viernes, 14 de febrero de 2020

Evangelizando a los grupos Changos de El Paposo: Notas antropológicas de una expedición de misioneros en el año 1841.




Fig. 1.  Perspectiva de la caleta pescadores de  Paposo  tomada por nosotros  en el año 1981 con motivo el viaje del Grupo Chile-Perú de Estudios de la Camanchaca (Foto H. Larrain  Junio 1981).

Informe de misioneros en 1841.

Presentamos aquí a nuestros lectores un estudio eco-antropológico del  Informe presentado por  un grupo de misioneros dirigidos por el presbítero  don  Rafael Valentín Valdivieso para evangelizar a las familias de Changos asentados en la zona. El documento está fechado el 10 de Mayo del año 1841 y está dirigido a don Manuel Montt, Ministro de Justicia, Instrucción y Culto del gobierno de Chile.  Este precioso documento nos ofrece multitud de observaciones realizadas entre los grupos de pescadores Changos de la zona entre Caldera (por el sur) y la Punta Miguel Díaz ( por el norte)  durante el período de la misión  (febrero-marzo 1841), y nos permite entender y comprender mejor  su ethos, población y costumbres por esos años.

Las imágenes  1, 2 y 3 que acompañan este trabajo, fueron tomadas por nosotros en la misma  zona de Paposo con motivo de nuestra visita del mes de Junio del año 1981, y  pretenden servir de marco de referencia geográfico-ecológico al antiguo trabajo que aquí  comentamos.

                         
Fig. 2. Año 1981. Vertiente en la quebrada de Paposo (extremo sur de la IIª Región de Chile). Miembros del equipo expedicionario peruano-chileno de estudio de la camanchaca costera se detienen para observarla en detalle. Se observa una rústica choza de una familia de cabreros locales y su corral anexo.  Un pequeño estanque de acumulación  permite regar una huerta aledaña (Foto H. Larrain, 8/06/1981).


                      
Fig.  3.  Vegetación típica del borde costero en la zona de Paposo, a escasa altitud sobre el nivel del mar  (10-15 m.), formada por arbustos y un copioso manto de hierbas rastreras de una Nolana sp., tal vez  Nolana sedifolia (foto H. Larrain, 8/06/1981).

Fig. 4.  Dibujo  hecho in situ por el naturalista Rodulfo A. Philippi  de chozas de Changos en la caleta del Paposo en diciembre del año 1853, unos 12 años después de la visita de los misioneros  (Cfr. Philippi,  1860, sección imágenes). Lo estampamos aquí  para ilustrar mejor el habitat y el modo de vida de los pescadores Changos aquí descritos. Suponemos fundadamente que el breve lapso de tiempo transcurrido entre ambas visitas, no habría modificado mayormente ni el paisaje  ni  las costumbres propias de sus habitantes.

Una misión fuera de lo común. 

Entre las innumerables descripciones de los pescadores-recolectores Changos de la costa norte de Chile y sus curiosas balsas hechas de cueros de lobos marinos, destaca, en la primera mitad del siglo XIX, el relato circunstanciado hecho por un grupo de sacerdotes de Santiago, que se ofrece para misionar en la caleta del Paposo y sus cercanías, lugares por entonces de muy difícil acceso. Sus únicos habitantes, todos pescadores, constituían el núcleo de población más septentrional de la república de Chile por entonces y, por ser lugar tan recóndito, muy rara vez eran visitados por los misioneros católicos. Su total abandono espiritual y humano commueve profundamente a don Rafael Valentín Valdivieso y varios otros sacerdotes quienes escriben al arzobispo recién electo de Santiago (1840), don Manuel Vicuña Larrain, ofreciéndose a misionar en el extremo Norte donde había suma escasez de sacerdotes. El arzobispo electo Monseñor Manuel Vicuña (1778-1843), acoge con alegría su ofrecimiento y solicita del gobierno chileno apoyo económico para el envío de la delegación. (Cf. Matte Varas, 1981:51; ver bibliografía).

En un trabajo nuestro publicado en 1981 (Ver bibliografía, infra), hemos hecho un pequeño extracto del relato del sacerdote Joaquín Matte Varas, en especial en lo referente al modo de vida de los Changos pescadores y al ecosistema de la niebla o camanchaca gracias al cual logran sobrevivir en esta costa del desierto. Aquí, en cambio, nos hemos propuesto re-examinar más a fondo dicho documento para destacar sus aristas tanto antropológicas como ecosistémicas. En particular, nos interesa reunir y examinar detalles sobre el modo de vida y costumbres de los Changos habitantes autóctonos del litoral del Paposo.

La más completa descripción del grupo Chango en su época.

A nuestro modo de ver, la descripción de los misioneros del modo de vida, ethos y cultura de los pescadores Changos -que el autor solo denomina  "paposinos"-,  es, lejos, la más completa existente por esas fechas (1841), y abarca varios aspectos de la vida de estos pescadores que escapan generalmente a otros viajeros o descriptores,  la mayoría de los cuales solo topan accidentalmente con esos pescadores o sus balsas de cuero de lobos marinos, y a quienes hemos rotulado, por eso mismo, como  esporádicas "aves de paso".
    El apoyo del gobierno de Chile.

    En nombre del  Presidente de Chile don Joaquín Prieto, su Ministro de Justicia, Instrucción y Culto  don Manuel Montt  contesta  la carta del Arzobispo en los siguientes términos: "esta misión llena el deber que tiene el gobierno y los pastores de la iglesia chilena de proporcionar doctrina a aquellos fieles extremadamente necesitados" (Matte Varas, 1981: 51-52).

    La misión al Norte tuvo una duración de casi tres meses, y estuvo formada por  ocho sacerdotes, de los cuales cinco  misionaron en la zona de Copiapó y  el mineral de plata Chañarcillo,  y tres fueron destinados específícamente a El Paposo y caletas próximas. Estos últimos fueron don Rafael Valentín Valdivieso, jefe del grupo,  Joaquín Vera y José Ignacio Víctor Eyzaguirre. El gobierno cooperó con $ 2.000 para los gastos y puso a disposición del equipo un buque de la Armada  para su traslado al Norte,  recomendando al gobernador de Copiapó el apoyo irrestricto de la delegación.  El documento de  Comisión del gobierno estipula exactamente: "Se comisiona al mismo don Rafael V. Valdivieso para que, examinando el lugar del Papososus circunstancias, su territorio, sus proporciones, el número de habitantes, su distancia de la capital de Copiapó y todo lo demás que conviene tener presente....".  (Matte Varas,  1981: 52; énfasis nuestro).

    En relación al texto recién citado, nos llama la atención el encargo especial de suministrar al gobierno nacional noticias fidedignas sobre las características físicas del territorio y el número y características de la población de pescadores. Para el gobierno de Chile, este viaje era una ocasión extraordinariamente propicia para  obtener noticias fidedignas de este alejado territorio y sus huidizos habitantes, del que sólo se tenía noticias  vagas  o poco  confiables.

    A continuación,  seguiremos fielmente y comentaremos el texto del documento titulado "Misión del Norte" que consigna Joaquín Matte Varas (1981:  56-64). Nos concentraremos, de modo muy especial,  en la información relativa a los  pescadores Changos y sus modos de vida en ese curioso ecosistema litoral, bañado por la camanchaca. El documento aporta, además, otras noticias históricas, sin duda  de interés para los historiadores de la región.

    El viaje.





    El grupo se embarca en Valparaíso y llega al "puerto de Copiapó" (se trata de "Puerto Viejo", situado al sur de la desembocadura del rio Copiapó), el día 7 de Enero del año 1841.  Después de misionar todos juntos en la ciudad de Copiapó y alrededores, el grupo se divide de suerte que el grupo mayor se queda en  la ciudad de Copiapó  y los otros tres,  cuyo jefe era Rafael V. Valdivieso, regresan al "puerto de Copiapó" para embarcarse en la goleta Yanequeo, de la Armada Nacional. Ésta los desembarca en la caleta de Guanillo, ante la imposibilidad de recalar frente al Paposo. Desde allí se dirigen a pie -recorriendo una distancia de una legua = aprox. 6 km.) según el texto- para arribar a la "Estancia del Paposo", donde son alojados en unas casas de la administración. Allí quedan instalados  y son mantenidos durante su estadía de casi tres meses por la generosidad del dueño de la estancia, el señor Gallo.

    El Paposo.

    La estancia denominada "El Paposo" formaba parte de la propiedad de don Miguel Gallo Vergara, rico hacendado de Copiapó  y comprendía una extensa zona de "cuarenta y cinco leguas," de costa (es decir unos 270 km) , desde el lugar nombrado "Hueso Parado" hasta la punta de Miguel Díaz, lugar que era reputado a la sazón como el límite con Bolivia, y donde comenzaba -hacia el Norte- el desierto absoluto, totalmente carente de agua y vegetación.

    Presencia de los pescadores Changos.

    Una vez instalados y avisados los pescadores Changos de su llegada, éstos acuden y se apresuran a  concentrarse en sus cercanías, formando con sus chozas portátiles un verdadero pueblo trayendo consigo hasta sus cabras y animales domésticos. (Cf. Matte Varas, 1981: 57).

    El Paposo.

    Es sumamente interesante, desde un punto de vista ecológico-cultural, analizar la detallada descripción geográfica que los sacerdotes hacen del lugar  y sus habitantes pescadores, los Changos. En este trabajo, las notas  entre paréntesis añadidas al texto, son nuestras. Entre corchetes [  ], hemos sugerido,  también, por razones metodológicas, la división del texto en párrafos distintos. A continuación, copiamos literalmente  sólo algunas secciones atingentes al tema del Informe que, por fortuna para nosotros incluye, in extenso, el presbítero Joaquín Matte en su artículo del año 1981. (El documento original se encuentra, según este autor,  en el Archivo Nacional, Ministerio de Justicia, Instrucción y Culto, vol. 35, Nº 28;  cit. in Matte Varas, 1981: 51-64).

    Secciones del documento analizadas (Notas nuestras).

    [Características del clima].

    "El temperamento en Paposo es más templado que el de Copiapó (1). Se nos aseguró que desde Julio o Agosto hasta Noviembre o Diciembre (2)  llueve con frecuencia, aunque los aguaceros no son muy copiosos (3) y nosotros observamos  durante el tiempo de nuestra permanencia (4), que rara vez deja la niebla de cubrir los montes. A esto, seguramente, es debido el que se mantengan perennes las muchas vertientes, que si bien no bajan a los planos, por lo menos proveen de bebidas cómodas a los ganados que por ahí pastan" (5). (Matte Varas, 1981: 57).

    [Presencia de  vegetación en los cerros].

    "...Entre la playa y la sierra hay planos que por lo regular son de poca extensión (6), áridos y que casi no admiten cultivos por la escasez de agua.  Los cerros son elevados y forman un cadena que corre toda la costa (7).  Aquí es donde se encuentra con abundancia pasto, que conserva su verdor la mayor parte del año....". (8) (1981: 57).


    [Intentos de establecer un poblado permanente para los Changos].

    "Tres leguas al sur de Junquillar, en el lugar nombrado Estancia Vieja,  quedan vestigios de la casa en que habitó el Ilustrísimo Señor D. Rafael Andreu Guerrero, antes de ser obispo de  Epifanía, auxiliar de varios obispados con residencia en Paposo (9). Hay tradicion de que en este punto pensó formar un aldea para reunir a algunas personas en población (10). En efecto, el terreno presenta un superficie plana, quizá [la] de más extensión que se encuentra en aquellas costas; y aunque no parece el más a propósito para plantaciones, puede ser que con algún  trabajo se lograse hacer correr el agua de una vertiente cercana, y con este auxilio, cultivarlo. Lo que sí me parece muy difícil es que aquellas gentes se reduzcan a poblado, renunciando a la vida vagante a que los impele su misma profesión y los hábitos que han contraido (11)". (Matte Varas, 1981: 58), énfasis nuestro).


    [Actividad  de pesca,  sus  implementos típicos y embarcaciones].

    "Su ocupación favorita es la pesca del congrio, que abunda mucho por allí (12), y es digno de notarse el modo cómo lo pescan. Este pescado es de aquellos que solamente pueden cogerse con anzuelo, y los pescadores de nuestras playas (13), para hacer esta operación, colocan una cuerda, de modo que a costa de un incesante trabajo, solo  van sacando el pez uno en pos de otro. Mas los paposinos (14)  tejen a propósito un trozo de cañamo de poco grueso y mucha consistencia, que llaman varilla, y van poniendo en distancia de pie o pie y medio (15) cada anzuelo, hasta reunir setecientos u ochocientos: luego colocan guijarros de trecho en trecho, para que se mantenga la varilla estirada en el fondo del mar y, en sus dos extremos, aseguran otras cuerdas que terminan en sus respectivas boyas, para servir de señales que den a conocer el lugar donde están. Con este arbitrio, los pescadores sin más trabajo que tender la varilla al anochecer, y recogerla al siguiente día, cogen una pesca abundantísima. En la primera ocasión que vi sacar uno de estos lances,  conté hasta ciento noventa y tantos peces, y felicitando al pescador por su buena suerte,  el me contestó con frialdad que cuando no llegase a trescientos o cuatrocientos, apenas era regular; y posteriormente supe que esta misma era la opinión de todos. Desechando también el anzuelo de fierro por quebradizo y de poca duración en el agua, ellos los trabajan de planchas de cobre (16). Las únicas embarcaciones que usan son balsas de piel de lobo (17),  y como aquellos mares rara vez  se alteran,  hacen en ellas sin temor alguno viajes muy largos". (Matte Varas ,1981:58).

    [El comercio del pescado seco].


    "Al ver la facilidad con que [se] acopia gran cantidad de pescado,  que con la misma  [facilidad], se seca (18),  y pocas veces deja de venderse con prontitud en Copiapó y en el Perú (19),  todos creerán  que este giro era muy productivo; mas no es así, pues los paposinos solo pescan compelidos del hambre, o la necesidad de cumplir un contrato,  cuyo importe han recibido con anticipación.  Quizá por esta misma desidia no se dedican a la agricultura (20); pues no es posible que dejen de producirse granos y hortalizas en aquellos cerros más fértiles, que al parecer contienen excelentes secanos para sementeras (21). Nosotros vimos hermosos [ejemplares de] maíz, trigo y zapallo y hasta plantas de sandía y melón, bien que en terrenos cultivados con riego".  (Matte Varas, 1981:  58-59).

    [Su ganadería y su empleo].


    "La ganadería es abundante con respecto a la población y aunque pocos y pobres, tienen ganado mayor (22). El propietario de la hacienda [don Miguel Gallo] ha formado una gran masa, del que condujo  desde las provincias limítrofes de la república Argentina. Pero casi a ninguno falta su rebaño de reses menores  (23). El borrico es ahí, por su fortaleza y brío, la bestia de carga más común. y, según las noticias que adquirimos, hacía mucha cuenta su crianza,  pues los comerciantes de Atacama los buscan con empeño  y ofrecen buenos precios; mas  aquellas gentes tampoco hacen caso de este giro. Lo único en que suelen emplear a los que tienen para su uso,  es el cargar metales desde la mina del Salado al puerto de Chañaral (24)".


    [Su modo de poblar ,  sus viviendas  y su ajuar doméstico].


    "Aunque  hay mucho congrio en toda la costa, no siempre se consigue con la abundancia con que los paposinos lo desean; y esto hace que trasladen continuamente su habitación de un lugar a otro (25), llevando consigo su equipaje y familia, excepto aquellas personas destinadas para el cuidado de su rebaños, que no lo desamparan en los lugares donde pastan (26). Por esta causa, sus chozas son en extremo sencillas y más propias de salvajes que de  hombres civilizados (27).  No se componen más que de algunas costillas de ballena que tapan con pieles de animales y  andrajos, dejando una gran parte sin cubrir. Son redondas,y solo tienen  dos varas y media o tres de diámetro, y poco más de la mitad, de altura (28). El ajuar corresponde a la miseria de sus casas (29); pero su vestido es quizá más cómodo y decente que el de otros pescadores de nuestras costas (30)". (Matte Varas, 1981: 59).


    [Su población a la fecha;  1841].


    "Un señor dijo que la población se había disminuido desde que el propietario de la hacienda comenzó a criar ganado y a exigir, con este motivo, que las bestias que talaban pastos compensasen su valor con el del jornal que debían recibir por trabajos en la misma hacienda; pero indagando qué gentes se habían ido para Cobija y otros puntos (31), observamos que esta decantada migración era quasi insignificante."
    "Las chozas están situadas a gran distancia unas de otras (32), pues en las cuarenta y cinco leguas (33) de la extensión del Paposo, solo hay dieciocho familias. A más de éstas, desde poco tiempo (34)  existen dos al norte de la punta de Miguel Díaz, o sea, en el territorio que aquellas gentes miran como perteneciente al desierto y entre las veinte, comprenden  ciento noventa personas de todos sexos y edades (35)". (Matte Varas, 1981: 59).


    [Su alimentación  y forma de obtención en el desierto;  el agua].


    "El alimento ordinario de los paposinos es el pescado y marisco;  pocas veces comen sustancias animales (36) y rarísimos vegetales sino es el chahual de que usan con frecuencia en lugar de fruta y legumbres (37). Dan este nombre a la parte que está cerca de la raíz en el arbusto que nosotros vulgarmente llamamos cardón y que allí es más tierno y de un sabor algo dulce. Tienen  gran afición a la coca (38);  pero solo pueden conseguirla a precio muy subido,  por lo que su uso no es tan común como en el Perú. No dejó de causarnos extrañeza  que, como llevo dicho, dos familias habitaban en el desierto (39). Procurando averiguar el modo cómo vivían [allí] se nos dijo que en la época de las lluvias no faltan medios de subsistencia para racionales y las bestias (40), que algún tiempo después se proporcionan  bebidas con ciertos aljibes que la naturaleza ha formado en la cavidades de las peñas y que ellos llama tinajas (41); pero como al fin  esos arbitrios y el pasto paras los rebaños se acaban,  apurando nuestras preguntas, los de una familia contestaron que era el primer año que ellos habitaban en ese punto y que tenían pensado volver a Paposo. mas de los otros no pudimos obtener respuesta satisfactoria  y aquellos que los trataban de cerca  nos aseguraron que es inexplicable cómo subsisten, bien que ellos y sus pequeños rebaños  están ya conturalizados con el uso de ciertas aguas, que nadie más puede tomarlas" (42).  (Matte Varas, 1981: 59).


    [Su carácter, respeto a los mayores y religiosidad].


    El carácter de los paposinos es suave y sus costumbres, aunque se resienten algo del aislamiento en que viven,  lejos de inclinarse a la barbarie, conservan ciertos rasgos de sencillez primitiva (43). Respetan mucho la autoridad paterna, veneran a los ancianos y  tienen particular esmero en honrar a sus muertos (44). Jamás tendría conformidad el hombre de cualquier edad que hubiera contraido matrimonio o hecho otro acto importante en la vida, sin la venia de su padre. Vimos una vez llegar a la misión a una anciana, como de noventa años, bastante ágil,  que era el tronco de las familias que alli existen ahora,   y apenas la vieron llegar su hijos y nietos (entre los que había algunos casi septuagenarios),  cuando todos se postraron en tierra y no se levantaron mientras no les dio su bendición (45). Al tiempo de celebrar el santo Sacrificio de la Misa por sus finados, los deudos inmediatos hacían duelo con verdadero llanto, y al salir de la iglesia para visitar el cementerio donde reposan sus huesos, publicaban a voces las buenas cualidades que, los habían distinguido en vida,  no obstante que hacía mucho tiempo que eran muertos. Uno de aquellos hombres más notables, a la hora de su muerte,  rogó a sus hijos que llevaran sus cenizas al sepulcro de sus padres,  y para cumplir con este encargo, tuvieron que atravesar  grandes distancias,  hasta colocar el cadaver en una de las poblaciones de Atacama (46), a costa de crecidísimos gastos". (Matte Varas, 1981: 60).


    [Interés por instruirse].

    "Aunque son ignorantes, conocen las ventajas de la instrucción y ansían por ella. Entre los jóvenes que concurrían a la misión, conocimos una como de dieciocho a veinte años, la cual sin otro maestro que los transeúntes de quienes mendigaba algunas lecciones, aprendió regularmente a leer y  escribía de modo que se daba bien a entender. Todos recibieron las cartillas que distribuimos entre ellos y en los pocos días que permanecieron con nosotros en la misión, conocimos que avanzaban bastante en la lectura (47). Allí rara vez llegan licores, de modo que es casi desconocida la embriaguez; tampoco oí quejarse de robos ni pendencias; y así es que la justicia se administra sin fuerza". (Matte Varas, 1981:  60).

    [Otros grupos  de pescadores visitados en el trayecto de regreso].

    "Concluídas nuestras tareas, resolvimos volvernos por tierra para misionar en los puntos habitados de la costa, y fue tal el sentimiento que manifestaron [los Changos] al tiempo de nuestra separación, que nos fue preciso, para consolar aquellas gentes, asegurarles que el gobierno se empeñaba en remediar de un modo permanente sus necesidades espirituales. El 23 de febrero salimos para Copiapó, y el 24  comimos en el punto que llaman Agua del Cura, situado en los confines del Paposo, y que es alojamiento preciso por la dificultad  de proporcionarse agua para beber (48). Cerca del deslinde de la hacienda está el hermoso puerto que ahora conocen con el nombre de  Hueso-Parado, y que según todas las apariencias  debe ser la ensenada que en las cartas se denomina del río Salado (49). Al anochecer, partimos de Agua del Cura para pasar de trasnochada las treinta leguas del desierto, sin agua, que hay hasta la hacienda de Cachinal. Al principio se camina hacia el este, como cinco leguas por una espaciosa barranca que llega hasta el mar y, según se nos dijo, atraviesa desde la cordillera de los Andes. Hoy está enteramente seca, pero en otra época debió correr un río no despreciable, o por lo menos, de tiempo en tiempo ha habido grandes avenidas (50)...".

    "Al salir de la barranca, varia el camino su rumbo al sur y pasa por llanadas más o menos extensas, con pequeñas colinas, hasta el Cachinal (51) donde llegamos el 25, poco después del mediodia. Esta hacienda es de muy poca importancia, y sólo notable por el manantial, cuya agua se mira como una de las mejores de aquellos lugares.. Nosotros extendimos cerca de él nuestra carpa, porque no había donde alojarnos, y allí misionamos a todos aquellos habitantes, que apenas componen unas cinco familias. De éstas, los unos viven en la caleta de Pan de Azúcar, y los otros en las inmediaciones del manantial, distando ambos puntos entre si  como cinco leguas..."(52).

    "Una persona muy conocedora de aquellas costas  me aseguró que este punto es el que marcan las cartas con el nombre de Juncal;  y a mi juicio la situación lo indica  perfectamente,  porque allí llaman cachina lo que nosotros conocemos como junco marino (53), y la caleta es parte de la hacienda de Cachinal" (Matte Varas, 1981: 61). 

    "En la caleta del Obispo  hay una vertiente de agua en extremo salobre,  pero como a las dos leguas adentro de la quebrada se encuentra otra mejor y abundante, pues con ella se ha formado una vega donde pastan los pocos animales de aquellas gentes (54). Hay tres o cuatro familias (55) y como parte de los hombres había ido a Cachinal y la demas gente estaba preparada para aguardarnos, pudimos fácilmente administrarles los sacramentos (56) en menos de veinticuatro horas, y seguir nuestro camino antes del mediodía del [día] dos....".

    "De la caleta del obispo había como quince leguas  (i.e. aproximadamente 90 km)  a la Caldera, que antes era el puerto principal de Copiapó y hoy a pesar de su buen surgidero se halla reducido a servir solamente para el embarque de metales de uns pocas minas inmediatas. Toda la población se reduce al mayordomo que cuida de las bodegas y unos cuantos pescadores (57), sin que se encuentre una  sola choza desde la caleta del Obispo hasta la ensenada de la Caldera..." (Matte Varas, 1981: 62; énfasis nuestro).


    "El aspecto que presentan los terrenos de la costa desde Hueso-Parado hasta la quebrada donde corre el río de Copiapó es muy diverso del Paposo propiamente dicho;  porque exceptuando alguna parte de la hacienda de Cachinal y uno que otro lugar bien corto, todo lo demás es árido, arenoso, o tan cubierto de piedras que difícilmente se consigue vegetación. Las gentes que habitan en los puntos que llevo mencionados, y en especial las de Cachinal y el Obispo  tienen, con poca diferencia, el mismo carácter, hábitos, modo de vivir y costumbres  que los paposinos (58); y aún cuando no visitamos personalmente el alto Chañaral, ni nos detuvimos en la Caldera, según lo que se nos informó,  creo que todos los habitantes que hay desde el límite  austral del Paposo hasta el puerto actual de Copiapó,  no alcanzan a ciento; de modo que juntos con los del mismo Paposo, apenas llegarán a poco más de doscientos ochenta" (59). (Matte Varas, 1981: 63).

    "Por  relación sucinta que he hecho a V.S., es fácil conocer que el Paposo dejaría de ser insignificante como ahora es si sus habitantes abandonasen la inacción en que están (60) y empleasen su trabajo en aprovechar las ventajas con que allí la naturaleza los convida. Entonces se haría mucho más productivo el giro de la pesca, se sacaría mayor lucro de los pastos y los terrenos recibirían el cultivo de que son susceptibles. Habiendo agricultores activos que se dedicasen a la  labranza (61), el propietario de la hacienda preferiría [recibir] el canon que les pagasen sus colonos, a la crianza de ganados mayores, que pasando de cierto número ofrece mil inconvenientes. Con la abundancia de víveres y trabajadores, haría cuenta  explotar las minas que en otro tiempo se han explotado en Paposo y que quizá se ven abandonadas por la carestía y escasez de una y otra cosa. 
    Es verdad que para conseguir esta transformación, era necesario criar nuevos hábitos y hacer variar de ideas a aquellas gentes (62); y eue esta empresa es difícil, pues a su ignorancia se  junta el aislamiento que no les permite  aprovecharse de ejemplos ajenos. Pero, ¿quiénes más a propósito para ella que los sacerdotes que por elección propia la tomasen a cargo?. El respeto que allí se les profesa y la confianza  que se tiene de sus buenas intenciones son resortes muy poderosos, y del que no es fácil  puedan usar otras personas (63)".  (Matte Varas, 1981: 62-63).

    A continuación,  el misionero apunta a la necesidad de que el gobierno nacional no deje abandonados a esos cerca de 300 chilenos que necesitan atención. Sugiere que se establezca en el lugar del Paposo una Vice-parroquia o, al menos, una misión permanente a cargo de religiosos de convento. El autor sugiere también  que  se pueda facilitar desde la hacienda la disponibilidad de cabalgaduras para acceder al lugar  y la entrega de un pequeño rebaño para su sustento.

    Por fin, el documento señala la urgente necesidad de establecer  una escuela en el lugar:

    "La escuela de primeras letras que el Supremo Gobierno quiere establecer en Paposo sería de grade utilidad; ofrece dificultades que solo podrían vencerse si se enviasen sacerdotes". 

    En este contexto, indica:

    "Con este apoyo [del gobernador de Copiapó]  hice cuanto pude por realizarla; se consiguió maestro sobraban discípulos anhelosos, pero como las familias viven a tan largas distancias unas de otras, fue imposible facilitar su concurrencia (64) pues los arbitrios que se presentaban excedían de las facultades con que se contaba. Me contenté con distribuir cartillas y catecismos a cuantos los pedían.....". 

    "Bajo la dirección de hombres de confianza como deben ser los sacerdotes que vayan, puede reunirse algunos jóvenes, y permanecer a su lado mientras aprendan a leer y escribir pues, estando acostumbrados a vivir del pescado y marisco (65), ellos mismos se los podrían proporcionar en los ratos  que para ello se designasen. Y si esto no es realizable,  pueden tomarse otros temperamentos de los que ya he indicado algunos  al señor Gobernador de Copiapó cuando le informé sobre este particular. (66)..." (Matte Varas, 2981: 64).

    Comentario eco-antropológico al texto (Notas).

    (1)  "Temperamento" es la voz antiguamente usada para designar el  tipo de clima. En efecto, el clima costero en esta porción del Norte Grande de Chile es templado y muy benigno, observándose una pequeña oscilación de la temperatura  entre el día y la noche (alrededor de  5º - 7º C). Impera aquí el llamado "clima desértico costero nuboso" con una temperatura media diurna de  unos 18-20º C observándose raramente temperaturas sobre los 25º C  salvo en los años cálidos cuando predomina el  "fenómeno de El Niño". La corriente fría de Humboldt  produce un efecto moderador de la temperatura en la costa, creando neblinas matinales y alta humedad relativa del aire. En cambio, en el interior (Copiapó) la oscilación entre máxima y mínima diurna puede llegar a alcanzar los 30º C.  Este clima tan benigno , donde rara vez llueve,  permitió a los pobladores Changos utilizar, durante todo el año, sus precarias chozas techadas de pieles de lobos marinos y parcialmente abiertas por un costado. (Vea Fig. 3).

    (2)  "Aguaceros" propiamente tales no se presentan en la zona, salvo en los esporádicos períodos de presencia del  "Fenómeno de El Niño". Lloviznas mojadoras son frecuentes por efecto de la camanchaca, máxime entre los meses de mayo a octubre-noviembre.  Dichas lloviznas eran probablemente considerados verdaderos "aguaceros" por sus habitantes porque ellos desconocían otras  forma de lluvia (como en el sur de Chile).

    (3)  En la fecha de la permanencia de estos misioneros (de enero a marzo), las neblinas mojadoras son mucho más débiles y se concentran más bien en las partes altas de los cerros. Acotemos aquí que  la expedición de los sacerdotes  se realiza en los meses cálidos del verano, la época menos propicia para la presencia de nieblas mojadoras. De junio a noviembre, las neblinas son mucho más densas y llegan a  cubrir  hasta la misma terraza litoral.

    (4) Los misioneros, sin embargo, dejan constancia en su escrito de la presencia constante de la camanchaca cubriendo la zona de cerros. Anotan: "rara noche deja la niebla de cubrir los montes". 

    (5) Intuyen con razón los misioneros que la persistencia y continuidad de las aguadas se ha de atribuir a las nieblas mojadoras; si bien señalan que su caudal es muy pequeño de modo que resulta apenas suficiente para surtirles de agua a  ellos y a su  escaso ganado de asnos y cabras.

    (6) El plano al que se refiere la descripción no es otro que la terraza litoral, bastante estrecha, aquí y que solo en algunos puntos alcanza una anchura mayor.  Los autores reconocen con mucha razón que el cultivo en ellos sería casi imposible por  el escaso caudal de las vertientes.

    (7). Los cerros que dominan Paposo por el Este son parte integrante de la cadena montañosa que conocemos como la "Cordillera de la Costa", que recorre gran parte del territorio nacional. El influjo benigno de las camanchacas o neblinas costeras se verifica únicamente hasta aproximadamente los 1.000 m de altitud,  donde comienza hacia arriba  la faja de "inversión térmica", es decir donde la temperatura en lugar de descender, comienza a subir, creando allí cielos abiertos y sin nubes. En consecuencia, por sobre los 1.000-1.100 m altitud  (aprox.), la vegetación (incluso de líquenes), cesa por completo.

    (8).  El "verdor de los pastos", aquí referido, indudablemente apunta a la presencia de  formas de vegetación útil y palatable para sus animales. Esta se compone seguramente de diversas especies de Nolana, Tiquilia, Polyachyrus,  Cristaria, Tetragonia, siendo los pastos propiamente tales (es decir, las gramíneas) bastante más escasos  (v.gr. Cortaderia, Poa, Calamagrostis, etc.).(Cf. más detalles sobre la cubierta vegetacional en  esta zona en Larrain Barrios, 2007, passim).

    (9)  En la parte expositiva  de su trabajo, antes de presentar el texto del Informe mismo,   el sacerdote  Matte Varas  señala que  en tiempos de  un obispo de apellido Marán,  dos franciscanos misionaron la región del Paposo. Esto habría ocurrido, al parecer,  hacia fines del siglo XVIII. No se nos indica,  por desgracia, la fecha de esta visita e Informe, pero dice que "congregaron a los habitantes de las sesenta leguas que comprende la jurisdicción del Paposo" (Cf. Archivo Nacional, Fondo J. I. Víctor Eyzaguirre, Vol. 26, pieza 45a).
    Los misioneros señalados nos aportan un dato precioso: que los  habitantes son 233, contando los adultos y niños. Agregan que "su calidad es de mestizos". También se indica allí sus apellidos: Zuleta, Almendares,Velásquez, Castillo, Díaz, Maldonado, Aracena, Sandoval, Maturana, Cotaypi y Contreras. Para los misioneros no se trataría, por tanto, de indígenas puros, sino de mestizos. Esta información que dataría  de fines del siglo XVIII resulta particularmente valiosa para nosotros, y volveremos sobre ella en nuestro comentario eco-antropológico, al final.

    (10) Su vislumbra aquí el eco lejano de una antigua práctica colonial: a "reducción a pueblos". Esta fue una política  socorrida para el estado español en todos sus dominios,  sobre todo a partir del Virrey Toledo. Su objetivo era por una parte facilitar una  atención espiritual más expedita del indígena por parte de los sacerdotes y, a la vez, facilitar el cobro del tributo a éstos y/ o su participación obligada en alguna mit´a minera. Los pescadores, por lo general, no estaban obligados a dicha mit´a  sea por su pequeño número, sea porque su producción de pescado seco o "charquecillo" era necesaria en los pueblos de españoles, en particular durante el período de la Cuaresma, período durante el cual los cristianos se privaban de la carne de animal.

    (11) Reconocen los misioneros que los Changos muy difícilmente se acostumbrarían a una vida totalmente sedentaria, dedicados a la agricultura. Las razones de este nomadismo o trashumancia costera las encuentran en su  "profesión" de pescadores y en sus "hábitos" (costumbres). Es cierto que la costumbre inveterada de un pueblo, practicada durante generaciones,  es algo muy difícil de enmendar y re-orientar; pero en el caso presente  los misioneros no atinan a vislumbrar que  el ecosistema costero  en cierto modo les obligaba a llevar una vida nómada, de caleta en caleta. En efecto, al agotarse el recurso (pesca o marisqueo) en un sitio, se mudaban de inmediato a otro lugar en sus propias embarcaciones. Pero el mar les daba, desde tiempo inmemorial, todo lo que necesitaban para subsistir. Las aguadas costeras eran demasiado pequeñas y no habrían sido nunca  suficiente para alimentar plantaciones  de carácter agrícola. Por otra parte,  su producción favorita,  el pescado seco o "charquecillo"  de congrio,  era un  excelente alimento para ellos, muy solicitado en los pueblos españoles y que ellos mismos, además, podian conservar  por meses  como reserva alimenticia, al igual que las algas (luche) y mariscos secos.  La agricultura, en cambio, exige un cuidado continuo y una gran cantidad de agua, de la que ciertamente no disponían. Las cortas aguadas apenas eran suficientes para la bebida humana y  de sus hatos de cabras  y asnos.

    (12)  Las especies de congrio  (Genipterus chilensis, G. niger  y G.  maculatus) eran muy apetecidas por ellos pues de ellas fabricaban el famoso "charquecillo", (charqui de pescado) que traficaban continuamente con las poblaciones del interior Podríamos decir que era la verdadera "moneda de cambio" que movía su economía. El trueque del apetecido charquecillo por maíz, harina,  azúcar, velas, grasa, tejidos o coca de los pobladores de las quebradas del interior, les permitía abastecerse de todo lo necesario. En su búsqueda incesante  se explica perfectamente su continua movilidad costera y, por ello mismo,  resulta  del todo impensable  que ellos pudiesen renunciar a estas faenas de  captura para dedicarse a la agricultura, como pretenden sugerir los ingenuos pero bien intencionados misioneros.

    (13)  Se contrapone aquí a los "pescadores de nuestras playas" (i. e. de la zona central de Chile)  con los "paposinos" o Changos. Poseen técnicas diferentes de captura,  las que son claramente explicitadas en el texto. La técnica de la "varilla", aquí descrita en detalle, parece ser de muy antigua data. Habría que cotejar cuidadosamente esta descripción con las referencias arqueológicas de los utensilios y técnicas de pesca costanera de los antiguos pescadores de esta misma costa. Tal "varilla" debió poseer, muy probablemente, una denominación indígena, lamentablemente ya perdida. El único término de origen indígena de la balsa que habría sobrevivido hasta el siglo XX fue el de "copuna", transmitido al arqueólogo Hans Niemeyer  en el año  1964,  por el chango  Alvarez, pescador de Chañaral de Aceitunas. Creemos que la voz "copuna" usada para designar al sistema de inflado (soplete) de la balsa de cueros de lobos, muy probablemente,  no sería otra cosa sino  una transliteración del término quechua "phucuna"  que significa, precisamente "fuelle para soplar".

    (14)  Conste que en ningún momento los misioneros  los denominan "Changos". Les llaman siempre "Paposinos", esto es, moradores del Paposo. Ya hemos señalado que es obvio que no los consideran propiamente indígenas sino como pescadores muy pobres, al igual que  el  químico inglés William Bollaert, radicado en las minas de Huantataja junto a Iquique,  quien los describe en sus trabajos de los años  1854 y 1860 y a los cuales describe  en su minucioso periplo costero realizado en el año 1828  entre Cobija y Paposo.

    (15) Un pie es igual a 30,48 cm. Pie y medio, por tanto,  equivalen pues a 45,7 cm.

    (16)  Recordemos que el hierro fue totalmente desconocido entre los  aborígenes americanos. Utilizaron sí el cobre, a veces con adición de estaño en pequeñas cantidades. En nuestos recorridos por los conchales al Norte de Antofagasta o al pie de Cerro Moreno en los años 1963 y 1964, hallamos  algunas veces anzuelos de cobre oxidados, ocultos bajo las piedras de sus viviendas.

    (17) Según este texto, los Paposinos  solo se servían, en  sus viajes  de pesca, de las balsas de cueros de lobos marinos. No habían adoptado aún ningún otro tipo de  lancha,  falucho o embarcación. Nos preguntamos por qué. La respuesta parece simple:  no necesitan gastar dinero para dar caza a los lobos marinos  -elemento básico en su construcción- que les brinda generosamente la naturaleza en su "loberas" o "loberías" que ellos bien conocen. Al carecer de quilla, estas notables balsas pueden, a pesar del oleaje,  acceder fácilmente a la costa arenosa o pedregosa lo que facilita tanto su carga como su atraque. Su sistema de factura las hace  -a diferencia de cualquier otra embarcación- verdaderamente insumergibles y como tales han sido descritas con admiración por diferentes viajeros extranjeros que las han observado en plena faena. En este sentido, estas embarcaciones son superiores a los botes que usa el  pescador chileno. Se aferran a ellas, pues, no tanto por tradición, sino por ser superiores. El único problema que presentan es su menor durabilidad. Los tiburones  las pueden morder  y perforan el cuero, pero en su zona habitual de presencia los tiburones son bastante raros. Cuando ya están inservibles, constituían un valioso  aporte para el fuego hogareño  en forma de  excelente leña. Sospechamos que por esta razón, casi nunca se ha encontrado balsas varadas o abandonadas. Tampoco sus remos.

    (18)  Referencia al secado y salazón del pescado que se verificaba en la misma playa, aprovechando el ardiente sol, para la obtención del  "charquecillo" ya referido. No recordamos haber leido descripciones detalladas antiguas sobre el procedimiento exacto  del secado del congrio para obtener el "charquecillo".

    (19) Señalan aquí los misioneros los dos puntos de mayor demanda del producto: Copiapó y sus minerales adyacentes, para los Changos del sector sur,  y los poblados atacameños de Chiuchíu y San Pedro de Atacama, entonces en el Perú para los Changos del norte (de Cobija al norte, hasta Arica). Rodulfo A. Philippi en su obra "Viaje al desierto de Atacama"  efectuado en los años 1853-54  se queja de no haber podido hallar pescadores Changos en la costa precisamente por hallarse éstos en viaje hacia los poblados atacameños para trocar su pescado  y mariscos secos por  las pocas provisiones que necesitan en su vida diaria. (Pilippi,  1860, passim).

    (20)  Atribuyen los misioneros  a  "desidia" de los Changos  su falta de dedicación a la agricultura.  Los varones no tendrían el tiempo para ello  dedicados como estabaa a la pesca que a veces les exigía días de ausencia en el mar. Las mujeres con sus hijos a cuestas debían atender, además del alimento, el ganado que pastaba entre sus aguadas, lo que significaba una forma continua de pastoreo trashumante. La práctica de la agricultura, por pequeña que ésta sea, exige la presencia y vigilancia constante  para alejar y espantar posibles merodeadores (zorros, ratones o lauchas). Sabemos bien que los zorros  (Lycalopex culpaeus y Lycalopex griseus)  son de alimentación omnívora  y, con hambre, arrasan con cualquier tipo de plantación, hasta con las cebollas y los ajos.
    Una cita de R. A. Philipi  quien  observó el modo de vida de los Changos en este mismo trecho de la costa, unos catorce años después de estos misioneros, viene aquí muy a cuento: "dichas neblinas producen los manantiales y la vegetación particular de que he hablado extensamente. Es manifiesto que estas condiciones físicas no permitiran jamás la agricultura y que aún la crianza de ganado será siempre muy limitada. Las pastoras han de ser necesariamente nómadas, y hay años muy secos en que sus cabras y burros están en peligro de morirse de hambre. Entonces, deben procurar hacer comestibles los chaguares y quiscos para estos animales..." (Philippi, 1860: 35).

    (21)  Sementeras o plantíos de maiz o trigo  o cebada  suponen disponer de gran cantidad de agua de riego. Ya hemos comentado que  las aguadas costaneras son  muy pequeñas y apenas permiten un escaso escurrimiento para mantener algunas hierbas o pasto. Un riego supone poder embalsar un arroyo, lo que es aquí impensable y prácticamente  imposible (Ver Fig.  2  de este trabajo).

    (22) La "ganadería" que poseen solo consta de asnos, cabras y algunos mulares.  El asno es a la vez cabalgadura y animal de carga. La gran ventaja del asno y de la  cabra  es que son capaces de consumir o ramonear distintas especies de plantas nativas que otros animales no comen. No se ven aquí ni por asomo, caballos, vacas o bueyes. Todos los viajes se ejecutan en burro, sufrida y excelente cabalgadura y animal muy resistente a la escasez de agua en  el desierto.

    (23)  Por "reses menores" entiende el autor un pequeño hato de cabras u ovejas. Pero, en el caso presente, suponemos se trató solamente de cabras, como muy bien lo atestigua el dibujo de Rodulfo A. Philippi hecho in situ, consignado en su obra del año 1860  (Cfr. Fig. 3,  bibliografía final). La cabra, a diferencia de la oveja, es mucho menos exigente  en materia de alimento, siendo capaz de consumir especies vegetales que la oveja rechazaría (V.gr. hasta las hojas tiernas del cachiyuyo (Atriplex atacamensis).

    (24) Lamenta el misionero que los Changos no se dediquen a la crianza de burros, tan  solicitados  por los comerciantes de Atacama. Pero olvida o desconoce que  las cortas aguadas del sector apenas eran capaces de sostener  uno o dos de estos animales por familia (Ver Fig.    ).

    (25)  Explica el misionero el porqué de su gran movilidad  lo largo de la costa: la búsqueda incesante de zonas de abundante congrio. Al cambiar de caleta, los pescadores Changos cargan en sus balsas  sus pocos implementos básicos y  su familia,  quedando siempre alguien -generalmente la mujer- al cuidado de su rebaño que "nunca desamparan".

    (26)  Muy interesante resulta la descripción detallada de sus sencillas chozas, que realiza algo más abajo (Nota 28).

    (27)  Por eso, a los misioneros el aspecto de sus primitivas viviendas les parece  más bien propio de salvajes. Es ésta la única indicación que ofrecen los autores respecto de su bajo grado de desarrollo cultural. Pero en ningún  momento los llaman o consideran por eso como indígenas o indios.

    (28) Sus  chozas son redondas. formadas de costillas de ballena y cubiertas por pieles de lobo marino o trozos de telas viejas. Ofrece sus precisas medidas: diámetro: entre  2,10 y 2,50 m; alto: aproximadamente entre 1,20 m y 1,40 m.  El sistema antiguo fue techar la choza con pieles de lobo marino,  pero desde que tienen acceso a viejas telas de los barcos, las usan en su lugar. Llama bastante la  atención la baja altura de sus chozas: por lo que no se podía estar de pie dentro de ellas, pues solo eran usadas para tenderse en ellas para pasar la noche. Tales chozas, por cierto, están conformadas por un ambiente. El fuego y la cocina se hallan en el exterior. No hay indicio alguno de que cocinen dentro de su recinto, como ocurrirá siempre entre los mapuches  y otras tribus  más meridionales. Aquí, en el desierto costero del Norte, el clima benigno y la temperatura reinante permite cocinar y comer siempre en el exterior, cerca de la vivienda.

    (29)  Su relato no nos ofrece, por desgracia, detalle alguno del ajuar interior de la choza.  Pero para su descripción, recurriré al relato de R. A. Philippi  hecho  en la misma costa, muy cerca de "Agua del Clérigo":  "cerca de nuestro toldo había muchos ranchos de Changos. Nada es más sencillo que un tal rancho.  Se fijan en el suelo cuatro costillas de ballena  o troncos de quisco, apenas del alto de seis pies [= aprox. 1.80 m], y  se echan encima cueros de cabras, de lobos marinos, velas viejas, harapos o aún solo algas secas, y la casa está hecha.   Por supuesto, no hay en el interior ni sillas, ni mesas ni catres, el estómago de un lobo sirve par guardar el agua, unas pocas ollas y una artesa completan el ajuar de la casa"  (Philippi,  1860: 19).

    (30) En el dibujo confeccionado por el propio Philippi, rotulado "Paposo", aparecen dos mujeres Changas de largas trenzas y  faldas hasta el tobillo,  y se observa  dos ollas de arcilla  cocida y, muy cerca, cuatro cabras ramoneando la yerba. El mismo Philippi nos describe en su viaje de 1853-54 y en detalle  la vestimenta de las mujeres: "se visten como en las ciudades, las mugeres tienen vestidos de algodón, zapatillas, zarcillos, sortijas; hablan muy bien el castellano..."(Philippi, 1860:19).

    (31)  Ante las exigencias del dueño de la hacienda, el señor Miguel Gallo, algunos Changos habrían decidido escaparse y migrar al Norte: "a Cobija y otros lugares".  Lo que obviamente  significa que dichos lugares les eran totalmente familiares gracias a sus  frecuentes viajes  a lo largo de la costa en procura de pesca. Tales lugares, familiares para ellos, a diferencia del Paposo, no conocían dueño alguno y eran concurridos por otros Changos, de similares costumbres.  Probablemente,  tendrían también  parientes entre ellos.

    (32).  Se indica que las chozas no están contiguas, sino bastante separadas unas de otras.  En ningún momento llegan a conformar un poblado.  La razón parece obvia: cada aguada era al parecer utilizada por una o dos familias, no más, pues cada una disponía de burros y cabras que debían alimentarse allí. Seguramente el caudal de la aguada y el pasto disponible  a su alrededor determinaba  el número de chozas y familias cercanas.  De aquí, la gran distancia que se señala en el documento entre diferentes grupos  de chozas. Los notables grabados de Philippi referidos a Chañaral de las Ánimas y Paposo sugieren la presencia simultánea de no más de 2-3 chozas por aguada. Probablemente, de familias emparentadas (tal vez padres e hijos).

    (33)  45 leguas equivalen aproximadamente a  270 km. Hemos insinuado en otras notas que los cálculos en leguas son solo aproximaciones, a veces exageradas. Tales distancias, pues, han de ser tomadas "cum mica salis".

    (34) La punta Miguel Díaz (24º 35`S) era considerada el punto extremo norte de la hacienda del Paposo, perteneciente entonces al hacendado don Miguel Gallo. Más al norte, comenzaba el desierto absoluto, sin dueño alguno, por carecer totalmente de recursos.

    (35)  Resulta para nosotros de enorme interés  el dato poblacional que aquí se nos ofrece. Señalan los misioneros que la población total de Changos que habitan la costa de la hacienda del Paposo (es decir, un tramo de unos 270 km de costa)  asciende  a dieciocho familias.  Agregan ellos a este cómputo dos familias más,  que desde hace poco se habían asentado algo más al norte (fuera de los límites de la hacienda). En total, nos señalan exactamente una población de veinte familias, las que hacen, según ellos, un total de 190 personas, (incluyendo adultos y niños de diversas edades).
     Ahora bien, si dividimos 190 entre 20, obtendríamos una media de  9,5 personas por familia. Queda en evidencia, a nuestro entender,  que  en este caso "familia" no correspondería exactamente  a vivienda o choza. Si cada familia estaba integrada por los dos padres, tal vez un  abuelo(a) y varios hijos, me inclino a suponer que  cada familia estaba formada por al menos dos  (¿o tres?) chozas, por la sencilla razón de que en una choza tan pequeña, como señalan sus medidas (Nota 28), no podrían albergarse  9 ó 10 personas (entre adultos y niños).
    Por tanto, si este razonamiento parece válido, podríamos concluir que las veinte familias reseñadas como población total de Changos del sector costero de la hacienda, ocuparían al menos cuarenta o más chozas. A nuestro parecer, esto estaría en consonancia con el dato que nos ofrecen los mismos misioneros en su relato, cuando afirman que,  a su llegada, se congregaron  muchas chozas de Changos, "a manera de un pueblo, trayendo consigo hasta sus ganados",  para poder participar  activamente de los actos de la misión. Para entender mejor esta insólita forma de formar pueblo, recordemos aquí que sus viviendas eran fácilmente  transportables  y las instalaban rápidamente sobre una base circular de piedras. Las familias más alejadas del asentamiento, llegarían en sus balsas, portando sus enseres básicos, tal como solían hacerlo en sus recorridos habituales por la costa (Cf. nuestra Nota  29).

    (36)  Su alimento ordinario era "el pescado y marisco". El primero era cogido por los varones desde sus balsas; el marisco, en cambio, era  colectado seguramente por las mujeres y los niños entre las rocas, aprovechando la baja marea. No se alude aquí al consumo de algas (como el luche)  que debió ser igualmente una comida habitual. Se habla de "sustancias animales".  ¿Qué "sustancias animales" pudieron consumir ellos?. Sin duda, no la carne de cabra o burro, sus escasos animales domésticos que les eran  indispensables para la obtención de leche y para el transporte, razón por la cual jamás los sacrificaban; tampoco probablemente el guanaco, visitante ocasional de sus lomajes, que ellos ya no podrían cazar, a diferencia de sus predecesores los camanchacas,  por carecer de arco y flechas. Para atinar con una probable respuesta, recurro a una interesante experiencia observada por nosotros al sur de Iquique, entre operarios de las guaneras, al sur de Pabellón de Pica. En nuestra estadía en Iquique, por los años  1993-95, conocimos a un guanero de origen español, llamado Antonio Ruiz. Trabajaba con otros compañeros en la extracción del guano en el sector denominado "La Paloma", al Sur de Río Seco. Caminando con él por las rocas del sector costero, un día divisamos lobos marinos asoleándose, y me indicó que ellos habían cazado en varias oportunidades crías nuevas de  lobos (lobeznos) y los había cocinado y comido durante una semana, encontrándolos  muy sabrosos.  (Cf. Diario H. Larrain, vol.  49,  1994: 81-84). En el área próxima a Paposo hay varias "loberas" o "loberías" donde los Changos pudieron perfectamente cazar sus crías nuevas para alimentarse.
    Además, muy poco se sabe o se ha escrito acerca del consumo de aves marinas por parte de  los pescadores, a pesar de que en sus conchales antiguos, en los depósitos de sus predecesores, los hombres de la cultura Chinchorro y sus descendientes, es muy frecuente hallar enorme cantidad de plumas de aves tal como nosotros mismos lo pudimos comprobar en un pequeño pozo de sondeo (1 m. x 1 m.) practicado en un conchal arqueológico intocado, a escasa distancia (aprox. 1 km.) al sur de  la península de Patillos.

    (37) El "chagual" nombrado aquí correspondería, según creemos,  a  la planta  bromeliácea Puya chilensis, de vistosas flores amarillas,  también conocida como "cardón".  Los botánicos generalmente suelen señalar  su presencia en el norte de Chile a partir de la IV Región.  Pero, según el dato aquí ofrecido por los misioneros, esta especie habría estado ya presente a partir de la IIª Región de Chile (Antofagasta). La voz "chagual" viene al parecer de la palabra quechua ch´awar que significa "cabuya o cáñamo de las Indias" según el diccionario de la Lengua Quechua de Ricardo (Lima, 1586), por obtenerse fácilmente de las fibras de sus hojas  fuertes cuerdas para amarre. La parte baja del tallo es blanda y dulzona y podía servir de alimento a hombres y animales domésticos, máxime en tiempos de sequía extrema.

    (38)  La afición a la coca y su consumo habitual en los largos y fatigosos viajes al interior,es algo que los Changos sin duda aprendieron tempranamente de las tribus  atacameñas y  aymaras del interior, con las que comerciaban activamente.  La coca (Erythroxylum coca)  se cultivaba y se cultiva aún  en  las tierras yungas de Bolivia y Perú.  La hoja de coca fue muy utilizada en el mundo andino como medicamento,  analgésico y  estimulante y era consumida y mascada continuamente  en los largos viajes  para resistir  la fatiga y el cansancio. Philippi en su Viaje al Desierto de Atacama  hace especial referencia a su consumo habitual en hombres y mujeres  entre los pescadores changos  (Cf. Philippi,  1860:  37).

    (39)   Se asombran los misioneros al saber que algunas familias de Changos  viven en pleno desierto interior, es decir lejos de la costa.  Pronto comprenderán que tal  habitat era solo transitorio, y enteramente dependiente  de la floración del desierto, fenómeno que ocurre cada ciertos años, por efecto de las lluvias provenientes del "Fenómeno del Niño".

    (40) Nos ha tocado ver, en los altos de Taltal, en pleno desierto interior,  una abundante floración de especies vegetales que surgen con motivo de las lluvias y duran un par de meses para luego fenecer. Grandes manchones de plantas en flor.   Es una espléndida manifestación del "desierto florido", fenómeno mucho más notorio y esplendoroso hacia el sur, a partir del límite entre la IIIª y IVª Región de Chile. Las familias Changas de que nos habla el relato de los misioneros, sin duda alguna, se trasladaron dese el borde costero a esa zona con sus pocos enseres a aprovechar el breve período de forraje para su  corto ganado de cabras y burros.

    (41) Las lluvias eventuales propias del "Fenómeno del Niño",  producen  ocasionalmente  charcos y avenidas -a veces muy destructivas-  las que permiten  formar  apozamientos de agua o charcos, que pueden durar  algunas semanas. Conociendo la facilidad y rapidez de instalación de sus efímeras viviendas, resulta bastante fácil imaginar su repentino cambio de habitat, para aprovechar  al máximo el desarrollo vegetacional y la floración  temporal del paisaje del desierto.

    (42)  Muchas de las aguadas de la zona costera eran fuertemente salinas  y los Changos, sin duda, ya estaban acostumbrados a beberlas desde tiempo inmemorial. Raras eran las aguadas de buena calidad en este medio desértico. Rodolfo A. Philippi, en su relato del trayecto por estos mismos lugares,  hace referencia a las mejores aguadas, donde su expedición se abastece y/o pernocta (Cfr. Philippi, 1860: 20, 26, 27, 30 etc.).

    (43)  El relato habla de su buen carácter y de su sencillez primitiva. Pero insisto en que en ningún momento son por eso considerados indígenas. Son todos cristianos de larga data, bautizados y  reconocen la autoridad moral de los sacerdotes. Durante la misión que dura casi tres meses, reciben los sacramentos de la iglesia católica a la que todos pertenecen. Así,  aunque el texto no lo diga expresamente, podemos colegir que, durante la misión,   todos los niños pequeños son bautizados, y los adultos son confirmados, confesados y  las parejas que solo conviven.  reciben el sacramento del matrimonio.  l

    (44) Asisten devotamente a la Misa y escuchan los responsos por sus deudos  fallecidos, que se realizan devotamente en el cementerio local. El recuerdo piadoso  de los antepasados difuntos es un  rasgo   muy arraigado  entre ellos, al igual que entre los aymaras y atacameños hasta el día de hoy.  Personalmente, conservo yo un recuerdo imborrable de las celebraciones y rituales realizados en los cementerios de Mocha, Huasquiña o Coscaya al acompañar al sacerdote Juan Van Kessel  en los años  1993-1995. O aún mucho antes, hacia 1963-65 en Atacama, en los poblados atacameños de Toconao, Cámar,  Socaire o Peine, en visitas efectuadas con su párroco, el padre  Gustavo le Paige S.J., durante mis periódicas permanencias en Atacama.

    (45)  El gran respeto y veneración por los mayores ("los abuelos") es también un rasgo predominante entre los grupos y pueblos cristianos de larga data, tanto de origen indígena como  de las poblaciones autóctonas, ya aculturadas. Costumbre casi desaparecida hoy día en las ciudades, donde el rol de los ancianos  y su experiencia no es reconocido ni apreciado como antaño.

    (46)  El hecho aquí aludido apunta claramente a la presencia de matrimonios mixtos entre Changos y Atacameños. Lo que no tiene nada de particular conociéndose el frecuente contacto comercial  entre ambos grupos humanos, desde tiempos inmemoriales.

    (47)  Toda la población Changa es  totalmente iletrada. Por mucho que se hizo esfuerzos en varias ocasiones por  crear una escuela de primeras letras en el Paposo, jamás se llevó a efecto por la extrema lejanía del lugar y la muy difícil aclimatación de un profesor en ese medio. La mayor dificultad, sin duda,  con que siempre se tropezó fue el caracter andariego y trashumante de la población,  siempre en movimiento de caleta en caleta. La ausencia total de sendentarismo de su población fue por entonces un obstáculo insalvable para los intentos por entregar cultura y civilidad a sus habitantes.

    (48) Al término de la misión, el 23 de febrero de 1841 emprenden el viaje de regreso por tierra, en cabalgaduras facilitadas por la hacienda  del señor Gallo. La  parada obligada era en la aguada denominada "Agua del Cura" por poseer ésta agua de buena calidad  para beber y acampar, y poder llenar las cantimploras par el resto del viaje, lo que significaba atravesar treinta leguas de desierto absoluto (aprox. 180 km), hasta arribar a  la hacienda de Cachinal, donde encuentran agua de buena calidad y se reponen de sus fatigas. Han caminado, según nos informan,  casi dos días sin parar. El número de leguas señalado en el Informe nos parece muy exagerado. Muy difícil resulta imaginar que los caballos o mulas en los que viajan hayan podido cubrir 90 km al día.

    (49 y 50) El río Salado es de curso intermitente y generalmente no llega al mar. En ocasiones, sin embargo,  produce potentes aluviones de piedra y lodo que arrasan todo a su paso. Los autores señalan que observaron en el área indicios ciertos de una fuerte avenida o huaico, relativamente reciente, que habría ocurrido  seis o siete años antes.  La última avenida destructora de este río en ests siglo ocurrió en el mes de marzo del año 2015, causando daños enormes en la población del puerto de Chañaral.

    (51)  La hacienda de Cachinal poseía una excelente aguada a la que acudían con frecuencia los moradores de la costa vecina. El Informe nos señala dos grupos de moradores, a los cuales adoctrinan los misioneros en esta ocasión: uno que se encontraba en las inmediaciones -seguramente en un campamento temporal provisorio- y el otro que se asentaba normalmente en la caleta Pan de Azúcar. A todas luces, por el contexto, se subentiende que estos moradores son también Changos que acuden  al llamado de los misioneros.Se señala que son cinco familias, lo que sugeriría una población de  unas 30 personas en total.

    (52). La hacienda distaba unas 5 leguas del manantial, esto es,  unos 30 km.,  distancia que los pescadores  y sus familias montando sus burros, podìan cubrir facilmente en un día.

    (53)  Cachinal viene de cachina,  voz de origen evidentemente quechua, que  ostenta la raiz kachi,   que significa "sal"  en esa lengua (Vea, por ejemplo el término "cachiyuyo" o hierba de la sal, presente en la misma zona). Se trataría de un tipo de junco que crece en terrenos salinos. Tal vez un Juncus sp. 

    (54) Señala el Informe la presencia de otro grupo de Changos en la caleta  "del Obispo".  Se trataría del actual  lugar llamado "Obispito", situado en la costa, a 18 km al Norte de Caldera. Aquí se encuentra - se dice en el Informe- una aguada muy salobre pero existe otra de mejor calidad, dos leguas ( i. e. aproximadamente  11-12 km.) tierra adentro,  a donde los pescadores conducen sus animales a pastar en un veguita próxima a la aguada.

    (55)  En la "caleta del Obispo" viven  "tres o cuatro familias" de Changos, es decir unas 20-24 personas. Alertadas de la presencia de los misioneros en la hacienda y aguada de Cachinal, acuden allí  para ser evangelizados  en "menos de veinticuatro horas" -reza el Informe-, hasta donde conducen sus animales a pastar. Por lo observado, estos pescadores Changos jamás dejan solos a sus animales y viajan siempre con ellos  cuando es preciso.

    (56) Los misioneros bajan desde Cachinal inmediatamente después, hasta la caleta del Obispo (hoy sector Obispito), donde sus moradores son evangelizados y reciben los sacramentos de la Iglesia. El Informe agrega, sin embargo,  que los misioneros no pudieron  celebrar la santa Misa ni en Cachinal  ni en  El Obispo por falta de los paramentos necesarios que habían quedado en la goleta.

    (57)  Los misioneros recorren, por fin, el trayecto de 15 leguas ( i.e. 85-90 km.) entre Obispito y Caldera  indicándonos que no observan  ninguna  choza (¿de Changos?) en todo ese largo trayecto. En Caldera  -donde solo encuentran un cuidador de una bodega- hay "algunos pescadores", seguramente también Changos,  los que no fueron evangelizados dada su gran cercanía con Copiapó, a  donde ellos fácilmente podían viajar para ser atendidos espiritualmente.
    Los misioneros regresan por fin a Copiapó el día  4 de marzo de 1841, tras casi tres meses de viaje de misión. (Matte Varas, 1981: 62).

    (58)  Advierte el Informe que los pescadores que habitan la zona al sur del Paposo (hasta Caldera) son muy semejantes en hábitos y costumbres a los Changos del Paposo ("tienen poca diferencia") y, por lo tanto, de hecho los adscriben a un mismo grupo humano. No nos indica, por desgracia, en qué consistiría esa pequeña diferencia. Creemos que esta expresión se debe a que ellos no trataron directamente con estas familias de pescadores, sino solo se remitieron a los datos entregados por terceros. Pero, a la vez,  nos confirma en la idea de que  trataron de averiguar lo más posible sobre su modo de vida, costumbres y población, tal como les había  solicitado el Ministro Montt al confiarles la misión de parte del Estado.

    (59)  Con este dato complementario, los misioneros  nos ofrecen su propio cálculo estimativo del total de población para toda la zona costera comprendida entre  la frontera sur del Paposo y el puerto de Copiapó : suman algo menos de cien  personas de  ambos sexos y diversas edades. Agregando a esta cifra los habitantes de la hacienda del Paposo, llegan los misioneros a la suma total aproximada de algo más de doscientos ochenta. Propongamos, pues,  una población total estimada de 285-290 pescadores Changos entre la Punta de Miguel Díaz y el puerto de Copiapó.  El Informe deja entender que más al Norte, en la costa del desierto absoluto, hay otros pescadores, de las mismas características, al menos hasta Cobija, pero no aportan datos estimativos por carecerse de información confiable y, además,  por tratarse de un zona que excedía de los límites de la República de Chile.

    Esta estimación de la población Changa válida pra el verano del año 1841, habría que compararla con la que el propio Joaquín Matte Varas (autor el artìculo de la revista Teología y Vida de 1981), asigna a la misma zona en una época anterior, según el Informe del obispo Marán. al que hace referencia. (Cf. Matte Varas,  1981:52). No conocemos su fecha, pero aparentemente sería de fines del siglo XVIII. Este dato, pues, podría corresponder al menos a  unos 50 años antes del  Informe Valdivieso. Lo que significaría que la población de pescadores en esa misma zona, subiría de 233 personas (registrados por el obispo Marán) a cerca de 300.  Solo  nos queda la legítima duda de que se trate exactamente de la misma zona de costa. Un estudio cuidadoso del Informe (¿perdido?) de Marán, tal vez pueda disipar un día esta duda. Tarea para los historiadores o antropólogos  del futuro.

    (60)  Tilda el documento de "inacción" la labor económica y formas de trabajo ejercidas por los pescadores Changos. Ya hemos señalado más arriba (Notas 11, 20, 21 y 24) que tal  afirmación resulta errónea, injusta y falta de  base, y más bien obedece a prejuicios "progresistas", propios de hombres de la ciudad, desconocedores del cambiante medio ambiente marino y del clima local. Sabemos que durante los meses invernales, las bravezas del mar impedían no pocas veces a los pescadores salir a pescar y- como nos lo recuerda Philippi en su obra de 1860-, eran forzados a intentar la caza del guanaco presente en las lomas, para poder sobrevivir.

    (61)  Las aguadas de los pescadores además de ser generalmente muy salobres, apenas permitían su uso para satisfacer las necesidades básicas de los residentes y sus animales de pastoreo. Por otra parte, intensificar el rubro de la pesca -como parecen proponer los misioneros- no era algo tan sencillo dados sus rudimentarios métodos de captura y, además, tal cosa era considerada innecesaria por sus habitantes quienes se contentaban con muy poco para vivir. Siempre habían vivido así, por generaciones. El mar y los lomajes cercanos les ofrecían lo suficiente para vivir,  el clima era benigno y no aspiraban a más.

    (62)  Atribuyen los misioneros su atraso cultural a su "ignorancia" y "aislamiento". Es muy cierto que su aislamiento geográfico impedía totalmente el que pudieran  recibir otras influencias culturales de pueblos vecinos, más delantados. En sus formas de aprovechamiento del medio marino, solo pueden  recibir el influjo de otros pescadores, tan pobres como ellos, de su misma estirpe. En su ya milenaria existencia en esta costa desértica, los pescadores  han sobrevivido con éxito  y se han adaptado a ella, modificando sus técnicas de pesca muy poco en los últimos 2-3 milenios. Técnicas, por lo demás,  que han  resultado  notablemente útiles y beneficiosas como en el caso de sus curiosas embarcaciones las balsas de cueros de lobos marinos, extraordinariamente adaptadas para surgir en esas playas rocosas. "Criar nuevos hábitos", diferentes de los tradicionales,  como sugieren los cándidos misioneros, era prácticamente imposible en esas circunstancias.  Llevaron sus técnicas hasta el extremo de perefeccionamiento que les era posible en esas circunstancias.

    (63) Sugiere el documento que las personas que el gobierno enviase eventualmente para su instrucción y educación, sean sacerdotes, en lo posible de alguna congregación religiosa. Y  esto por el respeto y veneración que esas gentes sentían hacia ellos. Condición muy difícil de alcanzar con otro tipo de personas. En dos o tres secciones del Informe, sus autores  vuelven sobre este punto, sugiriendo, con mucha razón,  que se envíen dos a la vez, para mutuo apoyo espiritual y material.

    (64)  Los misioneros se dan perfecta cuenta que el modo de habitar de los pescadores,  basado en los escuálidos recursos de agua de sus aguadas y  diseminados en infinidad de puntos  o largo de esa extensa costa, hacía casi del todo imposible su  agrupación ni siquiera temporal y, por ende, su instrucción escolar.

    (65) Como sustento básico, el Informe señala que estos pescadores se mantienen "de marisco y pescado", lo que tambien podría  realizarse  -afirma el Informe- en el caso de disponerse  de maestros de escuela. Esta aseveración revela, nuevamente, cierta ingenuidad y un total desconocimiento de las razones más profundas de su inveterada trashumancia. Pues ésta no es tanto debida a la "costumbre" sino a la necesidad. Respecto a su sustento diario, además del marisco y pecado, el naturalista Philippi que tiene la ocasión de observar el modo de vida de los pescadores exactamente en esta misma zona, señala que también tienen recurso a leche, huevos y gallinas y con estos productos propios, hacen el intercambio por azúcar, yerba, [yerba mate] harina y grasa  que traen los forasteros. (Philippi,  1860: 19).

    Síntesis final.

    Este Informe, elaborado en 1841  por los sacerdotes misioneros,  contiene una enorme cantidad de información de caracter antropológico y ecológico sobre este extenso tramo de la costa desértica norte chilena y sus habitantes los pescadores Changos.  Por lo que sabemos, el documento es anterior a la terrible difusión de las epidemias que asolarán la zona en el último cuarto del siglo XIX y provocarán en Cobija y la zona costera aledaña, una enorme mortandad entre los grupos pescadores. En Cobija mismo, prácticamente desaparecen.
    Aún cuando no presenta (ni puede presentar por la temprana fecha del escrito!) el cariz y resultados propios de una "observación participante", característica de la metodología de los antropólogos del siglo XX, (al estilo de un Bronislav Malinowsky y sus discípulos), por la riqueza y variedad de la información y  la prolijidad y exactitud de sus apuntes, este documento debe ser considerado, a nuestro juicio, como uno de las mejores y más completas descripciones acerca del modo de vida, ethos y cultura de los Changos, solo comparable, si no superior, a las descripciones del naturalista alemán Rodulfo Amando Philippi  lo largo de las páginas de su famosa obra: "Viage al desierto de Atacama" (1860). 

    Bibliografía sucinta recomendada sobre el tema.

    Ballester, Benjamín y  Daniela Grimberg , ¿2018?. "Historia de la vegetación y ocupación humana  en la costa del deserto de  Atacama (Antofagasta, Chile", Revista Hombre y Desierto, Instituto de Investigaciones Antropológicas, Universidad de Antofagasta, Antofagasta (en prensa).

    Larrain Barrios, Bárbara Carolina, 2007, "Relaciones florísticas entre oasis de  neblina del desierto costero del Norte de Chile",  Memoria de Título, Universidad de Chile, Facultad de Ciencias Agronómicas, Escuela de Agronomía, Santiago de Chile,  116 p.

    Larrain Barros, Horacio, 1978,  "Análisis demográfico de las comunidades de pescadores Changos del Norte de Chile en el siglo XVI", M.A. thesis, Department of Anthropology, State University of New York, Stony Brook, L.I, U.S.A., May 1978, 94 p.

    Larrain Barros, Horacio, 1981,  "Hurgando en el pasado climático de Paposo", Revista Creces, Revista de Información Científica, Santiago de Chile, Vol 2, Nº 11: 25-29.

    Larrain Barros, Horacio, 1987, Etnogeografía,  Vol. XVI de la Colección  Geografía de Chile, Instituto Geografico Militar, Santiago de Chile,  285 p.  Tablas y Mapas. (ver especialmente pp. 70-80, 122-128,  231-232).

    Larrain Barros, Horacio, 2019, ¿Quedan aún grupos indígenas changos  en las costas de Chile?. Una discusión pertinente en el Chile de hoy (2019)". capítulo en blog: https://eco-antropologia.blogspot.com  editado el 29 de septiembre, 2019.

    Martínez, Hugo,  Moraga, Mauricio et al., 2004.  "Caracterización genético-molecular de habitantes de caleta Paposo, último reducto Chango en Chile", Revista Médica de Chile, 2004: 132:  663-672.

    Matte Varas, Joaquín, 1981, "Misión en el Paposo", Revista Teología y Vida, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Vol. 22, Nº 1: 51-64.

    Philippi, Rodulfo Amando, 1860.   Viage al desierto de Atacama hecho de orden del gobierno de Chile en el verano 1853-1854, Halle, Sajonia, Librería de  Eduardo Anton (ver especialmente  pp. 19, 35-36 y Lámina 7).

    Philippi, Rodufo Amando, 2008 [1860], Viaje al desierto de Atacama, Estudio introductor de Augusto Bruna y  Andrea Larroucau, Cámara Chilena de la Construcción, Pontificia Universidad Católica de Chile, Biblioteca Nacional y Fundación, R. Philippi, Santiago de Chile, 353 p, Láminas y Mapas.

    Ricardi, Mario, 1957, "Fitogeografía de la costa del Departamento de Taltal", Boletín de la Sociedad de Biología de Concepción (Chile), tomo XXXII, 3-9.

    Rothhammer, Francisco, Moraga Mauricio et al, 2010,  "Origen de los Changos. Análisis del ADNmt antiguo sugiere descendencia de pescadores de la cultura Chinchorro (7.900 - 4.000 A.P.", Revista Médica de Chile, vol. 138, Nº 2: 251-256.

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    (Escrito en Las Canteras, Región Metropolitana, 31 de Marzo 2020, en pleno auge de la dolorosa pandemia del Coronavirus que azota al mundo y a nuestro país).


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