lunes, 2 de agosto de 2010

Darwin visita Iquique y la zona salitrera: 12 de julio 1835

Fig. 3. Diseño de construcción del HMS "Beagle". Vista lateral y superior del navío. Se muestra el camarote del capitán Fitz-Roy donde el joven Darwin encontró lugar para su permanencia a bordo durante los seis años de su viaje alrededor del mundo.

Fig. 2, Litografia de la época que nos muestra el barco "Beagle", anclado en los mares del extremo sur chileno, cuando Fitz Roy realizaba mediciones conducentes a elaborar una cartografía del Canal que llevará su nombre (1834).

Fig. 1. Óleo de Darwin muy joven, aproximadamente de la época en que se embarcó en el "Beagle" bajo el mando del capitán inglés Robert Fitz Roy, en 1831.

Publicamos aquí un reciente artículo nuestro, aparecido en el diario "La Estrella" de Iquique, el día 13 de julio de 2010, páginas A-14 y A-15, con motivo de cumplirse los 175 años de la recalada de Darwin en este puerto nortino, en pleno desierto de Atacama. Esta nota quiere ser un homenaje al su aporte al conocimiento de este puerto, y su zona aledaña, en fecha muy temprana, cuando apenas habìan comenzado los primeros embarques del salitre a los puertos europeos.


Texto completo del artículo:

UNA VISITA MEMORABLE:

EL BIOLOGO Y NATURALISTA INGLES CHARLES DARWIN RECALA EN IQUIQUE HACE EXACTAMENTE 175 AÑOS.



Dr. Horacio Larrain B. (Ph.D.)

Antropólogo cultural y arqueólogo

Coordinador Regional

Centro del Desierto de Atacama

Pontificia Universidad Católica de Chile.


Recalada en Iquique: 1835



Hace exactamente 175 años, un día 12 de julio del año 1835, el pequeño puerto de Iquique, una creciente población de unos 1.000 habitantes, acoge la inesperada visita de un joven naturalista inglés: Charles Darwin. El científico visitante arriba en el “Beagle”, barco de 29,5 metros de eslora, 235 toneladas, y una dotación de 10 cañones. Diseñado primitivamente como barco de guerra, fue adscrito a la investigación naval a partir del año 1826. Su tripulación era de 120 hombres al mando del capitán Robert Fitzroy.

Darwin surcará los mares en el “Beagle” recopilando ávidamente evidencias sobre un hecho que constituirá más tarde, cuando sus experiencias y observaciones vayan cristalizando en una potente síntesis, su famosa Teoría de la Evolución. Su visita a nuestra zona e incipiente puerto –donde recién se habían iniciado los embarques del salitre a partir de 1830- será breve pero notablemente fructífera. En sólo cuatro días de estadía, sin embargo, se formará una acabada impresión tanto del sitio de la pequeña ciudad–puerto como de sus alrededores desérticos, sus recursos bióticos y sus principales riquezas.


Objetivos del viaje de Darwin a bordo del "Beagle".

El objetivo de su viaje lo reseña él mismo al inicio de la segunda edición del Diario (1860). “…a) completar el estudio de las costas de la Patagonia y Tierra del Fuego; b) levantar los planos de las costas de Chile, del Perú y de alguna islas del Pacífico, y c) y hacer una serie de observaciones cronométricas alrededor del mundo”. Darwin podrá participar en esta expedición (la segunda del “Beagle” a las costas de América) por iniciativa directa de su capitán, Robert Fitz Roy por que éste exigía llevar en su largo viaje a un científico. El naturalista expresa así su reconocimiento a este marino: “a él debo el haber podido estudiar la historia natural de los diferentes países que visitamos” (edic.1984: 5). En apretadas tres páginas de la segunda edición de su obra “El Viaje del Beagle” (1860) el naturalista nos reseña en detalle lo que en esta inhóspita región más le sorprende y atrae.


Si bien Darwin se había especializado en el estudio de los invertebrados marinos, recibiéndose de biólogo en 1831, mantuvo siempre un marcado interés por la botánica y la zoología, gracias a la influencia y apoyo de uno de sus mejores amigos, el Dr. John Henslow, quien le inculcó un especial atractivo por el estudio de las plantas y de los insectos. Por eso no nos ha de llamar la atención su patente curiosidad por describir en detalle los vegetales y animales que encuentra a su paso. Al término de su libro, señala a este respecto: “un viajero debe, pues, ser botánico, porque en todos los parajes el más hermoso ornamento lo forman las plantas” (edic. 1984: 579).


Su descripción del desierto tarapaqueño.



Su descripción minuciosa del paisaje y del clima del desierto nortino revela claramente que se supo informar muy cuidadosamente de todo lo que observaba, y muy en especial, de las condiciones climáticas del área. La ausencia casi total de lluvias le sorprende en extremo, aunque ya había conocido la sequedad en la porción meridional del desierto, en su extenuante recorrido en mula desde Coquimbo hasta Copiapó.

Sus observaciones nos revelan al geógrafo experimentado y acucioso. Darwin nos sorprende, por ejemplo, con los siguientes datos concretos: que cada 7-8 años caen aquí cortas lluvias; que la arena de sus dunas alcanza los 300 metros (alude claramente al complejo dunario del Cerro Dragón).


La camanchaca costera.


Aludiendo a la presencia de la camanchaca costera, nos indica que en esta época del año se extiende sobre el océano y sube por los requeríos un espeso manto de neblinas. Señala al respecto: “en las montañas de la costa, a unos 600 metros de elevación, allí donde en esta ocasión descansan casi siempre las nubes, se ven algunos cactus en los huecos de las rocas y algunos musgos en la arena que cubre las piedras”.



¿Como se abastece Iquique de agua potable?.



Sobre el suministro de agua potable nos revela que el agua de beber que se emplea en Iquique la traen desde Pisagua en pequeñas embarcaciones. Todo le interesa vivamente: el clima, los recursos, la flora, la fauna, la población y el tipo de asentamiento.



Aspecto de la naciente ciudad de Iquique.



Aquí - nos dice de Iquique - se vive como a bordo de un buque”. Nada tan triste como el aspecto de esta ciudad”, reseña. Nos habla con entusiasmo del salitre y sus aplicaciones, así como de su posible origen geológico. Apunta certeramente a este origen en antiguos lagos interiores, destaca su presencia en vetas y describe su modo de explotación.

A lomo de mula y provisto de dos guías, trepa el escarpado zig-zag desde Bajo Molle a Alto Molle y cruza muchos kilómetros de calcinante desierto para llegar a pernoctar en la salitrera “La Noria”. Atraviesa la meseta muy cerca del extremo sur de la actual ciudad de Alto Hospicio, territorio totalmente desértico e inhabitado por entonces. En “La Noria”, su dueño, un coterráneo suyo, el empresario salitrero George Smith le explica en detalle el modo de obtención del salitre. Recorrerá, para lograr esta evidencia, 70 kilómetros de aridez absoluta, en muchas horas de cabalgata. Convive con la esterilidad de un paisaje donde solo líquenes pueblan sectores rocosos más algunos escasos cactus. No ve en su trayecto – y lo dice expresamente- ni animales, ni insectos ni aves, salvo el infaltable gallinazo. No dejan de llamarle poderosamente la atención, sin embargo, las decenas de esqueletos de mulares de carga que tapizan el suelo a su paso, mudos testigos del incesante acarreo del salitre, hasta su embarque en el puerto de Iquique.



Divisa, desde la distancia –pero no los visita por falta de tiempo- los pueblos mineros de Huantajaya y Santa Rosa, ya en franca decadencia por entonces. De ellos dirá: “Estos pueblecillos están situados a la entrada de las minas; colgados como parecen en la cumbre de una colina, presentan un aspecto todavía menos natural y más desolado y que la villa de Iquique”.



Todo lo que observa a su andar le convence de que “nos encontramos en un verdadero desierto…una vez cada siete u ocho años llueve por espacio de algunos minutos”. El clima debe aquí haber sido extraordinariamente seco y por un largo período de tiempo”.


"El primer desierto verdadero que he visto...

Una frase lapidaria resumirá su breve experiencia tarapaqueña: “quizá sea éste el primer desierto verdadero que he visto en mi vida”. No sabía Darwin por entonces que había tenido el privilegio de conocer de cerca y recorrer una pequeña parte del desierto más árido del planeta: el desierto de Atacama.



Solo cuatro días de observaciones.

Parece increíble que en apenas 4 días de observación atenta, haya podido acceder a tanta información y haya podido formarse una idea tan cabal de este territorio, cuya riqueza salitrera aquilata perfectamente, apenas 5 años después de los primeros embarques del oro blanco a Inglaterra y Francia. No puede dudarse de que recurre a excelentes informantes, entre ellos, sin duda, el propio George Smith quien fuera compañero y amigo de William Bollaert uno de los grandes descriptores de Tarapacá y con quien dialoga y pasa una noche en su salitrera de “La Noria”. Aquí - podemos imaginarlo sin dificultad - al calor de una sencilla chimenea, Darwin y Smith dialogan afiebradamente sobre el desierto, sus recursos minerales y su posible origen geológico.



La presencia invisible de este notable naturalista británico en estas tierras iquiqueñas, a los 175 años de su memorable visita, ojalá nos recuerde para siempre la clarividencia de su genio y su extraordinario legado científico a la humanidad.




El barco de Darwin: el "Beagle" será testigo mudo pero magnífico de su “Diario de campo”. En la cabina del capitán Fitzroy, se pasará muchas horas, impávido, redactando su preciado “Diario”, un tesoro que hoy releemos con especial fruición.