martes, 22 de octubre de 2013

Plantas resistentes a la sequía: una radiografía de la vegetación del desierto extremo. El caso de las quebradas que dan a la pampa del Tamarugal.



¿Qué especies logran sobrevivir por muchos años?.

Al prospectar  amplias zonas del desierto tarapaqueño para observar  el efecto de la llegada de las quebradas andinas y sus aluviones  al piso de la Pampa del Tamarugal, siempre  nos ha sorprendido la extrema pobreza de especies botánicas que allí persisten.  Cuando ocurre el aluvión aparecen, por corto tiempo, algunas especies de fanerógamas o plantas de flores vistosas y algunas gramíneas que logran sobrevivir, a lo más, un par de años. Brotan muy rápidamente, florecen, semillan y mueren. y sus cadáveres los vemos  al corto tiempo. (Vea nuestro capítulo del Blog  dedicado examinar la flora  nacida  en la desembocadura de la quebrada de Quisma en el mes de Julio 2012). 

Pero, de acuerdo a nuestras observaciones de campo,  hay solamente  tres especies leñosas que logran sobrevivir, algunas por muchos años,  en el lecho seco de las quebradas, prácticamente sin agua.  El último aluvión bajó de la sierra  andina, en forma arrolladora,  entre  mediados de febrero y comienzos de Marzo del año 2012 por todos los cauces que dan al Tamarugal.. En nuestra  visita reciente (octubre 2013), a  unos diecisiete meses de ocurrida la bajada del agua, uno puede observar plantas no solo vivas, sino en excelente estado y en plena floración. El agua cesó de correr hace muchísimos meses.  Aquí, como se  sabe, no llueve prácticamente nunca.

Los sobrevivientes al aluvión y a las sequías:

La retamilla, Caesalpinia aphila Phil. 

Fig. 1.   Ejemplar aislado y solitario de retamilla, apegado al borde sur de una pequeña  quebrada, al sur de Sipuca. El ejemplar se encuentra en plena floración y  nos sorprendió gratamente  el hecho de constatar la presencia de algunos pequeñisimos dípteros libando sus flores  y un ejemplar de abejorro silvestre, de cuerpo color negro, que revoloteaba incansable de flor en flor.(Hymenoptera, tal vez de la Fam. Bombidae).  A unos  20 metros, a la distancia, se aprecian otros ejemplares de la misma especie. La colada de barro arcilloso cuyo hermoso  tapiz  reticulado vemos en la fotografía, suponemos que debe encerrar cierta cantidad de moléculas de agua, al parecer por largo tiempo (Foto H. Larrain, octubre 2013; foto tomada de Este a Weste).

Fig. 2.  La misma especie, de cerca. La planta se alza hasta una altura de unos  3.5 m. (escala de 1 m.) y está llena de flores amarillas.  Altitud s.n.m. 1.275 m.. (Foto H. Larrain, octubre 2013).


¿Qué hace la diferencia?

¿Por qué ciertas especies  logran sobrevivir en ese medio tan árido,  y qué importancia tiene este hecho desde el apunto de vista eco-cultural?.  No cabe duda, de que esta sobrevivencia depende, a nuestro entender, de varios factores: a) de la capacidad del sustrato limoso y arcilloso donde crecieron para retener, por largo tiempo, las moléculas de  agua; b) de la aptitud de algunas de estas plantas, para  aprovechar el agua del rocío matutino, sea mediante  la existencia de  una tupida  vellosidad en hojas y tallos que lo recogen y canalizan hacia la raíz (el caso de Huidobria sp.)  sea mediante la existencia de  una  numerosa red radicular subsuperficial, a muy escasa profundidad   (0-5 cm), capaz de captar la humedad  tanto del rocío como de las camanchacas o brumas. Sostenemos que este último es el caso de la retamilla (Caesalpinia aphila). Esta planta  -como lo hemos podido comprobar personalmente - posee  numerosas y gruesas raíces, llenas de pelillos radicales,  que se extienden por muchos metros a partir del tronco principal, sin penetrar en profundidad, manteniéndose  a muy corta distancia del suelo. Este mecanismo radicular subsuperficial, totalmente diferente de la raíz pivotante del tamarugo que busca ansiosamente el agua en profundidad, está evidentemente destinado a captar  humedades que se dan  en contacto con la superficie, a ciertas horas del día, gracias al poderoso efecto humectante del rocío y de la camanchaca, en horas de la madrugada o durante la noche.


Huidobria fruticosa  Phil.

Desde la quebrada de Quipisca hacia el sur,  en especial en las quebradas de Chacarilla,   Huatacondo y Mani, hemos, observado el desarrollo de esta hermosa planta leñosa de vistosas flores blancas. Junto a viejos ejemplares, de hasta 4 m de alto, hemos encontrado, para sorpresa nuestra, numerosas plantas jóvenes, representantes de esta especie a lo largo  del reciente cauce,  excavado  por el potente aluvión de febrero-marzo 2012.  Estos pequeños ejemplares, son "hijos del aluvión", es decir,  sus semillas contenidas en la colada de barro, han fructificado recientemente. Todos están, al igual que la retamilla, en plena floración desde hace por lo menos un mes y medio.


Fig. 3.  Ejemplar de unos   80-90 cm de alto, al borde del cauce ya seco. (Foto H. Larrain, octubre 2013).

Fig. 4. Observe  el reticulado del limo arcilloso, ya reseco, a los pies de la planta. Aquí, junto al borde, halló refugio al semilla que pudo desarrollarse gracias a la reserva de agua presente en la arcilla.  (Foto H. Larrain, octubre 2013).

Fig. 5.  Vistosas flores  de cinco pétalos en este vistoso ejemplar. Cada cogollo puede presentar 5-6 flores.  (Foto H. Larrain, octubre 2013).


Tras un fuerte aluvión, en los sectores  bajos de las quebradas,  e ingresando  a la pampa, cuando ya ha decrecido la embestida del aluvión,   aparecen de pronto plantas leñosas nuevas donde no antes las había, de desigual desarrollo, de las tres especies vegetales leñosas que en esta zona desértica son los únicos signos evidentes y persistentes  de vida vegetal. Estas son:  el  pimiento o molle [el mulli de los antiguos quechuas], (Schinus molle), la retamilla (Caesalpinia aphila) y  la Huidobria fruticosa. No hay ninguna otra, o al menos nosotros no  la hemos encontrado

El misterio de la distribución geográfica del molle o pimiento.

¿Por qué hallamos aquí,  el molle o pimiento?.  ¿Es solo por razones estrictamente de diseminación y propagación natural de la especie o ha intervenido aquí algún  "efecto antrópico", como gustan de decir los arqueólogos, es decir, producido por directo influjo humano, como sería el caso -como sostienen algunos autores-  de sus presuntos introductores, los Incas?. No lo sabemos y es tema de estudio. Pero, por otra parte,  se sabe a ciencia cierta, y lo señalan los cronistas, que los Incas solían transportar muchas especies vegetales útiles a las regiones que conquistaban  máxime allí donde residían sus colonos  mitimaes o mitmaqkuna quechuas. ¿Pudo ser éste el caso aquí, en las proximidades del camino del Inca, a lo largo del  Tamarugal?.  Veamos  lo que nos aseveran algunos estudiosos del tema.

 Probable introducción de algunas especies por los Incas.

 La introducción de esta planta, el molle o pimiento, especie  típicamente  peruana, en los valles del Norte Grande y Norte Chico de Chile, antes de la llegada de los españoles,  se habría debido, según Horkheimer y varios otros autores, como Ricardo E. Latcham,  a la notable  industriosidad inca, al igual que la del paico (paiku: Chenopodium ambrosioides] y otras numerosas  especias.

 Hans Horkheimer, estudioso alemán del legado alimenticio de los antiguos peruanos nos dice de la primera especie, el molle,  que era planta preferida por los Incas  en sus santuarios y en sus caminos reales.  Señala: "...allerdings wurde er an  manchen Stellen der Inka-Strassen angepflanzt, ohne weiterer Pflege zu benutzen" ( traducción:  por lo demás, fue este [árbol]  plantado en muchos lugares  [junto a]  los Camino del Inca, sin que necesitara de un especial cuidado". (en su obra:  Nahrung und Nahrungsgewinnung im vorspanischen Peru, Colloquium Verlag, Berlin, 1960: 83). ¿Será  éste el caso  en nuestra zona tarapaqueña?. No lo sabemos.

 Dice Latcham al respecto:

"El Schinus molle o molle peruano era el árbol sagrado de los Incas  quienes lo hacían plantar y regar  en contorno de sus palacios, templos y edificios públicos. También mucha parte de los caminos reales [qhapaqñan] que construyeron era sombreada por estos árboles, aún en lugares desiertos donde el agua para regarlos había de traerse desde los cerros, por medio de largas acequias o canales..." (Latcham,  La agricultura precolombina en Chile y los países vecinos, Ediciones de la Universidad de Chile,  1936: 31).  

Parece bastante lógico pensar que si los caminos incaicos debían tener, como tuvieron,  de tanto en tanto, recintos habitacionales para albergar a los chasquis o mensajeros, [los chasquihuasi o tambillos]    en numerosas quebradas, estos mensajeros o sus familias hubiesen sido comisionados por el estado inca  para plantar, regar y mantener vivos estos árboles que tantos beneficios podían prestarles tanto como excelente combustible como para  refrescante bebida  (brebaje hecho de sus frutos pequeños)..

Plantas palatables del piso de las quebradas,  altamente  resistentes a la sequía.

Las únicas otras dos especies leñosas presentes en el piso de las quebradas hoy secas, no son arbóreas sino arbustivas y son la retamilla, Caesalpinia aphila (Fam. Cesalpinaceae),   y  la Huidobria fruticosa  Phil (Fam. Loasaceae),  planta leñosa cuyo nombre vernáculo particular  no conocemos hasta ahora. Esta última,  es  hoy muy común en las quebradas de Maní y Sipuca (hoy despobladas), y hemos podido ver decenas de plantas nuevas, nacidas tras el aluvión y en excelente estado de desarrollo. Las flores, y las hojas menudas y tallos verdes de la retamilla  eran buen alimento para  sus animales, las llamas  durante sus caminatas por el desierto, y, posteriormente, luego de la conquista española, para burros y mulas, en tiempos coloniales. La retamilla (Caesalpinia aphila) y la Huidobria fruticosa florecen en nuestra zona tarapaqueña  desde los meses de agosto-septiembre hasta diciembre y aún enero, período en el cual  los caravaneros antiguos y arrieros  de la época salitrera podían acceder a algún alimento para sus animales gracias a estas sufridas y resistentes especies vegetales.  Nos queda abierta la gran duda acerca de su palatabilidad para animales como llamas, mulas y burros  de esta última especie, la Huidobria fruticosa, es decir, ¿realmente la comieron en el pasado?.

Si, como sospechamos, probablemente la comieron en casos de necesidad (al menos sus flores y brotes tiernos), su presencia  hasta hoy en tramos del antiguo Camino del Inca puede constituir un indicio de la importancia dada por los Incas a  la presencia,  en las cercanías de la vía incaica,  de especies botánicas comestibles por sus llamas  y, a la vez, puede reafirmar el argumento respecto del  trazado actual  de la ruta inca por el desierto, de modo que les  pudiera ofrecer agua, aunque escasa, y algún tipo de alimento -aunque escaso-  para sus animales de carga (las llamas).  (Vea nuestras fotos publicadas en este mismo Blog el 11 de Julio del año 2012: "curiosidades botánicas  observadas en la quebrada de Quipisca: efectos del reciente aluvión de febrero-marzo 2012 ").

El molle peruano o pimiento: Schinus molle:



Fig. 6.  Molles o pimientos  en la quebrada de Maní.  En una angostura de la quebrada, no lejos de su desembocadura, se ha logrado mantener vivo este pequeño bosquete de molles o pimientos, allí donde otras especies han fenecido ya  (al parecer Baccharis sp.). Aquí, a lo que sospechamos, debe haber agua a  poca profundidad, a juzgar por  el vigor que muestran  los árboles de molle. Tal vez por esta misma razón, en este mismo lugar se mantienen vivas, aunque en estado muy débil,  varios ejemplares de higueras (Ficus carica, L),  planta originaria del SW asiático  y traída durante la época colonial  por los primeros españoles y que ha demostrado en las quebradas tarapaqueñas, una adaptabilidad increíble y una enorme resistencia a la sequía. Hemos hallado ejemplares de higueras en la quebrada de Quisma, junto a  antiguas ruinas coloniales,   que subsisten vivos, sin riego alguno,  a un altura de unos  15-18 m. por sobre el cauce actual de la quebrada. Sin duda  extienden sus extensas raíces hasta el cauce mismo de donde logran extraer el agua para sobrevivir. 

Epílogo y reflexión eco-cultural.

Creemos que la existencia de ciertas especies botánicas,  en las quebradas tarapaqueñas que se abren a la pampa del Tamarugal, puede ofrecer un interesante ejemplo de estudio eco-cultural. ¿Es meramente casual su presencia en tales lugares, efecto inmediato y directo de obvias  premisas biogeográficas, o, como en el caso de las higueras, fue el hombre, en este caso el Inca, quien diseminó a través del  imperio alguna de estas especies arbóreas para utilidad inmediata de sus caminantes y llameros, sobre todo en las proximidades del Camino del Inca y sus chasquihuasis?.  No lo sabemos con certeza, pero el tema, sin duda alguna,  es digno de análisis más profundos. Aquí solo nos permitimos aportar una posible hipótesis.