden de los “seis días”, que va de lo menos perfecto a lo más perfecto. Dios ama todas su criaturas (Sal. 145: 9) cuida de cada una, incluso de los pajarillos. Pero Jesús dice “ vosotros valéis más que muchos pajarillos” (Lc. 12: 6-7) …”; subrayado nuestro).


Hasta aquí avanzaremos por ahora en este segmento del Blog. En una próxima entrega Dios mediante, daremos a conocer y examinaremos con lupa gran cantidad de textos bíblicos que expresan un profundo respeto hacia la Creación entera, precisamente todo lo contrario de lo insinuado por los autores aludidos más arriba.


Como conclusión provisoria, señalamos que dichos autores leyeron y subrayaron tan solo un pasaje del Génesis, sin tomarse la molestia de escrutar ni examinar toda la visión sobre el mundo creado que nos ofrece la Biblia en numerosos pasajes, aún en el Viejo Testamento (Libro de los Salmos, de Sirac o la Sabiduría o Proverbios). Lo que estaría revelando, a nuestro juicio, una grave falla en su método científico en su análisis. Una exégesis (interpretación) bíblica seria, supone el examen acucioso de toda la Biblia y no tan solo de un texto aislado y solitario, por lo demás, mal interpretado.


El virulento ataque lanzado contra el pensamiento bíblico del Cristianismo Occidental, y contra la Praxis cristiana en general, por el historiador inglés Lynn White, por lo tanto, carece absolutamente de base. Al revés, este pensamiento y esta doctrina apuntan exactamente en la dirección contraria: a la urgente necesidad de proteger y cuidar la Creación, en beneficio del propio hombre. Y tal enfoque naturalista y proteccionista, ya apunta claramente en los albores de la Biblia, en el mismo Génesis.


Por tanto, el espíritu llamado "franciscanismo" en la Iglesia Católica, heredado del poverello de Asís, no constituye una cierta excepción, como parece insinuar lo Lynn White, sino brota, por el contrario, de la esencia misma de una reflexión bíblica y teológica más profunda, realizada a través de los siglos, a través de lo que la Iglesia llama "La Tradición" por antonomasia. Porque sólo en este contexto de la tradición viva de la Iglesia, tiene sentido hablar de una posible responsabilidad o culpabilidad de la Iglesia Occidental de vertiente católica. Aferrarse a uno o dos textos sueltos , totalmente desligados del contexto global de la Biblia constituye una falla metodológica de análisis, condenada por cualquier historiador de prestigio. Nos preguntamos sorprendidos : ¿cómo pudo caer White, eximio historiador de la tecnología occidental, en este contrasentido histórico?.


(segmento en construccción, retocado el 1/05/2009).