domingo, 17 de enero de 2010

Darwin en Iquique: qué vio aquí en su visita del año 1835.

Fig. 5. El barco a velas "HMS Beagle", de 242 toneladas, en el que viajó Darwin como científico y naturalista de la expedición del capitán Robert Fitz-Roy en su periplo por todo el globo. En la zona de los canales magallánicos, meses de junio-julio 1834. Litografía de la época.

Fig. 4. Charles Darwin aproximadamente en la época de su partida en el "HMS Beagle". Pintura de la época. Tendría aquí unos 22 años. Su afición por la geología, la botánica y las ciencias naturales le permitirá recoger infinidad de observaciones de terreno, las que, cotejadas entre sí, serán el germen de su futuras teorías sobre la evolución de las especies y la selección natural.

Fig. 3. Ejemplar de Eulychnia iquiquensis, cactácea columnar de la costa norte de Chile, que debió observar Darwin, según su relato, en su ascenso hasta los casi 600 m. por las proximidades de la quebrada de Huantaca. (Foto H. Larrain, Diciembre 2002, lugar Alto Patache, a los 770 m de altitud).
Fig. 2. Actual perspectiva del sector "Hundimiento", en el mineral de plata de Huantajaya, lugar inmediato al antiguo poblamiento colonial (Foto H. Larrain, diciembre 2009).

Fig. 1. Mineral de plata de Huantajaya, vista actual de Norweste a Sureste. Área donde debió asentarse la antigua población en la época del paso de Darwin (1835), rumbo a la salitrera "La Noria. Muy poco o nada queda hoy de las antiguas estructuras de las viviendas de los mineros. Menos aún, rastros de la llamativa iglesia de madera del poblado minero, cuya ubicación actual resulta casi imposible de reconocer por efecto de las remociones de materiales. (Foto H. Larrain, diciembre 2009).

Su enorme capacidad de observación y su "Diario de Campo".

En su obra El Viaje del Beagle, publicada en 1845, esto es, ocho años después de su regreso a Inglaterra, Charles Darwin (1808-1882), el joven sabio inglés de la expedición del Capitán Fitz Roy nos ha dejado un valioso testimonio de lo que vio y fue testigo en Iquique en su visita. Tenía sólo 26 años y se había graduado en la Universidad hacía apenas cuatro años. Es decir, era aún un novato en Ciencias. Y , sin embargo, nos asombra su capacidad de observación y de lectura. Este año 2010, el día 12 de julio, se cumplirán exactamente 175 años de su arribo a Iquique. En los cortos días de su visita, narrada con delicioso detalle, como un auténtico "Diario de campo", nos dejó valiosas impresiones del lugar y se adentró en el desierto, a lomo de mula, hasta la salitrera "La Noria". Nada de lo que encuentra escapa a su ojo observador. Su amplia formación en las ciencias de la Naturaleza, le capacitan para "leer" el paisaje, por más desertico que este fuera. Pero las actividades del grupo humano que lo habita, le interesa por igual. Por eso lo consideramos un pionero de la eco-antropología.

En los párrafos que siguen intentaré profundizar, punto por punto, en sus reflexiones y comentarios sobre la población, el paisaje desértico y la explotación del salitre, aspecto que ya en esa época comenzaba a cambiar la faz de esta región. La sagacidad de no pocas de sus reflexiones y la perspicacia con que enfoca ciertos aspectos, aún hoy nos asombran, máxime si se toma en cuenta que el desierto y su escasa flora no era - ni mucho menos- un tema de su especialidad. Su trabajo de titulación versó sobre los invertebrados marinos!.

La población.

"La villa [de Iquique] tendrá unos mil habitantes". Es su primera afirmación. Téngase en cuenta que según William Bollaert, químico inglés residente por entonces en este puerto, la actividad de exportación del salitre a Europa se había iniciado apenas cinco años antes, en 1830. Antes de esta fecha, Iquique - el antiguo Ique-ique - era sólo una mísera caleta poblada por changos por la que exportaba la plata del mineral de Huantajaya, situado a escasa distancia. Mil habitantes habla ya de una intensa actividad de carga y descarga, de almacenes y bodegas. Iquique surge de un largo letargo colonial. Hasta entonces, sólo un reducido e ilegal tráfico de plata y la explotación del guano de la isla a cargo de los indígenas changos, era toda la actividad observable en Iquique. A partir de 1830, Iquique crece rápidamente desde entonces, tanto, que ya en 1865 es declarado "puerto mayor" por parte del Perú.

El clima de esta costa.

Dice: "nos encontramos en un verdadero desierto. Una vez cada siete u ocho años, llueve por espacio de unos minutos...durante esta estación del año [invierno], se extiende sobre le océano y pocas veces sube por encima de las rocas que forman la costa, una capa de nubes bastante espesa".

Unas páginas más adelante, refiriéndose a la costa del Perú, en el Callao, donde permanecne varias semanas observa, completando el cuadro general de este clima costero que tan certeramente grafica:

"Casi ha pasado a ser proverbio que nunca llueve en la parte baja del Perú. No creo que esto sea exacto, pues casi todos los días que estuvimos cayó una espesa y húmeda niebla que embarraba las calles y mojaba la ropa; a la gente gusta llamarlo rocío peruano. También es verdad que no debe llover mucho, puesto que las techumbres de las casas son planas, y hechas de barro endurecido (adobes) y en el puerto había cargamentos de trigo que permanecían allí semanas, sin cubierta alguna
(Darwin; 1984: 428).

Es evidente que Darwin se informa en detalle en su estancia en Iquique sobre la periodicidad de las lluvias. Se le informa que llueve aquí cada 7-8 años. No nos atreveríamos a afirmar lo mismo hoy día, a no ser que consideremos "lluvia" las pequeñas garúas que suelen empapar por algunas horas las calles de Iquique. Lluvias verdaderas, de horas de duración y que superen los 3-5 mm. solo han acontecido intermitentemente, muy de tanto en tanto . Y lo confirman los registros pluviométricos de la zona..

La última lluvia verdadera ocurrida en Iquique fue en el año 1997, esto es, hace más de 12 años!. Y antes que ésta, en 1986. ¿Querrá esto decir que la pluviosidad ha ido en franca declinación en los últimos decenios, a partir del año 1950? Así parece. Y esta constatación nos hace comprender por qué la vegetación nativa se restringe, más y más, y se arrincona en ciertos sectores altos, bien expuestos al S o SW, desapareciendo de otros, más bajos o más alejados del borde del acantilado costero.

Los pueblos mineros de Huantajaya y Santa Rosa.

En su ascensión en mula, guiado por un baquiano, divisa a lo lejos, los minerales de plata, de Guantajaya y Santa Rosa: De ellos dice:

"estos pueblecitos están situados a la entrada de las minas; colgados como parecen en la cumbre de una colina, presentan un aspecto todavía menos natural y más desolado que la villa de Iquique".

Curiosamente, no le atrae ir a echarles un vistazo, a pesar de su gran proximidad. Por la referencia genérica que hace, da a entender que por entonces estos dos minerales trabajaban con muy poca intensidad, dice textualmente: "había al lado dos minas de plata muy ricas, pero ya no producen casi nada." Tal vez la inactividad de estas minas no le incentiva a visitarlas. Contrasta esta actitud con su vehemente deseo de conocer de cerca "las minas de nitrato de soda", como el llama. a las explotaciones de salitre. Su meta fija, pues, estaba puesta en la salitrera "La Noria", donde sabemos le esperaba un compatriota George Smith, bien conocido para nosotros por haber sido el dibujante de la obra de William Bollaert. Extrañamente, Darwin, siempre tan prolijo, no nos indica su nombre.

Observaciones sobre la flora típica del desierto costero. Su supervivencia en la zona de nubosidad permanente.

"En las montañas de la costa, a unos 600 metros de elevación, allí donde en esta estación descansan casi siempre las nubes, se ven algunos cactus en los huecos de las rocas y algunos musgos en la arena que cubre las piedras. Los musgos son del género Cladonia y se parecen a ciertos líquenes. En algunos sitios se encuentra esta planta en cantidad suficiente para dar al terreno, visto de lejos, un tinte amarillo pálido. Más al interior, y en esta larga excursión de 70 kilómetros no he visto más que otro vegetal, un líquen amarillo, sumamente pequeño, que crece en los huesos de los mulos muertos. Quizá sea éste el primer desierto verdadero que en mi vida he visto" (Darwin, 1984: 4269.

Los cactus vivos a que hace aquí referencia Darwin y que observa entre las rocas de la subida a la actual ciudad de Alto Hospicio, pertenecen a la cactácea columnar Eulychnia iquiquensis. Hoy ya no existen ejemplares vivos en este lugar, excepto escasos fragmentos de esqueletos, muertos hace tiempo. ¿Qué pasó con ellos?. Fenecieron hace tiempo, como en tantos otros lugares de la costa norte. Su empleo como combustible por los habitantes mineros o pescadores de Huantajaya, Santa Rosa e Iquique y el inexorable proceso general de desecamiento climático, acabaron con ellos. Los "musgos" a que se refiere, probablemente no son tales sino diversas especies de líquenes, que sobreviven con la neblina o camanchaca.

¿Musgos o líquenes amarillos?

Si realmente observó aquí musgos, querría decir, claramente, que las condiciones de humedad de entonces eran bastante superiores a las actuales. ¿Se equivocó Darwin al confundir líquenes con musgos?. Es hoy muy raro hallar musgos en estos oasis de niebla. Los hay, pero muy ocultos en grietas o cavernas, en sectores rocosos, en lo alto del acantilado, y los hemos visto en Alto Patache y en Punta de Lobos. En escasísimo número. El musgo necesita normalmente una mayor cantidad de humedad que el líquen para prosperar y desarrollarse, al igual que los helechos.
Por otra parte, el propio Darwin dice que se adscriben al género Cladonia. Pues bien este género es propio de los líquenes y no de los musgos!. La confusión es pues, evidente.


Los líquenes observados por Darwin creciendo sobre huesos secos de mulas, abandonados a su suerte, corresponden tal vez a la especie Chrysotrix sp. que se suele aferrar a rocas o troncos secos, ostentando un hermoso color amarillo, especie que es común en el oasis de Alto Patache. El tinte "amarillo pálido" de que habla Darwin, perceptible sobre el terreno y piedras, ciertamente alude a la enorme presencia de líquenes, no musgos. Los musgos no darían jamàs este tinte amarillo que nos pinta Darwin y sólo pueden verse, en escaso número en oquedades de las rocas pero nunca en un paisaje abierto y amplio, como el texto sugiere.

Sintetiza el naturalista sus observaciones sobre la vida en estos parajes, con una frase lapidaria: "nos encontramos en un verdadero desierto". Y tenía razón.

(Segmento en construcción, 18/01/2010).