viernes, 24 de febrero de 2017

"Qué hace el arqueólogo": Manual de campo de "Expedición a Chile". Una Guía práctica para iniciarse en el conocimiento de la arqueología, editada en Santiago en 1975.

Los orígenes de "Expedición a Chile".

A comienzos del año 1975, un grupo de soñadores chilenos congregados por el ingeniero y matemático Alberto Vial Armstrong, el abogado Mario Correa Saavedra y Luis Peña Guzmán, conocido entomólogo chileno, diseñaron, con el apoyo de otros científicos de las universidades locales, una revista sui generis  que pretendía  mostrar, en imágenes y texto, las riquezas ocultas en rincones poco conocidos de nuestro país. La casa editora nacional Gabriela Mistral,  sería  la responsable de la edición. En Chile se vivía por entonces un período histórico muy  complicado, con la llegada al poder de los militares tras el golpe militar de septiembre de 1973. Se trataba, pues,  de dar a conocer nuestro país desde otro punto de vista, del de su riquezas naturales, ignoradas o poco reconocidas por los propios chilenos. Nos habíamos acostumbrado demasiado a mirar hacia fuera, ignorando o desconociendo  nuestro propio ser, nuestra propia y rica  geografía, nuestra ecología, historia o antropología. ¿Cómo dar a conocer Chile, entonces, encantando a nuestros compatriotas con nuestras riquezas naturales y nuestras culturas ancestrales?   Se trataba así de unir a  los chilenos después de las luchas fratricidas. Se buscaba  una sana escapada al odio y al rencor de unos y de otros. ¿Qué mejor que  meditando profundamente sobre nuestro propio territorio, su devenir geográfico y geológico y sus riquezas naturales, tan poco conocidas por la inmensa mayoría de los chilenos?.  Parecía el momento preciso para  reflexionar sobre lo que nos unía, por encima de  nuestras diferencias políticas: el amor  por Chile.

 Expediciones reales a lugares reales.

La respuesta fue crear una revista ilustrada que mostrara el verdadero y semioculto rostro de Chile, en un momento en que se nos miraba con profunda desconfianza,  recelo o franca  odiosidad  desde el exterior. ¿Cómo llamarla?. Hubo acuerdo general en que expediciones reales a distintos rincones del país dirigidas por científicos de variadas disciplinas, serían la base, la riquísima materia prima para el relato. Alguien sugirió llamémosla "Expedición a Chile",  porque de hecho íbamos a expedicionar en nuestro propio país, para conocerlo y darlo a conocer mejor. El nombre gustó a todos. Uno de sus creadores, Luis Peña Guzmán, tenía fama de ser probablemente el mejor conocedor del territorio patrio, de su fauna y de su flora, pues  había recorrido el país desde el volcán Tacora, por el Norte hasta la isla del Cabo de Hornos, en busca de  insectos, batracios, reptiles, aves o mamíferos desconocidos.  Era Lucho, -como le llamábamos todos familiarmente- el guía obligado de cuanto científico de la Naturaleza extranjero llegaba al país a estudiar su flora o su fauna.  Tenía ya por entonces  a su haber, a sus 54 años,  más de 300 expediciones a los más recónditos rincones del país.  ¿Qué mejor guía para expedicionar  a través del Chile desconocido?. 

Un proyecto novedoso  pero audaz.

El proyecto era muy ambicioso. Entregar textos didácticos, pero sencillos y  amenos, describiendo las expediciones realizadas y sus resultados e incógnitas; acompañar el relato con abundancia  de imágenes, croquis y mapas; dibujar las especies de plantas y animales raros; mostrar la cartografía de los lugares visitados;  entregar  en fascículos diferentes "Guías de Campo" para  los lectores, al estilo de los Field Guides de Norteamérica, para  reconocer las especies animales y vegetales de las distintas regiones del país. Muy importante nos pareció el reflexionar en  equipo sobre el sentido, origen y destino de nuestro territorio patrio y sus especies naturales  así como sobre  el peligro de extinción de las mismas. En este sentido, la revista debía tener una  fuerte tonalidad ecológica  y de protección ambiental, aspecto que era ampliamente compartido por todo el equipo científico. 

Las Guías de Campo para reconocer las especies.

La primera "Guía de Campo", dedicada a la Observación de nuestro litoral, fue encomendada al biólogo marino de la Pontificia Universidad Católica  Juan Carlos Castilla, gran conocedor del medio litoral chileno y sus extraños  habitantes. Pronto le siguió una segunda Guía de Campo, para el estudio y reconocimiento de las mariposas diurnas  de Chile, obra de Luis Peña Guzmán. No pocas de las especies allí mostradas fueron fruto directo del descubrimiento personal de Lucho de  mariposas hasta entonces desconocidas en nuestro país. Nosotros mismos nos ofrecimos para elaborar una pequeña Guía sobre  arqueología, en la que se explicara en forma simple qué hace el arqueólogo y cuáles son los métodos y resultados de su labor.   Este es el origen del capítulo que aquí presentamos  donde  se reproduce in extenso  el librito completo  titulado:  "Qué hace el arqueólogo", de  120 apretadas páginas, llenas de imágenes.

Hace unos años  atrás  quisimos  dar a conocer y reproducir esta obrita en este mismo Blog, dando la oportunidad a muchos lectores de leerla aquí mismo. Por razones técnicas que no manejamos, al poco tiempo el link a la obra desapareció, y solo quedó su breve Introducción. Hoy subsanamos este error técnico en beneficio de nuestros lectores y seguidores.  Hemos optado por el método, mucho más lento y tedioso, de copiar  todas sus páginas, una por una,  para poder ofrecerlo así completo a nuestros lectores.

Sabemos por testimonios varios, que  esta obrita, al igual que los otros manuales de "Expedición a Chile", contribuyó a  despertar numerosas vocaciones científicas en nuestro país. Lo que nos llena de orgullo y satisfacción  al constatar que hemos cumplido con nuestra misión y sus objetivos. También nos consta que remeció la conciencia ecológica nacional, dormida o adormilada,  y suscitó y/o inspiró empresas semejantes, destinadas a dar a conocer y admirar en imágenes el territorio patrio, como el Programa  "La Tierra en que vivimos" o  "Al Sur del Mundo". Sus creadores han reconocido paladinamente que nuestra revista fue inspiradora de sus empresas e ideales. Testimonio  que a ellos los honra y a nosotros nos enorgullece.

Mostrar al público qué es la arqueología y cómo se hace arqueología, era un desafío nada fácil. Con entusiasmo y apoyado por varios científicos del Museo de Historia Natural de Santiago  (Grete Mostny, Rubén Stehberg) , cuyo apoyo nos compromete, nos pusimos   a trabajar. El resultado está hoy en sus manos.  Reproducimos aquí con agrado su texto, con algunas adiciones nuestras  actuales al pié de cada figura, las que creemos valorizan su contenido  y le otorgan mayor credibilidad.

La  Editora Nacional Gabriela Mistral (ex Editorial Quimantú)  se encargó de su impresión y divulgación.

He aquí el texto completo de esta obrita aparecida en el año 1975, esto es hace ya más de 40 años. 

Fig. 1 . Portada del Manual de Arqueología.


Fig. 2.  pág. 1.  El autor de este Manual (derecha) junto a un ayudante de campo, clavando las estacas para  trazar la cuadrícula de  1 m. x 1 m. en un pequeño conchal arqueológico en la localidad de Los Molles  (Marzo 1975).
Fig .3.  pp.  2-3.  Título de la obra, autor e Institución patrocinante.

Fig. 4. pp. 4-5.  Se explica objetivo de la Arqueología : estudiar las huellas de los antiguos habitantes del territorio a través de los restos culturales.


Fig. 5.  pp. 6-7.  ¿Dónde excavar?.  La figura  de la izquierda muestra a Luis Peña Guzmán, entomólogo, observando  círculos de piedra, bases de viviendas de los changos  prehistóricos en el sitio de Pan de Azúcar. A  la derecha, vista de la quebrada de Tarapacá y sus sembríos desde el alto,


Fig. 5.  pp.  8-9.  Los rastros del pasado.




Fig. 6. pp. |10-11.  Algunos restos arqueológicos  característicos. Revelan técnicas especializadas y señalan períodos cronológicos.



Fig. 7. pp. 12-13.  El uso de la piedra o  actividad lítica.


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Fig. 8.  pp. 14-15.  Empleo de los productos vegetales.



Fig. 8.  pp. 16-17.  Distintos tipos de materia prima utilizada: madera, hueso, alfarería, cestería.



Fig. 9.  pp.  18-19.   Manifestaciones rituales: geoglifos.

Fig. 10.  pp.  20-21.  Razones  o argumentos que usa el arqueólogo para excavar un determinado sitio.




Fig.  11.  pp. 22-23. El salvataje o salvamento arqueológico. Cuándo cómo y por qué hacerlo.


Fig. 12. pp. 24-25.  Criterios para  decidir dónde excavar.



Fig. 13. pp. 26-27.  Sitios arqueológicos relevantes en Chile y conveniencia de crear Museos de Sitio en el país 

Fig. 14. pp. 28-29.  En los siglos  XIX y XX muchas expediciones científicas tuvieron por objeto directo obtener piezas para decorar y enriquecer los Museos europeos de la época. en especial en Inglaterra, Francia, España,Alemania, Bélgica, Noruega o  Rusia. De esta suerte  numerosos objetos de nuestras culturas se exhiben hasta hoy en dichos países europeos y no han retornado al país de origen. La tendencia actual de nuestras comunidades ancestrales es reclamar los cuerpos o esqueletos de los primitivos habitantes que  decoran no pocos Museos extranjeros.


Fig. 15. pp. 30-31.  Muestras de  objetos de cerámica decorada de las culturas peruanas. Cultura Mochica, Valle del Moche, Perú.


Fig. 16. pp. 32-33.  Las Colecciones particulares: su origen, y destino ideal: incrementar las colecciones de los Museos reconocidos por el Estado. Derecha: bases de viviendas precarias de pescadores-recolectores marinos en la zona de  la reserva nacional Pan de Azúcar.

Fig. 17. pp. 34-35.  Los conchales arqueológicos: sitios de ocupación humana prehistórica en la costa norte de Chile. A la izquierda:  nosotros en la zona de Los Molles, estudiando un pequeño conchal indígena (Abril  1975). 


Fig. 18. pp. 36-37.  Izquierda: observando una tumba en un cementerio violado  en la localidad de Coscaya, 1° Región de Tarapacá (Enero 1972).  Derecha, foto del sacrificio humano de la princesa  Inca en el cerro El Plomo, cordillera frente a Santiago.  Foto amablemente cedida por la Dra. Grete Mostny  G., por entonces Directora del Museo de Historia Natural de Santiago de Chile.

Fig. 19.  pp. 38-39.  Las terrazas o andenes de cultivo prehispánicos en la zona de Coscaya, Primera Región de Tarapacá. Testigos de intensa actividad  agrícola y de regadío en el Norte Grande de Chile. Derecha:  el geógrafo Hugo Bodini C., trepando los muros de las terraza, (expedición Instituto de Geografía,  Universidad Católica de Chile, Enero-Febrero 1972. Foto H. Larrain).


                                
Fig. 20. pp. 40-41. La importancia y significación  de los poblados en ruinas. Nos hizo falta aquí una imagen de las excavaciones en el sitio Túlor, San Pedro de Atacama, considerado por el arqueólogo Gustavo le Paige como un sitio característico de la cultura atacameña, con empleo del barro en las construcciones.

Fig. 21. pp. 42-43.  Algunas evidencias arqueológicas comunes en Chile. La p. 40 nos muestra, arriba, un ejemplo  clásico de taffoni, o sea  cavidades naturales  producidas en ciertos granitos por efecto del viento (erosión eólica). 


 Fig. 22. pp. 44-45.  Importancia de las cuevas y aleros rocosos para  mantener  y conservar asta el presente  restos de antigua presencia humana.


 Fig. 23. pp. 46-47.  Valor cultural de las estructuras ceremoniales.  Izquierda: los  conocidos moais de isla de Pascua:  a la derecha:  ruinas de la fortaleza o pucara de Lasana,  al Norte de Chiuchíu, región de Antofagasta.
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Fig. 24. pp. 48-49. El estudio del sitio desde un ángulo ecológico y geográfico. La importancia de la recolección de materiales culturales de superficie y lo que éstos nos pueden revelar. Derecha: asentamiento humano en la Pampa del Tamarugal, Pampa de Iluga, junto a campos  de cultivo abandonados. Descubrimiento de Jorge Checura en el año 1971.


 Fig. 25. pp. 50-51.  Determinación de la posición de cada objeto en el espacio, en un sistema de coordenadas cartesianas.

Fig. 26, pp. 52-53. Se destaca aquí Las posibilidades de la fotografía aérea en la arqueología. Hoy (año 2016) son las imágenes que nos ofrece Google Earth, en cualquier sector del planeta, las que nos deparan una excelente guía para reconocer  dibujos (geoglifos), campos de cultivo   o rastros de sendas o construcciones antiguas. Ubicada la coordenada respectiva, sólo resta  visitar el área y constatar in situ lo existente.  El problema práctico radica a veces en que  lo escarpado,  o  lejano del lugar  puede hacer  muy difícil el acceso.

Fig. 27. pp. 54-55.  Hoy día (2017, año de reedición de esta obra)  gran parte de esa informción que antes costaba tanto obtener, es posible conseguirla fácilmente por medio de las imágenes del Google Earth, transmitidas por satélite.



Fig. 28  pp. 56-57. Las herramientas propias del arqueólogo en esos años. Hoy tendríamos que agregar  necesariamente el GPS (Geographical  Positional  System)  y el Notebook, por lo menos.


 Fig. 29.  pp. 58-59.   La foto corresponde a excavaciones en el sitio preclásico de Tlatilco,  dirigidas por el  arqueólogo Román Piña Chan, nuestro profesor en el Instituto de Antropología de México. (Foto H. Larrain año 1969).


Fig. 30. pp. 60-61.  Etiquetas   de las bolsas con materiales  de la excavación.



Fig. 31  pp .62-63.  Cómo excavar un sitio.

Fig. 32.  pp.  64-65.  Excavación de montículos o áreas extensas.


                           
Fig. 33. pp.  66-67.  Excavación de sitios  grandes.


Fig. 34. pp. 68-69.   Se muestra cómo se excava  poblados o cementerios de gran tamaño.


Fig. 35. pp. 70-71.  Las cuevas que han permanecido intocadas (es decir no alteradas), nos permiten obtener  una valiosa cronología al ser excavadas cuidadosamente. Los estratos o capas se han ido superponiendo con el correr del tiempo, de tal suerte que  las capas inferiores son siempre las más antiguas. 


Fig. 36. pp. 72-73.  A la derecha, un  corte en un enorme conchero en la costa de México. En Quiani (Sur de la ciudad de Arica) el yacimiento del conchal arqueológico superó los  3,50 m de profundidad.

Fig. 37.  pp. 74-75.  Derecha: entierro humano en el sitio arqueológico de Tlatilco, Año 1968.


Fig. 38. pp. 76-77.  La estratigrafía es el estudio de las capas o estratos superpuestos en una excavación.

 Fig. 39.  pp. 78-79.   El  huaqueo  es el instrumento de destrucción de la evidencia arqueológica.


Fig. 40.  pp. 80-81.


Fig. 41.  pp.  82-83.

Fig. 42.  pp. 84-85.

Fig. 43. pp. 86-87.

Fig. 44. pp.  88-89. El estudio detallado del contexto ecológico donde se encuentran  los elementos culturales  constituye la "coordenada ecológica"  que nosotros hemos agregado a las tres coordenadas clásicas propuestas por  el arqueólogo  V. Gordon Childe. 


Fig. 45. pp. 90-91.  Fabricando los instrumentos en piedra. A la derecha: versión moderna de instrumentos  primitivos.

Fig. 46. pp. 92-93.   Las coordenadas funcional y  cronológica: su importancia..
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Fig. 47.  pp.94-95.

Fig. 48. pp. 96-97.

Fig. 49.  pp. 98-99. 

                           
Fig. 50. pp. 100-101.

Fig. 51. pp. 102-103.  Necesidad de reconstruir la historia de un grupo humano del pasado, no solo aspectos de su tecnología.


Fig. 52. pp. 104-|05.  La dificultad inherente a  atisbar la cultura total de un grupo humano. La arqueología solo es capaz de ofrecernos retazos de información sobre la base de los rasgos que han sobrevivido.


Fig. 53. pp. 106-107.  No confundir el concepto de estilo con el de cultura.



Fig. 54.  108-109.  Saber diferemciar los conceptos de horizonte cultural y el de área cultural.

Fig. 55.  110-111.   El mapa  señala la presencia de algunos de los yacimientos arqueológicos más importantes de Chile, conocidos a la fecha de la publicación de esta obra (inicios 1975).

Fig. 56.  pp. 112-113.

Fig. 57.  pp. 114-115  Hoy día (año 2017). debemos señalar a este respecto -tal como nos sugiere uno de nuestros lectores,-  que la Ley chilena  N° 17.288 cuenta ahora con el largamente anhelado "Reglamento sobre Excavaciones y/o Prospecciones Arqueológicas y Paleontológicas" ( D.S. N°484 de 1990-MINEDUC). Remitimos al lector interesado al  sitio Consejo de Monumentos Nacionales : www.monumentos.cl

Fig. 58. pp. 116-117.

Fig. 59. pp. 118-119.  Se ofrece en este Glosario el significado de un pequeño repertorio de términos  comunes en la arqueología y que hemos utilizado en este Manual. Como toda ciencia, la arqueología  posee hoy día un vocabulario especializado que sus cultores deben aprender a dominar.

Fig- 60.  p. 120.  Fin del Índice de esta obra.


Fig. 61. Contratapa. Aquí se expresan los agradecimientos a quienes nos apoyaron  sea con sus fotografías, sea con sus sugerencias  e indicaciones. Entre ellos, la Dra. Grete Mostny, directora del Museo de Historia Natural de Santiago, Rubén Stehberg, Eliana Durán y Eduardo Iensen, arqueólogos. También se incluye expresamente el nombre de los diferentes dibujantes que ilustraron la obra, contribuyendo a mejorar notablemente su contenido. Nuestra especial gratitud al editor y diagramador de la obra, el dibujante y artista Francisco Olivares Thomsen A todos ellos, nuestro particular reconocimiento.

Epílogo. 

Al terminar la reedición de este Manual de Campo sobre arqueología   podemos señalar que gran parte de lo aquí expresado en el año  1975 sigue siendo hoy perfectamente válido. Se han perfeccionado entretanto, por cierto,   las técnicas de excavación,   las técnicas cronológicas y  el análisis de materiales en laboratorio.  En las últimas décadas, se ha enriquecido considerablemente  el conocimiento de las culturas que poblaron nuestro territorio y su cronología absoluta. Se ha afinado considerablemente la periodificación.  Pero en lo substancial, el texto permanece perfectamente válido como introducción a esta ciencia y arte. Hay incluso aspectos como la adición de la coordenada ecológica  a las coordenadas tradicionales de  Gordon V. Childe, a la que  se concede hoy gran importancia y cuyo significado y alcance hemos ido explicando en sucesivos capítulos de este blog con el nombre de  "comentario eco-antropológico".  Aspecto en el que creemos haber sido, en cierta medida,  pioneros en la arqueología chilena.

La obra estaba dirigida no solamente a los niños y jóvenes, sino también a los adultos que se interesaban por conocer, más de cerca, las particularidades de esta ciencia y su modo de actuar en el terreno. 

4 comentarios:

Dr. Horacio Larrain Barros dijo...

Nos comenta desde la Argentina nuestro antiguo colega de Antofagasta, Branko Marinov Martinic. Comentario que agradecemos especialmente.

Estimado Horacio:

Muchas gracias por tus envíos,siempre interesantes.
Me alegra publiques en tu blog el manual "Qué hace el arqueólogo" que es muy bueno. Yo atesoro la colección completa de Expedición a Chile ,que la disfruté con mis hijos y ahora la podré compartir con nietos argentinos.
A propósito , dos comentarios:

> Como curiosidad,te adjunto noticia que apareció en Noticiario Mensual del MNHN de abril 1978: "Reaparece Revista: Expedición a Chile".

> En cuanto al Manual, sugiero en páginas 114-115 comentar el valor de la legislación como instrumento de protección del patrimonio monumental. Destacar que la Ley N°17.288 cuenta ahora con el Reglamento sobre Excavaciones y/o Prospecciones Arqueológicas y Paleontológicas ( D.S. N°484 de 1990-MINEDUC) Ver sitio Consejo de Monumentos Nacionales : www.monumentos.cl

Un abrazo,

Branko

A.Ceballos dijo...

Hola. Cuántas guías de campo comprenden la colección de Expedición a Chile?

Dr. Horacio Larrain Barros dijo...


Amigo A. Ceballos: Nos consulta Ud. sobre el número de Guías de Campo" o Manuales de Campo publicadas por la revista Expedición a Chile entre los años 1975-79. Como estoy de mudanza a la zona de Colina, no los tengo ahora a mano, pero tengo la idea de que fueron al menos 10 Manuales. Según mi memoria, Luis Peña, entomólogo, publicó dos: uno sobre Mariposas de Chile y el otro sobre los Coleópteros de Chile, Juan Carlos Castilla, biólogo, uno sobre Observación del Litoral, Juan Carlos Johow, médico, especialista en aves chilenas, uno sobre Aves de nuestros jardines.de Becerra y J.C. Castilla uno sobre Algas. Hubo otro manual sobre rocas y minerales de Chile del geógrafo de la U.C. Basilio Georgudis y uno mío, sobre el quehacer del arqueólogo (Qué hace el arqueólogo). Otro sobre los volcanes de Chile del geólogo Oscar González Ferrán y uno sobre los árboles de la flora de Chile de un botánico de la Universidad de Concepción cuyo nombre no recuerdo (de apellido Donoso, creo). En total, creo recordar, fueron 9 ó 10.

Si necesitara Ud el dato exacto, le sugiero escribir al sobrino de Luis Peña Guzmán, el entomólogo Alfredo Ugarte Peña, quien tiene la colección completa a la vista. (augartepena@gmail.com).

Juan Carlos Castilla, biólogo marino de la Universidad Católica, Premio Nacional de Ciencias, hizo por su cuenta una buena reedición del Manual sobre la Observación del Litoral para uso exclusivo de sus alumnos.

No tengo noticia de que se haya reeditado algún otro Manual, fuera del mío, en las páginas de mi blog https://eco-antropologia.blogspot.com edición que Ud. ya conoce.

Le saluda atentamente y queda a sus gratas órdenes, felicitándolo por el empleo de estos valiosos manuales que encantaron a tantas generaciones de jóvenes antaño,

Dr. Horacio Larrain B. (Ph.D.)

Dr. Horacio Larrain Barros dijo...

Sr. A. Ceballos: Recientemente (17-07-2017), nos preguntaba Ud. por el número de Manuales de Campo, publicados por la revista "Expedición a Chile" entre los años 1975 y 1979. Le respondí -de memoria- el día 28 recién pasado. Pero cometí algunas omisiones que ahora quisiera indicarle para completar la información. A lo señalado por mí en mi nota anterior, hay que agregar:

a) "Manual de Campamento" de Francisco Olivares Thomsen;
b) "Manual de los Mamíferos de Chile" del biólogo Jurgen Rottmann,
c) "Manual de Los Hongos de Chile", cuyo autor no recuerdo en este momento.

Esto hace un total de doce Manuales de Campo, que la revista ofrecía a sus lectores para motivarlos en el estudio, aprecio y protección de la Naturaleza de nuestro país.

Espero haber satisfecho su legítima curiosidad.

Atentamente,

Dr. Horacio Larrain Barros (Ph.D.) miembro del consejo editorial de la revista en su época.