sábado, 2 de octubre de 2010

Ritos religiosos de los indígenas Chamulas, en México en Noviembre 1968.

Me ha parecido pertinente, para que no queden en un total olvido, rescatar estas viejas páginas de mi "Diario de Campo" (Volumen 2-A), que describen circunstancias curiosas de un viaje a Chiapas, México en 1968. La expedición fue organizada por el geógrafo norteamericano John M. Ball de la Universidad de Giorgia (USA) y la joven géografa inglesa Diana Podd. John nos contrató, en calidad de intérpretes (pues el hablaba muy poco español) a la que fuera mi esposa, María Cristina Mardorf y a mí, para que les acompañáramos durante la larga travesía de investigación. Nuestro rol, como antropólogos e intérpretes, consistió en entrevistar a personas que de mutuo acuerdo elegíamos, y anotar día a día las observaciones de campo que recogíamos cuidadosamente en una grabadora. Un viejo pero poderoso Chevrolet de color celeste fue el hogar de los cuatro viajeros por esos largos meses.

Objetivo de la expedición.

El objetivo fue recopilar antecedentes de carácter geográfico y antropológico para estudiar el problema de la migración campo-ciudad desde un ángulo geográfico-antropológico. Para ello debimos visitar un conjunto de cerca de 40 Municipios rurales en varios estados de la república mexicana. Por entonces, me encontraba terminando mis estudios de Arqueología en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) de México, adscrita a la Universidad de México (UNAM).

El viaje de más de tres meses de duración se realizó en dos etapas, y nos condujo por varios municipios rurales de cinco estados de la república mexicana, permaneciendo 2-3 días en un municipio previamente determinado. Se entrevistó allí a autoridades civiles y religiosas, en especial párrocos, a periodistas locales, a connotadas personalidades conocedoras de la región y a especialistas, si los había. La idea era formarse una concepción clara de las razones que inducían a los lugareños a migrar a las ciudades más grandes.

Nuestro encuentro con la religiosidad chamula.

En una de estas visitas, en el pueblo de San Juan Chamula, en el estado de Chiapas, México, nos encontramos por entonces con una situación de alto interés antropológico desde el punto de vista de la antropología religiosa, la ritualidad y la pervivencia de antiguas creencias religiosas de origen indígena.

He aquí el viejo texto, rescatado del polvo de un viejo anaquel de biblioteca (1968, pp. 139-144):





Comentario antropológico.

En nuestro Blog hemos presentado ya varios lugares de arte rupestre en Tarapacá (Cf., entre otros, segmento titulado: "Un enigmático santuario de representaciones rupestres. Tarapacá-47"). Allí hemos tenido la ocasión de presentar imágenes visuales de lo que creemos fue un "Centro Ceremonial prehistóricos, y aventuramos algunas hipótesis explicativas. Estimamos que puede ser de gran interés cotejar la realidades cúlticas observadas aquel año 1968 en Chiapas, en el sur de México, entre los indios chamulas, con lo examinado por nosotros hace sólo un par de meses, en el área de numerosos petroglifos de carácter ritual, en las proximidades del pueblo actual de Tarapacá, en la Iª Región de Chile.

Constantes antropológicas: las expresiones rituales

Sospechamos que hay ciertas constantes en la práctica de la ritualidad que se repiten en muchos lugares, aún entre culturas diferentes, y en lugares muy distantes entre sí. La inolvidable experiencia vivida por nosotros en aquella memorable ocasión, un 17 de Noviembre de 1968, esto es hace casi exactamente 42 años, ha dejado en nosotros un recuerdo imborrable hasta hoy. Gracias al antiguo texto escrito que aquí presentaremos, me es posible revivir hoy, con mucha crudeza, esos momentos de fuerte emoción religiosa, en contacto con un pueblo profundamente imbuido de un potente sentimiento religioso ancestral, situación que nos ha permitido no sólo rememorar esos instantes, sino también, enhebrar una reflexión sobre su profundo contenido mítico, místico y de hondo contenido religioso humano.

El encuentro con el Padre Leopoldo Hernández.

En esa ocasión, fue muy notoria, casi chocante, la diferente expresión de práctica religiosa. Mientras el padre Leopoldo Hernández celebraba en el altar mayor del presbiterio la Santa Misa católica en compañía de unos 15 chamulas cristianos, hombres y mujeres, y nuestro exiguo grupo expedicionario, siguiendo fielmente el ritual consagrado por la liturgia católica de acuerdo a un bien definido contexto, gran número de familias chamulas "paganas", hacían sus propios rituales, libaciones y consumían su comida ceremonial con botellas de aguardiente, refrescos y huevos. El espectáculo para nosotros fue sorprendente, por decir lo menos.

Las formas de expresión cúltica de los chamulas.

Cada familia, rodeada de sus hijos, estaba sentaba delante de alguna de sus imágenes católicas preferidas en el interior del templo. Había allí alineadas, a ambos costados de la nave, central un enorme número de imágenes. Nadie miraba hacia el altar mayor (el que permanecía totalmente ignorado) , lugar donde el padre celebraba piadosamente su Misa. sino hacia los costados donde se alineaban en fila, a poco distancia una de la otra, las imágenes religiosas. Todas representaban santos católicos, con sus ropajes característicos. Las imágenes se veían sucias, empolvadas, manchadas por el cerote de las velas que ardían continuamente y por la costumbrecomún de tocar o besar sus vestiduras. La parte central de la nave de la iglesia estaba repleta de familias chamulas que, como se ha explicado recién, miraban respectivamente hacia su derecha o izquierda , hacia el lugar donde se alzaba su imagen predilecta, dándose respectivamente los grupos las espaldas.

De tanto en tanto, algunos se levantaban y se acercaban al santo, tocando la base de la imagen. No entendimos la razón de estos gestos, hasta que nos la explicó después, a la salida, el Padre Hernández. Ahí nos reveló, para gran sorpresa nuestra, que debajo de las vestiduras, las familias chamulas solían esconder pequeñas imágenes antiguas( idolillos) de sus divinidades ancestrales, aún vigentes. De modo que la adoración, el incienso de copal y el ritual que observábamos atónitos, eran dirigidos en realidad a éstas, y no a la imagen del Santo visible . O si se prefiere, tal vez a ambas.

Un solo templo para dos expresiones cúlticas muy diferentes en su forma pero idénticas en su sentido profundo.

En buenas cuentas, ese amplio y hermoso templo católico del fines del siglo XVI en San Juan Chamula albergaba, en ese momento y simultáneamente, dos cultos, dos comunidades orantes, dos religiones, dos expresiones litúrgicas muy diferentes, bajo la tecumbre de un mismo recinto. Los chamulas "paganos" -como decía el padre- hacían sus rituales ancestrales quemando incesantemente copal, en medio de una suave murmullo continuo de rezos y súplicas, en su lengua a su imágenes ocultas, mientras los pocos fieles chamulas cristianos, en profundo silencio, asistían con nosotros, a venerar el recuerdo del cruento sacrificio de Cristo en la Misa católica. En la nave central, la atmósfera respiraba a humo concentrado, inescapable.

Una experiencia imborrable.

Fue una experiencia inolvidable para nosotros, la que nos ha marcado para toda la vida. Hasta hoy, al recordar nítidamente ese suceso ocurrido hasta 42 años, nos commovemos profundamente y admiramos el profundo sentido religioso de ese pueblo. Allí imagen, rito, comida ritual y oración incesante, eran una sola realidad. Todo era considerado indispensable para el encuentro con la divinidad.

Dos hechos rituales ante dos centros de veneración.

Al recordar hoy este hecho, y al recorrer a pie hace pocos meses atrás el "Centro Ceremonial" de Tarapacá 47, situado junto al pueblo de Tarapacá, y sus numerosos bloques con figuras, nos vino inmediatamente a la memoria este suceso vivido por mí hace tanto tiempo. Porque aunque el escenario físico y geográfico fuera diferente y la distancia temporal grande, el trasfondo religioso y su expresión cúltica, nos pareció semejante en no pocos aspectos, y perfectamente comparable.

Si por un milagro algún amigo mexicano visitara este Blog y leyera estas líneas, le quedaría especialmente agradecido me informara si aún siguen realizándose en San Juan Chamula las ceremonias que acabo de describir, presenciadas por mí hace 42 años atrás.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Que emoción leer este artículo, la verdad impresiona lo mucho que se aprende y reflexiona en el trabajo de campo, que tanta falta nos hace a los estudiantes de antropología de hoy.

Gracias profesor. Gonzalo.

Anónimo dijo...

Invitación a colaborar.


Saludos cordiales;
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