sábado, 18 de septiembre de 2010

Eco-antropología de un Bicentenario: Chile bajo la lupa histórica en el año 2010.

"Y ese mar que tranquilo te baña, te promete futuro esplendor...".

"Majestuosa es tu blanca montaña..."

"Y tu campo de flores bordado, es la copia feliz del Edén".

"Majestuosa es tu blanca montaña..." ..."que te dio por baluarte el Señor".

"Puro, Chile, es tu cielo azulado... puras brisas te cruzan también...".


La Fiesta bicentenaria.

Hoy, 18 de septiembre de 2010, Chile recuerda sus doscientos años como nación independiente. Le hemos llamado "nuestro Bicentenario". En un día como hoy, en 1810, se reunió un grupo de patriotas en Santiago de Chile, en un Cabildo Abierto, para deliberar cómo proceder ante la prisión de Fernando VII el legítimo Rey de España y la presencia del invasor napoleónico. Surge, imprevistamente, una luz emancipatoria en el horizonte americano. Ya había precedentes. El sacrificio y destierro a la isla de Juan Fernández de los "Tres Antonios" en 1780 no habría sido en vano. Las llamas de la libertad ya inundan América entera. Cuatro naciones americanas, proclamarán durante 1810, su ansiada Independencia de la Madre Patria, España.

¿Recordar, conmemorar, celebrar o simplemente "reseñar" históricamente este acontecimiento?.

¿Debemos celebrar con fanfarria, bombos y platillos?. ¿Tirando -como se dice- "la casa por la ventana"?. Es lo que parece estamos haciendo a todo vapor en estos días de despliegue de luces, de festones, de marchas marciales y gigantescas banderas, o grandiosos edificios remodelados para la ocasión. Se quiere dejar un recuerdo imperecedero e inolvidable de esta gesta histórica visible, palpable, ostensible al mundo entero. Un retrato de un Chile potente, audaz y comprometido con el "Progreso", bajo un gobierno de nuevo cuño, renovador y en proceso "de cambio".

Opiniones encontradas.

No todos están de acuerdo. Hay voces discordantes. Hay voces que sugieren máxima cordura y moderación ante la existencia de graves situaciones que nos alertan y recuerdan que "ni somos aún una nacion desarrollada", ni tampoco, podemos plácidamente tocar el clarín cuando a nuestro alrededor abunda la miseria, la discriminación, el odio racial, o el desprecio abismal por el medio ambiente.

Se celebran los triunfos, las hazañas, las proezas; las epopeyas . Pero frente a tanto desafío actual no enfrentado, o enfrentado tímida o cobardemente, frente a tantas situaciones aflictivas que vive hoy nuestra nacionalidad, una celebración apoteósica, masiva, frenética, desenfrenada, estaría aparentemente fuera de lugar.


Qué podemos, más aún, debemos celebrar?

Se puede y debe celebrar proezas como las batallas de Chacabuco o Maipú (1817 y 1818), la primera publicaciòn de la Historia Física y Política de Chile por don Claudio Gay, (1844), La Inauguración del primer ferrocarril chileno entre Caldera y Copiapó (1851), La Inauguración del Viaducto del Malleco, puente de 102 m. de altura sobre el río del mismo nombre (1890).

O la elección de Francisco Melivilu, como el primer Diputado mapuche para el Parlamento Chileno (1924),o la muy merecida entrega del Premio Nobel a nuestra poetisa Gabriela Mistral (1945).

O el momento en que se dio derecho a voto presidencial a la mujer en nuestro país (1949), o el término de la Dictadura Militar, (1990), o el Lanzamiento de la Ley Indígena 19.253 (1993), reconociéndose los derechos inalienables de los Pueblos Indígenas. Y, por fin, -¿por qué no?- la instalación en Coquimbo del primer Parque Eólico para la producción de energía limpia en nuestro suelo patrio (2007), indicio débil pero evidente de nuestra lucha actual por nuestra plena independencia energética.

Todas estas gestas o epopeyas, de diversa índole por cierto, son dignas de celebrarse con fanfarria y juegos de luces. Pues apuntan a nuestro real progreso tanto cultural, como social y económico. Estas verdaderas epopeyas son las que nos llenan de un legítimo orgullo patrio.

Pero, ¿celebrar así el Bicentenario, en bloque, como lo estamos haciendo en este momento, sin reticencias, sin actos de mea culpa colectivos, sin distingos?. No nos parece. Porque no todo ciertamente es digno de celebración y gozo. Un mea culpa colectivo por lo mucho que aún no logramos extirpar, corregir o mejorar, se hace imperioso, impostergable. Sin embargo, esta actitud realista no parece estar en la actual agenda de gobierno.

Y, sin embargo, nada honra más que un mea culpa sincero, hecho a tiempo, sin culpar a otros, como lo ha mostrado hidalgamente la Iglesia Católica a propósito de hechos luctuosos recientes.

¿Podríamos celebrar hoy, sin ruborizarnos:

a) el quemante y doloroso problema actual existente - como materia. pendiente- con nuestro pueblo mapuche y sus legítimas reivindicaciones no escuchadas aún?;

b) la existencia todavía hoy de centenares de "campamentos" insalubres en nuestras grandes ciudades, donde viven hacinados miles de chilenos, compatriotas nuestros?. ¿Dónde quedó el repetido y pomposo slogan que habíamos acuñado: "2010 sin campamentos"?;

c) la destrucción sistemática de ecosistemas vírgenes, por un mal entendido "Progreso", mediante la tala indiscriminada y/o la destrucción de valles y cuencas completos?;

d) la marginación y el desamparo de muchas de las poblaciones aymaras, lickan antai, collas, mapuches y huilliches?.

e) la herida aún sangrante de las familias de los "detenidos desaparecidos" ,de muchos de los cuales aún hoy las Fuerzas Armadas o sus integrantes de la época no han tenido el valor de señalar su paradero final?.

f) cuando el agua ha sido vergonzosamente privatizada y declarada un "bien transable", en lugar de ser propiedad de todos los chilenos, mediante la imposición de una legislación que ha favorecido el pillaje, el negociado sucio y/o la especulación financiera o , peor aún, el despojo de los pueblos, sus legítimos dueños desde tiempos immemoriales?.

g) Cuando se ha permitido a la gran Minería y a los grandes Consorcios establecer el dónde, el cómo y el cuándo de su actividad energética, por haber el Estado chileno renunciado lamentablemente a su rol director y controlador de la economía y ecología nacional ?. Y esto lamentablemente ha sucedido porque el Estado de Chile carece de un acotado proyecto energético nacional y de un itinerario claro de ejecución del mismo. Al respecto, el caos es total. En suma, nuestro país ha demostrado con ello una carencia total de visión respecto de un futuro sustentable para la nación.

h) Cuando se ha permitido por décadas la explotación inmisericorde de los ecosistemas marinos por parte de los grandes consorcios navieros internacionales, destruyendo así la potencialidad y riqueza de nuestro "Mar Chileno"?. ¿Podríamos decir hoy, sin avergonzarnos, que el Mar sigue siendo "chileno" en estas circunstancias?.

i) Cuando mantenemos aún síntomas dolorosos y recurrentes de un evidente racismo frente a los que seguimos llamando "indios", "cholos", paisanos o "negros"?.

j) Cuando se nos niega en la práctica la capacidad de réplica o de participación real ante Proyectos Energéticos o Mineros abiertamente opuestos a una política ambiental sana, amenazándonos abierta o veladamente con el uso de la fuerza pública y Carabineros?.

k) O cuando nuestras protestas pacíficas son acalladas por la propia autoridad estatal con la mofa y el desdén, tachándonos de "activistas" y "ambientalistas" retrógrados?.

l) Al ver y constatar dolorosamente la lamentable inseguridad en las faenas mineras que ha dejado hoy al descubierto lo ocurrido en la Mina San José de Copiapó y sus 33 mineros atrapados, por la falla imperdonable de una debida fiscalización por parte del Estado?.

¿Podemos aún así celebrar?

¿Podríamos, en uso pleno de nuestras facultades mentales, "celebrar" este tipo de actitudes y conductas que están hondamente arraigadas en nuestro sistema legal, sobre todo a partir de la Dictadura Militar de 1973?. ¿Celebra acaso una familia con fanfarria, pitos flautas y mucho zapateo en casa cuando hay alli enfermos graves que claman por el silencio?. Algo asi nos sucede hoy a los que tomamos muy a pecho la gravedad de ciertos hechos, que muchos, por desgracia ni siquiera advierten a su alrededor.

Son parte de nuestra historia real.

Y, sin embargo, hay hechos que son parte doliente de nuestra historia bicentenaria, aquella que más bien quisiéramos - pero no debiéramos-, ocultar o acallar. Son estos hechos tan parte de nuestra historia real, como la tristemente denominada "Pacificación de la Araucanía" (1861-1882), o la "Guerra del Pacífico". (1879-1884) o la "Matanza de la Escuela Santa María" de Iquique, (1907). Episodios sangrantes, lacerantes, de nuestra historia patria bicentenaria.

Hechos que son motivo de dolor y de profundo auto-análisis como nación.

Los hechos reseñados mas arriba, son parte de nuestra realidad nacional y parte de nuestra historia, no lo olvidemos. Pero no son ciertamente motivo de celebración o festejo. Son más bien motivo de llanto y de dolor profundo. Sin embargo son, lamentablemente, parte significativa de nuestra historia bicentenaria, mal que nos pese. Hoy es el momento de analizar sin temor y en profundidad su legado, su significado; tanto como sus lacras y sus logros. Todo, sin ocultar nada.

Por esto, estimamos que es mucho mas logico "conmemorar" que "celebrar" en la hora presente.

Destacar, sí, nuestras proezas logradas en estos 200 años de vida independiente, como algunas de las señaladas arriba- pero con la clara y nítida conciencia de lo mucho que nos falta para ser un país realmente democrático y realmente desarrollado.

Tal seremos, cuando todos los auténticos logros de que nos ufanamos, lleguen efectivamente a todos los estamentos sociales y a todos los rincones del país.

Sólo entonces, creo, tendríamos pleno derecho a celebrar con bombos y platillos.


En la ciudad de Iquique, el 18 de Septiembre de 2010.