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martes, 23 de enero de 2018

Incierto destino del bosque actual del Tamarugal: ¿muerte lenta o posible recuperación?. El futuro del Tamarugal de Tarapacá.

Retomamos, tras cinco meses de inactividad,  nuestro blog de eco-antropología. Nuestro traslado definitivo a la Región Metropolitana y sus efectos, ha sido la causa de este largo silencio.  Pedimos disculpa a nuestros lectores por esta dilación.

En este capítulo, nos corresponde meditar sobre el destino futuro del bosque del Tamarugal, plantado por CORFO en la década del 60 del pasado siglo. Desde la época de la Colonia, este bosque ha jugado un importante papel en la economía de Tarapacá, desde la época de las primeras explotaciones mineras por obra de los ,primeros encomenderos, especialmente en el mineral de Huantajaya, próximo a la ciudad de Iquique. Nos preguntamos hoy: ¿está muriendo el tamarugal de Tarapacá?  ¿Qué esta pasando?. Las desesperadas medidas actuales que se está tomando, ¿contribuirán a mejorar la vitalidad del bosque, o, al revés, acelerarán su muerte?. Es lo que pretendemos  examinar en este capítulo.

                                  
Fig. 1.  Así lucen hoy semi secos -o totalmente secos- muchos árboles en el bosque del Tamarugal,  a la orilla de la carretera Panamericana norte-sur, entre los km.  1780-1785, al sur de la localidad de Pozo Almonte. Plantados alrededor de los años  1965-1969,  no alcanzaron a adquirir su tamaño máximo  y sucumbieron fatalmente por falta de agua. En este texto se explica en detalle  las causas de su triste destino. (Foto H. Larrain, agosto 18, 2017).

La creciente mortandad de los tamarugos.

Para nadie es un misterio en Tarapacá que el famoso bosque del Tamarugal se encuentra en un acelerado proceso de degradación y muerte. Esto al menos en su  porción central, situada al sur de la localidad de Pozo Almonte, justamente en la zona correspondiente a la Reserva Nacional Pampa  del Tamarugal. Para el viajero que cruza velozmente esta pampa  de Norte a sur,   pasando Pozo Almonte con rumbo sur, rumbo a Oficina Victoria, pronto se presenta a la vista la enorme plantación de tamarugos hecha por la CORFO (Corporación Nacional Forestal) entre los años  60 y 70 del pasado siglo. Hoy día, tal como lo podremos apreciar claramente en las fotografías que siguen (Fotos 1 a  10),  esta sección de Tamarugal parece estar claramente amenazada de muerte. Así lo estaría demostrando el  lamentable estado actual de la arboleda en decenas de hectáreas. Miles de árboles muertos y muchísimos en deplorable estado, prácticamente moribundos. ¿Qué ha ocurrido en estos últimos decenios?. ¿Por qué  están muriendo en  amplios sectores?. ¿Se conoce su causa?. ¿Hay algún posible remedio a este desastre ad portas?.

Intentos de explicación.

 La razón de esta crítica situación del bosque se debería, a juicio de los científicos que han estudiado el área, a la creciente disminución y agotamiento del agua anteriormente presente en los niveles freáticos más altos, o sea, al agotamiento de los acuíferos de las napas superiores. es decir aquellos que pueden alcanzar normalmente  las raíces de los árboles ( de 0 a 30 m. de profundidad, como máximo). Y esta situación ¿a qué atribuirla?. En gran parte, tal como lo han señalado inequívocamente los hidrogeólogos,  a la permanente succión y extracción masiva del agua freática subterránea (subsuperficial) de tipo fósil), tanto por parte de la arboleda como por parte del hombre, para subvenir a sus necesidades  agrícolas, industriales o citadinas, y desgraciadamente a la vez, a la falta de recarga o reposición natural de las napas subterráneas. Decenas de miles de tamarugos y algarrobos fueron plantados, bajo el falso supuesto de que siempre dispondrían de suficiente agua subterránea, considerada hipotéticamente (y erróneamente) como  una fuente hídrica inagotable. Como resultado de esta implacable succión permanente, ha brotado, por efecto de la capilaridad, la sal agolpándose en la superficie, dejando hoy a la vista vastas superficies de terreno blanquecino, fuertemente salinizado. Sal prácticamente pura (NaCl). Tales sectores salinizados,  no solo no permiten hoy el crecimiento de  algún tipo de sotobosque  (arbustos pequeños o hierbas pequeñas, sino  que  dejan el terreno fuertemente alcalino (rico en el ión sodio) y, en consecuencia,  totalmente inepto para cualquier tipo de cultivo o aprovechamiento agrícola futuro.

¿Por qué no hay reposición o recarga de los acuíferos subterráneos?.

Es bien sabido en la historia geológica reciente (últimos 20.000 años)  que han ocurrido distintos procesos a partir del término del último período glacial o glaciación, llamado la glaciación Wisconsin ( o glaciación Würm en alemán) entre los años 110.000 a 15.000  A.C..  Después de esta glaciación que cubrió inmensos sectores de toda la tierra con enormes capas de hielo, se sucedieron diversos períodos, con un lento retiro de los hielos y el aumento gradual de la temperatura, lo que permitió el desplazamiento y desarrollo paulatino de la vegetación que fue ocupando, poco a poco,  los terrenos otrora cubiertos por los hielos. Entre los 50.000 y 30.000  A.C. se desarrolló el llamado "Período pluvial"  (del latín pluvia = lluvia) que se caracterizó por una elevación de la temperatura y la presencia de gran cantidad de lluvias. Es en este período en el que la pampa de Tamarugal  fue cubierta periódicamente por gigantescos aluviones de agua y barro arrastrados por las más de 20 quebradas que bajan del macizo cordillerano de los Andes, aportando enormes cantidades de agua al subsuelo y alimentando así las napas o estratos subterráneos.  Hacia los 10.000 A.C. se inicia el período llamado del Holoceno con elevación de la temperatura y  disminución paulatina  de las precipitaciones.  Entre los años 6.000 y 2.500 A.C.  tiene lugar el llamado "Optimum climaticum", con temperaturas suaves y abundantes lluvias que permitirán en América el desarrollo de las civilizaciones humanas más tempranas, entre ellas Caral (4.000 A.C.)  o Chavín de Huántar (2.500 A.C.), ambas  en el Perú.  Aluviones sucesivos cubren enormes superficies de la pampa y parte importante  de su agua (la que no se evapora) se infiltra y se conserva intacta en las capas o estratos  subterráneos formadas por arenas, ripios y arcillas, creando las condiciones aptas para la formación de las napas freáticas o estratos subterráneos, saturados de agua.

Esfuerzos de recuperación.

Recientemente y desde hace aproximadamente un par de años, la CONAF (Corporación Nacional Forestal) desde  el fundo "Refresco" donde tiene sus instalaciones, ha tratado de remediar esta situación mediante  una enérgica poda de parte de los ejemplares presentes, en una franja de unos 100 metros de ancho  a ambos lados de la carretera, aproximadamente entre los km 1770 y 1760 de la Panamericana. Las imágenes que siguen son ilustrativas  sobre el sistema   de poda seguido  y sus efectos inmediatos. 

Fig. 2.  Este ejemplar de tamarugo (Prosopis tamarugo Phil)  alcanzó una edad aproximada a los 35 años antes de morir.  ¿Por qué -nos preguntamos-  pereció a tan joven edad?.

Fig. 3.  Desde hace un par de años, los ingenieros agrónomos de  la CONAF  (Corporación Nacional Forestal) de Chile han iniciado un ensayo de enérgica poda de los ejemplares aún vivos   para estudiar sus posibilidades de regeneración, eliminando para ello todo el ramaje seco. Así los troncos primitivos que en número de 5-8 solían  brotar, a corta distancia de suelo, dando lugar a un ejemplar frondoso, han terminado su vida en un tronco único, como se puede observar en la imagen.   El ramaje seco ha sido acumulado en sectores donde será  eventualmente quemado.
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Fig 4.   A mediados del año 2017 observamos dos lugares próximos al Fundo "Refresco",  de la Reserva Pampa del Tamarugal, donde se ha hecho una explotación  de los troncos producto de la poda, mediante la elaboración de carbón de leña in situ.  En esta imagen podemos observar una concentración de  carbón desmenuzado el que será seleccionado y ensacado, para proveer el mercado local. El sistema de quema del carbón es -según hemos podido observarlo personalmente- sumamente primitivo. Se  entierran los troncos a poca profundidad, siguiendo una línea dada, y se le enciende  por ambos extremos.  Se deja así dos extremos  al aire, por donde pueda circular el aire, impulsado por el viento de la tarde, que se encarga del lento proceso de la quema bajo tierra y de la formación de carbón. Este lento proceso de  quema, según sea  la cantidad de troncos enterrados, puede durar semanas.

 Fig. 5.  Dos camiones  cargados de sacos de carbón recién elaborado. Está poniéndose el sol y son más de las  20.00 hrs.  Desde la carretera, pudimos captar esta imagen (Foto H. Larrain,  Agosto, 2017).

Fig. 6.    Este  enorme camión que debe cargar más de 1.000 sacos de carbón de tamarugo, está pronto para partir. Su destino según nos informamos, es la ciudad de Santiago.  (Foto H. Larrain,   Agosto 2017.

¿Quiénes fueron los ejecutores de la poda?.

Según nuestra sospecha, habrían sido los propios carboneros quienes efectuaron la feroz poda, dejando un único tronco sobreviviente por cada ejemplar de árbol. Siendo así, nos asalta la duda de si el carbonero ha  pensado en la mejor forma de supervivencia para los ejemplares tratados, dejando en pie los troncos más robustos y sanos, o, por el contrario, eligió para  ser convertidos  en carbón, los troncos más  saludables y  fuertes.  Al parecer,   no habría habido aquí una cuidadosa selección previa  de las ramas o troncos a cortar  por parte de un  especialista forestal.  Tal tarea, al parecer,  habría sido confiada a los propios  explotadores del carbón. 

Fig.  7.    En esta imagen se puede ver  el humo que aún se desprende  de  los lugares de explotación de carbón. Los carboneros viven durante semanas en rústicas cabañas de madera, junto  a los "hornos" de quema y un vehículo les surte semanalmente de agua y alimentos. En nuestra visita del día  10 de agosto 2017, hallamos a dos jóvenes aymaras procedentes de la ciudad de  Oruro, en Bolivia, encargados de la faena. Eran los responsables de la quema, y luego del envasado del carbón en sacos de fibra plástica color blanco, de unos   20-25 kg cada uno. Nos dijeron que el destino de la carga del camión, era la ciudad de Santiago. Allí se vuelve a empacar en  envases pequeños, de papel grueso, con la etiqueta correspondiente: "carbón de tamarugo".

Fig. 8.  El destino del ramaje, producto de la poda, es alimentar las panaderías locales  o la quema in situ.    Inmensa cantidad de valiosa materia orgánica  (y celulosa)  de este modo se pierde para siempre por falta de una política  de  aprovechamiento local adecuado (v.gr. para la confección de abono vegetal).

Fig. 9.  Los árboles,  una vez fuertemente podados, al poco tiempo empiezan a brotar en su base. Ramas nuevas aparecen, en gran número, alrededor del tronco. Hoy casi no hay, como en decenios anteriores, (1970-1980) manadas de cabras y ovejas que  puedan consumir  ávidamente las ramas tiernas. Sin embargo, en un par de ocasiones, hemos observado allí  pequeños hatos de cabras,  guiados por pastores  bolivianos sumamente pobres y desaseados (año 2013). Suponemos que cuentan con el permiso de la CONAF para pastar allí.  
Fig. 10  Camión cargando ramas y troncos secos, rumbo a las panaderías de Pozo Almonte   (10 de agosto 2017, foto H. Larrain).


Fig. 11. Observe la forma y aspecto natural  del tamarugo en la pampa. Presenta normalmente  de 3 a 7 troncos que se separan desde el suelo mismo, conformando un excelente espacio de sombra. La feroz poda inflingida recientemente  a estos árboles, ha dejado tan solo un tronco visible en cada árbol. Nos preguntamos qué ocurrirá con la repentina disminución significativa del área sombrada en esta pampa. Sin duda, aumentará notablemente la  insolación del terreno  y  la tasa de evaporación in situ. ¿Con qué consecuencias para el futuro del bosque?-. No lo sabemos a ciencia cierta.

Fig. 12.  Originalmente, los tamarugos fueron plantados  en hileras,  a muy corta distancia uno de otro. En algunos sectores hemos comprobado que  una planta distaba de otra, al momento de ser plantada,  apenas  tres metros, o menos aún. ¿Para qué?  Tal vez para un máximo aprovechamiento del agua, por parte de los árboles, durante el corto período en que fueron regados, luego de ser plantados. Tal vez, para lograr  amplios sectores de sombra, que favorecieran  el descanso y alivio de los animales que, desde un principio,  se pensó en criar en gran escala en este tamarugal. Experiencia  que, por desgracia,  a la postre resultó ser negativa. Decenas de trabajos de agrónomos, fueron publicados entre los años  1960 y 1990, publicitando la introducción de razas especiales de ganado caprino o lanar, experiencias que  finalmente no tuvieron éxito y fueron abandonadas. (Consulte al respecto los trabajos del agrónomo  Italo Lanino  y otros; ver infra).   

El Tamarugal en el pasado histórico.

En su famosa "Descripción del Valle y Partido de Tarapacá", el  Teniente de Gobernador español don Antonio O´Brien  (1765) pronosticaba ya que si no se ponía atajo en esta pampa a la corta de árboles, para leña y carbón, muy pronto nada quedaría del legendario bosque. Corta que tenía por objeto inmediato alimentar las explotaciones de plata. Con mirada certera, previó el sagaz sevillano que era preciso detener y controlar la tala del bosque, so pena de  acabar con la especie.  No sabemos exactamente qué tipo de medidas tomó para ello, pero  lo cierto es que, al parecer,   nadie le hizo caso en su época:  los poderosos mineros piqueños y tarapaqueños  siguieron  impasibles cortando árboles en torno a los antiguos puquios o pozos, produciendo el codiciado carbón de leña y cortando  troncos, elementos indispensables  para la explotación de la plata en la azoguería de Tilibilca, junto al pueblo de Tarapacá y en buitrones próximos a la Tirana. Menos aún se preocuparon del problema durante el ciclo salitrero (1830-1930) cuando sus gruesos troncos alimentaban incesantemente los fuegos en  las primitivas  "Salitreras de Paradas"   y sus enormes calderos de hierro, acarreados en carretas tiradas por 6 a 8 mulares.  

La vegetación antigua en la pampa del Tamarugal.

Fig. 13.  Fotografía  tomada  al Plano de la Pampa de Yluga", de  Antonio O´Brien que muestra bien las áreas forestadas antaño. (publicada en la revista Norte Grande, Instituto de Geografía, Pontificia Universidad Católica de Chile, Vol. 1, Nº   1,  1974, frente pág. 22).

En su bien conocido "Plano del valle y pampa de Yluga", el Teniente de Gobernador nos presenta con notable precisión,  hacia el año 1765, el estado  de la cubierta vegetacional en la pampa de su época. En efecto, dibuja y distingue cuidadosamente la presencia de zonas pobladas de árboles de tamarugos de  otras zonas cubiertas de un matorral bajo de "pillallas", nombre con que designa a los arbustos del género Atriplex (Atriplex atacamensis), tan abundantes en la zona hasta el día de hoy. También señala las áreas desprovistas de bosque natural o matorral. La pillalla, aunque crece naturalmente en forma de enormes cúmulos de tipo semi-circular, que pueden alcanzar hasta  4-5 metros de altura,  produce solo ramaje muy delgado, totalmente insuficiente para los requerimientos de la minería de la época, la que necesitaba de elevadas temperaturas para la fusión del mineral. Por este motivo, se dio preferencia a la tala de ejemplares corpulentos de tamarugos, especie arbórea casi única en este bosque.  Aún hoy podemos observar en los alrededores de las localidades de La Tirana y Pozo Almonte,  árboles aislados de tamarugo, que presentan a sus pies una típica formación de cerrillo o cono truncado, producto de la incesante acumulación de follaje seco que se ha acumulado con el tiempo  en torno a su base, incrementado  de continuo con el arribo de arenas finas acarreadas por la acción de los vientos. Basta escarbar un poco en este material, cerca de la base del árbol, para tropezar con grandes cantidades de astillas de madera, residuo y testigo inconfundible de la corta y tala  continua del árbol, efectuada en distintos períodos anteriores. Como no llueve casi nunca en la pampa, este material vegetal se mantiene casi intacto, sin descomponerse, bajo una tenue capa de arena fina.  

Cita ad litteram del texto de O´Brien   (1765):

Nos parece de interés en este capítulo del Blog,  citar ad litteram  y comentar la magnífica y detallada descripción que nos dejó el sevillano don Antonio O´Brien  en el año  1765. En el capítulo VII de su Descripción que titula: "Descripcion del valle o Pampa de Yluga y de el Tamarugal", señala con el número 76, textualmente:

"Es un territorio  que según las señas y experiencia que se tiene, ha sido fertilísimo, no pudiendo dudarse que lo es y que lo volverá a ser siempre que se le introduzca agua que los riegue. Se ven en este territorio muchas y dilatadas chacras, en las que permanecen  los rastrojos del trigo y maíz que produjeron.  Asimismo, hay en él gran cantidad de árboles que llaman tamarugos, algarrobos y molles, muchas y crecidas retamas con un espeso e intrincado bosque de monte bajo, que en parte lo hacen impenetrable, por esta parte frente del pueblo de Pica. Y es bastante húmedo y muy abundante de agua subterránea; hay en este sitio en el camino que se sigue desde el dicho pueblo [de Pica] para el cerro de San Augustín de Guantajaya, dos pozos que llaman Puquios, el más profundo es de catorce varas, y por lo regular tiene tres [varas] de agua y solo sirven para dar de beber a los que transitan por este camino porque hasta ahora no ha habido quien hubiere hecho una noria u otra máquina para regar algunas tierras. Es en algunos parajes salitrosa,  por la parte que sigue a la costa, pero a más de no ser mucho el salitre, es superficial, criando una costra de  cuatro a seis dedos de grueso, y el terreno debajo de esta costra es gredoso y dulce, y todo el resto de la Pampa es especial tierra para trigo y maíz. La última cosecha que se cogió seis años ha, llegó a dar ciento treinta y dos fanegas de trigo por  una, y desde entonces no ha vuelto a sembrar en ella por falta de agua".  (Transcripción nuestra tomada directamente de una fotocopia del original del Archivo de Indias, 1765,  Nº 76;  cfr. Archivo de Indias, Legajo Charcas, 490, Nº 76).  Solo se modernizó la grafía, ortografía y sintaxis al español actual,  para facilitar su lectura, sin cambiar ni una sola palabra del texto).

Comentarios a este texto:

1. Se indica aquí la constitución de la cubierta vegetacional del bosque antiguo del Tamarugal hacia mediados del siglo XVII. Señala O´Brien la presencia de solo tres especies de árboles en esta Pampa: a saber, tamarugos   (Prosopis tamarugo Phil), algarrobos  (Prosopis alba Griseb.) y  molles (Schinus molle L.). Entre los arbustos, distingue  por lo menos dos especies de arbustos que constituyen un "monte bajo": son las  "retamas", hoy llamadas también retamas o retamillas en la zona de Tarapacá (Caesalpinia aphila  Phil) y las pillallas  (Atriplex atacamensis Phil). Esta última, no aparece con este nombre en la "Descripción", pero  es específicamente nombrada en cambio, en  la leyenda de su "Plano de la Pampa y Valle de Yluga".  El "monte espeso e intrincado" es  con certeza,  el formado por las plantas de pillallas, y otras especies pequeñas como sorona (Tessaria absynthioides),  tal como aún hoy podemos observarlo, en gran densidad,  al ESE del poblado de Huara, hasta donde suelen llegar los derrames de aguas provenientes de las quebradas de Aroma y Tarapacá, en época de intensos aluviones estivales.

Consulte a este respecto nuestros capítulos previos en este blog:  "Flora endémica de la Pampa del Tamarugal y oasis aledaños: su uso en el pasado y en la actualidad"  (fechado 17 /01/2009)",  "La vegetación presente en la Pampa del Tamarugal a mediados del siglo XVIII:  un testimonio veraz del cartógrafo Antonio O´Brien" (fechado el 30/01/2016), o finalmente: "Observaciones recientes sobre Prosopis  spp. en la Región  de Tarapacá: curiosidades de un neófito" publicado  con fecha  03/02/2016.

2.  El texto hace alusión  a los extensos cultivos en tiempos antiguos aprovechando el agua de aluvión,  cuyas melgas, con sus respectivos rastrojos,  han quedado visibles en superficie hasta el presente. Estos campos de cultivo abandonados desde antiguo, se hallan  en las porciones terminales de las quebradas de Aroma y Tarapacá, y cubren centenares de hectáreas que  otrora, en tiempos de la bajada de  aluviones fuertes, fueron cultivados por los pobladores de las quebradas aledañas.  Estos descendían desde los pueblos precordilleranos,  por semanas o meses, a cultivar en el suelo de la pampa y allí se hacían sus  rústicas cabañas de cañas.

3.  Es ésta, a lo que creemos, la primera  y clarísima mención histórica sobre la existencia de chacras antiguas, de carácter arqueológico, abandonadas desde hacía mucho tiempo, en el piso de la Pampa del Tamarugal, estudio que posteriormente atraerá la atención del arquitecto iquiqueño Patricio Advis, del arqueólogo Lautaro Núñez  y de los geógrafos del Instituto de Geografía de la Universidad Católica de Chile (1971-75). El Teniente de Gobernador de  Tarapacá don  Antonio O´Brien observó en ellas rastrojos de antiguos plantíos de trigo y maíz y señaló la gran feracidad de esas tierras cuando eran  regadas.

Fig. 14.  Derrames del agua provenientes de las  quebradas de Tarapacá y Aroma, forman aquí un verdadero río. La planta que muestra notable desarrollo es la pillalla (Atriplex atacamensis Phil). Foto tomada en las cercanías del pueblo de Huara,  en Marzo del año ----  (Foto H. Larrain).

 La plantación del Tamarugal actual.

Sabemos que  la plantación del actual bosque del Tamarugal  fue fruto del trabajo de la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO) que entre los años  1960 y 1972 plantó decenas de miles de ejemplares de tamarugos, que preparaba y cultivaba en su predio  del  "Fundo Refresco", hasta hoy en posesión de la CONAF (Corporación Nacional Forestal).  La valiosa experiencia previa del español don  Emilio Junoy en la década de los años  30 del pasado siglo,  quien lograra reproducir  y cultivar vástagos de tamarugos en el fundo "El Carmelo" fue el acicate y modelo de esta actividad para repoblar  de árboles la pampa. En la actualidad  (año 2017),   la superficie  plantada de tamarugos por la CORFO alcanza las  16.130 hás.,  y se halla hoy al cuidado de la CONAF.  Los árboles, de un tamaño de aproximadamente 1 metro de alto fueron plantados en hoyos profundos, practicados bajo la cubierta salina del salar, desprendiendo primeramente  la dura costra salina superficial, y fueron regados artificialmente tan solo por espacio de un año, período durante el cual se suponía que las raíces de las  plantas  buscarían  por sí mismas el líquido elemento, penetrando profundamente en el subsuelo.

El bosque  actual del Tamarugal  comprende  tres sectores bien definidas : a) la zona norte, frente a Zapiga y Dolores,  (a pocos kilómetros al norte de la localidad de Huara), de más reciente origen, con árboles más jóvenes, y que registra,  en general, un excelente estado de vigor;  b)  la zona de los salares antiguos de Bellavista y Pintados,  al sur de la localidad de Pozo Almonte, donde  se observa hoy  la mayor degradación y mortandad del bosque  (zona de las imágenes aquí presentadas) ; y c), por fin,  un bosque ralo,  disperso, en gran parte  preexistente, en las proximidades de la localidad de La Tirana, donde aprovecha altos niveles freáticos del agua subterránea.

Octavio Castillo y sus estudios hidrogeológicos.

Como es sabido, los tamarugos, a diferencia de otros árboles,  poseen una potente raíz pivotante capaz de penetrar hasta los 25-30 m. de profundidad, en busca del agua subterránea.  Hasta hace un siglo y aún menos,  el nivel freático de agua subterránea, presente bajo los suelos  salinos de la pampa, era bastante más elevado que el actual. Particularmente en la zona de La Huayca y Canchones, el agua subterránea se hallaba todavía,  hacia 1955-60, apenas a  1-2 de profundidad, lo que permitió, por varios siglos, el cultivo intensivo en dicha zona de variedad de hortalizas, en los llamados "canchones", "mahamaes" o "chacras sin riego". Los trabajos de investigación del hidrogeólogo chileno Octavio Castillo Urrutia, en la década del sesenta del pasado siglo, (Cf. su  obra "El agua subterránea en el Norte de la Pampa del Tamarugal", Instituto de Investigaciones Geológicas, Santiago,1960), demostraron fehacientemente que las nuevas plantaciones de la CORFO, iniciadas muy poco antes, estaban contribuyendo fuertemente a hacer descender y bajar los niveles freáticos del agua, absorbida ahora por las decenas de miles de árboles recién plantados, ávidos de agua.  Castillo, ya en esa obra del año  1960 advertía acerca del peligro futuro de esta explotación que algún día podría tornarse severa. Y no se equivocó, ciertamente.  En efecto, el agua absorbida ávidamente por la nuevas plantaciones, desgraciadamente no era compensada por lluvias actuales sino era de carácter "fósil", es decir,  había sido antaño producto de copiosas lluvias altiplánicas, acaecidas en el período del Holoceno, esto es hace unos 8.000-10.000 años atrás, y no presentaba hoy recarga suficiente a través de los escasos y esporádicos períodos de aluviones estivales. La extracción incesante de agua subterránea por acción antrópica (esto es,  por la actividad humana)  a través de los miles de tamarugos plantados en la pampa, sumada a la succión creciente de aguas por obra de pozos y puquios labrados para la alimentación humana en las Oficinas Salitreras y, posteriormente, para la agricultura en las granjas agrícolas de la pampa, terminarían un día por "secar" las fuentes freáticas, carentes ahora casi del todo,  de recarga superficial. Es lo que desgraciadamente ha sucedido. 

 La potente poda reciente.

Hemos presentado más arriba  imágenes de la forma como la CONAF y sus ingenieros forestales están  atacando hoy el problema de la creciente degradación  del bosque. El tamarugo   tiene como forma natural el  emitir varios troncos aéreos, (hasta 7-8 o aún más)  que nacen prácticamente desde la base y terminan por conformar un follaje frondoso y tupido. En lugares donde encuentra suficiente agua subterránea, a poca profundidad, se desarrolla en forma espléndida pudiendo alcanzar  con facilidad  hasta los  15-18 m de altura máxima.

Fig. 15.   Ejemplares robustos de tamarugo, a orilla de la carretera Panamericana N-S. hacia  el km  1780. Aquí fueron plantados en filas orientadas  N-S, y  a una distancia uno de otro,  de  no más de 3-4 m. Cada fila  quedó separada de la siguiente por un amplio espacio  vacío, de unos 20-30 m   o más. nos llama la atención  la gran proximidad  (3-4  m) en que fueron plantados. Seguramente, con la idea de que formarían un  campo de sombra,  que permitiría disminuir y frenar  la altísima evaporación propia del desierto.  Como desde un principio se pensó, además,  en traer rebaños de cabras y ovejas,  que se alimentarían de sus brotes tiernos y de sus frutos, este sistema  entregaría suficiente sombra a los animales, durante su alimentación.  De hecho, se hizo, en un comienzo,  experiencias de adaptación y aclimatación de razas ovinas  y caprinas especialmente adaptadas al calor   (Cf. Italo Lanino y Mario Meza Mascayano: "Comparación de tres razas ovinas alimentadas con tamarugo (Prosopis tamarugo Phil), Pampa del Tamarugal",  Tesis, Universidad de Chile, Facultad de Agronomía, Santiago, 1966).
Fig.  16.   Así escurre el agua de color chocolate,  cuando bajan los aluviones desde las vecinas quebradas situadas al Este. (Foto H. Larrain,  Marzo del año  2004 ).
Fig. 17. Un solitario árbol de molle o pimiento (Schinus molle) en medio de la pampa, recibe el influjo benéfico de las aguas de aluvión.  (Foto H. Larrain,  Marzo del año 2004).

Fig. 18. Las aguas suelen cubrir extensas zonas de la pampa , donde se desarrollará, con gran fuerza,  especialmente  la especie aquí denominada  pillalla  (Atriplex atacamensis Phil).

Fig. 19.    La enorme cantidad de agua que se acumula por meses, tras un aluvión,  suele cortar las carreteras e impide el paso de vehículos. En algunos sectores, se forman pozas o lagunillas que sobreviven durante varios meses  antes de secarse por completo (Foto H. Larrain, marzo del año 2004).

Comentario eco-antropológico final.


1.  La poda actual, de la cual hemos entregado aquí unos pocos testimonios fotográficos, realizada recientemente en el Tamarugal a manera de prueba, nos parece una medida desesperada por recuperar la gigantesca plantación hecha por la CORFO entre  1960 y 1970.


2.  Tememos que  la vitalidad que se observa hoy en los renuevos, que han crecido con fuerza cerca de la base de los troncos recién cortados,  podría  ser  sólo una reacción  momentánea, una última defensa de la planta antes de  morir. Un postrer "canto del cisme".  En realidad, no lo sabemos. El tiempo nos lo dirá. 

3. Dudamos que  este tan drástico sistema de poda sea una solución definitiva al problema del bosque que a todas luces está muriendo,  aunque temporalmente, esta medida frenará sin duda  y mitigará en alguna medida la propagación de las pestes que aportan los insectos,  máxime las numerosas especies de polillas (Noctuidae) que se ceban en  el follaje verde.

4. Somos de la opinión de que solamente  una firme  y sostenida política futura de extracción de agua  de mar, previamente, desalinizada y traída en tubería desde el mar, permitiría la recuperación  y regeneración del Tamarugal; más aún, permitiría ampliar considerablemente tanto la plantación como la agricultura  en  los infinitos espacios  abiertos de la pampa, hoy casi carentes de vegetación. Miles de hectáreas podrían así ser utilizadas para beneficio de futuras comunidades de agricultores en la pampa.  ¿Es este solo un sueño, o una realidad ad portas para la Región  de Tarapacá?.

5.  Se cumpliría así el sueño profético del Teniente de Gobernador de Tarapacá el visionario  sevillano Antonio O´Brien  en 1765, expresado  en su famosa "Descripción de Tarapacá", a la que hemos aquí hecho referencia.  Escribía O´Brien  en esos años: "Es un territorio que según las señas y experiencia que se tiene, ha sido fertilísimo, no pudiendo dudarse que lo es y lo volverá a ser siempre que se le introduzca agua que los riegue" (sic!).

6. Veremos en los  años venideros si la  potente poda que se ha realizado recientemente, a manera de prueba, en una franja a ambos costados de la carretera panamericana,  surte algún efecto positivo  en el desarrollo futuro de la especie tamarugo  in situ. Ojalá ésta resultara beneficiosa para el bosque y la Reserva. Pero dadas las actuales condiciones de sequedad, más el imparable incremento global de la temperatura por obra del calentamiento global  -tal como nos lo señalan algunos lectores-,  dudamos sinceramente de ello.  Ojalá nos equivoquemos.

7. Este acelerado proceso actual de cambio en el Tamarugal debería ser seguido con especial cuidado por los especialistas ecólogos, biólogos,  botánicos o ingenieros forestales ( y no solo por la CONAF local),  para evitar que  a la postre "el remedio sea peor que la enfermedad". 

8. El bosque del Tamarugal no solo es valiosísimo por las especies endémicas (vegetales y animales) que  en sí encierra,  sino por su importancia como regulador del clima en esa región.










sábado, 19 de agosto de 2017

Escudriñando los alrededores del sitio arqueológico de Chug-chug: algunos hallazgos sorprendentes.

Fig. 1.   Plano del área arqueológica de Chug-chug. Línea divisoria entre  las Provincias de El Loa y María Elena, Región de Antofagasta. Imagen tomada de Google Earth preparada por Claudio Castellón  y enviada a Horacio Larrain  en el curso del año  2014. Se observa bien el trazo de la huella de la antigua ruta Inca con inclinación de sureste a Norweste

¿Un santuario para los caminantes?.

En el capítulo anterior del blog, nos hemos referido a las numerosas figuras de geoglifos representadas en  el sitio denominado Chug-chug situado en la Provincia de María Elena, Región de Antofagasta. Hemos señalado allí que para nosotros la extrema acumulación de figuras denotaría la presencia de un importante sitio ceremonial o  santuario (como se prefiera denominarlo) de los antiguos caminantes y viajeros.  Este sitio se halla contiguo e inmediato a un tramo importante del Qhapaq Ñan de los Incas, que viene de la zona de  Calama, acerca del cual entregamos detalles en este capítulo, tras minuciosa observación en terreno  (Ver Fig. 1).

Fig. 2. El autor de este blog al costado  derecho de la antigua ruta incaica, o Qhapaq Ñan. Alrededores del sitio de Chug-chug. La regla en el suelo mide un metro. Un bastón nuestro, puesto en el extremo opuesto, marca el ancho constante de la senda: son casi exactamente 3.50 m. Observe el lector las numerosas piedras alineadas toscamente  a sus costados, señalando sus límites. Este sistema de indicación de la vía incaica lo hemos observado en prácticamente todos los sitios donde con certeza se detecta  el trazado de esta ruta, desde la ceja sur de la quebrada de Camarones, hasta Quillagua.  Nuestra hipótesis es que este tramo que pasa por el sitio arqueológico de  Chug-chug enfila directamente al Norte, y empalma con la ruta que de  N. a  S. viene desde la quebrada de Maní, cruzando varias quebradas  normalmente secas  como   Sipuca,  Los Tambos,

Fig. 3. Este geoglifo, hecho en el suelo,  se halla muy cerca de uno de los miradores actuales.  Ha sido delineado mediante  piedras  de tamaño semejante, puestas toscamente en todo su contorno, Tal vez (?) se trate del diseño de un ave, con las alas abiertas;  la cabeza del ave  estaría donde se halla el observador y sus patas, en el extremo opuesto. Pero la figura no es muy clara. Allí,  a corta distancia, se yergue otro geoglifo representando una hermosa estrella de cinco puntas.   (Foto Pedro Lázaro, 02-12-2016).
Fig. 4.  Los cerros con figuras de geoglifos vistos desde uno de los miradores. Distancia aproximada: unos 300 metros.  (Foto Pedro Lázaro, 02.12-2016).

Fig. 5.   Algunas de las abundantes figuras  representadas en la falda este de la estribación de cerros. Hay figuras geométricas (rombo escalerado)  y diseños animales. (Foto Pedro Lázaro, 02-12-2016).

¿Quién fue el descubridor de este sitio de arte rupestre?.  Un nombre ignorado.

La información respectiva no aparece en el afiche de la Fundación que hoy cuida y protege el sitio. Por fortuna, en reciente comunicación que mucho agradecemos, el  investigador de campo don Claudio Castelln Gatica, quien fuera por años director del Museo de la Oficina Salitrera María Elena, nos envía algunas aclaraciones que consideramos de mucha importancia, en lo que respecta a este increíble sitio.  Nos señala, en efecto, que él  mismo  fue su casual  descubridor en el año  1990  y, a la vez, quien lo bautizara con  este extraño nombre.  Consta, igualmente, que  fue él también quien diera a conocer el sitio a los arqueólogos, en particular al profesor Luis Briones, de la Universidad de Tarapacá (Arica), reconocido experto  en  el arte rupestre tarapaqueño.  Por su lejanía, el lugar había permanecido oculto a la mirada atenta de todos los arqueólogos precedentes, y, en consecuencia,  no existe -que sepamos- referencia alguna anterior a este sitio en la bibliografía arqueológica regional.

Exploraciones arqueológicas desde la salitrera María Elena.

Castellón en efecto, con base en María Elena, sitio de su residencia, durante muchos años recorrió incansablemente la región, tanto para procurarse objetos antiguos para su flamante Museo de María Elena, cuanto para incrementar el conocimiento arqueológico de la Región y señalar a las autoridades los peligros que corría este arte, ante el avance incontenible del progreso (Exploraciones mineras, electrificación, Carreteras, etc.). Fue así como, acompañado de  un grupo de amigos amantes de la antropología, Castellón  encontró y dio a conocer al mundo científico numerosos lugares de gran interés arqueológico y patrimonial. Con gran generosidad,  no siendo él mismo un arqueólogo formado en la Academia, sino un entusiasta autodidacta de la arqueología, supo dar  aviso a los científicos locales de sus descubrimientos. Lo que mucho le honra.

Explorando un tramo del Qhapaq Ñan junto a Chug-chug.

Con la experiencia adquirida  por nosotros (Pedro Lázaro y yo) en el estudio del camino Inca, tras numerosas expediciones en su búsqueda en la depresión intermedia de Tarapacá, entre  la quebrada de Camarones y Quillagua  (entre los años 2011-20l5),   quisimos examinar con alguna detención sus huellas aquí, junto a la cadena de cerros Pintados de Chug-chug. Lo hicimos a comienzos de diciembre del pasado año 2016. El joven guía  de la "Fundación  Patrimonio Desierto de Atacama" nos indicó someramente su rumbo.  Muy pronto dimos con los típicos trazos sinuosos, en forma de rastrillo, formados por numerosas huellas paralelas de tránsito animal,  que serpenteaban  viniendo claramente del Sureste. Se observa aquí numerosas huellas, que cubren  un ancho  medio total  de no menos de 10-12 m. Nuestro guía pareció no dar mayor importancia a esta ruta, encandilado como estaba por el estudio de los grabados en tierra  (geoglifos), rasgo cultural sin duda de la mayor importancia en este yacimiento.

Rastros de antiguas acampadas.
           
A poco andar, siguiendo el trazado de la antigua ruta, observamos unos  confusos amontonamientos de piedras al costado de una pequeña cárcava provocada por la eventual bajada de aguas.  (Vea nuestra Fig. 4). "Un antiguo campamento de viajeros", le susurro a Osvaldo.  En efecto, vemos latas de  conserva oxidadas, trozos de botellas de cerveza antiguas, alambre, herraduras,  elementos todos típicos de la época del auge de la explotación  salitrera (1870-1915). Se trataba de antiguas oquedades circulares, protegidas por piedras, aptas para pasar la noche, al abrigo de sus ponchos y monturas. La ruta fue muy frecuentaba durante el período salitrero, época en que se traía animales bovinos en pie desde Atacama, rumbo a los mataderos (llamados "camales")  de las Oficinas Salitreras.  Digo a Osvaldo: "tendria que haber cerámica indígena por aquí".  Pocos segundos después, vuelve con varios fragmentos que identifica como cerámica atacameña temprana.   Huella indeleble de un tráfico muy antiguo, de varios siglos antes de la llegada del Inca. Pronto halla Osvaldo (cuyo olfato arqueológico nos maravilla) un inconfundible fragmento de cerámica del tipo "negro pulido atacameño",  según la denominación antigua dada  por el sacerdote-arqueólogo, párroco de San Pedro de Atacama,  Gustavo Le Paige  S.J.

Un hallazgo fortuito.

Estamos bastante cerca y al oriente  de uno de los miradores instalados por la Fundación para la observación de los conjuntos de figuras de los cerros vecinos.  De pronto Osvaldo me señala un curioso círculo, formado por piedrecillas finas, de color muy oscuro.  Llamo a Pedro y le digo "¿qué te recuerda esto?". "Un geoglifo", me responde,  tras unos segundos de vacilación. Era un dibujo en tierra, inconfundible, de un imponente  sol con un gran círculo central. Figuras de este mismo tipo (prácticamente idénticas) habíamos observado con bastante frecuencia a los costados de la ruta Inca, a través del Tamarugal. Habíamos visto docenas de ellas, de diversos tamaños, con y sin un punto central característico. Nos fue, pues, fácil reconocerlo.  El círculo interior, con un  diámetro de unos 90 cm., fue intencionalmente formado acumulando innumerables piedrecillas muy pequeñas, de color muy oscuro, delineando un cúmulo levemente levantado del suelo. El círculo exterior del sol, igualmente, aunque incompleto, fue formado por unas corridas de piedrecillas finas, en un contorno de unos 14.40 m.  de longitud. Pronto nos dimos cuenta que alrededor de un tercio de la figura, había sido pisoteada y destruida por  el paso incesante de tropillas animales por la senda.  Entre el borde externo del círculo y su punto central, el área había sido clara y cuidadosamente despejada totalmente de piedras, dejando  bien visible un soporte terroso, de color mucho más claro. En un sector del borde externo del círculo, pudimos descubrir varios minúsculos fragmentos de cerámica color café oscuro. Osvaldo nos señala que se trata de cerámica de los antiguos  atacameños.

Un gran geoglifo solar.

Habíamos al parecer descubierto con Pedro y Osvaldo, un gran geoglifo representando probablemente a la divinidad solar incaica (Tata Inti), casi imperceptible a la vista por su alto grado de destrucción y degradación. Sospechamos que su presencia había escapado a los investigadores del sitio, pues no estaba señalizado.  Se halla a unos 90 m de distancia (a ojo) del mirador Nº 2. Tomamos de inmediato con el GPS las respectivas coordenadas   UTM:  482299 N y 7545197 E.  El antiguo geoglifo se halla al costado weste de la ruta Inca, y contiguo a ésta. ¿Qué pasó  y por qué  se hallaba destruido en buena parte?. Fue nuestra primera pregunta.  Tenemos ahora una hipótesis explicativa muy simple sobre este hecho. Pero antes,  mostraremos  aquí la forma en que aparece visible el geoglifo, de acuerdo al dibujo hecho en mi Diario de Campo (Vol. 98, págs. 33 y 35)  y que presentamos aquí.

Fig. 6. Croquis de terreno.  Vista general de área que muestra  el cordón de cerros pintados (a la izquierda del dibujo)  y la posición relativa del geoglifo circular (por hipótesis, el sol o Inti). Dos pequeñas cárcavas de erosión, cruzan de sureste a norweste la zona. En una de ellas, se observan varios restos de  estructuras de campamento.  Las huellas sinuosas, paralelas, propias del camino Inca toman aquí, a lo que nos parece,  un decidido rumbo NW.   El hito caminero  señalado en la Fig. 4, , al que se hace  especial referencia en la Fig., se halla en las coordenadas UTM:  482228 N y 7545360 E (Texto tomado del Diario de Campo del Dr. H. Larrain, vol. 98, pág. 33).

 
Fig. 7.   Descripción detallada , tomada de nuestro Diario de Campo, del hallazgo del geoglifo del sol (Vol. 98, pág. 34). Nos llamó bastante la atención no hallar fragmentos de cerámica colonial española  (de tinajas o botijas),  evidencia normal  del paso de españoles por la vía,  muy frecuente en otros tramos de la vía antigua.  Sólo cerámica indígena típica. Al parecer, los españoles, al revés de los indígenas, no se detuvieron aquí, ni tuvieron motivos para hacerlo.  En cambio los arrieros del siglo XIX y XX dejaron aquí rastros evidentes de su paso y acampada.
                         
Fig. 8. Página de nuestro  Diario de Campo (vol. 98, pág. 35-39).  Detalle del geoglifo circular hallado

Fig. 6. Diario de Campo, vol 98, pág. 32. Alusión al hallazgo de cerámica atacameña, en trozos muy pequeños que fueron dejados in situ. Nuestro recorrido  a pie siguió hacia el Norte, por espacio de unos  200 metros, observando las características de la vía incaica La foto de la Fig. Nº 2 corresponde exactamente a  esta sección del camino incaico.

¿Por que destruyeron parcialmente  el geoglifo y quiénes lo hicieron?.

Nos habíamos hecho esta pregunta más arriba.   Estimamos  que la causa fue la siguiente.  En época indígena solo llamas y alpacas cargadas circulaban por esta vía. La gente caminaba a pie, junto a los animales,  pues no existían cabalgaduras de monta  en épocas prehispánicas en América. Esto es sabido.  El trazo de la vía incaica -como lo hemos destacado ya-,  no superaba los 3,50-3,60 de ancho, suficiente para el tránsito de  2 a 3 animales a la vez.  No era necesario más espacio. Esa distancia estaba delineada con piedras, arrojadas al borde de la vía. La vía misma era cuidadosamente despejada de piedras que pudiesen dañar las patas de los animales o los pies de los  viajeros.  Estos, recordémoslo, calzaban siempre  ojotas de cuero. Hasta los perros acompañantes eran calzados con sendos cueros protectores.  ¿Cuándo se amplió considerablemente el ancho de la huella, (a veces hacia  100-120 m o aún más) provocando la situación actual de "rastrillo", al decir de Patricio Advis?. 

 Nuestra hipótesis apunta al empleo normal, por parte de los conquistadores españoles de caballos, mulares  y burros en lugar de las llamas de los indígenas. Ahora bien  los équidos citados iban generalmente guiados por sus jinetes, quiene los acicatean en caso necesario para acelerar la marcha. Así, estos animales fácilmente eran desviados o se desviaban del exiguo trazado antiguo algún tanto por acción de las riendas de sus propios jinetes, máxime en sectores arenosos donde no había obstáculos de ninguna clase (piedras). En tales espacios limpios, imaginamos que hasta podían trotar o galopar a gusto, para acelerar el paso. Pero la senda volvía necesariamente a restringirse al ancho antiguo  (ca. 3,50 m.  o menos)  allí donde la topografía del terreno lo exigía, v. gr. en el cruce de cauces o sectores muy pedregosos.  En síntesis, la  presencia de estos extensos y anchos "rastrillos" observables en la actualidad, sería un fenómeno producido por los conquistadores y sus animales de monta y carga.   A diferencia de los auquénidos que siempre siguen religiosamente un mismo sendero previamente pisado (para cuidar y proteger sus patas), como lo hemos podido observar en sectores montañosos,  los caballos o mulares españoles podían avanzar  velozmente sin someterse al estrecho trazado  previo de la vía Inca, y saliéndose por tanto,  impunemente de sus lindes, bajo el látigo de sus jinetes. Es lo que creemos sucedió en el caso que nos ocupa. Como las figuras rituales de geoglifos hechas en el suelo se hallaban generalmente muy cerca del trazado primitivo  (en nuestra experiencia a veces tan sólo a  uno o dos  metros de distancia),  al cruzar los españoles con sus cabalgaduras,  en lugares abiertos, ampliaron y extendieron inconscientemente el ámbito  de la huella, sin reparar en la presencia de las figuras votivas  preexistentes (geoglifos), que nada significaban para ellos. Simplemente, las pasaron a llevar y las atropellaron. 

En resumidas cuentas, fueron los propios conquistadores quienes  modificaron  con el pasar de sus cabalgaduras y animales de carga, las huellas perfectamente  circunscritas de la vía incaica o Qhapaq Ñan.  Juzgue el propio lector si esta explicación le satisface  o no, pero creemos  correspondería  bien a la índole  de nuestros animales de monta y  al criterio de sus jinetes españoles.

Y, por fin, ¿qué significa  el topónimo Chug-chug?,

No siendo nosotros lingüistas sino antropólogos, decidimos consultar al efecto a  nuestro amigo, el investigador peruano Rodolfo Cerrón Palomino,  eximio experto en lenguas andinas,  quien amablemente nos respondió a vuelta de correo. Reproducimos aquí su respuesta textual:

"...En cuanto a tu pregunta, me parece que la respuesta es sencilla: debe tratarse de la palabra castellanizada del quechua  chukchuq:  "que siempre está temblando". En tal  sentido, debe estar refiriendo a alguna particularidad del lugar. A menos que, como sugieres, sea una reduplicación de chuk que en quechua es el gotear  del agua, de manera que chukchuq será "gotera". Ambas interpretaciones plausibles, aunque yo me inclino por la primera. Es cuanto puedo decirte. Rodolfo".

Nuestra aplicación al caso presente.

Agradecemos infinitamente  el valioso apoyo lingüístico que nos ha  brindado nuestro experto amigo. ¿Cuál traducción  preferir?. Nos inclinamos claramente por la segunda. ¿Razones?.  

a)   En todo el Norte Grande suele temblar con cierta frecuencia  y por igual,  en todas partes, No hay motivo alguno que sugiera que en este preciso lugar, tiemble de modo especialmente fuerte.  En razón del argumento de  la  "plausibilidad semántica", pues, este argumento no nos parecería aplicable en el caso presente.  

b)   El sitio  arqueológico de arte rupestre Chug-chug no fue conocido antes del año  1990, y como tal, carecía de nombre particular. Ahora sabemos que fue Claudio Castellón que lo bautizó así, por la proximidad de la  quebrada de Chug-chug, distante solo unos 15 km hacia el norte.  Castellón, con o sin razón, la bautizó con este nombre, adoptando para ello el topónimo conocido más cercano: la quebrada de Chug-chug. 

c) Ahora bien, en la quebrada existe una aguada, algo salobre, que  fue siempre muy usada por los caminantes para abastecerse en su viaje por el desierto en esta zona inhóspita. En esta aguada, el agua brota  gota a gota, formando un charco pequeño. ¿No podríamos pensar que este goteo continuo en la aguada, acarreó su nombre onomatopéyico: Chukchuk?. Parecería plausible pensarlo  así.  O sea, por sinécdoque, la aguada  habría terminado otorgando su  nombre al conjunto de la quebrada.  En carta posterior, Cerrón Palomino acoge y  se manifiesta de acuerdo con esta propuesta nuestra. 
  
d) La denominación de los lugares (toponimia)  obedece siempre a la existencia de algún rasgo natural de importancia para la vida humana. En otra palabras, nunca denominaban los antiguos a las quebradas mismas por algún nombre específico, sino se daba nombre  (bautizaba)  a  algún accidente o elemento natural notorio (de la flora, fauna, topografía o geología) existente o abundante en ellas. En tiempos indígenas, las quebradas mismas, en cuanto tales, no poseían nombre propio. Fue la geografía y la cartografía de origen occidental, la que  empezó a denominar con nombre propio a accidentes  físicos tales como quebradas, ríos, pampas, lomas o cordilleras.   La quebrada de Chug-chug, pues, debió su nombre a su aguada o vertiente,  "que goteaba agua".  Esta, explicación nuestra, también sugerida por Cerrón Palomino, nos parece  preferible a la otra: "tierra que"tiembla".

e) Por fin no deja de ser muy instructivo el hecho de que este nombre sea de origen quechua (no aymara,  puquina, o lickan antai).  Y ello no nos debe sorprender, sabiendo que el Qhapaq Ñan de los Incas pasaba y pasa aún por allí mismo, muy cerca, rumbo al NW. Los incas, presumiblemente, bautizaron con este nombre a la aguada del lugar, a su paso por allí.  Ta vez ésta poseyó algún nombre antiguo en lengua puquina, pero éste no habría subrevivido. Y su nombre quechua, en cambio, como en otros lugares de Tarapacá,  ha perdurado hasta hoy  para designar su aguada y,  por extensión o sinécdoque, la quebrada homónima.  

viernes, 4 de agosto de 2017

Chug-chug: un apasionante sitio de arte rupestre en el desierto de Antofagasta.

Chug-chug, en lontananza.

Fig. 1.   Desde el mirador instalado por la "Fundación Desierto de Atacama" hacia el  conjunto de cerros  pintados de Chug-chug.  Vista desde el  SE al  NW. (foto Pedro Lázaro B., 02-12-2016).

Fig. 2.  Laderas de cerros cubiertas literalmente con las figuras llamadas "geoglifos", dibujados  en sus flancos que miran hacia el Este y Sureste.  Fotografía de Pedro Lázaro B., tomada desde el sur Este, al aproximarnos  al sitio arqueológico (02-12-2016).


Fig. 3.  Fotografía del afiche publicado por la "Fundación Patrimonio Desierto de Atacama"  que muestra muy bien la enorme y confusa concentración de figuras en las laderas de cerros que miran hacia el sur y sureste de la estribación montañosa  de Chug-chug, elegida como soporte para el dibujo de numerosas escenas, como parte de un culto ancestral.

Un nombre  sonoro pero enigmático:  Chug-chug.

La primera vez que escuché este extraño  y sonoro nombre indígena, fue de labios de mi amigo, ya fallecido, el arquitecto iquiqueño  Patricio Advis Vitaglic.  Estaba entonces Patricio preparando su último libro, dedicado al estudio minucioso del paso de Diego de Almagro por el desierto chileno. Me mostró ansioso las páginas originales ya escritas, llenas de correcciones a mano.  Era su orgullo, pues en él había invertido cientos de horas de paciente revisión de textos de Crónicas españolas, y otras cientos, en expediciones en terreno, siguiendo tramos del Qhapaq Ñan que cruza el Tamarugal.

Esta escena ocurrió por allá por los años  2001 ó 2002. Trabajaba Patricio en una estrecha oficina en el departamento de arquitectura de la Universidad Arturo Prat, en Iquique, en calle Baquedano. Estantes llenos de libros casi impedían ver las paredes de su cuarto. Fumador impenitente, encendía un cigarrillo tras otro, en el decurso de la conversación.  Recuerdo que este humo me molestaba  y procuraba yo evadir disimuladamente su  vaho, cambiando un tanto de postura, para eludir su efecto directo. El aspirar el humo del cigarrillo parecía ser, sin embargo,  parte integrante de su rica personalidad. También fue, por desgracia, causal directa de su temprana muerte. Advertido muchas veces respecto de su peligrosidad, nunca quiso hacer caso; lo atestigua su esposa. Daba la impresión de que sin este acicate constante de la nicotina, su mente no funcionaba tan bien. El lo sabía.

Dialogando con Advis.

Un día en que pasaba yo a hacer mi clase de Antropología a alumnos de la carrera de Arquitectura, me llamó. Quedamos de charlar largamente unas vez terminada mi clase. Así lo hicimos. Nos enfrascamos en una animada  conversación sobre las características físicas del paisaje del desierto que Almagro cruzara a caballo, con sus rendidas huestes de castellanos e indios prisioneros en cadenas. Conociendo Advis mi interés por la biogeografía y la botánica,  discutíamos sobre las especies de plantas que pudo Almagro y su hueste utilizar durante dicho penoso viaje. El abastecimiento de agua en las aguadas, era otro punto de examen en común. Las Crónicas son demasiado escuetas al respecto. Apenas nos dan unas tenues luces, a pesar de que algunas de ellas fueron escritas por testigos presenciales, como Mariño de Lobera, Gerónimo de Bibar  o Cristóbal de Molina. Conversábamos, igualmente,  sobre el tipo de puquios (pozos) y vertientes que pudo Almagro hallar en su trayecto y su forma de aprovechamiento. De pronto, afloró en nuestra conversación  el sitio de Chug-chug. ¿Lo conoces?, me preguntó.  "No aún", le dije y   "es ése uno de los lugares que quisiera visitar". "Sospecho, me dijo, que ese lugar tiene una enorme importancia en la  ruta de los antiguos chasquis, mensajeros del Inca". Porque - insistió - ¿cómo explicar, si no, su enorme riqueza en figuras grabadas en los cerros (geoglifos) en un sitio aparentemente tan seco, tan inhóspito?.  ¿Fue dicho lugar una encrucijada de caminos, uno en dirección  a Quillagua y la desembocadura del río Loa, y otro, hacia al norte, en procura de las quebradas de Maní y Huatacondo?. "Horacio", me dijo, "tenemos que planificar una expedición  para conocer Chug-chug; ese sitio me intriga desde hace mucho tiempo".

"No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy".

Por desgracia, nunca pudimos efectuar tal viaje y hasta  hoy lo lamento infinitamente, pues visitar sitios con un arquitecto de la talla de Patricio, tan versado en el conocimiento de las fuentes españolas, era una ocasión maravillosa para captar sus impresiones, sus ideas y contrastar en terreno sus audaces hipótesis y sus interpretaciones de las fuentes escritas  Es lo que nos suele ocurrir: so pretexto de trabajos urgentes,  dejamos para el mañana  lo que nunca termina siendo realidad. De haber yo por entonces insistido y porfiado, dicho viaje se hubiera realizado.  Y, tal vez, nuestros estudios posteriores respecto a la vialidad incaica,  hubiesen tomado un rumbo diferente...

Nuestra visita a Chug-Chug en Diciembre del año 2016.

Pasaron raudos trece o catorce años.  Chug-chug estaba siempre presente en nuestra retina, pero brumoso y lejano. Recibo de pronto de Calama una gentil invitación del Director del Museo de dicha ciudad, Osvaldo Rojas, para ir a esta ciudad de la Región de Antofagasta a dar una charlas sobre tópicos de mi particular interés. Eran éstos: el estudio de las nieblas costeras y el aprovechamiento del agua atmosférica, y  nuestra experiencia  reciente sobre el Camino del Inca en Tarapacá, tema que veníamos estudiando desde el año 2011 con colegas arquitectos de Iquique. En el trayecto, ya acercándonos a la mina de cobre de Chuquicamata, acompañado de mi excelente amigo Pedro Lázaro Boeri, pasamos junto a  una huella que conducía hacia el N, a las figuras de Chug-chug, tal como lo  indica un rótulo del camino. Una reciente y excelente huella compactada con sal, nos lleva en pocos minutos a los cerros distantes unos 14 km hacia el Norte.  Hemos llegado a nuestra anhelada meta.

La acogida en Chug-chug

Aquí nos espera la primera sorpresa: varios domos de una blancura inmaculada, al pie de la cadena de cerros bajos, contrastan con el tono café-grisáceo sucio del paisaje circundante,  estéril y solitario. ¡"Hay cuidadores"!, exclamamos. En efecto,  la "Fundación Desierto de Atacama", presidida por el dinámico arqueólogo Gonzalo Pimentel   (www.fundaciondesiertoatacama.cl),  ha instalado aquí hace alrededor de un año, un centro de control y vigilancia para proteger y custodiar esta valiosa área arqueológica. Aquí se ofrece descanso del sol implacable, baños, y una completa información turística sobre este sitio arqueológico que la Fundación ha decidido proteger, estudiar  y dar a conocer a los visitantes. Nos alegra mucho esta innovadora iniciativa de protección cultural, único ejemplo semejante que conocemos en el Norte Grande de Chile.  Vemos aparecer una joven pareja, con un niño pequeño, bien instruida sobre  el valor arqueológico del sitio y sus figuras grabadas en la superficie de los cerros. Ellos son, a la vez, custodios y guías para el visitante. Su entusiasmo por dar a conocer este centro arqueológico nos sorprende  gratamente y nos alegra:  ¡por fin aparecen iniciativas de protección cultural, reales y efectivas!.  Hay dos miradores con asientos,  instalados a cierta distancia de las figuras, para poder admirar tranquilamente, sin prisas,  el efecto visual de las mismas en su admirable conjunto. Algunas de las imágenes aquí mostradas, son fotos nuestras tomadas de un afiche de la Fundación Desierto de Atacama,  editado para dar a conocer este increíble lugar.

El escenario pictórico.

Fig. 4.   El color oscuro  del cerro corresponde a la presencia de infinitas piedras de origen volcánico, desparramadas por su superficie.  Ésta, tapizada de piedras  pequeñas, constituyó el soporte ideal para la confección de figuras in situ. (Foto Pedro Lázaro B., 02-12-2016).

Un escenario ideal para la creación  de  geoglifos.

La cadena de cerros bajos que muestran las figuras 1, 2 y 4,  constituye hoy  el límite más o menos impreciso entre la Iª y IIª Región de Chile, fue utilizada antaño por los indígenas para grabar  en sus superficies  suaves y apacibles declives, centenas de las más variadas figuras. El lugar se encuentra en las coordenadas  UTM  482299 N y 7545197 E,  a una altitud de 2.057 m. s.n.m. Hay en el área más de 500 figuras "esculpidas" allí hace mucho más de 500 años. Algunas, tal vez mil; otras,  tal vez bastante más. Las hay de círculos, simples y dobles (con y sin un relleno o punto central), rombos escalerados conformados por cuadrados bien delineados, figuras semejantes a la  Cruz de Malta, diversos  personajes humanos estilizados, con tocados (¿tal vez representando shamanes  o brujos?), dibujos de llamos, parinas y lagartos. Algunas figuras semejan estrellas, otras muestran balseros en balsas...Un sinnúmero impresionante de figuras, en su mayor parte abstractas (más del 80%, estimo a la carrera), de muy compleja y discutible interpretación.

¿Con qué fin las dibujaron?.

 La abigarrada multitud de imágenes mira en diversas direcciones  y es evidente que no hubo aquí un propósito definido de presentar paneles bien ordenados de figuras, destinados a  ser admirados desde un solo punto, como quien admira, absorto, la escena de un  cuadro en un museo.  Más bien obedecen ellas -creemos nosotros- a una lógica muy distinta de la nuestra; una lógica destinada no a una mera observación contemplativa, sino a expresar una necesidad imperiosa,  de tipo ritual-religioso. La necesidad de los viajeros de dejar estampada unas figuras, en  cualquier parte del cerro sagrado, a la manera de ex votos, y a la vista, para pedir protección  o, tal vez,  a la vez, para expresar agradecimiento a sus deidades tutelares en el transcurso del viaje emprendido. No imaginamos otra explicación al observar el aparente terrible y confuso desorden de las figuras,  desorden que parece contradecir la más elemental  lógica pictórica.

¿Tendría cada etnia aquí la reproducción de su imagen votiva particular?.

Podríamos imaginar que cada grupo humano, perteneciente a un determinado ayllo o comunidad,   al pasar por este paraje quiso dejar  reproducida aquí para  la posteridad (in aeternum) su figura predilecta, tal vez de su divinidad  o de su genio protector.  En realidad, debemos confesar sin rubor que sabemos muy poco, o casi nada acerca del significado de los símbolos aquí manifestados. A lo más, intuimos vagamente su sentido muy general, basado en su religiosidad inmanente, íntimamente ligada a la naturaleza, y de un carácter fuertemente animista. Estos códigos antiguos, hoy tan misteriosos para nosotros, desafían francamente nuestra interpretación. Si alguien pretende decirnos hoy que  ha descubierto su significado o  su sentido recóndito, lo más probable es que se equivoque. Carecemos hoy de una mentalidad religiosa al estilo de antaño, cuando la naturaleza circundante tenía un sentido muy diferente al que le damos hoy. Antaño,  el hombres se sentía  parte  integrante  de la naturaleza, a la que consideraba viva  y a ella y a sus seres misteriosos, acudía con humildad y respeto, implorando sus favores.  Esta actitud reverente ante  la roca, la cima montañosa,  la vertiente, la laguna o el río, nos es hoy totalmente ajena y lejana, porque prácticamente todas las grandes religiones dominantes hoy son creacionistas y nos hablan de una divinidad única, trascendente,  creadora y animadora del mundo y del hombre y , por lo tanto, superior a ellos.

¿Cómo están hechas sus figuras?

El sustrato elegido como base, fue la superficie plana o semiplana de esas laderas suaves de cerros bajos, tapizada de pequeñas piedras de colores oscuros, producto evidente de antiquísimas erupciones volcánicas. La carencia casi absoluta de lluvias en esta  zona hiperárida  (nos hallamos en el desierto más árido de la tierra), ha permitido la conservación in situ de los materiales superficiales que casi no han experimentado cambio alguno a través de los siglos o milenios.  Esta superficie tersa, llena de minúsculas piedrecillas de colores oscuros o brillantes fue removida  por el artista con el objeto de dejar ver, por contraste,  el color blanquecino del sustrato subyacente, de origen volcánico.  Las piedras de color negro gris oscuro o pardo que tapizan el lugar y que los vientos han pulido y dejado visibles, fueron cuidadosamente alineadas en el contorno de la figura elegida,  delineando con precisión su imagen   (animal, geométrica o  humana). La figura, pues, aparecería así a los ojos del espectador  gracias a un doble trabajo: 1)  el raspado de la superficie para dejar a la vista el color claro del subsuelo, y 2) el implante y  la colocación en sus bordes de piedras de un tamaño uniforme, cuyo conjunto reproducirá la forma exacta de la figura que se quiere  así dibujar, sea ésta una figura geométrica  (círculo, cuadrado, rombo), sea un ave, un animal, un ser humano u cualquier otra figura preferida. Como la superficie elegida de la ladera o cima  posee en forma natural un tapiz formado por infinitas piedrecillas de color oscuro (de antiguo origen volcánico), constituye éste un inmejorable soporte para la obra del artista.

No fueron creados en cualquier cerro.

No cualquier cerro ni cualquier ladera, en consecuencia, fueron considerados aptos para servir de soporte a un geoglifo. Por ejemplo, una duna o un médano de arena serían totalmente inservibles para este propósito. Tampoco sirve al efecto un cerro de superficie perfectamente lisa, sin presencia de abundantes piedras de color oscuro.  Y menos aún, un cerro o ladera rocosa, cubierta de enormes rocas o piedras.  Esta exigencia básica,  restringe bastante las posibilidades de hallar sitios aptos y adecuados. Por fortuna, en  la superficie del desierto de Atacama, sujeta antaño a vigorosos  y frecuentes episodios volcánicos, abundan  las piedras de colores oscuros: andesitas, riolitas o basaltos, rocas  que constituyen un excelente material  de base para la construcción y elaboración  de un  geoglifo.

Diseños hechos en tierra: los "geoglifos".

Estas figuras delineadas con piedrecillas de los mismos  cerros, han sido  denominadas "geoglifos", por tratarse de "glifos" o dibujos (del verbo griego glifein = diseñar, dibujar ) hechos en tierra  (geos, en griego). La expresión "geoglifo" fue acuñada por la Dra. Grete Mostny Glaser, arqueóloga austríaca avecindada en Chile,  en la década del  40 del pasado siglo,  y ha sido hoy recogida y aceptada generalmente en América para designar estas manifestaciones de arte rupestre, características del desierto hiperárido, casi del todo desconocidas en otras latitudes.

¿Cómo los hicieron?.

La técnica usada en Chug-chug, difiere bastante de la usada en varios otros lugares de Tarapacá. Así, por ejemplo,  en la quebrada de Tiliviche (norte de la región de Tarapacá) existe  un  hermoso panel de geoglifos, que parece representar un conjunto de llamas en movimiento, denominada por Luis Briones como "la caravana". En Tiliviche, las figuras  fueron construidas mediante un simple relleno de la imagen con piedras de un color oscuro, uniforme, que contrasta fuertemente con el color  claro del soporte del suelo. En Chug-chug  la técnica  es exactamente la contraria: el diseño lo forma el contorno mismo o borde  de la figura hecha con  piedras y su "cuerpo" es la tierra blanquecina extraída del subsuelo, generalmente de tipo calcáreo. (Vea nuestro artículo intitulado: "Geoglifos de Tiliviche: ¿arreo de llamas bajando a la costa del Pacífico o rito ceremonial agropecuario?, publicado en este blog  el 21 de Julio del año 2011  y su comentario).  La técnica usada en Chug-chug se asemeja muchísimo (o es prácticamente idéntica)  a la empleada en el sitio de Pintados o en el cerro isla llamado  Cerro Unita. Incluso, varios de los signos allí dibujados, son idénticos. Lo que demostraría que fueron al parecer esculpidos por un mismo pueblo, o por grupos humanos  diferentes, pero dotados de una misma cultura religiosa.

Pertenecen a épocas muy distintas.

Según los arqueólogos que han estudiado este sitio, estas figuras no serían todas sincrónicas (hechas en un mismo  tiempo o  época), sino pertenecerían a épocas muy distintas (diacrónica), que van desde los 500 A.C. hasta  los 1.500 D.C. y seguramente, también, a sociedades diferentes: recolectoras, agrícolas y/o  pescadoras., como diferentes eran los orígenes y actividad económica de las personas que por aquí transitaban.  Así parece sugerirlo el tipo de figuras  "esculpido" en las laderas de cerros bajos. Lo importante para  sus creadores era dejar trazada a su paso por el lugar, una imagen propia suya, imperecedera, en los  cerros considerados por ellos como sagrados. ¿Dónde y en qué posición exacta quedaba instalada la figura?. Al parecer, no importaba mayormente.  El "orden" en el diseño general (aspecto que a nosotros nos parece tan necesario), no pareció  interesar mayormente a sus autores. Nos hemos hecho la pregunta:  ¿poseía  y trazaba cada etnia o ayllo sus figuras predilectas  aquí, las que cuidaba, reverenciaba y probablemente también reparaba en cada  uno de sus viajes?. ¿O cada familia  viajera trazaba sus propias figuras?. En realidad, no lo sabemos, pero no parece del todo improbable.

Selección del lugar: ¿por qué aquí, precisamente?.

Uno se puede preguntar por qué aquí en Chug-Chug, precisamente y no en otro lugar. ¿Fue porque era una importante encrucijada de caminos -como sospechan los arqueólogos que han analizado el sitio-, o porque  estos cerros constituían un límite natural entre comunidades ancestrales,  o  por alguna otra poderosa razón que hoy no alcanzamos a vislumbrar?.   ¿Fue, tal vez, para efectuar un rito acostumbrado, al descender bruscamente hacia la costa pacífica desde las montañas?.  Debemos confesar paladinamente, tal como lo hemos dicho en otros capítulos de este blog dedicados al arte rupestre, que lo ignoramos. No sabemos sus causas.  Es mucho todavía lo que tenemos que aprender de las culturas antiguas y sus motivaciones más profundas al contemplar hoy  con asombro y admirar el riquísimo conjunto de  símbolos y signos  trazados  hace siglos  en  el sitio  ceremonial de Chug-chug.

Fig. 5.  Destacan en este abigarrado conjunto varios  "rombos escalerados",  denominación dada por los arqueólogos a las figuras conformadas por cuadrados dispuestos simétricamente  en forma de rombos  (tres o cuatro cuadrados por lado), con o sin  presencia de un círculo central.  Pero también se observa algún personaje humano, tal vez un shamán.

Fig.  6.  Por la parte central y en sentido diagonal, se puede observar el trazado de un antiguo sendero, el  que tal vez  fue utilizado para la construcción y elaboración del conjunto de geoglifos.

Fig. 7.   Hemos hecho un zoom a la figura para destacar la presencia de  tres personajes humanos, provistos de tocados ceremoniales. Uno de ellos (a la extrema derecha) porta elementos  en  sus manos (¿ sus insignias de mando, tal vez?)  y tiene  semejanza  con el  gran personaje representado en el Cerro Unita  (al Este del pueblo de Huara, en la Región de Tarapacá), el que ha sido identificado como Tunupa, deidad de Tiahuanaco, representada en la famosa Puerta del Sol.  


Fig. 8.   Nos intriga la  gran abundancia de círculos  (simples y  complejos) . Algunos han estimado que  el círculo correspondería a una representación frecuente de Inti, la divinidad solar propia de los Incas. Pero no nos consta.

Fig. 9.    Arriba, a la derecha, aparece  una figura que semeja una cruz cristiana, pero, a diferencia de ésta, no  presenta su brazo central más largo que los otros. Parecería tratarse de una representación de la Cruz del Sur, llamada chakana por aymaras y quechuas. Esta constelación es claramente visible en la zona de Antofagasta, apuntando hacia el sur  astronómico.


Fig. 10.    Figuras geométricas de líneas, cuadrados, círculos y rombos,  coexisten con figuras animales. (foto Pedro Lázaro  B., 02-12-2016). 

Fig. 11.  Como en un caleidoscopio, las figuras aquí parecerían  rotar en torno a la estrella de gran tamaño que ocuparía presuntamente el centro.



Fig. 12.    Se observa en esta sección del panel  el notable dominio por parte de los artistas de antaño, de los materiales usados para el trazado de las figuras.  La figura del lagarto,  a la derecha, con su típica cola larga y el círculo de la izquierda muestran  un  bien cuidado relleno interior de piedrecillas para  realzar ciertos rasgos. (Foto Pedro Lázaro, 02-12-2016).

Fig. 13.   Leyenda que acompaña al cartel  de  difusión  de las representaciones del sitio de Chug-chug. Se hace aquí particular hincapié en el rol de este sitio como articulador de sendas o caminos prehispánicos que conducían, respectivamente, a los oasis verdes de Calama (en el Loa medio) y Quillagua (en el Loa inferior, hacia la costa). Era encrucijada de caminos antiguos, sin duda alguna. A nuestro entender, sin embargo,  mucho  más importante  aún era su rol como "centro ceremonial" para los antiguos caminantes, que en estos cerros realizaban sus figuras, no "por amor al arte", ni por deporte placentero, ni para indicar rutas, sino por necesidad religiosa vital para lograr el éxito en sus movimientos y viajes. Aquí tomaban contacto con la divinidad, como hoy los peregrinos lo hacen  en alguno de nuestros Santuarios. Podemos imaginar que aquí, ante estas figuras,  sagradas para ellos, hacían ellos sus preces y oraciones para asegurar un "buen viaje" y acampaban por algunas horas antes de proseguir,  llenos de fe en la protección de sus dioses tutelares, el viaje proyectado.

Comentario eco-cultural.

1. Llama poderosamente la atención la enorme concentración de figuras en  un espacio relativamente reducido. Casi no hay ladera que mire hacia el E o  SE que no haya sido aprovechada íntegramente como base o soporte  para  la confección de  innumerables figuras.

2. Se observa a veces superposición de figuras, seguramente   hechas en diverso tiempo, por diversos grupos humanos.  Algunas, ya casi borradas por el transcurso del tiempo.

3. Nos parece obvio que el sitio  fue lugar obligado de detención de viajeros y caravanas a través del desierto, pues un tramo importante del Qhapaq Ñan  pasa,  a muy corta distancia, por su costado Este rumbo al NW.

4.  Predominan  ciertas curiosas figuras en este conjunto desordenado, a saber,  los círculos en variadas formas  y  los "rombos escalerados". Esta última figura,  muy abundante en la zona de Tarapacá,  es una de las figuras más enigmáticas en estos conjuntos de geoglifos. Su sentido profundo ha desafiado hasta ahora a los arqueólogos.

5.  Aunque no sabemos qué tipo de rituales de paso practicaron aquí los antiguos viajeros, resulta lógico pensar que fueron realizados, tal vez, desde cierta distancia, desde algunos puntos desde donde las figuras podían ser observadas y veneradas perfectamente.

6. Tal vez pueda ser de interés paras los investigadores del futuro,   detectar con precisión el o los sitios desde donde antaño fueron observadas (y veneradas ritualmente)  estas figuras. Tal vez sus creadores hayan dejando allí algún rastro material de su práctica ritual: como p. ej. la presencia de malaquita finamente molida, o conchas, en calidad de ofrenda, elementos que hemos hallado  en varios lugares  provistos de geoglifos y a  cierta distancia de los mismos.

7.  Existen  en efecto varios restos de antiguos campamentos de viajeros  muy cerca del sitio donde hoy  se alzan los miradores levantados por la Fundación antropológica que los protege.  Sospechamos que desde aquí (y no junto o cerca de las figuras mismas) eran observadas y veneradas ritualmente sus figuras ancestrales y sus seres protectores.

8. A pesar de los numerosos estudios realizados sobre  este abundante arte rupestre de Tarapacá y Antofagasta hasta hoy,  creemos que queda todavía "mucha tela por cortar", para descubrir y revelar el sentido profundo de cada una de sus figuras. La figuras animales, probablemente, representan a sus respectivos dioses o seres protectores, pero las numerosas y variadas figuras geométricas son mucho más enigmáticas, y su sentido profundo se nos escapa por ahora.

9.  En nuestro próximo capítulo del blog, ya en preparación,  presentaremos valiosas evidencias obtenidas por nosotros en nuestras dos visitas efectuadas en el mes de diciembre  2016  a sus proximidades, las que atestiguarían con certeza una  muy antigua presencia y paso por este  lugar. Nuestros lectores se llevarán -lo esperamos- una grata sorpresa.

10. Por fin, tal como aludíamos más arriba, este lugar constituye para nosotros un verdadero y auténtico "centro ceremonial" o "santuario" para las generaciones de caminantes de antaño, probablemente originarias de diversas tribus y regiones.  Aquí quedarán representadas para siempre sus deidades y sus dioses tutelares con los cuales tal vez dialogaban  y/o imprecaban al pasar por este sitio estratégico, rumbo a sus destinos lejanos.

11. Considerar, por tanto  -como lo hacen algunos-  este sitio tan solo como un estratégico y notable señalizador de caminos y rutas de la antigüedad, a nuestro juicio es diluir y empequeñecer  este potente legado cultural  desconociendo su verdadera dimensión espiritual basada en la vigencia y  el vigor de la  religiosidad andina y sus formas concretas de expresión en el paisaje.

12. Nos queda por presentar también el probable significado de este topónimo que nos parece onomatopéyico. Lo que esperamos  llevar a cabo en el próximo capítulo, en preparación.