jueves, 27 de diciembre de 2012

Descripción de la caleta Paposo y sus residentes changos en 1815: Valiosas observaciones de un comerciante francés.


             Portada de la obra original francesa  (2ª edición, 1824).

Fotografía tomada por nosotros en Internet a la portada de la obra del comerciante viajero francés Jullien Mellet, de la 2ª edición de esta obra  (1824). Curiosamente,  no se señala aquí su apellido, salvo por una M mayúscula, seguida de varios asteriscos, tal vez para no despertar suspicacias y recelo en las colonias españolas recientemente independizadas de la Madre Patria. Porque Mellet cita detalladamente las actuaciones de numerosos personajes de su época,  unos que le fueron francamente benévolos  y propicios, y otros que lo persiguieron o estafaron, causándole  mucho sufrimiento. En el año de la publicación de la obra, casi todos ellos  estaban aún vivos.


¿Quién era Jullien Mellet ?.

No sabemos prácticamente nada del autor, salvo lo que  él mismo nos deja entrever en su obra. Solo sabemos que era joven, originario  del departamento de Lot-en-Garonne, de la región de Marmande, que con inmensa audacia y energía se lanzó a América en un  barco que lleva armas y pertrechos militares a Buenos Aires para combatir a los corsarios ingleses. ¿Por cuenta de quién?. No lo sabemos.En su pequeño barco  van 40 marineros franceses, todos ávidos de aventuras. Se embarca en Burdeos en el año 1808. Permanece en América durante 12 largos años, y  recorre intensamente  su parte interior buscando siempre oportunidades de realizar transacciones comerciales con los productos  poco conocidos de América. Sus descripciones  aventajan en algunos aspectos a las de otros viajeros, que generalmente visitan los puertos por pocos días. Sufre infinidad de desventuras, robos y estafas a manos de españoles, las que relata  con frescura y desparpajo. Es un hombre de cierta cultura, aunque no precisamente un gran escritor como el mismo confiesa. Su afán confesado al llevar un prolijo "diario de campo" donde se anotan detalles de puertos, comarcas y ciudades, los productos de cada tierra, su clima, su gente , es ser útil a otros marineros y comerciantes que visiten estas mismas tierras. Lo dice expresamente: 

"Me he inclinado particularmente a conocer el modo de viajar por esos climas, los peligros que se corren, las distancias que separan las ciudades de las aldeas y villorrios, su diferente población, la rica producción del suelo, las artes que ahí pueden florecer y, por fin, las diversas ramas del comercio que ahí se hace". (Introducción, edición castellana 1959:11)).

Pero, a la vez, enfatiza que todo lo que dice es fruto directo de su observación personal: "la obra que entrego al público es el fruto de mis observaciones durante la estadía de doce años en la costa de tierra firme  la América meridional".

Señala que ciertamente algunos otros viajeros han podido visitar América antes que él, pero duda de la exactitud y precisión de sus relatos por la corta estadía o por no haber recorrido "el interior  de las tierras"  como el lo hizo esforzadamente por años. Si su obra- lo señala  explícitamente - no se caracteriza por un gran estilo, tiene la virtud y la  "ventaja de su exactitud y verdad [la] que garantiza como testigo ocular de todo lo que va a relatar". 

Uno de sus mayores méritos, desde el punto de vista de la antropología, es habernos  informado sobre la población de cada uno de ,los lugares que visita, lo que de por sí ya constituye una notable contribución a los estudios demográficos de América. No deja de ser interesante, además,  el interés demostrado  por Mellet por retratar del modo más fiel posible, el modo de ser, costumbres, maneras y  gracejo de las mujeres que ve a su alrededor,  de acuerdo a sus diferentes clases sociales. En esto se revela como un  auténtico sociólogo. Esta constante y fina observación de lugares, personas y ocupaciones, notoria en su Diario de Campo,  le lleva -cuando lo precisa- a interrogar a varias personas al respecto, con lo que se forma su propia opinión  y  nos garantiza su verosimilitud. Otro de sus logros es informarnos detalladamente acerca de las actividades económicas de los pobladores, lo que en el caso de los residentes changos de Paposo resulta de particular interés para nosotros. 


Época de su  viaje a las costas del Pacífico.

Estando recién llegado a Montevideo, se esparce allí la noticia del apresamiento en España del Rey Fernando VII, a manos de los invasores franceses, lo que le cuesta a él y a sus 40 compañeros, cárcel y confinamiento.  Chile, por aquellos años,  luego de la declaración de su Independencia en 1810, acababa de  sufrir los efectos de la sangrienta reconquista española llevada a cabo por el general  español Mariano Osorio  (1813). Los patriotas que habían abrazado la causa de la Independencia,  sufren graves exacciones y  encarcelamiento a manos realistas. Esta situación durará hasta las batallas de Chacabuco (1817)  y Maipú (1818), donde se sella con sangre y  definitivamente, nuestra independencia nacional. 

Nuestro objetivo:  conocer de cerca el  modo de vida de  los changos en Paposo.

 Dejando de lado sus aventuras y desventuras en Montevideo, Buenos Aires y la República Argentina,  viaja por tierra a Chile atravesando la Cordillera de los Andes por el paso de Uspallata. Después de diversas peripecias y percances, que parece solazarse en describir para amenizar su relato,  le veremos visitando Coquimbo y sus vecinas minas de cobre y plata. De aquí se dirige hacia la costa donde  visita la caleta de changos de Paposo. 

Cómo ve Mellet  a los residentes changos del Paposo.

Nos proponemos aquí, pues,  comentar, teniendo el original francés a la vista,  la descripción de lo que era esta casi desconocida caleta  "El Paposo" cuando recién iniciábamos nuestra independencia como país. El tema nos interesa sobremanera desde el punto de vista etnográfico, demográfico  y eco-antropológico, por cuanto el autor, en su visita de varios días efectuada el año 1815, hace explícita referencia al modo de vida, economía y costumbres de los pescadores recolectores changos que, en gran número,  pueblan aún esa franja litoral del desierto en nuestra frontera Norte.. 

¿Paposo o Papora?.  Un error bastante extraño.

Ofreceremos  aquí, con notas y comentarios nuestros,  el texto original de su descripción  de Paposo. Curiosamente,  en esta obra de 1824 el nombre de esta caleta costera  figura claramente  como "Papora". Ignoramos la razón de ser de este error, el  que no parecería ser simplemente tipográfico. El mismo error se repite un par de veces. No sabemos por qué tanto el  editor como  el traductor castellano de la edición  publicada en Santiago de Chile por la Editorial del Pacífico S. A. en  1959, no repararon en este detalle, a la vez que modificaron, sin razón aparente,  el título exacto de la obra, abreviándolo a su guisa. Extrañamente, en ninguna parte de la edición castellana se hace alusión al título exacto del original.

   En efecto,  la Obra original  lleva por título (ver carátula de la obra, supra): 

 "Viaje en la América meridional, al interior de la costa firme, y a las islas de Cuba y Jamaica, desde l808 hasta 1819, que contiene la descripción de las ciudades,  caseríos y aldeas de estas comarcas; la descripción ["pintura"] de las costumbres y usos de sus habitantes, y una apreciación  acerca de la fertilidad del suelo y la prosperidad del comercio; con  el relato de las desgracias que durante este viaje  ha experimentado  un habitante del Departamento de Lot-et-Garonne; obra útil a todos los marinos y a todos los negociantes".

Portada de la edición castellana publicada  por la Editorial del Pacífico, Santiago de Chile, 1959. Se puede observar la abreviación indebida del título de la Obra original del año 1824.


Parte del documento  que dice relación con Paposo, en traducción nuestra del francés (edición de 1824: 108-109)

"Capítulo  Vigésimo: Copiapo-Papora.

"...De Copiapó a Papora [sic! por Paposo], hay otro [camino] cuyo trayecto  es igualmente fatigoso y tan temible como el primero [de  Santiago a Copiapó]  (1). 

Papora [sic!],  aldea [bourg]  habitada por  indígenas tributarios, es gobernada por un Subdelegado y un cacique (2). La importancia de esta aldea no es algo que se deba destacar [ l´importance de ce bourg n´est pas de plus remarquables]. La pesca del congrio [conge] (3)  que los habitantes efectúan continuamente [continuellement] constituye su mayor fuente de ingresos [forme leur plus grands revenus]. No es menos cierto [sin embargo] que estos parajes son abundantes en pescados, cuya especie [típica] es de los mejores; ellos hacen de ésta [especie]  un gran comercio con Santiago y Lima, capital de Perú, donde es sumamente estimado y se vende a un precio muy elevado.A la vez, se hace  a orillas del mar que la circunda la caza de lobos marinos [la chasse de loups marins]  que existen [allí] en gran número. 

Esta caza se efectúa  por intermedio de varios hombres armados de grandes  garrotes con los cuales  aturden [atourdissent] primero a los lobos marinos. Se les da muerte, en seguida,  propinándoles  grandes golpes  sobre  el hocino [museau]  (4) .

A pesar de estas precauciones, estos  animales sabe defenderse muy bien y frecuentemente  los cazadores  son mordidos por ellos antes de ser atrapados. Una vez que les han dado muerte, cortan los dos perniles [jambons] los que hacen salar y secar para después consumirlos [qu´ils font saler  et sécher pour le manger ensuite] (5) y se sirven de su piel,  con o sin el [respectivo] pelaje, para vestirse [pour s´a  habiller]. (6).

Se encuentra, igualmente en los alrededores  [de Paposo] una especie de ciervo [cerf] , que se denomina caribou (7) cuya descripción  no es necesario hacer[aquí] por tratarse de un animal bastante conocido [para el público francés] (8).  Éste corre  extraordinariamente rápido y su cornamenta [cornes], más pequeña que las astas [bois]  del ciervo común,  es apta para hacer  hermosas obras [de artesanía]. Se le hace hervir en cal [bouiller dans le chaux] y con  ello adquieren  una blancura igual que la del marfil  [ivoire].(9).

Las uñas tostadas [l´ongle roti]  de este animal, aplicadas a las quemaduras [brülures],  las hace secar al instante. El caribou habita siempre las comarcas frías [les pays froids] (10).

La población de Papora  (sic!)  es de alrededor de 400 habitantes (11). Esta región [pays]  por ser [totalmente]  estéril en toda clase de productos, obtiene sus víveres de Copiapó. Los habitantes  viven de una manera muy frugal; se alimentan de maiz  [maïze] , de pescado [de poisson] ,  que ellos preparan de  diferentes maneras y de papas [pommes de terre]  de que disponen en abundancia [qu´ils ont à discretion]  (12).

Yo hice [aquí] una provisión bastante grande de congrio (13) y regresé a Coquimbo, lugar donde yo invertí parte de mis fondos  comprando cobre reducido a lingotes  [cuivre réduit en lingots]  y pocos días después, me embarqué  al Callao, distante 550 leguas por mar."  (páginas 109-110 del original francés).

Observación. Los paréntesis cuadrados [---] señalan una adición hecha por nosotros o muestran,  en negrita,  la palabra o frase exacta empleada en el texto francés. Los números incluídos entre paréntesis redondos    (---), son nuestras Notas  de comentario al texto.

Nuestras Notas de índole eco-antropológica.

(1)   Trayecto cubierto a lomo de mula o caballo, y acompañado probablemente por un par de sirvientes  o  baqueanos, expertos  conocedores de la ruta.

(2)  Esta "Nota" es del propio autor en su texto,  y dice: "Autoridad considerada entre ellos como la de un  Capitán el cual  sirve de intérprete al Subdelegado, al que está subordinado".  Este "cacique" , a lo que parece, es buen conocedor del  idioma atacameño o kunsa, lengua que sospechamos  era la propia de los pescadores residentes en esta porción sur  del litoral del Antofagasta. Estamos convencidos de que  en toda la costa  norte chilena los changos costeros no poseían lengua propia alguna, sino hablaban la propia de las comunidades agrícolas del interior, con las que tenían trato continuo, en este caso concreto, la del Salar de Atacama,  es decir,  el kunsa o atacameño. La presencia de un  "cacique" entre los changos nos habla, ademas,  de la mantención de una vieja estructura social de tiempos indígenas. Es incluso bastante probable -aunque le texto no lo diga- que entre ellos haya sobrevivido la organización indígena del ayllu, tal como existió entre los atacameños, sus más inmediatos vecinos.

(3)  La pesca del congrio, en sus tres especies conocidas en el norte de Chile (congrio colorado, congrio negro y congrio dorado) constituía a una de las tareas constantes de estos residentes changos. En efecto, lo capturaban  mar adentro  mediante sus balsas de cueros de lobos marinos, lo secaban y salaban, y en calidad de charqui lo comerciaban con las poblaciones agrícolas del interior y la sierra. Los españoles le denominaron, por eso mismo, como "charquecillo". Sospechamos fundadamente que no sólo el congrio en sus tres especies: Genypterus chilensis (congrio colorado), G. maculatus (congrio negro) y G. blacodes (congrio dorado) era  hecho charqui, sino también  otras especies comunes como  el tollo, la corvina y tal vez, otras más. 

(4)  El hocico del lobo marino es su lugar más delicado y vulnerable. La cacería del lobo marino daba a los indígenas varios productos sumamente apetecidos: a) su carne (máxime la de los lobeznos o  ejemplares juveniles); b) su sangre, la que bebían;  d)  su cuero, par la fabricación de la techumbre de sus chozas y sus balsas de pesca; e) su vejija, para la confección de odres para el transporte del agua   de beber, y, por fin, f) algunos de su huesos de sus extremidades  para la elaboración de  los chopes de mariscar.  Respecto a su empleo como carne fresca, sirva de referencia lo que nos refirieron algunos guaneros que trabajaban en la guanera de "La Paloma", poco al Sur de Pabellón de Pica, en los  años  1993-94. Espiaban entre dos y tres hombres  a los lobos juveniles  en el momento de su salida a las rocas de la orilla, en algún caletón vecino,  para asolearse,  y allí les asestaban un certero golpe en el hocico  con  un palo grueso.  usado como macana. Esta carne  cocida o asada, la consideraban un gran lujo. La carne de los ejemplares adultos, en cambio,  no les apetecía. (comunicación  personal  in situ del  finado Antonio Ruiz,  Juan Carlos Gutiérrez,  y Aurelio Madrid, Enero de 1994).

(5)  Después de cazar,  al modo dicho (nota Nº 4),  los ejemplares jóvenes del lobo marino, los cortaban en  lonjas delgadas y las ponían a secar, no sin antes salar convenientemente los trozos para asegurar su conservación. El secado y a veces el ahumado se realizaba a la orilla de playa, , extendiendo los trozos de  carne sobre talos de  huiros. La presencia perenne de abundante cantidad de  huiros arrojados por el oleaje de las especies Lessonia nigrescens o Macrocystis sp. (su combustible habitual),  facilitaban enormemente esta tarea.  Al cabo de algunos días,  el charqui estaba ya listo para su uso o transporte a las comunidades aledañas.Esta faena debía ser constantemente vigilada durante día  y noche  por los pescadores, para ahuyentar a los jotes (Cathartes aura) o cóndores  y/o evitar el robo de la carne por parte de los infaltables zorros. Este "charquecillo" era su apreciada  moneda de cambio para obtener de los habitantes de  las aldeas agrícolas de Atacama (Peine, Socaire, Cámar, Toconao y San Pedro de Atacama) el maíz, la oca, la quínoa y las papas con que complementaban su dieta habitual de pescado,  mariscos y algas.  La referencia de algún autor temprano de que sólo "se alimentaban de pescado", es ciertamente  errónea  y revela falta de observación atenta.  

(6)  Este dato es para nosotros de enorme interés. Si hemos de creer en las dotes de observación de Mellet, de que hace gala frecuentemente,  el comerciante francés vio efectivamente a los changos del Paposo vestidos con  cueros de lobos marinos ciñendo su cuerpo o sus cinturas. La cita dice expresamente: "y se sirven de su piel....para vestirse".   Más aún,  agrega cuidadosamente otro dato sugestivo: Estas pieles las usaban "con o sin el pelaje", es decir  podían usarlas del lado más blando provisto de  pelo, o del lado opuesto, con el cuero a la vista.  ¿Qué más podría pedirse a Mellet  en materia de observación?. Pero, además, esta referencia explícita nos sugiere  otra cosa  en términos de  su evidente no-aculturación:  pues aún visten al modo tradicional antiguo y  no usan  vestimenta europea de ninguna clase. De este  escueto dato pienso yo que se puede derivar aún otra consecuencia, sin forzar para nada el texto : que no estaban al servicio de los españoles y practicaban su vida semi nomádica tradicional: el mudarse caleta en caleta  dependiendo de la pesca obtenida. Si hubiesen estado de alguna manera al servicio de algún español o europeo  (v.gr. explotando alguna mina vecina o criando  cabras u ovejas),  de cierto  les habrían  obligado a "vestirse honestamente", usando algún tipo de camisa y  pantalón (los varones),   o blusa y falda ( las mujeres).  De esto podemos estar casi ciertos. Y esto revela que allí  viven aún, como diría don Pedro Lozano Machuca, "como en tiempos de la gentilidad". Y los describe así en la rada de Atacama (Cobija) hacia 1580: "Es gente muy bruta: no siembran ni cogen y susténtanse de solo pescado". (Lozano Machuca, 8 de noviembre de 1581. en Casassas,  "Una carta del Factor de Potosí: Contribución al estudio de la temprana historia colonial de los Andes Meridionales", Boletín Nº 2-3 Centro de Documentación (CEDOC), Universidad del Norte, 1972: 31-43).

(7)   Qué especie animal representa este  extraño ser aquí nombrado como caribou?. La edición  española de 1957 de la Editorial del Pacífico (Santiago de Chile)   traduce, groseramente,  como "caribón  (¿?)". El término es,  evidentemente,  inventado.  El texto francés, sin embargo, es totalmente claro: apunta: "caribou". El autor quiso referirse a nuestro gran ciervo andino o taruka o huemul tarapaqueño -porque de esta especie se trata sin la menor duda- con la denominación más cercana que pudieran entender los franceses:  el caribú, gran ciervo o reno, habitante de los bosques nórdicos del Canadá francés. Esta especie de reno canadiense (Rangifer tarandus L.)  es comestible, domesticable y  conforma numerosos ganados de propiedad de lapones y otras etnias nórdicas de Suecia, Noruega y Rusia. Los lapones de Finlandia y Noruega  crían hasta hoy numerosos tropas de renos domesticados, que  mantienen  bajo estricto control, mientras que en el extremo norte de Norteamérica (Canadá, Alaska y Groenlandia) este animal se mantiene únicamente en estado salvaje. Que sepamos, nunca fue domesticado por las tribus atapascanas o esquimales. El hábitat actual del huemul andino o taruka   está restringido sólo a la cordillera de Arica. Le hemos visto un par de veces en los alrededores de  Putre y Caquena (altiplano de Arica).  No se le conoce hoy  en estado salvaje ni en Tarapacá, ni menos mucho menos en  la Región de Antofagasta. Pero su presencia, testificada aquí por Mellet en 1815  en los cerros  costeros de Paposo donde existe una vegetación de Lomas  variada y singular provocada por las neblinas o camanchacas, nos prueba la existencia, en tiempos antiguos,  de un rango de  distribución  mucho mayor que el actual, hoy  de carácter residual o más bien, relictual.  Por la misma razón, sospechamos fundadamente que debió existir también en los oasis de niebla de la costa tarapaqueña  hace uno o dos milenios atrás, cuando dichos oasis ostentaban una  mayor superficie, y mayor variedad y vigor  vegetacional. Tal vez futuras excavaciones en los oasis de niebla, en busca de paleosuelos,   nos darán  un día la razón.  

(8)  Los franceses conocían, en efecto,  numerosos relatos de aventureros, misioneros y buscadores de oro que se adentraron audazmente en estos territorios vírgenes del Canadá y  Alaska en busca de fortuna o almas para salvar.  

(9)  La cornamenta de la taruka es mucho más pequeña y simple que la descomunal que ostenta  el caribú.  Pero fuera de este rasgo,  el parecido entre caribus y  tarukas, es evidente.

(10) En efecto, el caribú habita las zonas boscosas húmedas y heladas del Norte de Canadá, Alaska y Groenlandia.Soporta bien muy bajas temperaturas invernales. También la taruka es un residente habitual de las zonas frías situadas por sobre los 3.700 m de altitud en la vertiente occidental de los Andes sur peruanos y  ariqueños. El clima  húmedo y frío de la zona sujeta a la camanchaca costera,  especialmente sensible en la zona de los cerros que circundan  El Paposo, podía perfectamente suministrarle su alimento preferido:  consistente en líquenes, coirón o ichu (Stipa sp. o paja brava)  y otras especies de Bromeliáceas (Tillandsia spp. y otros  géneros afines) y Atriplex locales.

(11)  Este dato poblacional nos impresiona por lo potente.  Se trata, sin duda alguna no del número de indios "tributarios", sino de su  población total. 400 habitantes todos ellos changos con excepción del subdelegado español) equivalen, aproximadamente a  unas 92-94 familias ( ratio 1: 4.3), lo que constituye una población muy numerosa. Mellet se esmera en todo su obra por ofrecernos los datos demográficos más fidedignos que puede conseguir con sus interlocutores: es uno de sus objetivos confesados. La cifra, posiblemente le fue confiada por el Subdelegado español que sin duda entrevistó al efecto.  Sabemos que hubo y aún hoy hay en la zona  varias aguadas o vertientes (puquios) en el área de Paposo-Taltal. Unas, cerca de la orilla y otras, las más potentes,  a una altitud aproximada de  100-130 m snm., en quebradas adyacentes. El agua es de excelente calidad, como lo hemos podido  comprobar personalmente.  

(12)  Maíz, papas, quínoa  ají y oca, además de la siempre infaltable coca, lo obtenían por medio del trueque con las aldeas  atacameñas del interior de Antofagasta, por su charquecillo de congrio y panecillos de  luche (algas secas de la especie Ulva lactuca,  llamada lechuga o lechuguilla), 

(13) Al regresar nuevamente a Coquimbo, el comerciante francés lleva una gran provisión de charqui de congrio o "charquecillo", al haber adquirido la  plena certeza de poder venderlo con  facilidad en la ciudad, donde era muy apreciado. . Efectivamente,  como producto de este comercio,  logra llevar consigo  al Perú un buen cargamento de lingotes de cobre. Sospechamos que el objetivo principal  de su  viaje al Paposo  fue,   precisamente, para obtener allí, de los changos residentes, una buena remesa de charquecillo, producto  que en ese momento era para él su  mejor moneda de cambio.  El hábil comerciante sabía bien  qué hacer en cada lugar para lograr una buena y rápida  ventaja económica. El hecho de que logre comprar en muy pocos dìas,  una gran cantidad de kilos de charquecillo, (por desgracia, no nos indica cuántos)   es un claro indicio de que los changos, en ese tiempo, seguían dedicándose fundamentalmente a su elaboración, como ágil moneda de trueque en esos lugares. Mellet no desdeña este comercio que le resulta a la postre tan ventajoso. Así, pues, gracias al "charquecillo" hemos obtenido de  Jullien Mellet una valiosa descripción de Paposo y sus habitantes changos.  

De este puerto de Coquimbo se embarca para el Callao, puerto peruano  todavía bajo el dominio español, el que describirá después en detalle..

Corolario eco-antropológico.

De la sumatoria de datos suministrados directa o indirectamente por Mellet, se deduce bien cómo un antropólogo  cultural  puede y debe  exprimir la información, mediante el empleo de una fuerte base biológica y ecológica, para  lograr una  descripción más rica y enjundiosa de un texto relativamente parco y escueto; "une peinture", en palabras de Mellet) de las costumbres usos y economía de las antiguas etnias de pescadores recolectores costeros del desierto norte chileno y sur peruano.El tratamiento que hemos dado a las Notas" del texto  es, precisamente, el objetivo buscado: hurgar en el trasfondo eco-antropológico de los textos históricos, por más breves que éstos sean.. 













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