sábado, 17 de enero de 2009

Flora endémica de la Pampa del Tamarugal y oasis aledaños: su uso en el pasado y en la actualidad

A propósito de la descripción hecha por el sevillano Antonio de O´Brien, en 1765, que hemos examinado en detalle en otros segmentos de este Blog, nos parece de especial interés presentar aquí para los amantes de la flora nativa un muestrario fotográfico, lo más completo posible, de las especies vegetales que se encuentran hoy en el piso de la Pampa del Tamarugal y en los oasis aledaños de Pica y Matilla. Su objetivo inmediato es mostrar, cómo, en un lugar aparentemente inhóspito y desértico, donde la vida parece imposible, es dable encontrar incluso hoy día, vida animal y vegetal, la que sin duda fue de enorme ayuda al viajero de la época colonial al atravesar a lomo de mula o caballo la pampa calcinante rumbo a la costa. También aportaremos algunas informaciones sobre su empleo y utilización por el hombre, tanto en tiempos indígenas, coloniales como recientes.


Así, no pocas de estas especies, sirvieron de alimento, eventual abrigo, material de artesanía y construcción, medicina, ritualidad y/o combustible al antiguo cazador-recolector que desde el altiplano bajaba a la costa árida, en busca del trueque con alimentos marinos producidos por los antiguos pobladores del litoral, al menos desde los 6.000 A C., época en que los primitivos habitantes de la cultura Chinchorro se establecieron firmemente en el litoral y nos dejaron testimonio de sus extraños ritos mortuorios.

Todavía más utilidad prestaron, desde al menos unos centenares de años antes de la Era Cristiana al agricultor de los oasis y valles cordilleranos, que seguían traficando hacia la costa, utilizando la mismas rutas, y deteniéndose en las mismas aguadas para conseguir el preciado guano de aves marinas (guano rojo) y los productos del mar (pescado y mariscos secos).

En la época de la Conquista y durante todo el período salitrero, varias de estas especies sirvieron de alimento a los burros, mulares y caballos que transitaban por la Pampa. El fruto del algarrobo y del chañar, muy dulce, fue y aún es hoy especialmente apetecido por los lugareños, los que supieron obtener de sus vainas harinas y bebidas alcohólicas (aloja) . El cañaveral o caña (Phragmites communis Trin.) prestó notable utilidad para levantar cercos y muros, incluso de viviendas y edificios.


Area de cañas o cañaveral en la cocha de la Concova (Pica, Iª Región). Su nombre científico es Phragmites communis Trin. (Familia Poaceae). Es muy frecuente en lugares donde aflora el agua en zonas desérticas, incluyendo la costa. A veces en reducidas aguadas o puquios. Resiste bastante bien la alta salinidad de los terrenos. Las nubes oscuras son típicas del invierno altiplánico en esta época. (Foto H. Larrain 25/o2/2009).



Grandes hojas lineares alternas de la caña o cañaveral, Phragmites comunis Trin. En lugares muy húmedos, la planta se reproduce rápidamente por el sistema de estolones y llega a constituir enormes manchones, impenetrables. Vista tomada en las cercanías de la cocha de la Concova (Pica), al lado de los estanques de agua potable del pueblo. La caña puede llegar a medir hasta unos 5-6 m. de altura, con un diámetro máximo de 4.5 cm en su base. (Foto H. Larrainn, 24/02/2009).



Phragmites communis Trin. (También conocido como Phragmites australis (Cav.) Trin. ex Steud.). Fue muy usado en tiempos indígenas y coloniales como material constructivo, para levantar cercas divisorias de propiedades, y hacer muros pegados con barro o tiza (anhidrita). Casi todas las más antiguas viviendas en Pica y Matilla fueron construidas mediante el sistema de caña amarrada con cuerdas hechas de cuero animal (llamas, mulas). Aunque repartido por gran parte del mundo, no puede dudarse de que existía en toda América (del Norte y del Sur), mucho antes de la llegada de los colonizadores europeos, según el registro arqueológico. (Foto H. Larrain, 24/02/2009).



Canal que recibe el agua surgente a borbotones en la cocha de la Concova (Pica), en el extremo oriente de Pica. Aquí acuden niños frecuentemente a bañarse en sus cálida aguas, para refrescarse del intenso calor diurno. El cañaveral es cmuy avido de agua y prospera muy bien en pequeñas lagunas, cochas o terrenos muy húmedos (Foto H. Larrain 24/02/2009).



Iglesia reconstruida de Matilla, después del terremoto del año 2007. El arquitecto a cargo (René Mansilla) optó por dejar a la vista, en varios muros, el sistema constructivo en base a cañas (Phragmites communis Trin.) . como en el caso present, donde se disimuló hábilmente con una cruz en metal el área del muro que subyace a la pintura exterior. Lado izquierdo del presbiterio de la iglesia, cerca de la imagen de San Antonio, Patrono del pueblo. (Foto H. Larrain, Febrero 2009).


Parte del muro original, confeccionado con cañas de Phragmites communis Trin. dejada visible y cubierto con un vidrio protector, en la restauración de la iglesia colonial de Matilla, para evidenciar su antiguo sistema de construcción, tras la destrucción operada por el terremoto del año 2007 (Foto H. Larrain, Febrero 2009).

El cronista Cieza de León muy tempranamente dice de estas cañas que en su tiempo observó muchas veces:

"...hay muy grandes y espesos cañaverales tanto, que no se puede andar por ellos si no es con muy gran trabajo,.... pero quiso Dios nuestro señor que sobrasen aquí cañas porque los moradores no tuviesen mucho trabajo en hacer sus casas..." Cieza de León (cap. XXIV).
"Hecho esto, ponen encima de la sepultura una caña de las gordas que he dicho haber en aquellas partes, y como sean estas cañas huecas tienen cuidado a su tiempo de echarles de este brebaje que estos llaman azúa, hecho de maíz o de otras raíces, porque engañados del demonio, creen y tienen por opinión que el muerto bebe de este vino que por la caña le echan..." Cieza de León (Cap. LI).



Arbol de Chañar (Gourliaea decorticans), planta endémica de la zona, muy común en la área del oasis de Pica-Matilla. En ciertos sectores no cultivados, el chañar forma enmarañados bosquetes, casi impenetrables. Su fruto fue especialmente buscado por los lugareños y sirvió antaño de alimento a guanacos y llamas, y hoy a cabras, ovejas y aún cerdos. En la foto, ejemplar plantado el año 1999 que ya se eleva sobre los 10 m de altura, en la parcela del Dr. Horacio Larrain, Matilla. (foto H. Larrain diciembre 2008).



Árbol frondoso de "molle" (Schinus molle L. ) que crece vigoroso en el sector del socavón de Comiña, al NE de la localidad de Matilla. En este sector existen indicios culturales del mayor interés, que deberían ser protegidos por la autoridad comunal para resguardarlo para la posteridad. Se encuentra hoy en el más absoluto abandono, siendo uno de los lugares de mayor interés para un turismo de tipo científico. Aquí fue labrado un antiguo socavón, probablemente excavado en el siglo XVII, para la obtención de agua de las napas del subsuelo. Sus aguas abastecen hoy , por medio de una gruesa tubería, al poblado de Matilla. Los indígenas lugareños aprovecharon estas aguas para regar sus sementeras de maíz. Se puede observar allí restos de eras de cultivo, donde al parecer, en tiempos coloniales, se plantó viñas; un cementerio indígena, desgraciadamente saqueado por huaqueros de la vecindad; una "botijería" o fábrica colonial de "botijas peruleras", en los siglos XVII-XVIII y un paisaje biogeográfico muy interesante con añosos algarrobos, tamarugos y molles y otras especies menores de plantas. La gente del sector, principalmente jóvenes, acuden aquí a refrescarse en el agua del socavón, y bajo la sombra acogedora de los grandes árboles. Los "molles" o pimientos aquí pueden alcanzar los 12, y más metros de altura. Molle proviene de la voz quechua molli. Sus pequeños frutos, de una hermosa coloración rojo-violácea, sirvieron en tiempos indígenas para preparar brebajes. Los españoles le denominaron "pimiento", por la gran pequeñez de sus semillas, en cierto modo semejantes al árbol de la pimienta. Curiosamente el molle fue transplantado por los españoles a las tierras de México y crece hoy silvestre en buena parte del país. Por su origen (el Perú) en México se le denominó tempranamente "pirul", nombre que conserva hasta hoy. En este sector de Comiña, para nuestra sorpresa, no hemos encontrado, en cambio, señas del chañar (Gourliaea decorticans). No sabemos exactamente por qué.




Frutos del árbol mostrado en la figura anterior (Schinus molle L.) La "L" que sigue al nombre científico aquí estampado, señala a su primer descriptor, en el siglo XVIII, el famoso naturalista y botánico sueco Linnaeus, conocido entre nosotros como Linneo (1707-1768), creador de la nomenclatura binominal en ciencias biológicas. (Foto H. Larrain Febrero 2009).


Frutos (verde y maduro) de la especie pimiento o "molle", (Schinus molle) que suele verse en las quebradas que caen a la Pampa del Tamarugal. Es una hermosa planta dioica que presenta un denso follaje y excelente sombra. Es muy raro verlos en el piso mismo de la pampa, pero sí, en cambio con frecuencia en el fondo de las quebradas (foto H. Larrain, diciembre 2008).


Frutos del tamarugo, arriba (Prosopis tamarugo Phil) y chañar, abajo (Gourliaea decorticans hook et Arn) de árboles plantados en la parcela del Dr. Horacio Larrain en Matilla (foto H. Larrain, diciembre 2008). El fruto del chañar es de agradable gusto y posee una delgada capa harinosa dulce, bajo la cáscara. Loa antiguos habitantes aymaras y atacameños supieron fabricar bebidas alcohólicas tanto del chañar como del algarrobo.



Flor de la especie Prosopis strombulifera (Lam.) Benth., planta nativa endémica de los oasis de Pica y Matilla que crece silvestre entre las arboledas, o a orillas de los caminos, entre los huertos frutales. Puede alcanzar una altura máxima de hasta 2 m. Pero generalmente se le observa achaparrado, y se eleva muy poco sobre el suelo. Su fruto (vaina) se usa como hermoso elemento decorativo y es considerado por la gente sencilla como "amuleto para la buena suerte", y como tal se expende en Iquique, La Tirana y Pica en mercados populares. (Foto H. Larrain, Enero, 2009).


Planta de Prosopis strombulifera que prospera a la vera de caminos interiores de Pica, aprovechando el agua de riego de los olivares vecinos (Foto H. Larrain, Enero 2009).


Frutos a punto de madurar de la misma especie (Prosopis strombulifera), en una planta crecida a orillas de un camino. Obsérvese el curiosísimo desarrollo en espiral de la vaina de este fruto. Los frutos maduros tienen una típica y fuerte coloración amarilla. (foto H. Larrain, Matilla, diciembre 2008)


Arreglo floral hecho con las ramas y vainas secas de Prosopis strombulifera. Trabajo hecho por Marta Peña Guzmán, en Matilla, Octubre 2008. (foto H. Larrain, Enero 2009).




Montículos de arena poblados por restos de plantas ya cortadas de brea o sorona (Tessaria absynthioides) que fueron extraídos para material de construcción (tipo quincha), por los antiguos "canchoneros" del área de La Huayca (Foto H. Larrain, Enero 2009).





Brea o sorona nativa (Tessaria absynthioides), que aún logra sobrevivir, entre las costras salinas del antiguo salar, en las cercanías del pueblo de la Huayca. Habiendo descendido notablemente en los últimos 50 años el nivel freático del agua subterránea, que hoy se encuentra aquí hacia los 12 m. de profundidad, es imposible que esta especie logre tener acceso a dicha humedad, aún tomando en consideración el ascenso por capilaridad. Sospechamos que se esté alimentando en gran medida gracias al rocío frecuente y a las nieblas eventuales que llegan a la Pampa El tema de la captación de agua atmosférica (por niebla o rocío) por parte de varias especies botánicas de la Pampa (tamarugos, retamilla, sorona, grama salada), no está enteramente resuelto y debería ser motivo de nuevas y concienzudas mediciones por parte de fisiólogos vegetales y ecólogos. (Foto H. Larrain, Enero 2009).


Contorneada e irregular superficie salina, resto evidente del antiguo Salar pleistocénico. Los ejemplares de algarrobo del fondo (Prosopis chilensis Phil), logran sobrevivir, absorbiendo el agua de las capas freáticas cada vez más profundas. Es interesante hacer notar que jamás se observa hoy en su proximidad presencia de ejemplares jóvenes de esta especie. Lo que nos estaría probando que hoy no se repuebla ni regenera el salar con esta especie (ni con otras endèmicas), en forma natural, por el descenso experimentado en el agua subterránea por el efecto de la extracción masiva e incontrolada de agua para el consumo humano y agrícola (parcelas). La Dirección General de Aguas (DGA), por desgracia, no ha implementado aún una política responsable en este sentido. El problema se va ir agudizando decenio a decenio, con resultados imprevisibles y catastróficos a corto plazo para las comunidades vegetales naturales de esta pampa. Urge adoptar severas medidas de control si queremos que el ecosistema del Tamarugal no muera en forma irremisible y definitiva.


Ejemplar de algarrobo (Prosopis chilensis) en el sector Comiña (cerca de Matilla) , junto a la abertura del socavón colonial que abastece de agua hasta hoy al pueblo de Matilla. Convive con tamarugos y molles en el sector, formando un atractivo conjunto arbolado en medio de un paraje de arenas calcinantes. (Foto H. Larrain, Febrero 2009).


Planta rastrera, de la especie Tiquilia atacamensis (?). Posee unas diminutas flores blancas y es un excelente colonizador de las dunas, donde parece habitar con especial predilección. La hemos visto, también, a orilla de carretera, en el acceso al pueblo de Matilla, viniendo de La Huayca. Dado que se la encuentra en parajes donde es casi imposible que acceda a aguas freáticas, tenemos la sospecha de que se alimenta del rocío de las madrugadas, el que atrapa gracias a los numerosos y finosd vellos que pueblan sus hojas, fuertemente adaptadas a un medio xerófito. La arena no parece incomodarle. La hemos encontrado, floreciendo en excelente estado, en el lugar llamado "El Salto", (la Cascada) arriba de Chintaguay, donde no tiene posibilidad alguna de hallar agua freática. Extiendo copiosamente su sistema radicular en su contorno, a muy corta distancia bajo el suelo. Su sistema de absorción de agua semejaría, a lo que creemos, al que hemos observado en el arbusto "retamilla" (Caesalpinia aphila), en plena Pampa del Tamarugal. (Foto H. Larrain, Febrero, 2009).




Sistema de dunas,  con presencia de Tiquilia atacamensis (?) en el sector "Comiña" junto al socavón del mismo nombre, al N. del pueblo de Matilla. Obsérvese el avance de las dunas que cubren el lugar y cómo la planta logra adaptarse y colonizarlas. De paso, admire las sinuosidades en forma de líneas casi paralelas que produce el viento en las arenas. Se forman paralelamente a la fuerza de empuje del viento, cuando éste corre normalmente en una misma dirección, creando un hermoso efecto óptico. Aquí las diminutas partículas de arena (con diámetros entre 0.10 mm y 1.0 mm), arrastradas por el viento se detienen ante la planta que les sirve de obstáculo, creando una nebka o montículo de retención. El paisaje geomorfológico resultante es así muy bello y crea espacios para la desatada imaginación del fotógrafo.(Foto H. Larrain, Febrero, 2009).




Grama salada (Disticlis spicata (L) Greene. Esta gramínea xerófita, extraordinariamente  resistente a la salinidad, extiendo numerosas raicillas en todas direcciones, alimentándose de la humedad superficial del suelo, producida por el rocío matutino y las nieblas eventuales que humedecen el piso de la pampa. La especie fue otrora muy abundante en distintos puntos de este antiguo salar. Hoy ha quedado reducida a escasos y diminutos especímenes, como el que aquí mostramos, los que apenas logran sobrevivir. La abundancia de esta especie hace algunos siglos atrás queda en evidencia por la fotografía siguiente, que muestra los enormes montículos creados por la planta en su continuo crecimiento vertical, hoy impresionantes cadáveres vivientes  (penitentes). Es comida hoy por las cabras como lo fue antaño por guanacos.



Mogotes o montículos formados por manojos compactos de raicillas muy apretadas de la gramínea llamada grama salada (Distyclis spicata). La planta que mostramos  ya está muerta, pero logró vivir por centurias, elevándose cada vez más sobre el suelo y creciendo sobre sí misma, a medida que obtenía el agua del subsuelo por capilaridad. No conocemos estudios serios de estas formaciones vegetales que nos puedan ilustrar acerca de la posible antigüedad de estos "mogotes". Su sistema de crecimiento mediante una paulatina elevación sobre el suelo, aferrado a su propio material ya muerto, se asemeja bastante a los montículos formados por la bromeliácea Tillandsia landbecki, conocida como "clavel del aire", que va atrapando las arenas traídas por el viento y forma una malla compacta de raíces y tejidos muertos, sobre los que sigue creciendo, manteniéndose viva  (Tillandsiales). Estos mogotes, que puede alcanzar hasta los 2 m. de altura sobre el suelo, son observables en distintos sectores de la Pampa del Tamarugal, poco antes de llegar a la Huayca y en especial en las cercanías del Salar de Pintados, donde aún sobreviven escasos ejemplares de Distyclis en la cima de los mogotes referidos, los que nos ilustran acerca de su extraña forma de crecimiento. Su sola presencia aquí  es testimonio elocuente del desecamiento ocurrido en esta área, como producto de la profundización de los niveles freáticos del agua subterránea. Esto es parte del típico proceso de desertización por razones naturales (por incremento del calentamiento global), unido en este caso al proceso de desertificación por obra del hombre (exctracción  incontrolada  de agua subterránea).  (Foto H. Larrain,. Enero 2009, sector La Huayca).



Hermosos ejemplares de tamarugo (Prosopis tamarugo Phil) a poca distancia al sur-este de la localidad de La Tirana, rumbo a La Huayca . En esta zona sobreviven antiguos ejemplares de esta especies, que son anteriores a la reforestación realizada por CORFO en los años 1960-1970. (foto H. Larrain, Enero 2009).




Ejemplares de pillalla (Atriplex atacamensis Phil) a la orilla del camino desde Pozo Almonte a La Tirana. Esta planta fue intensamente explotada como material leñoso (combustible) no sólo por las faenas mineras de la plata, en los buitrones de la Tirana, sino también por los pobladores y peregrinos, visitantes de la localidad de La Tirana, con motivo de la celebración de la Fiesta de la Virgen del Carmen (16 de Julio). Los tallos tiernos de esta planta fueron comidos por guanacos y llamas y también, más recientemente, por burros, mulares y cabras, por lo que constituyen un recurso forrajero de gran importancia en esta pampa. Que sepamos, nunca ha sido estudiada la posibilidad concreta de replantar sectores con esta especie y verificar la posibilidad de alimentar allí ganado caprino, tal como se intentó con el tamarugo en la década de 1970-1980, por parte de CONAF (Fundo Refresco, Pampa del Tamarugal. Una especie del mismo género (Atriplex nummularia), curiosamente originaria de Australia, ha sido introducida y empleada con bastante éxito en plantaciones en el secano de la IV Región (área al Norte del río Limarí ) para la alimentación de ganado caprino. (foto H. Larrain, Enero 2009).




Ejemplar de retamilla (Caesalpinia angulata (Hook & Arn. (Baill.) del Tamarugal. Se la encuentra asociada al bosque de tamarugos desde la zona de Zapiga (extremo norte del Tamarugal) hasta el Salar de Llamara, por el sur. Hoy día es bastante difícil encontrar bosquetes compactos de esta especie, pues ha sido intensamente explotada como leña. Hasta tiempos muy recientes, los pobladores y peregrinos del Santuario de La Tirana usaban sus ramas secas como combustible habitual para sus cocinas. Presenta la curiosidad de tener hojas muy diminutas, típica adaptación de las plantas de desierto (xerofitismo). Florece copiosamente en los meses de Septiembre y Octubre, cubriéndose de hermosas flores amarillas. Sus flores atraen a dos especies autóctonas de abejas y en sus troncos se desarrolla una pequeña y curiosa especie de coleóptero bupréstido, del género Atacamita, de hermosos y variados diseños en sus élitros. En el Norte Chico se la suele denominar "porotera".

Es interesante reseñar el acentuado endemismo tanto de esta especie vegetal como de sus huéspedes y visitantes. En el área del Salar de Llamara (extremo sur del Tamarugal) se suele observar a esta especie en la cima de elevados montículos que se han formado con el correr del tiempo, por efecto de la erosión eólica y la constante deposición y amontonamiento del follaje caído. Posee raíces muy largas y delgadas (como cuerdas) , que se extienden por muchos metros, en todas direcciones, a muy poca profundidad, en busca de la humedad próxima a la superficie, donde queda retenido el rocío matutino y la humedad de las nieblas eventuales o camanchacas, procedentes del Pacífico.

Esta planta - como otras de este desierto- representa un tipo muy extremo de adaptación al desierto (xerofitismo) y, en nuestro concepto, debería ser objeto de particulares estudios de fisiología vegetal para lograr comprender de qué manera logra capturar, de las capas superiores del suelo, la escasa humedad que suministran el rocío y las nieblas eventuales. Curiosamente, así como vemos con frecuencia ejemplares muertos de tamarugos (en el trayecto de Pozo Almonte a Pintados), es muy raro ver ejemplares muertos de retamilla. Mientras el tamarugo se ve obligado a obtener el agua de niveles freáticos cada vez más profundos, y al no encontrarlos, fatalmente muere, la retamilla, según nuestras observaciones, se alimenta de la humedad inmediata al suelo, y depende muchísimo menos del aporte hídrico de niveles freáticos más profundos.

Hasta hace pocos decenios, todo el combustilble para las cocinas a leña de los pobladores era obtenido de este vegetal para alimentar el fuego. Quedan visibles hasta hoy muchísimos montículos, donde es posible aún ver partes del sistema radicular de las retamillas que fueron cortadas. Igualmente, las ramas largas aéreas de la retamilla fueron empleadas para confeccionar las paredes de quincha de no pocas cabañas de pobladores del sector. Probablemente, después del tamarugo, el vegetal más cortado y utilizado para diversos fines desde la época de La Colonia en esta Pampa del Tamarugal, fue la retamilla. Hoy quedan muy escasos bosquetes relictos de este hermosa especie, que florece abundantemente de amarillo en el mes de Octubre y se llena de abejas nativas que liban sus flores. Es nuestra convicción que esta especie merece una especial protección y podría perfectamente ser introducida en los jardines como planta decorativa. El espectáculo de su floración en amarillo, en los meses de octubre -noviembre es algo digno de verse.


Típica escena de una caravana de mulares y carretas hacia 1860.

 Grabado tomado de la obra de Léon Pallière, pintor francés que recorre la zona de Atacama hacia la misma época que Rodulfus A.Philippi y Johann Jakob Von Tschudi y dibuja escenas y personajes de la época. Estas caravanas nos dan una excelente idea de lo que sería, por esas mismas fechas, el movimiento de animales y personas a través del Tamarugal. Los mulares que tiraban las carretas o servían de cabalgaduras a los viajeros de la época, se alimentaban a su paso con hojas y ramas de tamarugos, algarrobos, pillallas, grama salada y aún sorona, contribuyendo así a mermar y reducir  la superficie vegetada. La minería local se encargó del último ataque frontal al ecosistema de la Pampa, primero al explotar la plata en los buitrones a fuego, durante gran parte del período colonial y luego el salitre y el bórax en las primeras salitreras "de Paradas", a partir del año 1830.


De no haber sido por la repoblación y reforestación con tamarugos iniciada en la década de 1930 por el industrioso catalán Emilio Junoy en su propiedad de "El Carmelo", y la obra masiva de reforestación con tamarugos, llevada a efecto exitosamente por la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO) , entre 1965-1970, cuando se plantó más de 20.000 hás con la especie Prosopis tamarugo, el Tamarugal sería hoy un hórrido desierto de piedras y arenas, inerte y sin vida, semejante a un desolado paisaje lunar.

Sobre estudios realizados en tamarugos, en la Pampa del Tamarugal y su utilización como forraje, véase: www.fao.org/docrep/006/AD318S/AD318S03.htm .

Igualmente, observaciones de gran interés sobre la utilización reciente del tamarugo, podrá Ud. encontrar en el trabajo de Italo Lanino: "Comparación de tres razas ovinas alimentadas con tamurugo (Prosopis tamarugo Phil)" , Memoria de Título, Facultad de Agronomía, Universidad de Chile, 1968.

(Segmento elaborado en Enero 2009 con adiciones y correcciones posteriores, hasta Mayo 2013).

1 comentario:

Cristián Silva dijo...

tu post ha sido muy valioso como fuente de información en lo que necesito. saludos