jueves, 18 de febrero de 2016

Un ecosistema de aluvión: remanentes vegetales del aluvión de Marzo del año 2012 en la pampa del Tamarugal.

El objeto de esta nota es mostrar  con imágenes lo que queda hoy en este pequeño oasis, después de cuatro años del gran aluvión  de febrero del año 2012, en las proximidades del oasis de Matilla (junto a Pica), Primera Región de Chile. Con anterioridad a este aluvión, aquí no había planta alguna viva, aunque eran visibles en su superficie algunos  troncos y ramas de árboles secos, de diversa talla, testigos mudos  de avenidas producidas tal vez en decenios  anteriores. El lugar se encuentra en las coordenadas 454197 E y 7732273 S. a 1.112 m sobre el nivel del mar.

 Fig. 0.   El aspecto general que ofrecía este pequeño oasis  en nuestra visita del día 15  de Enero 2016. En medio de la imponente inmensidad de la planicie arenosa, carente de vida, de pronto aparece este manchón verde, rebosante de vida vegetal y animal.

Fig.1.   Vista parcial  al ecosistema vegetal formado en la Pampa del Tamarugal, en el área de la desembocadura de la quebrada de Quisma, por efecto directo del gran aluvión de Febrero 2012.   Vista tomada desde el sureste hacia el norweste.  Por espacio de casi 2 km se extiende hacia el poniente esta formación vegetal, como  continuidad natural de la quebrada de Quisma.

Una  observación hecha cuatro años después.

Acabamos de realizar, el día 15/02/2016,   una observación de terreno  (un survey, en inglés) de las especies vegetales y animales  que se puede encontrar vivas hoy, al cumplirse   exactamente  cuatro años del  potente aluvión ocurrido los días 11 y 12 de febrero del año 2012.  Aquel año,  corrió una enorme cantidad de agua por la quebrada de Quisma, junto al oasis de Pica, destruyendo o sepultando gran cantidad de  chacras,  pozos de agua  y plantaciones sitas en el lecho de la quebrada. El aluvión con su enorme fuerza expansiva inicial, no perdonó nada:  unos sesenta pozos, construidos pacientemente por los parceleros (en su mayoría aymaras) y todas sus chacras, fueron "barridas" en pocas horas.  Casi todo lo existente en el fondo de la  quebrada -normalmente seca- fue literalmente destruido y arrastrado aguas abajo (árboles,  palos, plantas, herramientas,  ramas y semillas),  por este fenómeno atmosférico  fruto del llamado "invierno altiplánico"  o "invierno boliviano".

Un vergel visto a la distancia.

En nuestros viajes semanales a Pica, a nuestra parcela,   tuvimos la oportunidad de observar hacia el Norte, a la distancia de   un kilómetro aproximadamente,  desde el trazado de la carretera que une Matilla con  Pintados, un notable y extenso verdor que cubría una porción de la pampa, allí donde viene a morir la quebrada de Quisma, cuando baja el agua de aluvión y se expande hacia el oeste en la interminable llanada de la Pampa del Tamarugal. Mi curiosidad era  grande: ¿qué especies  habrían logrado sobrevivir durante este lapso de tiempo  de  cuatro años?;  ¿habrían logrado implantarse algunas  especies arbóreas (es decir, árboles) entre ellas?; ¿ de qué especies?; ¿En qué estado se encuentra hoy esa vegetación?. Y, por fin, ¿habría todavía algunas especies animales viviendo en este ecosistema aparentemente  efímero, de corta duración?. Con estas dudas  in mente, nos aventuramos en el lugar a pie, tras dejar el jeep a unos  800 m de distancia, en la carretera.

Una experiencia previa en la misma zona.

Por fortuna, disponíamos de un valiosísimo dato comparativo a nuestro favor.  El año 2012, seis  meses después del evento del aluvión  (Agosto 2012), nosotros habíamos  hecho un catastro detallado de todas las especies presentes, logrando  un interesante registro fotográfico que presentamos como capítulo de nuestro Blog  el día 29 de Junio del  año 2012 con el título de:  "Una nueva visita a la pampa anegada por el aluvión de Marzo 2012:  floración tardía y vida animal".  Puede Ud. consultar  dicho documento en este mismo Blog.
             

Fig. 2.   Panorama de la misma área en agosto del año 2012,  seis meses después del aluvión.

Fig. 3.   El lecho  excavado en la superficie de la pampa arenosa por el torrente de aluvión, en febrero de 2012. Arriba, plantas en flor de la especie Cistanthe amaranthoides   (Foto H. Larrain  Agosto 2012).   Toda la vegetación observada in situ  es de origen reciente. Abundaban las plantas anuales y aparecían por todas partes los cañaverales.

Fig. 4.  Imagen actual. Vegetación surgida  con posterioridad al l aluvión del año 2012.  Un tamarugo y ejemplares crecidos de Atriplex atacamensis  (pillalla).  (Foto H. Larrain,  Enero 2016).

Fig. 5.  Vista de Weste a Este. A la izquierda, sección vegetada terminal de la quebrada de Quisma, como resultado del potente aluvión del año 2012. Del centro hacia la derecha, se distingue, a lo lejos,   el vergel de Matilla y sus  chacras, distantes unos  3-4 km.   Este pequeño oasis se presenta como una solución de continuidad con  la quebrada vegetada de Quisma, de la que la separan, sin embargo,  varios kilómetros de   desierto absoluto.

La vegetación detectada.

En las imágenes que  siguen a continuación,  mostramos las especies vegetales que detectamos en esta visita a este oasis, con  un pequeño comentario nuestro acerca de su  estado de conservación. Las últimas aguas corrieron por aquí en el mes de Marzo 2012. A pesar del tiempo transcurrido (4 años), nos ha impresionado la vitalidad  y pujanza de las especies vegetales presentes. Nos preguntamos a qué se debe tal persistencia. Intentaremos ofrecer  alguna respuesta a este enigma.

Fig.  6.  Planta de pillalla (Atriplex atacamensis).   Esta especie, tan típica de la pampa del Tamarugal, ostenta aquí una altura aproximada a los  1,50 m. y ha producido ya flores y semillas. Sus brotes tiernos  fueron comidos ávidamente por  cabras,  burros y llamas, en la antigüedad. Sus ramas  y hojas secas fueron un excelente combustible para el viajero. 

Fig. 7.  Ejemplares de pillallas.

Fig. 8.  Aproximación  hecha a una rama de pillalla con semillas de la misma planta.

Fig. 9.  Ejemplares de Chilcas  (Baccharis chilca). Al lado izquierdo, atrás,  grupos de Tiquilia  tapizan el piso del lecho.

Fig. 10.  Hermoso y vigoroso ejemplar de chilca  (Baccharis chilca) que se alza  a unos dos metros del suelo.  Sus semillas,  han dado lugar a  ejemplares juveniles que brotan del suelo.

Fig. 11.  Floración de la chilca  que suele atraer a  especies de dípteros e himenópteros. Sus pequeñas semillas son comidas aquí por pajarillos  como el chincol (Zonotrichia capensis),  en cuyo follaje divisamos un par de ejemplares en nuestra última visita.

Fig. 12. Inflorescencia  de Baccharis chilca, de un color lila suave.  Hojas  gruesas y dentadas. Las hojas y ramillas producen una especie de goma  pegajosa. Sus ramas fueron antiguamente muy utilizadas como material para la construcción de  muros o de techumbre de  chozas de  emergencia en las chacras.


Fig. 12.  Diversos momentos de la inflorescencia de Baccharis. Sus flores compuestas expiden un suave aroma.

Fig. 13.  Plantas  nuevas de la  asterácea  Baccharis chilca. No deben tener más de un año.   Han crecido en medio de ejemplares de Tiquilia grandiflora, que tapizan  el lecho del antiguo cauce.
Fig. 14.  Hermoso y bien desarrollado ejemplar de la  planta perenne Tiquilia grandiflora, de la familia botánica de  las Boragináceas  de la que en el desierto chileno se reconocen varias especies, de flores  muy pequeñas.

Fig. 15.  Llamativas flores de Tiquilia grandiflora  (Phil) Richardson.  Sus pequeñísimas hojas, que miden menos de un centímetro de largo y sus  ramillas  son todas muy velludas (con gran densidad de pelitos blancos), muy  aptos para captar  y condensar la humedad del rocío  matutino. Tiene esta planta tan pequeña una enorme resistencia a la sequía y es la única planta perenne que hemos visto prosperar y desarrollarse en   arenales muy secos, donde no subsiste ninguna otra planta. 

Fig. 16. Hemos observado que los innumerables pelillos de hojas y ramillas   atrapan  numerosas partículas de arena (cuarzo), las que, suponemos , tienen algún tipo de  injerencia en su forma de captar el agua en las madrugadas. No de otro modo  nos podríamos explicar su sobrevivencia en un medio tan árido, donde el agua  subterránea  queda a muchos metros de profundidad, totalmente fuera del alcance de sus raíces. Sospechamos fundadamente que el rocío de las madrugadas constituye su principal fuente de  agua. No conocemos estudios científicos sobre su fuente de abastecimiento de agua en estos desiertos.

Fig. 17. Nos sorprendió mucho hallar esta especie arbórea.  No es ni algarrobo ni tamarugo, como podría sospecharse a primera vista.  Se trata, sin embargo, de una especie aparentemente introducida, asilvestrada, que hemos visto en abundancia en el lecho de la quebrada de Quisma, donde forma pequeños bosquetes casi impenetrables, por sus gruesas  y poderosas espinas. Creemos se trata de una especie de Acacia, de origen australiano,  introducida tal vez, durante la época  republicana  (?), como árbol leñoso, especial para  hacer cercos de propiedades, a causa de  las aguzadas espinas que impiden el paso.

Fig. 18.  Observe Ud. sus potentes espinas que bien pudieron ser usadas antaño como firmes clavos. Pueden llegar a medir hasta   8 cm de longitud. Hojas compuestas  de 22-26 folíolos  imparipinados.

Fig. 19.  Glomérulo de flores  de tipo esférico, muy característico de los aromos del  género Acacia. 

Fig. 20.  Vainas de esta especie de aromo (Acacia sp.).   Longitud entre 9 y 12 cm. La vaina madura, a diferencia  del algarrobo,  presenta un color pardo o morado débil  y tiene cierta semejanza con el fruto del algarrobo del Mediterráneo (Ceratonia siliqua).

Fig. 21.  Zoom  hecho a las vainas de esta misma especie.

Fig. 22.  Plantas nuevas de Disticlis spicata o "grama salada",  (Fam. Poaceae), especie muy común antaño en la Pampa del Tamarugal cuando el nivel freático era mucho más elevado que en la actualidad. Era comida en caso de necesidad por  asnos, cabras y aún ovejas.  Se la encuentra en toda América, desde el Canadá hasta la República Argentina. Sus hojas filosas terminan en una aguda punta, capaz de causar escozor al tocarla accidentalmente.

Fig. 23.    Estratigrafía observable  a los costados del arroyo hoy seco, que muestra  antiguos estratos  acumulados por sucesivos aluviones en el pasado. La diferente coloración alude a su diferente  constitución, más o menos arenosa o limosa.

 Fig. 24.  Ejemplar de tamarugo (Prosopis tamarugo).  Observe  su tendencia a producir un follaje de ramas bajas las que son comidas por guanacos, llamas, cabras y  ovejas.
Fig. 26.  Perspectiva general  del área vegetada que corresponde al cauce del aluvión de un ancho aproximado a los  20 metros. Los puntos más blanquecinos corresponden a limos finos en suspensión arrastrados por   el torrente. Los árboles ocupan, a ambos costados,  los bordes del arroyo, mientras que  la parte central está  cubierta por  grandes ejemplares de Tiquilia grandiflora, formando manchones.
                           
Fig. 27.  Ubicación geográfica del mini-oasis respecto de Matilla y la carretera asfaltada a Pintados.


Comentario ecológico cultural.

1.  Pudimos constatar in situ la presencia de un total de  siete especies vegetales, todas perennes. No se vio ninguna planta  anual durante nuestro breve recorrido. Todas son nativas de la zona, con la sola excepción de Acacia sp., asilvestrada aquí. Las plantas anuales que hubo aquí, fenecieron hace tiempo. El sitio se halla a un kilómetro al SW de las últimas parcelas agrícolas de  Matilla, y separado de éstas por un trecho de tierra totalmente seco y estéril.  El cauce seco de aluvión se extiende por varios kilómetros hacia el poniente,  hasta rematar en  la plantación artificial (hecha por CORFO  entre  1960 y 1970) de tamarugos en la pampa. La vegetación que presenta, a lo largo de varios kilómetros,  en dicha dirección, esperamos inspeccionarla pronto. Nos interesa especialmente  constatar qué especies vegetales  logran avanzar, vivas,  hacia el poniente, en plena pampa reseca.

2.  Las plantas se están abasteciendo de aguas subterráneas que, seguramente, siguen afluyendo bajo tierra, siguiendo el curso mismo de la antigua quebrada y, en parte, de pequeños flujos de aguas subterráneas provenientes del riego de  las parcelas.  Aromos y tamarugos estarían así,  probablemente, captando agua del subsuelo a profundidades no mayores a  5-8 m. 

3.  Sospechamos que  la planta rastrera  del género Tiquilia  sp. es capaz de  condensar y absorber el agua  del rocío matutino, intenso en algunos meses del año. No sabríamos mediante qué mecanismos. Pero  su  abundante vellosidad así lo estaría sugiriendo.  Asombra su capacidad para resistir la sequedad ambiental. Hemos observado que tiende  a formar nebkas, esto es,  montículos de arena  que el viento arrastra  y  la planta atrapa, creciendo en forma de cúmulos semicirculares que la plantas corona. Por lo cual,  nos parece que esta planta podría ser una  excelente fijadora de dunas viajeras. 

4.  La fauna observada fue la siguiente: una pareja de pajarillos (¿chincoles?),   buscando semillas en los arbustos de  Baccharis  chilca;  una pequeña avispa en flores de Tiquilia sp., un ejemplar de la mariposa Hyles annei (Fam. Sphingidae). La observación  no pretendió, obviamente, ser exhaustiva  y no incluyó, por el momento,  inspeccionar el follaje seco bajo los árboles y arbustos.

5. Escribíamos en agosto del año 2012: "Por cuánto tiempo más van a sobrevivir esas plantas?. ¿Dejarán descendencia? . ¿Cuándo volverá a bajar el aluvión, trayendo la vida?. Es un enigma que nos asombra y nos maravilla. Es esto, precisamente, una de las cosas que nos atrae tan poderosamente en este desierto: el aferrarse de la vida "con dientes y uñas" en los parajes más insólitos y áridos del planeta". 

6.  Hoy, escribiendo  en Febrero de 2016, podemos afirmar, en base a la experiencia de terreno, que el milagro de la vida  prosigue allí intacto y que, a pesar de la falta de agua,  y al hecho de que el aluvión no ha vuelto a presentarse nuevamente desde aquella fecha, las plantas han logrado vivir y crecen, demostrando  su enorme capacidad de  sobrevivencia, con un mínimo de agua, hecho  que a la vez  nos asombra y embelesa. Una vez más, el "misterio de la  expansión  y difusión de la vida"  nos presenta sus enigmas los que,  solo en pequeña parte,  podemos vislumbrar a través del conocimiento científico actual. 












3 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado Don Horacio:
Muchas gracias por el bello testimonio. En diciembre del año pasado y marzo de este año me tocó recorrer la sección occidental de Cordillera de la Costa al norte del río Loa, donde aún se pueden ver muchas plantas con flores productos de la lluvia de Agosto del año pasado.
Por otro lado, me gustaría contactarme con Ud. por un tema de petroglifos en este mismo sector. Saludos cordiales,

Fernando Sepúlveda
fercielago@gmail.com

Dr. Horacio Larrain Barros dijo...

Estimado Fernando: Le agradezco especialmente su comentario. Recibí en mi correo su carta reciente sobre sus descubrimientos de petroglifos en la zona costera de Tarapacá. A juzgar por las fotos, creo que sus hallazgos son muy valiosos. Envié copia de su carta al profesor Luis Briones, nuestro gran experto en este tema. Le aconsejo que, en adelante, mande Ud. copia de sus hallazgos a este especialista en la materia.

Hay muchos geólogos en Chile que realizan trabajos de campo en zonas ignotas o poco conocidas, pero son muy pocos los que comunican sus descubrimientos a los arqueólogos; razón por la cual agradecemos su deferencia y preocupación.

Creemos que uno de los futuros focos de interés de los arqueólogos, será seguir atentamente las antiguas huellas, por donde transitaron los antiguos y donde dejaron variados testimonios de su presencia y actividad. Lo hemos constatado al seguir a pie por muchos kilómetros, las huellas del "Camino del inca" as través de la pampa del Tamarugal, entre la quebrada de Camarones y el río Loa.

Lo felicito por su espíritu científico y por su valioso empeño en compartir sus hallazgos con los expertos de disciplinas conectadas estrechamente con la suya, como es el caso de la arqueología. Siga, por favor, en esta misma senda y ojalá algunos de sus compañeros de trabajo lo imiten en el futuro. Su mejor premio será haber contribuido a un mejor conocimiento científico de nuestro territorio.

Con el mayor aprecio,

Dr. Horacio Larrain (Ph.D.)

arqueólogo y antropólogo cultural

Dr. Horacio Larrain Barros dijo...

Nos escribe desde Santiago, con especial afecto, nuestro hermano Juan Ignacio:

"Querido hermano

Leí con mucho interés tu trabajo sobre la fauna y flora después del aluvión reciente.

Muy buenas las fotos y referencias en tus observaciones.
Increíble como se aferran a la vida las plantitas en un hábitat tan inhóspito y seco.

Un abrazo, Nacho."