miércoles, 7 de octubre de 2015

Reconocimiento de la Quebrada Las Conchas (Norte de Antofagasta) en septiembre del año 1990: Hallazgos arqueológicos y reflexiones.


Revisando  páginas antiguas de mi Diario de Campo  (Vol. 39: 141-147), he hallado esta descripción   de un hallazgo hecho por nosotros hace 25 años,  que estimo puede ser de interés para arqueólogos, botánicos y aún  zoólogos.  Los especímenes arqueológicos hallados entonces, se suman a los ya existentes en la región de Antofagasta  que se exhiben en el Museo Regional de la ciudad.    Por respeto al conocimiento científico,  he pensado que debo darlos a conocer, sobre todo por  su  valor testimonial y su contenido estrictamente arqueológico, en referencia a  un tema muy debatido hace dos décadas. 

                                   
Hallazgo casual de litos geométricos "tipo Huentelauquén" en la quebrada de Las Conchas, Antofagasta,  septiembre de 1990. 

Recordando un viejo hallazgo.

Un día 21 de Septiembre del año 1990,  estando yo residiendo en Antofagasta por segunda vez, partí a explorar los cerros  al sector  norte de la ciudad, como era mi costumbre. Me  atraía el recuerdo de descubrimientos arqueológicos hechos en esa zona, 27 años antes, cuando era yo un joven e inexperto profesor en la Universidad del Norte. Afortunadamente,  en mi Diario de Campo de esas fechas (1990), estampé cuidadosamente mis observaciones. Mi interés, desde los años de mi tesis de arqueología en México  (1969-1970),  era buscar la relación íntima entre el ecosistema natural y el modo de vida de los pobladores costeros primitivos  del Norte de Chile.   Esta preocupación por el estudio de  la influencia del medio ambiente natural en la cultura humana, influenciado por investigadores como Kent Flannery, arqueólogo o  Albert Demangeon, geógrafo, plasmó posteriormente mi enfoque antropológico  el que finalmente ha culminado y germinado en el concepto de una  "eco-antropología", es decir, una antropología que  tanto en su metodología como en sus resultados concretos (investigaciones de campo),  trata de descubrir, analizar y  enfatizar el nexo íntimo entre ambiente  natural y expresión cultural. Este interés me  llevó a estudiar cursos de postgrado en geografía,  interesándome especialmente por la geomorfología y la biogeografía,  disciplinas que nos permiten  escrutar y profundizar  en el ambiente donde se desarrolla la vida humana. en una palabra "entender" mejor el escenario de la vida humana.

El objetivo inicial de esta excursión era visitar la quebrada  de La Chimba en aquella primavera  y observar  el desarrollo de la vegetación natural,  pero el destino me condujo  a  la quebrada de Las Conchas,. más cercana  y  de más fácil acceso. Fue sin duda providencial. 

Descripción del hallazgo y sus circunstancias.

En la descripción que sigue, tomada de las páginas de mi Diario de Campo, queda bien registrada la impresión que el paisaje geomorfológico,  la flora y fauna del  desierto  ejercieron en mí en ese momento.  Igualmente, cómo se insertaba el descubrimiento arqueológico en ese paisaje natural, tan estéril y deprimente.

Fig. 1.  Se describe la llegada al montículo de arenas  que cae a la pequeña quebrada de "Las Conchas",  sitio donde   el arqueólogo antofagastino Agustín Llagostera  Martínez había realizado excavaciones  en los  años   1977 y 78.
Fig. 2.   Nótese el interés nuestro por  reseñar las especies de las escasas plantas presentes en esa área, en una época alejada del influjo húmedo del Fenómeno de "El Niño"  (ENSO)  y, en consecuencia, en un  período  extremadamente seco.

Fig. 3.  Se destaca la aparición, en superficie, de varias  extrañas piedras, de aspecto claramente circular(en forma de discos), bien pulidas por los bordes y obviamente trabajadas por el hombre antiguo, habitante del lugar.  El arqueólogo Agustín Llagostera ya lo había reseñado en un ya famoso trabajo publicado en la revista científica norteamericana  American Antiquity, Volume   44 (2),   1979 con el título de. "9,700  Years of  Maritime  Subsistence on the Pacific: Analysis by means of bioindicators in the North of Chile". Allí y en otros trabajos posteriores, Llagostera    estudia  el sitio y sus hallazgos líticos,  y  lo  relaciona estilísticamente con  la antiquísima cultura del Arcaico conocida como "cultura de Huentelauquén" (primeramente encontrada en las márgenes del río Limarí, (IV Región de Chile), cuya presencia y difusión por la costa del Pacífico desafiaba por entonces a los arqueólogos tanto nacionales, como extranjeros.

No solo usaban la arenisca consolidada...

En esta misma imagen, podemos ver (abajo)  otro lito geométrico, redondo, tallado no en arenisca, sino en  piedra granítica, de coloración verduzca.  ¿Qué función práctica  (¿o tal vez ritual?) pudieron tener estos curiosos litos?. Es aún hoy un enigma no del todo resuelto a pesar de la gran cantidad de estudios realizados sobre el mismo tema.  La enorme antigüedad que se les asigna  (unos 8.000-9.000  años atrás),  incrementa el interés por estos artefactos   que las culturas posteriores ya no usarán.  ¿Cuál era exactamente su finalidad?.

Los primeros litos geométricos  de Antofagasta.

Estos litos  geométricos, en forma de discos redondos, confeccionados en arenisca, no me eran del todo desconocidos. Recordaba ahora  que, mucho tiempo antes, hacia el año 1964, esto es 26 años antes,  recorriendo a pie una zona próxima a la desembocadura de la quebrada con  el sacerdote   Enrique Alvarez Castro, jesuíta, profesor de la Universidad del Norte y muy aficionado a la arqueología, habíamos encontrado un  par de ellos, igualmente circulares. Pero por entonces, no supimos a qué atribuirlos, ni le dimos la debida importancia. Solo teníamos claro que eran de indudable origen indígena.  Ni siquiera recuerdo si los recogimos o los  dejamos in situ.

Fig. 4. En el mismo material  esto es,  arenisca  consolidada   (sandstone, en inglés), hallamos en 1990 otro instrumento, semejando una mano de mortero o metate, bien tallado por sus bordes y  sin duda destinado a  pulir o refregar algo, tal vez algún adorno o un posible instrumento  (como anzuelos) hecho en concha.   Esta arenisca usada aquí como materia prima,  se halla en  estratos  muy potentes, de varios metros de espesor,   en la misma terraza marina  cercana y  se puede  (o se podía entonces) obtener  en pequeñas cárcavas del sector donde ha quedado a la vista  como producto de la erosión.

Fig. 5.   El hallazgo hecho allí mismo de un percutor o martillo, hecho en un canto rodado  de roca basáltica, de color  negro,  no tuvo en sí nada de sorprendente. Se les halla por  decenas en todos los conchales arqueológicos, siendo tal vez la herramienta o instrumento  más común utilizado  para golpear,   cortar,  o confeccionar, mediante golpes precisos,   puntas de proyectil, cuchillos o raspadores  en sílex. Es una especie de  "martillo multiuso", que posee   múltiples  aplicaciones prácticas.  

Fig.  6.   El texto nuestro señala que, en su inmensa mayoría, la especie de  fauna marina observable en la superficie de este  conchal - y, por ende,  consumida preferentemente por los antiguos residentes-,  corresponde al  loco (Concholepas concholepas), siendo raras las valvas de machas (Mesodesma donacium)   y totalmente ausentes  las almejas  y los choros, al menos en superficie.

Fig. 7.   Aquí se trae a colación  una minuciosa  observación  ornitológica de interés, obtenida  en la aquebrada.  La extrema escasez y penuria de vegetación costera, propia del lugar, no fue óbice para la presencia de una especie de pajarillo, robusto, que creemos fundadamente se trate del "minero" o "caminante" (Geositta cunicularia deserticolor Hellmayr), de hábitos insectívoros pero también frugívoros.   Otra ave que suele poblar estos ambientes costeros  es  la dormilona (Muscisaxicola sp.), pero el aspecto  delicado y grácil de esta última avecita, resulta inconfundible. La descripción adjunta tomada de nuestro Diario,  apunta   sin lugar a dudas al género zoológico Geositta, bien representado en nuestra costa árida desértica.

Pocos días después de esta expedición,  decidí  visitar  nuevamente el lugar del conchal en la quebrada de "Las Conchas", luego de una ceremonia religiosa realizada en el "Campus Eucarístico", (lugar cercano donde  había estado el Papa Juan Pablo II  en 1987). Sentía gran curiosidad por  descubrir  nuevos litos geométricos a la vez que  trataba de vislumbrar y comprender su forma de empleo  (finalidad). La descripción  se encuentra en el mismo Vol.  39, páginas 152 a 157 de mi Diario de Campo. Incluyo a continuación   copia de estas páginas   (Figs.  8, 9 y 10).

Bibliografía complementaria de los estudiosos del sitio "Las Conchas".


  • Llagostera, A. 1979a. "9,700 Years of Maritime Subsistence on the Pacific: An Analysis by Means of Bioindicators in the North of Chile". American Antiquity. 44(2): 309-324.
  • Llagostera, A. 1979b. "Ocupación humana en la costa norte de Chile asociada a peces local-extintos y a litos geométricos: 9860 +- 160 A.P." Actas del VI Congreso Nacional de Arqueología Chilena, 1: 93-113.
  • Llagostera, A., I. Kong, P. Iratchet. 1997 (1999). "Análisis Ictioarqueológico del sitio La Chimba 13 (II Región, Chile)". Revista Chungara, Arica Vol.  29 (2): 163-179.
  • Llagostera, A., R. Weisner, G. Castillo, M. Cervellino y M. Costa. 2000. "El Complejo Huentelauquén bajo una perspectiva macroespacial y multidisciplinaria". Actas del XIV Congreso Nacional de Arqueología Chilena, Contribución Arqueológica 5 (I): 461-481

Comentario eco-antropológico.

1.  Si contrastamos y comparamos esta descripción nuestra  de la  escasa  y escuálida flora   existente  en la primavera del año 1990 (año de nuestra visita), con el capítulo que hemos ofrecido recientemente en  nuestro Blog sobre la vecina quebrada de "La Chimba",  fruto de la floración producida como efecto de las lluvias caídas en  Agosto 2015, tendríamos las "dos caras de una misma medalla". La quebrada de "Las Conchas" dista menos de  2 km al sur de La Chimba, y ambas forman parte de un mismo sistema ecológico costero.  Son dos ecosistemas geográficamente muy próximos , y se hallan a la misma altitud sobre el nivel del mar.  

2. Podemos pues,  con buenos argumentos, comparar dos períodos de tiempo: uno, sujeto a intensas lluvias provocadas por el fenómeno de El Niño" con una floración exuberante y ubérrima y otro, el que ocurre durante "La Niña", período opuesto al anterior,    seco y árido,  totalmente carente de lluvias y con muy escasa vegetación visible.  Es, pues,  probable que en un pasado remoto,  en la Quebrada de "Las Conchas" y durante   un intenso período "El Niño"   (semejante a  éste del 2015), el cuadro vegetacional y faunístico presente haya sido de alguna manera similar al de "La Chimba" actual.  Si tal haya sido  el caso,  -como sospechamos- se  explicaría bastante bien un poblamiento, aunque fuera ocasional de dicha área, por bandas de cazadores-recolectores marinos  durante un período  de tiempo especialmente favorable a la presencia humana. ¿Cuánto tiempo duró este poblamiento allí?. No está  muy claro.  

3. No recordamos   en este momento  el tipo de  utillaje de caza terrestre que ha sido constatado en la quebrada de "Las Conchas" por el equipo de investigadores. Si éste existe, debemos pensar que la caza del guanaco (y seguramente de alguna especie de ciervo),  fue también, un poderoso  aliciente para permitir y fomentar  el poblamiento del sector, en un período francamente más  húmedo que el actual.

4. Parece aconsejable cotejar estas breves  reflexiones nuestras  con  lo que hoy piensen los arqueólogos que  participaron en el estudio de la quebrada de "Las Conchas y escuchar sus planteamientos. 


1 comentario:

Rodrigo dijo...

Se refiere, en antiguas crónicas, la presencia de Tarukas (Huemul nortino) en los cerros de Antofagasta. Esto está en consonancia con su comentario acerca de la posible presencia en ellos de "alguna especie de ciervo".