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viernes, 31 de agosto de 2012

Una nueva visita a la pampa anegada por el aluvión de Marzo 2012: floración tardía y vida animal.

Fig. 1. Vegetación que aún se puede observar junto al cauce provocado por la avenida de Marzo de este año 2012. Dos ejemplares de Cistanthe amaranthoides (ex Philippiamra sp.), el color rojo vivo corresponde a un ejemplar en plena floración; el color pálido, a un ejemplar ya en decadencia.

Las imágenes que a continuación se muestran, fueron tomadas en nuestra reciente visita al área de la pampa, a corta distancia al poniente del poblado Matilla, (Primera Región de Chile) hasta donde llegaron impetuosas las aguas del gran aluvión de comienzos de marzo de este año 2012.

En un capítulo anterior de este mismo Blog (de fecha 29/06/2012) presentamos las especies botánicas que nos fue posible reconocer y que, con la ayuda inapreciable de nuestro amigo botánico Sebastián Teillier, pudimos identificar con certeza.

El objetivo de esta nueva visita nuestra fue observar el desarrollo y evolución de la vegetación y de la fauna, transcurridos ya casi cinco meses desde la repentina bajada del aluvión. Pensábamos que ibamos a encontrar casi todo muerto y seco. Pero no fue así. Constatamos con admiración y sorpresa aún mucha vitalidad en las plantas y todavía pudimos hallar seis o siete especies de plantas en flor, lo que nos prueba la increíble vitalidad de estas plantas que solo recibieron humedad por unos breves días, hace casi cinco meses, mientras bajaba el aluvión. También fuimos testigos de la abundancia de la mariposa Pyrgus boccheris en las flores. Extrañamente no vimos ya ni un solo ejemplar de la típica mariposa rojinegra de la especie Vanessa carye, tan abundante en nuestra visita de fines del mes de Junio pasado.

Las imágenes que exponemos más abajo nos muestran el estado actual de esta vegetación. A nuestros amigos botánicos y entomólogos, les puede interesar esta información. Hemos querido por eso agregar expresamente algunas imágenes de insectos que hemos podido observar in situ.


Fig. 2. Todavía esta caña o cañaveral (Phragmites communis) domina el paisaje general y no da muestras de decadencia.

Fig. 3. Foto tomada de oeste a este. Al fondo, la mancha verde de Matilla y sus huertas. Las huellas en la arena que aquí podemos distinguir (y que el viento aún no ha borrado del todo) corresponden al antiguo trazado de las huellas de carretas que desde Pica y Matilla bajaban con frutas y verduras frescas a la pampa salitrera, para su venta. Este trajinar de las carretas cesará ya del todo hacia 1925-1930 cuando circularán por esta zona los primeros vehículos. En otras palabras, las huellas que aquí se muestran son recuerdos de unos 80-90 años atrás, a lo menos. Todas las fotografías aquí expuestas fueron tomadas el 28/08/2012.

Fig. 4. Extremo poniente del área poblada por la vegetación por efecto del aluvión reciente. Hasta aquí fueron arrastrados las ramas y arbustos arrancados al piso del valle de Quisma. En este sector se encauzó por fin el agua de aluvión sin anegar sus contornos, alcanzando sus efectos casi hasta la carretera Panamericana en el área de la "Colonia Pintados".

Fig. 5. Trozos de troncos y ramaje arrastrado por la furia del aluvión. Ya se ve, brotadas, las nuevas plantas de cañaveral surgidas tras la fuerte avenida.

Fig. 6. Ejemplar de
Lycopersicon chilense, alcanzando los 65 cm de alto en su período de floración terminal.

Fig. 7. Las hermosas flores de Tiquilia grandiflora, visitadas por pequeños hemípteros que succionan ávidamente su savia. Una que otra abeja de miel (Apis mellifera) pudimos avistar visitando sus flores en el lugar.

Fig. 8. últimas flores y semillas de la especie Tricholine caulescens (Fam. Asteraceae).



Fig. 9. Presumiblemente se trata de una larva de la mariposa Pyrgus bocchoris, lepidóptero que aún está visitando en esta fecha tan tardía las vistosas flores de Cistanthe amaranthoides. Tamaño: ca. 3.20 cm de largo.

Fig. 10. Flores de Nolana tarapacana.


Fig. 11. Observe un ejemplar casi transparente de un hemíptero succionando la savia de las flores ( al medio de la foto).

Fig. 12. Espléndido ejemplar de chilca
(Baccharis sp.) que ya se empina por sobre el metro de alto.

Fig. 13. Algunas plantas rastreras como Tiquilia sp. logran adquirir gran desarrollo.


Fig. 14. Floración ya decadende de Cistanthe amaranthoides.

Fig. 15. Floración de la misma especie, aún vigorosa. Bajo diversos ejemplares de esta especie, colecté dos especies de Coleoptera: un carábido negro de color brillante que mide de 0.77 cm (el macho) a 0.95 cm. (la hembra) y una especie de Coccinelidae, de apenas 3.0- 3.1 mm de largo. con las típicas franjas color negro brillante sobre un amarillo muy pálido de fondo. Ambas especies estaban en el suelo, entre los miles de larvas y ejemplares de Hemiptera allí cobijados. Son excelentes devoradoras de Aphidae y pulgones, y por eso estaban allí comiendo a sus anchas (Foto H. Larrain).

Fig. 16. Pillalla ya en semilla; denominación vernacular de la especie Atriplex atacamensis Phil muy común en el seno de la Pampa del Tamarugal.

Fig. 17. Especie indeterminada de gramínea.

Fig. 18. Nolana tarapacana y Tiquilia sp.

Fig. 19. Cistanthe amaranthoides.

Fig. 20. Flor de Lycopersicon chilense.

Fig. 21.
Tiquilia grandiflora.


Fig. 22.
Nolana tarapacana.


Fig 23. Hermoso ejemplar de una especie del género Amaranthus sp.,(Familia Amaranthaceae) maleza común que se escapó en semilla desde el valle de Quisma o Matilla y que aquí se ha desarrollado a sus anchas. Este género, con más de 100 especies descritas, se halla hoy diseminada por todo los países del mundo provistos de un clima templado. Las hojas de algunas de sus especies son utilizadas en China como aliño en sus comidas (agradecemos la identificación del botánico Sebastián Teillier).

Fig. 24.
Lycopersicon chilense. (Solanaceae).


Fig. 25.
Tiquilia sp. (especie de pequeñas flores blancas muy pequeñas).

Fig. 26. Vista hacia el Este.

Fig. 27. Planta de Cistanthe amaranthoides que cobija infinito número de ejemplares de Hemiptera de tres especies diferentes (Vea foto que sigue).



Fig. 28. Masa hirviente de larvas y ejemplares adultos de al menos tres especies de Hemíptera (pulgones) que se han desarrollado a la sombra de esta especie de Cistanthe amaranthoides. La falta total de aves insectívoras en esta zona ha permitido tal grado de desarrollo y proliferación de individuos.


Comentario final:

No deja de sorprendernos la extraordinaria capacidad de esta flora nativa para sobrevivir habiendo contado con agua tan sólo en sus primeros días de vida. A diferencia de lo que ocurrió en la quebrada de Quipisca, donde el agua siguió bajando desde el 11 de febrero hasta el momento actual (aún sigue bajando hoy), en el valle de Quisma después del violento aluvión, el agua muy pronto cesó de bajar.

¿Por cuánto tiempo más van a sobrevivir esas plantas?. ¿Dejarán descendencia? . ¿Cuándo volverá a bajar el aluvión, trayendo la vida?. Es un enigma que nos asombra y nos maravilla. Es esto, precisamente, una de las cosas que nos atrae tan poderosamente en este desierto: el aferrarse de la vida "con dientes y uñas" en los parajes más insólitos y áridos del planeta.

sábado, 25 de agosto de 2012

Miniaturas arqueológicas: un enterramiento singular en la quebrada de Tarapacá.

Fig. 1. Parte del cuerpo femenino (?) con parte del ajuar funerario. Del cuerpo sólo se conservó parte del cráneo y escasos trozos de los huesos largos de las extremidades. Se observa la gruesa cotona de lana de llamo y la cabellera intacta.

Fig.2. Conjunto completo del ajuar funerario, Compuesto de unas 50 piezas, sin contar algunas diminutas tapitas de ceramios, en greda cocida. Falta aquí agregar decenas de fragmentos cerámicos de otras piezas cerámicas rotas, que también formaban parte del ajuar, los que fueron depositados en una bolsa nylon aparte. Esperamos confiadamente que tales fragmentos sean celosamente guardados y conservados hasta que un experto los una, y podamos presenciar la aparición de otros ceramios en miniatura, parte de la misma colección. Puede haber sorpresas.
(Escala: 20 cm).

Fig. 3. Conjunto del enterramiento (ajuar funerario y cuerpo humano) rescatado en las cercanías del pueblo de Tarapacá, tal como fue expuesto en el Laboratorio de Criminalística de Carabineros (LABOCAR) , en la ciudad de Iquique y presentado a la prensa local el día sábado 18 de Agosto del 2012.

Fig. 4. Las piezas miniaturas de mayor tamaño, en arcilla cocida. La vasija de mayor tamaño mide poco más de 6 cm de alto. Todas contienen en su interior una substancia seca, adherida, sin duda alguna, restos de alimentos ofrendados al difunto. (Foto H. Larrain, 18/08/2012). (Escala: 20 cm).


Fig. 5. Pieza cerámica rota, con el fragmento incluido. Se observa el grosor de las paredes y de la base respectiva. (Foto H. Larrain; Escala 5 cm).


Fig. 6. Piezas cerámicas. Las piezas de mayor tamaño pueden ser platitos o, tal vez, tapas de los ceramios grandes. Al centro, una miniatura de una cuchara o cucharón, de apenas 4 cm de largo. El pequeño cuenco o escudilla (abajo, al centro de la foto) mide 3.5 cm de largo. (Foto H. Larrain).
(Escala: 5 cm).

Fig. 7. Las piezas textiles. Hay dos pequeños envoltorios que encierran, a lo que parece, algún elemento en su interior. No han sido abiertos. la pieza textil de mayor tamaño, de forma rectangular, semeja un pañito ceremonial al modo de las inkuñas aymaras. (Foto H. Larrain). (Escala grande:; 20 cm.; escala pequeña: 5 cm).

Fig. 8. De enorme interés es este conjunto de nueve cestos diminutos, perfectamente tejidos con una fibra vegetal que parecería ser un tipo de junco (Juncus sp.) (Foto H. Larrain: Escala grande: 20 cm., escala pequeña: 5 cm).

Fig. 9. Vista del conjunto de piezas de cestería en espiral, en miniaturas primorosamente tejidas.
(Foto H. Larrain; escala: 5 cm).

Fig. 10. Las piezas cerámicas más pequeñas del ajuar. La mayor tiene un alto aproximado a los 7.5 cm. Dos de ellas conservan intacta la substancia seca en su interior, ¿parte del cocaví (kokawi) ofrendado al difunto para su viaje a ultratumba? (Foto H. Larrain); Escala: 5 cm).


Fig. 11. Vista de costado de las diminutas vasijas, para mostrar su forma exacta. Todas las piezas del conjunto carecen de asas. Los "platitos" parecerían ser más que platos, las "tapitas" de los objetos pues calzan perfectamente en sus respectivas bocas. (Foto H. Larrain; Escala grande lateral: 20 cm; escala pequeña: 5 cm).

Fig. 12. Cestito que muestra una cuerda enrroscada, en su interior. (Foto H. Larrain; escala: 5 cm).

Fig. 13. Parte anterior de una estatuilla modelada en greda, mostrando el rostro de un personaje, hecho con la técnica del pastillaje. A lo que parece, formaba parte de una vasija. Presumimos que el resto de la vasija se encuentre, muy fragmentada, entre los trozos recogidos prolijamente por el descubridor (Foto H. Larrain: escala: 5 cm).

Fig. 14. Parte posterior de la cabeza mostrando claramente la disposición de la cabellera rizada y, al parecer, de un sombrero superpuesto. Salvo que se trate más bien del moño del pelo así dispuesto (Foto H. Larrain); (Escala: 5 cm).


Circunstancias del hallazgo de este conjunto arqueológico.

Ocurrió el día jueves 16 de Agosto de este año 2012, cuando una máquina motoniveladora extraía escombros y ripios de una ladera inmediata al actual vertedero del pueblo de Tarapacá, aproximadamente a un kilómetro al Este del poblado. La gran afluencia de peregrinos y visitantes en el pueblo, con ocasión de la recién pasada festividad de san Lorenzo, patrono del Tarapacá, provocó la urgente necesidad de tapar las basuras acumuladas, para evitar su descomposición.

El operario de la máquina no halló nada mejor que extraer, de la ladera contigua, el material de ripios y arenas para efectuar el relleno. Al percatarse los obreros de la aparición de un cuerpo humano, ya parcialmente destrozado por la máquina, dieron aviso a Carabineros de Huara. Éstos conforme al protocolo vigente, avisaron al Laboratorio de Criminalística de la ciudad de Iquique el que dispuso de inmediato el envío de un experto.

Un llamado a reconocer la presencia de cuerpos humanos.

Alertado por Carabineros, acudió al lugar, premunido de su instrumental, el sargento Edgar Lima, expoerto de la LABOCAR, quien recogió los fragmentos del cuerpo aplastyados y dispersados por la maquinaria. En el corte profundo de la ladera, al rescatar otros fragmentos de huesos humanos, observó con sorpresa que aparecían algunos pequeños objetos y vasijas pequeñas de cerámica y cestería que le llamaron la atención. Por el inminente peligro de derrumbe y debido a la presencia de niños y curiosos en el lugar, optó por recoger todo el ajuar que fue apareciendo al buscar los restos del esqueleto. Recogió todo lo que se veía a la vista y lo envolvió con especial cuidado en papel de diario y puso en una cajón de madera. Todo fue trasladado a Iquique. El cuerpo estaba envuelto en una especie de manto o cotona tejido en lana muy gruesa. Fue imposible saber la disposición exacta del ajuar, pues la máquina perturbó el conjunto, dispersándolo. Se cercioró de que no había más huesos humanos que recoger, lo que correspondía a la tarea a la que había venido, como experto del laboratorio.

Examen del ajuar funerario.

En Iquique se comunicó con el suscrito, a quien conocía desde hace algunos años, y nos pidió que fuésemos al laboratorio de Carabineros a reconocer, en mi calidad de arqueólogo, el conjunto del hallazgo, y comprobar que se trataba de un entierro prehispánico y no de un posible crimen.
Fue en esta ocasión en que tuve la oportunidad de fotografiar en detalle las piezas, con el objeto de dar cuenta detallada, mediante un Informe ad hoc, tanto a la Encargada Regional del Consejo de Monumentos Nacionales de Tarapacá, la Sra. Gerda Alcaide, como al General de Carabineros de la zona de las circunstancias exactas del hallazgo y de la razón de ser del levantamiento, sin presencia de experto, de piezas arqueológicas.

La legislación arqueológica.

Es sabido que la legislación protectora de monumentos nacionales vigente ( Ley 17.288) no permite el levantamiento de un hallazgo arqueológico por cualquier persona, pues esa tarea debe ser hecha por arqueólogos expertos por muy convincentes razones: sea para evitar la sustracción posible de piezas, sea para poder hacer un trabajo acucioso de rescate, sea finalmente para evitar la posible destrucción o deterioro del respectivo ajuar funerario. De hecho, cada enterramiento prehispánico entrega al arqueólogo o especialista una gran cantidad de información y por ello, el proceso de rescate requiere ser llevado a cabo con el máximo de acuciosidad y destreza. Lo que exige una expertise particular. Para ello, precisamente, se forman los arqueólogos por largos años.

Un rescate o salvataje de emergencia.

Las circunstancias que rodearon este particular descubrimiento casual, la presencia de personas curiosas, la inmediata vecindad de la carretera, el temor a un derrumbe y el evidente peligro de la llegada de perros a husmear el hallazgo, empero, impidieron tomar todas las precauciones normales que supone y exige la legislación, por los inminentes riesgos que se corrían. La operación realizada por el sargento de Carabineros que allí se encontraba por otra misión, propia de su especialidad fue, evidentemente, un trabajo de rescate urgente, debido a una emergencia, tarea que a juzgar por el estado de las piezas y el cuidado puesto en su embalaje, fue realizada con la mayor prolijidad que fue posible. Así lo hicimos saber en nuestro informe enviado a Carabineros y a la Oficina Regional del Consejo de Monumentos Nacionales.

El ajuar funerario.

El conjunto de alrededor de 50 piezas que acompañaban a este cuerpo humano, al parecer de una mujer, y que mostramos en las fotos que acompañan este segmento del Blog, nos parece de un enorme interés científico, por varias razones que enumeraremos a continuación. Esperamos que expertos arqueólogos y otros estudiosos (v gr. expertos en cestería) puedan acudir pronto a estudiar este valioso ajuar, para darnos mayor información sobre su contenido, tipología, factura, cronología, pertenencia étnica y funcionalidad. Hacemos votos para que este conjunto funerario sea integrado a un museo donde arqueólogos especializados puedan estudiarlo en detalle, despejando las numerosas dudas que hoy nos asaltan e inquietan.

Razones de su interés para la ciencia.

a) Es muy poco común encontrarse con un ajuar funerario que en un 100% esté constituido por miniaturas. Ni una sola de las piezas estuvo destinada a un uso real sea doméstico, sea ritual. Y esto por dos razones, primero por su pequeñísimo tamaño, y 2) por el escaso grado de cocción que observamos en las piezas cerámicas. Éstas son, por consiguiente, extremadamente frágiles. La temperatura de cocción posiblemente debe haber alcanzado escasamente los 200º- 250º C , lo que es muy bajo para lograr una dureza verdaderamente compatible con un uso real. Las cerámicas hechas de arcilla necesitan ser cocidas sobre los 450º - 500º C. La hermosa cerámica Inca ha sido cocida sobre los 650º - 700º C .

b) Todas las piezas cerámicas fueron cocidas exactamente de la misma manera y a la misma temperatura, de donde podemos concluir que todas fueron hechas de una sola vez, casi seguramente con ocasión del deceso del artesano o la artesana;
c) Todas las piezas de cestería fueron hechas de la misma manera y con la misma técnica de tejido en espiral (coiled basketry) , y con el mismo material (junco); con máxima probabilidad, fueron hechas, igualmente, de una sola vez y con un claro propósito ritual fúnebre;
d) Lo mismo podríamos señalar de las escasas piezas textiles. Un análisis y estudio más fino de éstas, puede revelar otras cosas.
e) Desde el punto de vista tipológico (variedad de formas), nos parece interesante señalar: primero, que todas las piezas de alfarería carecen totalmente de asas; segundo: que casi seguramente reproducen, en su forma (no en su tamaño, por cierto) los tipos comunes de su comunidad de origen;
f) De donde podríamos tal vez sospechar de que esta variedad estilística expresada en este extenso ajuar no sea sino una expresión plástica de los tipos cerámicos y cesteros que el o la artesana confeccionaba en vida. En tal caso, podríamos sugerir que se trata, ex hypothesi, del entierro de una artesana (si fuera un cuerpo femenino, como parece), conocida por su habilidad con las manos. Por cierto es sólo una hipótesis nuestra. Si se llega confirmar que el cuerpo es femenino, nuestra hipótesis tiende a consolidarse como válida, pues eran más bien las mujeres las artesanas, sobre todo de las piezas de cestería;
g) Los arqueólogos familiarizados con los tipos cerámicos propios del Período Intermedio Temprano o Medio en nuestra zona tarapaqueña, tal vez nos puedan informar al respecto, en el caso hipotético propuesto de que aquí se trate de un muestrario de los tipos corrientes usados en la cocina de la época. Pidamos, por tanto, el parecer a los arqueólogos expertos en la zona.

Posible cronología del entierro.

No siendo el suscrito un diestro conocedor de la variedad cerámica prehispánica de Tarapacá, no estamos en condiciones de determinar fechas precisas. Si el muestrario de alfareríafue efectivamente una expresión plástica en miniatura, de formas reales en uso en una comunidad de la época, a primera vista ésta nos parece sumamente tosca y diríamos casi primitiva en sus formas. Y, en tal caso, podría tratarse de un entierro de los primeros siglos después de Cristo. O, tal vez, de un poco antes de Cristo. No tenemos base segura para decidir al respecto tema que ahora incumbe a arqueólogos especializados en cerámica de la zona de Tarapacá.

Significación ético-religiosa del hallazgo.

Al constatar que todas las piezas del ajuar, sin excepción, son sólo miniaturas, y por ende, "inútiles" e "inservibles" desde el punto de vista utilitario, nos surge la gran pregunta: ¿qué quisieron expresar realmente los miembros de ese grupo humano? ¿En qué forma concebían el paso al más allá?. ¿Por qué recurrieron a formas en miniatura?. ¿Por qué se apartaron del uso común de la mayoría de los pueblos, de usar, en su ajuar funerario, formas reales?. Porque esto resulta muy comprensible cuando se pone ofrendas reales de alimentos y utensilios para que el difunto pueda emprender, bien equipado, el largo camino hacia el más allá; pero, ¿por qué lo expresan ahora y aquí solamente con miniaturas?. Lo común que encontramos en entierros provistos de un ajuar cerámico, es el empleo de tamaños y formas reales, a veces en forma de ejemplares nuevos, recién hechos, sin uso precedente, otras veces las piezas han sido claramente usadas por el difunto, dejando señas de abundante tizne y quemaduras en superficie.


¿Expresión simbólica de creencia en la vida de ultratumba?.

¿Por qué en este caso y, tal vez, en esta época parece darse un tipo de creencia en la vida futura, aparentemente diferente de la más común y corriente?. Porque el elemento simbólico aquí es evidente: se imitan ritualmente las formas de los objetos. Se renuncia a usar los objetos mismos. ¿Es este cambio simplemente por economía de materiales, o por pobreza?. No lo creemos. Y, ala verdad, no tenemos la menor idea. Lo que sí nos resulta evidente es que detrás de esta forma de practicar el rito mortuorio parecería esconderse una forma diferente de pensamiento, una forma diferente de enfocar la creencia en el más allá. Una forma en cierto modo "sublimada", o "purificada" como dirían los psiquiatras.

¿Representa esta forma de ajuar "infantil" una expresión ya conocida y en práctica en sectores de la quebrada de Tarapacá?. Es muy posible. En todo caso, el tema resulta realmente apasionante y da pábulo a toda clase de especulaciones.

El postrer homenaje.

Nos quedamos con la idea de que nuestra artesana fue homenajeada por sus familiares, al partir hacia el enigmático y tenebroso más allá, mediante el regalo de su variado repertorio artesanal tanto cerámico como cestero y textil para que ella pudiera recordar, en su nueva vida, las formas exactas que elaboraba en vida y allí gozara observándolas. ¿O fueron sus nietos pequeños, adiestrados previamente por ella misma, los que regalaron a la abuela al morir este ajuar, preparado con sus pequeñas e inexpertas manos infantiles?. Materia de meditación y de honda reflexión tanto teológica y/o escatológica, como psicológica y social.

Exponer en forma digna y segura este material, previa limpieza y procesamiento, en una vitrina de un Museo regional de Tarapacá (en Pica o en Iquique), con algunas reflexiones del tipo indicado, podría ser de enorme interés para el público visitante. Si se nos permite un consejo, nos inclinamos por que el lugar de destino de esta valiosa muestra sea el Museo de Pica, por cuanto el entierro corresponde a una cultura evidentemente agrícola y, también, por razones de vecindad geográfica.









miércoles, 25 de julio de 2012

Visión de la obra de Gustavo Le Paige en 1981: A un año de ocurrida su muerte.

Fig. 1l Página uno del artículo: "Le Paige a un año de su muerte". Crónica de Luz María Astorga con fotos de Rodrigo Rojas, publicada en la "Revista del Domingo", del diario "El Mercurio" de Santiago de Chile, 28 de junio del año 1981 (nº 758).

Fig.2. Página dos del citado artículo.

Fig. 3. Pagina 3 del artículo mostrando a los entrevistados en San Pedro de Atacama y Santiago.

Fig .4. Página cuatro del artículo.

Fig. 5. Página cinco y última: la visita del Rector Alarcón Johnson de la Universidad del Norte.

Cómo llegó a mis manos este recorte de diarios.

La fiel compañera de mi vida en estos últimos 20 años, Marta Peña Guzmán, entre sus viejos papeles guardados como reliquia, me muestra éste, ajado y algo arrugado, que atrae inmediatamente mi atención. Es una interesante y valiosa entrevista hecha por Luz María Astorga en San Pedro de Atacama a los integrantes del Museo arqueológico y fue publicada en la "Revista del Domingo"" del diario "El Mercurio" de Santiago el día 28 de de Junio de 1981. Las fotos son obra de Rodrigo Rojas. Fotos y texto son testimonios muy elocuentes de una época, especialmente ahora, cuando se tiene hoy in mente la renovación total de la arquitectura del Museo fundado por el sacerdote-arqueólogo. Y también, cuando han desaparecido las momias de sus viejos anaqueles para engrosas las oscuras bodegas. Recoge la entrevista, además, los testimonios vivos e irrecusables de valiosos testigos de esa época: ayudantes atacameños de Le Paige, arqueólogos adscritos al Museo tras la muerte del sacerdote y, por fin, su enfermero particular.

Se impone hoy (2012) renovar la estructura del edificio que ya se ha hecho muy pequeño.

Los terremotos recientes han dañado peligrosamente su estructura hecha de frágiles adobes, y se impone renovarlo, dando la categoría que se merece a la mejor y más completa colección arqueológica de una amplia zona cultural en el Norte de Chile. Han transcurrido ya más de 30 años de esta publicación. Como tantos artículos de periódicos, yacía olvidado en un viejo cajón de una cómoda. Por cierto - que sepamos - Internet no lo había descubierto y publicado aún. Por ello nos adelantamos a hacerlo, agregando a la información de primera mano que nos trae "El Mercurio", algunos comentarios y adiciones nuestras. Como nos hemos propuesto desde hace un par de años, rescatar del olvido la figura egregia del padre Le Paige, convencidos de su notable actuación cultural y social en la zona de San Pedro de Atacama, nos he decidido a publicar este trabajo en sus colores originales.

La recolección de materiales culturales: una comparación.

Tal como Emilio Vaïsse, el párroco francés de San Pedro de Atacama en el año 1896 recogió, con ayuda de Felix Segundo Hoyos y Aníbal Echeverría y Reyes lo poco que aún se conservaba de la lengua kunsa o lickan antai de los antiguos atacameños en su valioso "Glosario de la Lengua atacameña", el sacerdote belga Gustave Le Paige recogerá y conservará con veneración y respeto miles de eximios testimonios culturales del pasado de la etnia atacameña entre las cuatro paredes de su abarrotado Museo. Su objetivo final, como el mismo lo dijera: "dar a conocer al mundo la cultura atacameña".

A lomo de mula o en un detartalado jeep Bronko.

Para ello, el joven sacerdote francés, misionero de 36 años, Emilio Vaïsse, recorrerá durante seis años incansable, cabalgando a caballo o en mula las aldeas de Cámar, Toconao, Peine, Socaire y Tilomonte, bebiendo ávidamente de labios de los atacameños más ancianos -como testimonia Alejandro Bertrand- los últimos retazos de la lengua más extraña y singular de toda América: el kunsa. El belga Le Paige, con más de cincuenta años a cuestas, hará otro tanto durante 25 largos años, primero a caballo, luego en un viejo y destartalado jeep, en procura de testimonios de esa raza, etnia y cultura que tanto llegó a fascinarle. Como que le entregó su vida entera.

El testimonio primerizo de los arqueólogos del Museo.

Aunque no se dice explícitamente, se deja entrever que su testimonio fue al principio bastante negativo respecto de la labor desarrollada por el sacerdote: "estas colecciones tienen un valor más bien turístico que científico", señalaron. Y, de hecho, los arqueólogos contemporáneos, con raras excepciones se mostraron muy reacios a aceptar las hipótesis y conclusiones de Le Paige y más aún, sus métodos de trabajo, que miraron con suspicacia cuando no con desdén. Pero cuando Patricio López, uno de los dos arqueólogos adscritos al Museo después de la muerte del sacerdote, encontró el famoso "Diario de Campo" del sacerdote -su preciada bitácora de viaje- donde anotaba, entre signos indescifrables y abreviaciones frecuentes, datos precisos de lugares, fechas, características y dibujos de las piezas halladas, cambió de opinión. Su Museo ya no era una simple "bodega de materiales desordenados".

La opinión de sus queridos ayudantes de campo.

El texto de esta crónica de Luz María Astorga nos interesa mucho hoy, porque recoge testimonios muy cercanos a la fecha de su muerte. Y porque toma muy en cuenta - lo que raras veces se hace- la opinión de sus queridos ayudantes de campo, Manuel Abán y Héctor Ramírez, gente sencilla y humilde que el supo valorar y formar. Nos tocó en aquellos años de 1963 al 1965 cuando frecuentábamos el Museo apoyando al padre Le Paige, conocer de cerca a ambos. Serios, responsables, adictos incondicionales a su maestro y amigo, Le Paige. Los dos arqueólogos aquí citados hace mucho tiempo ya nada tienen que ver con el Museo. Y que sepamos, tampoco se dedican hoy a esta ciencia. ¿Por qué?. Es un enigma que no sabemos resolver. Patricio López, que vive hoy en Iquique, nunca ha querido hablar al respecto. ¿Qué pasó?. "Será, tal vez, una tardía "maldición" de los viejos cráneos atacameños que tuvieron un día entre sus manos?.

Creemos que este vieja crónica y reportaje del año 1981, arroja potente luz tanto sobre la obra de Le Paige, como sobre las circunstancias que siguieron a su muerte. En ese interregno entre la muerte de le Paige en Santiago, en el Colegio San Ignacio de calle Alonso Ovalle un día 19 de Mayo de 1980 y la llegada de especialistas de prestigio académico, al parecer sucedieron cosas extrañas, que no han sido dilucidadas del todo. Así al menos nos lo confidenció un día el jesuíta José Vial S.J., poco antes de su muerte. Tal vez un día se sepa la verdad de lo ocurrido. Se rumorea que la extraña desaparición de valiosas piezas arqueológicas, entre ellas de varias tabletas de aspirar alucinógenos, propias de la cultura de la cultura Tiahuanaco, podría tener relación con todo este embrollo. Ojalá un día se conozca toda la verdad y se haga plena luz.

El artículo aquí reeditado por segunda vez, tras 30 años de silencio sepulcral, constituye a no dudarlo, un testimonio de la grandeza del humilde párroco belga que por más de 25 años recorrió inperturbable el desierto atacameño en busca no sólo de almas que salvar, sino de tesoros arqueológicos ocultos y soterrados que dar a luz para gloria de su etnia.
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lunes, 23 de julio de 2012

Oasis de niebla chilenos en Documenta-13. Exposición actual en el Instituto Friedericianum de Kassel (Alemania).

Fig. 1. El edificio "Museum Friedericianum" en la Friedrichplatz de la ciudad alemana de Kassel. Terminado en el año 1779, fue uno de los primeros Museos públicos de Europa y custodiaba la colección de Arte y la Biblioteca del Duque de Hesse-Kassel. A partir del año 1955, este hermoso edificio es el lugar destinado a las exposiciones internacionales de "Documenta". Estas exposiciones de Arte y Ciencia, se vienen realizando desde entonces cada cinco años. En este momento, la exposición está abierta en el Friedericianum y permanecerá hasta el mes de Septiembre 2012 ( foto tomado del Catálogo General de Documenta-13).

Fig. 2. Algunas de las fotografías elegidas para ser parte del Catálogo (Begleitbuch/ The Guide book) de la exposición de Kassel. Estas fotos de H. Larrain fueron tomadas entre los años 1980-1983 en el oasis de niebla de El Tofo, IV Región, a 75 km. al Norte de la ciudad de la Serena, a 900 m. de altitud en el Cordon Sarcos . Corresponden al período de investigaciones realizadas por el equipo científico del Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Chile entre 1980 y 1984.

Fig. 3. Portada del Catálogo de la exposición. Volumen de 535 páginas que contiene las reseñas biográficas y fotos seleccionadas de los 193 expositores (Hatje Cantz, 2012).

Fig. 4. Breve reseña en alemán e inglés sobre el autor (Catálogo de Exposición, p. 82).

Fig.5. Fotografía seleccionada para la síntesis de expositores (Catálogo, p. 30).

Fig. 6. Contratapa del Catálogo, con el listado de todos los expositores.



Fig. 7. Lugar de exposición de los diferentes expositores en el edificio del Friedericianum, Kassel. El nuestro ocupa el Nº 97, en la rotonda del edificio.

Ocasión de esta exposición en Alemania.

Un buen día del mes de Febrero del año 2012 recibo un correo electrónico de Chuz Martínez, encargada de la futura exposición de Documenta-13 en Kassel. Alguien le ha comunicado en Santiago de Chile que en una recóndita ciudad del Norte de Chile, en pleno desierto de Atacama, vive un señor ya mayor que ha consagrado casi toda su vida al estudio y difusión del sistema de captación de agua de las nubes por medio de atrapanieblas. Chuz Martínez ha viajado meses por el mundo en busca de candidatos para la exposición de Documenta, que se realiza en la ciudad de Kassel cada 5 años. Alguien advirtió a Chuz que había un tipo extraño, un antropólogo cultural sui generis, que estaba absolutamente convencido que podía dar agua -ese cada día más escaso elemento vital- a los hombres, desde la atmósfera. Y nos pidió que le enviáramos el mayor número posible de fotografías de nuestros trabajos en pleno desierto, "cosechando las nubes". Así llegaron un día al correo del Friedericianum en Kassel más de 600 diapositivas de nuestros antiguos trabajos de captación de agua de niebla en El Tofo, Cordón Sarcos, Fray Jorge, Cerro Santa Inés de Pichidangue, Cuesta de Cavilolén. Trabajos que realizamos entre el año 1980 y 1985 con los geógrafos Pilar Cereceda y Nazareno Carvajal, en infinitos viajes, en nuestros propios vehículos, sin más incentivo que un afán vehemente de conocer la potencialidad de la nube y por entregar a las comunidades costeras - las caletas olvidadas- agua de la mejor calidad.

Chuz Martínez examinó las viejas fotografías Kodak tomadas entre 1980 y 1985, y consideró que éstas eran dignas de formar parte de la selecta muestra. Nosotros no lo podíamos creer...; en realidad, todavía no lo creemos del todo.


Exposición de Arte totalmente atípica.

Esta exposición no es una típica exposición de los artistas ya consagrados. Es en palabras de su actual promotora Carolyn Christov-Bakargiev una exposición:

"dedicada a la investigación artística y formas de imaginación que exploran el compromiso, la materia, las cosas, y la vida activa en conexión con una determinada teoría, pero sin subordinarse a ésta" .

Es una exposición de arte moderno, no sujeto a las categorías usuales de la estética consagrada por la "historia del Arte". Por eso intervienen en esta selección personajes muy disímiles: artistas, críticos de arte, científicos, pensadores, filósofos, de la más distinta índole, creadores autónomos, sin sujeción a Escuela alguna; todos tienen en común la creatividad, la búsqueda de la verdad, la convivencia de imaginación y técnica, o el anhelo por mejorar el mundo que nos rodea.

Los predecesores y pioneros.

Si bien es nuestro nombre el que ha sido aquí oficialmente premiado como "de especial interés", por ser un injerto curioso de arte y ciencia, una especie de esfinge, con cuerpo de león y cabeza humana, o un monstruoso centauro, de ninguna manera es éste mérito sólo nuestro. Como siempre, las ideas surgen de otras ideas embrionarias, manejadas antes por otros investigadores y así paso a paso avanza la ciencia. Cuando en el verano del año 1980 descubrí el sitio del Tofo como un potente oasis de niebla y propuse a mis colegas del Instituto de Geografía de la Universidad Católica hacer experiencias de captación de agua tal como yo lo había visto en la Universidad del Norte, en Antofagasta, entre los años 1963 y 1965, no hacía sino seguir con el mismo entusiasmo el impulso investigador que ví con mis propios ojos en Carlos Espinosa Arancibia (físico) y Germán Saa S.J., jesuita uruguayo y sismólogo, mis colegas entonces en la Universidad del Norte.

El trabajo en equipo.

Con Pilar Cereceda Troncoso, dinámica géografa y climatóloga de la Universidad Católica, hicimos un verdadero "voto" de consagrarnos de por vida a explorar esta fuente de agua dulce, y sin mirar en gastos o sacrificios pecuniarios o personales , y empezamos un recorrido sistemático por la costa en busca de posibles "manantiales atmosféricos", entre los altos cerros de la costa. Así, exploramos el Cerro Santa Inés de Pichidangue donde tuvimos un año entero un aparto midiendo el monto de agua captada, El cerro Talinay, Fray Jorge - conocido ya desde la época de Federico Philippi- , el Km. 275 de la carretera al Norte donde visitamos aguadas. Y no menos de cinco o seis lugares más situados en los cerros costeros entre Los Vilos y Coquimbo.


Nuestra metodología de trabajo.

Mientras Pilar Cereceda estudiaba afanosamente las cartas geográficas, en busca de pistas de posibles lugares ideales de captación, nosotros con Nazareno Carvajal primero y otros alumnos geógrafos, después, tratábamos de llegar a ellos, trepando por lugares inverosímiles y creando nuevas huellas de acceso. Entre tanto, estudiábamos toda la bibliografía disponible sobre el tema, desde Federico Philippi y su viaje pionero a caballo, hasta los trabajos de los alemanes en Fray Jorge. Sentíamos en aquellos años un verdadero vértigo, una auténtica vorágine por investigar en profundidad el fenómeno, por llegar a descubrir las fuentes de agua que algún día - siempre supimos que tal vez nosotros mismos no veríamos el sueño realizado- sería explotado en beneficio de las sufridas caletas costeras, las eternamente mendicantes de agua. Esos años entre 1980 y 1984 (fecha en que tuve que abandonar la Universidad Católica por despido masivo de personal), fueron una lucha contra le tiempo por descubrir lugares ideales de captación del agua de la niebla. Y los encontramos.

Es este esfuerzo mancomunado, este trabajo inicial en equipo el que ha rendido los frutos que hoy estamos cosechando. Mi nombre estará siempre indisolublemente unido a los nombres de Pilar Cereceda y Nazareno Carvajal, el hombre de Vicuña, compañeros de viaje sempiternos, con los cuales realizamos innúmeros viajes iniciales , en citroneta, o en jeep, y escribimos nuestros primerizos trabajos de investigación sobre la niebla. Poco a poco la investigación fue creciendo.


Falta todavía mucho por hacer.

Y así hemos llegado al día de hoy cuando se cosechan no pocas alabanzas y felicitaciones, pero se echa de menos realizaciones concretas que ayuden de verdad a saciar la sed de los pobladores de las caletas nortinas, tal vez los más desfavorecidos hombres del desierto más árido del planeta.

En este aspecto, debemos confesarlo, estamos aún en pañales.