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lunes, 1 de febrero de 2021

Arqueología en el Cordón Sarcos: conchales arqueológicos en la costa aledaña al Mineral de hierro de "El Tofo". Descubrimientos nuestros durante el período de estudio de las neblinas costeras (1983-1984).

En el presente capítulo, presentamos el hallazgo de numerosos sitios arqueológicos en el extremo norte de la IV Región de Chile, en la zona de costa entre Totoralillo y Chungungo, en las inmediaciones del mineral de hierro de "El Tofo"  (coordenadas geográficas 20º 27` 05`` S  y  71º 14` 21`` S). Estos fueron encontrados por nosotros con ocasión de nuestras investigaciones sobre las neblinas costeras en dicha zona. 

Las acumulaciones de conchas o "conchales". 

El hallazgo consiste en conchales antiguos, situados a corta distancia del mar, pero en evidente relación con aguadas costeras. Estos "conchales", tal como lo sugiere su nombre, están formados por capas de conchas de moluscos usados antiguamente como alimento por los antiguos pobladores y luego desechadas, mezcladas con  arenas, huesos de peces, plumas de aves y residuos de cocina y,  en ocasiones, con cenizas de fogones. En estos  conchales, curiosamente, son muy escasas las "lascas", término con que denominan los arqueólogos a los desechos de talla (virutas) provenientes de la fabricación de sus instrumentos. (raspadores, cuchillos, percutores, raederas, etc.). Lo que significa que el instrumental lítico de los pescadores-recolectores no fue trabajado en el mismo conchal,  sino en otra parte. ¿Dónde?.  

Mi primera intención fue tratar de ubicar geográficamente, dimensionar  y cartografiar estos conchales para tratar de apreciar, de alguna manera, la potencialidad del poblamiento antiguo en la zona. Poco después, intenté ubicar sus talleres, o sea los lugares de elaboración de sus instrumentos líticos.  Me sorprendió bastante el hecho de que  éstos (sus "talleres") no estuvieran en sus sitios de habitación (conchales) sino bastante alejados de éstos. 

Ocasión de nuestros hallazgos. 

A partir del año 1980, como miembro del Instituto de Estudios Juan Ignacio Molina de Santiago y con el entusiasta apoyo de Pilar Cereceda, geógrafa de la Pontificia Universidad Católica de Chile, tuve ocasión de realizar  numerosos estudios sobre las neblinas costeras y su captación mediante el sistema de  atrapanieblas  o cortinas captadoras. El sitio elegido para la instalación de estos instrumentos fue en los altos de la cadena de cerros  Sarcos, donde se ubicara el antiguo mineral de hierro  de "El Tofo", frente al mar.  Ya había yo constatado, a partir de Enero de 1980,  la potencialidad del sitio desde el punto de vista de la presencia de neblinas mojadoras.

Pues bien, durante los largos meses de instalación, observación y paciente medición de los instrumentos captadores, pude aprovechar todos mis momentos libres para hacer  numerosos recorridos a pie, con un doble objetivo: a) observar en detalle la flora presente en el lugar, y b) rastrear la presencia de posibles sitios arqueológicos en las partes altas de la cadena de cerros costeros, lejos del mar. Gracias a las referencias explícitas conservadas en mis Diarios de Campo de la época, me resulta hoy posible reconstruir, con bastante exactitud, los hechos. 

En nuestros recorridos, descubrimos  dos tipos de yacimientos: a) numerosos conchales cercanos al mar y a las aguadas o vertientes, y b) talleres líticos,  es decir, los lugares donde los antiguos pescadores recolectores confeccionaban sus instrumentos de pesca y caza, utilizando principalmente el sílex y la calcedonia como materias primas; raramente, el cristal de roca. Aquí dejaron abandonadas  cientos o miles de fragmentos pequeños, o esquirlas, desprendidos a propósito de su núcleo original: los que han sido llamadas "lascas" por los arqueólogos.

 En este capítulo, nos referiremos a nuestro descubrimiento de estos conchales arqueológicos. En uno próximo, si Dios quiere, examinaremos los hallazgos de sus respectivos talleres líticos, donde sólo existe evidencia de talla de material lítico, asociada a escasa presencia de conchas marinas, prueba fehaciente de  su alimento marino acostumbrado.

Hallazgo previo.

En el mes de mayo del año 1980, en mi primera visita a esta zona  costera de la IV Región de Chile, cuando recién iniciábamos nuestros estudios de la neblinas costeras, al querer constatar la profundidad de un conchal, se dio la casualidad de hallar un entierro arqueológico en un conchal de la terraza marina adyacente a la  playa Temblador, justamente al pie de los cerros de "El Tofo" y muy cerca del mar. Hemos dado minuciosa cuenta de este hallazgo en dos de nuestros capítulos anteriores  (Cf. bibliografía, Larrain 2013a, 2013b). 

Además, habíamos hallado en esas mismas fechas, fragmentos de cerámica y diferentes implementos arqueológicos en varios conchales del sector costero y habíamos visto y obtenido de manos de pescadores del pueblo de Chungungo, algunas puntas de proyectil indígenas, hechas en sílex y/o calcedonia. La presencia antigua de pescadores-recolectores marinos en la zona, era, pues, a partir de entonces para nosotros, evidente.  

La escasa bibliografía antigua sobre esta zona costera tambien nos ofrecía otras pistas de gran interés sobre el antiguo poblamiento de esta zona litoral. (Cf. Mettler, 1913 y 1933; en bibliografía, al fin de este capítulo). El investigador francés Mettler, en efecto, había encontrado un pequeño cementerio antiguo,  muy cerca del mar, y, al parecer, en el contexto de un conchal. En estos contextos tan antiguos, que generalmente superan los 1.000 años de antigüedad, raras veces  hay evidencias de cementerios propiamente tales, es decir de sitios exclusivamente dedicados a la depositación de los cuerpos. Los entierros se verificaban directamente en el conchal, en forma  desordenada, y sin intencionalidad de crear cementerios o  sitios específicos de enterramiento. 

En varios conchales del borde costero  habíamos  hallado, igualmente,  evidencias de un antiguo poblamiento, pero nos quedaba todavía mucho por aprender sobre el modus vivendi et operandi de los antiguos pescadores-recolectores.  Preguntas como: ¿qué tipo de materia prima usaban para fabricar sus puntas de proyectil o raspadores?; o ¿de dónde obtenían su materia prima?, o ¿dónde fabricaban sus instrumentos?, o ¿cuáles eran sus preferencias alimenticias?, o ¿a qué distancia de la línea de playa tenían sus conchales?, permanecían aún totalmente en la penumbra y nos desafiaban a contestarlas.  

 En el año 1982 (Cf. bibliografía) publicamos un artículo -bastante desconocido hoy en el medio arqueológico nacional-  en el que tratábamos de  responder a algunas de estas preguntas. En él,  relacionábamos las variables geográficas con la presencia de aguadas costaneras y conchales en un segmento de la costa de la IV Región de Chile entre las coordenadas  29º 21` S y  29º 30` S, es decir,  a lo largo de una franja costanera de 10 minutos de grado ((cada minuto geográfico equivale a  1,83 km ó 1.833 metros), esto es, 18,3 km. en esta misma zona geográfica litoral. Nuestra zona de estudio se halla a 105 km al S. del río Huasco y 50 km al N de la desembocadura del río Elqui. Por tanto, nos hallábamos en una zona intermedia, prácticamente arreica,  cuyas pequeñas cuencas solo recibían aportes hídricos de las escasas lluvias locales que raras veces superaban los 80 o100 mm anuales.

 En dicho artículo nuestro (enviado a publicación el 20 de mayo 1981), hemos distinguido cinco mini-cuencas hídricas, perfectamente identificables a través de la fotografía aérea y en ellas, insertamos la ubicación exacta de  los conchales y aguadas (Cf. nuestro Mapa 1, en Larrain  1982: 17). 

Dicho trabajo obedecía a nuestro interés por relacionar la presencia de aguadas costaneras con la existencia de conchales  arqueológicos. Partíamos del supuesto de que la gran presencia de aguadas en dicho sector, debía  estar en estrecha relación con la existencia de potentes oasis de niebla, como ocurría en los altos de El Tofo. La intensa humedad producida por las nieblas en dichos sitios, durante muchos meses seguidos del año, debería infiltrarse, penetrar y contribuir a la formación de estas aguadas. Tal era nuestra hipótesis inicial de trabajo. Por eso nuestro afán en esos años por aportar antecedentes arqueológicos que pudieran corroborar tal  correlación. A este estudio geográfico-arqueológico dedicamos los primeros meses de nuestra estadía en el sector de El Tofo  (1982-1983). 

En el decurso de este trabajo, los pescadores de Chungungo, consultados al efecto,  nos ayudaron mucho para la localización exacta de las aguadas cuyo emplazamiento ellos conocían perfectamente. También contamos con el gran apoyo en terreno del profesor de la escuela de Chungungo don Fidel Inda, colaboración que agradecemos especialmente.

 En este trabajo, tratamos de responder algunas de esas preguntas que nos inquietaban. Por ejemplo, modo de relacionar la presencia de aguadas costaneras con la presencia de conchales arqueológicos;  o  búsqueda de la relación existente entre el potencial de las aguadas (calculado por su gasto) y el tamaño de los conchales aledaños.  

En dicho trabajo del año 1982 (Larrain,  1982) habíamos sugerido que la presencia de conchales y entierros humanos en la zona litoral  presuponía, además,  la existencia cercana de talleres líticos, los que por entonces aún no habíamos encontrado. En dicho trabajo nos expresabamos así: "es altamente probable que encontremos lugares de talleres líticos, donde confeccionaron sus instrumentos...." (1982: 13, Nota 10). Esto escribíamos en mayo del año 1981 (fecha de la redacción del trabajo), esto es hace ya casi 40 años!. Y a la verdad,  no nos equivocamos. Muy poco después, tan pronto  empezamos a explorar las partes altas del Cordón Sarcos con motivo de la instalación de atrapanieblas en las alturas de "El Tofo",  estos talleres empezaron a aparecer. ¿Lo habíamos anunciado (¿o prenunciado?) con antelación!.. Parecía  evidente que tendrían que estar por allí, no muy lejos. Y así fue, en efecto.  El detalle y características de nuestro hallazgo de estos talleres líticos, en lo alto de los cerros y lejos del mar, será, Dios mediante,  motivo de nuestro próximo capítulo de este blog. 

Ubicación de los conchales.

El Plano que sigue, muestra la presencia de los conchales arqueológicos y de las aguadas de las que se surtían los antiguos habitntes de la costa.

Fig. 1.  Plano que muestra  la presencia de  conchales y aguadas, en la zona litoral de "El Tofo"  (Cf. trabajo de H. Larrain, 1982:17; ver bibliografía).  Los conchales se representan aquí con un pequeño triángulo color rojo, y las aguadas, con un pequeño círculo en color azul (Se omitió en esta imagen la leyenda propia del mapa a fin de obtener una imagen de mayor tamaño). El color lo hemos introducido para esta edición, y no está presente en nuestro original del año 1982.  Las cotas de nivel aquí representadas, solo alcanzan, en escasos puntos, hasta los  1.000 m de altitud  s.n.m.  El corte abrupto de la Figura en su porción oriental, es claramente  arbitrario: ella intenta más bien mostrar la posición exacta de aguadas y conchales arqueológicos en la zona baja, más próxima al mar, tema especifico de estudio en ese trabajo. (Dibujante del Plano, Sr.  Alan Daille C.).

Nuestra descripción de estos conchales.


Comentario eco-antropológico a este Mapa.

1.  El mapa muestra la presencia de 36 conchales arqueológicos (indicados  mediante  triángulos en color rojo) y 18 aguadas (representadas aquí en numeros romanos. Con ayuda de los pescadores de Chungungo, se  visitó todas las aguadas de la zona expuesta en el Plano, en sentido N-S,  a partir aproximadamente  de la coordenada 29º  24´ 30´´ Sur. La parte superior del Plano (frente a la isla Damas hacia el Norte), quedó totalmente inexplorada, tal como se puede visualizar claramente en el Mapa.

2.    Con un par de raras excepciones en la zona baja  de playa Totoralillo, todas las demás aguadas, se presentan entre las cotas de los 100 m y 200 m de altitud s.n.m. donde afloran. Este hecho no nos sorprendió, pues es bastante común en la costa árida y semi árida del norte de  Chile. 

3.    La inmensa mayoría de los conchales arqueológicos (=80,5%) , si sitúa bajo la cota de los 100 m.snm. La razón nos parece obvia: una gran cercanía al mar pero lo suficientemente lejos como para evitar el efecto destructor de eventuales marejadas o tsunamis. De la ocurrencia  eventual de esos eventos, los antiguos habitantes debieron tener perfecta conciencia, transmitida fielmente de generación en generación. 

4.  En el Plano adjunto (Fig.1), se utiliza las siguientes abreviaciones para los sectores de playa:  To  (=Totoralillo);  Te  (=Temblador),   Cg (=Cruz Grande) y Ch  (= Chungungo). Estos sectores corresponden a la franja costera de las cuatro micro-cuencas, bien determinadas por fotointerpretación en nuestro Plano (Ver Fig. 1).  

Agradecemos aquí, aunque sea tardiamente, el sacrificado apoyo en terreno de los estudiantes de geografía de la Pontificia Universidad Católica de Chile Sres. Carla Möller, Consuelo de la Puente, María Elena Meneses, Isabel Torres, Cecilia Rodríguez, Jaime Rojas, Fernando Gutiérrez, Roberto Ulloa, Gonzalo Muñoz, César Aguila y Leopoldo Cáceres. 






Bibliografía.

Larrain, Horacio,  1982. "Variables hídricas y geomorfológicas  que condicionan el asentamiento humano en la zona litoral del Cordón Sarcos, IV Región, Chile".  Revista CODECI (Corporación para el Desarrollo de la Ciencia), Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad de Chile, Marcoleta 250, Nº 2, Fascículo 1, 1982: 3-35).       

Larrain, Horacio, 2013a, "Una excavación fortuita: hallazgo de un entierro humano en playa Temblador en mayo del año 1980", editado en este mismo blog el día 08-11-2013, 

Larrain, Horacio,  2013b, "Hace unos 5.000 años atrás: una mujer mariscadora de caleta Temblador: Una meditación sobre el pasado arqueológico de la costa norte chilena", editado en este blog el 21-12-2013. 

Mettler, A., 1913, "Notes sur un cimetière  précolombien à Cruz Grande, Chili", Bulletin et Mémoire de la Societé d´Anthropologie de Paris, Vol. VII: 233- 237.

Mettler, A., 1933, "Le cimetière chango de Cruz Grande", in Journal de la Societé des Américanistes, XXV,  1933:  998-101.

jueves, 21 de enero de 2021

Hace cien años, en 1921, nacía un sabio biólogo que emuló a Humboldt y a Darwin: Luis E. Peña Guzmán.

El singular elogio del epígrafe no ha sido idea nuestra. Lo declaró en 1994 el prestigioso biólogo canadiense Lubomir Masner con ocasión de la presentación  del entomólogo Luis Enrique Peña Guzmán  al Premio Nacional de Ciencias de su país: Chile.  Sus palabras, a primera vista, parecerían una grosera hipérbole y nos suenan hoy grandilocuentes, pero a la verdad se afirman en hechos incontrovertibles. En efecto, señalaba:     

      " He mantenido contacto científico con Lucho desde 1968 y tuve  el placer de          que guiara mi expedición en 1988.  Si no me equivoco , ésta fue su expedición          científica número  412. A lo largo de los años, he podido apreciar la                        personalidad de Lucho Peña como científico, como hombre y como                         amigo.  Rara vez en mi vida me he encontrado con alguien tan entregado  a su          misión como Lucho lo está respecto de la ciencia, el respeto a la naturaleza y         el  amor por Chile. A mis ojos, Peña es el Alexander Humboldt y el Charles             Darwin en una misma persona. En el alcance y la inspiración de su saber               difícilmente es segundo de nadie.  Por muy lejos, el es quien ha situado a Chile       en el mapamundi de la entomología. No logro imaginar un solo experto                   mundial  que no está estrechamente vinculado con Lucho. Sin duda, es hoy el           entomólogo chileno  mejor conocido internacionalmente. En múltiples                     aspectos,  está y permanecerá a la cabeza de sus colegas y pares. El detectó             tempranamente la necesidad de estrechar la colaboración internacional de los       entomólogos, atrayendo su atención sobre la singular fauna chilena. Promovió       medidas conservacionistas y la preocupación por la [defensa de] la diversidad       mucho antes que esos temas aparecieran  en los periódicos entomológicos y             nunca ha perdido oportunidad de expresar sus puntos de vista al respecto".             (citado en Gastón Acuña, "Rumbo a la Amazonía",  s/f,. [1965], p. 239,                   subrayado  nuestro).

     Estas palabras expresadas por un científico que lo trató íntimamente, nos servirán hoy de guía para presentar a los lectores la figura de este sabio atípico chileno,  casi olvidado hoy día, pero que honra los estudios de biología y ecología  de nuestro país.

Fig. 1.   A la derecha, Luis Peña Guzmán  en su casa rodante de expedicionario en la ciudad de Iquique. Conversando con Alfredo  Ugarte Peña (izquierda), su sucesor y Horacio Larrain Barros, antropólogo (al medio). (foto Marta Peña, Iquique, Marzo 1994).

 

Fig. 2.  El camper o casa rodante de Lucho Peña en plena expedición con  Sergio Nuño, en uno de los  programas  de la "La Tierra en que vivimos" (foto Sergio Nuño).

Fig. 3.  Luis Peña muestra a niños indígenas pehuenches en el Alto Bíobío la captura de insectos en un frasco de cianuro. Lucho tiene a la sazón 46 años bien cumplidos (foto Gastón Acuña, 1965; foto erróneamente atribuida a la sierra del  Ecuador en ese homérico viaje del año 1965).

"Nadie ama lo que no conoce".

Este  sabio proverbio castellano nos servirá hoy de guía  en este capítulo, dedicado a la memoria de Luis E. Peña Guzmán cuyo centenario de nacimiento conmemoramos hoy. En varios capítulos anteriores de nuestro blog  https://eco-antropologia.blogspot.com, hemos hecho mención a la obra titánica de este entomólogo y zoólogo chileno, eximio explorador de América del Sur y descubridor de numerosas especies de  insectos, aves, reptiles y batracios (y hasta fósiles), declaradas como "nuevas" para la ciencia.  En dichos capítulos, hemos hecho "memoria" de sus notables dotes como colector de especies, como notable  conocedor de los variados ecosistemas tanto nacionales como sudamericanos y como guía de terreno indiscutido de científicos de todos los continentes. 

Guía científico indiscutido.

En su camper manejado por él mismo, viajarán por todo el continente sabios ingleses, norteamericanos, canadienses, franceses, japoneses, rumanos o  húngaros, ansiosos de  conocer visualmente  ecosistemas recónditos  y colectar las más raras especies  de aves, insectos, mamíferos, reptiles, peces, batracios, o  plantas y/o  arbustos, aún ocultos a la ciencia.  Porque Lucho se convirtió, sin quererlo, en  el guía  más hábil en Sudamérica  para acceder a los lugares rara vez visitados por el hombre, sea por su inaccesibilidad, sea por su lejanía.

Nota: La mayor parte de las imágenes que ilustran este capitulo, han sido  copiadas  de la obra "Rumbo a la Amazonía", de Gastón Acuña Mac-Lean,  su amigo y compañero de expedición en 1965.

Fig. 5.   Colectando insectos ocultos bajo la materia orgánica de un cactus en el desierto sur peruano.   Nada escapa a su ojo avizor. (foto G. Acuña 1965). 

Luis Peña representado por el expedicionario "don Custodio Campos Silvestre".

Hay otra  frase que retrata perfectamente bien a Lucho y su "capacidad de ver" lo que otros no ven.  Por fortuna, ha quedado ésta registrada en sus cuatro cuadernillos para niños  titulados: Aventuras de Don Custodio Campos Silvestre, obra  ilustrada publicada por la Editorial Universitaria de Chile, en mayo de  1993, con  el apoyo  en imágenes ad hoc  del dibujante Andrés Jullian. La frase en cuestión reza:  "Don Custodio sabía ver lo que muchos otros no saben sino mirar".  La diferencia entre ver y mirar es sideral.   "Ver",  involucra descubrir, atisbar,  escrutar, investigar. En efecto,  muchos pueden mirar el mismo hermoso paisaje de una puesta de sol, con arreboles multicolores en el cielo, pero solo unos pocos  verán allí  un peculiar  fenómeno celeste o una mágica obra de arte dibujada en el cielo. El físico de nubes y el  artista pintor  "verán"   en ese evento  cosas muy distintas, pero sin embargo perfectamente compatibles.  Ambos miraron,  pero "vieron"  y descubrieron cosas muy diferentes.  Por eso el objetivo de Peña  al mostrar estas imágenes es "enseñar  a ver lo que otros no ven".


Fig. 6.   Portada del libro de Gastón Acuña Mc-Lean dedicado enteramente a la expedición al río Napo (Ecuador)  en el  año 1965 y organizada por Luis Peña. . (foto Luis Peña).

Esta es la portada de este hermoso libro (Vea Fig. 2.) que le dedicara su amigo Gastón Acuña Mac-Lean, periodista y editorialista del diario "La Nación" de Santiago,  con el  sugerente nombre de  "Rumbo a la Amazonía", (publicado en Santiago, sin fecha ni pie de imprenta). En esta obra se describe con lujo de detalles una prolongada  expedición de Lucho realizada en el año 1965 a las nacientes del río Napo y sus afluentes. Las peripecias del azaroso viaje, de seis largos meses de duración, sin duda nos deleitan y encantan hoy pero, a la vez, nos dejan vivamente impresionados por la audacia y osadía de Lucho al penetrar, por vez primera, en lugares poblados por tribus indígenas desconfiadas y/o por fieras o serpientes totalmente desconocidas en nuestro medio natural chileno. Confiado en Dios  y en su buena estrella, Lucho nunca dudó en emprender extensos y peligrosos viajes que a cualquier otro hubieran hecho titubear. En una época en que  la cartografía de muchos lugares de la selva peruana, ecuatoriana o boliviana  era todavía deficiente,  escasa o nula, y careciendo del preciso instrumental que hoy tenemos para  calcular posiciones y altitudes  (GPS y altímetro digital), Lucho se las arreglaba para  señalar en los mapas y en su Diario, con gran exactitud,  los lugares precisos de  su colecta. Así lo exigían sus auspiciadores como conditio sine qua non del viaje. Para eso, su "Diario de Campo" fue y sigue siendo fundamental.

 Esta entretenida obra de Gastón Acuña constituye, hasta el momento, el  único  testimonio escrito, en forma de libro, dedicado íntegramente a la memoria de Luis Peña Guzmán.

Fig. 7.  El noble camper Volkswagen  de Luis Peña que les sirvió de vehículo y vivienda durante  la mayor parte de la expedición  (foto G. Acuña). 

El carácter indomable de Luis Peña Guzmán.

Era Lucho de un atrevimiento y empecinamiento insólito, capaz de arriesgar su vida con tal de  conseguir su propósito:  colectar, registrar y fotografiar especies nuevas para la ciencia y  entregarlas a los mejores especialistas mundiales para su ulterior estudio y análisis. Algunas, las menos, terminarán bajo la lupa de su propio microscopio, y constituirán parte de sus propios aportes científicos al campo de la entomología americana. El osado viaje que tan magistralmente nos describe aquí  el periodista y escritor Gastón Acuña, realizado en 1965, deparó a Lucho y a los  científicos que le apoyaron económicamente en la expedición, la friolera de más de 40.000 dípteros, (familia de las moscas y zancudos) de todas las especies imaginables, debidamente pinchados y etiquetados: una colecta considerada por los especialistas como sensacional. Viaje que, según los investigadores consultados, revolucionó en su época el conocimiento que se tenía sobre este grupo de insectos gracias a la aparición de numerosas especies y géneros, hasta allí totalmente desconocidos. Esta colecta tenía por objetivo central, en buena parte,  reponer las colecciones entomológicas conservadas antiguamente en el Museo de Berlín y lamentablemente perdidas en los bombardeos de la IIª Guerra Mundial. Colecciones procedentes de antiguas y beneméritas colectas en la selva ecuatoriana hechas por  viajeros del pasado y perdidas para siempre.

Fig.  8.   Lucho se da tiempo para un merecido descanso en la selva ecuatoriana   (foto Gastón Acuña, 1965).

Postulación al premio Nacional de Ciencias en Chile.

En el año 1994 (escasamente un año antes de su muerte)  un grupo de científicos  postuló a Lucho  al Premio Nacional de Ciencias de ese año en Santiago (Chile). En dicha ocasión, se recibió desde el extranjero un verdadero enjambre de cartas de apoyo de connotados científicos de las más diversas disciplinas de la biología, zoología y botánica, que habían tenido la fortuna de viajar y expedicionar  con Peña en Chile y/o en otros países de América. Entre estos testimonios que cita ad litteram Gastón Acuña en su obra "Rumbo a la Amazonía" (pp.  237-241)  destaca el testimonio del Dr. Lubomir Masner, respetado entomólogo canadiense, presentado al inicio de esta crónica.  Su testimonio  constituye una excelente  síntesis de la obra científica de Peña.

Las opiniones de  otros científicos.

Muy escuetamente, pero con no menor énfasis que el precedente testimonio, se expresa el gran entomólogo estadounidense, Curador del Departamento de Entomología  del American Museum of Natural History of New York, el  Dr.  Jerome G. Rozen, Jr. en estos términos:

"No sé de otro naturalista vivo en el mundo que haya prestado más grandes servicios en la exploración de la historia natural de su país que el profesor Peña". (Cit. por Acuña, s/f. pág. 240, énfasis nuestro).

Otro elocuente testimonio proviene de la pluma del Dr.  Norman I. Platnik, Chairman y Curador del  mismo Departamento de Entomología,  cuyo potente testimonio no podemos  dejar de lado:

"Con vivo placer les envío mi entusiasta respaldo a la nominación del profesor Peña para el Premio  de Ciencias de Chile. Me es imposible pensar en otra persona tan bien calificada como él para recibir dicho honor. Es tan ampliamente conocido entre los biólogos que su nombre es sinónimo de investigación moderna respecto de la fascinante flora y fauna chilena. En mi estudio de las arañas de Chile, el profesor Peña ha sido para mí un colega en extremo valioso. Ha colectado numerosos especímenes importantes durante años, con frecuencia develando taxas que eran enteramente desconocidas. Su conocimiento de la geografía chilena, sus toponimias, y lugares de colecta es enciclopédico.  Con frecuencia he descansado en él para resolver puzzles relativos a la distribución de determinadas especies.  De allí que, al igual que muchos otros biólogos, he tenido la satisfacción  de honrar nuevas especies con su nombre.. En todos estos aspectos, mi experiencia no es excepción.  El Prof. Peña ha dado tanto, en tan variadas  áreas de la ciencia, que el American Museum of Natural History tuvo no hace mucho, el orgullo de hacerlo miembro correspondiente. Tal honor se ha otorgado a menos de 20 científicos del mundo. Igual importancia tienen los bien conocidos esfuerzos del Prof. Peña por educar a la ciudadanía chilena y a sus autoridades respecto a los excepcionales aspectos de la biota chilena, así como en cuanto a la tremenda responsabilidad que a todos nos concierne en su conservación. Sin duda, en tal sentido,  nadie ha sobrepasado su rol".  (Cit. en Acuña, s/f. p. 240, subrayado nuestro).

Otros especialistas  señalan  la amplitud de los conocimientos de Luis Peña en el campo de la biología y zoología unida a su notable espíritu de colaboración, nobleza de espíritu  y alegría de vivir. Es el caso del Dr. Richard  C. Froeschner, entomólogo de la Smithsonian Institution, quien  consigna:

"Mi contacto personal con el  Dr. Peña data de antes de 1968 y se ha prolongado desde entonces.  Siempre encontré en él a un estudiosos gentil,  gran colaborador alegre y campechano, a la vez que de cálida deferencia en su trato. Mis colegas de la Smithsonian Institution que han tenido la fortuna de participar con él en trabajos de campo, concuerdan en valorar por igual tanto su erudición  como su simpatía y su espíritu ilimitado de colaboración.  No hay duda acerca del extraordinario valor de sus innumerables aciertos científicos y sus publicaciones. En esto ha demostrado ser un verdadero naturalista,  que extiende su interés a toda la gama de las ciencias naturales y no un especialista en un solo campo. Es con vivo entusiasmo y admiración  por el Dr. Peña y sus múltiples méritos que respaldo su nominación".  (Cit. en Acuña, s/f., 238; subrayado nuestro).

Como éstas, varias decenas de cartas  de investigadores de Asia, Africa, América (Del Norte y del Sur)  Europa y Oceanía llegaron  a las oficinas  del  encargado de  la  presentación de Luis Peña Guzmán al Premio Nacional de Ciencias en 1994,  respaldando y apoyando con entusiasmo su postulación.  Si bien Lucho no fue nominado en dicha ocasión, nos queda el testimonio irrecusable de la opinión que el mundo científico internacional tenía de su capacidad, trayectoria científica y vastedad  y profundidad de sus  conocimientos.   
Al año siguiente  (septiembre  1995)  Lucho nos dejaba, aquejado de un implacable cáncer.  Nos preguntamos hoy si Luis Peña no pudiera ser postulado tal vez algún día a este mismo premio, en forma póstuma, como una forma de reconocer sus inobjetables méritos en el campo del conocimiento, estudio y difusión de  la ciencia biológica  de su país y de los países vecinos.

¿Por qué  a Luis Peña Guzmán no se le otorgó el  Premio Nacional de Ciencias?.

Es ésta una pregunta nada fácil de contestar.  Nos la ha hemos hecho varias veces  entre los que fuimos sus amigos tanto en el campo de la Biología, como de  la Geografía, Geología o Antropología.  No cabe duda alguna que, en numerosos aspectos, su conocimiento de los ecosistemas  naturales de Chile y América de Sur fue  excepcional y único en su tiempo.  Sus más de 480 expediciones casi siempre  acompañando a especialistas mundiales de todos los campos de la biología  (zoología, mastozoología, entomología, herpetología, botánica, silvicultura, ecología....) le entregaron un amplísimo conocimiento y, a la vez, una profunda y sagaz penetración en la ecología de los sistemas y la intrincada interrelación  simbiótica entre clima, suelos, plantas y animales.

Un "outsider" de la Academia.

Tal vez las bases del Concurso para poder adjudicar tal "Premio Nacional en Ciencias Biológicas" exigían -como requisito sine qua non-  una larga preparación  universitaria y títulos académicos previos que Lucho ciertamente no poseía. Es posible.  Lucho no fue formado en y por la Academia -como la inmensa mayoría de los especialistas en el competitivo mundo de hoy-  sino se formó  solo, con su propio esfuerzo, en el terreno mismo, a través de sus innumerables expediciones  a prácticamente todos los ecosistemas de América del Sur  y gracias al contacto directo con los mejores especialistas en terreno. Tal vez su posición como la de un "outsider" de la biología,  y un "outsider" de la Academia,  le jugó poderosamente  en contra.  La razón haya tal vez  que buscarla en  el hecho de que Lucho, si bien participaba activamente en todos los Congresos de su especialidad, la Entomología,  (en su grupo específico de estudio: los insectos tenebriónidos),  no era muy bien mirado  por algunos en el gremio nacional que le  echaban en cara  "su falta de doctorados",  su falta de "preparación académica". 
Lucho suplía, sin embargo y con ventaja, su pretendida "falta de méritos académicos" con  la aceptación por el mundo internacional  de la ciencia, gracias a su esforzado y genuino trabajo de campo siempre generosamente compartido con numerosos científicos de talla mundial.  Esa fue su auténtica "Escuela", esa fue su "Academia": el trabajo de campo en más de 450 expediciones compartido con los mejores especialistas en las diferentes ramas de la biología.  Por ello, sin haber obtenido jamás el título de magister o doctor en biología,  fue respetuosamente  señalado  por sus pares extranjeros como "el Profesor Peña" o el "Dr. Peña".   Porque en terreno, él podía dar a todos lecciones de ecología práctica, dados sus conocimientos de botánica y zoología comparadas.

Un conservacionista  sui generis. Precursor indiscutido en su afán  por dar a conocer  a la juventud chilena  la flora y fauna nacional  y la necesidad de proteger los ecosistemas. 

Lucho  Peña,  a diferencia de la mayor parte de sus coetáneos chilenos, gracias a su dilatada experiencia  de campo y  su conocimiento de  prácticamente todos los ecosistema del país y de gran parte de Sudamérica, supo darse cuenta de la acelerada degradación y transformación que éstos sufrían a través del tiempo. Entre una expedición y otra, con pocos años de intervalo,  los paisajes cambiaban bruscamente y el hombre se iba enseñoreando  de las tierras otrora vírgenes y dotadas de una vegetación nativa  en franca retirada. Esta rápida destrucción de los paisajes naturales  y -en  consecuencia de su flora y fauna endémica-  significaba de facto la desaparición o la muerte de numerosas especies, faltas de su habitat natural.

 Con frecuencia la "autobiografía" de Luis Peña, valioso documento que hemos estado  transcribiendo para su futura publicación, alude a este hecho  doloroso que le impacta sobremanera. Al azar, ofrecemos aquí una cita de esta obra inédita suya,  que se libró milagrosamente de un "robo"  selectivo efectuado a su escritorio, tras su muerte ocurrida en septiembre de 1995.  La "autobiografía" cubre todo el período desde su infancia y lejanos recuerdos hasta el año  1985,  fecha de su viaje a Miami y USA hecho con su amigo Octavio Barros Valenzuela. Desgraciadamente la dejo inconclusa.

En efecto,  en su segunda  visita al Ecuador  señala textualmente:

"La evolución de Quito fue drástica,  fue cosa de pocos años no podríamos decir siquiera decenios. Se creó otro Quito; el viejo era ya inhabitable. Nada reconocí a mi retorno, quince años después. Todo fue al parecer por el auge del petróleo. Los ríos que yo recorriera en canoa por el oscuro manto de la selva [en 1965],  ahora [1980] se pasan a través de un puente de hormigón. La selva desaparece;  no hay ni tucanes ni monos ni nada para admirarse.  Se destruye el ecosistema sin pena ni gloria alguna.  Como enamorado de aquel Ecuador antiguo, volver a él hoy es triste y desolador". (p. 61 de nuestra transcripción de su Autobiografía; las fechas son agregado nuestro).

Luis Peña conservacionista y educador de juventudes.

Una de las facetas más interesantes y menos conocidas en la vida de este científico singular es su afán por transmitir incansablemente a las generaciones jóvenes su propio amor y respeto por la naturaleza y sus ocupantes, en especial los más pequeños e insignificantes (insectos). Sus repetidas visitas de expedición a las mismas regiones, en épocas diversas, y siempre en compañía de grandes especialistas científicos, le permitió constatar y tomar viva conciencia de la devastación de los paisajes primigenios y de la  rápida transformación de  los ecosistemas  por efecto de la creciente y caótica (falta de previsión  y estudio) actividad antrópica reciente.  El hombre, con el explosivo aumento de la población,  ha ido ocupando todos los espacios disponibles,  arrinconando a la selva virgen a recónditos lugares. Si durante el siglo XIX fue  mediante el uso indiscriminado del fuego que el colono de Puerto Montt, Aysén o Magallanes  colonizó  y transformó en pastizales para el ganado las antiguas selvas vírgenes, refugio eventual de las tribus  cazadoras de antaño  (pehuenches, puelches, tehuelches), hoy  surge la necesidad (o el apetito) económico por parte de los grandes consorcios,  de realizar plantaciones gigantescas de monocultivos (como el eucaliptus y el pino insigne)  para la obtención de la  celulosa,  destruyendo así implacablemente el bosque nativo, o  arrinconándolo a estrechas fajas de tierra en sitios cada vez más abruptos e inaccesibles.  La tierra, en vastas regiones del sur, no solo cambió de dueño, sino también cambió drásticamente en el  uso del suelo en muy cortos años  (sólo un par de decenios). De esta súbita transformación, Luis Peña fue testigo presencial gracias a la frecuencia y reiteración de sus visitas.  Visitas muchas veces motivadas  por la necesidad de obtener especies de insectos o animales requeridas para su estudio y solicitadas por las Universidades o Museos extranjeros.  


Fig.  9.  Típicas  balsas hechas de madera de balsa, muy livianas, para la pesca  costera observadas en el norte peruano (Expedición al río Napo del Ecuador. Foto Gastón Acuña, 1965).

Luis Peña y sus pares chilenos.

 Los especialistas chilenos,  especialmente aquellos adscritos a los Museos o Universidades (la inmensa mayoría hoy día), pocas veces  dispusieron de los suficientes medios económicos y/o del tiempo necesario para  realizar expediciones periódicas a los lugares de colecta, con lo cual tampoco podían llegar a percatarse fácilmente de los cambios ecológicos ocurridos. La gran libertad de  movimientos de que gozaba Lucho Peña para realizar sus expediciones y la variedad de científicos extranjeros que  llevó a terreno a los lugares que solo él conocía,  le permitió tener una visión general del problema,  muy superior a la de sus pares chilenos. Esto es indiscutible, pero no ha sido por lo general  reconocido en nuestro país.  Y tal vez esta amplísima visión del problema in situ, compartida  y discutida en el terreno mismo con sus colegas extranjeros -todos investigadores de nivel mundial- , le convirtió en el hombre clave para  presentar y exponer, valientemente y sin tapujos ante las autoridades, el problema  de la destrucción sistemática de ecosistemas  máxime a través de las grandes consorcios o empresas explotadoras de la madera.

Obras científicas de Luis Peña Guzmán. 

Fuera de los centenares de artículos científicos publicados en  revistas especializadas de biología y entomología, destacan  las siguientes obras:  "Guía  para reconocer mariposas", Editora Nacional Gabriela Mistral, 1975;  "Los Coleópteros de Chile",  Editora Nacional Gabriela Mistral,  1976;  "Introducción al estudio de los Insectos de Chile",  Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 1987, "Las Mariposas de Chile", Editorial Universitaria (con Alfredo Ugarte P.) 1997. 
  
Luis Peña y sus libros dedicados a niños y jóvenes. 

Pero Lucho no se contentó con escribir sobre sus hallazgos científicos y  exponer  con angustia el problema de la depredación ecológica de nuestro territorio a las autoridades nacionales. También comprendió que era urgente iniciar una gran cruzada nacional  para el conocimiento profundo y  conservación y protección de nuestra flora y fauna.  De esta viva conciencia nace su activa participación en CODEFF  ("Corporación para la defensa de la flora y fauna") y sus valiosas  iniciativas educativas como la revista "Expedición a Chile", publicación  en 48 fascículos que  pretendió mostrar la riqueza  y variedad  de la flora y fauna chilenas, o, finalmente, sus frecuentes artículos en la revista infantil  "Mampato", donde mostraba a los niños  las curiosidades y/o rarezas de la  flora y fauna del país. Lucho  fue un gran motivador de otros en pro de las iniciativas que el consideraba  necesarias para el logro de sus fines.  
El mismo objetivo tuvo la presentación de los cuatro  Cuadernillos ilustrados para niños, de acuerdo a las cuatro estaciones del año,  con el sugestivo título de "Las Aventuras de don Custodio Campos Silvestre", cuyas carátulas mostramos a continuación.  El estilo de estas obritas para dibujar y colorear,  destinadas a los niños pequeños, es claramente  el propio de  Lucho, con su simplicidad y agudeza, y su anhelo de llegar  a  re-encantar a  niños y jóvenes en el amor y respeto por la Naturaleza que nos rodea.

¿Qué quiso ser "Expedición a Chile" en 1975?.

Apuntemos aquí  un par de ideas sobre  "Expedición a Chile", obra singular y única en su género, en la que Luis Peña  fue  actor principal desde sus inicios, cuando la Editora Nacional Gabriela Mistral (ex Editorial Quimantú)   buscaba  en  1974-75 temáticas  sugerentes y atractivas de la realidad chilena para  encantar a sus lectores en una época política especialmente conflictiva y difícil del país.
La obra tuvo por objetivo mostrar paisajes singulares del territorio patrio, examinando, con un equipo científico multidisciplinario (geógrafo, entomólogo, biólogo, botánico, geólogo, arquitecto y antropólogo), determinados lugares y ecosistemas, dando a conocer a sus habitantes (plantas y animales)  y extraños sus modos de vida. Para ello. se hizo expediciones reales a lugares  de especial interés. Se pudo mostrar así, sus peculiaridades geográficas, geológicas, botánicas, faunísticas y antropológicas  que los constituían en ese momento en lugares únicos, irrepetibles.
La vida de campamento, las discusiones entre los especialistas a propósito de  descubrimientos efectuados in situ, las imágenes captadas  de la fauna y flora del lugar,  y el sabroso relato del cronista de la expedición  (Alberto Vial Armstrong), adquieren vida y alma en los 48 ejemplares de la revista (1975-1978)  y/o en sus numerosos Manuales de Campo, Planos, Mapas o fichas de estudio. Todo un riquísimo arsenal de información de primera mano,  recabado en el terreno mismo, y comentado para el lector en un lenguaje intencionadamente accesible y fácil. La labor de apoyo y búsqueda estuvo a cargo de los científicos, pero siempre acompañados de niños preguntones  (nuestros propios hijos, sobrinos o amigos) que  transformaban la respuesta científica abstrusa en conocimiento real y  vivo, puesto al alcance de todos. Las familias de los científicos  (hombres y mujeres)  tomaban parte activa en la expedición y,  a la vez, nos planteaban las preguntas que el propio escenario geográfico  despertaba en ellas.

Mostramos aquí, a continuación,  las portadas de los primeros números de la revista y algunos de sus  Manuales de Campo (Field Guides), hasta ahora  muy  solicitados por los especialistas.

Fig. 10.  Portada del primer número de la revista  "Expedición a Chile".

Fig. 11.  Portada del segundo número de la misma revista.

Fig. 12. Portada del tercer Número de la revista.


Fig. 13.  Portada del Manual de Arqueología  "¿Qué hace el arqueólogo", de H. Larrain,   1975.


A continuación, las portadas de la revista  para niños titulada: "Aventuras de don Custodio Campos Silvestre". 





Figs. 14, 15, 16 y 17.  Fauna y flora  correspondiente a las cuatro estaciones del año  (Verano, otoño, invierno y primavera). 

Sus ayudantes de campo. 

Un aspecto  bastante desconocido en la vida científica de Lucho, fue el trato y  la formación que él dio a sus ayudantes, sus colaboradores. Todos ellos, de origen humilde, fueron contratados por Lucho  entre  los jóvenes que conocía en los lugares de sus expediciones y que se ofrecían para ayudarlo en las colectas. Nombres como Osvaldo Segovia, Gerardo Barría, Manuel Rivera, Eduardo Pérez, Hernán Navarrete Parra, José Escobar fueron reclutados por Lucho y los traía a Santiago a vivir en su propia casa, como ayudantes pagados. Llegó así a  tener hasta cinco ayudantes simultáneamente, los que le apoyaban en la ardua tarea de  colecta, selección, ordenamiento, pinchado y  catalogación de los miles de ejemplares colectados en el campo, red en mano.  A las vez, los educaba y formaba como hombres de bien con sólidos principios. Algunos de ellos, como Eduardo Pérez, surgió de tal suerte como dibujante artístico, que tras algunos años de trabajar con Lucho fue contratado por un Universidad de Venezuela donde se desempeñó brillantemente como  experto dibujante.  Varios de ellos, conscientes del cambio inducido por Lucho en  sus vidas, se congregaron junto al lecho de muerte de Lucho, en septiembre de 1995, en su casa de "El Portezuelo" para acompañarlo en sus últimos momentos. Para todos ellos, Lucho fue su verdadero "padre". Su gratitud hacia el hombre que había  cambiado bruscamente el giro de  sus vidas era, en esos días, enorme.  A uno de ellos le financió sus estudios de biología en la Universidad, A otro, en recompensa por sus servicios por largos años, le dejó en herencia una propiedad rural en la Isla de Chiloé, donde actualmente vive. A otros, les obsequió un terreno, junto a su propia parcela al lado del pueblito artesanal de Las Canteras. ¿Que científico hace esto con sus ayudantes?.  No conozco, al menos en mi país, un solo caso semejante.  Este sentido profundamente social en la activísima vida de Lucho, brotaba  tanto de su profunda fe católica como de su propio ser, sencillo, afable y servicial. Gesto que le honra  y distinguirá por siempre a su autor.   

Epílogo.

A través de estas páginas e imágenes, hemos pretendido mostrar la increíble multiplicidad de facetas  en la vida y obra del notable entomólogo chileno Luis Peña Guzmán. Peña fue un sabio de tomo y lomo,  fuera de lo común, totalmente atípico, pero indiscutiblemente un gran sabio. Los testimonios vertidos por los investigadores extranjeros citados más arriba, lo señalan explícitamente y nos liberan de la tarea de tratar de descubrir los aspectos más significativos de su obra. Ellos ya lo han hecho. No hemos escuchado, sin embargo, elogios semejantes de sus pares chilenos,los cuales están aún en deuda con él.  El futuro -así lo creemos-  hará algún día plena justicia a su obra monumental, poco reconocida y divulgada en nuestro país.
 
Si aún viviera, el entomólogo Luis Enrique Peña Guzmán habría cumplido, en esta fecha  (21 de Enero) sus cien años. La muerte nos lo arrebató prematuramente un 27 de septiembre del año 1995, frisando sus  74 años de edad, en su propiedad de "El Portezuelo (Las Canteras).  
Luis Peña Guzmán, nacido en Santiago de Chile, sabio chileno  heredero legítimo del Abate Molina, Claudio Gay,  Rodulfo A.  Philippi, Filiberto Germain, Carlos Porter,  Flaminio Ruiz, Emilio Ureta,  Carlos Stuardo, José Herrera y otros célebres entomólogos nacionales, se merece plenamente hoy nuestro emotivo recuerdo y cálido agradecimiento. Pues Peña a través de sus numerosísimos viajes (más de 480 a cada rincón de nuestro país y de Sudamérica), nos enseñó a descubrir un Chile hasta entonces muy poco explorado y lo hizo a través no sólo a través de sus numerosas producciones científicas, especialmente valoradas por la Academia internacional, sino también  mediante notables obras educativas, motivadoras de nuestra juventud,  como las reseñadas más arriba en esta crónica. 
Su nombre y su vasta obra perdurarán, sin duda,  en nuestro país, dejando a las generaciones venideras  una vara muy alta, difícil de superar. 

"Exegi monumentum aere perennius....(segmento de la oda del poeta latino Horacio). "He levantado un monumento más duradero que el bronce..." Frase elocuente que le calza muy bien a la monumental obra del entomólogo Luis Enrique Peña Guzmán. 

Dr. Horacio Larrain Barros (Ph.D.) 
Antropólogo  y ecólogo cultural, 21 de Enero 2021.
Las Canteras, El Portezuelo  (Comuna de Colina).

domingo, 29 de noviembre de 2020

Entrevista a un mariscador en la costa al sur de Arica en noviembre del año 1971: especies que se capturaba de preferencia.

In memoriam: dedico este pequeño trabajo a la memoria de mi querido amigo y colega antropólogo, profesor Marcelo Quinteros Muñoz, recientemente fallecido (1966-2020). Los roqueríos y playas del sur de Arica, a los que se alude en este trabajo, fueron también el escenario frecuente de las caminatas de Marcelo, en busca de antiguas pistas. Entre las crestas del oleaje y las rompientes, espero ver un día, tal vez, aparecer tu figura descuidada y sonriente, de hombre de bien. ¡Cuántos recuerdos de  nuestro trabajo común en Iquique, formando jóvenes antropólogos!. ¡Amigo Marcelo: descansa ahora en paz!.   

Antecedentes.

Mi interés por los grupos de pescadores-recolectores de la costa desértica, popularmente conocidos como Changos,  sobre los que había escrito en el año  1978 mi tesis  de maestría  en Antropología en la State University of  New York (en Stony Brook, Long Island),  me incentivó  a conocer más sobre la vida y actividad concreta de estos mariscadores actuales de nuestra costa norte. Mi experiencia anterior databa de las costas de Antofagasta, en el tiempo de mi permanencia en la Universidad del Norte entre  1963 y comienzos del año 1965. 

Mi interés por los mariscadores de la costa.

A mi llegada a Chile desde los Estados Unidos, a fines del año 1971 y recién radicado en la ciudad de Arica, empecé a realizar excursiones por la costa, tanto en busca de evidencias arqueológicas, como, en este caso concreto,  de mariscadores  actuales en plena faena. Mis estudios anteriores (para mi Tesis de Arqueología de México en 1970) me habían familiarizado bastante con las fuentes históricas y arqueológicas referentes a los pobladores antiguos de la costa. Pero me hacía mucha falta -y yo era muy consciente de ello- una experiencia directa con la realidad actual de los pescadores y mariscadores, los "sucesores" de los antiguos pescadores-recolectores Changos o Camanchacas, experiencia y conocimiento que yo observaba muy presente en algunos de mis nuevos colegas de la Universidad, en especial en  los arqueólogos Guillermo Focacci Aste  y Luis Alvarez Miranda. 

Fig. 1. Aspecto que ofrece  el bioma marino en la costa  de Antofagasta en la zona intermareal (Imagen tomada de la obra de Juan Carlos Castilla,  2008:1 (ver bibliografía). 

Fig. 2. Algas pardas de la especie Lessonia nigrescens presentes en el roquerío del litoral azotado por el oleaje en la costa central de Chile (zona de Valparaíso). Imagen tomada de la obra de  J.C. Castilla, 2008: 28  (Ver bibliografía).

Un capítulo anterior sobre este tema.

Sobre esta misma temática, hemos redactado un capítulo anterior  en nuestro  blog a propósito de otra entrevista hecha a un mariscador en Iquique pocos meses después de la presente, en Julio de 1972, con el nombre de: "Los secretos de un mariscador iquiqueño: entrevista de Julio 1972" , capítulo editado el  21 de Marzo del año 2013. Interesante sería, sin duda,  cotejar ambas entrevistas.  

La entrevista en mi Diario de Campo.

En este trabajo, mostraremos las páginas originales donde inserté esta entrevista y haremos algunos comentarios. Se encuentra ésta en el Volumen  0 (Vol. Cero) de nuestro "Diario de Campo", donde reuní, en el año 1981, numerosos escritos anteriores míos, bastante anteriores, dispersos en carpetas o archivadores para evitar su pérdida (Volumen Cero, págs. 21-27). Hoy me congratulo de esta preocupación mía por conservar y preservar  mis primeras impresiones a la llegada a Chile (fines de 1971). Sólo lamento hoy no haber hecho otro tanto a partir de año 1963 en la época de mis frecuentes visitas a San Pedro de Atacama para acompañar y tratar allí  (1963-1965) al jesuíta arqueólogo Gustavo le Paige S.J., en su flamante Museo arqueológico recién  inaugurado.  

Copio ad litteram la entrevista de las seis páginas de mi Diario de Campo (pp.  21-27). 

Texto de la entrevista al mariscador  don Juan Muñoz y comentarios.                         

Fig. 3. Diario de Campo H.L. , Volumen Cero, página 21. Inicio de la entrevista realizada el 30-11-1971 en la costa sur de Iquique.

Comentario a esta página

1. El "Piure"  (Pyura chilensis).  Esta especie  es un urocordado filtrador, de la familia Pyuridae, orden Pleurogona, y se encuentra entre  la costa sur  del Perú  y la isla de Chiloé, y es muy apetecida por los mariscadores. Vive en la zona intermareal y submareal. Ha sido intensamente capturado desde tiempos inmemoriales y, sin embargo, aún es abundante,  aunque se ha observado que su tamaño ha disminuido notoriamente. Es alimento preferido del loco (Concholepas concholepas). Tiene un sabor picante característico, por la presencia de yodo. Su coloración roja se debe a la presencia de vanadio en sus tejidos.También es rico en hierro.  Se come  crudo o cocido.  Es fácil de extraer de las rocas, en la bajamar, por lo que las mujeres de los Changos  sin duda  lo colectaban  como alimento. El relato del mariscador insinúa la presencia de dos especies distintas, pero los biólogos solo reconocen la existencia de una especie. Esta habita, al parecer, en ambos ambientes como parece sugerirlo nuestro entrevistado. 

    

Fig. 4. Arriba, diseño del erizo comestible (Loxechinus albus). Abajo,  el piure (Pyura chilensis) provisto de su envoltorio calcáreo, de donde es preciso extraerlo. Sus "tetas" son en realidad dos sifones: uno es su boca para capturar su alimento y el otro, el ano para expulsar sus excretas. (Imagen tomada de la obra de Juan Carlos Castilla, 2008:43).     

Fig. 5.   Página 22 del Diario de Campo H.L.  del día  30-11-1971. 

                       
Fig. 6.   Vista ventral del loco (Loxechinus albus)  (Imagen tomada de obra de J. C. Castilla, 2008: 39).

 Comentario nuestro:

1. El picoroco  o pico de mar (Balanus psittacus) es un Crustáceo que  se encuentra desde el sur del Perú (Pacasmayo)  hasta el estrecho de  Magallanes. La especie chilena es la de mayor tamaño entre sus congéneres mundiales, y Chile es uno de los pocos países que la comercia en alguna escala. 

2. Los chitones o apretadores.   En nuestro país hay 6 especies distintas, de los géneros  Chiton, Acantopleura,  Chaetopleura y Tonicia. Viven adheridos a las rocas en la zona llamada "zona eulitoral" o intermareal (es decir, la zona bañada por el mar que queda expuesta en la bajamar)  y se alimentan de pequeñas algas. La especie más apetecida por su tamaño es Aconthopleura echinata.  Es colectada por los mariscadores y guaneros de nuestra costa norte quienes la comen aún.

3.  Las lapas.  Hay tres especies en las costas de Chile del género Fissurella  (F. crassa, F. maxima y F. latimarginata). Se adhiere firmemente a las rocas. Los pescadores y mariscadores  suelen  secarlas (colgarlas)  a la sombra en sus humildes rucos y  las consumen cociéndolas. Pueden durar semanas sin dañarse. Las venden en "sartas" (15-20, ensartadas en un trozo de cordel) tal como lo pudimos ver personalmente en nuestra permanencia en Iquique. Nuestros amigos  los guaneros  solían regalarnos  de estas "sartas" como su más preciado don. 

4. Locos. Se trata del molusco Concholepas concholepas que se halla en los roqueríos de la costa central del Perú hasta el Estrecho de Magallanes. Fue muy apetecido desde tiempos tempranos por los pobladores de la costa que formaron enormes "conchales" (o "concheros", como son conocidos en México), como resultado de la acumulación de las conchas de moluscos que consumían en grandes cantidades como alimento. El loco representa generalmente, en estos conchales del Pacífico sur  la especie más consumida. Antiguamente abundante,  la sobreexplotación de este recurso lo ha tornado hoy bastante escaso y los pocos ejemplares que  hoy se ven a la venta son  mucho más pequeños que los presentes en los conchales  arqueológicos. En conchales arqueológicos he llegado  encontrar ejemplares cuya concha medía hasta 16 cm. de longitud. Hoy día, sólo han logrado sobrevivir en algunos roqueríos expuestos, azotados por el viento y el oleaje, donde no se atreven a aventurarse los buzos o mariscadores. 

Es el loco, además, el molusco de mayor tamaño en  nuestras costas y, por consiguiente,  el que suministra mayor cantidad de alimento. Busca el loco durante  su desarrollo en estado larval  la protección de los talos del cochayuyo (Durvillaea antartica), los cuales le ofrecen excelente refugio contra sus depredadores. La extracción masiva de esta última alga llamada cochayuyo (= "yerba de mar", en lengua quechua),  que no respeta ni siquiera sus discos basales con los cuales se adhiere a las rocas  o arrecifes,  ha hecho a esta especie cada vez más escasa.  La legislación vigente prohibe extraer ejemplares de menos  de 10 cm de longitud, norma que no suele ser acatada por los habitantes de la costa, especialmente por los turistas. 

Antiguamente, en tiempos indígenas, el loco era extraído de la roca donde se adhiere, mediante el empleo de una sencilla herramienta, el "chope", hecha de un hueso particular del lobo marino  (Otaria flavescens), especialmente aguzado al efecto. Entre las dunas  del sector de Bajo Patache, en la costa sur de Iquique, hacia los 620-650  de altitud, nos fue dado encontrar entre los años l999-2004 varios de estos artefactos,  abandonados en sitios de estadía ocasional de reposo de los pescadores prehispánicos, junto a fragmentos de utensilios de cerámica y puntas de proyectil. Este valioso material, bien etiquetado,  quedó depositado en el año 2016 en el Museo Regional de Antofagasta, como parte de mi Colección Arqueológica.                                     

Fig. 7. Página 23 del original.  

Comentario nuestro. 

Se denomina en Chile  "Poto de mar" a las actinias que  suelen hallarse en abundancia en las pozas de mar. Anthothoe chilensis es una de las más frecuentes. Hay varios géneros  y especies en la costa chilena. Se alimentan preferentemente del chorito maico (Perumytilus purpuratus), abundante en todo  nuestro litoral. 

                  
Fig. 8.   El  "ericero o instrumento para capturar  erizos de mar  (Página  24 del original). 

Comentario nuestro.

1. El pulpo:  Es un  un molusco de la clase Cephalopoda cuyo nombre científico es Octopus vulgaris. Es muy apetecido como alimento especialmente en la zona  norte de país. En Iquique, nosotros topamos frecuentemente con mariscadores que  revisaban pacientemente las pozas de agua de mar, dejadas al descubierto  en la bajamar, donde suele  refugiarse.

Fig.  9.  Página  25  del original.

Comentario nuestro

Los nombres científicos de los ejemplares  citados en ésta y siguiente página  por nuestro mariscador son:  Cabinza  (Isacia conceptionis); Roncacho (Sciaena deliciosa); Tomoyo (Labrisomus philippii); Pejesapo (Sicyases sanguineus); Lenguado (Paralichthis adspersus);  Sargo (Anisotremus scapularis); Pez hacha (Carneggiella strigata);  Mulato (Graus nigra);  Pejerrey (Odontesthes regia); Borrachilla (Scortichthys viridis); Jibia (Dosidicus gigas); Pulpo  (Octopus  mimus);  San Pedro (Oplegnathus  insignis); Jurel  (Trachurus murphyi): Machete o Machuelo (Ethmidium maculatum), Pez hacha  o Hacha  (Medialuna ancietae). 
 
Este listado de nombres científicos ha sido revisado por mi buen amigo el ingeniero pesquero Mario Aguilar Pulido de la Universidad Arturo Prat de Iquique, labor que agradezco aquí especialmente.     
Fig. 10. Ûltima página de original. Faltó reproducir del texto  unas frases que rezan así: "....y algo complicada. Pierdo detalles. Usan el aserrín para ahumar". 

Comentario final.

1.  Esta información fue recabada por nosotros en la costa sur de Arica (al sur de las Pesqueras de entonces) hace casi 50 años. Por lo que  puede servir de referencia para comparar con la situación actual en esa misma zona.  Seguramente se va a detectar cambios significativos, tanto por la depredación de nuestra costa como por efecto del calentamiento de nuestro mar. Es muy posible que algunas especies hayan migrado  o desaparecido, entretanto.  
2. Las referencias dadas en aquel año por nuestro mariscador no reflejan, necesariamente, los hábitos y/o costumbres de la pesca litoral de los antiguos habitantes indígenas de nuestra costa, pero pueden aún hoy arrojar alguna información útil sobre  su  modo de vida, alimentación y sistemas de captura. Los arqueólogos especializados en arqueología costera de Arica, tal vez nos puedan iluminar mejor al respecto. Agradeceríamos aquí muy especialmente sus comentarios. 

3. Tal vez, don Juan Muñoz, mi informante mariscador, no tenía ni siquiera una pizca del ADN Chango original, pero la herencia cultural recibida por él a través de otros pescadores, y  transmitida de boca en boca a través de siglos,  sin duda queda plasmada y resulta perceptible en este precioso relato. Pocas cosas son tan duraderas  e incommovibles como las concernientes a la alimentación humana del biome marino natural. Nos resulta fácil hoy día, pues, imaginar a los antiguos Changos y Camanchacas, hombres, mujeres y niños, en faena, en plena bajamar,  extrayendo de los roqueríos del litoral, y sus pozas abundantes,  los recursos convertidos por ellos en alimento útil, probable herencia de consejos y/o recetas atávicas que remontan, seguramente, a la época  Chinchorro  (7.000-4.000 A.C), si no antes aún.
4. A la voz "chope", aparentemente de origen indígena, el linguista peruano Rodolfo Cerrón Palomino consultado al efecto por nosotros no le encuentra  traducción en las lenguas indígenas peruano-bolivianas (puquina, quechua, aymara, chipaya). ¿Se tratará, tal vez, de un préstamo del mapudungun o de alguna lengua perdida de la costa norte?. No lo sabemos. 


Breve bibliografía consultada. 

Castilla, Juan Carlos, 1976. "Guía para la observación del Litoral", Editora Nacional Gabriela Mistral, Santiago de Chile.  En tres fascículos editados por la revista "Expedición  Chile", 120 p.

Castilla, Juan Carlos, Bernabé Santelices y Raúl Becerra,   1976.   Guía para la observación e identificación de mariscos y algas comerciales de Chile, Revista "Expedición a Chile", en tres Fascículos, Editora Nacional Gabriela Mistral,  Santiago de Chile, 117 p.

Castilla, Juan Carlos,  2008.  Una Guía para la observación del litoral,  Impresora Valus S.A. Reimpresión revisada y corregida de la obra del  mismo nombre  editada por la Editora Nacional Gabriela Mistral  para la revista "Expedición  a  Chile",  1976, 120 p. 

Larrain, Horacio,  2013. "Los secretos de un mariscador iquiqueño: entrevista de Julio 1972". capítulo en el blog  personal https://eco-antropologia.blogspot.com editado el  21 de marzo 2013.

martes, 10 de noviembre de 2020

Conversaciones con un cabrero de la IV Región: empleo de las plantas nativas de la zona, en marzo de 1984 en el sector de "El Tofo".

 Introducción.

En  el capítulo anterior de este blog, he traído a colación  mis conversaciones con uno de nuestro operarios en las faenas de plantación de árboles y  colecta de agua de niebla  en los altos de "El Tofo", don Clemente Mendieta, sobre  el empleo de las plantas nativas de la zona. Pues bien, revisando otro de mis Diarios de Campo (Volumen 24), hallo nuevas referencias de interés sobre este mismo tema. De suerte que ambos capítulos, el anterior (editado el  30-10-2020) y éste, constituyen una unidad temática evidente. Como el anterior ya salió bastante largo, agrego éste como un capítulo complementario, pero diferente.

En mis recorridos a pie con don Clemente por la zonas próximas al Tofo, en busca de evidencias arqueológicas y aguadas costaneras, observamos la presencia de diversas plantas autóctonas. Mi interés por saber más acerca del uso que los  pobladores de la zona hacían de las mismas, motivó estas amenas conversaciones que hoy, después de  36 años, reproducimos con especial cariño  y afecto hacia este sencillo cabrero, hombre iletrado y humilde,  que  nos brindaba su sabiduría sin aspavientos ni recelos de ninguna clase. Por eso le hemos rendido un sentido homenaje en nuestro capitulo anterior. 

Fig. 1.  Especie llamada "carbonillo" en flor (Cordia decandra H. et A.).  De este arbusto de tronco leñoso, aunque de pequeña talla, hacen también carbón los  habitantes de la región, tal como se anota más abajo, a falta de  otras especies aptas.(Imagen tomada de la obra "Flores de desierto de Chile", de Sebastián Teillier et al, 1998:79). 

Fig. 2.  Flor del "copao",  (Eulychnia brevifolia Phil)  cactácea columnar tìpica del litoral de esta región. Su fruto posee una pulpa ácida, repleta de minúsculas semillas negras.  Es muy apetecida como alimento popular en la zona; agregándole un poco de azúcar o miel, se vuelve deliciosa. Se le suele expender en mercados  de la zona. El fruto del copao suele llamarse "rumpa" en la zona  y actualmente  se ha desarrollado en la provincia del Limarí una verdadera industria de mermeladas y néctares en base a este fruto natural. La "rumpa" posee un alto contenido en vitamina C y es considerado en la farmacopea popular como un excelente antioxidante y anti-inflamatorio.

El recurso obligado a  informantes.

El antropólogo social y el etnógrafo saben bien la  importancia fundamental que tiene, en los estudios antropológicos de campo,  el recurso a los informantes. Si bien el principal objetivo del etnógrafo debería ser primariamente "la observación participante", es decir, el observar personalmente y retener lo que  la gente hace o emplea en una determinada faena, fiesta o tarea, a menudo esto debe complementarse con una suerte de entrevista  in situ, es decir en el lugar mismo de la actividad cuando esta actividad, fiesta o faena no se realiza en ese instante,  sino solo se rememora o se recuerda. En el caso nuestro, los recorridos  a pie hechos con don Clemente por la zona próxima a su cabrería, me permitían ir haciendo preguntas muy concretas sobre las plantas existentes y su reconocida utilidad. La grabadora que siempre llevaba conmigo en estas excursiones, se encargaba de preservar todos los detalles que la simple memoria jamás hubiese podido retener con fidelidad. 

No cualquier habitante es informante habilitado.

 Lo importante es saber elegir al informante correcto en cada caso. Y no es nada fácil atinar en ello. No cualquier habitante es un informante idóneo. Tampoco, ncesariamente, las personas de más edad. Porque el atributo principal del buen informante es su propia experiencia regional y local. No basta que la persona viva desde hace mucho tiempo en la zona; debe, además, estar muy familiarizada con su entorno geográfico. Ahora bien, los cabreros,  a diferencia de los agricultores, por las características mismas de la actividad que realizan, son gente que no sólo conoce el terreno palmo a palmo, siguiendo a diario a sus cabras o asnos, sino  todos los lugares  de presencia de agua (aguadas o vertientes), las zonas donde  se dan (o no se dan) ciertos pastos suculentos o preferidos de sus animales, o los lugares predilectos de sombra para el descanso de hombres y animales. En realidad, muy pocas personas en el medio rural pueden llegar a conocer palmo a palmo su ambiente como ellos, a causa de su increible capacidad de observación, que queda demostrada, precisamente, en las precisas observaciones, aquí transcritas. 

No es un requisito sine qua non ser necesariamente oriundo de la zona. Don Clemente llegó desde algún otro lugar del Norte Chico a esta zona,  pero llevaba ya  22 años de experiencia en la cabrería local y visitaba periódicamente a sus amigos, los cabreros vecinos, con los que se llevaba  muy bien. Ante cualquier necesidad, se ayudaban mutuamente, como lo pudimos comprobar.  

Copio ad litteram  mis apuntes en mi Diario de Campo Nº 24, págs.  66-67 y 83):

Fig.  3.   Conversación con don Clemente Mendieta, parte 1. (1984: pág.66),  (10-03-1984).


Fig. 4. Segunda parte de la conversación (10-03-1984,  pág. 67).

                             

Fig. 5.  Tercera parte y última de la conversación en terreno (10-02-1984, Diario  Nº XX: pág. 83).

Comentario eco-antropológico.

1No deja de ser bastante sorprendente que  existiera  (y aún persista hoy) en la zona la costumbre de  obtener carbón  mediante la quema en  hornos, de los pocos arbustos leñosos que se dan en el área. La gente del pueblo necesitaba y aún necesita disponer de carbón de leña para el brasero en sus casas, especialmente para  defenderse del frío en los inviernos.   

2. En otro capítulo de este blog, hemos presentado antecedentes sobre la confección de carbón de leña  en la zona central de Chile (Ver capítulo nuestro editado el 29-06-2020). En aquella zona del país,  se justificaría, en todo caso, la elaboración de hornos de carbón, pues abundan numerosas especies vegetales leñosas (árboles y arbustos)  que pueden producirlo y de hecho lo producen. No es  éste el caso del Norte Chico, cuya flora  es preferentemente de talla muy pequeña y, además,  ha sido depredada desde tiempos antiguos, como lo ha comprobado el minucioso estudio del geógrafo  Conrad J. Bahre  (1979: 29,31 y passim; ver bibliografía infra).  

3. A  causa de la escasa precipitación pluvial anual,  cuya media en esta zona no supera los 80-90 mm en la última década,  la cubierta vegetacional arbustiva  ha ido  menguando tanto por razones de tipo meteorológico (sequías prolongadas) como por efecto antrópico directo (i.e , por la actividad humana, especialmente  por la crianza desmedida de cabras y burros), agudizándose en gran medida la llamada "desertificación".  Este proceso agro-meteorológico, de larga data,  se ha ido acelerando drásticamente en las últimas décadas y, al parecer, ha llegado "para quedarse". Sus efectos en el estado presente de la vegetación, son evidentes y lamentables. Su destino final, a no mediar drásticas medidas de mitigación  y/o  conservación, es el temido arribo del "desierto absoluto". Los geógrafos  nos  vienen advirtiendo acerca de este proceso deletéreo ad portas, desde hace ya por lo menos  50 años. Pero se les ha hecho muy poco caso.  O ninguno.  La actividad de la cabrería no ha cesado, a pesar del evidente daño inferido al ecosistema. Ni siquiera se salvan de sus voraces fauces las cactáceas, a pesar de la protección de sus poderosas espinas. 

4.  La algarrobilla (Balsamocarpon brevifolium Clos-Barrick) es una especie arbustiva endémica de Chile considerada hoy  como especie muy "vulnerable". Solo existió (y aún subsiste) en las provincias de Atacama y Coquimbo, en Chile. Puede llegar a medir hasta un máximo de  3m de alto. Sus  frutos de cubierta roja y provistos de semillas aplanadas en su interior, son muy ricas en tanino y por ello la planta fue antiguamente muy buscada por las curtiembres. Sus semillas son comidas por  la chinchilla  (Chinchilla lanigera)  y el loro tricahue (Cianoliseus patagonus broxami), especies ambas que presentan graves problemas de conservación en la actualidad. Esta planta es hoy sumamente escasa en  su medio natural original y está protegida. El botánico Karl Friedrich Reiche (1860-1929), en su obra del año 1901 se extiende  sobre esta industria de obtención del tanino de  la algarrobilla, por entonces en pleno auge en nuestro país (Ver bibliografía, infra).  

5. Don Clemente  nos  relata -a propósito de mi pregunta sobre la elaboración de carbón de leña- que también existen plantas de pequeña talla del litre (Lithraea caustica)  en algunos escasos rincones poco accesibles de la zona. Es éste -por lo demás- el límite máximo septentrional que alcanza esta especie, de amplia difusión en el bosque esclerófilo de la zona central de Chile, donde se asocia comúnmente al  quillay  (Quillaja saponaria) y al espino (Acacia caven).

6. Por fin, nuestro informante  hace alusión  a la extracción de las gruesos rizomas del "palo gordo" (Carica chilensis), para alimentar a sus animales en tiempos de sequías, al igual que el uso del cactus llamado "sandillón" (Eryosice aurata ex Neoporteria), hermosa  cactácea esférica que adquiere gran tamaño; especie muy cotizada por los cultivadores de cactáceas. Sobre este mismo tema, nos había ya informado nuestro amigo el botánico Sebastian Teillier, en el capítulo precedente de este  Blog. 

7. En conversación sostenida con la botánica Mélica Muñoz, del Museo Nacional de Historia Natural el 17-03-1984, ella tuvo la amabilidad de identificar, en base a ejemplares colectados in situ, las referencias dadas por don Clemente (tercera parte de su entrevista, arriba, en nuestra  Fig. 4), en los siguientes términos transcritos de mi Diario de Campo: 

"Mélica Muñoz (Museo Historia Natural) me ayuda a identificar a la "tutema" (o "atutemo") como Llagunoa  glandulosa, y a la "melosa"  indicada por Clemente Mendieta, (informante de El Tofo, 53 años), como "cola de ratón" o Pleocarpus revolutus. Esta  [última especie] estaba copiosamente  en flor en mis días de visita: 9/12-03-1984". (Diario de Campo H. LarrainNº 24 (1983-84), pág. 85).

Bibliografía citada en el texto.

Bahre, Conrad J., 1979 . Destruction of the Natural Vegetation of North-Central Chile, University of California Publications, Geography, Vol 23,  University of California Press, Berkeley, Los Angeles, London, 117 p.

Reiche, Karl Friedrich, 1901, Los productos indígenas vegetales de Chile, Santiago de Chile,  (cit. in Bahre, Conrad J, 1979, ver bibliografía).

Reiche, Karl Friedrich,   2014,   Geografía Botánica de Chile,  Cámara Chilena de la Construcción, Santiago de Chile, Eds.  Andrés Moreira-Muñoz y Mélica Muñoz-Schick, traducción de don Gualterio Looser, (reedición de la obra original publicada en el año 1907 en idioma alemán).