jueves, 26 de noviembre de 2015

Muerte silenciosa de un ecosistema: imágenes de la agonía de un vergel en el desierto.

Nuevas observaciones  sobre la floración final de la zona alta del sector de  Palo Buque.

Presentamos aquí un conjunto de fotografías tomadas  hace pocos días en este ecosistema moribundo. Haremos algunos comentarios  eco-antropológicos, además de presentar evidencias poco frecuentes de mortandad vegetal.

                       
Fig. 1.  Paisaje  desde los 810 m de altitud  mirando hacia el océano, al  sector "Los Verdes". Pradera de nolanas  (Nolana jaffueli) ya fenecientes. Todas las imágenes de este capítulo son de H. Larrain, obtenidas en la expedición del día  12/11/2015.


Antecedentes.

En tres entradas anteriores recientes de este Blog,  hemos mostrado en imágenes el desarrollo de la floración costera, en los cerros que enfrentan a la  playa Palo Buque, a unos 22 km al sur de la ciudad de Iquique (Chile).  Fruto maduro de las copiosas lluvias caídas los días  8 y 9 de Agosto de este año 2015,   este "desierto florido"   constituye un ecosistema  efímero, cuya vitalidad y pujanza perdura  tan solo por unos 3 a 4 meses después de los aguaceros, para luego desaparecer por completo, por varios años. Ya hemos explicado allí mismo que tales lluvias abundantes y repentinas en este desierto, son fruto del fenómeno cíclico  llamado  "El Niño",   que ocurre en nuestras costas y en toda la costa peruana  cada cierto número de años, cuando se desplaza el centro de altas presiones del Pacífico. 

En nuestra expedición practicada el día 12 de noviembre de 2015,  nos acompañó nuestro ex alumno antropólogo  señor Cristian Riffo Torres. Agradecemos su apoyo  en terreno y  su notable  habilidad para hallar rarezas o singularidades  tanto biológicas como arqueológicas. 

Objetivos de esta expedición.

El objetivo de la presente expedición fue comprobar los efectos de esta floración, pero ahora ya no en los sectores  bajos -como en las visitas nuestras  anteriores entre los  220-380 m snm.-,  sino en  los sectores más elevados  (770-830 m. snm). Es decir, queríamos constatar  si en las alturas se había también producido el mismo efecto del "desierto florido",  en qué grado e intensidad y  con qué participación de especies vegetales. Nos parecía probable que  las lluvias hubiesen penetrado con mayor profundidad  en los sectores más elevados,  creando, igualmente, allí vistosas praderas de flores. Igualmente esperable nos parecía que  sus efectos benéficos deberían estar aún visibles, a causa del efecto humectante de las neblinas costeras que  son más densas a mayor altitudes.

Descubriendo  el escenario desde las alturas.

Explorando con atención las imágenes de Google Earth de ese sector montañoso, situado inmediatamente al sur del macizo de Punta Gruesa, nos dimos cuenta que existía una ruta que conducía a la Minera "San Marco",  situada  a altitudes entre los  850 y 900 m sobre el nivel del mar y al borde mismo del acantilado costero, hasta donde habíamos llegado casualmente un par de años antes. Tomando la ruta desde la localidad de Alto Hospicio hacia el sur y surweste, rumbo al cerro Tarapacá y esquivando  varias huellas laterales, dimos finalmente con el lugar. A nuestra petición por ver el sitio de aparición de las flores,  el cuidador de la mina don Luis Bravo, amablemente nos acompañó hasta unos lomajes cercanos, donde aún se veía muchísimos restos color parduzco de la  floración reciente.

                         
Fig.  2.  A los  820 m sobre el nivel del mar, con espléndida vista  hacia el sur.   Un potente sistema de dunas se ha formado aquí recientemente como resultado del arrastre de arenas desde las playas vecinas por los vientos predominantes. La vegetación de Nolanas  y  Fortunatia  sp. se asienta sobre  dunas más antiguas.

                         
Fig. 3.   Vista hacia el  Weste y Surweste.  Estamos  a los 820 m. sobre el nivel del  mar. Aquí ya no se ve plantas vivas.


Un escenario de muerte y desolación.

Suaves lomajes de arenas, entremezclados con sistemas de dunas  se abrían ante nuestros ojos. Estábamos a los  820-830 m sobre el nivel del mar y con una espléndida vista hacia el oeste, esto es hacia el litoral costero, distante apenas  unos 2,5 km de nosotros, a vuelo de pájaro. Aquí  las nolanas (Nolana jaffueli) habían ya florecido y semillado y estaban ya moribundas. Sin embargo, algunas mariposas rojinegras de la familia de las  Nymphalidae  (Vanessa carye)   volaban todavía torpemente,  en pares, poniendo, tal vez, sus últimos huevos. Eran los últimos estertores de la agonía de un paisaje  novedoso que  por espacio de más de cincuenta días  cubrió de un verde pálido las laderas occidentales de esta cadena montañosa,  normalmente cargada de tristes tonos opacos o grises. La primera impresión  nuestra fue de decepción total: ¡habíamos llegado al parecer demasiado tarde!. Veníamos a ver y fotografíar flores y veíamos tan solo miles de esqueletos  de plantas, en total y franca decadencia ya.  ¡Ahora, a la verdad, más parecía un cementerio que un jardín!.

En las imágenes que siguen, sintetizaremos lo que vimos y  trataremos de sacar conclusiones sobre  el modo de vida y actividad de los hombres antiguos que poblaron este territorio desértico. Haremos referencia especial, igualmente, al grave problema del calentamiento global y el consiguiente desecamiento climático, observable hoy comprobable a través de imágenes como las nuestras. Imágenes que nos dejan  no solo  pensativos, sino  francamente desolados. El calentamiento global  ya está produciendo sus efectos letales en estos sistemas ecológicos,  extraordinariamente sensibles. ¡Las pruebas al canto!.


Fig. 2.
Fig. 4.  Las dunas recientes avanzan inconteniblemente hacia el interior, tratando de trasponer las cimas. Este avance dunario lo hemos observado en varios sectores de la costa al sur de Iquique, en Los Verdes y Alto  Patache, donde ha logrado sobrepasar sin dificultad la barrera de los  800 m, penetrando tierra adentro.

Fig.  5.  Observando detenidamente  los restos de vegetación de Nolanas, de pronto topamos con unos pequeños gránulos, como pequeñas esferas. ¿Qué son?, nos preguntamos. La respuesta fue casi inmediata: fecas sueltas de un animal; más precisamente, de un camélido por su aspecto y consistencia. ¿Qué camélido pudo venir a pastar  y defecar aquí?. Solo cabe una respuesta el guanaco (Lama guanicoe  Miller). Documentos de la década del 80 del siglo XIX hacen referencia a la presencia y caza del guanaco por cazadores venidos de Iquique a estos cerros, a la altura de Punta  Gruesa. ¡Aquí estaría, a lo que creemos,  la prueba evidente,  tangible!.

Fig. 6.  Escarbando alrededor en la arena blanda, pronto  aparecieron numerosas "bolitas" o fecas redondeadas, señalando  la presencia efectiva de un  antiguo defecadero de camélidos. Para su constancia, anotamos aquí  las coordenadas  UTM del sitio:  0382250 E y  7743981 N.

Fig. 7.  Planta  moribunda de Nolana jaffueli. La semillas negras, de aspecto  reniforme y gruesa cutícula,  ya se han esparcido por el suelo, caídas desde las cabezuelas florales. Una sola planta puede echar al suelo entre 100 y 300, o aún más semillas. Depende del tamaño que haya logrado alcanzar. Cabe imaginar, en consecuencia,   el número total  de semillas en una pradera sin fin, cubriendo centenares de hectáreas. Muchas no germinarán: pero otras muchas esperarán el momento propicio para brotar, cuando llegue la próxima lluvia, dentro de  5, 7, 12  ó 15 años. ¡Solo Dios sabe cuándo lloverá nuevamente!. Si bien la llegada del Fenómeno de "El Niño" de que ellas dependen  es cíclica, nadie puede predecir con certeza cuándo exactamente reaparecerá.

Fig. 8.   Aunque no en gran abundancia como en ciertos sectores del oasis de niebla de Alto Patache, a unos 45 km más al sur,  la presencia del caracol terrestre  Bostrix derelictus broderipi es   evidente y significativa:  hubo un tiempo, hace muchas décadas, en que proliferó en estos ecosistemas.  Aquí quedaron al aire  sus conchas vacías. ¡Hoy no nos ha sido posible encontrar ni uno solo vivo!.

Fig. 9.   Una aproximación al conjunto interminable de Nolanas en etapa final. Nacieron, se desarrollaron, florecieron y murieron: es su destino. Lo asombroso es que todas las plantas  alcanzaron a florecer y semillar, independientemente de su tamaño.

Fig. 10.    Una cubierta  o envoltura  (cocoon) de  crisálida, hecha  de   barro. Muy probablemente,  se trató  de la  pupa o crisálida de alguna especie de himenóptero.  Pero no lo encontramos en las flores.

Fig. 11.   "Torta" o acumulación de  material escogido de mineral de cobre.  Perteneció a la  pequeña explotación minera que  hubo anteriormente en este lugar y que por razones que ignoramos,   abandonó el área  hace un par de décadas.

Fig. 13.  Tubérculos o gruesas raíces ya secas de Argylia radiata,  (Fam. Bignoniaceae), planta    que, a lo que creemos,    desapareció  hace ya años de  este  lugar. No vimos ningún ejemplar  vivo de esta especie  en estas expediciones; solo restos inconfundibles de su antigua presencia. Vemos aquí una prueba más del desecamiento progresivo de los ecosistemas costeros que, en forma inexorable, va haciendo desaparecer especies.  Esta especie  es particularmente abundante en la zona del "desierto florido" entre Vallenar y Copiapó, y  se la conoce allí como  "Terciopelo" o "Flor del Jote".

Fig. 14.  Gruesa raíz  de la especie Argylia radiata,  desaparecida  ya de este  ecosistema.  Raíz bien conservada,  pero hueca en su interior. Hemos hallado en el lugar no menos de 10-15 tubérculos de este tipo, en lo que debió ser un  pequeño stock de esta planta. Extrañamente, solo se le vio en ese punto.  ¿Por qué solo allí ?.  Es un enigma más para nosotros.

Fig. 15. Vista posterior de la misma  raíz.

Fig. 16.  Grupo de Nolanas todavía vivas, sobre arena. Aquí hallamos todavía  múltiples signos de una bullente  vida animal: insectos adultos y  larvas. 

Fig. 17.  Larva de una mariposa diurna;  probablemente de  Vanessa carye (Fam. Nymphalidae).

Fig. 18.  Plantas de Nolana  jaffueli vivas que han alcanzado gran tamaño:  hasta  30-35 cm de alto.

Fig. 19. Contraste: arriba, plantas aún vivas; hacia abajo extensa pradera de plantas  ya secas de N. jaffueli y ejemplares en flor de Fortunatia biflora.


Fig. 20. En un pequeño promontorio rocoso, de tipo granítico,  un ejemplar de Fortunatia biflora con   la mariposa  Pyrgus boccheris libando su néctar.

Fig. 21.  En este  afloramiento rocoso, los ejemplares de Ephedra breana  o "pingo-pingo" están ya todos muertos. Decenas de plantas muertas. Ni uno solo  logró  sobrevivir aquí  por falta de humedad.

Fig. 22.  Ejemplar  muerto de Ephedra breana.

Fig. 23. Este ejemplar de Ephedra  logró desarrollar un pequeño tronco. Lo que significa que vivió  no menos de una década. Hoy yace allí muerta. Tal vez sea algún día  posible calcular la edad (fecha) de su muerte.

Fig. 24.  Vista desde  los  800 m hacia el Norweste, hacia el sector del "Promontorio de los Parapentes", visible en esta imagen.  El fuerte tono verde claro inicial   del colorido del paisaje en flor ya ha pasado a ser  de tonos débiles de  amarillo y café claro; la vegetación está muriendo.
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Fig. 25.  Ejemplares muertos de Nolana jaffueli. 

Fig. 26. A los  804 m de altitud snm.,  se halla esta lápida recordatoria de la muerte, por despeñamiento, de un motorista, José Morales Soto,   ocurrida en el año  1995.  Sus amigos le levantaron piadosamente este monumento en su  recuerdo.

Fig. 27. Cactus  aún vivos  adornan esta "animita"  del explorador  fallecido. No nos consta que sea de alguna especie de la zona, pero es probable.


Detalles de la vegetación sobreviviente.

Fig. 28.  Ejemplar  de Nolana jaffueli creciendo en arena,  en un pequeño nicho de humedad.

Fig. 29.   La mariposas  Pyrgus boccheris  (Fa, Hesperiidae)   visitando  un ejemplar de N. jaffueli ya en decadencia; tal vez, está depositando sus últimos huevos.

Fig. 30.  Ejemplares dispersos de Fortunatia biflora, en flor. Las pequeñas mariposas  del género Pyrgus la visitan  en sus últimos días de vida.

Fig. 31. En primer plano, Fortunatia biflora ("huilli") . Atrás Nolana  jafueli

Fig. 32.   Plantas de Fortunatia  biflora.

Fig. 33. Escarbamos para  saber a qué profundidad se hallaban los bulbos de Fortunatia biflora. Aquí el sustrato consiste solo en capas de  cenizas volcánicas blancas, muy finas.  Uno de los bulbos se hallaba solo a  5 cm de profundidad; el otro, en cambio, a casi 20 cm. 

Fig. 34.  Bulbo de Fortunatia biflora. Mide  casi exactamente  1 cm de diámetro  máximo.



Fig. 35. La extensa pradera de Nolanas muertas. Hace un mes y medio  atrás, esto era un vergel en flor.

Fig. 36. Muy cerca del pequeño campamento minero antiguo,  aparecen estas lascas, fruto del desbaste de material lítico por los antiguos habitantes de la costa.  Es indicio cierto de un área recorrida por los antiguos cazadores-recolectores. Nos llamó la atención la  falta total de sílex blanco,  muy abundante en la zona  baja de Palo Buque, hacia los  220 m de altitud. De seguro, se trata aquí de otro grupo humano, tal vez mucho más antiguo. Las coordenadas UTM de este sitio son:  0382229 E y 7743954 N


Fig. 37.  En uno de nuestros recorridos por el sector, hallamos esta  hermosa punta lítica, de factura   muy antigua, tal vez asignable al período arcaico por sus formas. Fotografiada in situ.  Está trabajada en basalto y presenta un lasqueado algo burdo, por ambas caras, lográndose  un  excelente  filo. Nos ha recordado piezas líticas semejantes, del  período Arcaico, procedentes de San Pedro de Atacama  y del Salar del Huasco.  Lugar exacto  de este  hallazgo: Coordenadas UTM: 0381948 E y  7743872 N

                                         
Fig. 38.  La misma pieza.  El extremo  distal   (punta)  del artefacto presenta una fractura, tal vez producto de sus uso como perforador.            

                                             
Fig. 39.  Detalle de la punta lítica hecha en basalto. Por la escala gráfica,  podrá Ud. calcular su tamaño exacto.  Este artefacto  debió ser usado como un puñal o arma de  mano a la vez que como raspador y perforador, algo así como los famosos "coup de poing"  de uso múltiple del  período paleolítico francés.

Detalle de las mariposas  observadas  in situ.

Fig. 40.  Ejemplar de Pyrgus bocchoris en una flor de Fortunatia biflora. Observe las cabezuelas de los botones florales  aún cerrados.

Fig. 41.   Tres ejemplares de la misma mariposa, libando afanosamente en las flores de F. biflora.

Fig. 42.  Aspecto y colorido muy llamativo de la parte  inferior de las alas de Pyrgus bocchoris  (aquí se muestra con sus alas plegadas). Así, se asemeja mucho a ciertas  especies de la familia Lycaenidae, pero las supera bastante en  tamaño.

Hallazgo de coleópteros.

No esperábamos hallar en este ecosistema,   ya en situación de vida terminal, coleópteros. Sin embargo,   hallamos  tres especies, en el mismo sector  descrito en las fotos Nº   16 y 18.    Coordenadas UTM: 0381977 E y  7744017 N, a los 783 m. s.nm. Dos familias  quedan representadas  aquí :  a) Carabidae y  b) Meloidae.

Fig. 43.  Ejemplar posiblemente del género Meloe  sp.  (?)   (Fam. Meloidae),     caminando sobre la arena, huyendo del intenso sol. 


                            
Fig. 44.   A la derecha de la fotografía, una hembra, a la izquierda, dos machos. (Coleoptera, Fam. Meloidae). Los machos alcanzan una longitud de 0.45 cm, mientras las hembras alcanzan  casi los  0.70 cm.  Los élitros son de  color negro y el  tórax   color rojo vivo.


                            
Fig. 45. Ampliación de la misma fotografía.

                       
                           
Fig.  46.  Un coleóptero de la familia Carabidae,  gran depredador. (tamaño:  0.8 cm de longitud) Aquí de seguro se ha estado alimentando de pequeñas larvas de mariposas, o, más probablemente,  de ejemplares de pequeños hemípteros (Fam. Hemiptera) que   hallamos  ocultos en el follaje de grandes plantas de Nolana jaffueli.  (Vea Figs. Nº  16 y 18).   Constatamos,  aquí la  presencia de al menos dos especies de hemípteros, al parecer exactamente los mismos que hemos observado hace unos 3 años en la pampa interior,  en desembocadura de la quebrada de Quisma, cerca de Matilla, con motivo del gran aluvión del año 2012. Allí, los hallamos bajo enormes plantas de  Cistanthe  (Philippiamra) amaranthoides. No nos fue posible obtener aquí buenas imágenes de estas especies de Hemiptera, debido a su pequeñísimo tamaño.

Fig. 47.  El carábido  Calosoma rufipennis, poblador de todos estos ecosistemas de nieblas, también se hizo presente, en tan solo un ejemplar,  en  el sector donde las  plantas de Nolana jaffueli presentaban mayor desarrollo   (Vea Figs.  Nº 16 y 18 de este capítulo) .


Consideraciones eco-antropológicas.

1.  La presencia de guanacos en este ecosistema,  aunque efímero y ocasional, no nos debe sorprender. Hemos observado sus  senderos por todas partes en faldeos y lomajes de la cordillera costera.
En el sector del piedemonte del oasis de niebla de Alto Patache, se ven numerosos senderos que descienden hasta casi los 200 m de altitud s.n.m., muy cerca de la terraza litoral. En tiempos antiguos, ciertamente más húmedos, se le vio merodear  con mayor frecuencia por estos parajes, en busca de alimento fresco. Hace varios decenios que ya no se divisa ninguno por estos sitios.

2.  La presencia y el paso del  pescador-recolector costero por este lugar  tampoco nos puede sorprender pues se transforma  aquí en cazador de los guanacos que llegaban a pastar  en estas deliciosas praderas. Por eso, hemos encontrado  un instrumento de su uso y señas claras de su actividad instrumental hecha in situ, cuya evidencia queda patente  en  la presencia de numerosas lascas, fruto del desbaste del material de sílex. En un capítulo anterior de este mismo Blog   (29/10/2015)   nos hemos ya referido al hallazgo de varias piezas líticas (puntas de proyectil, raspadores y percutores)  en este mismo ecosistema, entre los 220  y 380 m.  snm.

3. De este modo, el habitante de la costa  árida aprovechó todos los ecosistemas a su alcance, en distintos períodos de tiempo.  Fue cazador de guanacos y ciervos, recolector  de frutos, hojas, flores, bulbos y raíces  y, por fin,  avezado mariscador de orilla  y pescador  de alta mar cuando pudo disponer de embarcaciones.

4. No se descarta, sin embargo, que   la pieza lítica confeccionada en basalto que aquí hemos mostrado (Figs.  37, 38 y 39) haya pertenecido a cazadores andinos  muy antiguos que, eventualmente, también descendían a la costa, cuando las condiciones climáticas del altiplano,  les eran demasiado adversas. Tal vez, llegaron hasta aquí persiguiendo a las manadas de guanacos que accedían a la costa por las mismas razones.

5. Finalmente, el hallazgo  hacia los 800m de altitud  de numerosas plantas de tronco leñoso totalmente secas (Ephedra sp.), nos parece un claro indicio de que asistimos hoy a un período de progresivo calentamiento climático muy potente y de imprevisibles resultados a la larga. La gran mortalidad observada aquí de plantas de Argylia radiata ("terciopelo")  y de Ephedra breana ("pingo-pingo"), es, a nuestro entender,  otro terrible indicador de  la persistencia e incremento de las condiciones de sequía  alarmantes por las que atravesamos hoy. Nada de raro  sería que  algunas especies  vegetales, más ávidas o necesitadas  de humedad, terminen por desaparecer para siempre  de estos ecosistemas. Argylia parecería  ser una de sus primeras víctimas.   El cambio climático ya ha comenzado hace décadas a dejar aquí sus pavorosas secuelas. Esta, sin duda, es una de ellas, observada en tan solo una generación (20-30 años).


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sábado, 7 de noviembre de 2015

Vida animal en el desierto florido del sector de Palo Buque, sur de Iquique: eclosión de vida y movimiento.


                   
Fig.  1.  Hermosísimo ejemplar de una "polilla" o mariposa  nocturna, vista y fotografiada por nosotros en  la floración del sector de Palo Buque, a 22 km al sur de Iquique y a  unos 250 m de altitud s.n.m.  Tamaño real: 0.9 - 1.0  cm.

 Una floración inusitada  en la costa norte chilena.

En dos capítulos anteriores, hemos mostrado   la espléndida floración  en cerros al sur de Iquique, en el sector  llamado Palo Buque.  Igualmente,  hemos detectado, en ese ambiente, la presencia de  elementos culturales dejados por las poblaciones indígenas costeras, en su tránsito hacia y desde el interior.  De este modo, creemos haber encontrado pleno sentido a este trazado del sendero, - que no nos parecía  casual- al atravesar diagonalmente  el área  que este año 2015 hemos visto florida  en un grado al parecer nunca visto, al menos  en los últimos 40 o 50 años.   No hay recuerdo humano en esta  zona costera de una floración tan  intensa. 

                       
Fig. 2. Laderas  con una inclinación de  15º a 25º  de arena sumamente fina,  que forman parte del piedemonte de la Cordillera de la Costa en este sector de Palo Buque. Esta formación vegetal está compuesta mayoritariamente por Nolana jaffueli (aquí a la vista en la imagen),   y en pequeño número, de  dos especies de Cristaria,  Tiquilia sp. y  Fortunatia biflora ( Fam. Liliaceae).

¿Qué tipo de vida animal puebla esta formación vegetal tan  llamativa?.

Es nuestro interés  ahora mostrar  los signos de vida animal que hemos podido captar en las cuatro visitas efectuadas al lugar en los meses de septiembre y octubre recientes.  Como era de esperar,  la eclosión de vida vegetal va acompañada del despertar de una notable vida animal que estaba  latente,  bajo tierra, esperando el momento preciso señalado por los  índices de humedad  para eclosionar  y  animar  con su belleza este escenario  geográfico.  ¿Qué especies pueblan este ecosistema tan efímero?.  ¿Cómo explicar  su repentina aparición allí donde sólo habíamos visto montañas de  arenas inertes  o rocas desnudas?. ¿Cómo aparecieron allí de repente, como por arte de magia?.  ¿De dónde llegaron?. Son preguntas que se hace el lego en la materia, al contemplar este milagro de la vida. La respuesta no es tan sencilla como podría suponerse.

Las especies detectadas por nosotros.

Veamos primero qué especies hemos podido detectar  en nuestras recientes expediciones al lugar.  En general, podemos decir que  hemos visto en este ecosistema  muy pocas especies representadas: y éstas solo de la clase Insecta (Insectos), al menos  por ahora.  No hemos visto  aquí aves o pajarillos, a pesar de que se sabe que,  a mayor altura, en los oasis de niebla,  vive el pajarillo denominado vulgarmente chirigüe (Sicalis olivascens) de manera normal. Tampoco divisamos rastros o pisadas del escurridizo zorro chilla (Pseudalopex griseus domeykonanus), que rehuye la presencia humana y cuyos rastros inconfundibles hemos visto muchas veces  más arriba, en los oasis de niebla.

Presencia de mariposas  diurnas o crepusculares  (Lepidoptera).

Tan solo hemos detectado tres especies; las mismas que hallamos normalmente en los oasis de niebla. Estas son Hyles annei (Fam. Sphingidae), Vanessa carye (Fam. Nymphalidae) y  Pyrgus bocchoris (Fam Hesperiidae).  Las tres las hemos visto en las praderas de Nolanas y de Cristarias, siendo Vanessa la más común. No nos consta la preferencia de Hyles  sp. o de Pyrgus sp.  por alguna especie de planta particular. Seguramente tal preferencia existe y hay que tratar de detectarla.

Fig. 3. La mariposa  Hyles annei  (Guér.) de la familia de las  Sphingidae, es una mariposa  crepuscular y nocturna,   (vulgarmente llamada polilla en español  o moth, in inglés), muy común en el desierto florido del norte de Chile. Vive no solo en Chile,  sino también en Argentina, Bolivia y  Sur del Perú. Sus plantas huéspedes más probables son las distintas especies de Nolanas (Fam. Nolanaceae)  y Cristarias  (Fam Malvaceae) que compartimos con los países limítrofes.  En nuestro recorrido reciente, la pudimos observar varias veces revoloteando al atardecer, acercándose, curiosa, a nuestros cuerpos  e incluso posándose en ellos. La vimos en el sector de  Palo Buque -que describimos ahora- pero también la hemos visto recientemente en el oasis de niebla de Alto Patache, (65 km al sur de Iquique) donde cayó en cierto número en trampas puestas para la captura entomológica. Es muy frecuente y abundante en  las zonas donde se presenta  el bien conocido "desierto florido"  en Chile,  desde Coquimbo  a Caldera y Chañaral por el norte.  Por su abundancia actual, parecería no tener enemigos naturales entre las aves  que habitan la costa. Es un especie muy andariega y la hemos encontrado con cierta frecuencia en pleno desierto absoluto,  en ocasiones  a decenas de kilómetros de sitios vegetados.
                         
                      
Fig. 4. Vanessa carye. (Fam. Nymphalidae).  Divisamos muchísimas parejas de ejemplares de esta mariposa diurna  tan común rondando las plantas de Nolana jaffueli. En esta ocasión, no nos fue posible fotografiarlas in situ, pero aportamos aquí una imagen nuestra tomada   el día 8 de junio del  año 2008, en el oasis de niebla de Alto Patache, al sur de Iquique, libando el néctar de las flores de otras Nolana, Nolana intonsa.

Fig. 5.  Esta larva que circulaba profusamente  en las laderas floridas de  la zona de  Palo Buque  durante nuestras cuatro visitas al sector, sospechamos fundadamente sea la larva de la mariposa diurna arriba citada,  Vanessa carye (Fam Nymphalidae),  muy abundante durante nuestra visita. En efecto, vimos numeroso ejemplares, en pares, de esta mariposa, seguramente machos y hembras, persiguiéndose en un evidente intento nupcial.  No observamos, por lo demás,  ninguna otro tipo de  larva en el sector, razón por la que  creemos pertenezcan a Vanessa. Esperamos el veredicto de los   entomólogos. La vimos aquí en tamaños desde muy diminutas,  de menos de  1/2 centímetro, hasta   muy desarrolladas, alcanzando un tamaño máximo de  3,5-3,7  cm de longitud.  Su abundancia era extraordinaria. Vimos decenas de ellas  corriendo apresuradamente  en busca  de alguna planta de  Nolana donde poder alimentarse.  También las vimos, ya muertas,  en zonas donde  Nolana ya había fenecido  por completo.

Fig. 6. Esta  fotografía ha sido ampliada ex professo, pues el ejemplar en la naturaleza mide escasamente  1,0 cm de longitud total. Se trataría de una especie de la superfamilia de lepidópteros llamada Pyraloidea, según nos informa  el investigador Francisco Urra, del Museo Nacional de Historia Natural (MNHN) de Santiago, Chile. Vuela en  trechos cortos durante el día con evidente torpeza (pues es nocturna) y se posa siempre en tierra tal cual muestra la imagen. Ciertamente depende de alguna planta  de este ecosistema efímero  que le sirve de huésped y, en este caso, creemos podría tratarse muy probablemente de Nolana jaffueli   (Fam Nolanaceae),    que  es el vegetal de lejos más abundante en esta formación.

Fig.  7.  Dos ejemplares de la misma larva en distinto estadio de desarrollo.  La de mayor tamaño, ha alcanzado ya  los  3.6. cm de largo y está a punta de pupar.  Al moverse, esta larva deja una huella característica en la arena, que resulta inconfundible.

Fig. 8. La larva  semiescondida entre le follaje en pena  decadencia de su planta huésped Nolana jaffueli.

Fig. 9.  La larva  presenta una coloración negra, uniforme y  colores más claros  en su  parte  ventral.

                           
Fig. 10. La larva que sospechamos sea  de la mariposa Vanessa carye, comiendo ávidamente las hojas aún tiernas de Nolana jaffueli

Fig. 11.  La tercera mariposa diurna  que se ve volar en relativa abundancia en este ecosistema es  Pyrgus bocchoris (Fam. Hesperiidae).   Igualmente,  la vimos, al atardecer, cuando declinaba el viento,   en etapa de apareamiento  en  esta misma pradera. No sabríamos  decir cuál sea  su planta huésped preferida  (puede ser Cristaria o Nolana; tal vez ambas).

Fig. 12.  El  carábido depredador carnívoro  Calosoma rufipennis,  (Coleoptera, Fam. Carabidae)  que vimos por decenas caminando ágilmente en el mismo sector  de las larvas. Éstas, a no dudarlo, deben ser su bocado preferido.
   
Fig. 13.  (extremo derecho de imagen).  Vimos repetidamente esta especie pequeña de mosca, que nos pareció  ser algo diferente de la típica  mosca de la ciudad (Musca domestica). Al parecer, se trataría de otro asiduo visitante de este ecosistema.

Comentario eco-antropológico.

1.    Bien poco o nada sabemos, en realidad, sobre los hábitos alimenticios de los antiguos moradores de la costa, en relación a este ecosistema  efímero de las "lomas" costaneras del extremo norte chileno.  De todas las especies de insectos, aquí reseñadas, habitantes de este sistema natural,  es altamente probable que los indígenas hayan aprovechado  algunas. ¿Cuáles?  y, ¿cómo saberlo?.  No nos parece descabellado pensar que hayan podido alimentarse, a su paso, de algunas de estas carnosas larvas de lepidópteros.  ¿Por qué no?.   En otras culturas numerosos insectos, incluso hormigas o saltamontes,  son fuente de alimento normal de las poblaciones  autóctonas.

2.  Sospechamos que durante la noche,  aparecen  en estos ambientes otras especies que no hemos reseñado aquí, sobre todo del grupo de las mariposas nocturnas o Noctuidae o  Geometridae.  Es un interesante tema de estudio para el futuro.

3.   Por fin,   creemos que el establecer campamentos  y fogones a media altura,  (230 m y 275 m s.n.m.)  tan cerca de la costa,  debió tener una obvia explicación ecológica: la alimentación y el descanso, luego de una larga y fatigosa caminata desde el interior.

4.    El estudio eco-antropológico de estas huellas o  vías de comunicación antiguas  que unían la costa con el interior desértico,  en nuestro país está  aún  en pañales. Muy poco o casi nada se sabe  acerca de su trazado, y menos aún, acerca de las razones para establecer uno u otro recorrido preferencial. Y muy poco, o casi anda, de las paradas que hacían en determinados sitios de descanso o reaprovisionamiento de agua. El acceso a las escasísimas fuentes de agua (vertientes), sin duda, fue un argumento poderoso; pero probablemente haya habido otros -como en este caso la existencia de  recursos vegetales y combustibles  utilizables-  durante los pocos meses  en que  las "lomas" permanecen florecidas gracias al fenómeno de "El Niño".

5. Aquí, como en otros campos de la actividad humana prehistórica   (v. gr. la ritual, lúdica, ceremonial o la  funeraria)  hay todavía un amplio campo de estudio para las futuras generaciones de geógrafos humanos, antropólogos culturales y arqueólogos. En efecto, ¿qué sabemos hoy acerca de  los sitios donde preferían enterrar a sus muertos?.  O, ¿en qué momento de la historia humana de estas regiones empiezan a depositar sus difuntos en  cementerios propiamente tales? Es otro  de los muchos enigmas sobre  los cual poco o nada sabemos aún.  Ojalá nuestro pequeño esfuerzo  a través de estos capítulos dedicados al "desierto florido" en la costa desértica,  constituya una suerte de  aliciente para futuros investigadores jóvenes en este sentido.