martes, 5 de mayo de 2015

Informe de excavaciones en el sitio "Las Ñipas", La Leonera: Cazadores-recolectores arcaicos de la zona central de Chile.

En las páginas que siguen, se  da cuenta del proceso de excavación de pozos de sondeo arqueológicos, en una terraza fluvial del Estero "Las Ñipas", afluente del río Codegua  (VI Región de Chile). En el capítulo anterior, se hizo referencia  a la historia del sitio, la adquisición del predio por parte de mi padre Horacio Larrain Cotapos en 1939 y a  las circunstancias del hallazgo en el año 1979.  En el presente capítulo, se entrega  el detalle de la excavación, según  el protocolo redactado en ese año. Nos ha parecido necesario dejar constancia de este hallazgo, con fines científicos,  para que esta evidencia no desaparezca   y sea de utilidad para la ciencia. Las imágenes de la excavación han sido presentadas en el capítulo anterior. Este capítulo, en consecuencia, es estrictamente complementario del anterior, constituyendo ambos una  unidad. indisoluble.

 Fig. 1. Croquis de ubicación. Excavación arqueológica en la quebrada de "Las Ñipas", Fundo "La Leonera", Comuna de Graneros, VI Región de Chile. Enero  1983.  Altitud  s.nm:  850 m. Coordenadas  UTM 357714 E y 6232620 S.  (Croquis del autor,  1983).

Fig. 2.  El ambiente  ecológico del matorral de secano de la zona central  de Chile  (VI Región).  Flora autóctona caracterizada por presencia de peumos, quillayes, litres, quilas, puyas, y quiscos endémicos. Por la parte media de la figura  serpentea,  la quebradilla  que trae agua solo durante  6-7 meses al año, presentándose totalmente seca durante el verano y el otoño.

Fig. 3.  El lugar de excavación en pleno desarr5ollo. 


El Informe oficial.

Páginas del Informe presentado al Consejo de Monumentos Nacionales,  Febrero del año 1985.

Fig. 4.   primera página del Informe.









La cronología del yacimiento por el método del C14.

Dos muestras de carbón obtenido en el área del fogón o cerca de él fueron enviadas al laboratorio de la Comisión de Energía Nuclear de Santiago para su datación.

Muestra 1. carbón (vegetal) del sitio LE-1, Pozo 1, capa IV en contacto con capa V : fecha:  2.248 +/- 93 BP.

Muestra 2: carbón (vegetal) del sitio LE-1, Pozo 1, Capa VI (fondo del fogón). fecha:  2.500 +/- 110 BP.

Estas dataciones nos señalan  que  los cazadores que aquí encendieron el fogón circulaban por esta zona desde por lo menos  los  500 años A.C., aproximadamente.  

Conclusiones  eco-antropológicas.

1.  La precordillera de la zona central  de Chile  (850-950 m  s.nm.)  fue recorrida  por pequeñas bandas de cazadores-recolectores nómadas.  Éstas cruzaban la cordillera de los Andes en varios sectores. Al descender de la cordillera, establecieron pequeños campamentos de tránsito, con presencia de fogones, donde  sin duda consumieron el producto de su cacería (principalmente guanacos y aves cordilleranas) y molieron en sus  metates o batanes  semillas y frutos recogidos  en los alrededores. Hay en esta zona ecológica hasta hoy, varias especies de plantas del  bosque que producen  pequeños  frutos comestibles como boldo (Peumus boldus),   quilo (Mühlenbeckia hastulata),  peumo (Cryptocaria alba), puya (Puya chilensis),  el "copao" del quisco  (Trichocereus chilensis)  e incluso la semilla de la quila   (Chusquea quila:  también codiciada por los ratones). Pequeñas vertientes dotadas de vegetación brotan hasta hoy en sus proximidades. El cauce del río Codegua  pasa a unos 200 m del sitio de campamento. El agua, por tanto, no era aquí  problema alguno  en ninguna  época del año. 

2.  Diversas especies vegetales allí presentes permiten  suministrar elementos para la construcción de cabañas ligeras, muy en especial la quila   (Chusquea quila), pero también  el quilo  (Mühlenbeckia hastulata),  el palqui   (Cestrum parqui),  el  romero o  romerillo   (Baccharis linearis) y el colliguay (Colliguaja odorifera), además de las ramas bajas de árboles como el peumo, quillay  (Quillaja saponaria) o litre  (Litraea caustica), ya citados arriba.  Por cierto, nuestra excavación no nos  permitió  obtener información suficiente como para  sacar conclusiones  sobre sus simples y provisorias chozas de refugio.

3. Los animales de caza preferidos  eran, con toda probabilidad,  el guanaco (Lama guanicoe), el huemul cordillerano (Hippocamelus bisulcus), roedores como la chinchilla (Chinchilla lanigera), el cururo (Spalacopus  cyanus)   o la vizcacha ( Lagidium  viscacia) y varias especies de aves, entre ellas la perdicita de Gay  (Attagis gayi), observada por nosotros  y especies de patos silvestres en el río. Bandadas de bandurrias (Theristicus melanopis) no son raras  en ciertos parajes planos, durante el verano Le excavación  mostró la presencia de varios huesos largos, muy probablemente de guanacos, que aparecieron cortados típicamente en el sentido de su longitud, seguramente para  permitir extraerles la médula ósea. No se realizó estudio del material óseo hallado.

4. Una de las cosas más interesantes de la excavación es el abundante uso que  se hace, por parte de los cazadores, del  jaspe, sílex y  obsidiana,   materiales con los que elaboraron   puntas de proyectil pequeñas, raspadores y raederas, principalmente. Estas materias primas no  se encuentran in situ, ni siquiera cerca, por lo que han debido ser transportados  desde  lugares alejados, mucho más altos de la cordillera. De hecho, nuestras pesquisas hechas meses después, dieron con  algunos lugares donde abunda este tipo de roca, sobre los 3.000 m. de altitud. La presencia de  lascas de estos materiales,  en efecto, fue  el hilo conductor que nos llevó a l descubrimiento del campamento-base. Porque precisamente  allí donde se concentraba la máxima cantidad de lascas, fruto  del  frecuente trabajo de talla, fue donde se decidió abrir el primer pozo de sondeo. Y justo allí apareció el fogón y la piedra de moler, a una profundidad de  40-43 cm. La presencia de obsidianas, en particular, sería prueba evidente  de la   existencia de  un tráfico de  muy larga distancia y, probablemente, de  extensos  recorridos que llevaban al otro lado de la cordillera.  Sus ocupantes serían los antecesores prehistóricos de las tribus de chiquillanes, que aún en tiempos coloniales tempranos depredaban y se dejaban caer sobre las zonas agrícolas en la zona central de Chile. 

5.  De enorme interés es la aparición, muy cerca del fogón y a apreciable profundidad de una piedra horadada. Está extrañamente fracturada en su sentido  horizontal. Piedras horadadas semejantes (aunque generalmente bastante más grandes  y voluminosas) se han encontrado  en enorme abundancia en la zona central y centro-sur de Chile.  Al parecer,  son de gran antigüedad. Su función resulta aún hoy  enigmática y ha sido muy discutida. Se ha sugerido que habrían sido  pesos para instrumental agrícola, cabezas de mazas para la guerra y/o elementos de culto  y ritualidad,  al estilo de los  pimuntue  ceremoniales recientes,   de la zona cultural mapuche.  Tal vez tuvieron  una utilidad  múltiple. Por la cronología de nuestro yacimiento y  su ubicación en la precordillera, hay que descartar aquí absolutamente  el uso agrícola. Sus escasas dimensiones, no la hacían, tampoco,  un elemento práctico como arma de guerra.   El pequeño tamaño de la pieza encontrada por nosotros  (4,6 cm   x  5.5 cm)   muy cerca del fogón ( 1 30 cm) y a la misma profundidad de éste, nos habla  seguramente de un uso  muy diferente del agrícola y del marcial: tal vez el uso ceremonial  Y nos transporta,  desde el punto de vista de la cronología,  a una época algo anterior a la era cristiana, tal  como veremos.

6.  El sitio es absolutamente acerámico, es decir,  carece absolutamente de fragmentería cerámica. No se halló durante el transcurso de  la excavación, en ninguna de las  seis capas o estratos estudiados,  ni un solo fragmento de cerámica.  Lo que  apoya totalmente  la hipótesis de  que sus ocupantes  fueron solo pequeñas bandas u hordas de cazadores-recolectores, al estilo de  sus sucesores los indios chiquillanes o, algo  más al sur, de los  pehuenches  y puelches cordilleranos. No habrían tenido, al parecer,  contacto cultural alguno con  grupos poseedores de cerámica, que  ciertamente ya  debió haberlos por esas épocas  en el valle central de Chile   (Cultura Aconcagua). 

7.  Según ya lo señaláramos en nuestra obra. Etnogeografía de Chile,   Vol. XVI, Instituto Geográfico Militar, Santiago,  1987: 85-87),  estos cazadores al cruzar la cordillera, han podido encontrar rocas aptas, comola obsidiana, el jaspe y el sílex para fabricar, en su campamentos de base, su utillaje de caza. Al efecto, trasladaron hasta sus campamentos  núcleos semipreparados de estos materiales. Pero el fino trabajo de talla de cada instrumento se realizó in situ, en el campamento-base, tal como lo demuestra  la enorme cantidad de desechos de talla hallados por nosotros, hasta en sus tamaños más mínimos.De hecho  hacia los 3.000 m de altitud, en un lugar llamado hasta hoy la "Olla Blanca"   hallamos años después  un yacimiento de jaspe rojo, en bloques hasta  50 cm de diámetro, en el fondo de un  pequeño torrente. 

8. Muy cerca de este último sitio, a unos 100 m. de distancia,   hallamos en esa oportunidad  unas curiosas  ruinas con pircas derruidas,  dotadas de un pavimento de rocas planas y  numerosas lascas y aún artefactos líticos rotos,   fruto del desbaste del jaspe y del sílex. (Larrain,  1987:  85, nota 21 y pág. 93, foto Nº 28). ¿Estas ruinas (¿posible tambillo?),  ¿pudieron, tal vez, formar parte de algún circuito de tránsito de alguna ruta inca  hacia el lado argentino?. No lo sabemos.  Y si no son incaicas,  ¿qué  origen y sentido tienen?. ¿Fueron simples apostaderos para cazadores?. Pero, en tal caso, ¿para qué colocar un bien ordenado piso de lajas de piedra, como fondo de una habitación?. Aquí hay, sin duda,  un pequeño enigma por resolver. El antiguo recinto se halla en la parte elevada  (Norte) de una extensa cuenca u hoya  con inclinación  N-S, hoy utilizada como cancha de esquí y conocida en la época  de nuestros estudios  como la "Olla Blanca". Una fotografía de estas ruinas  y su pavimento,   puede Ud. ver en  la citada obra de Etnogeografía nuestra  (1987:  93,  Foto 28).   

8. Esta zona de nuestro descubrimiento, hacia  los 850 m. de altitud, debió ser, en general, visitada por los cazadores andinos  preferentemente en épocas de verano y otoño, cuando  el derretimiento de las nieves de la alta cordillera llega a su máximo y permite el cruce de Los Andes por diversos pasos más bajos.

9. Nos alegramos, por fin,   profundamente de haber dado a  conocer  hoy este descubrimiento de  más de 30 años atrás, para  que  pueda ser útil para un mejor entendimiento del poblamiento antiguo de esta zona precordillerana baja, en épocas tempranas. Poderosas razones  personales nos habían impedido, hasta ahora, dejar por escrito y publicar esta evidencia que hemos comunicado por e-mail al Museo Regional de Rancagua.. Allí, debe quedar constancia de este descubrimiento y su proceso completo.