El descubrimiento del oasis de niebla de Alto Patache (1997).
He creído necesario estampar aquí y recordar las primeras impresiones que experimenté al llegar, por vez primera, el 11 de Abril del año l997 (hace ya casi 20 años) al oasis de niebla de Alto Patache, a 75 km al sur de la ciudad de Iquique. Afortunadamente, conservo mis notas del Diario de Campo de esas fechas, lo que me permite recrear, con gran detalle, ese momento para mí histórico y crucial. Porque aquel lugar notable de captación de agua de la niebla, fue para nosotros un inagotable y multiforme laboratorio de investigación, a donde seguiríamos subiendo a realizar observaciones de todo tipo, por espacio de casi 20 años. La profusión de artefactos arqueológicos, atrajo de inmediato, ya en nuestra primera visita, nuestra atención preferente.
Fig. 2. Tomando un ligero refrigerio en la zona del taller lítico. De izquierda a derecha, Horacio Larrain, Marta Peña y Johanna Chaparro. Aquí el acantilado y el borde costero quedan exactamente hacia la izquierda de la imagen (Foto José Bustamante, 17/05/1997).
Nuestro Diario de Campo apunta que ese día se realizó con ambos estudiantes, una prospección rápida del taller lítico, midiéndolo mediante pasos (1 paso = 0.80 m.) . Se constató una extensión E-W de unos 56 m. y una extensión N-S de 65,5 m. Superficie total así calculada: 3.668 m2. Se consideró solamente la zona de mayor concentración de lascas y conchas marinas, pues estos materiales también se encuentran dispersos, aunque en mucho menor número, en una superficie mucho mayor y en distintos lugares del oasis de niebla. El área de máxima concentración de elementos culturales lascas y objetos arqueológicos coincide bastante bien con el área de dispersión de las conchas vacías del gastrópodo terrestre Bostrix derelictus (Diario H. Larrain, vol. 58: 80-81).
Interés por estudiar los oasis de niebla.
Se observa hoy un interés creciente por parte de geógrafos, biólogos, ecólogos y arqueólogos por conocer más a fondo estos ecosistemas que en el pasado, fueron de vital importancia para los primitivos pobladores de la costa árida del extremo norte de Chile. Porque sus recursos -máxime en años del "Fenómeno de El Niño"- constituyeron en el pasado un aporte fundamental a la dieta de los cazadores-recolectores marinos. En efecto, los oasis de niebla, alimentados por las densas camanchacas, han suministrado en el pasado a las poblaciones costeras abundante alimento tanto en proteínas y grasas (carne animal) como en hidratos de carbono (vegetales). La presencia de vegetación nativa en esta costa desértica, transforma el desierto absoluto, en determinados períodos de tiempo, en vergeles de vegetación que atraían irresistiblemente a pequeñas manadas de guanacos, las que merodeaban, por algunos meses en la zona. Los trabajos arqueológicos realizados en la costa cercana, han dejado en evidencia la presencia de restos de vegetales, semillas y bulbos, procedentes de estos oasis de niebla. (Cfr. Sanhueza et al, Olmos et al., Moragas et al.).
Ecosistema casi desconocido para los arqueólogos.
En las décadas pasadas, rara vez los arqueólogos se dieron cuenta cabal de la importancia crucial que tenían estos ecosistemas, para la supervivencia de los grupos seminómades de la costa norte chilena. Más bien los consideraron casi siempre como lugares de recursos "eventuales", cuyas trazas descubrían en sus yacimientos costeros (bulbos). La razón es obvia: no se había realizado, por entonces estudios biogeográficos y bioclimáticos serios de estos ecosistemas costeros, cuya real importancia por entonces se desconocía. Fuera del caso peculiar de Fray Jorge en la IV Región de Chile, (Coordenadas geográficas 30º 40´ 00´´ Sur y 71º 40´00´´ W en la provincia del Limarí), donde se había practicado mediciones sistemáticas con un instrumento Grunow ya en las décadas del 50 y del 60 del pasado siglo, no existían estudios de la potencialidad de la niebla para producir agua in situ y para alimentar numerosas especies vegetales, varias de ellas comestibles para el hombre. Tal vez la única persona que se refirió con cierta mayor profundidad a este tema, dándole un particular énfasis, fue la arqueóloga danesa Bente Bittmann, en sus estudios sobre el poblamiento humano de Cobija, en la II Región de Chile. En los cerros altos que miran a Cobija, de hecho, se verifica, igualmente, el fenómeno de la condensación del agua de la niebla, formándose in situ un pequeño oasis de niebla. Algunas referencias históricas apuntaban ya claramente a la utilización de estos sistemas de "lomas" (como se las denomina en el Perú) por parte de animales tanto silvestres como domésticos ( burros, mulas). Es el caso particular de la descripción de Cobija y su entorno hecha por el marino irlandés Francis O´Connor en 1825, comisionado por el mariscal Sucre, lugarteniente de Bolívar, para buscar y habilitar, en el litoral desértico, un puerto apropiado para la naciente república de Bolivia. (Cfr. Francis Burdett O´Connor, "Reconocimiento del litoral de Atacama en 1826", Revista Chilena de Historia y Geografía, Santiago de Chile, Año LVIII (62): 267-285).
Imágenes de sitios arqueológicos en el seno del oasis.
Nos proponemos en este capítulo del blog mostrar algunas imágenes de los sitios que nos parecieron, primo visu, de mayor relevancia científica, tal como aparecieron, a primera vista, en nuestras primeras visitas al lugar. Iniciamos esta revisión con el sector alto, situado entre los 750 y los 850 m s.n.m, área que hemos denominado "Alto Patache" por encontrarse este oasis de nubes exactamente en los cerros altos de la "Punta Patache", según la denominación usual de la cartografía del Instituto Geográfico Militar de Chile.
Alto y Bajo Patache: un mismo territorio social.
En los sectores bajos, correspondientes a la terraza marina, entre los 40 y 120 m de altitud s.n.m., se halla el área de "Bajo Patache", denominación que hemos dado a otro conjunto de sitios, de residencia o alimentación, ocupados durante milenios por las mismas bandas de cazadores-recolectores costeros, antecesores de los changos históricos. Sobre "Bajo Patache" y sus sitios arqueológicos, presentaremos otro capítulo de este Blog en las semanas que vienen. Aunque reciban denominaciones distintas (AP y BP, respectivamente), no puede dudarse de que forman parte de un mismo sistema tanto ecológico como socio-cultural y ocupacional. En otras palabras, las mismas bandas u hordas humanas utilizaban, simultáneamente, ambos lugares geográficos que conforman así una única unidad social y económica. Ambos sectores (Alto y Bajo) son, pues, parte integrante de un mismo territorio étnico y de un mismo grupo humano: los cazadores-recolectores costeros antiguos. Solo por razones didácticas y de espacio, hemos preferido aquí separar y aislar ambos sistemas, pero tenemos plena conciencia de que constituyen una unidad cultural indisoluble de estudio.
Signo claros de la presencia y actividad humana prehistórica e histórica.
En términos generales, diremos primeramente que todo el sector alto situado sobre "Punta Patache", bañado por las nubes, muestra diversos signos inequívocos de la presencia y actividad humana prehistórica e histórica. Estos "signos" se manifiestan en: a) acumulamientos intencionales de piedras grandes, que sirvieron como "parapetos de caza" para la cacería del guanaco in situ; b) la presencia de talleres líticos, donde se fabricó instrumentos de caza terrestre y marina; c) la presencia de un lugar de muy alta concentración cerámica (fragmentada), correspondiente a grandes contenedores de agua, lugar que hemos interpretado desde los inicios como un sitio específico de captación de agua de la niebla, por la presencia de enormes rocas con caras expuestas al oeste. Lo explicaremos más adelante en detalle al mostrar la imagen respectiva; d) la presencia de fogones y de sitios de destasamiento de animales (profusión de fragmentos de huesos intencionalmente quebrados); e) la existencia de senderos de comunicación entre la parte alta y el sector bajo de los campamentos de base (entre los 40 y 100 m de altitud snm.); f) la existencia de ciertos acumulamientos de piedras, aparentemente señalizadores de alguna "presencia", los que interpretamos tentativamente como posibles tumbas humanas (enterramientos simples) y, por fin, g) el hallazgo, en distintos lugares del oasis, de numerosos artefactos líticos (enteros o fragmentados), claramente orientados hacia la caza animal (terrestre o marina) y su aprovechamiento. Estos artefactos hallados son tanto puntas de proyectil, como raspadores, cuchillos, percutores, buriles o lascas cortantes. Objetos todos claramente orientados hacia la caza animal y su utilización in situ.
Pruebas de la presencia de animales de caza.
Otra prueba tangible de la frecuente práctica de la caza animal in situ, ha sido el hallazgo nuestro de numerosos defecaderos o bosteaderos de guanacos, de sus revolcaderos y de un sinnúmero de senderos que cruzan en todas direcciones y que bajan en forma visible hasta los 100 m de altitud s.n.m. Somos de opinión - tal como lo pudimos observar personalmente en las alturas del macizo de Cerro Moreno (Antofagasta) en agosto de 1964- de que los guanacos, en pequeñas manadas, venían aquí a ramonear la cubierta vegetacional creada por el influjo de la camanchaca o neblina costera, entre los meses de mayo y diciembre, meses en que la neblina arrecia en el lugar y produce el crecimiento y desarrollo de la vegetación autóctona.
Transhumancia de cazadores-recolectores.
Por consiguiente, opinamos que no habría habido aquí una presencia continua de este animal en el área costera, sino que solo aparecería por algunos meses, mientras hallaba allí el alimento fresco que le ofrecía el oasis verde. En otras palabras, su presencia era solo transhumante, viniendo las manadas desde las quebradas del interior, atravesando la pampa del Tamarugal donde podían hallar también agua y alimento. Creemos, por consiguiente, que el guanaco no tuvo aquí un habitat continuo, sino solamente temporal. Al menos no en los últimos 5.000-6.000 años. Diferente pudo ser el caso durante el período pluvial más antiguo (8.000-10.000 A.P.), cuando el paisaje se habría teñido de verde todo el año. Pero no tenemos aún pruebas claras de ello. Hoy el guanaco ya no visita estos oasis de niebla como antaño, refugiándose en su habitat situado entre los 3.000 y 4.000 m de altitud, aprovechando las lluvias de verano que crean un manto vegetacional. Tenemos la sospecha que las últimas visitas de este animal a nuestro oasis, en pequeñas manadas o tropillas de 3-5 animales, debió ocurrir hacia la década del 30-40 del pasado siglo, cuando las carreteras asfaltadas no ponían aún un obstáculo insalvable a su cruce hacia y desde el litoral.
Imágenes de sitios particulares del oasis de niebla de Alto Patache.
Fig. 6. El mismo sitio anterior. Se halla en la cima de un cordón N-S. Al fondo, arriba, se divisan en medio de la niebla los dos atrapanieblas que hoy alimentan la Nueva Estación de Campo. (Foto H. Larrain 12/11/2016).
Fig. 7. Sitio AP-3 (Alto Patache-3). Sector que hemos llamado "Aguada". Enormes rocas expuestas directamente al Weste, literalmente cubiertas de líquenes. En su base y su contorno inmediato, se halló el año 1997 una enorme concentración de fragmentos de cerámica común (ollas y platos), muchas de ellas correspondientes a grandes vasijas para contener agua. Es el lugar de máxima concentración de cerámica en todo el oasis. Nuestra hipótesis actual es que aquí los antiguos residentes obtuvieron de la niebla rasante agua de beber. Creemos que aquí extendieron y fijaron mediante cuerdas a la roca, grandes cueros (de guanaco o de lobo marino), cuyo pelambre habría actuado como captador y condensador de la humedad de la neblina. Coordenadas UTM: 379570 / 7696655. Altitud s.n.m.: 748 m. (Foto Nicolás Zanetta, 12/11/2016).
Fig. 8. Sitio AP-3. La misma superficie de la roca, cubierta hoy de líquenes. Alcanza un alto de unos 3.80 m. sobre el suelo. En su base, se alcanza a distinguir un pequeño ruedo de piedras, en círculo, que, aparentemente, permitía acomodar allí las vasijas grandes para recibir el agua que destilaba por los cueros peludos. Es dable imaginar que la parte inferior del cuero tuvo un doblez que fungía como canaleta inclinada para hacer deslizar las gotas de agua al recipiente. No de otra manera nos explicamos hoy la enorme concentración de cerámica junto a estas enormes rocas verticales, de superficie plana. En este lugar se instaló durante meses un pequeño atrapanieblas de prueba, de 1 m2 de superficie de malla raschel, el que cosechó una media de 5 litros/m2 de agua condensada. (Foto Nicolás Zanetta, 12/11/2016).
Fig. 9. Concentración de fragmentos de cerámica común de tipo culinario en el sitio AP-3, dispersos en enorme número en torno a las rocas de la "Aguada". (Foto Nicolás Zanetta, 12/11/2016).
Fig. 10. Sitio AP-3 o sitio "Aguada". Base de gran ceramio para contener agua. Hallado a pocos metros de la roca vertical citada en Figs. 7 y 8 de este capítulo. (Foto Nicolás Zanetta, 12/11/2016).
Fig. 11. Sitio AP-4. Nos llamó mucho la atención este lugar, donde claramente se intentó aislar y distinguir el sitio de la profusa y desordenada concentración de pedruzcos y clastos angulosos de la ladera, fruto tal vez de una antigua erupción volcánica local. Se nota de inmediato la presencia de pequeños agrupamientos de piedras (cada uno provisto de no más de 10-15 piedras en total) y separados unos de otros por 2-3 m lineales de espacio vacío. Hay cerámica y bastantes restos de conchas de moluscos marinos en torno a estos "señalamientos". Las conchas parecen ser muy antiguas y se hallan muy erosionadas. Coordenadas UTM: 379502 / 7696887. Altitud s.n.m.: 767 m. (Foto H. Larrain, 12/11/2016).
Fiug. 12. Sitio AP-4. Unos conjuntos de piedras, separadas del resto. Resulta obvio que por alguna razón particular se quiso aquí distinguir y separar estos "señalamientos" del resto informe del terreno circundante, literalmente cubierto de clastos. Tenemos la vehemente sospecha de que se trata de entierros humanos individuales. En el futuro, habrá que excavar aquí para confirmar o desechar esta hipótesis. El señalar entierros con pequeños acumulamientos de piedras, sea en forma de "montículos" o agrupamientos de piedra, o de pequeños "pavimentos" de trozos de roca planos, fue una práctica funeraria común en nuestra costa desértica. Con este antecedente, acudimos hoy a esta hipótesis provisoria, que habrá que probar algún día. En todo caso, aún cuando no se tratara de entierros, queda vivo el interrogante acerca de por qué se dejó aquí tanto cerámica como restos de comida en forma de conchas marinas ((¿comida ritual fúnebre, tal vez?). (Foto H. Larrain, 12/11/2016).
Fig. 13. Nuestro compañero Pedro Lázaro Boeri, tomando en el GPS la referencia topográfica exacta del sitio que hemos denominado AP-4, de probables enterratorios humanos. Coordenadas UTM: 379502 / 7686887 con una altitud s.n.m. de 767 m. (Foto H. Larrain, 12/11/2016).
Fig. 14. Nuestro sitio AP-5 corresponde al área del extenso taller lítico descrito más arriba. Es un área de alta concentración de lascas, instrumentos líticos fragmentados , conchas marinas y huesos animales que alcanza una superficie total aproximada de 3.668 m2, considerando el área de mayor concentración de elementos culturales y eco-culturales. (Foto H. Larrain 12/11/2016).
Fig. 15. Sitio del taller lítico o sitio AP-5 en la primera visita al lugar, efectuada en abril del año 1997. Coordenadas UTM: 379668 / 7696910, altitud s.n.m: 771 m. (Foto H. Larrain, 11/04/1997).
Fig. 16. Vista desde el borde del acantilado hacia la terraza litoral y el mar. La carretera panamericana N-S atraviesa la terraza marina, en un gran trazo rectilíneo. Hacia la derecha, arriba, se distingue nítidamente el morro costero llamado "Pabellón de Pica", por su forma de carpa o toldo ("pabellón" para los españoles), donde se explotó el guano fósil de aves marinas. Llamado así porque eran los indígenas de Pica los que preferentemente, durante el período colonial, venían a cargar guano fósil para abonar sus chacras. (Foto H. Larrain, 11/04/1997).
Fig. 17. Un pequeño atrapanieblas de 1 m2 de superficie de malla raschel, usado como instrumento de medición comparativo. Nuestro colega Pedro Lázaro examina el dispositivo de captación automático que permite medir la cantidad de agua producida por el instrumento. (Foto H. Larrain, 11/04/1997).
Fig. 18. Captadores de agua atmosférica instalados en la proximidad que abastecen hoy de agua potable la moderna estación de campo en el oasis de Alto Patache (Foto H. Larrain, 11/04/2016).
Cómo llegamos a explorar este oasis.
"Tomamos la huella que sigue (el) trazado de las antenas (1). Llegamos a una caseta con paneles solares y antena (2). Seguimos... 12.10 hrs., 800 m de altitud. Muy cerca, hacia el SW divisamos una hoyada u hondonada que protege en su borde W de los vientos del SW. estamos en un enorme taller lítico, con gran profusión de lascas de sílex de los más variados colores y algo de basalto (un 5% o menos de total) (3). Esta hoyada tiene algunas escasas conchas de locos y lapas (4). No presenta grandes piedras, solo cerámica que la Marta recoge cuidadosamente (5). Muchas lascas. Coordenadas: 20º 49´23´´ y 70º 09´ 22´´ Altitud (snm.) 770-780 m.
No se observa cerámica decorada. pero sí aparecen trozos de bordes de vasijas (6). Se recogen. Parece observarse una depresión (¿revolcadero de guanacos?) (7). Esta hoyada presenta miles y miles de conchas vacías de un caracolito terrestre pequeño: Bulimulus sp? (8). Jamás me había tocado ver tal abundancia. Se podría recoger 5.000 (conchas) en poco rato. Estamos a pocos metros del acantilado (costero) (9). Estamos en un portezuelo (10). Es su borde. Sobre el acantilado, vegetación arbustiva aparentemente seca (11). Mucho líquen en las rocas expuestas, en el borde del Acantilado. Aquí, a 800 m de altitud en el borde del Acantilado recogí dos fragmentos de puntas de proyectil entre infinitas lascas, (y) un pequeño percutor en andesita de playa (12). En el borde del Acantilado, se ve Pingo-pingo (Ephedra breana) y otras especies muy deterioradas (13). ¿Están muertas o viven sus troncos y raíces? (14). El Portezuelo mira directamente al SW. Ahora (hay) aquí viento débil: 2m /seg. (15). Se dibuja aquí, en el cuaderno de Diario, los dos trozos de puntas halladas (Ver Fig. 19).
Objetos hallados:
Rastros de guanacos.
Se observó arriba, en torno al Acantilado y cerros vecinos huellas de paso (senderos) de guanacos (18). No hallamos guano (19). Las huellas bastante borradas, se ven antiguas (20). Las hay junto al acantilado mismo y descendiendo paralelamente a éste, sin duda buscando la vegetación de Ephedra, Nolana y otras especies secas (21). Regresamos por la huella de las torres de alta tensión. Empalmamos con la carretera que va a la mina de sal de Patillos..." (Diario de Campo de H. Larrain, vol. 58 :20-23).
Notas nuestras actuales al texto de nuestro relato del "Diario de Campo" del año 1997.
(1) Se trata del camino construido por la empresa para asistir y mantener la línea de torres de alta tensión que conducen la electricidad desde el puerto de Patillos (donde es producida por una central eléctrica a carbón, la Central ENDESA) hasta la Mine de cobre de Collahuasi. Esta huella fue construida en 1996, y fue habilitada pocos meses antes de nuestra primera visita. Sin esta huella, nos hubiera sido prácticamente imposible visitar el lugar de referencia y realizar las experiencias de captación de agua.
(2) Es una instalación de control meteorológico perteneciente a la Cia Minera Collahuasi, que hoy se encuentra en casi total abandono.
(3) Las "lascas" (en inglés flakes, en alemán Steinsplitter) son un producto (como las virutas) de desecho, fruto del trabajo de talla de los artefactos de piedra. En el caso presente, se trata de las esquirlas o virutas de sílex, tipo de roca especialmente apta para la confección de instrumentos cortantes por parte del hombre antiguo. Tanto el sílex como el basalto, se dejan tallar con cierta facilidad, mediante certeros golpes (por percusión con otra piedra dura) hasta dar la forma deseada (cuchillo, raspador, punta de proyectil, arpón, etc.).La presencia de infinidad de lascas o esquirlas en un determinado lugar, nos está indicando, sin duda alguna posible, la gran actividad de talla desarrollada aquí por los antiguos cazadores-recolectores marinos que subían a este lugar desde la playa vecina. En este taller lítico, situado a los 770 m s.n.m., la gran mayoría del material de descarte, fruto del trabajo de confección de instrumentos, procede de un tipo de roca llamada sílex, que presenta los más variados colores, desde el blanco casi transparente, hasta el café oscuro o pardo, casi negro. Su superficie es siempre brillante, brillo que no desaparece a pesar del tiempo transcurrido desde el corte.
(4) Una observación posterior más cuidadosa permitió hallar diferentes especies de productos del mar, de los que se alimentó aquí, a manera de cocaví, el hombre del pasado. Así, hemos hallado, además de locos y lapas, chitones o apretadores, bivalvos de varias especies, señoritas, choros zapatos, choritos y hasta erizos y pulpos secos.
(5) Con excepción del sitio que hemos denominado "la Aguada", donde se halló - y aún se halla- un enorme número de fragmentos de cerámica -sitio al que nos referiremos después en detalle-, había en general escasa cerámica en la parte alta del oasis (que hemos llamado Alto Patache), si la comparamos con otras evidencias de ocupación humana primitiva (objetos líticos). La explicación no nos parece difícil: éste era un sitio de caza y de recolección eventual de vegetales y bulbos, y no un sitio de vivienda permanente. Aquí no hubo propiamente viviendas, las que aparecen, en cambio, en los sectores bajos, que hemos denominado "Bajo Patache", en la terraza marina entre los 50-100 de altitud o cercanos de ésta.
(6) Por la observación atenta del tipo de borde de los fragmentos cerámicos hallados, deducimos fácilmente que se trataba, por lo general, de ollas para contener agua o productos semi líquidos. No se ha hecho todavía un estudio del variado material cerámico hallado in situ en este oasis de niebla. En la "Colección Larrain" que recientemente (mediados de 2016) ha quedado depositada en el Museo Regional de Antofagasta, hay numerosas piezas fragmentadas de cerámica, para su estudio futuro, con indicación precisa de su lugar de hallazgo. Y, en el terreno mismo, máxime en el sector de "La Aguada", hay centenares, tal vez miles, de fragmentos cerámicos del tipo señalado (ollas y platos extendidos). Muy excepcionalmente, se halló, en este mismo lugar, algunos escasos trozos de cerámica decorada del tipo de "Las Culturas de Arica" (al parecer, Pocoma y San Miguel).
(7) En el contorno del oasis de niebla, en los sectores altos, se detectó la presencia de varios revolcaderos de guanacos. Son depresiones de forma aproximadamente circular, de poca profundidad (máxime 20-25 cm en su parte media), hoy rellenas de arenas muy finas da arrastre eólico posterior, donde el animal gustaba revolcarse. Es ésta una innata costumbre suya, sea para liberarse de parásitos, sea por otras razones ecológicas que no entendemos bien aún. Los sitios aptos para esta función se hallan en lugares blandos, en arena o chusca fina, donde el peso mismo del animal al agitarse y revolcarse, va acentuando la depresión de tipo circular. Invariablemente, estos revolcaderos (Wollowing places, en inglés) se hallan contiguos a senderos por donde transitan siempre. También sus defecaderos (también llamados bosteaderos o guaneras), se ubican en los mismos parajes, siempre al lado de sus senderos. Todos los camélidos americanos (llamas. guanacos y vicuñas), al desplazarse, tienen la costumbre de utilizar siempre los mismos senderos y los mismos bosteaderos, razón por la cual éstos se han conservado bastante bien, a pesar del tiempo transcurrido.
(8) Este caracol terrestre es Bostrix derelictus broderipi. Hemos enviado especímenes en el pasado al especialista, el Dr. Claudio Valdovinos de la Universidad de Concepción, quien tuvo la gentileza de clasificarlos para nosotros. Nunca pudimos hallar en los 17 años de nuestro continuo ascender al oasis, algún ejemplar vivo de esta especie; solo sus conchas vacías. Sin embargo, muy recientemente, en el mes de Agosto 2016, el actual encargado del predio de Alto Patache, el geógrafo Nicolás Zanetta, tuvo la gran fortuna de hallar y fotografiar un caracol vivo de esta especie. Su concha es totalmente blanca, sin diseños coloreados visibles, y alcanza un tamaño máximo de 2,2-2,3 cm de longitud. Existe una segunda especie de caracol terrestre en el oasis, que generalmente se halla en el sector del acantilado rocoso y que se denomina científicamente Plectostylus broderipi. Es más voluminoso y corpulento, pero de concha más frágil, (de menor espesor de paredes), y presenta un hermoso diseño en diversos tonos de café claro, inconfundible.
(9) El acantilado presenta un talud que cae abruptamente hacia la costa, con inclinaciones fuertes de 30º-35º y a veces más. Presenta aquí algunos potentes sectores rocosos, provistos de enormes rocas. Otros sectores se caracterizan por ser derrubios, constituidos por materiales rocosos (clastos), muy fragmentados, que han caído ladera abajo. También hay sectores francamente arenosos y aún arcillosos, de colores rojizos, que tiñen de variados colores el paraje observable en los cerros, desde la línea de costa.
(10) La parte más alta del acantilado, en el contorno de este oasis de niebla, presenta algunas cumbres de cerros, alcanzando un máximo de 850-860 m de altitud s.n.m. Sus alturas fluctúan, por tanto, entre los 770 m y los 860 m snm. Entremedio de estas cumbres, se abren amplios "portezuelos" con vista al mar, de los que hay varios en el transcurso N-S de este oasis de niebla. Estos "portezuelos" los hemos bautizado como pequeñas "pampas". Los "portezuelos" desempeñan un rol importante en la captación de la niebla, pues se ha demostrado que el flujo del viento, al transitar por ellos es mayor y adquiere, además, mayor velocidad que en otros sectores del acantilado donde encuentra más obstáculos en su carrera tierra adentro.
(11) En efecto, observaciones posteriores han detectado que gran parte de los arbustos perennes aquí presentes, constituidos casi únicamente por Lycium leiostemum y Ephedra breana están hoy muertos. Escasos ejemplares de la cactácea columnar Eulychnia iquiquensis sobreviven a duras penas. No se registran, en todo este oasis, en un extenso trayecto N-S de unos 7-8 km, más de 5 ó 6 ejemplares sobrevivientes. La persistente labor extractiva del hombre costero, tanto antiguo como reciente, que lo recogía como útil combustible, ha sido -a lo que creemos nosotros- la principal causa de su quasi extinción total in situ. Tenemos claros testimonios de su extracción masiva por pescadores de la zona de Chanabaya en las décadas 1940-60 del pasado siglo. (Agustina Guacante, com. pers. 2006). Esta labor extractiva viene de muy antigua data, como lo comprueba la aparición de trozos de la cactácea Eulychnia sp, en tumbas de la costa, como lo hemos comprobado personalmente.
(12) Vea Figura 1. Todos los artefactos hallados en el contexto de este oasis de niebla (Alto y Bajo Patache) se encuentran hoy depositados en la "Colección Larrain", en el Museo Regional de Antofagasta.
(13) Alguno que otro espécimen del arbusto Ophryosporus sobrevive aún en el oasis, al igual que muy escasos y raros líquenes del género Notholaena (Notholaena mollis).
(14) Nos ha tocado personalmente en tres ocasiones (años 1997, 2002 y 2015, años de presencia del "Fenómeno de "El Niño") con lluvias locales de importancia, ver crecer, desarrollarse y florecer abundantemente los pocos ejemplares sobrevivientes de los géneros Lycium, Ephedra, Ophryosporus y Eulychnia, en los bordes superiores del acantilado costero.
(15) Ni el sílex ni el basalto, existen, que sepamos nosotros, en el sector costero próximo, razón por la cual los antiguos indígenas tenían que ir a buscarlo, muy lejos, al interior. Muy cerca de Pica hay potentes depósitos de basalto, de origen volcánico, pero también hemos hallado este material en enorme abundancia, en fragmentos o nódulos grandes, poco al N de quebrada Juan de Morales. Desde allí, sin duda, traían consigo los habitantes de la costa, cargándolos en sus morrales, los nódulos elegidos de sílex, calcedonia y/o basalto. Sin lugar a dudas, aprovecharon, a su paso, de surtirse abundantemente de nutritivas semillas de algarrobo y chañar en los antiguos bosques de la pampa del Tamarugal. Por tal razón, aparecen sus semillas y frutos en los entierros de la costa.
(16) Efectivamente, a partir de esa fecha, subimos muchas veces con nuestros ayudantes de campo, alumnos por entonces de Sociología o de Antropología, de las Universidades de Iquique. Mis Cuadernos de Campo, entre los años 1997 y 2012 son testigos fieles de estos viajes y de las múltiples actividades realizadas in situ, en el contorno del oasis de niebla. En las visitas subsiguientes, hallamos numerosos artefactos arqueológicos que fueron cuidadosamente etiquetados con sus exactas coordenadas UTM gracias al GPS que portábamos en terreno. Nos pareció de todo punto necesario recoger estas evidencias líticas, a modo de salvamento arqueológico, por cuanto se iba a realizar aquí una labor de campo durante años. El peligro que estas evidencias cayeran en manos ineptas era muy grande.
(17) Jamás imaginamos, cuando escribíamos esta nota de campo, que muy poco después, un 18 agosto del mismo año 1997, iba a ocurrir un fuerte aguacero con lluvias intensas en la zona del oasis de niebla de Patache. Aunque por desgracia no se pudo medir entonces con exactitud el volumen de agua caída en el lugar, al no contar aún con un pluviómetro instalado, la intensa floración posterior fue una prueba inequívoca de su volumen. Pudimos apreciar personalmente la potencia de este aguacero, cuando, dos días después, abrimos en la zona del taller lítico ( en zona arenosa plana) una pequeña calicata que detectó humedad muy intensa hasta los 35 cm de profundidad.
(18) En esta primera visita que no alcanzó a los 20 minutos, pudimos ya darnos perfectamente cuenta de la inmensa cantidad de huellas y senderos hechos por pequeñas tropillas de guanacos visitantes, a lo largo de muchos siglos. Tema que años después servirá a uno de mis discípulos, Luis Pérez Reyes, para hacer tu Tesis de graduación en Arqueología en la Universidad Bolivariana, Sede Iquique, sobre las estrategias de caza del guanaco en un oasis de niebla. (Cfr. "Parapetos en la camanchaca: estrategias precolombinas de caza del guanaco en un oasis de niebla, área de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile", Universidad Bolivariana, Iquique, Marzo, 2012, 297 p.).
(19) En esa breve visita, no alcanzamos a ver bosteaderos o defecaderos; pero a los pocos meses después descubrimos varios lugares donde depositaron sistemáticamente sus heces, siempre en pequeños cúmulos, en los mismos lugares. Por el grado de descomposición de las fecas, sospechamos que tales lugares o defecaderos no habían sido nuevamente visitados por guanacos. en los últimos 60-80 años, a lo menos. En la base de datos que elaboramos hacia el año 2012, ya se dejó constancia de al menos 8 bosteaderos observados en el contorno del oasis.
(20) Durante los casi 20 años de investigación en este oasis (1997-2016) jamás vimos guanacos merodeando en sus contornos. El grado de descomposición de las fecas en los bosteaderos, nos sugiere que su última presencia en la zona debió ocurrir probablemente hacia la década del 1940-1950.
(21) El año 2015 fue un año extremadamente lluvioso en la zona, detectándose una lluvia de 55 mm en apenas 6 horas en el sector del oasis de Alto Patache. Este fenómeno produjo una floración descomunal en los meses siguientes, descendiendo la abundante vegetación de Nolanas, Cristarias y Fortunatias hasta los casi 100 m de altitud s,n.m,. cubriendo la parte arenosa más alta de la terraza marina. Nunca vimos cosa igual en los 18 años anteriores. Hicimos varios viajes de prospección entre los meses de septiembre y diciembre del mismo año, estudiando la flora y fauna presente. Hemos expuesto, en varios capítulos de este blog, los efectos concretos de esta floración extemporánea que nos da una buena idea de lo que pudo suceder en tiempos antiguos con presencia más frecuente de lluvias semejantes o mayores. Solo así es dable imaginar el desarrollo que alcanzó un día la vegetación de bosquetes de Eulychnia y Lycium que se sabe alcanzaron sectores bajos del acantilado (bajo los 500 m), donde han quedado hasta hoy, como testigos, sus troncos y ramas secas.
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