jueves, 24 de diciembre de 2015

"Historia y Vida en el valle de Quipisca": Una monografía sobre el desarrollo cultural de una población andina de Tarapacá, Norte de Chile.

Damos  a conocer aquí la reciente presentación de una obra  de investigación antropológica y geográfica sobre una comunidad humana casi desconocida  de la Región de Tarapacá (Chile).  La investigación duró tres años  (2010-2012) e involucró trabajos en terreno, búsqueda documental en archivos y bibliotecas y  entrevistas a pobladores de la quebrada.  Terminada la obra en agosto del año 2012, fue finalmente editada  en forma de libro en junio del año 2015. La  edición en hermoso formato, porta, sin embargo, la fecha de su término real, 2012.  Este trabajo  fue obra de un equipo interdisciplinario, en el que la Antropología cultural, la arqueología, la historia, la lingüística, la geografía,  la arquitectura  y la cartografía se apoyan mutuamente para ofrecernos una visión del desarrollo cultural de una comunidad precordillerana a través del tiempo, sujeta a los infaltables avatares de aluviones, sequías y terremotos.

En el caso que nos ocupa, la comunidad y sus dirigentes han tomado parte muy activa no solo en la selección de los investigadores, sino también en la orientación de los mismos hacia  los puntos focales de su particular interés.  Esta participación de la comunidad  se  ha  visto particularmente reflejada en los estudios de arquitectura y en la prospección arqueológica.

En este capítulo, nos referiremos a la ceremonia de presentación del libro  y a la existencia de la comunidad quechua de Quipisca, su promotora. Mostraremos, igualmente,  imágenes de la quebrada y de la celebración  misma.  En el capítulo siguiente, intentaremos hacer  un análisis más fino de la obra y presentar sus singularidades.

                                           
Fig. 1. Portada de la obra.   Investigación interdisciplinaria de la comunidad del valle y quebrada de Quipisca  (Región de Tarapacá, Chile) dirigida por el Dr. Horacio Larrain Barros (Editor General) . Editada  y publicada por la  Comunidad quechua de Quipisca, Iquique, Agosto 2012.


 Fig. 2.  Investigadores  y  personal  responsable de los capítulos y de la edición.

Fig. 3.   Contenido de la obra en 8  Secciones y  4 Anexos.  Número total de hojas 323,  incluyendo la bibliografía usada.  

"Historia y Vida  en el valle de Quipisca. Evolución cultural de una comunidad  andina".

Así hemos titulado esta obra, recientemente  editada y publicada por la Comunidad Quechua de Quipisca, (Tarapacá, Norte de Chile)  con el apoyo económico y logístico de la Compañía  Minera Cerro Colorado, que opera en sus proximidades,  muy cerca de la localidad de Mamiña.   En este capítulo del blog, nos proponemos presentar  imágenes del solemne acto social de lanzamiento del libro en el valle de Quipisca y expondremos nuestra opinión sobre el derecho que les asiste  a constituirse como comunidad independiente. En un segundo capítulo, posterior, presentaremos un pequeño resumen de esta obra a nuestros lectores, destacando sus aspectos  de especial interés y, a la vez, señalando el trasfondo etnográfico y  social  que trasunta  su  realización y puesta en práctica. Nos parece un caso de gran interés antropológico y, a la vez,  bastante  excepcional  en este tipo de estudios  de comunidades.

Este estudio concitó  el apoyo  tanto en terreno como en gabinete de numerosas personas. La coordinación del trabajo estuvo a cargo de Fernando Rosales  siendo CORDUNAP  (Corporación de la Universidad Arturo Prat de Iquique)   la entidad encargada de reclutar a los especialistas. La edición general y revisión final de los textos corrió a cargo del Dr. Horacio Larrain Barros (Ph.D.), arqueólogo y antropólogo social, miembro del  Centro del Desierto de Atacama, de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Estudios de comunidades.

Por lo general, los trabajos realizados en el pasado sobre comunidades andinas  han solido ser fruto de la propia iniciativa de los especialistas (antropólogos, historiadores, sociólogos  o arqueólogos)  que han estudiado dichas comunidades.  Ellos señalaban y decidían el enfoque, la metodología, los contenidos y las conclusiones finales de la obra. Ellos obtenían el financiamiento  y controlaban todos los detalles de la edición. La comunidad asistía pasivamente a su realización  y cuando mucho,  tomaba parte en  los festejos  o  recibía unos cuantos ejemplares del trabajo  final, cual migajas,  a guisa de agradecimiento. Los comuneros eran allí solo la "materia prima" de los encuestadores  que los interrogaban por semanas o meses, y su aporte propio y/o personal, era  escaso o nulo. Toda la iniciativa de la obra recaía en el especialista quien, por lo demás,  se llevaba todos los laureles  y cuyo mayor premio consistía en acrecentar su curriculum, para poder así comprobar su productividad como académico universitario. Los miembros de la comunidad estudiada eran, por tanto, solamente los "conejillos de Indias" del especialista, quien a su arbitrio  y talante elaboraba la obra final: ésta era para él  "su" obra, jamás, la obra de una comunidad. 

El antiguo estudioso de las comunidades.

Podríamos citar  numerosas obras así realizadas en comunidades andinas del Ecuador, Perú, Bolivia o Chile. Hasta hace muy poco tiempo,  esta era  la costumbre general, también entre nosotros. El especialista universitario, fuese éste sociólogo, antropólogo o arqueólogo,  señalaba y determinaba los objetivos,  los métodos y el desarrollo integral del trabajo. Los habitantes de los pueblos  eran solo simples peones que suministraban la información, según estuviese contemplada en las preguntas del cuestionario respectivo, o eran   los obreros de pala y picota que hacían las excavaciones arqueológicas. De su "propia cosecha", o de su propia iniciativa, experiencia, interés   y/o conocimientos previos, no había nada  o casi nada. Podríamos  motejar este período de estudio como el de  un exacerbado "colonialismo cultural".  Se inicia en el siglo XIX  con los  famosos estudios de los antropólogos ingleses de la escuela de Bronislav Malinowsky o los estudios  folklóricos de un Franz Boas,  en los Estados Unidos. Tal método en el que la comunidad "no tiene ni voz ni voto", ha dejado de existir hoy,  por efecto de la toma de conciencia de las comunidades acerca de su pasado  y de su presente; pero también y en forma importante,  de su futuro. Éste, pasa ya a estar en sus propias manos.  Hoy - al menos en nuestro país- es la propia comunidad la que elige, selecciona y "examina"  a los posibles investigadores de su propia realidad;  antes era al revés: el investigador elegía a la comunidad de estudio.

Ceremonia del lanzamiento del libro.

Fue un día 20 de junio de este año en curso, 2015. El presidente de la comunidad de Quipisca, Wilfredo Bacián Delgado,  nos avisó que el lanzamiento del libro de la comunidad  se haría  en  el salón comunitario de la quebrada, situado en el lugar llamado Tauquinza. Para conmemorar dignamente el hecho, se le hizo coincidir con el solsticio de invierno  (21 de Junio) día en que ellos, desde  hace algunos años, celebran el Inti Raymi, la máxima festividad del mundo quechua.  Sus líderes están convencidos de  haber redescubierto sus raíces étnicas y culturales quechuas  y se ufanan hoy de su remoto origen Inca. Reniegan, por consiguiente,  de  su pretendido ancestro aymara, que la CONADI (Corporación Nacional de Desarrollo Indígena) regional ha tratado por años de imponerles, sin éxito. Se observa aquí un interesantísimo anhelo de  rescatar y redescubrir su origen étnico auténtico, el que estiman es incaico, muy anterior  a la llegada desde el altiplano, de grupos aymaras a la región. Las tradiciones familiares y los recuerdos, así lo testimoniaban. Nos extenderemos sobre este punto más tarde.

En el sitio de Tauquinza.

Como a las  18.00 hrs. llegamos a Tauquinza, en el lecho de la quebrada de Quipisca, acompañados de los colegas arquitectos  Pedro Lázaro y Alberto Prado y de la joven antropóloga  Jocelyn  Gómez,   tarapaqueña. El lugar se alza   a los   1.800 m.snm.  Mostramos aquí, en imágenes, lo que encontramos. Éstas, nos ahorrarán comentarios.


Fig. 1. Vista de la estrecha  quebrada de Quipisca de Noreste a  surweste, tomada desde la Sede Social.  Los últimos rayos del sol alumbran aún las laderas áridas y  resecas. Un  hilo de agua de vertientes  corre  por el fondo del valle, ahora encauzado. Abajo, entre la tupida arboleda de  chañares y  molles nativos, se guarecen las nuevas  granjas de  animales de cría (ovejas, cabras) y de aves de corral (gansos, gallinas y conejos), principal fuente de ingresos de la  comunidad.

                                             
Fig. 2.   El último y  gigantesco aluvión, ocurrido en el mes de Febrero del año 2012, se llevó parte considerable del piso agrícola de la quebrada, causando enormes daños. La imagen muestra los diques y  las defensas que hubo que excavar con maquinaria pesada para   evitar nuevos desastres a futuro, labrando un cauce más profundo a las aguas  que  en la temporada de las lluvias altiplánicas, en el llamado "invierno boliviano", se precipitan tumultuosamente hacia la pampa. El edificio nuevo de la Sede Social, orgullo de la comunidad y obsequio de la compañía minera Cerro Colorado,   se ha construido en altura,  en el lugar de antiguas viviendas de pobladores,  y fuera del alcance  de los eventuales aluviones.

 
Fig. 3.   El valle agrícola es sumamente angosto,   con un máximo de  unos  150-180 m. de ancho  en su máxima amplitud. Allí se aferra hoy la vegetación nativa que logró sobrevivir al aluvión. En esta fotografía, se observa algunos de los efectos devastadores  de la bajada  del agua en febrero del año 2012, uno de los peores  aluviones ocurridos  en los últimos cincuenta años.

Fig. 4.  Al costado norte de la quebrada,  dominando  el piso de ésta, se alza hoy hermosa la Sede Social nueva,  obsequio de la Compañía Minera a la comunidad.

Fig. 5.  Preparativos para la celebración del lanzamiento del libro de la Comunidad el día 20/06/2015.


Fig. 6.  Las laderas de los cerros son aquí sumamente abruptas. Cuando llueve, el peligro de deslizamiento y caída de rocas desde lo alto, es  muy grande. Muchas veces  los temblores han ocasionado derrumbes de consideración.

Fig. 7.  En la Sede Social,  a nuestra llegada, nos recibe  este afiche. Éste nos advierte que  estamos en la comunidad quechua de Quipisca y la bandera  quechua, conformada por barras horizontales  con  los colores propios del arco iris, nos recibe  y nos da la bienvenida.

 Fig. 8.  Pequeña  escarapela recordatoria del Acto  que los organizadores prendían  al pecho de cada asistente al Acto, en el momento de  su ingreso  (anverso).


Fig.  9. El reverso de la misma escarapela explica el motivo del Acto.

Fig. 10.  El contraste entre la estrecha franja agrícola utilizable y la mole de la montaña,  abrupta y amenazante, es casi brutal. El hombre aquí  ha tenido que luchar siempre hasta hoy contra una naturaleza esquiva y traicionera.


Fig. 11. De los barandales de la Sede Social del pueblo, cuelga este afiche gigante   que testimonia la finalidad del Acto  que está por iniciarse: el rescate de su identidad y la protección de su patrimonio cultural.
Fig. 12.   Una al lado de la otra, las dos banderas que  expresan su real identificación: la bandera tricolor de Chile y la bandera quechua, con la que se sienten étnicamente hermanados con sus hermanos quechuas del área andina meridional.

Fig. 13.  El gran lienzo  que  recibe a los visitantes  destaca sus profundos sentimientos de   pertenencia:  a) se consideran una comunidad indígena, b) de origen quechua, y  c)  provista de un territorio que les es propio y que la ley Indígena  les  asegura.

Fig. 14.  Los pasos de un baile tradicional  andino son parte esencial de la celebración comunitaria. Aquí el presidente de la comunidad quechua, Wilfredo  Bacián   ensaya un paso de baile. Dos bandas de músicos  amenizan el Acto. La música instrumental de bronces es  algo esencial en las celebraciones andinas. Ésta nunca  puede faltar.

Los  bailes locales fueron el preludio del Acto. Luego vino la fase de discursos (del Presidente de la comunidad, Wilfredo Bacián, del representante de la Cía. Minera  Cerro Colorado y  del Editor de la obra, Dr. H. Larrain). Cerró el Acto  una banda de músicos jóvenes venidos de Pozo Almonte. De gran interés fue el hecho - nunca visto por nosotros en otros eventos similares-  de la presencia activa de un indígena peruano, ataviado con  los característicos chullo, poncho y ojotas, quien actuó de traductor a la lengua quechua tanto de los discursos como de las presentaciones al Acto.  Aunque  nadie entre los asistentes podía entender las expresiones quechuas  (la lengua se ha perdido por completo), la comunidad, con este gesto altamente simbólico, ha querido  enfatizar  y reforzar su sentido de pertenencia al mundo  cultural quechua, del que se sienten parte integrante. Este mismo personaje actuará esta misma  noche como oficiante principal de la ceremonia del Inti Raymi que se celebrará, al amanecer, en la cumbre del cerro Wata watana, donde   la comunidad  acostumbra celebrar  la llegada del nuevo año: el Inti Raymi.

Consideraciones  culturales. Lo que nos ha llamado la atención en este acto de lanzamiento del libro.

1.  La pequeña comunidad de Quipisca, conformada por grupos de parientes cercanos descendientes de un mismo tronco común,  alcanza hoy  unas  sesenta  o setenta personas en total.  A ellos se agrega algunos escasos afuerinos que se han afincado aquí, desde hace decenios  y que ya se consideran miembros de la comunidad. 

2.  El objetivo para  constituirse en comunidad ut sic  ha sido social y étnico, a la vez que político. Étnico, porque buscan  honestamente revivir y restaurar su historia, sus recuerdos y tradiciones; político: porque saben bien que solo unidos podrán obtener de su vecina,  la Cía. Minera  "Cerro Colorado",  los beneficios económicos que les brinda su cercanía. En efecto, ante  los efectos devastadores de aluviones terremotos o sequías,  recurren  al "socio" rico para  reparar los caminos, restaurar  los terrenos agrícolas  y sus plantaciones o  construir  su Sede Social, de la que hoy se enorgullecen  y constituye uno de los ejes principales  de sus aspiraciones como "pueblo".  Para la Cía. Minera, por otra parte, este constante apoyo logístico  ha pasado a ser un compromiso necesario como parte de la mitigación de los efectos nocivos de  la presencia cercana de  relaves mineros y de polvo en suspensión  por efecto del sistema de  explotación del mineral de cobre. Para la poderosa Cía. Minera, en efecto, este apoyo a la comunidad  es visto como  parte de su responsabilidad social empresarial.  

3.  La relación  de los quipisqueños  por cercanía y parentesco con el vecino pueblo de Mamiña, es evidente. Históricamente, también ha existido una fuerte y constante relación con Mamiña, de donde provienen, según los documentos históricos, los primeros pobladores de  esta quebrada.  Hasta hoy, hay mamiñanos que  sostienen haber tenido o aún mantener  derechos a  retazos de tierra (eras de cultivo) en esta quebrada. Quipisca, además,   ha dependido siempre espiritualmente de la parroquia de Mamiña y en su camposanto reposan sus antepasados. La reciente formación de una comunidad quechua independiente, sin embargo, desprendida  por decisión unilateral del tronco original,  ha sido considerada por Mamiña como un acto de independencia inamistoso e  ilegítimo. Hay aquí un problema, con raíces históricas y sociales, que los dirigentes tendrán que manejar con inteligencia y sagacidad  para evitar confrontaciones futuras entre las dos comunidades. 

4. Opinamos que esta comunidad,  por  poseer títulos de posesión  mayoritarios  en el piso de la quebrada de Quipisca,  está en su derecho de  declararse  independiente de su comunidad  madre, cuando se han dado las condiciones geográficas y políticas para ello.  De hecho,   su espacio natural y su territorio  es diferente del de Mamiña, situado a mayor altitud y con condiciones climáticas y productivas parcialmente diferentes.  Hay numerosos referentes históricos que avalan este tipo de situaciones, como es el caso del pueblo atacameño de Cámar, en la IIª Región de Antofagasta,  que se separó y desligó de su pueblo madre, Toconao, por razones geográficas  muy similares, constituyendo hoy un pueblo y  una comunidad  diferente.    

5.  Además, en defensa de  los derechos que asisten hoy a  este grupo humano para autoproclamarse como una comunidad  étnica independiente, está  el propio articulado tanto de la Ley Indígena como de la Ley de Juntas de Vecinos,  que permite crear tales organizaciones reuniendo las firmas de cierto número de  vecinos. 

6.  Esta, a juicio nuestro excesiva permisividad actual del cuerpo legal, sin embargo,  si bien presenta aspectos positivos al permitir constituir y robustecer pequeñas comunidades en lugares alejados,  puede también convertirse, en algunos casos, "en un arma de doble filo". En efecto, puede constituirse en un peligroso precedente para la  atomización y destrucción de las antiguas comunidades indígenas originarias, las que no pueden oponerse a  esta separación de quienes, en virtud de la Ley,   recurren a la CONADI, exigiendo  su reconocimiento legal.  Hay aquí, creemos firmemente,  un foco  de probables conflictos y luchas interétnicas en el seno de una misma región. Situación que  puede causar un enorme daño a la causa indigena como tal  e impide su fortalecimento.  Somos de opinión  de que la Ley Indígena  debería ser  mucho más rigurosa y  exigente cuando se trate de escindir comunidades de sus  troncos madres, para evitar perniciosos caudillismos y personalismos. Lo que supone, como premisa  lógica, un  escrutinio más acucioso del origen, sentido, destino  y finalidad de una comunidad indígena como tal. La historia, la etnografía a la vez que la geografía local  deben aquí ser especialmente consultadas y valoradas.

7. Nos ha impresionado en este hermoso y emotivo Acto, la expresión viva del "sentido de pertenencia"  a una comunidad y a una etnia. En efecto, se sienten y se perciben como un grupo étnico con larga historia común y un idéntico destino que reconocen difícil pero que quieren enfrentar con orgullo y decisión. Es una comunidad que, aunque reducida hoy a un puñado de hombres y mujeres, se niega a desaparecer. Su fuerza está dada por su capacidad  y tenacidad de hacer producir una quebrada siempre expuesta a cataclismos y  desventuras, aprovechando sus condiciones ecológicas y altitudinales como ecozona.  Hay temas de supervivencia que la comunidad tendrá que enfrentar decididamente en un futuro próximo como  construir un camino de acceso  a prueba de aluviones y controlar y asegurar el abastecimiento de agua de regadío por medio de  pozos profundos.

8.  La edición final de esta obra,  cuya  ejecución fue seguida muy de cerca por las autoridades de la comunidad, es un testimonio fiel de su interés por consolidarse en el futuro como pueblo  con una historia, una geografía y una antropología común, íntimamente ligada al legado cultural de los Incas. El estudio histórico,  geográfico y lingüístico de base realizado para  esta obra,  confirmaría, en nuestra opinión,   su estrecha relación con el universo cultural Inca,  máxime  con nuestro hallazgo de tramos desconocidos  y bien conservados del Qhapaqñan  y sus recintos  en su propio territorio comunitario. De este aspecto disertaremos en un próximo capítulo de este Blog, al analizar en detalle la presente obra. 












sábado, 19 de diciembre de 2015

Ultimas visitas a un ecosistema feneciente: el oasis de niebla de Alto Patache en diciembre 2015.

Últimas visitas  al "desierto florido"  en la costa al sur de Iquique.

Hemos decidido efectuar las dos últimas visitas al oasis de niebla de Alto Patache (75 km al sur de Iquique,  a 770-850 m. snm) para  observar la floración tardía, producto de las copiosas lluvias caídas en los días  8 y 9 de Agosto de este año 2015.  Los viajes  fueron realizados  los días  3/12/2015 y 10/12/2015. En el primer viaje, nos acompañaban los  jóvenes agrónomos Josefina Hepp y Eduardo Contreras, miembros del Centro del Desierto de Atacama, de la Pontificia Universidad Católica de Chile. En el segundo viaje, me acompañó el arquitecto y fiel compañero de muchas expediciones, Pedro Lázaro Boeri.  Mi objetivo era fotografíar todas  las plantas que todavía estaban  en flor y recoger las 19 trampas entomológicas dejadas allí un mes antes por  el entomólogo canadiense Laurence Packer, estudioso de las abejas nativas   (Hymenoptera, Apidae).  También me interesaba tomar nota,  registrar y en lo posible fotografiar  la presencia de la  fauna endémica visible  en el lugar. Estamos convencidos de que ésta ha sido una oportunidad realmente única para contemplar y estudiar una floración totalmente excepcional, tal como con certeza  no ha sido vista aquí en muchos decenios, para contemplar estos ecosistemas  en su máxima expansión y desarrollo.

Vistas generales del área  según sus diversos paisajes.

Fig. 1.  Vista  hacia el sur desde los 840 m. snm.  En el primer plano,  plantas todavía vivas. Desde el centro de la imagen hacia la parte alta de la foto (sector sur), el color marrón del paisaje delata una tupida vegetación,  ya moribunda, pero que llegó  a cubrir en su totalidad las laderas que caen hacia el mar hasta  los  120 m.  snm, aproximadamente. Al fondo,  arriba  y  a la derecha de la foto, destaca la mole oscura de las covaderas de Pabellón de Pica cayendo bruscamente al mar. (Foto 10/12/2015).

Fig. 2.  Ejemplares de Nolana jaffueli y Cristaria molinae tapizan, aún verdes, el suelo arenoso, a ambos lados de un antiguo  sendero de guanaco conservado intacto. (Foto 10/12/2015). Estamos en lo más alto del acantilado costero, con vista al mar, y  a unos  840 m. snm..

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Fig. 3.  El brusco declive de la pendiente del acantilado costero hacia el mar, muestra aún los colores verde-parduzcos de la vegetación ya en avanzado proceso de  decadencia. Vista tomada  desde  los 850 m.  snm. hacia el SSE. (Foto  10/12/2015).

Fig. 4.   Sector del acantilado costero en su porción rocosa. La  vegetación anida  de preferencia entre los intersticios de la roca  fragmentada. Vista a los 750 m  snm, mirando hacia hacia el SSE. En la cima, se ve los postes de dos atrapanieblas abatidos por el vendaval del 8 de agosto del presente año, los que aún no han sido restaurados. (Foto 10/12/2015).

Fig. 5.  Casi no hay grieta entre las rocas que no haya sido ocupada como nicho  por la vegetación hoy ya moribunda.

Fig.  6.  Vista desde el alto  hacia el Weste. En el centro de la imagen, un cactus solitario de la especie  Eulychnia iquiquensis, ha comenzado a florecer.  Es éste uno de los 3 ó 4  escasos sobrevivientes de esta especie en este oasis de niebla. (Foto 10/12/2015).


Fig. 7. La vegetación anual, nacida con ocasión de las copiosas lluvias de los días  8 y 9 de agosto 2015 está ya en avanzado proceso de decadencia. Muy pronto, no quedará seña alguna de esta insólita floración, salvo sus semillas desparramadas en el suelo.

Fig.  7.  Entre las grietas de la roca,  afloran las flores color amarillo de  Alstroemeria lutea, planta de la familia de las Alstroemeriaceae,  (Monocotiledóneas)  endémica y propia de estos oasis  del sur de Iquique, descubierta aquí mismo recién en el año 1997  y  determinada  en el año 2000.(Cf.  Muñoz-Schick, 2000; ver bibliografía al final).  Inicia su floración  a fines del mes de Noviembre. Ha perdurado este año 2015 su floración hasta  fines de diciembre. Es sin duda alguna  la flor más vistosa y de mayor tamaño de todo el oasis.   Se la puede ver aquí  destacando entre ejemplares de Nolana sedifolia y Lycium leiostemum.

Fig. 8.  Ladera que mira al Weste.  Imagen tomada hacia los  770 m.snm.,   de sur a norte.

El resultado de las visitas anteriores.

La casi totalidad de las  visitas anteriores,  expuestas en sendos capítulos anteriores de este Blog, fueron hechas entre septiembre y noviembre 2015 a la zona de cerros costeros  frente a la playa Palo Buque, a 22 km al sur de Iquique. Aquí, pudimos contemplar el "desierto florido" que se presenta en   las zonas bajas (entre los 220 m y  casi 400 m de altitud  s.nm.).   Nos interesaba ahora,  comparar este espectáculo con el que  era dable observar  en otro oasis de niebla, Alto Patache, situado más al sur y a altitudes bastante mayores, esto es, entre los  750 y 850 m. snm.. ¿Quedarían todavía flores nativas   a mediados del mes de diciembre?.  ¿Habría, tal vez, otras flores tardías, no vistas antes?  ¿Se notaría alguna diferencia en la fauna existente en esta etapa final de la floración?.  ¿Qué tipo de fauna podíamos observar ahora?. Eran las grandes dudas que pretendíamos dilucidar. Teníamos plena conciencia de que ésta sería una oportunidad  única, tal vez la última para nosotros, de  ver y examinar con lupa el desierto florido moribundo, ya  en plena etapa terminal, en este tramo costero al sur de la ciudad de Iquique. Visita  seguramente póstuma,  quien sabe hasta cuándo nuevamente.

La subida al oasis de Alto Patache

Como sabíamos por una visita anterior que las rutas de acceso  al oasis había quedado  impracticables tras los ingentes aguaceros del mes de Agosto, con formación de enormes grietas y cárcavas  que impedían el paso de vehículos, íbamos ahora premunidos de pala, picota y hasta rastrillo  para intentar reparar algunos tramos destruidos. A medida que  ascendíamos, nos percatamos con gran sorpresa que una máquina motoniveladora había reparado recientemente el camino de acceso y éste, en consecuencia, se hallaba totalmente expedito. Nos habíamos mentalmente predispuesto para una larga y fatigosa caminata a pie, en procura del alto del oasis. La ruta recién  reparada, en cambio, apenas un día antes, según supimos, nos ahorraba ahora todo ese enorme esfuerzo.  ¡Hurra!, ¡Aleluya,! resonaron nuestros gritos de júbilo.

Nuestra tarea.

Una vez en el alto, mientras los dos agrónomos citados colectaban ávidamente  las semillas recientes de  las plantas nativas que ya semillaban y se esparcían por el suelo, me dediqué  a fotografiar la flora y fauna visible  en el oasis. La cosecha de imágenes  obtenida,   se podrá apreciar en las fotos que siguen.  A la vez, estas imágenes constituyen a mi entender un excelente  registro gráfico para poder reconstruir, para goce y disfrute de nuestros lectores de otra regiones o países, lo que ha sido para nosotros el espectáculo  de este increíble desierto costero florido, en  medio de la  dura y áspera desnudez  del desierto costero dominante. 

La cosecha de imágenes.

Todas las  fotografías que se  muestra a continuación, son nuestras. Tomadas en los días  3 y 10 de diciembre 2015. Primeramente, mostraremos  el tipo de flora  observada por nosotros  y luego, en otro acápite,  haremos referencia a  la fauna presente. Hemos tratado de fotografiar, en estas dos expediciones, todas las especies diferentes que pudimos observar en nuestras dos visitas. Sin duda se nos han escapado algunas, en particular las que prosperan solo en el acantilado rocoso,  en terrenos escarpados, difíciles de  transitar,  o las hemos hallado ya con sus  flores marchitas. En total, hemos reconocido  en estas visitas recientes por lo menos 25 especies vegetales  en flor,  incluidas tres cactáceas.

Los expedicionarios.

Fig. 9. El autor de este blog  descansando en una duna viajera que ha logrado sobrepasar  el acantilado, hacia los  800 metros  de altitud sobre el nivel del mar,  penetrando en el desierto interior. (Foto 10/12/2015).


Fig.  10. Nuestro acompañante, el arquitecto Pedro Lázaro,   pisando la extensa cola de la misma duna que avanza hacia el Este.


Fig. 11.  Los jóvenes agrónomos Josefina Hepp y Eduardo Contreras,  durante la faena de colecta de semillas  de plantas nativas.

Fig. 12.   Josefina Hepp  tomando fotografías en el sector del acantilado a los  770 m.  snm.

Fig.  13.  Laderas interiores del oasis cubiertas de plantas aún lozanas de Nolana applocaryoides y Cristaria molinae.  Aquí hemos observado los ejemplares de mayor desarrollo de la primera especie citada, con un ruedo que puede, en algunos ejemplares, superar  los 3 metros de diámetro.

Fig.  14.  Vista panorámica hacia   el SSE desde los 850 m  snm.


Fig. 15.  Aspecto del  sector rocoso del acantilado superior.

Fig. 16.  Una pampa interior. Se observa la estrías (rilll wash) dejadas por la reciente bajada de las aguas.

Fig. 17.  Una pequeña quebrada lateral  donde  estuvo la   parcela de experimentación agrícola. El aluvión  excavó el fondo, arrasó con la parcela, quedando la cárcava viva a la vista.

Fig. 18.  Ladera en suave  descenso hacia la terraza litoral. Vista de sur a norte. Tapiz de vegetación de  Nolana jaffueli, Nolana intonsa, Cristaria molinae y Fortunatia biflora.

Registro de las plantas observadas en ambos viajes al mismo lugar.

Creemos que puede ser de especial interés para los botánicos y aficionados a las plantas autóctonas, el que nosotros  reunamos, en este capítulo, imágenes de todas las especies observadas en estos dos viajes a terreno, a inicios de diciembre  2015.


Fig. 19.  Hermoso ejemplar de Cristaria molinae de flores color lila extendiendo  sus ramillas  apegadas al suelo en forma radial.

Fig.  20.  La misma especie, más de cerca mostrando sus flores color  lila (o color morado suave)..


Fig. 21. Ejemplar de Calandrinia sp. de diminutas flores color lila. Esta planta  extiende sus ramas achaparradas, a ras del suelo, a alguna distancia del tronco madre, lo que le permite  esparcir sus semillas más lejos.


Fig. 22.  Observe las pequeñas flores de esta especie de Calandrinia sp. diferente de la anterior  mostrando sus flores de un  color amarillo fuerte. Presenta algunas de sus hojas  carnosas de gran tamaño.

Fig. 23.  La corola  en forma de estrella de cinco pétalos de esta  última  especie de Calandrinia  sp.  La flor alcanza un diámetro algo superior a  1 cm.

Fig. 24.   Observe las varas florales de Calandrinia sp. extendiéndose radialmente en torno a la raíz central, formando casi un círculo.

Fig. 25.  Otra imagen de la misma planta.


Fig.  26.    Esta especie   (Calandrinia sp.) casi siempre la hemos  hallado  en  un ambiente  de rocas fragmentadas; pocas veces en arena como aquí se muestra.

Fig.  27. Vimos con  bastante frecuencia una variedad de mosca grande, de abdomen color café  claro que libaba las flores de ésta y otras especies. No conocemos su clasificación taxonómica.  Es de mayor tamaño y robustez que la mosca común de la ciudad.


Fig.  28.    Este ejemplar  de Calandrinia sp. muestra bien la forma y tamaño de sus hojas, sumamente carnosas y algunas de ellas de gran desarrollo (planta suculenta).

Fig.   29.   Curiosa  y extraña aglomeración de cabezuelas florales, en forma de cúmulo,  en la planta Calandrinia sp  de flores color lila.


Fig. 30.     La otra forma  y menos común  que presenta aquí la flor de Calandrinia sp.   ¿Se trata de otra especie de Calandrinia, como imaginamos?.

Fig. 31.  Flores de Calandrinia sp.  y sus botones florales.

Fig. 32.  Ejemplar de Poliachyrus annus de flores blancas, (Fam. Asteraceae).  La planta  produce una enorme  cantidad de cabezuelas de flor lo que le permite asegurar su persistencia en el  tiempo, esparciendo  centenares de semillas  a su alrededor.

Fig. 33.   Poliachyrus annus  ya  mostrando sus últimas flores.


Fig. 34.  En la parte  media de la imagen, un ejemplar de Perityle emoryi   (Fam. Asteraceae), rodeado de plantas de  Nolana jaffueli (derecha),  Calandrinia sp. y Cristaria molinae,  (arriba e izquierda). Perytyle  sp, es bastante escasa en este oasis y solo la hemos visto en suelos fuertemente arenosos o limosos.

Fig.  35.     Perityle emoryi, de flor amarilla,   en etapa  terminal.

Fig. 36. Cabezuelas florales de Perityle emoryi, (Fam Asteraceae). La planta produce  gran cantidad de semillas.

Fig. 37.    Planta de  Cristaria  sp, de flores pequeñas, color blanco.  Hemos hallado en este oasis de Alto Patache ejemplares de flores blancas y otros  de flores color lila. Sus respectivas hojas nos parecen  idénticas. No sabemos si se trata de dos especies diferentes, o solo de distintas variedades cromáticas de una misma especie.

Fig.  38.   Cristaria molinae en etapa terminal.


Fig.  39.   Flores de Calandrinia sp  (color lila)   y de  Cristaria molinae (color blanco).

Fig. 40. Ejemplar de Cristaria molinae  que ha brotado  entre  las fisuras  del limo fino consolidado, producto reciente del arrastre fluvial.

Fig. 41.   Ejemplar de gran tamaño de  Nolana applocaryoides de flores blancas o levemente azuladas. Esta planta,    como también Frankenia chilensis, tiene a formar   conjuntos de gran ruedo y diámetro, creciendo en forma radial. Nos llamó la atención la gran cantidad de pequeños hemípteros que alberga bajo su follaje. Aquí observamos varia veces a ejemplares del coleóptero carábido  Calosoma rufipennis (Vea abajo, Figs. 107, 108 y 109)  que acude a alimentarse de sus pequeñas larvas .


Fig.  42a.  Ejemplar de Nolana applocaryoides de aspecto arbustivo, con su pequeño tronco erguido.


Fig. 42b.   Dos frondosos ejemplares de Nolana applocaryoides en laderas arenosas.

Fig. 42c. La misma especie que tiende a formar enormes ejemplares  de aspecto circular  o redondeado.  Este ejemplar  muestra  un diámetro algo superior a los 80 cm. Bajo su tupido y sombreado  follaje, alberga una rica fauna de hemípteros  (Insectos chupadores de savia) de varias especies.


Fig. 43. Dos Nolanas diferentes:   izquierda: Nolana applocaryoides;  derecha: Nolana intonsa

Fig. 44.    Nolana applocaryoides de pequeñas flores color blanco..



Una cactácea singular y única en el mundo:  Eryosice caligophila  Muñoz-Schick.

Presentamos a continuación  imágenes de la cactácea   Eryosice caligophila,    escasísima cactácea endémica de estos oasis de niebla situados al sur de la ciudad de Iquique. Recientemente (1997)  fue descubierta  aquí  por Raquel Pinto y determinada posteriormente  por Mélica Muñoz-Schick (año 2000).  Dada su gran rareza y habiendo tenido nosotros la gran suerte de hallar en este viaje  todos los ejemplares en flor  o en  fruto, presentamos  aquí  varias imágenes  de este cactus que debería ser a la brevedad declarado "en peligro inminente de extinción" en su habitat natural, por su suma rareza  y  escasez.

Fig. 45. Entre las piedras, en un ambiente sumamente pedregoso, apenas asoma este ejemplar en flor. Su floración este año 2015 se debe  -lo sospechamos- a  la insólita  lluvia de agosto de este año  2015. En años normales secos, sin lluvias  (denominados en la nomenclatura geográfica años "La Niña"), nunca lo hemos visto en flor, a pesar de haberlo buscado ex professo. Lo que significaría, a nuestro juicio, que esta cactácea  solo llega a florecer muy de tarde en tarde, cuando caen fuertes lluvias esporádicas, como producto del fenómeno de "El Niño".  En años anteriores, solo la habíamos encontrado en flor en diciembre del año 1997.   (Foto 10/12/2015).

Fig. 46. El mismo ejemplar, de más cerca.

Fig. 47. Otro ejemplar, en botón floral, semioculto entre las rocas.   A su lado izquierdo, un ejemplar  ya muerto de Nolana jaffueli.

Fig. 48.  Dos ejemplares juntos, apretados y comprimidos entre rocas.  Ocultos a  las miradas indiscretas de los cactólogos, sus acérrimos enemigos naturales. Este año producirán semillas que ojalá broten y den inicio a  nuevos ejemplares, salvando así esta especie de su extinción local.

Fig.  49.   Ejemplar en flor  y  en botón floral; alto de la planta:  11 cm.

Fig. 50. Otro ejemplar, fuertemente comprimido entre las grietas de la roca donde  nació. El ejemplar muestra dos  hermosos frutos en sazón.

Fig. 51. 


Fig. 52.


Fig. 53.

Fig. 54.   Si no fuera por su vistosa flor, este ejemplar  sería prácticamente invisible  entre las rocas que lo sofocan.

Fig. 55.  En este ambiente natural, increíblemente inhóspito, a primera vista,   vive aún, en escasos ejemplares sobrevivientes y oculta entre los fragmentos de rocas  la especie Eryosice caligophila  Muñoz-Schick,  que hemos mostrado en las diez imágenes precedentes.

Fig. 56.  Eulychnia iquiquensis. Unos de los cuatro ejemplares  que aún  se puede observar en este oasis.


Fig. 57.   Este viejo ejemplar de Eulychnia, seguramente más que centenario,  ha crecido al pie de unas rocas que  condensan la humedad atmosférica de la neblina o camanchaca,  gracias a la cual ha podido  conservarse  vivo  hasta hoy.   

Fig.  58.   Botones florales de esta cactácea.

Fig.  59.  Zoom hecho a  los botones de flor.


Otras especies presentes en el oasis de Alto Patache.

Fig.  60. Flores de Alstroemeria lutea, planta endémica de esta región de Chile  junto a Nolana jaffueli   en decadencia. Florece desde noviembre a enero.


Fig. 61. Flores y botones florales de la misma especie.


Fig.   62.  Ultimas flores de Alstroemeria lutea.


Fig.  63.   Una planta vigorosa de Alstroemeria junto a la vara floral de Fortunatia biflora.

Fig.  64.  Otra imagen de la misma especie.

Fig. 65.    Ejermplar de la especie  Quinchamalium chilense.

Fig. 66.   Aproximación.


Fig. 67.     Quinchamalium chilense.

Fig. 68.  Hoffgmanseggia minor con sus vainas  con semillas.


Fig.  69.    La misma especie anterior. Otra imagen.

Fig. 70.   Flores de Hoffmanseggia minor.


Fig. 71. Cistanthe amaranthoides.   Planta sumamente escasa en este oasis. En nuestro recorrido, solo vimos este único  ejemplar.

Fig. 72.    Stipa  ichu o "paja brava".


Fig.  73.   Stipa ichu. Ejemplares nuevos.  Esta especie es sumamente escasa en el oasis y se halla solo en dos o tres  pequeños sectores, en un reducido número de ejemplares. Hemos encontrado  señas inequívocas de su presencia en otros lugares del oasis, en arena, con ejemplares ya muertos desde hace decenios.

Fig. 74.  Cristaria sp. Extraordinariamente escasa en este oasis, crece solamente  en sustrato arenoso  y vimos allí   muy escasos ejemplares en flor.
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Fig. 75.  En esta especie de Cristaria  capturamos algunos ejemplares de pequeñas abejitas nativas   ( Familia Apidae).

Fig. 76. Ejemplar de  Nolana intonsa.

Fig. 77.  Nolana intonsa.  A diferencia de Nolana applocaryoides, esta   especie mostraba en nuestra visita   escasas flores.  Sus flores color lila  muestran una corola  de un tamaño mucho mayor que las de la especie recién citada. Pueden alcanzar los 3 cm.,   totalmente abiertas.

Fig.  78.  Tiquilia  littoralis.  La planta ya había florecido a nuestro arribo al lugar.  Solo la vimos en  pocos ejemplares  en la ladera que mira al  Este, creciendo  sobre arena, al sur de la casa-estación de este oasis y  muy cerca de ésta.

Fig.  78. Fortunatia biflora.

Fig. 79.    Atriplex taltalensis.en etapa de floración.


Fig. 80. Tetragonia  ovata de la familia  botánica Aizoaceae  en flor. Posee hojas sumamente carnosas y acuosas.

Fig.  81. La misma especie de Tetragonia  ovata   en etapa de semilla.


Fig. 82.   Frankenia chilensis.  A  su derecha, ramillas espinudas  de Lycium leiostemum, arbusto típico del oasis.

Fig. 83.  Ejemplar de Solanum remyanum   (izquierda) junto a  Tetragonia sp. (derecha).


Fig. 84.  Ophryosporus  floribundus.  Ejemplar único en todo el extenso y dilatado oasis de niebla. Nos hemos preguntado por qué  existe, en todo el contorno de este oasis, tan solo un ejemplar vivo.  Un auténtico misterio para nosotros. Sin duda alguna,  la suma escasez de agua  ha impidido su reproducción   in situ.

Fig.  85.  Botones florales de Ophryosporus floribundus  (Foto 10/12/2015).


Fig. 86.   Fortunatia biflora.


Fig.  87.  Presencia de Alstroemeria lutea  Muñoz-Schick. A  su izquierda, un ejemplar del cactus Cumulopuntia sphaerica,  bastante escaso en este oasis de niebla. 


Fig. 88. Dos mariposas  frecuentes en este oasis:  Arriba, a la izquierda, Vanessa carye.  Hacia el lado derecho, poco perceptible,  la mariposa  Pyrgus baccharis  posada en una flor de  Polyachyrus annus.

Fig. 89.  Flores  pequeñas de la especie Nolana sedifolia que crece en la sección rocosa del oasis.

Fig. 90.    Nolana jaffueli.

Fig. 91. La misma especie en flor color lila  suave.

Fig.  92.  Nolana  jaffueli.  Zoom a sus flores y cabezuela  de semillas.


Fig. 93.  Nolana sedifolia  con sus típicas  flores de color blanco y hojas diminutas, carnosas.

Fig.  94.  Semillas  arriñonadas de  Nolana applocaryoides. Su tamaño alcanza los 3,5 mm. de longitud

Fig. 95.  Hoffmanseggia minor  con sus vainas ya perfectamente desarrolladas.

Fig. 96.   La misma especie anterior.

Fig.   97. Zoom para mostrar de cerca  la forma de la flor. 

Fig. 98.   Ejemplar que muestra numerosas vainas ya maduras.

Fig. 99. Ejemplar de Ephedra breana visitado por  el insecto carábido, Calosoma rufipennis  (Coleoptera).  A su alrededor, ejemplares de Nolana intonsa, sin flores.

Fig. 100.     Frutos maduros y dulces de Ephedra breana  en el borde del acantilado.  (800 m. snm.).

Fig. 101. Frutos maduros de Ephedra breana.  Son de un sabor dulce y fueron ávidamente consumidos  por los zorros, sus visitantes habituales.


Fauna  entomológica asociada a la vegetación   observada en el oasis de niebla  de Alto Patache  a mediados de diciembre  2015.

Fig. 102. Especie de mosca   (Fam. Tachinidae)  visitando las flores de Cristaria  molinae.  Se trata de la especie Gonia sp., probablemente Gonia  lineata.   Tamaño aproximado:  1.0 - 1,1 cm.  Identificación provisoria de Christina González, del MNHN de Santiago de Chile.

Fig. 103.  Agujero practicado en la superficie arenosa por la avispa Ammophila sp., que mostramos en las imágenes siguientes.  La vimos entrar y salir de este hoyo, donde deposita sus huevos   sobre presas (larvas) que adormece previamente. Sin duda, es  ahora  la etapa de postura de esta especie.

 
Fig.  104. Ejemplar de la mariposa Pyrgus bocchoris  (Fam. Hesperiidae)  libando en flores de Polyachyrus annus.

Fig. 105.  Ejemplar de  avispa  Ammophila sp, de la familia  Sphecidae. Identificación provisoria del Dr. Mario Elgueta, del MNHN de Santiago de Chile que agradecemos especialmente. Visita las diferentes flores del oasis donde la hallamos con bastante frecuencia.

Fig. 106.  Otra vista de la misma especie de  avispa  Ammophila sp. muy cerca de su madriguera (Vea Fig. 103) donde  oculta bajo tierra sus presas vivas, sedadas, de las que se alimentará su prole.

Fig. 107.  Ejemplares del coleóptero   Calosoma rufipennis,  visitante asiduo de este oasis en procura de larvas, maxime de Hemiptera  y de pequeños insectos que ávidamente devora.

Fig. 108. Zoom a la misma especie depredadora del oasis.

Fig.  109.  Este especie, Calosoma rufipennis  es carnívora y  construye  pequeños túneles de hasta dos pulgadas de profundidad bajo la capa blanda de tierra, donde deposita sus huevos y  crisálidas. Aparece en gran número  cuando  se presentan lluvias ocasionales. En este año con fuerte presencia del Fenómeno de "El Niño", lo hemos visto en centenares de especímenes,  corriendo de planta en planta,  para capturar  las pequeñas larvas de que se alimenta.


Fig.  110.  Semioculto entre  las hojas filiformes  y frutos de Ephedra breana, se puede ver  un ejemplar de esta especie de coleóptero, Calosoma rufipennis. De seguro, busca allí alguna larva que devorar.

Fig.  111.  Ejemplar de la mariposa Vanessa carye  (Fam. Nymphalidae) visitante asiduo de estos oasis nortinos. Aquí se ha posado en una flor de Nolana intonsa para chupar su néctar.

Fig.  112.  Zoom a la misma mariposa anterior.

Fig. 113. Libando en las flores de la asterácea Polyachyrus annus.

Fig. 114.  Pequeña abeja, probablemente Alloscirtetica chilense, según me acaba de comunicar el Dr. Laurence Packer  (com. pers. 08/01/2016),   especie autóctona  presente en este oasis, recogiendo el polen de esta flor de Cristaria sp.  Las abejas nativas de este oasis y en general de todo el norte de Chile  han sido  identificadas y estudiadas recientemente por el entomólogo canadiense L.  Packer, conocido especialista en la familia Apidae  en el desierto chileno y peruano.

Fig. 115. Variedad de mosca (Familia Tachinidae,  género Gonia sp) asidua visitante de numerosas flores de este oasis y, sin duda, excelente polinizadora de las mismas. Aquí la vemos posada en una flor de Fortunatia biflora que crece entre los brotes de la  planta  Nolana jaffueli.

Comentario ecológico.

 1. Sorprende la  enorme variedad de especies de plantas que alberga este ecosistema del desierto costero norte chileno.  Aquí hemos reseñado la existencia de  25 especies diferentes. Seguramente, faltan varias más, que ya habían florecido y muerto antes de nuestra llegada a comienzos de diciembre. Por ejemplo, ya no vimos  en nuestras últimas visitas a las especies Leucocoryne appendiculata, Oxalis sp.  y Zephyra elegans, plantas que detectamos en el borde rocoso del acantilado en nuestra expedición  anterior de fines de octubre  2015.  

2. Mucho más nos sorprende   la  increíble capacidad  tanto de las plantas  (a través de sus semillas) como de los insectos, para  reaparecer años después, luego de la muerte de las plantas al cumplir su breve ciclo de vida.  

3.  Hay autores que señalan que ciertas semillas  tendrían la capacidad de  brotar  después de  15,  20, 30 ó 40 años de sequía ininterrumpida. No conocemos estudios sobre este  interesante tema, de enorme interés para comprender  mejor  la eclosión del "desierto florido".

4. Los ciclos de presencia del fenómeno de "El Niño" son muy variables  en nuestras costas, como variable también es  el monto de la  pluviosidad  acompañante de este  evento.  

5. Nadie  sabe exactamente  cuál es la capacidad de insectos como Calosoma rufipennis y otras especies de insectos como las abejas silvestres o las avispas, para  esperar por años el arribo de un nuevo evento lluvioso. Se supone que esperan, en estado de  pupa o crisálida, en galerías hechas por el insecto bajo tierra, por espacio de varios años. ¿Cuántos?.   No se sabe, a la verdad.  En todo caso, en este oasis,  este carábido  no se veía en abundancia desde el año  2002 cuando  hubo fuertes lloviznas en el área. 

6. Lo que nos parece  casi seguro es que este episodio de lluvias tan intensas  en este año 2015, ha sido no solo anómalo, sino  singular y único en un muy  largo período de tiempo. Tal vez no haya tenido precedente parecido en los últimos cien años o aún más, tal fue la intensidad de  formación de profundas cárcavas de erosión  que nos ha tocado observar en esta ocasión.   

7. Durante  nuestra visita del día  10/12/2015, pudimos observar  la presencia de uno que otro ejemplar aislado de  aves como la dormilona (Muscisaxicola sp.) o el minero (Geositta sp.),  en el borde del acantilado rocoso y en los lomajes interiores. Infaltable fue, por cierto, al presencia del jote Cathartes aura, sobrevolando en forma majestuosa estos parajes costeros.  En cambio, no hemos visto en las cuatro últimas visitas (entre fines de septiembre y mediados de diciembre) a  ejemplares del pajarillo denominado localmente  como  "chirigüe", Sicalis olivascens, que  años atrás era frecuente de ver, en pequeños grupos,  en este oasis de niebla. ¿Qué ocurrió con esta especie?. ¿Emigró, tal vez a otros parajes más favorables?. No lo sabemos. Por fin, en nuestra última visita (10/12/2015) avistamos  un ave en vuelo rasante y  muy rápido aleteo, que salió velozmente del área del comedor de la casa-estación, donde parecería vivir. Se trataría, al parecer,  de una especie de tórtola grande. No pudimos observarla con precisión ni fotografiarla. Encontramos el área exacta donde defeca.  Por el gran número de fecas  dejadas en un solo lugar, deducimos que reside desde hace unas pocas semanas en este oasis.  Es altamente  probable que se trate de un ejemplar de la subfamilia  Columbinae. ¿Qué hace esta avecita aquí?. Nunca la vimos antes en este oasis de niebla.  Podría  tratarse de un ave perdida o de paso... No sabemos.  Por ahora, encuentra aquí muchas semillas de qué  alimentarse. Era de un color café claro, muy uniforme, pero no alcanzamos a distinguir rasgos típicos.

8.  Por fin, dejamos constancia de que en estas visitas no hemos podido hasta ahora encontrar ejemplares vivos de los caracoles terrestres Bostryx derelictus broderipi  y  Plectostylus broderipi , especies que otrora fueran  habitantes asiduos de estos oasis en época de floración masiva. ¿Qué ocurrió con ellos?  ¿Se ha  extinguido  esta especie in  situ, tal vez?. Es otro  de los muchos  enigmas que nos plantea la madre Naturaleza a cada instante  y que debemos tratar de  resolver en el futuro.

Nota de reconocimiento. 

Agradecemos aquí en forma particular   el entusiasta apoyo  científico y la determinación  de especies de insectos  aquí presentados, por parte de los Drs. Mario Elgueta, entomólogo del Museo Nacional de Historia Natural de Santiago (Chile) y del Dr. Laurence  Packer, entomólogo canadiense, experto internacional en la familia Apidae.

Bibliografía de consulta obligada.

Cereceda, Pilar,  Raquel Pinto, Horacio Larrain, Pablo Osses and Martín Farías,  2004.“Geographical Description of Three Coastal Ecosystems lying South of Iquique (Chile), Proceedings of the Third International Conference on Fog, Fog Collection and Dew, Cape Town, South Africa, pp.  MO. 

Muñoz-Schick, Mélica,  2000.  "Novedades en la familia Alstroemeriaceae", Gayana Botanica, Universidad de Concepción,  Chilevol. 57, Nº 1, año 2000.

Muñoz- Schick, Mélica,  Raquel Pinto y Aldo Mesa,  2001, "Oasis de neblina" en los cerros costeros al sur de Iquique, región de Tarapacá, durante  el evento El Niño  1997-1998", Revista Chilena de Historia Natural,  Santiago de Chile,  Vol. 74,  Nº 2

Pinto,  Raquel,  Horacio Larrain, Pilar Cereceda, Pedro Lázaro,  Pablo Osses and Richard S. Schemenauer, 2001, “Monitoring Fog-Vegetation Communities at a Fog-Site in Alto Patache, South of Iquique, Northern Chile, during “El Niño” and “La Niña “ Events 1997-2000”, Proceedings of the 2nd International Conference on Fog and Fog Collection, Saint Joh´ns, Canada,  July 15-20, 2001, 293-296.