viernes, 12 de agosto de 2016

Cómo describió a los changos, pescadores de la costa de Atacama, el naturalista alemán Rodulfo Amando Philippi en 1853.

En un capítulo anterior, editado por nosotros en este blog el 24/08/2011 con el título de: "Rodulfo Amando Philippi y las neblinas costeras: un botón de muestra de su capacidad de observación", nos hemos referido a su descripción de las neblinas costeras  o camanchacas y su efecto en la vegetación. Hoy analizaremos su aporte sobre los grupos costeros denominados changos,  pescadores -recolectores marinos que Philippi  topa primero en  Paposo y  luego en  Caleta el Cobre.  Atraen de tal modo su interés, que  nos regala en su obra dos de sus valiosas láminas sobre este tema.

El viajero y explorador del desierto  R. A. Philippi. 

Nos hemos propuesto la tarea de espigar, en las obras de los grandes viajeros y exploradores del Norte Grande chileno, en pos de  informaciones de primera mano, sobre  las comunidades indígenas que topaban a su paso y su forma de utilización del medio ambiente. Uno de los más notables exploradores e investigadores de nuestro desierto nortino en el siglo XIX, fue, a no dudarlo, el naturalista y científico alemán Rodulfo Amando Philippi. Su gran obra, Viage al desierto de Atacama, fue publicada en Halle, Sajonia en el año  1860, en edición simultánea en alemán y castellano. Ha sido objeto de una reciente y excelente reedición por parte de la Biblioteca Fundamentos de la Construcción de Chile, (Augusto Bruna y Andrea Larroucau, editores), Santiago de Chile, 2008, 353 pgs., un gran plano desplegable y 10 láminas de paisajes, más numerosas láminas de plantas y animales típicos en apéndice ad hoc).


Fig. 1.  Portada de la obra original de Philippi, publicada en Halle, Sajonia (Alemania)  en el año 1860. Observe el lector  la palabra "Viage" escrita con -g- en su época.


Fig. 2.  Reedición  cuidada  provista de una excelente introducción preparada por los Editores  Sres.
Augusto Bruna y Andrea Larroucau, bajo los auspicios de  la Cámara Chilena de la Construcción, la Pontificia Universidad Católica de Chile y la Biblioteca nacional, Santiago de Chile, 2008. Esta obra forma parte de la "Biblioteca  Fundamentos de la Construcción de Chile".

Los changos pescadores y su ambiente ecológico.

De esta hermosa y erudita edición extractaremos aquellos párrafos que nos hablan y describen el modo de vida de nuestros pescadores changos, recolectores eximios de mariscos y algas, habitantes de la costa desértica chilena. Agregaremos, en palabras del propio Philippi, algunos  párrafos atingentes al clima y a los variados recursos que el ambiente ofrece al hombre en esta costa desértica. Porque estos datos nos permitirán entender el género de vida transhumante y movedizo de estos pescadores-mariscadores, en su ir y venir de caleta en caleta, de aguada en aguada.

El texto principal que  hace referencia explícita a la presencia de changos.

En primer término, citaremos, con notas nuestras al pie de página,  el texto más completo que trae Philippi referido a este grupo étnico. Se encuentra en los párrafos finales del capítulo I de su obra titulado "Exploraciones en la costa".

 Dice así (el inicio del  párrafo cuando va entre paréntesis, es adición nuestra):

(Caracterización física de la costa).

"La costa no es otra cosa que la falda escarpada de una meseta (1) cuya elevación es como de 600 metros, que se extiende desde Pan de Azúcar (26° 8´latitud sur) hasta Cobija (22° latitud sur) y tal vez hasta el río Loa, es decir por unas cien leguas por lo menos. Raras veces hay una playa que es siempre estrecha, y en muchos lugares la cuesta (2) cae casi perpendicularmente al mar....".

(Las nieblas costeras y los manantiales).

"....Neblinas densas (3) paran en esta cuesta por casi nueve meses al año, desde Miguel Díaz hasta  Pan de Azúcar; más al Sur (4),  la costa es demasiado baja  e interrumpida para atajar los vapores aqüeos en su camino (5) pero no puedo darme ninguna razón por qué estas neblinas faltan al Norte de Miguel Díaz, donde la cuesta no es tampoco interrumpida y es tal vez aún más alta (6).  Dichas neblinas producen los manantiales (7) y la vegetación particular (8) de la que he hablado extensamente. Es manifiesto que  estas condiciones físicas no permitirán jamás la agricultura y que aún la crianza de ganado será siempre muy limitada (9).(Subrayado nuestro)

(Nomadismo costero). 

"Las pastoras han de ser necesariamente nómades (10) y hay años muy secos en que sus cabras y burros están en peligro de morir de hambre (11). Entonces deben procurar hacer comestibles los chaguares y quiscos para estos animales, juntando palitos alrededor de estas plantas y prendiéndoles fuego para quemar las espinas que las defienden" (12). (Philippi, reedic. 2008: 46; subrayado nuestro).

(La pesca del congrio, presa  preferida).

"En estas circunstancias,  los moradores se ven precisados a buscar su sustento en el mar, que parece abundante de pescado (13). El congrio (14) señaladamente es una fuente de riqueza para esa pobre gente (15); no  es una especie del género conger  de los naturalistas, como lo indica su nombre vulgar y como lo ha creído el señor Claudio Gay, sino un pez no descrito hasta ahora y que pertenece a la sección de los blennioideos, y que he nombrado Genypteros nigricans (16), porque sus aletas ventrales, reducidas a un par de hilos, están colocadas en la misma barba. Este pez alcanza dos a tres pies y se halla solo en alta mar; se pesca con anzuelo y se pesca atando muchos anzuelos a una varilla o un cabo (17). Cuando las repúblicas de Sudamérica  eran todavía colonias españolas, el quintal de congrio seco (18) valía  40 pesos en Valparaíso y 60 pesos en Lima; he dicho arriba que su valor actual en Paposo es de sólo 8 pesos. La introducción del bacalao (19) y otras circunstancias han hecho bajar el precio del congrio y como al mismo tiempo se han abierto muchas minas (20) cuyo trabajo se paga bien,  la mayor parte de los changos (21) han abandonado la pesca para dedicarse  al trabajo de las minas" (22). (Philippi, reedic. 2008:  46-47).

Fig. 3.   Dibujo del propio  R. A. Philippi durante su estancia en la caleta de Paposo. Las viviendas de los changos -ya algo aculturados-  se ven cubiertas con lonas o esteras viejas  y con estacas de palos. Ya no usan como techumbre los cueros de lobo marino, como antaño. Las dos mujeres changas  sacan agua de un pozo abierto en la playa misma, cerca de sus primitivas rucas. Allí junto,  cuatro cabras de su pequeño rebaño ramonean algunas raquíticas plantas.  Observe las grandes ollas de barro que usan para conservar el agua potable. Dada la notable acuciosidad del sabio alemán, podemos colegir que tal escena fue retrato fiel del original visto en su momento.  De gran interés es la presencia del pozo de agua excavado  en plena terraza marina. 

Fig. 4. Notable escena captada en la caleta el Cobre, visitada por el sabio naturalista.  Una típica embarcación pescadora conocida como "balsa", hecha de dos odres de cueros de lobos marinos. Tiene esta imagen la peculiaridad de presentar a dos remeros hincados, que reman en forma simultánea. Caso raro, pues casi todas las imágenes conocidas de  balsas, presentan a un solo tripulante que va hincado en la parte anterior (proa) de la balsa.  Esta embarcación, sin duda, era de mayor tamaño que las normales, de un solo remero.  También sorprende el tipo de remo, de una sola paleta. El remo tradicional de estas balsas, según las Crónicas y descripciones tempranas, siempre tuvo dos paletas, una en cada extremo, siendo así especialmente apto para que el remero pudiera conducir una balsa con facilidad. Sospechamos fundadamente que esta balsa, de mayor tamaño y doble tripulante, haya sido una adaptación tardía de los changos para el carguío del mineral de cobre, en sacos,  hasta  los barcos, tal como lo muestra aquí nuestra  Fig. N° 4.    Que la imagen pretenda reproducir fielmente el original visto por el sabio alemán, no nos cabe la menor duda, conociendo la prolijidad de su autor.

Nuestras notas a este  valioso texto.

(1) Se trata del cordón principal de la cordillera de la Costa. A la verdad,  rara vez  ostenta éste "mesetas" o "mesas", sino más bien  una sucesión de  cordones de cerros  de hasta  800-1.000 m de altitud, que muy rara vez dan lugar a la formación de planos o mesetas de altura.  Hay lugares,  sin embargo, donde se manifiestan tales "mesas"  como ocurre, por ejemplo,   en la zona  arriba  de Pan de Azúcar. Pero la generalización hecha aquí por Philippi no corresponde a la realidad general.

(2)  "Cuesta" en el sentido del talud o ladera de una montaña que cae abruptamente  hacia el mar.

(3)  Philippi se percata inmediatamente de la presencia casi continua de  neblinas densas en esta zona.  Aunque no nos indica la porción altitudinal que cubre esta presencia (que sabemos tiene un techo a los 1.000 m de altitud, zona donde se inicia el fenómeno de la "inversión térmica"), señala agudamente su persistencia por casi nueve meses al año. En efecto, las nieblas cubren los flancos de la montaña costera que miran al W o al NW entre  los meses de Mayo y  mediados de  Enero. Febrero a Abril son los meses más parcos en presencia de nubes, según nuestra experiencia en los cerros situados al sur de Iquique ( sector Alto Patache). Notemos aquí  que Philippi  visita y recorre de preferencia el trozo de costa situado al norte de Taltal, sector de gran profusión de nieblas que llegan a formar mantos de vegetación costera de reconocida abundancia y riqueza botánica.  (Cfr. M. Ricardi, "Fitogeografía de la costa del departamento de Taltal", Boletín de la Sociedad de Biología de Concepción (Chile), tomo XXXII,  1957: 3-9). Philippi visita la zona hacia fines de diciembre, época en que el fenómeno ya está próximo a terminar. No puede caber duda alguna de que Philippi se informa muy  bien por sus arrieros sobre los períodos de mayor humedad en la costa. Sobre esta capa de inversión térmica y sus causas y consecuencias,  se puede consultar con fruto el notable trabajo del geógrafo alemán Wolfgang Weischet titulado: "Las condiciones climáticas del desierto de Atacama como desierto extremo de la tierra", (en Norte Grande, Revista del Instituto de Geografía, Universidad Católica de Chile, Santiago, Vol, I, N° 3-4, 1975: 363-373).

(4)  Cuando los cerros de la cordillera de la costa presentan  menos de 550-600 m de altitud, la gran masa de la niebla, portadora de humedad,  pasa rauda por encima de éstos, sin casi tocar el terreno. Es decir, para que se produzca con intensidad el fenómeno de la niebla mojadora y pueda ésta humedecer el terreno creando allí vida vegetal, se precisa de una mayor altitud de la barrera. Nuestras experiencias en El Tofo (IV Región de Chile) y Alto Patache, (I° Región de Chile), han demostrado que la altitud ideal de captación del agua de niebla se da por sobre los  750-800 m. de altitud hasta los 900 m.  La masa nubosa que procede del océano arrastrada por los vientos alisios que soplan del SW, es  más potente  y rica en humedad en su parte  media que en sus extremos superior e inferior.  Por lo tanto, a altitudes bajas, inferiores a los  500 m.,  esta masa es bastante menos densa y contiene menos vapor de agua, al igual que en altitudes superiores a 1.000 m. (altura de la  "inversión térmica").

(5) "Vapores aqüeos" les llama Philippi con toda razón, pues el contenido de la niebla es rico en vapor de agua, es decir, agua  en forma de vapor.   Si la barrera  que ofrece  la montaña a su paso es baja,  gran parte de esos "vapores aqüeos",  pasa libremente por encima, tierra adentro,  sin condensar y se evapora muy pronto, al chocar con  el aire caliente del interior.

(6)  Philippi se asombra muchísimo de que hacia el norte del sitio Miguel Díaz (24° 36´ L.S.), a pesar de su adecuada altitud, no se dé el fenómeno de la depositación de la niebla y, por tanto, no se produzca allí vegetación alguna. Probablemente, la respuesta correcta haya que buscarla en el hecho que en dicha zona la muralla costera o cadena de cerros, siendo bastante alta, no enfrenta directamente el S o el SW, sino más bien el NW o el N. En otras palabras, la dirección  y orientación de esta barrera respecto al ángulo de incidencia de los vientos portadores de la niebla es aquí absolutamente decisiva. No basta, por tanto, con una altitud adecuada de la barrera montañosa; también debe darse una orientación  y exposición adecuada de ésta. El ideal -tal como ha quedado demostrado en estudios de nuestro equipo en El Tofo y Alto Patache  entre  los años 1980 y 1999-  es que esa parte elevada de  la cadena montañosa  enfrente directamente el SW o incluso el Sur franco, pues en tal caso  la masa de nubes impactará en ángulo recto contra el macizo, condensando fácilmente su contenido de agua dulce en las rocas expuestas o en la propia vegetación allí existente. Según nuestros estudios, tal cosa se da, de preferencia, allí donde la costa forma "puntas" o sea, donde la estribación de la montaña penetra un tanto hacia el mar, generando  una suerte de península. En nuestra costa de Iquique, allí donde  la toponimia señala  la presencia de tales puntas (v. gr. Punta Pichalo, Punta de Angamos, Punta Patache, Punta de Lobos, etc.), se verifica este fenómeno de alta concentración de neblinas rasantes y gracias a la zona de montaña de franca exposición al Sur o Surweste, se produce in situ una interesante y duradera vegetación particular. El caso más claro y evidente en nuestra costa norte se da en la península de Mejillones, arriba de Punta Tetas, donde se mantiene, durante casi todo el año, una densa y tupida  nube de condensación que crea en sus altos un verdor permanente e incluso bosquetes de grandes cactáceas del género Eulychnia.

 Habría que verificar, en consecuencia, la orientación y grado de exposición de la cadena de cerros en la zona aquí aludida por el naturalista Philippi para concluir a este  respecto. (Coteje con nuestra  Nota N° 8).

(7)   Esta afirmación del explorador del desierto es  de sumo  interés. Debemos, por tanto, destacarla muy especialmente aquí.  Las neblinas son la causa de la existencia de aguadas y manantiales en esta costa.  Philippi llega a esta conclusión,  muy válida, tras comparar diversas situaciones, y, tal vez, al discutir el tema con sus compañeros de viaje y aún con sus arrieros y baqueanos. Si en el desierto interior de Antofagasta no llueve prácticamente nunca,  ¿de dónde pudo venir el agua sino de la camanchaca que se infiltra cuando se posa y condensa en los terrenos más altos en forma de garúa persistente ?. Philippi estampa la frase arriba señalada por nosotros en  negrita con una certidumbre total: no duda un momento al respecto.

(8) Philippi nombra explícitamente por sus nombres científicos y enumera  todas las especies botánicas que colecta cuidadosamente tanto en Paposo  (118 especies) como en Miguel Díaz (37 especies).  (Cfr. Philippi, edición 2008: 36, 38).  El explorador nos advierte en su relato que al Norte de la aguada de Miguel Díaz, "la vegetación se concluye casi enteramente con esta agua" (Ibid., 2008: 38).   Aquí señala al respecto  (Ibid. 2008: 40): "La vegetación  es casi nula... Los cerros se elevan a mil metros, pero están destituidos de vegetación. ¿Cómo explicar que las nubes y neblinas se produzcan únicamente cerca de Paposo y no igualmente más al norte? " (Ibid. 2008:  40; subrayado nuestro; compare con lo dicho en la nota N° 6).

(9)  La relación entre presencia de agua y vegetación y ganadería, aunque ésta sea en pequeña escala, es evidente. Los pastores y pastoras que topa Philippi en su viaje disponen de una corta manada de cabras y unos pocos burros. El burro es el animal  más útil en estas condiciones, pues  se presta especialmente para la carga y monta, cualidades valiosísimas  e indispensables en estas latitudes. No existen aquí ovejas, animales mucho más exigentes en materia de forraje. Tampoco caballos o mulares. El burro les daba cabalgadura, posibilidad de bastante carga y también leche que los viajeros saben bien aprovechar. Philippi no olvidará este pequeño detalle.

(10) La suma escasez de agua dulce, reducida a  escasos y distantes manantiales, les obliga a un intenso nomadismo. Los pastores  en tierra deben moverse de aguada en aguada, tal como los pescadores de caleta en caleta. Porque alrededor de la aguada se halla algo de pasto, arbustos  y alimento vegetal.  Los hombres eran pescadores y sus esposas e hijos, pastores. El pastoreo de caprinos en estos parajes surge sólo con la llegada de los animales domésticos europeos. Respecto al período prehispánico, no tenemos antecedentes de que hubieran criado y mantenido llamas en esta costa, lo que resulta menos probable, pero no del todo imposible.  La ganadería y la minería, serán actividades que se incrementarán notoriamente con la llegada del español.

(11)  Esta referencia apunta a  datos obtenidos por Philippi  de labios de los propios changos o,  más probablemente, de don Diego de Almeyda, su experimentado baquiano,  buen conocedor del área que había recorrido intensamente en busca de vetas metalíferas.

(12)  "Chaguares". Se trata de la planta bromeliácea  Deuterocohnia chrysanta  Phil, conocida como "chaguar del jote"  que fue  determinada por el propio Philippi -como muchas otras-  como producto de este viaje.  Especie muy semejante a las Puyas, tan comunes en el paisaje agreste de la IV Región de Chile en su porción costera. Esta voz "chaguar" es de origen tanto quechua como  aymara (cchauara) y designa  "una mata de que hacen sogas" o también cabuya, según el Vocabulario de la Lengua Aymara del jesuíta Ludovico Bertonio  (1612: 72).  En la zona central de Chile el término chaguar (o chahuar) ha sido deformado en "chagual",  tal  como es conocido  hoy.  La costumbre de quemar las espinas de chaguares y cactáceas para  darlas de alimento a cabras y burros a falta de mejor forraje,  la hemos observado personalmente en el sector del cordón Sarcos y cerros de El Tofo, (Norte de la IV Región de Chile) por obra de cabreros entre  los  años 1980-1984.

(13)  Son numerosos los testigos coloniales que afirman que los antiguos changos y camanchacas se alimentaban preferentemente de pescado.  Algunos llegaron a afirmar que sólo se alimentaban de pescado, como Pedro Lozano Machuca a fines del siglo XVI  (1581), cuando habla de los indios "uros" pescadores de la ensenada de Atacama (Cobija); (Cfr. Lozano Machuca en Relaciones Geográficas de Indias, Perú,  tomo II, Apéndice III, xxi-xxviii).

(14 y 15)  Hay dos especies de congrios que se capturan en el norte del país que son el congrio   negro (Genypterus maculatus)  y el congrio colorado (Genypterus  chilensis). Ambas especies y  a lo que creemos también el jurel (Trachurus murphyi) fueron capturados por los pescadores changos para confeccionar el "charquecillo"  o charqui de pescado, muy cotizado por  las poblaciones  altiplánicas y de las quebradas por su alto valor nutritivo y como apetecido objeto de canje o trueque.  Los indígenas atacameños de los contornos del Salar de Atacama efectuaban viajes especiales al puerto de Cobija para canjear el charquecillo allí producido por maíz, coca, papas, quínoa, vainas de algarrobo y otros productos de los ecosistemas agrícolas de altura. El propio Philippi, en su obra,  alude a estos viajes a la costa  para efectuar el trueque de alimentos.  El congrio se captura solo en alta mar, por lo que era necesario disponer de balsas de cuero de lobos marinos para capturarlo. Philippi  ve estas balsas en Paposo y Caleta El Cobre y las describe con cierto detalle  (Cf. Fig. 4 en este capítulo).

(16)  "Genypteros nigricans" es  el nombre dado por Philippi al pez conocido como congrio negro, hoy llamado en la ciencia Genypterus maculatus. La ciencia taxonómica actual ha  respetado  muchas de las denominaciones de  géneros y especies dadas originalmente por el sabio alemán.

(17)   En nuestro capítulo sobre los changos de la costa de la IV Región, descritos por la expedición de Alejandro Malaspina en el año 1780 se hace alusión a los sistemas de pesca en dicha costa  y se hace referencia explícita al término "varilla", también usado aquí para designar  al espinel, término más usual (Cfr. capítulo de este mismo  blog: "Los pescadores changos en las costas del norte de Chile como los vio la expedición de Alejandro malaspina en 1790",  de fecha  31/12/2014,  Notas al texto).

(18)  Este "congrio seco" era el "charquecillo".  Se le secaba y salaba a la orilla del mar. Con cierta frecuencia también se le ahumaba  mediante fogatas hechas con huiros, que son los talos largos de algas marinas de la especie  Lessonia nigrescens  (conocido como "chascón").

(19) El pez llamado "bacalao" es una de las sesenta especies del género Gadus,  común en el Atlántico norte.  Durante el siglo XIX y buena parte del XX fue intensamente cazado para obtener de él su aceite, rico en vitaminas  y substancias minerales como el calcio-3.  Durante nuestra niñez, Inés Barros Casanueva, nuestra madre, nos daba a todos los hermanos Larrain Barros  una cucharada diaria sopera de este poderoso aceite, antes del almuerzo, operación sagrada que sufríamos con indisimulado disgusto por su pésimo sabor, el  que solo  soportábamos con adición de migas de pan.

(20)   Durante la época de la Colonia, se explotaron numerosas vetas en la costa en forma de "pirquines", casi todas  eran pequeñas minas de cobre, superficiales, trabajadas en forma muy precaria y por un escaso número de operarios. Muy poco antes del viaje de Philippi, iniciado en 1855, luego del feliz descubrimiento del mineral de plata de Chañarcillo, por Juan Godoy en 1832 y el mineral de Tres Puntas, en 1848 en la zona de Atacama, sobrevino un verdadero furor por la búsqueda y explotación minera en todo el norte del país. No hubo agricultor que no intentó enriquecerse con el descubrimiento repentino de una veta de oro o plata. El caso de don Diego de Almeida,  baquiano contratado por Philippi para su homérico viaje por el desierto, es un caso típico. Ya era viejo y había invertido casi toda su vida  buscando minas.

(21)    Philippi siempre  denomina "changos"  a los habitantes pescadores de la costa norte.  Tal término también se aplicaba ya a los pescadores de la IV Región (Coquimbo) en época de don Ambrosio O´Higgins, Virrey del Perú, cuando ocurre la visita del  marino italiano Alejandro Malespina  (1790). En la Colonia temprana, sin embargo,  se les denominó  "camanchacas"  o "proanches" -nunca changos-, tal vez por ser habitadores de la franja costera sujeta a este peculiar fenómeno climático: la camanchaca. No tenemos certidumbre acerca de la época precisa en que se les empieza a llamar "changos"  ni tampoco,  el  por qué de tal cambio. Pero debió ocurrir el cambio hacia la mitad del siglo XVII  por razones que desconocemos. ¿Por qué desapareció la denominación antigua  "camanchacas" y se cambió por "changos"?. No lo sabemos. Es un misterio aún no resuelto.

 (22)  Por eso alude aquí Philippi al hecho de que gran parte de los changos, tradicionales pescadores de la costa y productores del codiciado "charquecillo", habían abandonado su antiguo oficio y se habían repentinamente enrolado como mineros  en faenas cerca de la costa,  porque este trabajo les reportaba  ganancias superiores a su actividad pesquera tradicional.  Por tal motivo a Philippi  le cuesta  encontrar changos en la costa de Paposo pues todos se habían mudado ya hacia la actividad minera.

Nota:   habiéndonos extendido  mucho en este capítulo y sin haber agotado aún el tema,  dejamos para el próximo  el completar esta cita relativa a los changos en la que  Philippi se refiere a sus  hábitos sociales,  a su actividad económica, a sus embarcaciones de cuero de lobo marino y nos da interesantes  indicios acerca de su extensión geográfica.