miércoles, 24 de agosto de 2011

Rodulfo Amando Philippi y las neblinas costeras: un botón de muestra de su capacidad de observación .


Nos proponemos en este nuevo capítulo del Blog aportar algunos ideas de este gran sabio alemán afincado en Chile a mediados del siglo XIX (llegó en el año 1851 a la región de Valdivia), sobre el influjo de las neblinas costeras o camanchacas sobre la vida vegetal de la franja litoral. El área sobre la cual don R. A. Philippi nos informa con gran prolijidad y detalle es más bien pequeña: se trata del área costera desde Taltal-Paposo hasta la Punta Miguel Díaz por el Norte (Coordenadas 24º 15¨S y 25º 26¨S respectivamente), es decir a lo largo de un trayecto de aproximadamente unos 130 km de franja costera. Philippi, por tanto no tuvo ocasión de conocer el sector extremo norte de la niebla (N. de Antofagasta, Iquique, Arica), por estar estos territorios situados ya en gran parte en territorio peruano de entonces, ni tampoco, la zona al Norte de la ciudad de La Serena sector del Cordón Sarcos (El Tofo, Chungungo). Tambien, aunque muy brevemente, nos informa sobre la escasa vegetacion y signos de vida presentes en el macizo de Cerro Moreno, hacia los lat. Sur.

Fig. 1. Elegante esquela de invitación extendida a académicos y amigos del sabio con motivo de cumplir éste los 90 años de edad (1808-1898), con la efigie del sabio alemán y firmada por prominentes figuras del país. En dicha ocasión se le hizo entrega de una medalla commemorativa y un libro con numerosas firmas de académicos adherentes al Acto, el que se realizó en la sede de la Universidad de Chile, (copiado de la reedición reciente del Viage al desierto de Atacama, 2008: Introducción, pág. li).


Fig.2. Foto del sabio tomada de Internet (Wikipedia).


Fig. 3. Fragmento ampliado de la esquela mostrada en nuestra Figura 1.
Fig. 4. Reproducción de una fotografía del sabio en la citada reedición de su obra, "Viage al desierto de Atacama", hecha en el año 2008, Introducción, pág. l.

En busca de primicias científicas en Philippi.

He podido dedicar algunas gratas horas a explorar y rescatar "perlas preciosas" ocultas en la obra magna de R. A. Philippi: su Viage al desierto de Atacama (Halle, Alemania, 1860). Realizado entre fines del año 1853 y 1854 con el apoyo decidido del gobierno chileno, esta epopeya en el desierto, en el por entonces "extremo norte" del territorio chileno, constituye una cantera de conocimientos y observaciones de primera mano, en una porción del territorio casi totalmente desconocida por entonces, salvo para audaces mineros, aguerridos cateadores o infatigables comerciantes atacameños. Allí campean una botánica riquísima, plena de especies nuevas que él mismo describirá minuciosamente, una zoología sumamente extraña, retazos de etnografía chilena con datos de primera mano sobre changos y atacameños, y, por fin, una mineralogía y geología producto de su observación directa y de los datos de terreno que le aportara su esforzado guia el cateador minero don Diego de Almeida, que a pesar de su energía, frisaba por entonces los 73 años.

La obra de Philippi: venero de sorpresas.

Debo confesar que cada vez que me sumerjo absorto en la obra de Philippi, encuentro nuevos atisbos, nuevos "descubrimientos" , nuevas sugerencias e incluso, nuevos desafíos para la investigación. Enemigo de la super-especialización, enfermedad crónica de los académicos del presente, Philippi se desenvolvía con igual maestría en botánica (que fue su principal expertise), en geología, mineralogía, zoología o geografía. Incluso incursiona con éxito en el campo de la lingüistica atacameña, aportándonos un vocabulario valiosísimo para el estudio de la por entonces moribunda lengua kunsa. Era un "naturalista", o sea un experto en "ciencias naturales" en el sentido más pleno de la palabra, de aquellos que hoy casi ya no existen en el planeta.


Pero era un "naturalista" que incursiona con el mismo interés y entusiasmo en el campo de la cultura humana, de la sociabilidad humana, del intercambio cultural. ¿Qué botánico o ecólogo hoy día se preocuparía de consignar un vocabulario de una lengua amazónica, en vías de extinción?. Ninguno, por cierto, por no tener la mínima preparación para ello. Pero Philippi lo intentó y lo logró, para gran júbilo de los antropólogos y de los lingüistas de hoy. En esto ciertamentre Philippi aventaja notoriamente a la inmensa mayoría de los cientificos de hoy, generalmente provistos de potentes "anteojeras" que le impiden ver "otras realidades" que no tocan directamente su pequeña parcela del saber. ¿Qué entomólogo de hoy se preocuparía de describirnos con detalles y minucias, el modo de vida de los changos junto a Paposo?. Philippi lo hizo, lo hizo bien y le estamos agradecidos por ello.

Un sabio que ve la realidad en todas sus dimensiones.

Y esta capacidad de captar y entender todo lo que ve a su paso, lo convierte en un testigo extraordinario, capaz de ofrecernos una fotografía viviente y palpitante del paisaje de su época y de los seres vivos, incluyendo los grupos humanos, que lo habitaban entonces. Para nosotros, Philippi fue a no dudarlo, un notabilísimo eco-antropólogo, pues supo entender a los grupos humanos que conoció y trató en su memorable viaje en el contexto de su propia "morada" terrenal: la totalidad de su eco-sistema. Con el mismo ardor y simpatía nos habla del meteorito de Imilac, de los petroglifos cerca de San Bartolo , de las mujeres que han quedado solas en Peine, mientras sus maridos andan lejos cazando chinchillas, o de sus arrieros atacameños y sus mulares. Todo lo dibuja y/o describe minuciosamente. Nada escapa a su ojo perspicaz.

El estudio de la Naturaleza.

Nos proponemos aquí extractar y reproducir algunas de sus ideas y comentarios a propósito de la camanchaca costera y sus efectos benéficos en la vida natural obtenidas en el extremo sur de la provincia de Antofagasta. Estas frases corresponden a aquella parte de su obra dedicada a la descripción de las numerosas especies botánicas que colectó durante su viaje y que, como era habitual en su época, fueron por él redactadas en lengua latina. Antes de entrar en materia, sin embargo, queremos dar a conocer al público en general y a nuestros estudiantes un documento extraordinario del sabio, que con el título de "El estudio de las ciencias naturales" se conserva hoy , escrito de su puño y letra, en la Liga Chileno-Alemana.

La naturaleza obra y reflejo de la grandeza divina.

Este texto, de una riquísima enjundia, es poco conocido y ha sido muy poco comentado entre los círculos académicos actuales, tal vez por el hecho de rezumar una fe profunda en Dios, fe que su estudio de la naturaleza no hizo sino profundizar y aquilatar. La ciencia actual acerca de la Naturaleza, cada vez más secularizada a partir del Renacimiento y aislada de sus raíces espirituales y religiosas, no suele hacer mención de su autor contentándose con escrutar sus secretos más profundos, los que reconoce cada vez más recónditos y maravillosos. Ha dejado en manos de la Filosofía y de la Teología el hurgar en pos de sus orígenes más íntimos y secretos.

He aquí el texto escrito por Philippi con su cuidada y exquisita caligrafía:

Fig. 5. Este texto, aunque consta sólo de 16 líneas, es una hermosa y emotiva oda al Creador, una elegía a las obras de la Naturaleza como salidas de las manos de un Dios omnipotente. Fiel reflejo de la profunda convicción religiosa de su autor quien ve en todo momento la acción divina entre sus creaturas.


Las nieblas costeras y sus efectos sobre la flora local.

En el texto latino que señalamos aqui, anota Philippi sus observaciones so0bre las neblinas costeras o camanchacas.

Fig. 6. Extracto de la sección "Florula atacamensis seu enumeratio plantarum in itinere per desertum atacamense observatarum", (págs. 175-180 del original de 1860, publicado en Halle, Sajonia).

Traducción nuestra.

"En la flora del desierto de Atacama debemos distinguir tres regiones: es decir, la litoral, la paposana y aquella del interior del desierto. Las plantas litorales nunca se alejan mucho del mar, buscando las partes salinas o la humedad del aire o del suelo. Bajo el nombre de la región paposana comprendo yo [las áreas] donde en una elevación entre los 500 y 1.000 pies [ esto es, entre los 100 m y 300 m) sobre el nivel del mar y durante nueve meses al año, se ven suspendidas fuertes nieblas [nebulae] y caen lluvias tenues a las que los españoles llaman "garruga" [sic por garúa] como también hay pequeñas vertientes en estrechos valles o entre las rocas donde se crea una vegetación bastante rica. Pero resulta muy curioso el hecho de que ni hacia el Norte de estas región [de Paposo] ni tampoco hacia el Sur donde las condiciones físicas de la costa parecen ser las mismas, las montañas del litoral gozan del mismo beneficio de las neblinas y de las lluvias, de las que depende la vegetación...." (1860: 177, edición 2008: 228).

En otro lugar, denominado Agua del Clérigo, anota Philippi:

"En las dos noches que pasamos cerca del Agua del Clérigo [25º 25´S] cayó una neblina densa y aún garúa. Esto sucede en la costa a cierta elevación, casi todos los días, durante nueve meses al año, y explica la abundancia comparativa de la vegetación" (edición 2008: 30). (Nota: el fenómeno ocurre a mediados del mes de Enero del año 1854).

Philippi trepó solo a los cordones de cerros del macizo de Cerro Moreno partiendo de Mejllones, visitando de paso algunas antiguas guaneras del área. Según el mismo lo relata (edición 2008: 44) la ascensión fue durísima y el resultado de sus pesquisas en ese sector norte del macizo, fue más bien magro. Algo le llamó muchísimo la atención: la presencia de senderos de guanacos (Lama guanicoe) hacia los 500 m de altitud allí donde nos dice no había planta alguna viviente.

Lo relata del modo que sigue:

"No había en todo ese trecho el menor vestigio de una planta o de un insecto, pero si millares de caracoles [i.e. conchas] vacíos del Bulimus xerophilus Ph. ¿Dónde viven estos caracoles y qué comen?, Creo que durante todo el tiempo de sequía se esconden en la tierra, saliendo sólo cuando el aire está humedo para comer los líquenes que cubren a menudo los fragmentos mayores de granito. Tal vez hay también en los meses de invierno neblinas en estos cerros, que producen una vegetacion efímera de plantas anuales, plantas con cebollas, etc. ..." (edición 2008: 44; destacado nuestro).


Y un poco más allá, agrega:

"En esta loma me tope con el sendero que toman los guaneros para llevar la leña de quisco de la cumbre del morro a Angamos. Este morro se levanta en forma de un pequeño cono de una grada elevada como 650 metros. En esta altura, se muestra alguna vegetación: quiscos del género Cereus, la Eulychnia brevifolia....Muchas matas estaban enteramente secas. Me admiré mucho de encontrar aquí rastros y estiércol de guanacos. ¿Hay acaso más vegetación en los meses de invierno?. Me sentí demasiado cansado para subir el último cono, que era muy parado, y me contenté con rodearlo ...." (edición 2008: 45; destacado nuestro).

Philippi roza, sin alcanzar a verlo, el extremo septentrional del oasis de niebla de cerro Moreno.

Lástima grande que el viajero no hubiera podido avanzar hasta la cima mayor del macizo del Cerro Moreno, que se encuentra hacia los 3.560 pies de altitud y a unos 39 km en línea recta hacia el sur. Hubiera así tenido a la vista el sector extremo sur del macizo donde, a barlovento, entre los 800 a 900 m de altitud, se da una rica y variada vegetación con presencia de verdaderos bosquecillos de centenares de enormes Eulychnias totalmente cubiertas de líquenes o "barbas de viejo". Esta zona la visitamos en agosto del año 1964 y en ella nos tocó ver pastando a cuatro ejemplares de guanacos, entre ellos un chulengo (Larrain, H. cita en Etnogeografia, Colección de Geografía de Chile, Instituto Geográfico Militar, Vol. XVI, 1984: 69). Aquí su alimento principal eran, a lo que creemos, las hermosas formaciones de líquenes colgantes, casi siempre presentes en los cactus elevados.


En otras palabras, Philippi visitó muy de pasada el extremo norte del macizo de cerro Moreno, sin alcanzar su cima y, lamentablemente, tampoco llegó a conocer el oasis de niebla propiamente tal. Éste, y su enorme riqueza de especies vegetales, líquenes e insectos, especialmente tenebriónidos, se encuentra exactamente a casi 40 km mas al sur, y a altitudes visiblemente superiores a las alcanzadas por el explorador en aquellos primeros dias de enero del año 1854.


Las neblinas costeras según lo verifica Philippi.

a) duran unos nueve meses en el año. Pueden ocurrir incluso hasta el mes de Enero.

b) mojan la franja del litoral desde los 100 m hasta las cimas de los cerros algunos de los cuales se elevan hasta los 1.000 m. de altitud;

c) adquiere la forma de una fina llovizna, frecuentemente durante la noche;

d) ocurren solamente en la estrecha franja litoral pero pueden penetrar por las partes bajas de algunos valles hacia el interior;

e) permiten la presencia de una variada vegetación y de algunas pequeñas aguadas, de agua dulce, situadas entre los 250 y 300 m de alltitud s.n.mn.;

f) su presencia queda restringida sólo a algunos sectores de la costa, lo que motiva su gran sorpresa.

g) su máxima densidad corresponde al área de Paposo donde el investigador encuentra y clasifica gran cantidad de especies vegetales, no pocas de ellas nuevas para la ciencia mundial y que portan su nombre (Phil).

h) La neblina es densa y mojadora sólo a partir de cierta elevación por sobre el nivel del mar.

(capítulo en elaboración; 23/08/2011).