miércoles, 13 de enero de 2016

Atentados en París: Charlie Hebdo y la libertad de expresión.

Hace exactamente un año, con motivo de la horrenda matanza en la capital de Francia de miembros de la redacción del periódico satírico francés  Charlie Hebdo  por parte de fanáticos musulmanes, hemos expresado con firmeza nuestro punto de vista.  El escrito nuestro, que ahora reproducimos en nuestro Blog,   fue editado en  el periódico digital de Iquique "Punto Cero", de audiencia muy limitada.  Al cumplirse  el pasado 7 de Enero un año exacto de esta tragedia que enlutó a Francia, podemos volver a meditar sobre el tema. El tiempo transcurrido, tal vez, puede ayudar a  mejorar la perspectiva del suceso en su real dimensión, ética, social, política y antropológica. Pero ante todo,  ética y moral. Nuestro escrito plantea  que  debe establecerse  límites a esta "libertad de expresión", los que deben surgir de la imperiosa necesidad de  respetarlos  cuando ésta viola o transgrede  el umbral de otros derechos humanos fundamentales de terceras personas: el derecho a pensar y sentir diferente, el derecho a tener y seguir una religión diferente, el derecho a creer en  un Dios diferente, o simplemente, el "derecho a creer"  en algo en  medio de un ambiente hoy  declaradamente  a-teo y a-moral.

¿Libertad omnímoda, omnipotente y omnipresente?

En nuestra opinión, no existe ni puede existir en democracia una libertad  omnímoda y  total para zaherir, insultar y conculcar  principios y valores de otro grupo humano so capa de libertad o so capa de expresión artística. En otras palabras, la libertad de expresión no puede ser ilimitada, tiene límites y son precisamente aquellos que le ha impuesto la necesaria convivencia humana  en democracia. Si no se respetan éstos,  empieza a reinar  la "Ley de la Selva": cada uno hace y dice lo que quiere, cuando quiere y como quiere. O peor aún, la "Ley del Talión":  "si me golpeas, yo golpeo más fuerte"; "si me hieres, yo te mato".  "Ojo por ojo y diente por diente". Ley  que Jesucristo vino a derogar en su Evangelio (como una "Nueva Noticia" para  el mundo), cuando proclamó las Bienaventuranzas en el Sermón de la Montaña: "bienaventurados los pacíficos porque serán llamados Hijos de Dios". El odio reconcentrado entre pueblos y creencias es lo que,  con  preocupación, empieza a cundir y a propagarse como reguero de pólvora en el Viejo Continente europeo, que  hace ya  tiempo dejó de lado (¿o se avergüenza?)  de sus orígenes cristianos. Más aún, un continente que, por añadidura,  se islamiza a nuestros ojos  a toda velocidad. Más del 98% de  todos los recientes refugiados acogidos en Europa   (más de  un millón de personas en el año 2015)  provenientes del Africa o de Asia, son  de religión musulmana y veneran a Alah y a su profeta, Mahoma.  Este dato, no menor, debería ser tomado muy en cuenta  por la vieja Francia, laica y libertaria, que ha olvidado  que ella misma está perdiendo rápidamente - si es que no los ha perdido ya- los valores espirituales y los principios morales que un día le inculcara un San Remigio, obispo de Reims,  a partir de la época de Clodoveo  y la conversión de los francos   (siglo VI D.C.).  

Je ne suis pas Charlie.

Hemos leído en Internet, a propósito del intercambio de ideas en la  plataforma digital  sobre este tema tan espinudo, el siguiente comentario de la lectora  Barbara Bachman, que se declara no creyente, cuyas juiciosas y valientes expresiones compartimos en gran parte, porque creemos apuntan a la raíz misma del problema: la falta absoluta de de respeto, la  ausencia  ( o la negación) de una auténtica fraternidad:

"Debo decir que con su última portada  (en la que  aparece la figura de la divinidad armada con un fusil al hombro), Uds [Charlie Hebdo] están probando que no son mejores que los mismos terroristas. ¿Qué pretenden Uds. conseguir burlándose de las creencias de otros pueblos?.  Yo no adoro dios alguno, y no creo en la religión, pero  yo respeto los valores de otros pueblos. Ninguna religión es superior a otra, y nadie tiene el derecho de criticar o mofarse de otros pueblos solo por el hecho de que crean o no en un dios. Los terroristas  matan gente porque  ellos no creen en su dios; Uds. ofenden a la gente porque creen en un dios. ¿Por qué razón?. ¿Publicidad barata?. Je ne suis pas Charlie".   

(Texto inglés:  "I have to say that with your last cover  your are no better than terrorists.  What do you want to achieve  by mocking other people`s beliefs?.  I don´t worship any god and I don´t believe in religion, but I respect other peoples´s  values. No religion is better than other. And nobody has the right to critisize or mock other people just because they believe or not in god. Terrorists kill people because they  don´t believe in their god; you offend people because they believe in a god. For what reason?. Cheap publicity?. Je ne suis pas Charlie").


Moi, je suis Charlie.

Contraste Ud., estimado lector, tal modo de pensar con el siguiente, pronunciado por Laurent Sourisseau (que se firma "Riss"),  director actual de la revista "Charlie Hebdo", explicando el sentido último de la carátula de la aludida revista, al cumplirse un año de la masacre de París:

 "...Es una carátula que representa la figura simbólica de Dios"- señaló- y agregó:  "para nosotros es la idea misma de Dios  la que dio muerte a nuestros amigos hace un año. Por eso, hemos querido ampliar nuestra visión de las cosas.   La fe no es siempre pacífica. Tal vez nosotros deberíamos aprender a vivir con algo menos de Dios". 

(original inglés: To us, it's the very idea of God that may have killed our friends a year ago. So we wanted to widen our vision of things. Faith is not always peaceful. Maybe we should learn to live with a little less of god".

Dos posiciones diametralmente distintas de personas que no profesan la fe en un Dios. ¿Dónde está, sin embargo,  la gran diferencia de  actitud?.  Uno (Riss)  da a entender  que  es mejor que la idea de Dios desaparezca de la escena porque propicia la guerra y el odio; la otra  (Barbara Bachman)  opina que  la verdadera fraternidad se basa en el respeto mutuo, en el respeto irrestricto  a la diferencia en materia de  creencias o valores.


Queremos ahora compartir con Uds. el texto de nuestro escrito de hace exactamente  un año.  

“Je ne suis pas Charlie, non plus”  (Yo tampoco soy Charlie).

Dr. Horacio Larrain B. (M. A. y Ph.D.) Antropólogo cultural y arqueólogo.
Profesor emérito Universidad Bolivariana, Iquique, Chile, Decano (por edad) de los antropólogos  de Chile.

Los hechos.

El reciente e inicuo ataque  de un  puñado de  fanáticos  musulmanes contra  el  Semanario satírico “Charlie Hebdo” de París, con un saldo trágico de 17  asesinados a mansalva, ha  hecho  verter mucha tinta en todo el mundo.   ¿Su causa aparente?   Recientes publicaciones del Semanario francés en que se mofaban  del profeta Mahoma y sus creencias (concretamente del Corán, el libro sagrado del Islam).  Esta revista  satírica francesa  han hecho gala   desde su fundación en  1970 de su  falta absoluta de respeto a todas las instituciones y  personas,  cualquiera sean su rango y posición, alzándose- como dicen ellos-   cual  paladines de la “libertad de pensamiento”. Es un eco  lejano – pero sesgado- de  aquel  famoso grito de independencia contra la monarquía  absoluta de Luis XVI  (1792) y que   aparecerá como lema de la República   bajo  el grito  de: “liberté, egalité,  fraternité” en  1848.  Estas tres sencillas palabras,  pasan a ser algo así como  la quintaesencia del  legado de Francia a la humanidad,  el fin de l´ “Ancien Régime” y  la cuna y el germen del pensamiento   democrático en Occidente:  el ocaso  de la monarquías  y el inicio de la República. Para América española y portuguesa, el inicio  y  símbolo de su independencia  definitiva  de la Península iniciada entre 1808 y  1810.

“Je suis Charlie”.

Al ser ametrallada la redacción completa de  la revista  “Charlie Hebdo”  el 7 de Enero recién pasado,  Francia y casi  todos los líderes de Occidente (China incluida)  se reunieron el pasado Domingo en París  para  expresar su más completo repudio a este acto de barbarie, sin precedentes en la historia reciente de Europa.  Decenas de miles de personas  salieron a las calles de muchas ciudades francesas  portando  carteles que decían “Je suis Charlie”,  auto-identificándose  así  y haciendo causa común con  los columnistas de Charlie Hebdo, ahora alzados como los “paladines” de la libertad de expresión. 

¿ Sólo Libertad   (Liberté)   o  también, y necesariamente,  Fraternidad  (Fraternité)  e Igualdad Egalité) ?.

Pero, por favor, hilemos algo más fino.  Nos preguntamos:  ¿hay entonces  libertad  plena para   mofarse y reírse de todo y de todos?. ¿Es esto un prerrequisito sine qua non  de la Democracia plena?. Porque para  “Charlie Hebdo” no había títere que pudiera quedar con cabeza: todos   caían o podían caer bajo su guadaña  implacable: Reyes, Papas, Presidentes  o Ministros;  obispos, sacerdotes, ministros, popes  o imanes;   todos sin excepción alguna.  ¿Cuál es, entonces,  el límite exacto que se puede establecer entre  el mofarse mediante sátira  y el injuriar gravemente, acto constitutivo de delito?. ¿Entre el reírse del prójimo y  el abofetearlo en el rostro?. ¿Entre la sátira   y  el  sarcasmo y la burla?. ¿Entre   la  chacota y la broma pesada  y el  desprecio o menosprecio?.  ¿Conoce Ud, el límite exacto?.  O, lo que viene a ser lo mismo, ¿cuál es  la diferencia que existe entre la libertad (bien  pretendido) y el libertinaje ( mal  a evitar)?. 

“Charlie Hebdo” ha olvidado lo esencial: no existe libertad sin  verdadera fraternidad e igualdad.

Nos parece que  “Charlie Hebdo”  y sus redactores y dibujantes echaron al   olvido algo tan esencial  en el grito fundante,  generador de la Revolución francesa: esto es,   que la “libertad” -   bien tan preciado y cacareado por los franceses-, debía ir  siempre   a la par (y acompañada) con la  “fraternidad” y la “igualdad”.  Ahora bien,  nos preguntamos  aquí si  las víctimas  del Semanario francés (en el caso que nos ocupa, los musulmanes [franceses o no] fieles a  su libro sagrado, el Corán)   podían considerarse  tratados “como  hermanos  (frères, fratres)” por  el aludido Semanario. ¿No sería precisamente, al revés, es decir, que han sido  tratados siempre como  bestias, como bárbaros o incivilizados?.  Que el trato dado a través del dibujo y la sátira  concomitante  era, a los ojos de todos,  francamente  repulsivo y  denigrante  (un trato de bárbaros),  es algo muy evidente para cualquiera.  ¿Acaso  el dibujo mordaz y satírico  no es una forma  velada de ofensa  gratuita e inmerecida, una bofetada en pleno rostro,  ante la cual no hay defensa, pues su autor se escudará siempre en  la impunidad o en el anonimato o en la tan manoseada “libertad de expresión”    (“no fue mi intención zaherir”; “lo hice como un juego inocente”, con mi dibujo no he matado a nadie”;  “solo se trata de un simple dibujo ”)?.

Se pasaron de la raya   y conculcaron con frecuencia  el respeto  que se debe a la persona humana y a sus creencias.

Pensamos que  el comportamiento ético y moral de Charlie Hebdo y sus redactores  se ha pasado hace ya rato de la raya, y de inocentes bromistas se han convertido en críticos inmisericordes y sagaces injuriadores, a los que nadie se atreve a  decir: ¡basta ya!. Pensamos, además, que  estos franceses sacrificados  ayer fueron  en verdad infieles al más preciado  legado francés de la igualdad y, sobre todo, de la fraternidad universal, proclamada como un dogma en la Revolución Francesa y   en el “Padre Nuestro” que nos enseñó Jesucristo como base de nuestra igualdad y de nuestros derechos. Fueron infieles a la esencia del legado de la Revolución francesa, pues  se han convertido  –sin pretenderlo tal vez obnubilados por el  "arte" de su estilo- en los mejores excitadores al odio y la violencia, en los mejores propagadores de la espiral de violencia racial y étnica que hoy cunde como reguero de pólvora en Europa Occidental.  ¿Se han dado ellos cuenta cabal de esta responsabilidad moral que les atañe, y de la cual no podrán liberarse aduciendo  un  infantil propósito de hacer reír con sus  crueles sátiras?.

La islamización de Europa es algo real.

 Hoy hay en Europa  más de  48 millones de descendientes de  musulmanes, previéndose que  en 2030 alcancen el 8 o 9 % de la población total.  El mayor porcentaje de ellos  reside en Francia. Los dardos de  Charlie Hebdo  van, pues, dirigidos a esos millones de  habitantes que son o se sienten  musulmanes y visitan sus mezquitas, adoran a Alah,   leen el Corán y dirigen sus preces a La Meca. ¿Con qué objeto  reírse de lo que para  esa  comunidad musulmana tiene como su bien  más preciado: El Corán y Mahoma su profeta?.  Para esos millones,  tal cosa no es ni puede ser  simple chanza, es bofetada al rostro, escupo  a la cara, estocada al corazón. Pretender  ignorar esto en un país  reconocidamente pluricultural como es Francia, es  desconocer  que la esencia de la integración de un país  donde conviven tantas comunidades humanas de distinto origen étnico y racial se basa  en la tolerancia y el respeto mutuo. Tolerancia y respeto que, por supuesto, debe comenzar por su religión. 

Empecemos por casa, Charlie!.

Masacre injustificable.

No se puede justificar,  sin duda,   esta  despiadada   y estúpida masacre por parte de  tres hombres armados.  Es un acto a todas luces impúdico y vergonzoso que la justicia debe castigar en forma ejemplar.  Porque ya no estamos en la  época de la Ley del Talión: “Ojo por ojo  diente por diente”.  Jesucristo nos enseñó otra cosa muy distinta: la mansedumbre   y el “ofrecer la  otra mejilla” al que nos injuria.  Y   -no lo olvidemos-, es al Cristianismo y sus principios morales a quien  debemos  la puesta en práctica  de  todos los derechos  del hombre consagrados en las Naciones Unidas.

Pero, por favor,  que los  seguidores de “Charlie Hebdo” no rasguen hoy vestiduras por la defensa de los ideales  de la Revolución Francesa y de la libertad que ellos mismos han pisoteado  tan olímpicamente.  Porque, al menos en parte, son en cierto modo responsables  por su  desvergüenza, su cinismo  e   intolerancia,  de la propagación del odio inter-étnico y racial desatado en Europa y el mundo,  y del surgimiento de  nuevas ideologías  neonazis.  Deberían ellos, también, hacer  al respecto, su propio  y viril mea culpa. Si no  lo hacen, querrá decir que  no se responsabilizan de sus actos. Que no se han percatado del potente influjo que ejercen a su alrededor.  ¡No son unos simples  niños ya!.

“El que siembra vientos, cosecha tempestades”.

Charlie Hebdo”  ha sembrado, desde sus inicios,  desatados vientos de   crítica,  de   sátira, de burla,  a toda autoridad, moral, religiosa  política o  administrativa. Ha fustigado  a todas las instituciones, aún  las más sacras de la humanidad, siempre  “so capa de libertad”. Se ha burlado de todas las religiones y modos de vida de nuestros pueblos.  Se ha erigido a lo que parece  (¿con qué derecho?), en el “árbitro único  de la verdad”. Se ha sentido autorizada para reírse, entre otras cosas,  del  activismo o fundamentalismo musulmán  para  sembrar dudas sobre todo  y  todos,  “no  dejando títere con  cabeza” . Pues bien,  que se atenga ahora a las consecuencias de sus actos. “El que siembra vientos, cosecha tempestades”, reza  el sabio proverbio castellano que olvidamos fácilmente pero que la experiencia nos trae a la memoria de vez en cuando.  Y estas "tempestades"  las  hemos comenzado a ver en las capitales y  grandes  ciudades de la vieja Europa. Pienso que esto es solo el comienzo...  hasta que aprendamos a convivir y tolerarnos, mediante una fraternidad  vivida y sentida que debe partir por el respeto  por los valores del otro.  

Una severa advertencia: dejémonos de hipocresías.  

Por eso,  aunque   nos  duela y lamentemos profundamente lo ocurrido en  París, creo que queda  hecha una severa  advertencia: no se puede criticar  a todos y a todas: no se puede “disparar a mansalva” (caiga quien caiga) sin esperar  posibles represalias de los ofendidos.   La sana  crítica   (tan propia de la “libertad”) tiene que  estar matizada por el respeto auténtico a los demás  (“fraternidad”). Si éste se pierde, se desprecia  o pisotea -como lo hace repetidamente  Charlie  Hebdo-,   todo puede ocurrir, hasta  una nueva guerra mundial; todo,  a veces por la idiotez o insensatez de algunas pocas  “cabezas calientes”  que se ufanan  de su "arte" provocativo.

Por eso, defendiendo una  auténtica libertad de expresión, pero respetuosa de la persona, sus creencias y sus derechos,  que tienen tanta validez como los míos, proclamamos hoy sin temor a equivocarnos:

 Je ne suis pas  Charlie non plus”:  “yo tampoco soy Charlie”.  

No puedo sentirme identificado por  un ente  burlador de todo y todos, porque así se  termina  por  socavar los fundamentos mismos de nuestra convivencia democrática, que aunque imperfecta, es siempre perfectible.  Hasta ahora,  no se ha inventado un sistema mejor de convivencia pacífica de los seres humanos. No la destruyamos con nuestra necia pretensión de  hablar en favor de la libertad. 

Un mensaje a Charlie Hebdo  (ojalá pueda escucharlo).

Charlie Hebdo: sin fraternidad verdadera e igualdad, no hay verdadera y auténtica libertad. ¿Han proclamado Uds. la  fraternidad, la igualdad  entre los pueblos? ¿ O más bien han hecho con frecuencia exactamente lo contrario con sus burlas y sus sátiras implacables, verdaderos dardos cargados de ponzoña?.  “El que siembra vientos, cosecha tempestades”.  Y a una verdadera y peligrosa tempestad de odio étnico y racial (de ambos lados)  estamos asistiendo hoy en Europa. ¿A qué, o a quién se debe?.  ¿Quién está socavando las bases mismas  de la convivencia entre pueblos y creencias diferentes?.   Juzgue el lector por si mismo y saque sus propias conclusiones.

Iquique  (Chile), escrito para "Punto Cero",  14/01/2015.


Epílogo.

Quiera Dios que no tengamos que asistir en un futuro próximo a  acciones  aún más violentas de parte de seguidores fieles   del Estado islámico   (El) o Al Qaeda que, según han declarado, se encuentran en "guerra santa" contra  Occidente,  acciones  "de respuesta y represalia" -según ellos- a los ataques  aéreos occidentales en Siria, Irak, Pakistán o Afganistán contra sus posiciones. La guerra está declarada. Si no se cambia radicalmente de actitud por ambas partes, se puede esperar cualquier cosa en el futuro, aún lo peor.

 "Que Dios nos pille confesados", como decían piadosamente nuestros padres y abuelos. La actual respuesta de Occidente (mediante incesantes ataques aéreos) ha sido, a todas luces, incapaz de frenar la escalada de odio y  virulencia  que crece día a día. Política que es, a juicio de muchos, no solo errónea y fallida, sino además contraproducente: solo contribuye a encender aún más las hogueras ya caldeadas.  El papa Francisco,  preocupado por esta situación,  nos ha llamado a la paz y a la serenidad,   basada en un verdadero respeto mutuo  y a  un sincero y profundo diálogo interreligioso y  día a día nos da señales de lo que debe ser nuestra actitud, basada en el precepto principal de Jesucristo, base y pilar del Cristianismo: "amaos los unos a los otros como yo os he amado".

Iquique (Chile),  23/01/2016.